Club de Pensadores Universales

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viernes, 22 de mayo de 2026

Peer Gynt, de Heinrick Ibsen

     Per Gynt, es un cuento de hadas noruego originario de la región tradicional de Gudbrandsdal.

 

   La historia de Per Gynt, se desarrolla en el distrito histórico de Gudbrandsdal, Noruega.
     Según el folclore, el hogar de Per Gynt, era tradicionalmente la granja, Nordre Hågå, en la parroquia de Sødorp, en lo que hoy es el municipio de Nord-Fron, en el condado de Innlandet.

     Los cuentos abarcan temas como la identidad, las relaciones y las historias personales de un cazador solitario.
     El cuento popular narra las hazañas del personaje epónimo, Per Gynt. Rescata a tres lecheras de unos trolls, y dispara al Bøyg, un troll con forma de serpiente gigantesca, que obstaculiza el paso de los viajeros.

    El cuento de hadas fue recopilado por Peter Christen Asbjørnsen, en Cuentos Populares Noruegos, (Norske Huldre-Eventyr og Folkesagn), publicado por primera vez en 1845.
    Asbjørnsen incluyó las historias de Per Gynt, en la sección, “Caza de Renos en Rondane” (Rensdyrjakt ved Rondane).

    
El cuento popular sirvió de inspiración para la obra de teatro, Peer Gynt, de Henrik Ibsen, publicada en 1867. Ibsen añadió material considerable, como el viaje de Per Gynt a África, su travesía del Sáhara, y su encuentro con una princesa beduina; temas del siglo XIX que superaban con creces el alcance del cuento original.
     La obra se estrenó en 1876, con música incidental del compositor, Edvard Grieg, quien posteriormente compuso las, Suites de Peer Gynt. (Wikipedia en Ingles)

    Peer Gynt, narra el viaje de su personaje principal desde las montañas noruegas hasta el desierto del norte de África y de regreso.
    Según Klaus Van Den Berg, “sus orígenes son románticos, pero la obra también anticipa las fragmentaciones del modernismo emergente” y, “el guión cinematográfico combina poesía con sátira social y escenas realistas con surrealistas”. Peer Gynt también ha sido descrita como la historia de una vida basada en la procrastinación y la evasión.

Ibsen escribió, Peer Gynt, ignorando deliberadamente las limitaciones que la escenografía convencional del siglo XIX imponía al drama. Sus cuarenta escenas se mueven sin inhibiciones en el tiempo y el espacio, y entre la conciencia y el inconsciente, mezclando fantasía folclórica, y realismo sin sentimentalismos. Raymond Williams compara, Peer Gynt, con el drama temprano de August Strindberg, El Viaje de Lucky Peter (1882), y argumenta que ambos exploran un nuevo tipo de acción dramática que estaba más allá de las capacidades del teatro de la época. Ambos crearon, “una secuencia de imágenes en lenguaje y composición visual» que «solo fue técnicamente posible en el cine.”

Ibsen creía que Per Gynt, un cuento de hadas noruego en el que la obra se inspira libremente, tenía raíces reales. También escribió que había utilizado a su propia familia —la familia Ibsen/Paus de Skien, estrechamente unida— y recuerdos de su infancia como, "una especie de modelo," para la familia Gynt; reconoció que el personaje de Åse —la madre de Peer Gynt— se basaba en su propia madre, Marichen Altenburg, mientras que el padre de Peer, Jon Gynt, se interpreta generalmente como basado en el padre de Ibsen, Knud Ibsen. Asimismo, se inspiró en general en la colección de cuentos de hadas noruegos de Peter Christen Asbjørnsen, Huldre-Eventyr og Folkesagn, publicada en 1845.

La obra fue escrita en Italia, y la primera edición de 1250 ejemplares fue publicada el 14 de noviembre de 1867 por la editorial danesa Gyldendal en Copenhague. Aunque la primera edición se agotó rápidamente, una reimpresión de dos mil ejemplares, que salió a la venta tan solo catorce días después, no se agotó hasta siete años más tarde. Durante la vida de Ibsen, Dinamarca y Noruega compartían una lengua escrita prácticamente idéntica, basada en el danés, pero Ibsen escribió Peer Gynt en un dano-noruego algo modernizado que incluía varias palabras noruegas propias.

Peer Gynt se estrenó en Christiania (actual Oslo) el 24 de febrero de 1876, con música original compuesta por Edvard Grieg que incluye algunas de las piezas clásicas más reconocidas de la actualidad, como “En la gruta del rey de la montaña” y, “Ambiente matutino”. Se publicó en alemán en 1881, en inglés en 1892 y en francés en 1896. La influencia contemporánea de la obra perdura hasta el siglo XXI; se representa ampliamente a nivel internacional, tanto en producciones tradicionales como en producciones experimentales modernas.

Si bien Bjørnstjerne Bjørnson admiraba la, "sátira sobre el egoísmo, la estrechez de miras y la autosuficiencia noruegas" de la obra y la describió como, "magnífica", Hans Christian Andersen, Georg Brandes y Clemens Petersen se sumaron a la hostilidad generalizada, llegando Petersen a escribir que la obra no era poesía. Enfurecido por las críticas de Petersen en particular, Ibsen defendió su obra argumentando que "es poesía; y si no lo es, lo será. La concepción de la poesía en nuestro país, en Noruega, se moldeará según este libro". A pesar de esta defensa de su logro poético en Peer Gynt, la obra fue la última en la que empleó verso; a partir de La Liga de la Juventud (1869), Ibsen solo escribiría drama en prosa.

Personajes

Ase, la viuda de un campesino

Peer Gynt, su hijo y protagonista

Dos ancianas con sacos de maíz

Aslak, un herrero

Un invitado a la boda

Un maestro cocinero

Un violinista

Un matrimonio, recién llegados a la región

Solveig y la pequeña Helga, sus hijas

El granjero de Hægstad

Ingrid, su hija

El novio y sus padres

Tres lecheras alpinas

Una mujer vestida de verde, una princesa troll

El Dovregubben, un rey troll (también conocido como el Rey de la Montaña)

Varios cortesanos, doncellas y niños troll

Un par de brujas y hechiceras troll

Brownies, ninfas, gnomos, etc.

Un mocoso feo

El Bøyg, una voz en la oscuridad y un trol de sombras retorcidas

Kari, la esposa de un campesino

El maestro Cotton

Señor Ballon

Señor von Eberkopf

Señor Trumpeterstrale

Caballeros de viaje

Un ladrón

Un receptor

Anitra, hija de un jefe beduino

Árabes

Esclavas

Bailarinas

La estatua de Memnón

La Esfinge de Giza

El Dr. Begriffenfeldt, director del manicomio de El Cairo

Huhu, un reformador lingüístico de la costa de Malabar

Hussein, un ministro oriental

Un tipo con una madre real

Varios locos y sus guardianes

Un capitán noruego

Su tripulación

Un pasajero extraño

Un pastor/El Diablo (Peer cree que es pastor)

Un cortejo fúnebre

Un funcionario parroquial

Un fabricante de botones

Una persona delgada/El Diablo

Trama

Acto I

Peer Gynt es hijo del otrora acaudalado Jon Gynt, quien dilapidó toda su fortuna en banquetes y una vida de lujos, y tuvo que abandonar su granja para convertirse en vendedor ambulante, dejando a su esposa e hijo endeudados. Åse, su esposa, deseaba criar a su hijo para recuperar la fortuna perdida de su padre, pero Peer pronto es considerado un inútil. Es poeta y fanfarrón, muy parecido al hijo menor, Askeladden, el personaje del cuento de hadas noruego, con quien comparte algunas características. Al comienzo de la obra, Peer narra una cacería de renos que salió mal, una famosa escena teatral conocida como "el paseo del reno". Su madre lo desprecia por su vívida imaginación y lo reprocha que haya arruinado sus posibilidades con Ingrid, la hija del granjero más rico. Peer parte hacia la boda de Ingrid, programada para el día siguiente, con la esperanza de tener una oportunidad con la novia. Su madre lo sigue rápidamente para evitar que se avergüence por completo.

En la boda, los demás invitados se burlan de Peer y se ríen de él, especialmente el herrero local, Aslak, quien guarda rencor tras una pelea anterior. En la misma boda, Peer conoce a una familia de recién llegados de Hauge, procedentes de otro valle. Inmediatamente se fija en la hija mayor, Solveig, y la invita a bailar. Ella se niega porque su padre desaprobaría la propuesta y porque la reputación de Peer lo precede. Se marcha y Peer empieza a beber. Al enterarse de que la novia se ha encerrado, aprovecha la oportunidad, huye con ella y pasa la noche a su lado en las montañas.

Acto II

Peer es desterrado por secuestrar a Ingrid. Mientras vaga por las montañas, su madre y el padre de Solveig lo buscan. Peer conoce a tres lecheras enamoradas que esperan ser cortejadas por trolls (un motivo folclórico de Gudbrandsdalen). Se embriaga con ellas y pasa el día siguiente solo, sufriendo una resaca terrible. Se golpea la cabeza contra una roca y se desmaya; el resto del segundo acto probablemente transcurre en los sueños de Peer.

Se encuentra con una mujer vestida de verde, que afirma ser la hija del Rey de la Montaña. Juntos cabalgan hasta el salón de la montaña, y el rey troll le ofrece a Peer la oportunidad de convertirse en troll si se casa con su hija. Peer acepta varias condiciones, pero finalmente se niega. Entonces se enfrenta a la realidad de que la mujer vestida de verde está embarazada. Peer lo niega; afirma no haberla tocado, pero el sabio rey troll responde que engendró al niño en su mente. Fundamental para la trama y la comprensión de la obra es la pregunta del rey troll: "¿Cuál es la diferencia entre un troll y un hombre?".

La respuesta del Viejo de la Montaña es: "Allá afuera, donde brilla el cielo, los humanos dicen: 'Sé fiel a ti mismo'. Aquí adentro, los trolls dicen: 'Bástate a ti mismo'". El egocentrismo es un rasgo típico de los trolls en esta obra. A partir de entonces, Peer adopta esto como su lema, proclamando siempre que es él mismo. Luego conoce al Bøyg, una criatura sin descripción precisa. Al preguntarle, "¿Quién eres?", el Bøyg responde: "Yo mismo". Con el tiempo, Peer también adopta como lema la importante frase del Bøyg: "Dale la vuelta". Durante el resto de su vida, se anda con rodeos en lugar de enfrentarse a sí mismo o a la verdad.

 Al despertar, Peer se encuentra con Helga, la hermana de Solveig, quien le ofrece comida y saludos de su hermana. Peer le da a la niña un botón de plata para que Solveig lo guarde y le pide que no se olvide de él.

Acto III

Como forajido, Peer lucha por construir su propia cabaña en las montañas. Solveig aparece e insiste en vivir con él. Dice que ya ha tomado su decisión y que no habrá vuelta atrás. Peer se alegra y la recibe con los brazos abiertos, pero al entrar en la cabaña, aparece una anciana vestida de verde con un niño cojo a su lado.

