Club de Pensadores Universales

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sábado, 31 de octubre de 2026

Avatar, de Teófilo Gautier

  Avatar, es un relato breve del escritor francés, Théophile Gautier, publicado en doce folletines, del 29 de febrero, al 3 de abril, de 1856 en, Le Moniteur Universelle.

Resumen de la Trama

   Octave de Saville, se ha enamorado de la condesa lituana, "Prascovie Labinska". Por desgracia, ella rechaza su cortejo, y permanece fiel a su esposo, el Conde Olaf. Octave se vuelve poco a poco más apático, y su alma lo abandona gradualmente.
   Los amigos y familiares de Octave, que no logran comprender el origen de su enfermedad, recurren a un médico bastante misterioso, que estuvo varios años en la India. El médico, Balthazar Cherbonneau, como remedio, propone intercambiar la mente de Octave, por la de Olaf, usando la magia que aprendió en la India. Para hacerlo, engaña a Olaf, mientras está de visita, e intercambia las mentes de Octave, y el Conde.

   Prascovie está asustada, por lo que parece ser un cambio en la personalidad de su esposo, sintiendo el deseo de Octave por ella, en el rostro de su esposo. Mientras tanto, Olaf está confundido por el repentino cambio de cuerpos. Se da cuenta de que alguien se hace pasar por él, cuando se le niega la entrada a su residencia.

   Olaf, en el cuerpo de Octave, desafía a éste a un duelo a muerte. No estando dispuestos a dañar sus cuerpos originales, los dos hombres acuerdan ir a Cherbonneau, y arreglar el intercambio. Octave, habiendo renunciado a toda esperanza de ser amado por Prascovie, no regresa a su cuerpo, y muere. Olaf se reúne con su esposa. Cherbonneau, por su parte, decide apoderarse del cadáver de Octave, y finge su propia muerte.

Análisis

  Avatar es una novela fantástica, basada en la metempsicosis. La palabra metempsicosis procede del griego, es una doctrina religiosa y filosófica, de varias escuelas orientales, y renovada por otras de Occidente, según la cual, las almas transmigran después de la muerte, a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los merecimientos alcanzados, en la existencia anterior. (Wikipedia en Español)