 Esta es la mujer vestida de verde de la casa de la montaña, y su mocoso, mitad humano, es el hijo que Peer engendró en su mente durante su estancia allí. Lo ha maldecido obligándolo a recordarla a ella y todos sus pecados pasados ​​cuando se encuentre frente a Solveig. Peer oye una voz fantasmal que le dice: «Da la vuelta, Peer», y decide marcharse. Le dice a Solveig que tiene que ir a buscar algo pesado. Regresa justo a tiempo para la muerte de su madre y luego parte hacia el extranjero.

Acto IV

Peer pasa muchos años ausente, desempeñando diversas ocupaciones y roles, entre ellos el de empresario en la costa de Marruecos. Allí, explica su visión de la vida y descubrimos que es un hombre de negocios involucrado en transacciones poco éticas, como el envío de imágenes paganas a China y el comercio de esclavos. En su defensa, señala que también envió misioneros a China y que trató bien a sus esclavos.

 Sus compañeros lo asaltan después de que decide apoyar a los turcos en la represión de una revuelta griega y lo abandonan en la orilla. Allí encuentra algunas prendas beduinas robadas y, vestido con ellas, una tribu local lo aclama como profeta. Intenta seducir a Anitra, la hija del jefe, pero ella le roba el dinero y los anillos, escapa y lo abandona.

 Entonces decide convertirse en historiador y viaja a Egipto. Vaga por el desierto, pasando por los Colosos de Memnón y la Esfinge. Mientras se dirige a la Esfinge, creyendo que es el Bøyg, se encuentra con el guardián del manicomio local, también demente, quien considera a Peer el portador de la sabiduría suprema. Peer llega al manicomio y comprende que todos los pacientes viven en sus propios mundos, tan absortos en sí mismos que a nadie le importa el otro. En su juventud, Peer había soñado con convertirse en emperador. En este lugar, finalmente es aclamado como tal: el emperador del "yo". Peer se desespera y clama al "Guardián de todos los necios", es decir, a Dios.

Acto V

Finalmente, de regreso a casa siendo ya anciano, naufraga. Entre los pasajeros, conoce al Extraño Pasajero, quien quiere usar el cadáver de Peer para descubrir el origen de los sueños. Este pasajero lo aterroriza. Peer llega a la orilla despojado de todas sus pertenencias, convertido en un anciano miserable y gruñón.

De vuelta en Noruega, Peer asiste a un funeral campesino y a una subasta, donde ofrece a la venta todo lo que perteneció a su juventud. La subasta se celebra en la misma granja donde se celebró la boda. Peer deambula y se enfrenta a todo lo que no hizo: sus canciones no cantadas, sus obras inconclusas, sus lágrimas no derramadas y sus preguntas que nunca formuló. Su madre regresa y afirma que su lecho de muerte se torció; él no la guió al cielo con sus divagaciones.

Peer escapa y se enfrenta al Fundidor de Botones, quien insiste en que su alma debe fundirse con otros objetos defectuosos a menos que pueda explicar cuándo y dónde ha sido "él mismo". Peer protesta. Solo ha sido eso, y nada más. Entonces se encuentra con el rey trol, quien afirma que Peer ha sido un trol, no un hombre, la mayor parte de su vida.

El Fundidor de Botones le dice que tiene que dar una explicación si no quiere ser fundido. Peer busca un sacerdote a quien confesar sus pecados, y aparece un personaje llamado "El Flaco" (que es el Diablo). El Flaco cree que Peer no puede ser considerado un verdadero pecador que pueda ser enviado al Infierno; no ha cometido ningún pecado grave.

Al final, Peer se desespera, comprendiendo que su vida está perdida; no es nada. Pero en ese mismo instante, Solveig comienza a cantar: la cabaña que Peer construyó está cerca, pero no se atreve a entrar. El Bøyg en Peer le dice: «Da la vuelta». El Moldeador de Botones aparece y exige una lista de pecados, pero Peer no tiene ninguna que dar, a menos que Solveig pueda interceder por él. Entonces Peer logra comunicarse con Solveig, pidiéndole que perdone sus pecados. Pero ella responde: «No has pecado en absoluto, mi querido hijo».

Peer no comprende; se siente perdido. Entonces le pregunta: «¿Dónde ha estado Peer Gynt desde la última vez que nos vimos? ¿Dónde estaba yo, como debería haber sido, íntegro y verdadero, con la marca de Dios en mi frente?». Ella responde: «En mi fe, en mi esperanza, en mi amor». Peer grita, llama a su madre y se esconde en su regazo. Solveig le canta una nana, y presumiblemente muere en esta última escena de la obra, aunque no hay acotaciones ni diálogos que indiquen que realmente muere.

Tras la esquina, el Moldeador de Botones, enviado por Dios, sigue esperando, con las palabras: "Compañero, nos encontraremos en la última encrucijada, y entonces veremos si... No diré nada más".

Análisis

Klaus van den Berg sostiene que Peer Gynt

“…es un campo minado estilístico: sus orígenes son románticos, pero la obra también anticipa las fragmentaciones del modernismo emergente. Al narrar el viaje de Peer desde las montañas noruegas hasta el desierto del norte de África, el guion cinematográfico combina poesía con sátira social y escenas realistas con surrealistas. La ironía de los individuos aislados en una sociedad de masas impregna la historia de Ibsen sobre dos amantes aparentemente incompatibles: la profundamente comprometida Solveig y el superficial Peer, más un mero instrumento de proyecciones que un personaje coherente. La conclusión más sencilla que se puede extraer de Peer Gynt se expresa en la elocuente prosa del autor: «Si mientes, ¿eres real?”.

El crítico literario Harold Bloom, en su libro El canon occidental, ha cuestionado la interpretación convencional de Peer Gynt, afirmando:

Mucho más que el Fausto de Goethe, Peer es el único personaje literario del siglo XIX que posee la grandiosidad de los personajes más grandiosos de la imaginación renacentista. Dickens, Tolstói, Stendhal, Hugo, incluso Balzac, no tienen una figura tan exuberante, extravagante y vitalista como Peer Gynt. Inicialmente, parece un candidato improbable para tal eminencia: ¿Qué es, decimos, sino una especie de joven noruego fanfarrón? Maravillosamente atractivo para las mujeres, una especie de falso poeta, un narcisista, un absurdo auto-idolatra, un mentiroso, un seductor, un auto engañador pomposo. Pero esto es una moralización insignificante, demasiado parecida al coro académico que despotrica contra Falstaff. Es cierto que Peer, a diferencia de Falstaff, no es un gran ingenio. Pero en el sentido bíblico yahvista, Peer el bribón lleva la bendición: Más vida

Proceso Creativo

El 5 de enero de 1867, Ibsen escribió a Frederik Hegel, su editor, con su plan para la obra: sería «un extenso poema dramático, cuyo protagonista sería un personaje mitad legendario, mitad ficticio, del folclore noruego reciente. No guardará ninguna semejanza con Brand, ni contendrá polémicas directas ni nada por el estilo».

Comenzó a escribir Peer Gynt el 14 de enero, empleando una variedad de metros mucho mayor en su verso rimado que la que había utilizado en sus obras anteriores, Brand (escrita en 1865) o La comedia del amor (escrita en 1862). Los dos primeros actos se completaron en Roma y el tercero en Casamicciola, al norte de la isla de Ischia.

Durante este tiempo, Ibsen le dijo a Vilhelm Bergsøe que "no creo que la obra sea para ser representada" cuando discutieron la posibilidad de escenificar la imagen de la obra de un cucharón de fundición, "lo suficientemente grande como para volver a moldear seres humanos en él". Ibsen envió los tres actos a su editor el 8 de agosto, con una carta que explica que, "Peer Gynt fue una persona real que vivió en Gudbrandsdal, probablemente hacia finales del siglo pasado o principios de este. Su nombre todavía es famoso entre la gente de allí arriba, pero no se sabe mucho más sobre su vida que lo que se puede encontrar en los Cuentos populares noruegos de Asbjørnsen (en la sección titulada 'Historias de la montaña')." En esas historias, Peer Gynt rescata a las tres lecheras de los trolls y dispara al Bøyg, que originalmente era un ser-troll gigantesco con forma de gusano. Peer era conocido por contar historias exageradas sobre sus propias hazañas, un rasgo que heredó en la obra. La historia del paseo en cuadriga, que Peer le cuenta a su madre en la primera escena, también proviene de esta fuente, pero, como señala Åse, fue originalmente Gudbrand Glesne de Vågå quien realizó la excursión con el ciervo reno y finalmente lo cazó.

Tras el terremoto de Ischia el 14 de agosto, Ibsen partió hacia Sorrento, donde completó los dos últimos actos; terminó la obra el 14 de octubre. Se publicó una primera edición de 1250 ejemplares un mes después en Copenhague.

Antecedente

La obra anterior de Ibsen, Brand, predicaba la filosofía del "todo o nada". Implacable, cruel, resuelto, con una voluntad arrolladora, Brand superó todo lo que se interponía en su camino hacia la consecución de un ideal. Peer Gynt representa un equilibrio compensatorio, un color complementario a Brand. A diferencia de Brand, con su voluntad de hierro, Peer es falto de voluntad, insuficiente e irresoluto. Peer elude todos los problemas que se le presentan.

Brand tuvo un éxito literario fenomenal, y el público sentía curiosidad por saber cuál sería la siguiente obra de Ibsen. Por aquel entonces, el dramaturgo se vio liberado de sus preocupaciones económicas gracias a dos becas, una del gobierno noruego y otra de la Sociedad Científica de Trondhjem. Esto le permitió dedicarse a su obra con total libertad creativa. Viajó con su familia a Frascati, donde, desde las habitaciones del Palazzo, contempló el Mediterráneo desde lo alto y reflexionó sobre su nuevo drama. Guardó un profundo silencio sobre el contenido de la obra y le rogó a su editor, Hegel, que creara el mayor misterio posible en torno a ella.

Se sabe que la representación de la familia Gynt se basa en la propia familia de Henrik Ibsen —la familia entrelazada Ibsen/Paus de Skien— y en recuerdos de infancia; en una carta a Georg Brandes, Ibsen escribió que su propia familia e infancia habían servido "como una especie de modelo" para la familia Gynt. En una carta a Peter Hansen, Ibsen confirmó que el personaje de Åse, la madre de Peer Gynt, se basó en su propia madre, Marichen Altenburg. Se considera que el personaje de Jon Gynt se basa en el padre de Ibsen, Knud Ibsen, quien fue un rico comerciante antes de quebrar.[27] Incluso el nombre del antepasado de la familia Gynt, el próspero Rasmus Gynt, se toma prestado del antepasado más antiguo conocido de la familia Ibsen. Por lo tanto, el personaje de Peer Gynt podría interpretarse como una representación irónica del propio Henrik Ibsen. Hay sorprendentes similitudes con la propia vida de Ibsen; El propio Ibsen pasó 27 años viviendo en el extranjero y nunca pudo volver a ver su ciudad natal.

La Música de Greig

Ibsen le pidió a Edvard Grieg que compusiera música incidental para la obra. Grieg compuso una partitura de aproximadamente noventa minutos. De esta música incidental extrajo dos suites de cuatro piezas cada una (Opus 46 y Opus 55), que se hicieron muy populares como música de concierto. Una de las partes cantadas de la música incidental, "En la gruta del rey de la montaña", se incluyó en la primera suite, omitiendo las partes vocales. Originalmente, la segunda suite tenía una quinta pieza, "La danza de la hija del rey de la montaña", pero Grieg la eliminó. El propio Grieg declaró que era más fácil componer música "de su propia imaginación" que seguir estrictamente las sugerencias de Ibsen. Por ejemplo, Ibsen quería música que caracterizara a los amigos "internacionales" del cuarto acto, fusionando los himnos nacionales (noruego, sueco, alemán, francés e inglés). Según se cuenta, Grieg no estaba de humor para esta tarea.

La música de estas suites, especialmente «Ambiente matutino», que abre la primera suite, «En la gruta del rey de la montaña», y el lamento para cuerdas «La muerte de Åse», reaparecieron posteriormente en numerosos arreglos, bandas sonoras, etc.

Otros compositores noruegos que han escrito música teatral para Peer Gynt son Harald Sæverud (1947), Arne Nordheim (1969), Ketil Hvoslef (1993) y Jon Mostad (1993-1994). Gunnar Sønstevold (1966) compuso música para una versión de ballet de Peer Gynt.

Festival Peer Gynt

En Vinstra, en el valle de Gudbrandsdalen, Henrik Ibsen y Peer Gynt son homenajeados con un festival anual desde 1967. Este festival es uno de los más importantes de Noruega y está reconocido por el gobierno noruego como una institución líder en la difusión de la cultura en la naturaleza. El festival ofrece un amplio programa con teatro, conciertos, una exposición de arte y diversos debates y seminarios literarios.

El evento principal del festival es la representación teatral al aire libre de Peer Gynt en Gålå. La obra se representa en el lugar de nacimiento de Peer Gynt, donde Ibsen afirma haber encontrado la inspiración para el personaje, y es considerada por muchos como la versión más auténtica. La obra es interpretada por actores profesionales de instituciones teatrales nacionales y cerca de 80 actores aficionados locales. La música está inspirada en la música original de Edvard Grieg: la "Suite Peer Gynt". La obra es una de las producciones teatrales más populares de Noruega, y atrae a más de 12.000 personas cada verano.

El festival también alberga el Premio Peer Gynt, un galardón nacional noruego que se otorga a una persona o institución que se ha distinguido en la sociedad y ha contribuido a mejorar la reputación internacional de Noruega.

Parque Escultórico Peer Gynt

El Parque de Esculturas Peer Gynt (Peer Gynt-parken) es un parque de esculturas ubicado en Oslo, Noruega. Creado en honor a Henrik Ibsen, es una presentación monumental de Peer Gynt, escena por escena. Fue inaugurado en 2006 por Selvaag, la empresa promotora del desarrollo urbanístico de la zona. La mayoría de las esculturas de este parque son el resultado de un concurso internacional de escultura.

Algunas Adaptaciones

En 1912, el escritor alemán Dietrich Eckart adaptó la obra. En la versión de Eckart, la obra se convirtió en "una poderosa dramatización de ideas nacionalistas y antisemitas", en la que Gynt representa al héroe germánico superior, que lucha contra "troles" implícitamente judíos.[40] En esta alegoría racial, los troles y el Gran Bøyg representaban lo que el filósofo Otto Weininger —el héroe de Eckart— concebía como el espíritu judío. La versión de Eckart fue una de las producciones con mayor asistencia de la época, con más de 600 representaciones solo en Berlín. Eckart ayudó posteriormente a fundar el Partido Nazi y fue mentor de Adolf Hitler; también fue el primer editor del periódico del partido, el Völkische Beobachter. Nunca volvió a tener otro éxito teatral después de Peer Gynt. (Wikipedia en Ingles)

Peer Gynt

de Henrik Ibsen

Caía la tarde, en el valle de Gudbrandsdalen. Comenzaba la época de cosecha de aquel año de 1817, en aquella comarca noruega. Una mujer anciana decía a su hijo, “¡No es posible, Peer!” El joven dijo, “Madre, si me dejas hablar, te lo explicaré todo…” La desesperada señora Aase Gynt, discutía con el que era su único hijo. La mujer le dijo, “¡Tú hablas solo para decir mentiras!” El joven dijo, “Dejame contarte todo. Así sabrás porqué regresé sin mi fusil, y con la ropa deshecha.” La mujer le dijo, “¡Eso es lo que me disgusta!¡Pasaste meses enteros en lo alto de la montaña, y vuelves sin un reno!” Tras una pausa, la señora agregó, “¡Ahora que es época de cosechar, te presentas tranquilamente!¡Te esperaste a volver, cuando ya hay poco trabajo!” El joven dijo, “¿Conoces Genden Eggen?” La mujer se enojó, y dijo, “¡Ahh!¡Es como si hubiera hablado con el agua del rio!” El joven dijo, “Pues en Genden Eggen hay numerosos despeñaderos, y las rocas son filosas como cuchillos…Así me encontré con el reno más corpulento y hermoso que ojos humanos hayan visto.” El joven comenzó su narración. “Entonces le disparé, pensando, “¡Ah!¡Esa maravilla ya es mía!”Me monté sobre lé, para clavar mi cuchillo en su cerviz, pero para mi sorpresa, el reno se levantó, y me llevó por entre lo filosos riscos. Yo le grité, “¡Detente o nos mataremos los dos!”Irremediáblemente caímos al abismo. Por suerte fuimos a dar sobre las dormidas aguas de un lago.” La mente del joven regresó con su madre, y le dijo, “Sin embargo, el reno se ahogó, y yo…decidí regresar a casa.” La señora Aase sijo, “De modo que a pesar de tantas peripecias, no sacsaste ni siquiera un raspón.” Su hijo le dijo, “Pues así es. ¡Y vaya que tuve suerte, si pensamos que me salvé de una muerte segura!” La señora Aase dijo, “La historia que acabas de contarme. La conozco desde pequeña…fue Gudbrand quien tuvo esa aventura…” El joven dijo, “Pues entonces le sucedió lo mismo que a mí. Las cosas pueden repetirse.” La señora Gynt dijo, “Tus mentiras son historias viejas. ¡Por favor Peer, ya no me tómes el pelo!” Peer le dijo, “¡Madre, me ofendenes al hablarme de esa forma!” La señora dijo, “¡Oh, Dios mío! ¡Ojalá estuviera muerta! De nada han valido mis lágrimas, ruegos, y amenazas con éste bribón.” El hijo abrazó a su madre, y le dijo, “Madrecita, no te pongas así. Mejor sonríe, y sé cariñosa conmigo.” La mujer le dijo, “¿Cómo no he de quejarme, si por toda recompneza a mi viudéz, recibo de tí humillaciones y vergüenza?” Peer tomó a su madre del barzo, y ambos caminaron hacia la cabaña. La señora Aase dijo, “¿Qué hay ya de la riqueza acumulada por tu abuelo Rasmus Gynt?¡Nada! Tu padre se encargó de lapidar cuanto él le heredó…” Peer preguntó, “¿A dónde ha ido la nieve del invierno pasado?” Aase se enojó, y le dijo, “¡Cállate!¡Respeta a tu madre!” Enseguida, la señora agregó, apuntando hacia la cabaña, “¡Mira la casa! Está a punto de derruirse. De los caballos y diversos animales que teníamos, solo quedan dos vacas flacas.” Peer dijo, “Bueno, pero algo habrá que cosechar…” La mujer dijo, “¿Quién va a labrar nuestros campos? No hay dinero para pagar a ningun labrador…Y tú…¡Bah!” Peer dijo, “Madre, deja de lamentarte. Recuerda que muchas veces nos creímos arruinados, pero siempre logramos salir del paso.” Aase dijo, “No sé cómo podemos levantarnos, si mes a mes crecen nuestras deudas a granel.” Peer dijo, “¡No olvides que los Gynt somos personas importantes!” Aase dijo, “Acabado el dinero, se acaba la importancia.¡Con la muerte de tu padre, todo se vino abajo!” Ambos entraron a la cabaña. Aase dijo, “Desde entonces, el arcipreste, el capitan, y cuantos eran invitados por Juan a comer y beber hasta saciarse, dejaron de brindarnos hasta el salúdo.” Los Gynt entrarían en su humilde morada, que en años anteriores, había mostrado cierto lujo, del cual ahora no quedaba un solo rastro. Aase dijo, “¡Peer, tu puedes salvar lo poco que nos queda!¡Si trabajas en la tierra…!” Peer exclamó, “¡Oh!¡No empecemos con regaños otra vez!” Aase dijo, “Entonces te la pasarás todo el día pensando en tesoros imaginarios, tumbado junto a la chimenea.” Peer dijo, “¡No son imaginarios! Lo comprobarás cuando vuelva de la montaña, cargando un cofre repleto de mondas de oro.” Aase le dijo, “¡Tus hazañas me llevarán a la sepultura!” Peer dijo, “¡No, no pasará eso! Tú mereces otro fin, querida madrecita.Vendrá el día en que el mundo se tendrá que voltear el revés, y seré un triunfador…¡Lo seré, solo necesito un poco de tiempo!” Aase dijo, “Sí, espera y serás principe; así se dice si mal no recuerdo.” Peer dijo, “¡Ya lo verás! ¡Ahora quiero descansar!” Aase le dijo, “Podrías llegar a ser algo, si desde el amanecer hasta el anochecer, no tuvieras la cabeza llena de hojarasca.”