Avatar

de Teofilo Gautier

    El criado entró sigilosamente a la habitacion, y se acercó a la gran cama. “Señor, le he traído el desayuno.” El hombre en cama dijo, “Llévatelo, Jean. No deseo comer.” Jean le dijo, “Su señora madre me encargó que lo cuide. Yo hago lo posible, pero…” El hombre dijo, “No tengo hambre, por favor retírate.” Jean le dijo, “Pero ayer solo tomó una taza de caldo en todo el día.” El hombre dijo, “Mi buen Jean, nada puedes hacer por mí. ¡Déjame solo!” El criado lo miró tristemente, y luego salió tan silenciosamente como habia entrado.
  Jean pensó, “¡Mi pobre señor! No es justo que esté asi. Era tan alegre, tan lleno de vida…¿Qué mal lo estará matando? ¡Que desgracia para él y su familia! No comprendo porque le sucede esto.” Como el criado, nadie entendía qué enfermedad padecía Octave de Saville. Cuatro hombres bebían y jugaban baraja. Uno de ellos dijo, “¿Has visto a Octave, Alfred?” Alfred dijo, “Si, ayer pasé por su casa. Sigue igual, aunque los médicos no encuetaran nada malo en su organismo. Es muy extraño.” Alfred agregó “No tóse, no tiene fiebre, su corazón marcha bien, pero la vida se le va escapando.”
    Un tercer hombre dijo, “Es increíble que un hombre como él, apuesto y con fortuna, con todo para ser feliz, se consuma miserablemente.” El primer hombre dijo, “¡Si pudiéramos hacer algo por él! ¿Pero qué? Cuando lo visitamos, apenas habla. Se niega a salir. Lo único que desea es estar solo.” Alfred dijo, “Su madre esta desesperada. Hable con ella hace unos días, y me conmovió su tristeza.”
   Efectivamente, la baronesa de Saville vivía momentos de gran angustia, ante el estado de su hijo, a quien le decía, “Octave, tienes que ver a otro médico. No puedes permanecer asi, hijo.” Octave dijo, “Madre, ya me han revisado tantos. ¿Para que visitar otros? Nada podrán hacer por mí.” La baronesa le dijo, “Se de uno que hace milagros. Acaba de llegar de la india, donde estuvo durante muchos años.” Octave dijo, “Si las eminencias que hay en Paris, no han conseguido nada, él mucho menos, madre. No lo iré a ver.”
   Su madre le dijo, “Octave, el doctor Balthazar Cherbonneau, vendrá a visitarte. No fue fácil conseguir que accediera…” Octave dijo, desesperado, “No. No estoy dispuesto a…” Pero los ruegos y lágrimas de la dama, le hicieron ceder. Al día siguiente, el hombre medico llegó a casa de Octave, y el médico dijo al verlo, “Buenas tardes, señor Barón.” Al verlo, Octave pensó, “No me gusta su aspecto, parece sacado de un cuento fantástico.”
   Después de revisarlo, el médico le dijo, “Veo que no esta tan mal, como me dijo su señora madre, salvo por su mirada opaca y triste, y su actitud de cansancio, yo diría que está sano. Su caso no es el de un enfermo vulgar,  y no será necesario recetar ninguna medicina.” Octave le dijo, “Me da gusto oír eso. Me han hecho tomar tal cantidad de medicamentos, que ya no soporto uno más.”
   El medico dijo, “No se alegre tan pronto de no tener problemas en el hígado y en el corazón, porque no he dicho que esté sano. Deme su mano.” Octave se la tendió y el anciano la tomó entre sus dedos,  que semejaban pinzas de cangrejo. Octave pensó, “A pesar de que su rostro y su cuerpo delatan que es un anciano, sus ojos tienen la vida y frescura de los 20 años.” Después de que miró, palpó y apretó la mano, el hombre dijo, “Querido señor, su situación es mas grave de lo que piensa y la medicina, tal como la practican en Europa, no puede curarlo.”
  Hubo una pausa, y el hombre agregó, “Usted no tiene voluntad de vivir,  y su alma se va separando insensiblemente de su cuerpo. Pero fui llamado a tiempo, pues su espíritu permanece unido a la carne solo por un hilo. Pero no se preocupe, haremos un buen nudo.” Octave dijo, “Doctor, no sé si podrá curarme, pero la verdad no tengo ningun interés en ello.”
    El doctor dijo, “El pensamiento es una fuerza que puede matar. ¿Qué le ha sumido en éste estado? ¿Acaso ha sido engañado por una mujer?” Octave dijo, “No, no tengo ese problema.” El doctor dijo, “Sin embargo, leo en sus ojos, en su actitud, el nombre de la enfermedad: pesar por un amor perdido.” Octave permaneció silencioso, y por un momento, sus mejillas enrojecieron. Sentados uno frente al otro, el doctor le dijo, “Vamos, abra su corazón. Soy el médico de las almas, haga su confesión.” Octave le dijo, “¿Para qué? El contarle mis padecimientos, no los va a aliviar.”
    Tras una pausa, Octave agregó, “Ningún poder humano, incluyendo el suyo, puede curarme.” El doctor dijo, “¡Quien sabe! Hay muchas cosas que la mayoría de los mortales ignoran. Vamos, desahogue su alma.” Y el médico se acomodó en el sillon como dispuesto a escuchar una larga historia. Octave dijo, “Esta bien, si insiste se lo diré, pero no espere nada extraordinario. Es algo sencillo y común.” El doctor le dijo, “Mi querido joven, solamente lo normal es extraordinario para mí. ¿Cuál es la verdad de ese asunto?”
   Octave dijo, “La verdad es que me muero de amor. Todo empezó en Florencia. Hace un año, yo me encontraba allí de vacaciones. Era entonces un joven alegre, y solo quería divertirme…” Octave comenzó a narrar, “Por la mañana, visitaba museos, iglesias, galerías de arte, empapándome de las obras maestras. Por las tardes, acudía a Cascina, donde se reunía toda la sociedad florentina a platicar. Y por las noches, iba a los bailes y cenas donde era invitado con gran frecuencia. Una tarde, que platicaba en Cascina, con un conde ruso que habia recorrido todos los salones de Europa, ambos dabamos un paseo a caballo. Entonces, ambos vimo una calesa, y , exclame, ‘Qué magnifica calesa! Debe pertenecer a algún noble importante.’ Antes de que el conde pudiera contestarme, vi a su ocupante. Yo pregunté, ‘¿Quién es esa dama? Nunca vi tanta belleza reunida en una sola mujer.’ El conde me dijo, ‘Asi opinan todos los que la conocen. Es la condesa Prascovia Labinski, de origen lituano. Acaba de llegar a Florencia, y ha alquilado una villa donde pasara el verano.’ Yo le pregunte, ‘¿Vive sola?’ El conde me dijo, ‘Sí, su marido, un conde polaco, se encuentra luchando en la guerra del Cáucaso.’ Yo le dije, ‘Me gustaría conocerla. ¿Sera posible ser recibido en su casa?’ El conde me dijo, ‘La condesa hace una vida muy retirada, pero los martes reciba a algunas personas, entre ellas a mí.’ Hubo una pausa, y luego el conde me dijo, ‘Mañana es martes. Le invito a que me acompañe, si no tiene otro compromiso.’ Yo le dije, ‘Ire encantado con usted.’ Con una ansiedad desconocida para mí, aguardé que llegara el momento de ir a la villa de la beldad. Al ingresar a la residencia, la bella mujer nos recibió. El conde dijo, ‘Condesa, permítame presentarle al Barón de Octave de Saville.’ La condesa me dijo, ‘Bienvenido, Barón, considere ésta su casa.’ Yo permanecía absorbido, deslumbrado, extático en la contemplación de su belleza, encantado con el sonido de su voz. Al verla pensé, ‘Es perfecta. No hay en ella el menor defecto.’ Si la radiante belleza de Prascovia me habia seducido, me sorprendió tambien por su inteligencia. Recuerdo que el conde me dijo, ‘¿Que opina usted, barón, acerca de lo que dice la duquesa?’ y le dije, titubeante, ‘Yo…perdón, estaba distraído. No escuché...’ Sabia que actuaba como un tonto, pero no podía evitarlo, y pensé, ‘Tengo que decirle cuanto la amo, todo lo que significa para mí. No puedo callarlo más.’ Pero cuando la tenía frente a mí, me encontraba sin ideas, sin fuerzas, sin valor. Mientras me retiraba de su residencia caminando, pensaba, ‘Hoy perdí una gran oportunidad. Nos quedamos solos en el salón, y solo me limite a mirarla.’ Asi transcurrió un mes. Un día que mi desesperación llego s u limite, me presenté en su casa. Ella me dijo, ‘¡Barón, que sorpresa! No esperaba hoy visitas. Siéntese, nos quedaremos aquí. Adentro hace demasiado calor.’ Yo le dije, ‘Gracias, condesa.’ Un silencio embarazoso reino por unos segundos entre nosotros. Yo pensé, ‘Es el momento. Se lo diré, y ella me llevará al cielo, o me hundirá en el infierno.’ Tras una pausa, le dije, ‘Condesa, he venido porque necesito decirle…’ Ella me dijo, ‘Por favor, calle. Sé lo que va a decir. Usted me ama, lo sé…No tengo nada contra usted, porque el amor es involuntario. Otra mujer se sentiría ofendida, yo no. A mí me da tristeza, porque no puedo amarlo, y no me agrada ser a causa de su sufrimiento. Esperaba que mi frialdad le haría alejarse, pero el verdadero amor no se desanima ante nada. Yo adóro a mi esposo, y jamás podría amar a otro hombre.’ Sentí que se quebraba el resorte de mi vida. Ella me dijo, ‘Sé que esto pasará. Piense en otras cosas. Imagine que me he marchado para siempre, que he muerto. Viaje, trabaje, y me olvidará.’ Yo le dije, ‘Yo sé que jamás podre olvidarla. Nunca dejare de amarla.’ Entonces, ella me dijo, “’Si cree que sufrirá menos viéndome, venga y siempre lo recibiré. Sin embargo, la ausencia es un remedio mas seguro. Ya vera como dentro de un tiempo podremos estrecharnos las manos sin peligro para usted.’ Yo le dije, ‘¡Ah, condesa, dentro de un mes, un año, un siglo, la seguiré amando tanto o más que hoy!’” Octave terminó su narración, y dijo, “Al día siguiente abandoné Florencia. Ni el estudio, ni los viajes, ni el tiempo han conseguido disminuir mi sufrimiento.” Octave bajó la mirada, y agregó, “Aguardo la muerte como una liberación, por eso le suplico que no trate de impedirla, doctor.” El doctor le dijo, “¿Ha vuelto a ver a la condesa?” Octave dijo, “No, pero sé que está en Paris con su esposo. Llegaron hace unas semanas.” El doctor le dijo, “Su narración me demuestra que no hay para usted esperanzas. La condesa nunca le dará su amor.” Octave le dijo, “¿Ya ve cuánta razón tengo, al no querer seguir viviendo?” El doctor dijo, “¡Un momento! He dicho que no hay esperanzas con los medios ordinarios, pero existen poderes ocultos que la ciencia moderna no conoce.” El doctor agregó, “Son secretos que yo obtuve en la India. Aqlli aprendí que no somos mas que formas. Es el espíritu el que agita la materia.” Éste preámbulo excitaba hasta el límite, la atención de Octave, y no comprendía que tenia que ver con su amor por Prascovia. El doctor le dijo, “Durante muchos años, estuve en ese maravilloso país. Estudie los idiomas cultos y vulgares. Pude conversar con los brahmanes. Estudie las esculturas simbólicas en las cámaras interiores de las pagodas que ningun ojo profano ha visto. Leí misterios cosmogónicos. Todo ello me permitió conocer al penitente que habia llegado al más alto grado de perfección, el Brahma-Logum.” El doctor comenzó su narración. “Un sacerdote del templo de Tiranumalay me indico el lugar donde podía encontrarlo. Entre a una cueva, y encontré a un hombre en posición de loto. Al mirarlo, pensé, ‘Ese hombre parece no estar vivo. Es solo un esqueleto.’ Me acerqué y le dije, ‘¡BRAHMA-LOGUM! ¡BRAHMA-LOGUM!’ Lo moví, le llamé, no reaccionó, y me dispuse a alejarme, creyendo que era solo un cuerpo sin vida, cuando, vi una bola de luz, que hacia un ruido. Yo exclamé, ‘¿Qué es esto?’ La pequeña llama paso ante mis ojos, con la fulgurante rapidez de un rayo, y entro en su boca. De inmediato el Brahma-Logum parecido salir de su letargo, y me dijo, ‘Lo que has visto es mi alma. He conseguido separarla de mi cuerpo cuando yo quiera. Sale y entra de este como una abeja. He mortificado mi cuerpo de forma tan severa con ayunos, rezos y meditaciones. Hasta que por fin logre desatar los lazos terrestres que encadenaban mi anima. Vishnu, el dios de las diez encarnaciones me ha revelado la palabra misteriosa que la guía en su avatares, encarnaciones o cambios, a través de las distintas formas. Si despues de haber hecho los gestos consagrados pronunciase esa palabra, tu alma volaría para animar al hombre o animal que le designase. Acércate. Te voy a legar ese secreto. Soy el único que lo posee. Yo he de partir y agradezco que hayas venido. Escucha…” El doctor termintٴó su narración, y dijo, “Me susurró con voz débil unas palabras. Era el último halito de un moribundo.” Octave le dijo, “Doctor, no me atrevo a sondear en las profundidades de su pensamiento. ¿Qué quiere decirme?” El doctor le dijo, “Que no he olvidado las palabras del Brahma, ni la fórmula mágica que me enseñó.” Hubo una pausa, y enseguida el doctor dijo, “La condesa Prascovia necesitaría ser muy hábil para reconocer el alma de Octave de Saville, en el cuerpo de Olaf Labinski.” Octave dijo, “Pero…¿Resultará?” El doctor dijo, “Sí. El conde ha pedido una cita para verme. Se que le guía la curiosidad de las cosas que yo hago.” Octave se levantó, y dijo, “Doctor, si realmente lo consiguiera, de solo imaginarlo…” El doctor dijo, “Amigo mío, aunque será la primera vez que lo intente, no tengo dudas. Espere mi llamada. Tendrá a la condesa.” Efectivamente, la reputación del doctor Cherbonneau, habia despertado el interés del conde Labinski, y deseaba conocerlo. Dos días despues, el doctor Cherbonneau lo recibió, “Señor conde, me honra su visita. Seguramente le habrán hablado de mis juegos de manos, y quiere tener una prueba de mi habilidad.” El conde le dijo, “Mi curiosidad no es tan frívola, doctor. Tengo mucho respeto por usted y lo considero un sabio.” El doctor le dijo, “No lo soy en sentido normal que se da esa palabra. Mis estudios estan dedicados al espíritu. Me ocupo de cosas que la ciencia desdeña, y me he hecho dueño de las fuerzas ocultas, logrando asi efectos maravillosos.” El conde le dijo, “¿Cómo cuales?” Cherbonneau le dijo, “Le daré un ejemplo. Piense en la persona que quiere ver y luego inclínese sobre la fuente de cristal que está en la mesa…” El conde obedeció, y vio que el agua perdía su trasparencia, adquiriendo matices opalinos. El conde pensó, “Deseo ver a mi amada Prascovia.” Cuando Cherbonneau vio la imagen del rostro en el agua, dijo, “Veo que pensó en su esposa.” El conde exclamó, “¡Es…maravilloso!” Enseguida, Cherbonneau tomó un tubo, y dijo, “Le mostraré todavia algo aún más curioso. Toque este tubo.” Apenas el conde toco el metal, sintió un fuerte escalofrió, y exclamó, “¡AHHHH!” El conde cayó al suelo. Cherbonneau pensó, “Bueno, ya está hecho. Ahora enviaré por Octave de Saville.” Despues de levantar al conde, empezó algunos preparativos. Lo recostó en un sillon, y pensó, “Tiene que resultar. Es una oportunidad única para comprobar que puedo hacer uso de ese poder enorme.” Una hora despues, Cherbonneau decía a Octave, “He aquí su disfraz. Estoy seguro que se sentirá cómodo con él.” Enseguida, Octave pensó, “¿Seré capaz de cambiar su cuerpo por el mío para apoderarme de su esposa?” Cherbonneau le dijo, “Lo noto indeciso. Si no se decide, despertaré al conde que se marchara tal y como vino.” Octave dijo, “Doctor, estoy listo cuando quiera.” Cherbonneau le puso su mano en el hombro, y dijo, “Su pasión no retrocede ante nada, y eso me agrada. Si no logra la felicidad, no será culpa mía. Tiéndase en el diván.” Ambos hombres, tanto Octave como el conde, se tendieron cada uno en su diván, uno frente al otro. A continuación, Cherbonneau comenzó a conjurar, “Las nociones del tiempo y el espacio se pierden. La conciencia del Yo, se borra. Los hilos que retienen el alma, se desatan.” Durante largo rato, estuvo haciendo varios pases, y murmurando palabras. “Estos dos cuerpos se estan saturando de efluvios, bañándose de rayos mágicos…¡Ya lo tengo! Ahora ambos deberán obedecer a las palabras que voy a pronunciar…” Apenas las habia formulado, cuando de los labios de los dos hombres, salio una pequeña llamita. Cherbonneau exclamó, “Vayan a ocupar sus nuevas residencias.” De inmediato el alma de Octave.” De inmediato, el alma de Octave, entró en el cuerpo del conde, y la del conde en el de Octave. El avatar se habia realizado. Cherbonneau exclamó, “¡Lo logre!