Un nuevo día se iniciaba en Gudbrandalen. Aquel domingo, los habitantes de la villa asistirían a la boda de dos jovenes muy estimados en el lugar. En casa de los Gynt, todo seguía lgual. Hacía más de tres semanas que Peer había vuelto, y apenas si salió a estrirar su largas piernas. Entonces Aase le dijo, “Hoy se casa la hija de los Hagstad…Esa joven te miraba con buenos ojos. No necestitabas mas que extender la mano, para haber obtenido lo que quisieras.” Mientras tomaba café, Peer dijo, “¿Lo creés así, madre?” Aase le dijo, “Si hubieras querido, tú serías el prometido de esa muchacha tan rica.” Peer dijo, “¡Bah! Su padre jamás me habría aceptado!” Aase dijo, “¡Ingrid es quien realmente manda en esa casa! El anciano Hagstad, ya esta muy viejo para llevar la contra a su hija.” Entonces, Peer preguntó, “¿Y con quién se casa la interesante heredera?” Aase dijo, “Mats Moen consiguió la mano de esa muchacha. Lo logró mientras tú andabas montando renos.” Peer golpeó lan mesa, y dijo, “¿Con ese espantapájaros? ¡Mats no es mas que un imbécil!” Aase dijo, “Tal vez, pero él será su marido.” Peer dijo, “No, si yo lo impido.” Aase dijo, “No pretenderás…” Peer dijo, “Sí, si pretenderé. Ahora mismo engancharé el caballo al carro…” Aase le dijo, “¡Peer Gynt!¡Tú no irás a ninguna parte!” Peer dijo, “Madre, en esta ocasión, como en muchas otras, te desobedeceré. ¡Iré a casa de los Hagstad!” Mas tarde, el joven Peer se acercaba a la casona de los Hagstad, quienes eran los mas acaudalados de los habitantes de Budbrandalen, pensando, “El emperador se acerca con su comitiva…¡Todos aclaman al señor Peer Gynt! Él arroja a su gente monedas de oro y plata…El principe de Inglaterra le recibe en la bahía, al ver al emperador Gynt, le dice…” Una voz interrumpió sus pensamientos, “¡Miren quién ha llegado!¡El loco de Peer Gynt!” Un hombre lo recibió, y detuvo el carruaje. Peer dijo, “¡Diablos, tenía que encontrarme contigo en este lugar!” El hombre le dijo, “¡Buen tiempo tenía sin verte! Hasta pensé que te habaín secuestrado los duendes de la montaña. ¡Ja, Ja!” Peer le dijo, “¡Alak, lo mejor sera que me dejes en paz!” Alak le dijo, “No he venido hasta aquí para verte a ti. Estoy invitado a la boda, y si no quieres pelea, tendras que volverte a tu casa.” Peer le dijo, “¿Esperas que te obedezca?¡Ja!¡No me hagas reír!” Entonces Alak le dijo, “Ahora que recuerdo, Peer…a la novia tu le agradabas.”Peer le gritó, “¡Callate, Alak!” Alak le dijo, “¡No te enojes, Peer!Si Ingrid te ha olvidado, ya vendra otra, como que el hijo de Juan Gynt, es un gran partido…” Peer le dijo, “No vale la pena desgastar mis puños sobre tu pellejo.”Alak le dijo, “Nueno, mientras acomodas tu carro, yo entrare a saludar a la novia en tu nombre. ¡Ja, Ja!” Peer le dijo, “¡Por mi, la señorita Hagstad puede casarse con quien se le antoje!”Peer Gynt por unos momentos tvo el deseo de volverse hacia su casa, pero su orgullo le impidió hacerlo. A continuación, Peer dijo unas palabras desafiantes a su rival. Enseguida Peer pensó, “¡Nadie se atrevera a reírse de mí!” Alak pensó, “¿Qué le pasará a Gynt?” En el amplio jardin de la casa de los Hagstad, todo estaba listo para celebrar la boda de la bella Ingrid, y el tímido Mats Moen. Peer pensó, “La gente me mira como si estuviera invadiendo el mismo paraiso terrenal.” Uno de los presentes dijo a otro, “¿Ya viste quien llego?” Peer pensó, “¡Humm!¡Al menos esas mozas deslumbrantes no me miran con malos ojos!” Peer Gynt tomaría asiento en un rincòn del jardín. Aún lado de él, había una banca donde dos damas dialogaban. Una de las mujeres dijo, “¡Ah!¡ya vienen ahí los musicos!” La otra dama dijo, “Y la novia no se anima a salir…” La primera mujer dijo, “Estaba llorando un poquito; pero no es cosa de cuidado.” La otra mujer dijo, “Pues yo vi entrar a Mats con sus padres con gesto muy grave.” Peer se levantó, y pensó, “Pues sis la novia no quiere presentarse, yo si beberé un poco de vino quer erstan sirviendo a los músicos!” Poco desouesm el pastor Wilton y su familia llegaban al lugar. El señor Moen, padre del novio, los recibiría. “Pastor Wilton, que bueno que ha llegado.” El pastor Wilton dijo, “Seguramente los novios estan impacientes…” Entones, el señor Moen dijo, “Mi hijo y su prometida riñeron. Ella se ha encerrado en su habitación, y no quiere salir de ahí.” El pastor dijo, “¡Que cosas suceden en las bodas! Yo hablaré con la señorita Hagstad!” El señor Moen dijo, “Mi hijo está desesperado…” Mientras tanto, en el jardín, los músicos divertían a los numerososo invitados. El joven Gynt parecia no querer separarse de las barricas de vino, cuando alguien llamó su atención. Peer pensó, “¡Qué criatura!¡Juro que no he visto nunca algo igual!” Entonces Aslak le dijo, “¡Eh!¡Peer, despierta!¡Ja, Ja!” Peer le dijo, “¡Ah, que torpe eres!¡Cómo es posible que desperdicies asi el vino!” Peer le dijo, “Te encargo esto, ahora vuelvo…” Aslak le dijo, “¿Manda otra cosa el señor?¡Ja, Ja!” Peer le dijo, “¿Supiste lo que le hice al herrero, Alsak? Pues ten cuidado de volver a aburlarte de mi…” Peer olvidaría la discución, al mirar a la hermosa hija del pastor Wilton. Peer pensó, “¡Es tan linda! Pediré permiso para bailar con ella…” Peer se asercó a la madre, yu le dijo, “Digna señora, ¿Me permite bailar con su hija?” La señora Wilton dijo, “Bueno…pero no se alejen, pues aún no saludamos a los dueños de la casa, y si ello salen, necesito a Solveig junto a mi…” Así, Peer Gynt pudo contemplar y hablar con la dulce jovencita. Peer dijo, “De modo que tu padre es el nuevo pastor de Gudbrandsdalen…” Solveig dijo, “Sí, tenemos apenas dos semanas aquí.” Ambos comensaron a bailar. Entonces Peer dijo, “Dime tu nombre. Así será más fácil entendernos…”  La joven dijo, “Me llámo Solveig, ¿Y tú?” Peer dijo, “¡Peer Gynt!” De repente, la joven exclamó, “¡Oh!¡Mi madre me ha hecho una seña!¡Debo ir con ella!” Antes que la joven se fuera, Peer la tomó de la muñeca, y le dijo, “Pero volverás a bailar conmigo, ¿verdad?” Solveig dijo, “Si mi padre consiente en ello, lo haré con gusto.” La ceremonia nupcial seguía retrasándose, y el novio estaba más angustiado. Mientras todos esperaban, el novio dijo en voz baja al señor Moen, “Ingrid dice que no saldrá por ningún motivo.” El señor Moen dijo tambien en voz baja, “No entiendo qué le pasa a mi hija. Cierto que no la vi lo ilusionada que toda novia debe estar, pero nadie la obligó a nada.” Por su parte, Peer seguia disfrutando del delicioso vino. Entonces, Alsak se asercó con unos amigos, y dijo a Peer, “¡Vamos, bebe sin detenerte! Muestraos la capacidad que tienes…” Unas chicas que estaban presentes rieron. Alsak le arrebató el tarro a Peer y dijo, “Trae eso para llenarlo nuevamente.” Peer dijo, “No, no beberé más. Lo que ustedes quieren es verme borracho.” Una de las jovenes presentes, dijo, “Mejor cuéntanos una de tus increíbles historias.” Peer dijo, “Hoy no tengo ganas, pues mi caballo volador está enfermo, y tuve que llegar hasta aquí en un viejo carretón.” Otra de las jovenes dijo, “Y seguramente tienes tambien una capa que te hace invisible.” Peer dijo, “Lo que tengo es un sombrero. Cuando me lo pongo, nadie puede verme…”  Tras una pausa, Peer dijo, “¡Yo cabalgaré como la tempestad, por encima de todo! Prepárense, porque la comarca entera hablará de mí dentro de poco.” A continuación, sonaron unas risas generales. Aslak le dijo, “¡Tú no eres mas que un loco fanfarrón!” Peer dijo, “¡Ya les mostraré de los que soy capaz!” La música comenzó, y Peer dijo a Solveg, “¡Ahora tú y yo vamos a bailar!” Pero Solveg le dijo, “Bailaría contigo si no estuvieras borracho…” Aslak tocó el hombro de Peer, y dijo, “Por cietro, tú que te conviertes en duende, ¿Porquer no vas a sacar a Ingrid de su encierro? La gente comienza a murmurar por su tardanza…” Peer dijo, “Veré qué puedo hacer, pero seguro que la sacaré…” Aslak dijo, “¡Ja! No cabe duda que has perdido la razón.” La impaciencia d elos invitados era notoria, pues la ceremonia llevaba más de una hora de retraso. Peer Gynt y estaba mareado por los efectos del vino. Mientras iba a buscar a Ingrid, Peer pensó, “¡Ah Solveig!¡Ereas apenas una niña!” A los pocos minutos, repentínamente el novio llegó, y dijo alarmado, “¡Vengan todos!¡Padreee, madreee..!” Todo el mundo lo miró extrañado. Mats Moen continuó, “¡Dios mio!¡Ay de mi!¡Quisiera estar muerto!” El señor Hagstad dijo, “¿Qué sucede, Mats? ¿Le ha pasado algo a mi hija?” Mats Moen, presa de una angustia indescriptible, apenas si acertaba a pronunciar palabra., y solo decia, “¡Oh…!¡Ella…Ingrid…!” El señor Hagstad dijo, “¡Habla ya, Mats! ¿Qué tienes?” Mats dijo, enjugandose los ojos, “¡Peer…Peer Gynt se ha llevado a Ingrid!” Uno de los presentes, murmuró a otro, “¡Se han robado a la novia!” El otro dijo, “¡Ha sido ese loco!” Mats dijo, “¡Huyó por la parte trasera de la casa! ¡Oh, Dios!” Uno de los presentes dijo, “¡Iremos por ellos!” La gente corrió hacia el lugar señalado por el burlado novio. El pastor Wilton, tras mirar la situación, dijo al señor Hagstad, “¡Señor Hagstad, lo mejor será que se quede a beber algo fuerte!” El señor Hagstad respondió, “¡Lo que quiero es matar al infelíz que ha raptado a mi hija!” El pastor Wilton le dijo, “¡Usted no podría subir por la montaña! ¡Acompáñeme por favor!” Las montañas adquirían tonalidades doradas copn la aparición del sol en un nuevo amanecer. En lo alto de una de ellas, se encontraba el refugio de Peer Gynt habia levantado para resguarderse en el invierno, durante la caza del reno. Peer Gynt pensaba, “!Nadie podrá encontrarme aquí!” Peer abrió la puerta de la cabaña, y decidió irse. Ingrid le dijo, “¡Peer! ¿A dónde vas?” Peer gritó, “¡Levántate ya!” Ingrid se levantó, apenas cubriéndose con una sabana, y dijo, “¡Peer! ¿Estas enojado conmigo? ¿Hice algo que te desagradára?” Peer le dijo, “¡quiero que te vayas! ¡No quiero verte más junto a mí!” Ingrid lo abrazó, y dijo, “¡Después de lo ocurrido! ¿A dónde quieres que me vaya?” Peer dijo, “¡Por mi…al fin del mundo!” Ingrid Hagstad sintió como si se hundiera en un negro abismo. Inmgrid le dijo, “¡No, Peer!¡Tú no puedes hacerme una canallada!” Mientras Ingrid lo abrazaba, Peer dijo, “Acaba de vestirte, y toma el camino que más te agráde.” Ingrid le dijo, “¿Cómo podría ponerme nuevamente el vestido de novia? ¡Ahota tú y yo estamos unidos por el pecado!” Peer le dijo, “¡Al diablo con el pecado!¡Al diablo con todas las mujeres…!” Ingrid continuaba abrazándolo. Peer hizo una pausa, y dijo, “¡Todas…menos una!” Ingrid le dijo, “¿De quién hablas? ¿Qué mujer es esa?” Peer dijo, “Al menos, no eres tú.” Ingrid dijo, “Dime, ¿Quién es?” Peer le dijo, “¡Vamos, Ingrid! ¡Vuelve con tu padre! ¡Vuelve por donde has venido!” Ingrid se alarmó, y le dijo, “¡Primero me seduces y luego…me rechazas y te alejas de mi!” Peer dijo, “Una mujer pudorosa jamás habría escapado con otro el mismo dia de su boda.” Ingrid le dijo, “¡Volvamos juntos, Peer!¡Nos casaremos y tu serás el dueño de todo Hagstad!” Peer dijo, “No me interesa nada de eso. No me ataría a ti por ningún motivo.” Ingrid le dijo, “¿Te das cuenta de que si me abandonas te arrepentirás?” Peer le dijo, “Estoy arrepentido de haberte traido conmigo. Al verte, mi corazón no siente ni gozo ni amor.” Ingrid dijo, “¿Qué cosas dices? ¡Peer, tú estas loco!” Peer ingresó a su cabaña, y desde fuera, Ingrid le gritó, “¡Peer, esperaa! ¡Ahh! ¡Si me voy, no tardarás en recibir tu castigo!” Peer se acostó en el camastro, y dijo, “No te preocupes, esperaré sentado mi merecido.” Ingrid gritó llena de rabia, “¡Maldito seas, Peer Gynt!” Una vez que Peer quedó a solas, pensó, “¡Seguramente toda la comarca vendrá por mi, armada de palos y escopetas! ¡Ahota todos saben de lo que soy capaz! Pero no darán conmigo, pues todos temen a los duendes que supuestamente viven en lo alto de la montañas.” Tras una pausa, Peer se levantó de su camastro, y pensó, “Saldré a cazar algo para comer.” Mientras Peer se alejaba de su cabaña, pensó, “¡Ahorra que soy invencible, cazaré cualquier animal sin mas armas que mis manos!” De repente, Peer recapacitó en sus pensamientos, y pensó, “¡Oh, no!¡Ya empezaba otra vez con mis malditas fantasias! ¡Tendré que poner una trampa!” Mas tarde, aquel joven inmaduro y holgazán, se adentraba en la espesura del bosque. Peer pensó, “Me pareció escuchar unas pisadas…¿Acaso será el señor Hagstad?” Oculto, Peer pudo ver que el recién llegado era un joven de la comarca. Al verlo, Peert pensó, “¡Es Ivar!¡Se ve muy angustiado!” Tras un momento, Peer pensó, “¡No parece andar tras de mis pasos!” Peer lo observaba escondido tras un arbol, y pensó, “Lo veo vacilante y tembloroso. ¿Qué le habrá traído hasta aquí?”  Cuando de repente, el vecino de Peer sacaría una hoz entre sus ropas. Peer observaba, y de pronto, pensó, “¡Oh, nooo!¡Esto es terrible!” No creyendo lo que veía, Peer pensó, “¡Se ha cortado un dedo entero!¡Está sangrando como un toro!” Peer no alcanzaría al joven, quien, tras su extraña acción, descendería velozmente de la montaña. Mientras el hombre descendía, Peer pensó, “¡Demonios!¡Se necesita estar loco para perder así un dedo!” Mientras tanto, el hombre pensaba, “¡Así me libraré de ir a la guerra!¡Antes que el rey, está mi familia!” Mientas tanto, en la aldea de Gudbrandalen, se llevaba a cabo el juicio del secuestrador, Peer Gynt. El juez anunció a los presentes, “¡Es así que se obligará al acusado a pagar su delito con el destierro!” La madre de Peer exclamó, “¡Oh!” El juez continuó, “Además, en págo a los daños causados a la familia Hagstad, todos su bienes les serán confiscados y entregados al buen señor Hagstad.” La madre de Peer explotó, y dijo, “Y, ¿En dónde voy a vivir yo, que ninguna culpa tengo?” El juez dijo, “Por humanidad, el señor Hagstad le concederá seguir vivendo en esa casa.” Aase Gynt estaba más que desesperada, “¡Si Ingrid volvió sana y salva, mejor sería culpar al Diablo!¡Ella se fue con él por su propia voluntad y a mi hijo le nublò el entendimiento el huimo de las borrachera!” El juez dijo, “¡De cualquier manra. Peer Gynt es culpable mañana será apresado, y luego se le embarcará con rumbo desconocido.” Aase Gynt exclamó, “¡Oh!¡Quisiera morir en este momento!” La señora gynt solo encontraría consuelo en Kari, su buena vecina. “¡Regresemos a casa!¡Necesita descansar, madre Aase!” La señora Gynt exclamó, “¡Ay de mí, y de mi pobre hijo!” Cuando las abatidas mujeres se acercaban a la que una vez fuera la prospera propiedad Gynt, se encontrarían con una desagradable sorpresa. Al mirar a unos hombres cargar varios baules, la señora Gynt exclamó, “¡Oh!¡Estan saqueando mi casa!” Enseguida, la señora dijo a uno de los hombres, “¿Quién lo ha enviado?¿Por qué se llevan mis pertenencias?” El hombre dijo, “Llevamos estas cosaas a casa del señor Hagstad. Así de decidió en el juicio.” La señora Gynt dijo, “Pero si el juicio acaba de terminar, ¿Cómo es que ustedes…?” El hombre dijo, “Si tiene algo que alegar, hágalo con el señor Hagstad.” La joven Kim les dijo, “¡Son ustedes unos malvados! ¡Nadie se apiada de una pobre mujer!” Aase Gynt exclamó, “¡Ooh!¡Dios tenga piedad de mí!¡Qué dura es la justicia con los que nada tienen!” El sol acababa de ocultarse, cuando Solveig y Helga Wilton se acercaban a la triste morada de los Gynt. Asi, que Helga, una niña menor, decia a su hermana mayor, Solveig, “¡Por ser la hermana menor, siempre llevo la peor parte!” Solveig dijo, “Guarda silencio, Helga.” Helga dijo, “No se porque engañase a mis padres. Dijiste que acudiríamos a casa de los señores Moen.” Solveig dijo, “¡Basta! Ahora debes limitarte a guardar silencio.” Poco despues, Solveig tocó la puerta de la cabaña de la señora Gynt, y al ser recibida por Kari, dijo, “¡Buenas noches! Quisiera entregar esto a la señora Gynt.” Kari le dijo, “¿Usted? Si no me equivoco, es la hija del pastor Wilton.” Solveig le dijo, “Sí…pero, dígame…¿Ha sabido algo de Peer?” Kari le dijo, “¡Ah!¡Ese malnacido!¡Seguramene sigue en lo alto de la montaña, mientras su madre sufre las consecuencias de sus actos.” Solveig dijo, “¡Oh, Dios! Dele esto de mi parte, por favor. Ahora debo volver a mi casa…” Kari le dijo, “Realmenmte me sorprende que una damita como usted se preocupe por los Gynt.” Solveig dijo, “tanto la señora omo su hijo necesitan ayuda. Buenas noches.” Kari le dijo, “¡Que el cielo le pague su bondad!” Entretanto, en casa del pastor Wilton, éste se entrevistaba con el señor Hagstad. El pastor Wilton dijo, “Es mejor esperar que ese canalla aparezca en casa de su madre.” El señor Hagstad dijo, “¡Ese maldito debe estar aliado con los duendes de la montaña!¡Mi pobre Ingrid no pudo darnos señal alguna para llegar hasta su escondite!” El pastor Wilton dijo, “Por todo lo que usted y otras personas me han contado de Peer Gynt, éste más que el destierro, merece ser encerrado en un lugar para locos.” El señor Hagstad dijo, “Cualquier castigo que se le dé, será poco. Ha destrozado la vida de mi querida hija.” Un semana más tarde, en lo alto de una de las montañas de Gudbrandsdalen, Peer continuaba a salvo de sus perseguidores. Mientras Peer cortaba leña, pensaba, “Talves en la aldea ya están convencidos de que los duendes me atraparon…¡Ah, los duendes! Hasta ellos evitan visitarme…Debo contonuar con mi labor, ahora que soy un marginado y no tengo quien me ponga la mesa y me sirva de comer, tendre que resolver todas mis necesidades.” Entonces, Peer escuchó una voz femenina. “¡Dios bendiga tu trabajo!” Peer volteó, y exclamó, “¿E–Eh?” Peer miró a una mujer, y exclamó, “¿Tú?¿Cómo es posible?” Tras unos segundos, Peer exclamó, “¡Solveig!¿Cómo pudiste llegar hasta aquî?” Solveig le dijo, “Tu madre me indicó el camino…por ella he venido en tu busca.” Peer dijo, “¿Le ha sucedido algo…?” Solveig dijo, “Está muy enferma, cansada de soportar hunillaciones y atropellos.” Peer la tomó de la mano, y dijo, “¿Cómo es que tus padres de dejaron subir a la montaña?” Solveig dijo, “Sobre la inmensa tierra del señor, ya no hay nadie a quien deba dar cuenta de mis actos. ¡He roto todos los lazos que me unían a ellos! ¡Y lo hice por ti, Peer!” Peer le tomó l Mno y le besó la mano, y dijo, “¡Oh, Solveig!¿Acaso soy tan importante?” Solveig lo abrazó, y dijo, “Tanto, que por venir en tu busca, he soportado el dolor de abandonar a aquella que me llevó en su seno, a mi hermana, y a mi padre.” Solveig lo miró, y dijo, “Sé bien que el camino que he pisado, jamás podré desandarlo.” Peer le dijo, “¡Solveig, no te miento si te digo que no he dejado de pensar en ti, desde el momento que te ví.” Solveig le dijo, “Peer, ahora deberás ir a la casa de tu madre, porpiedad que ha pasado a manos del señor Hagstad…Trata de llegar. Cuando las sombras puedan ocultar tu presencia en la comarca, pues te esoeran para mandarte lejos de Gudbrandsdalen.” Peer dijo, “¡Vamos entronces…!” Solveig le dijo, “¡No, Peer! Yo te estaré esperando en este lugar. ¡Es nuestra casa!” Aquela noche, en la aldea de Gudbrandsdalen, sus moradores se entregaban a un merecido descanso. La señora Gynt, postrada en la humilde habitacion de aquella casa que ya no le pertenecia, esperaba anhelante, la llegada de su hijo, diciendo, “¡Di–Dios mío…!¿Vendrá…?” Kari le dijo, “No debe tardar. Tenga paciencia, madre Aase…” La señora Gynt dijo, “¡Te–Tengo tantas cosas qué decirle!” De pronto, la puerta se abrió. Peer exclamó, “¡Aase, madre querida!” Peer se arrodilló frente a la cama. Su madre le dijo, “¡Peer, hijo! Dame un beso y escúchame…” Peer dijo, “Madre, no hablemos de cosas tristes o desagradables…” Enseguida, su madre le dijo, “Peer, debes reparar el daño cometido en contra de in–Ingrid…solo así tu vida dejará de co–correr peligro…” Peer dijo, “¡Oh!¡La vida es lo de menos!” Peer la tomó de las manos y dijo, “Hablemos de otra cosa. ¿Te acuerdas de cuando yo era pequeño, jugabamos en la cama, como si fuera un trineo?” Su madre le dijo, “Lo re–recuerdo…a–así viajabamos por valles y montañas…” Peer le dijo, “¡Pues vamos a jugar!¡Iremos al fabuloso castillo de Soria Moria!” Su madre dijo, “No, Peer. Ha lle–llegado la hora de irme…” Peer dijo, “¡Nada de pretextos! Iremos al castillo porque estamos invitados a una grandiosa fiesta que celebra el rey…” Huba una pausa, y Peer dijo, “¡Cruzaremos un páramo!” Enseguida su madre dijo, “Hijo, veo algo que brilla allá a lo lejos, ¿De dónde viene esa luz?” Peer le tomó nuevamente las manos, y dijo, “Segura,mente del palacio del rey. ¿Oyes la música?” Su madre dijo, “¡Ah!¡Pero no nos ídejarán entrar! Somos tan pobres…” Peer dijo, “Nadie podrá poner objeciones a la mujer más honrada de la comarca. Por mí, no te preocupes, puedo esperarte aáfuera…pero antes de       que entres , dame un beso en señal de agradecimiento por conducirte en este viaje.” Su madre lo beso y le dijo, “Peer, hijo…no te desvíes del camino…” Peer dijo, “¡Ah!¡Ya ha salido por ti el rey, nuestro señor! ¡En éste momento ha terminado el viaje!” Kari exclamó, “¡Oh!” Al enteder Kari que su vecina había muerto, comenzó a llorar. Peer besó a su madre, y dijo, “Gracias, madre…¡Por tus golpes y tus caricias!” Kari dijo, “¡Han terminado las penas para ella!” Enseguida Peer dijo, “Kari, te pido que te encarges de su entierro. Ye debo salir de aquí en cuanto antes…” Kari dijo, “¿A dónde irás?” Peer dijo, “¡Hacia el mar!” Kari dijo, “¿Tan lejos?” Peer dijo, “Y aún mas allá…” Una borrascosa noche del año 1849, el mar envolvía con su violento oleaje una embaración cargera frente a las costas noruegas. El capitán del navío gritaba, “¡Nos hundímos!” Amanecía, cuando dos exhaustos sobrevivientes al naufragio llegaron a tierra firme. Uno de ellos exclamó, “¡Ooh, Dios!” Largo tiempo despues, uno de ellos se incorporaría con gran dificultad, diciendo, “¡Ah!¡Aún no era mi hora!” El otro hombre exclamó, “¡Agh!” El primer hombre, que no era otro que Peer Gynt, dijo, “¡Eh, marinero!¡Te ayudaré a levantarte…!” El hombre dijo, “N–No…el frío de e–estas a–aguas me ha ve–vencido…!” Cuando el sol en su ocaso parecía flotaren las grises aguas del mar, el único sobreviviente del barco de carga en el que viajaba como pasajero, daba un adiós silencioso al marinero. Peer pensó, “Murió fiel a sí mismo. Vivió para elo mar, y ahora yace en él para siempre.” Luego, Peer se internô en aquella isla, pensando, “Vaya o venga, siempre estoy a la misma distancia, es igual que entre o salga…he perdido todas mis riquezas en el naufragio. Vueklvo al lugar que me vio nacer con las manos vacías.” Algunas semanas despues, Peer Gynt atravesaba el cementerio de la comarca de Gudbrandsdalen, pensando, “No quiero pasar por el caserío…” El páso de un cortejo, detendría su camino. Peer pensó, “¡Un compatriota que va camino del polvo!” Un pastor daría el último adiós a aquel difunto. El pastor Wilton dijo a los presentes, “Ahora que el alma de Ivar se dirige a su juicio final, y la materia descansa como cáscara vacía, hablemos un poco de su páso por la Tierra…Seguramente recordarán que siempre se le veia con la mano derecha metida en el bolsillo…la razó era mantener oculta esa mano que solo tenia cuatro dedos. Ivar me confesó que él mismo se lo habia cortado con el fin de acudir al reclutamiento en Lunde, pues no queria abandonar a su esposa, quien en ese entonces esperraba a su primer hijo…fue un mal ciudadano, planta estéril para la patria, pero fue un gran luchador por su familia. ¡Y por eso eso fue fiel con él mismo! A nosotros no nos corresponde juzgar, pues esa no es mision del polvo, sino de aquel que todo lo dirige. Creo firmemente que Ivar no habrá comparecido como un inválido ante Dios.” Cuando la ceremonia luctuosa llegó a su fin, una mujer mayor de edad, tomó el barzo de un hombre ya entrado en años, y dijo, “¡Vamos a casa, Aslak! Me siento triste y cansada.” Asla k dijo, “Sí, querida Ingrid.” Peer pensó, “¿Ingrid? ¿Alsak? ¡Oh! ¡Los milagros que realiza el tiempo! Por lo qie veo, el herrero es rico, gracias a su esposa…” Un anciano sacaría a Peer Gynt de sus reflexiones. “Disculpe forastero. ¿Usted era amigo del dinfunto?” Peer exclamó, “¿Eh?¡Oh!¡Sí…sí! Vine desde Hedalen para asistir al funeral.” El hombre le dijo, “Jamás le había visto por aquí.” Peer dijo, “Hace mucho tiempo que no visitaba esta comarca. También he sido amigo de Peer Gynt…” El hombre dijo, “¿De ese cuentero que se atribuía a sí mismo todo lo bello y grandioso de otros hombres?” Peer dijo, “¿De modo que es un fantaseador?” El hombre dijo, “Un tonto que nunca hizo nada por su madre. Bueno, si: matarla por tantos disgustos.” Peer le preguntó, “¿Sabe usted dónde está ahora ese hombre?” El hombre dijo, “Se fué por el mar a otras tierras. Se supo que ahí la pasó mal, y poco después lo ahorcaron.” Ante el silencio de Peer, el hombre agregó, “Ese loco nunca volvió a acordarse de una jovencita que abandonó a su familia, y quedó esperándole en lo alto de la montaña.” Peer exclamó, preocupado, “¡Solveig!” Peer Gynt despertaría demasiado tarde del largo sueño que le había hecho edificar su vida sobre la arena. Mientras Peer iba rumbo a la alta montaña, pensó, “¡Jamás debí olvidar ese camino, el sendero correcto que conducía al amor, sentimiento que mi corazón egoísta, no supo albergar!”