¡Nadie más en el mundo es capaz de hacerlo!” Cherbonneau pensó, “Ahora a despertarlos. Octave estará feliz, pero no creo que al conde le agrade mucho el cambio.” Cherbonneau hizo varios pases, y Octave, en el cuerpo del conde, se irguió. Cherbonneau le dijo, “¿Qué le parece su nueva morada? ¿Su alma se siente cómoda en el cuerpo del esposo de la mujer más bella del mundo?” Octave exclamó, “¡Es increíble! Doctor…¿Tiene usted el poder de Dios o del…demonio?” Cherbonneau le dijo, acompañándolo a la puerta, “No tema. No hay nada satánico en esto. Si no fuera yo quien cambio las lamas, creería que no ha ocurrido nada…y es que usted es el verdadero conde Olaf Labinski. Ahora debe ir a su casa. Son más de las diez. Seguro que Prascovia lo espera.” Octave, enfundado en el cuerpo de Labinski, salio a la calle, y pensó “Allí está el carruaje del conde. Desde ahora, todo lo de él, me pertenece.” Decidido, subió al vehículo que el cochero se apresuró a poner en marcha. Cuando llegaron a la mansion, Octave pensó, “Esta es mi casa, y no la conozco. Solo a unos pasos, estas, Prascovia. Su amor que creía imposible, será para mí.” Subió la gran escalera de la entrada, y, dijo a la institutriz, “Beas noches. ¿Dónde está la condesa?” La mujer dijo, “Haciendo su toilette nocturna, señor conde. Le avisare que ha llegado.” Entretanto, el conde en el cuerpo de Octave desertaba, y decía, “¿Qué ha sucedido? Me siento mareado…” Cherbonneau le dijo, “Espero que estará satisfecho con los experimentos que he realizado ante usted.” El conde apneas comprendía lo que sucedía. Su mente estaba confusa, y le era difícil coordinar las ideas. Cherbonneau puso sus manos sobre la espalda del conde, y le dijo, “Ahora no dudará que todo lo que le expliqué, acerca del magnetismo, es verdad. Venga, lo acompañaré a la salida.” Casi sin darse cuenta se dejó guiar, y subió al coche que le esperaba en la puerta, sin darse cuenta de que no era el suyo. Al mirar al cochero, dijo, “¡A casa!” El cochero dijo, “Si, señor.” Al entrar dentro del coche, el conde pensó “Que extraña voz la de mi cochero. No es la de siempre…” Enseguida el conde exclamó, “¿Qué es esto? ¿Por qué visto esta ropa?” El cocheo exclamó, “¡Señor, hemos llegado!” Iba a descender del carruaje, cuando, exaltado, dijo al cochero, “¿A dónde me has traído, animal? ¿Es esta acaso la residencia del conde Labisnki?” El cochero dijo, “Perdón, no entendí que quería ir allí, señor.” El cochero encamino al caballo a la dirección indicada. Durante el trayecto, el conde no dejaba de hacerse preguntas. “¿Por qué estoy en un coche extraño? ¿Qué me sucede? Siento que mi cabeza va a estallar.” Cuando llegaron al palacete de los Labinski, el mayordomo peleó con el conde, diciendo, “Los señores no reciben esta noche. El conde y la condesa ya se han retirado a sus habitaciones.” El conde le dijo, “¿Estás loco o borracho?” El conde lo empujó y entró. Entonces el mayordomo dijo, “Oiga, ¿Qué hace? ¡El loco o borracho es usted!” El conde le dijo, enfurecido, “¡Miserable, estas despedido! ¡Lárgate ahora mismo!” El mayordomo lo sujetó, y dijo, “¡No inténte dar un paso mas o lo sacaré a patadas!” El conde le gritó, “¿Cómo te atreves a ponerme las manos encima?” Al escuchar el escándalo, acudieron varios criados. El conde gritaba, “¡Suéltame, infame!” El mayordomo gritaba, “¡Ayúdenme! ¡Este joven ha bebido más de la cuenta! ¿Vamos a sacarlo de aqui!” El conde dijo, “¿Ustedes permiten de este canalla insulte a su señor, el honorable conde Labenski?” El mayordomo exclamó, “¡Ja, Ja, Ja!¡Cree ser el conde!¡No hay duda de que está borracho!” El conde sintió que un sudor frio le bañaba todo el cuerpo, y dijo, mientras lo empujaban, “¿Por qué no me reconocen? ¿Es que han cambiado mi cuerpo, como mi traje y el coche?” Entonces, uno de los criados dijo, “Allí viene el señor conde. El escándalo que se armó le ha traído.” Casi sin dar crédito, el conde vio acercarse su propio cuerpo. Octave dijo, “Caballero, haga el favor de retirarse. Si desea hablar conmigo, puede hacerlo en cualquier tarde, de las 12 a las 2.” Tras estas palabras, el falso conde se retiró con paso tranquilo, y el verdadero caería desmayado. Cuando volvió en sí, se encontró en una habitacion en la que no recordaba haber estado jamás. Al despertar, el criado de Octave le dijo, “¿Se encuentra mejor el señor? ¡Qué susto me lleve al ver que lo traían desmayado!” Apenas el criado se retiró, el conde saltó de la cama. Al mirarse en el espejo, pensó, “¡Este no soy yo!¡Con razón mis criados no me reconocen!¡Otro hombre ha tomado mi lugar! ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Quién soy ahora? ¿Cómo podré demostrar mi verdadera identidad? ¡Nadie me creerá!” El conde se sentó en la cama, y llevó las manos a la cara, pensando, “Y Prascovia…¿Qué va a suceder con ella? No, no es posible que ese falso conde se apodére de mi esposa.” El conde se acostó y siguió pensando en su terrible situación, hasta que cayó en un pesado sueño, parecido a la muerte. Entre tanto, apenas se llevaron al verdadero conde desmayado, Octave subió las escaleras y una criada le dijo, “La señora condesa le aguarda, señor.” El corazón casi se le salía del pecho, cuando entró en un elegante y femenino saloncito. Una institutriz peinaba a Prascovia, en el tocador. Prascovia dijo, “¡Que tarde has llegado hoy, Olaf!” De rodillas ante ella, Octave tomo la delicada mano de Prascovia, y la besó con todo el ardor de su pasión contenida. Prascovia pensó, “Los labios de Olaf, tienen un fuego desconocido. Algo inquietante y desagradable.” Por su parte, Octave pensó, “¡Por fin, ahora es mía, mía!” Embelesado, observó cómo su amada daba los últimos toques a su toilette nocturna. A través del espejo, ella lo miro sentado, y pensó, “¿Por qué me mira asi? Sus ojos tienen algo extraño. La pasión que veo en ellos, es ofensiva. Me siento incomoda ante él.” Cuando la doncella se retiró, Prascovia tuvo la sensación de estar con un desconocido, y se llenó de terror. Octave dijo, “¡Amor, te necesito, quiero amarte como nunca!” Ella dijo, “Olaf, creo que…por favor, retírate, estoy cansada. Mañana hablaremos.” Sin darle tiempo a replicar, Prascovia entro a su recamara, y cerro la puerta. Prascovia pensó, “Algo le sucede, no es el Olaf de siempre. Si lo hubiera dejado entrar, sentiría que me entrégo a un desconocido.” Por su parte, Octave sentado en el saloncito de tocador, pensaba, “¿Es que jamás va a ser mía? Mañana tendré más cuidado…quizá hice o dije algo que e oseto… Soy el conde y algo le impidió aceptarme. Me rechazó como amante, y ahora lo hace como marido.” Al día siguiente, Octave llegó al comedor a desayunar. Prascovia dijo, “Buenos días, Olaf.” Octave dijo, “Espero que hayas tenido agradables sueños, Prascovia.” Ella, fijando sus ojos en el que creía su marido, respondió en polaco, idioma que utilizaban ante los criados. Entonces, Prascovia pensó, “¿Qué le sucede? ¿Porque no me responde?” Octave pensó, “Está hablando en una lengua desconocida para mí.” Prascovia volvió a repetir la frase, pero viendo que el no comprendía, hablo e francés. “Olaf, ¿No me oyes, o no comprendes?” Octave dijo, “Es que esa endiablada lengua es tan difícil.” Prascovia dijo, “¡Difícil! ¡Como puedes decir eso, si la hablas desde que naciste!” Octave le dijo, “Sí…pero hay momentos en que se e olvida.” Prascovia se alteróٕ y dijo, “¡Eso es imposible! No puedes olvidar el idioma de tus padres, de tu patria…” Octave dijo, “No creo que tenga tanta importancia.” Prascovia se levantó de la mesa, y dijo, “¡Olaf, no doy crédito a lo que escucho! ¿Cómo saludaras a tu madre cuando regresemos a Polonia? ¿Cómo responderás a tus vasallos…?” Entonces, Octave pensó, “Jamás se me ocurrió, que la robar su cuerpo al conde, tendría estos problemas.” La condesa ofendida, abandonó el comedor. Octave pensó, “Renuncié a mi yo, por ella, y ni siquiera con este aspecto me acepta. ¿Es que nunca me amara?” Sin saber que hacer, decidió salir. Entretanto, el mayordomo de Octave dijo al conde, quien aún no se levantaba de la cama, “Señor, ya son más de las once. Le traigo los periódicos y el correo.” El conde pensó, “No era una pesadilla. Yo ya no soy yo, soy otro hombre.” Sin una palabra, dejo que le criado le ayudara a vestirse. Se dispuso a abrir la correspondencia, y pensó, “Veré si en estas cartas encuentro alguna indicación de quien soy yo.” Despues de revisar la correspondencia, pensó, “El dueño de esta casa, se llama Octave de Saville, por lo que dice aquí el que le escribe, que es su notario.” Decidido a averiguar mayores datos, empezó a registrar cuanto mueble encontró. El conde pensó, “Según esto, Octave de Saville es un barón de buena posición.” Entonces el criado llego, y dijo, “El señor Alfred desea verlo.” Iba a contestar, pero ya el visitante habia entrado. “¡Que tal, Octave! Vengo a buscarte y no aceptaré la excusa de que estas enfermo. Iremos a casa de Gabriel Monterer.” El conde le dijo, “Gracias, pero no me siento bien. Te prometo que mañana…” Alfred le dijo. “¿Mañana? Eso es más de lo que esperaba. Lo has prometido, vendré por ti.” El conde dijo, “Está bien. No m negare.” El joven salio con el mismo ímpetu con que habia entrado. El conde pensó, “Todos me toman por Octave de Saville, pero yo soy el conde Labisnki, aunque mi aspecto sea el de ese desconocido.” El conde continuó registrando los cajones y de repente encontró algo que llamó su atención. El conde exclamó, “¡Un dibujo de Prascovia! ¿Por qué esta aquí? ¿Quién lo hizo?” El conde revisó el dibujo, y dijo, “Aquí dice: ’Nunca me amará, y yo la adóro. Qué grande es mi desdicha.’” Entonces, el conde pensó, “Octave de Saville ama a mi esposa…entonces él tiene mi cuerpo. ¿Habrá hecho un pacto con el Diablo, para apoderarse de ella?” El conde exclamó furioso, “¡Ese maldito medico tiene la culpa! Él tendrá que explicarme lo que sucede.” Sin dudarlo se dirigió a casa del médico. Cherbonneau dijo, al verlo, “¡Que gusto de verlo, Octave! Pensaba ir a visitarlo, pero es buen síntoma que el enfermo acuda al médico.” El conde le dijo, “¡No me diga Octave! Sabe perfectamente que soy el Conde Labisnki. ¡Ayer usted me robó mi cuerpo, y quiero que me lo devuelva!” Cherbonneau dejó
escapar una   sonora carcajada, “¡Ja, Ja, Ja!” El conde se molestó, y dijo, “Modére su alegría, o tendrá que arrepentirse, y no hablo en broma, lo voy a…” Cherbonneau le dijo, “¡Basta! Se va o llamo para que lo encierren en un manicomio. Todos saben que está enfermo, y nadie hará caso a sus tonterías.” El conde le dijo, “Es capaz de encerrarme sabiendo que soy el conde y que estoy cuerdo…¡Maldito!” Sabía que nada podía hacer, y abandonó la casa del médico. Mientras subía a su coche, el conde pensó, “Iré a mi palacio. Obligaré a ese hombre a que diga la verdad. ¡Tiene que devolverme mi cuerpo!”  En esos mismos momentos, Octave ingresaba a un saloncito donde Prascovia leia. Octave exclamó, “Prascovia…” Prascovia le dijo, “Espero que ya hayas recobrado la memoria, Olaf.” Octave le dijo, “Querida, tengo algo que decirte respecto a eso. Ayer fui a ver a ese médico, del que se habla tanto.” Ella le dijo, “¡El doctor Cherbonneau! Dicen que ha pasado largo tiempo en la India, aprendiendo los secretos de sectas desconocidas.” Octave le dijo, “Asi es. Realizó ante mi, un experimento asombroso, y luego me hundió en un sueño magnético, tan profundo que al despertar, me di cuenta que muchas cosas se han ido de mi memoria. El pasado flota como una nebulosa. Solo mi amor por ti permanece intacto.” Prascovia dijo, “No estuvo bien que te sometieras a la influencia de ese doctor. Espero que no vuelvas a hacerlo.” Octave le dijo, “No, por supuesto que no. ¿Comprendes ahora porque no actúo en forma normal en algunas cosas?” Prascovia dijo, “Pero supongo que lo que te sucede, será algo pasajero, porque ahora siento como si fueras otra persona.” Octave dijo, “Qierida, ¿Cómo puedes decir eso? Soy yo, tu marido que te adora. No me apartes de tu lado, porque…” El criado los interrumpió, “El barón de Octave de Saville.” El falso conde se puso blanco. Sabía que ese encuentro tenía que ocurrir, pero no lo esperaba tan pronto. El conde ingreso, haciendo su actuación, “Señora condesa, es un honor saludarla." Prascovia le dijo, "Ma agrada volver a verlo. Mi marido, el conde Labenski…El Barón de Saville.” Los dos hombres se dirigieron salvajes miradas, a través de la máscara de mármol, de la buena educaron. Prascovia dijo, “Me alegro que no olvidara nuestra amistad, y que haya decidido venir a saludarme.” Prascovia agrego, acercándose a el conde, su marido, “Usted sabe que lo estimo, y lo recuerdo con aprecio. Me agradaría escuchar que ya encontró la mujer a la que ama, y que le hará feliz.” Esas palabras impresionaron, de muy distinta forma, a los dos hombres. Octave pensó, “Está confirmando lo que siempre he sabido, que nuca me amará.” El conde pensó, “Prascovia no me ha sido infiel. Jamás mirara a otro hombre. Solo un hechizo podría logarlo.” Una súbita ira se apoderó del conde, al solo imaginar esa posibilidad, y exclamó abalanzándose hacia Octave, “¡Ladron, bandido, devuélveme mi cuerpo!” Ante la escena, Prascovia exclamó, “¡Ha enloquecido!” A los gritos, acudieron los criados. A continuación, los criados sujetaron al conde, quien gritaba, “¡Canalla, ladron, mi cuerpo! ¡Quiero mi cuerpooo!” Mientras lo llevaban, Prascovia dijo, “¡Pobrecito, perdió la razón!” Octave le dijo, “Sí, se volvió loco de amor. Decididamente eres demasiado bella, Prascovia.” Dos horas despues de esta escena, el falso conde recibió una carta. Octave pensó, “Tiene el sello de Octave de Saville, o sea, mi sello.” La abrió con dedos temblorosos y pensó, “Ledia por cualquier otro, esta carta parecería escrita desde un manicomio, pero sé que usted me comprende…Algo inexplicable me obliga a escribirme a mí mismo. No comprendo de que tenebrosa maquinación soy víctima, pero usted si sabe. Mi pistola, o la punta de mi espada, le pedirán que aclare el secreto. Uno debe morir. Estoy dispuesto a matar mi cuerpo, o usted matara el suyo, en el que mi alma se indigna verse prisionera…” Octave pensó, “Dice que nombre a mis testigos para que con los de él, se pongan de acuerdo en la hora del duelo, que será mañana. En la habitación del conde, vi en un cajón muchas tarjetas de visitas. Deben ser de sus amigos. Eligiré entre ellas, a quienes pediré sean mis testigos, y tambien pediré al doctor Cherbonneau que asista.” A la vez, el conde recurriría a los amigos de Octave. Así, una vez enterado uno de ellos le