Tomado de, Joyas de la Literatura.  Año XI, No. 222. Marzo 15 de 1994. Guión: Víctor M. Yañez. Adaptación: Emmanuel Hass. Segunda adaptación: José Escobar.

 

sábado, 9 de mayo de 2026

El Pozo y el Pendulo, de Edgar Allan Poe

     El Pozo y el Péndulo, es un cuento del escritor estadounidense, Edgar Allan Poe, perteneciente al género de terror. Se publicó por primera vez en 1842, en la antología literaria, El Regalo: Un regalo de Navidad y Año Nuevo, de 1843.

     La historia narra los tormentos sufridos por un prisionero de la Inquisición española, y se ambienta, de forma muy libre, en la Guerra de la Independencia entre España y la Francia napoleónica (1808-1814), aunque evoca la temida Inquisición de siglos anteriores.
    El narrador describe su experiencia de tortura. El relato infunde temor en el lector, mediante su fuerte énfasis en los sentidos, como el oído, lo que subraya la ineludible realidad de la inminente fatalidad. En esto se diferencía de otros cuentos de Poe, que recurren a lo sobrenatural. El cuento ha sido adaptado al cine en varias ocasiones.

Resumen de la Trama

     El narrador anónimo es llevado a juicio ante los siniestros jueces de la Inquisición española, acusado de delitos que nunca se especifican. Mientras siete altas velas blancas sobre una mesa se consumen lentamente, el narrador siente que sus esperanzas de sobrevivir, también se desvanecen.

     Es condenado a muerte, tras lo cual, se desmaya y despierta en una habitación completamente oscura. Al principio, el prisionero cree estar encerrado en una tumba, pero luego descubre que se encuentra en una celda. Decide explorar la celda, colocando un trozo de su túnica contra la pared, para contar los pasos alrededor de la habitación, pero se desmaya antes de poder medir todo el perímetro.

    Al despertar, encuentra comida y agua cerca. Intenta medir la celda de nuevo, y descubre que el perímetro mide cien pasos. Mientras cruza la habitación en la oscuridad, tropieza con el dobladillo de su túnica, y cae, golpeándose la barbilla en el borde de un profundo pozo. Se da cuenta de que, de no haber tropezado, habría caído en él.

    Tras perder el conocimiento de nuevo, el narrador descubre que la prisión está ligeramente iluminada, y que está atado a una estructura de madera boca arriba, mirando al techo. Sobre él, hay una imagen del Padre Tiempo, sosteniendo un péndulo afilado, como una navaja que mide, "un pie de largo, de cuerno a cuerno".
     El péndulo se balancea de un lado a otro, y desciende lentamente, diseñado para acabar con la vida del narrador. Sin embargo, éste unta sus ataduras con la carne que le han dejado para comer, lo que atrae a las ratas. Las ratas roen las correas, y él se libera justo antes de que el péndulo comience a cortarle el pecho.

     El péndulo se retrae hacia el techo, las paredes se ponen al rojo vivo, y comienzan a contraerse, empujándolo lentamente hacia el centro de la habitación y hacia el abismo del pozo.
   Al perder el último punto de apoyo, acorralado por los muros que se mueven, y empezar a caer, oye un estruendo de voces y trompetas, las paredes se retraen, y un brazo lo rescata. El ejército francés, ha capturado la ciudad de Toledo, y la Inquisición ha caído en manos de sus enemigos.

Publicación y Respuesta

    El Pozo y el Péndulo, se incluyó en, El Regalo: Un Presente de Navidad y Año Nuevo de 1843, editado por Eliza Leslie, y publicado por Carey & Hart. Fue ligeramente revisado para su reedición en el número del 17 de mayo de 1845, del, Broadway Journal.

     William Butler Yeats criticaba a Poe en general, calificándolo de “vulgar”. De, El Pozo y el Péndulo, en particular, dijo que, “no me parece que tenga ningún valor literario permanente... Analicen El Pozo y el Péndulo y encontrarán una apelación a los nervios mediante grotescos sustos físicos”.