dijo, “Cuenta conmigo, Octave. Me alegra que ya estes tan bien como para participar en un duelo, aunque quizá podrías solucionarlo de otra…” El conde dijo, “No. He sido ofendido, y solo la espada lavara mi honor.” Esa noche, Octave pensaba preocupado, “Quizá mañana estaré muerto, pero si hoy Prascovia viene a mis brazos, recibiré feliz la muerte.” Esperanzado y ansioso, se dirigió a las habitaciones de Prascovia. Octave toco a su puerta, y exclamó, “Está con cerrojo…Prascovia…Prascovia…” Desde el otro lado de la puerta, se escuchó la voz de Prascovia decir, “Regresa cuando sepas polaco. Ahora me parece que no eres mi marido.” Octave le dijo, “Prascovia, ¿Cómo puedes decir eso? Soy yo, el conde, el hombre que te adora.” Prascovia dijo, “No, el doctor Cherbonneau te cambio, y hasta que no lea en tus ojos que eres el mismo de antes, no te aceptaré a mi lado.” Al día siguiente, Cherbonneau llego a la residencia del conde y la condesa, y presentándose ante el conde, dijo, “He venido como me pidió. ¿Ya es hora?” El conde dijo, “Sí, vamos.” Mientras marchaban en el coche al campo de honor, Cherbonneau dijo, “Querido Octave, su aventura ya raya en lo trágico. Creo que debí haber dejado al conde durmiendo por lo menos una semana.” Tras una pasua, Cherbonneau agregó, “¿Cómo le ha ido con la condesa?” Octave dijo, “Temo que me ha reconocido, a pesar de mi metamorfosis. Me trata como un extraño. No he podido acercarme a ella más de lo que lo hice en Florencia.” Hubo una pausa, y enseguida Octave dijo, “Ya le decía yo, doctor, que no podría hacer nada por mí. Soy más desdichado que cuando me vio la primera vez.” Cherbonneau dijo, “Realmente lo compadezco. Su mal no tiene remedio.” Llegaron al bosque, donde el verdadero conde aguardaba. A los pocos minutos, uno de los padrinos dijo, “Señores, tomen sus espadas.” Los primeros ataques fueron parados con presteza por las dos partes. El conde era un hábil espadachin, pero le faltaba la fuerza de su propio brazo. Ahora contaba solo con la débil muñeca de Octave. Por el contrario, Octave, aunque menos hábil, encontraba una fuerza hasta entonces desconocida. La cólera empezó a apoderarse del conde. Con riesgo de seguir siendo Octave de Saville, quería matar al impostor. Desesperado trato de atravesar su propio cuerpo y llegar hasta el alma de su rival, pero…la vida de Olaf estaba en las manos de Octave. Cuando creyó llegada su última hora, arrojó su espada aun lado, y dijo, “No se acerquen.” Sin dar explicaciones, Octave tomó a su propio cuerpo del brazo, y lo llevó a la espesura del bosque. El conde le dijo, “¿Por qué no me mato? Sabe que uno de los dos debe morir. Regresemos a terminar el duelo.” Octave dijo, “Escuche, su felicidad está en mis manos. Puedo conservar para siempre este cuerpo que le pertenece, lo admito. Si regresamos al duelo lo matare. El conde es mejor espadachin que Octave. Pero esa muerte desgarraría el corazón de mi madre. Nunca conseguirá, si yo me opongo, volver a tener su individualidad. Nadie creerá lo que usted diga, y lo tomaran por loco. Seguramente habrá revisado mis papeles, y ya sabe que amo a su esposa con un amor desesperado.” El conde dijo, “Sí.” Octave dijo, “Para acercarme a ella, he usado éste terrible método. El doctor Cherbonneau cambio nuestras almas de envoltura. Pero ha sido inútil. Voy a devolverle su cuerpo. Prascovia no me ama. En la forma del marido ha reconocido el alma del amante. Iremos con el doctor a su laboratorio.” Sin poder articular palabra, el verdadero conde lo siguió. Al regresar ambos al grupo, Octave dijo, “Caballeros, hemos intercambiado explicaciones que hacen inútil continuar el duelo. Las agradecemos que hayan venido.” Octave, el conde, y el doctor Cherbonneau, subieron a un carruaje, y Octave dijo, “Doctor, voy a poner a prueba, una vez más su ciencia. Hay que reintegrar nuestras almas a sus domicilios habituales.” Tras una pausa, Octave agregó, “Espero que el conde, no le guarde rencor y comprenda…” El conde dijo, “Mi alegría de recobrar mi cuerpo, es mayor que el desagrado de haber sido despojado de él. Nada tiene que temer, doy mi palabra.” Poco despues, ambos hombres descansaban en sus respectivos divanes. Cherbonneau condujo primero el alma del conde a su cuerpo. Cherbonneau dijo, “Ve a tu morada, que te espera ansiosa.” Mientras, el alma de Octave, empezó a alejarse, feliz de verse libre, y no parecía querer volver a su prisión. Entonces Cherbonneau dijo, “Regresa, entra en el cuerpo que te pertenece.” Pero el pequeño resplandor, se negaba a volver a este valle de miserias. Cherbonneau exclamó, “¡No, no te vayas!” A pesar de todos los esfuerzos del médico, la pequeña llama se desvaneció. Cherbonneau pensó, “Se ha marchado. Nada puedo hacer. Ya está fuera del campo de atracción.” Enseguida, Cherbonneau pensó, “Despertaré al conde, y luego veré cómo arreglar éste desgraciado asunto.” En cuanto el conde abrió los ojos, se levantó del diván, y exclamó, “¡Soy yo…soy yo otra vez! ¡Que alivio! Gracias, doctor, gracias.” Como temiendo otra mala jugada, el conde salio prácticamente corriendo. Entonces, Cherbonneau miró el cuerpo de Octave sobre el diván, y pensó, “¿Y ahora qué? El alma está tan lejos, que es imposible hacerla regresar, y aquí quédo, yo con éste cuerpo vacío.” Tras una pausa, Cherbonneau pensó, “Puedo disolverlo en un baño corrosivo, pero cuando Octave no aparezca, se harán investigaciones.” De pronto, una idea luminosa atravesó por su mente. Tomó un papel y una pluma. Cherbonneau comenzó a escribir mientras hablaba en voz alta, “No teniendo familia, ni herederos, lego todos mis bienes…” Luego miro en el espejo su rostro arrugado y empezó a murmurar las palabras del Brahma-Logun, En un segundo su cuerpo cayó como fulminado por un rayo, y el de Octave se irguió fuerte, alerta, y vivo. Cherbonneau, ya en el cuerpo de Octave, dijo al mirar su cuerpo tendido en el suelo, “Pobre jirón humano, me has sido de gran ayuda, y te abandono nos sin sentirlo., pero ya estas viejo y gastado.” De repente, le llego una euforia, y exclamó, “Hare tantas cosas sin el temor de morir mañana. ¡Adiós, voy a tomar posesión de mi nueva existencia! Ma habia acostumbrado a ti, despues de vivir tantos años juntos, pero con esta joven envoltura, podre estudiar, trabajar…” Entre tanto, el conde habia llegado a su palacete. “Querida Prascovia..." Ella le dijo, "¡Olaf, hablas otra vez polaco!" Ella lo abrazo, y le dijo, “Amor mío, eres tu. Tus ojos miran como siempre. Ya no te siento extraño.” El conde dijo, “Quizá estaba diferente, pero ya no volverá a suceder, te lo aseguro.” Cuando el amor es verdadero, ni el mejor disfraz puede engañarlo, y esas dos almas habían nacido una para la otra. Dos días después, Octave de Saville, animado por el espíritu del viejo doctor, recibía una esquela. Al leer la misiva, pensó, “Me comunican la muerte del doctor Cherbonneau, y me ruegan asista al sepelio. ¡A mi propio entierro!” Revestido de su nueva apariencia, acompañó a su antiguo cuerpo a su ultimas morada. Mientras veía su propio entierro, pensó, “Si supieran que he escuchado todas las alabanzas que me dedicaron, que estoy mirando como me entierran.” Al día siguiente, Octave leía el periódico. “Ayer fue enterrado Balthazar Cherbonneau. El eminente medico fue encontrado muerto en su estudio. Su deceso se atribuye a la fatiga intelectual excesiva. Dejo un testamento en el que lega todos sus bienes al señor Octave de Saville…” El avatar se habia cumplido hasta el último detalle. “¡Ja, Ja, Ja! Soy joven, soy rico, y cuando Octave envejezca…¡Ja, Ja, Ja!”  

Tomado de, Joyas de la Literatura. Año XVIII. Numero 147. Febrero 1º, de 1991. Adaptacion: Remy Bastién. Guión: Herwidg Comte. Segunda Adaptacion: José Escobar.

jueves, 15 de octubre de 2026

Colmillo Blanco, de Jack London

 Colmillo Blanco, es una novela del autor estadounidense, Jack London, (1876–1916) que narra el proceso de domesticación de un perro lobo salvaje, en el Territorio del Yukón...
   ...y los Territorios del Noroeste, durante la fiebre del oro de Klondike, en la década de 1890.
   Publicada inicialmente por entregas, en la revista,
“Outing” entre mayo y octubre, de 1906, apareció como libro, en octubre de ese mismo año. Se trata de una obra complementaria, y un reflejo temático, de la novela más conocida de London...
   ...“La Llamada de la Selva” (1903), la cual, relata la historia de un perro doméstico que, tras ser secuestrado, recupera su herencia salvaje, para sobrevivir y prosperar en la naturaleza.

    Gran parte de, “Colmillo Blanco,” está escrita desde la perspectiva del protagonista canino, lo que permite a London, explorar cómo los animales perciben su entorno, y a los seres humanos. La obra examina, tanto el violento mundo de los animales salvajes, como el, igualmente violento, mundo de los humanos. Asimismo, el libro aborda temas complejos, como la moral, y la redención.

   La historia fue adaptada al cine, ya en 1925 y, desde entonces, ha contado con varias versiones cinematográficas más, entre ellas una película de 1991, protagonizada por Ethan Hawke, y una producción original de 2018, para Netflix.

Resumen de la Trama

   La historia comienza antes del nacimiento del híbrido de lobo y perro, con dos hombres y su equipo de perros de trineo, en un viaje para llevar el ataúd de Lord Alfred, a un pueblo remoto llamado Fort McGurry, en la zona más elevada del Territorio del Yukón.

  Los hombres, Bill y Henry, son acechados durante varios días, por una gran manada de lobos hambrientos. Finalmente, tras ser devorados todos sus perros, y el propio Bill, Henry es rescatado en el último instante; la manada de lobos se dispersa, al oír la llegada de un grupo numeroso de personas.

    El relato sigue entonces a la manada, que se ha quedado sin su última presa. Cuando, por fin, logran abatir a un alce, termina la hambruna; con el tiempo, la manada se separa, y la historia se centra en una loba y su compañero, “Un Ojo”. Éste se había ganado a la loba, tras derrotar y matar a un rival más joven. La loba da a luz a una camada de cinco cachorros, junto al río Mackenzie, pero todos mueren de hambre, excepto uno. “Un Ojo” muere a manos de un lince, mientras intentaba robar comida de su guarida para la loba, y su cachorro; más tarde, la loba encuentra los restos de su compañero cerca de la guarida de la lince.
   La loba y el cachorro superviviente, quedan librados a su propia suerte. Poco después, la loba mata a las crías de la lince, para alimentar a su cachorro, lo que provoca que la lince, la rastrée, y se desáte una feroz pelea. La loba termina matando a la lince, aunque sufre heridas graves; durante los siete días que tarda en recuperarse, se alimenta del cadáver del felino.

   Un día, el cachorro se encuentra con cinco indígenas, y la loba acude en su auxilio. Uno de ellos, Castor Gris, reconoce a la loba como Kiche, la perra-loba que perteneció a su difunto hermano, y que se marchó durante una hambruna. Como su hermano ha fallecido, Castor Gris se lleva a Kiche y a su cachorro, al que bautiza como “Colmillo Blanco”.
   La vida de Colmillo Blanco en el campamento indígena, es dura; los otros cachorros, al percibir que es un lobo, lo atacan de inmediato. Los nativos lo protegen, pero los otros cachorros nunca lo aceptan; su líder, Lip-Lip, lo señala como blanco de sus ataques. Colmillo Blanco crece hasta convertirse en un animal salvaje, insensible, hosco, solitario, y un luchador letal: “el enemigo de su propia especie”.

    Por esa época, Colmillo Blanco es separado de su madre, a quien “Tres Águilas” vende a otro campamento nativo. Se gana el respeto de Castor Gris, al salvar a su hijo, Mit-Sah, de un grupo de muchachos que buscaban venganza; Colmillo Blanco había atacado a uno de ellos, después de que éste intentára golpearlo sin motivo alguno.
   Durante una hambruna, huye al bosque, y se encuentra con su madre, Kiche, pero ella lo ahuyenta, pues tiene una nueva camada de cachorros, y ya no lo reconoce. También se topa con, Lip-Lip, con quien pelea, y a quien mata antes de regresar al campamento.

    Cuando Colmillo Blanco cumple cinco años, es llevado a Fort Yukon para que Castor Gris pueda comerciar con los buscadores de oro. Allí, un hombre malintencionado llamado, “Beauty” Smith, organizador de peleas de perros, logra que Castor Gris se vuelva adicto al whisky y, aprovechando su estado de embriaguez, le compra a Colmillo Blanco. El animal derrota a todos sus oponentes, incluidos varios lobos y un lince, hasta que un crupier llamado, Tim Keenan, trae a un bulldog llamado, Cherokee, para enfrentarlo.
   Cherokee toma ventaja en el combate, al aferrarse a la piel y el pelaje del cuello de Colmillo Blanco, comenzando a asfixiarlo. Colmillo Blanco está a punto de morir asfixiado, pero es rescatado por Weedon Scott, un adinerado experto en minería, quien detiene la pelea, y obliga a “Beauty” Smith, a venderle al animal.

    Scott intenta domesticar a Colmillo Blanco y, tras un largo y paciente esfuerzo, lo consigue. Cuando Scott intenta regresar solo a California, Colmillo Blanco lo sigue, por lo que Scott decide llevarlo consigo a casa. En Sierra Vista, Colmillo Blanco debe adaptarse a las normas de la propiedad.
   Al final del libro, un convicto fugitivo, Jim Hall, intenta matar al padre de Scott, el juez Scott, por haberlo condenado a prisión, por un delito que no cometió, sin saber que Hall había sido víctima de una condena injusta. Colmillo Blanco mata a Hall, y, aunque él mismo resulta gravemente herido, sobrevive. Como resultado, las mujeres de la propiedad de los Scott lo llaman, “el Lobo Bendito”.
  La historia termina con Colmillo Blanco descansando al sol, junto a los cachorros que ha tenido con la perra pastora, Collie.

Personajes

   Colmillo Blanco, el protagonista de la novela, es un perro lobo que nació salvaje, pero se vuelve más parecido a un perro, después de que Castor Gris lo domestica. Lip-Lip, un perro, lo intimida, y se ve obligado a convertirse en un perro de pelea cuando, Beauty Smith lo compra. Sin embargo, su vida cambió, cuando un amoroso maestro, llamado, Weedon Scott, lo compra, y lo lleva a su casa en el Valle de Santa Clara, en California. Con el tiempo, se convierte en parte de la familia, después de salvar al juez Scott, de Jim Hall.

Ktiche, la madre de Colmillo Blanco, es una perra de trineo, que anteriormente pertenecía al hermano ahora muerto, de Castor Gris, conocido al comienzo de la novela, como, la "loba". Posiblemente lleve el nombre de la deidad algonquina, Gitche Manitou.