     El Pozo y el Péndulo, es un estudio del efecto que el terror tiene en el narrador, comenzando con la línea inicial, que sugiere que ya está sufriendo de ansiedad ante la muerte. "Estaba enfermo, enfermo hasta la muerte con esa larga agonía".
     Sin embargo, hay una ironía implícita en la referencia a los jueces de túnica negra con labios, "más blancos que la sábana sobre la que trazo estas palabras", lo que muestra que ha sobrevivido, y está escribiendo la historia después de los eventos. A diferencia de gran parte de la obra de Poe, esta historia no tiene elementos sobrenaturales.
     El "realismo" de la historia, se ve realzado por el enfoque de Poe, en informar sensaciones: la mazmorra está sin aire, y sin luz; el narrador está sujeto a la sed, y al hambre; está rodeado de ratas; el péndulo afilado como una navaja, amenaza con cortarlo; y las paredes que se cierran, están al rojo vivo.
     El narrador experimenta la hoja principalmente a través del sonido cuando, "silba," mientras se balancea. Poe enfatiza este elemento sonoro con palabras como “surcingle”, “cesación”, “creciente” y, “cimitarra”, y diversas formas de consonancia literaria.

      Poe seguía un modelo establecido de escritura de terror de su época, frecuente en la revista, Blackwood's Magazine, una fórmula que ridiculiza en su cuento humoristico, “A Predicament”.
    Sin embargo, esos relatos solían centrarse en sucesos fortuitos, o en la venganza personal como fuente de terror. Es posible que Poe se inspirara, en parte, para centrarse en la tortura impersonal y deliberada en la, Historia de la Inquisición Española, de Juan Antonio Llorente, publicada por primera vez, en 1817.
    También se ha sugerido que, el, “pozo” de Poe, se inspiró en una traducción del Corán, de George Sale. Poe también había hecho referencia al Corán en, Al Aaraaf, e Israfel.
     Poe conocía a Sale, e incluso lo mencionó por su nombre en una nota de su relato, The Thousand-and-Second Tale of Scheherazade.
     La traducción de Sale, formaba parte de un comentario y, en una de esas notas, se refiere a una supuesta forma común de tortura y ejecución, que consistía en, “arrojar [a las personas] a un pozo de fuego ardiente, de donde provenía el oprobioso apodo de Señor del Pozo”.
     En el Corán mismo, en la Sura (Capítulo) 85, Los Signos Celestiales, un pasaje dice: “...malditos fueron los artífices del pozo, del fuego provisto de combustible... y los afligieron sin otra razón, que porque creían en el Dios todopoderoso y glorioso”.
     Poe pudo haber sido influenciado para incluir una cámara de encogimiento, por, El Sudario de Hierro, de William Mudford, un cuento sobre una cámara de tortura de hierro, que finalmente aplasta a la víctima en su interior.
El Cuento de Mudford, se publicó en la revista, Blackwood's, en 1830.


Autenticidad Histórica

     Poe no intenta describir con precisión las operaciones de la Inquisición Española, y se toma considerables libertades dramáticas con el contexto histórico general, en el que se basa este relato.

     Los rescatadores, están liderados por el general napoleónico, Antoine Charles Louis de Lasalle, quien, sin embargo, no estaba al mando de la ocupación francesa de Toledo, lo que sitúa la acción durante la Guerra de la Independencia Española (1808-1814), siglos después del apogeo de la Inquisición.
      Las elaboradas torturas descritas en este relato, no tienen paralelismos históricos con la actividad de la Inquisición española en ningún siglo, y mucho menos en el XIX, cuando bajo los reinados de Carlos III, y Carlos IV, solo cuatro personas fueron condenadas.
     La Inquisición, no obstante, fue abolida durante el período de la intervención francesa (1808-1813).

     La fuente original del método de tortura del péndulo, es un párrafo del prefacio del libro, de 1826, Historia de la Inquisición de España, del sacerdote, historiador, y activista español, Juan Antonio Llorente, que relata un testimonio indirecto de un prisionero liberado de las mazmorras de la Inquisición, en Madrid, en 1820, quien supuestamente describió dicho método.
     La mayoría de las fuentes modernas, lo descartan como una fantasía. Una teoría sugiere que Llorente malinterpretó el relato; el prisionero se refería en realidad, a otra tortura común de la Inquisición, la garrucha, en la que se ata al prisionero de manos a la espalda, y se le iza del suelo con una cuerda atada a las manos. Este método también se conocía como, “péndulo”.

     Poe coloca un epígrafe en latín, antes del relato, describiéndolo como “una cuarteta compuesta para las puertas de un mercado, que se construiría en el emplazamiento del Club Jacobino de París”.
     El epígrafe, no fue invención de Poe; se informó que una inscripción similar, no más tarde de 1803, había sido compuesta con la intención, posiblemente jocosa, de colocarla en el sitio, y había aparecido, sin atribución, como una curiosidad en el, Southern Literary Messenger de 1836, una publicación periódica para la que Poe colaboraba.
Sin embargo, no parece que el mercado se haya construido tal como se planeó.
     Charles Baudelaire, poeta francés que tradujo las obras de Poe al francés, y que lo consideraba una fuente de inspiración, dijo que el edificio en el sitio del, Old Jacobin Club, no tenía puertas y, por lo tanto, no tenía inscripción.

(Wikipedia en Ingles)

El Pozo y el Péndulo

de Edgar Allan Poe

    Pocos hombres y pocos escritores han sondeado la inmensidad del alma humana como, Edgar Allan Poe, pocos han explorado tan a fondo el éxtasis, o la desesperación que pueden conocer los hombres. Exploremos el escalofriante universo de misterio y terror de Edgar Allan Poe.

    Un hombre se encontraba atado de cuerdas, ante un tribunal inquisidor. El hombre pensó, “Estaba acabado, acabado hasta mas no poder, tras aquella agonía tan larga, me desataron las manos y me pude sentar, y sentí que me desvanecía, allí, en plena sala de juicios de la inquisición, la ultima frase que escuché con claridad, fue la horrible sentencia de muerte. Y de súbito deje de oír. Ya solo pude ver, con una terrible torturante exageración. Sí, y vi los labios de aquellos jueces vestido de negro.
     Me parecieron finos, blancos. Labios adelgazados por su dura expresión. ¡Por su absoluto desprecio hacia el dolor humano! ¡Nos los escuchaba, pero aquellas bocas formulaban mi destino! Sus labios formaron las silabas de mi nombre. ¡Pero no oía nada! Vi, presa de espanto frenético, las siete velas colocadas bajo la mesa. Al principio me parecieron símbolos de caridad, y de pronto imaginé que eran blancos ángeles dispuestos a salvarme.
     Mas de repente me invadió una nausea letal, y las formas angelicales, se volvieron vacuos espectros de cabezas llameantes. Entonces, como magnificas notas musicales, en mi imaginación visualice el dulce reposo que debe esperarnos en el sepulcro.
   Pero, poco a poco, a mi alrededor todo fue abismándose en la nada. Poco a poco, todo fue perdiéndose en las tinieblas. Todas mis sensaciones se precipitaron hacia un abismo, ¡Como si mi alma cayera al hades! Y luego pareció que todo el universo se habia convertido en quietud…silencio…¡Noche!"
     Me habia desmayado, aunque me parece que no perdí del todo la conciencia. No sé cuánto tiempo pasó, pero finalmente volví de aquella tenebrosa noche…descubrí extraños palacios, recordé rostros fantásticamente familiares, tuve melancólicas visiones. Saliendo de aquel estado de aparente vacío, por brevísimos momentos vislumbré el triunfo. ¡La libertad! Aromas de flores desconocidas, melodías que jamás habia escuchado.
    Mas aquellos recuerdos se confundían con la imagen de tenebrosas figuras que me llevaban hacia abajo, siempre hacia abajo, en lo que parecía un descenso infinito. Finalmente, a aquel fantástico despertar de mi conciencia, siguió el despertar de mi cuerpo, la conciencia de existir, el tumultuoso latir de mi corazón.
     No quería abrir los ojos, por temor a lo que encontraría. Pero si los cerraba, corría por mi mente el recuerdo del proceso, de la sentencia, de mi desmayo. Por fin, con el corazón lléno de atroz angustia, ¡Abrí los ojos de golpe! Me rodeaba la oscuridad, de una noche eterna.
    Entonces pensé.
“No estoy muerto…pero, ¿Dónde estoy? Me devolvieron a mi celda, para esperar el sacrificio. ¿Cuánto tendré que esperar…días, semanas, meses? ¡No! Mi calabozo anterior tenía luz, veía las calles de Toledo…¡Dios! ¿Y si ya estoy en una tumba, enterrado vivo?”
     La agonía de la incertidumbre se volvió insoportable, y traté de entender en donde me encontraba, y pensé,
“¿Por qué siento que me reservaron el mas espantoso de los destinos? ¡Ah! Por fin…¡Un muro!” Recordé los mil vagos rumores escuchados sobre los horrores de Toledo. Se contaban cosas inauditas, abominables, sobre las cárceles de la inquisición, y pensé, “Sí…no hay duda. Me trajeron aquí para morir…”
     No podía dejar de preocuparme, de enloquecer, y desesperado pensé,
“Pero…¿Cómo…y cuándo he de morir? Encajaré aquí ésta tela, y dando a tientas la vuelta al lugar, cuando vuelva a encontrarla, tendré una idea de sus dimensiones…”
     Y asi seguí. Pero la humedad y mi debilidad conspiraban contra mi…el sueño no tardó en dominarme…al despertar, me esperaban un pan y un cántaro con agua. Ávidamente traté de reponer mis agotadas fuerzas, y ésta vez con éxito, reanudé mi exploración. Y pensé, "¡Ah, le di vuelta al calabozo, aquí está la tela!” Sin embargo, aún no tenia una idea clara de aquel tenebroso sitio, y pensé,
“Ahora trataré de cruzar de lado a lado, con cuidado. El piso está cubierto de limo…de agua…”
     De pronto, la tela desgarrada de mis ropas me hizo tropezar, y caí violentamente, y algo sorprendente llamó mi atención, y exclamé,
“Pero…¿Cómo?” ¡Ante mi, ya no habia piso!  Entonces exclamé, “¿Qué es esto? ¡Qué olor a hongos podridos! Oh, Dios…” ¡Me estremecí, de pies a cabeza! Y pensé, “Estoy…al borde de un pozo circular…si no tropiezo. ¡Me voy al abismo!” Aventando una roca, pensé, “¿Qué profundidad puede tener?”
     Escuché durante varios segundos. Finalmente, se oyó un lúgubre chapoteo seguido de pesados ecos. En eso, me pareció que una puerta se abría arriba, a mis espaldas. Escuché un crujido de puerta. Por un instante, débiles rayos de luz invadieron el diabólico recinto, y después, nuevamente la más tenebrosa oscuridad. Exclamé,
“¡Oh Dios! Ya entiendo…”
     Pensé,
“No me queda más alternativa que la muerte. La inquisición jamás perdona. Mi muerte será una agonía física, comparada con la peor tortura mortal...¡Querían que yo cayera al pozo, que yo muriera allá abajo! Si tuviera valor, quizá me arrojaría al pozo para acabar con ésta miseria de una vez…pero no…¡NO ENCONTARÉ LA MUERTE INMEDIATA! De eso se habrán asegurado mis torturadores. ¡Lo sé! Sí, en el pozo, solo me espera alguna tortura abominable. ¡No el reposo de la muerte! Me he convertido en el más perfecto de los cobardes…” Entonces grité, “¡Oh Dios!”
     Y el eco repitió mi voz. Luego exclamé,
“¡Aaaay!” Bastaba el sonido de mi propia voz, para hacerme temblar. Tal era el abatimiento de todo mi sistema nervioso. De nuevo, acabé por dormirme. Al despertar, pensé, “Ah…tengo una sed abrazadora…” Vacié el cántaro de un solo trago. ¡Aquella agua debía contener alguna terrible droga! Su sabor amargo, me hizo exclamar, “¡AFFAGH!”
     Y cayó sobre mí, un sueño profundo, semejante al de la misma muerte. Jamás he podido deducir cuanto duró. Pero cuando por fin abrí los ojos, una sulfurosa claridad iluminaba mi carcel. Pensando dije, “Y es más pequeña de lo que pensé. Y los muros parecen planchas de hierro o algún otro metal."
    Las superficies metálicas estaban pintarrajeadas groseramente con diversos emblemas horrorosos y repulsivos, nacidos de la sepulcral superstición de los frailes inquisidores. ¡Demonios con amenazadores gestos, tenebrosos esqueletos! ¡Monstruosidades que recubrían y desfiguraban los muros!
     Vi tambien que el suelo era de piedra, y vi en el centro, el pozo maldito, de cuyas fauces había logrado escapar. Pero, aunque ahora veía, gracias a aquella luz difusa de procedencia inexplicable, sentí un terror más agudo que antes.
     Pensé, “¡Oh!¿Pero qué pasa?” Mientras dormía, los inquisidores habían cambiado mi situación física. Una larga tira, un cíngulo, me mantenía inmóvil sobre un bastidor de madera muy bajo. Solo con un violento esfuerzo, alcanzaba un plato de barro con comida, puesto en el suelo. Probé el alimento, y estaba cruelmente condimentado.
     Pensé, “¡Ah! Seguramente quieren que muerta torturado por la sed.” Habia algo singular pintado en el techo de mi prisión.
     Pensé, “Una representación del tiempo. Y en vez de guadaña, tiene un…péndulo como el de un reloj antiguo." Entonces algo me movió a observar a aquella extraña maquina con más detenimiento. Pensé, “¿Será posible?”
    Se hallaba exactamente sobre mí, y tuve la más insólita impresión, y pensando dije, “Sí…¡Sí! Se mueve…” Su balanceo era lento y breve y, con cierta desconfianza y extrañeza, observé aquel péndulo durante un rato…hasta que, exclamé, “¿Qui…Quién anda allí…?” Del pozo salían, unas tras otras, ratas enormes de afilados 
dientes.
   Pensé dentro de mi, “¡Las atrae mi comida!” Solo con gran trabajo y atención, pude ahuyentarlas. Quizá media hora después, cuando volví a fijarme en el péndulo, pensé, “¡Oh! Ahora oscila más, y a mayor velocidad…y además, el péndulo baja, ¡No hay duda!” Y entonces observé algo más con un horror indecible.
     Pensando me dije, “La parte inferior del péndulo…¡Tiene filo! Es…en realidad…una enorme navaja…ya veo…me salvé del pozo, pero ahora mis torturadores me deparan esto…” Durante largas, interminables horas, conté las oscilaciones de la hoja de acero…creo que asi pasaron días, hasta que el péndulo quedo tan cerca, que me abanicaba el rostro.
    Entonces pensé, “¡Oh, Dios! ¡Por qué no baja más rápido! ¿Cuánto mas tengo que soportar esta tortura?” Finalmente, se apoderó de mi una extraña calma, y me quedé contemplando una espantosa cimitarra, como si fuese un hermoso juguete, y yo fuera un niño…y, a pesar de que la muerte se acercaba por segundos, por minutos, pensé en alimentarme para sustentar mis fuerzas.
     Fue entonces que sentí un informe pensamiento de esperanza, de extraña alegría. Entonces, pensé, dentro de mí, “¿Por qué…cómo, siento algo como esperanza?” Pero el pensamiento nunca llego a completarse, y me dije a mi mismo, en el pensamiento, “Ah, mis facultades mentales, estan casi aniquiladas, parezco imbécil, ¡idiota!” Tras una pausa, pensé, “¿Qué es lo que estaba a punto de ocurrírseme?”

     La filosa media luna pasaba por encima de mi corazón. Ahora, sus oscilaciones eran de casi diez metros, y cada vez silbaba con mayor violencia. Entonces pensé, “Durante algunos minutos cortará mis ropas, y después…después…¡YA NO QUIERO PENSAR! ¡NO!” Y la hoja mortal descendía ineludible, ¡Inevitablemente! Pensé, “¿Por qué no baja de golpe, por que no puedo morir…ya? Pronto en una diez o doce oscilaciones, ¡tocará mi ropa!” Entonces, de pronto me invadió una gran calma, nacida quizá de mi horrenda desesperación…
     Por primera vez en días…me puse a pensar, “La cuerda…el cíngulo que me ata, es una sola pieza…el primer corte de la cuchilla, bastara para desatar la cuerda…pero la hoja ya está tan cerca…¿Sería posible desatarme a tiempo al cortarse la cuerda? ¿Será posible que éste detalle, haya escapado a los inquisidores?¡Ya veo! Estaba equivocado…¡La hoja no cortará la cuerda! Debí saberlo…” 
    Pero entonces, de alguna manera, se completo aquella vaga idea que antes no pude concretar. Pensé, “¡Oh, Dios sí…siiii!” Durante las últimas horas, el número de ratas habia aumentado considerablemente.
     Me rodeaban por completo, fijando en mí, sus rojas pupilas centelleantes. Pensé, “Solo mis movimientos han impedido que se lancen sobre mi, a devorarme…¿A qué tipo de comida se han acostumbrado…en el pozo?” A pesar de mis continuos esfuerzos, habían devorado casi todo el contenido de mi plato, incontables veces en su voracidad, habían mordido mis dedos, mi mano.
     Pensé, “Tengo el tiempo contado. ¡Tengo que poner en marcha mi…idea!” Cogí los restos de la picante carne bañada en aceite, y pensé, “Sí…¡Tengo que darme prisa!”
    Y hasta donde me fue posible, froté con ellas mis ataduras. Entonces, reteniendo la respiración, traté de guardar una absoluta inmovilidad. Para sorpresa mía, al dejar de moverme, las ratas se asustaron. Con asombro, pensé al verlas, “Oh, no, vuelven al pozo…”
     Pero, poco a poco, los voraces roedores comenzaron a regresar. Al verlos subir a mi cuerpo, pensé, “Dos…tres…¡Adelante!” Aquello fue el preludio de otro abominable tropel, y exclamé, “¡Allí vienen!” ¡Por centenares cubrieron mi cuerpo inmóvil. Comencé a sentir que me sofocaba. ¡Me impedían respirar! Pero…esquivando el siniestro péndulo, al fin, las ratas comenzaron a mordisquear las aceitosas ligaduras que me mantenían prisionero.
     Aguanté…a pesar de un asco espantoso que me llenaba el pecho, y me helaba el corazón…¡Aguante! De pronto, sentí perfectamente como algunas cuerdas iban cediendo. ¡Pero ya la hoja mortal rasgaba mi, mi ropa! De pronto, tras dos oscilaciones, mas, sentí un agudísimo dolor. Pero se acercaba tambien, el momento de escapar.
     Con las manos libres ahuyenté a mis horrendas libertadoras. Tuve que soportar nuevamente el paso de la filosísima hoja. Y entonces, con un movimiento lento, tranquilo y decidido, me deslicé mas allá del paso de la abominable cimitarra. Exclamé, “¡LIBRE, ESTOY LIBRE!” Apenas habia dado unos pasos alejándome de la fatal cuchilla, cuando ésta se detuvo.
    Entonces pensé, “¡Oh Dios, me han estado espiando todo el tiempo!” Una fuerza indivisible la hizo ascender, y ¡Desapareció! Pensé, “Para estos momentos ya me habría comenzado a partir en dos…” Vi entonces que la sulfurosa luz de mi prisión, provenía de una grieta al pie de las paredes de hierro. Y sentí que algo cambiaba en la formación de mi detestable prisión. Pensé, “¿Qué es lo que pasa…? No entiendo…”
       Comenzaron a cambiar los contornos de las diabólicas figuras que decoraban las paredes, sus colores se iban alterando, adquiriendo una feroz y siniestra viveza. Pensé, “Todo…adquiere un extraño resplandor…como de fuego…” Ah, ¡Mi tormento estaba lejos de terminar! Pensé, “¡Fuego eso es! Estan calentando los muros de hierro…”
     Entonces dije, “¡Ah, no hay hombres más diabólicos ni implacables en toda la tierra! ¡Ah, el calor aumenta, y las paredes se van cerrando!” Ante el avance del metal ardiente, la frescura del pozo, se me antojaba un dulce bálsamo, y dije, “En cosa de minutos moriré asado…¡Cof, cof!”
   A la luz de los muros casi en llamas, mire hacia abajo del pozo. Pude ver las cavidades más recónditas de aquel abismo infernal, exclamando, “¡DIOS!” Pero, durante segundos de absoluto desvarío, mi espíritu se negó a comprender la significación de lo que veía.
     Mas al fin, lo que vi, se abrió paso hasta mi alma para grabarse, como con fuego, en mi estremecida razón. ¡Oh, espanto indecible! Y pensé, “Cualquier horror, cualquier muerte, menos eso, al fondo del pozo. ¡Jamás!” Pero mi celda se cerraba a mi alrededor, adquiriendo ahora una forma romboidal. ¡Ya los muros estaban al rojo vivo! Entonces pensé, primero me escapé de caer al pozo…luego pude evitar quedar cortado por el péndulo…pero ahora…”
     ¡Los muros ardientes tenían por objeto hacerme saltar al pozo! Pensé, “¡Ah! Aunque me queme el cuerpo entero, resistiendo, me acabaran empujando al horrendo abismo…” Por fin, ya casi no me quedó piso en donde posar mi chamuscado cuerpo. Ya no podía luchar…pero la agonía de todo mi ser se vertió en un larguísimo alarido de desesperación. “¡AAAAAAAY!”
    Se acercaba el final de mi inhumana tortura. Desvié la mirada. Me di cuenta de que me tambaleaba irremediablemente sobre la orilla del brocal. ¡Y escuche entonces un discordante clamor de voces humanas! ¡Resonó algo como una explosión, oí un huracán de trompetas, un rugido como de mil truenos! ¡Los terribles muros ardientes retrocedieron!
   Me sentí suspendido en el aire. Y cuando ya me precipitaba al abismo diabólico. ¡Una mano tendida amarro mi brazo! Era la mano del general LaSalle, quien exclamó, “¡Amigo!” El ejército francés habia entrado a Toledo. El ejército francés habia triunfado. ¡La inquisición estaba en manos de sus enemigos!

Tomado de, Joyas de la Literatura. Año, IV. No. 41. Septiembre 1º. de 1986. Adaptación: Remy Bastien. Guión: M. A. Barrera. Segunda Adaptación: Jose Escobar.