Lip-Lip, un cachorro canino, también vive en la aldea de los nativos americanos, y acosa a Colmillo Blanco, hasta que Colmillo Blanco lo mata en una pelea.

Un Ojo, el padre de Colmillo Blanco, es un verdadero lobo que fue asesinado por el lince.

Cherokee, un bulldog, fue el único perro que derrotó a Colmillo Blanco hasta que Weedon Scott salvó a Colmillo Blanco.

Collie, una perra pastor, es la madre de los cachorros de Colmillo Blanco.

La lince, una lince canadiense agresiva, fue responsable de matar a Un Ojo, pero luego es asesinada por Kiche.

Personajes Humanos Principales:

Castor Gris, un jefe nativo americano, es el primer maestro de Colmillo Blanco. Es un maestro neutral, ni tan cruel, como Beauty Smith, ni tan amable, como Weedon Scott.

Beauty Smith, el principal antagonista de la novela, y segundo maestro de Colmillo Blanco, es un peleador de perros.

Weedon Scott, un rico cazador de oro, es el tercer maestro de Colmillo Blanco, y el primero en mostrarle verdadero afecto.

Matt, el asistente de Weedon Scott, ayuda a domesticar a Colmillo Blanco.

El juez Scott, el padre de Weedon Scott, acepta a Colmillo Blanco, como miembro de la familia, después de salvarlo de Jim Hall.

Jim Hall, un fugitivo violento, intenta vengarse del juez Scott, pero Colmillo Blanco lo mata.

Henry, es un personaje que aparece en la introducción de la novela, llevando el ataúd de Lord Alfred con Bill.

Bill, es un personaje que aparece en la introducción de la novela junto a Henry y es asesinado por los lobos liderados por Kiche.

Tres Águilas, un nativo americano, le compra Kiche a Castor Gris.

Tim Keenan, un comerciante de faros que es dueño de Cherokee, el primer perro en derrotar a Colmillo Blanco hasta que interviene Weedon Scott.

Temas Principales

   Los críticos han identificado muchos temas subyacentes en la novela. Tom Feller, describe la historia como, “una alegoría de la evolución de la humanidad, desde la naturaleza hacia la civilización”.

   Asimismo, señala que, “la historia implica que la metamorfosis, tanto del individuo, como de la sociedad, requerirá violencia en algún momento”.
Paul Deane afirma: “[En la novela,] la sociedad exige una conformidad, que socava el individualismo”.
   El propio London, se inspiró en la expresión de Herbert Spencer, “supervivencia del más apto”, así como en la idea de Friedrich Nietzsche, sobre el, “superhombre” o, “superperro”, en este caso, y el, “culto al poder”.

   La novela es, en parte, una alegoría autobiográfica, basada en la transformación de London: de joven delincuente, a escritor de clase media, y hombre casado.
  Al escribirla, se vio influido por las ideas de Herbert Spencer, Karl Marx, y Friedrich Nietzsche. Las condiciones imperantes en los Estados Unidos, también influyeron en la historia.

Historia de la Publicación

   Desde que se publicó la novela, ha sido traducida a más de 89 idiomas distintos, y lanzada en una edición en braille de tres volúmenes.

Recepción

   Tras su publicación, “Colmillo Blanco” fue un éxito inmediato, a nivel mundial, y se volvió especialmente popular entre los lectores más jóvenes.

   Robert Greenwood, calificó, “Colmillo Blanco” como “una de las obras más interesantes y ambiciosas de London”.
   Virginia Crane, sostiene que la novela es, “considerada, por lo general, artísticamente inferior a su obra complementaria [“La Llamada de la Selva”], pero ayudó a consolidar a London, como una figura literaria estadounidense popular”.

   Poco después de la publicación del libro, London se convirtió en blanco de lo que más tarde se conocería como, la, “controversia de los falsificadores de la naturaleza” un debate literario, que puso de relieve el conflicto entre la ciencia, y el sentimentalismo en la literatura popular, sobre la naturaleza.
   El presidente, Theodore Roosevelt, quien se pronunció por primera vez contra los, “naturalistas de pacotilla” en 1907, señaló específicamente a London, como uno de estos supuestos, “falsificadores de la naturaleza”.
   Al citar un ejemplo de, “Colmillo Blanco”, Roosevelt describió la pelea, entre el bulldog, y el perro-lobo, como, “la sublimación misma del absurdo”. London solo respondió a las críticas una vez que la controversia hubo concluido. En un ensayo de 1908 titulado, “Los Otros Animales”, escribió:

“He sido culpable de escribir dos libros sobre perros. La redacción de éstas dos historias, fue, por mi parte, en realidad una protesta contra la, "humanización" de los animales, de la cual, a mi parecer, varios, “autores de relatos sobre animales,” eran profundamente culpables. Una y otra vez, en mis narraciones, escribí, refiriéndome a mis perros protagonistas: ‘Él no pensaba en estas cosas; simplemente las hacía’, etcétera.
Lo hice de forma reiterada, incluso, a costa de entorpecer la narración, y contraviniendo mis propios cánones artísticos; lo hice, para grabar en la mente del lector común, que mis perros protagonistas, no se guiaban por el razonamiento abstracto, sino por el instinto, la sensación, la emoción, y un razonamiento elemental. Además, me esforcé porque mis historias, se ajustáran a los hechos de la evolución; las ceñí a las pautas establecidas por la investigación científica, solo para despertar un día, y descubrir que me habían metido de lleno, en el bando de los “falsificadores de la naturaleza.’”

Adaptaciones

   La novela ha sido adaptada a numerosas películas y secuelas, especiales de animación, y un formato de audiolibro. En 1993, se rodó en Arrowtown,(Nueva Zelanda, una serie de televisión titulada, “Colmillo Blanco.”

Colmillo Blanco

de Jack London

   Año de 1850, en aquel desierto de nieve, barrido por la helada ventisca de la región boreal, dos hombres empujaban trabajosamente un trineo. De repente, se escucharon aullidos de lobos. El hombre que iba jalando enfrente, dijo, “¿Oyes, Bill? Esos malditos lobos, y estan cerca.”

  Bill, quien iba empujando atrás del trineo, dijo, “Saben que tarde o temprano, acabaran con nosotros, como lo hicieron con nuestros perros.” Efectivamente, en las noches anteriores, mientras los dos hombres agotados, eran vencidos por el sueño, una hermosa loba atraía al bosque a uno de los perros, que era parte del trineo.
   Demasiado tarde, el animal se daba cuenta de su torpe imprudencia. Asi, los seis perros acabaron en las fauces de los lobos, que noche a noche, repetían la misma jugarreta. A continuación, ahora Bill iba jalando al frente del trineo con su escopeta. Bill dijo, “¡Basta Henry! Yo pondré fin a esta amenaza que ya no soporto.”
   Henry, quien iba empujando el trineo, dijo, “Ten cuidado, Bill, solo quedan tres balas.” Decidido, Bill se internó en el bosque, dispuesto a dar batalla a las fieras. Cuando Bill se encontró con la manada de lobos, comenzó a disparar, diciendo, “¡Ahora verán, malditos!” Varios lobos se lanzaron a herirlo, y morder su fusil. A los gritos y aullidos, siguió un terrible silencio. Para Bill, todo habia terminado.
   Henry pensó, “¡Lo mataron!¡Pobre Bill! No tardaré yo tambien en ser banquete de esas bestias.” Henry continuó su marcha, por aquel desierto de nieve y muerte, con un cansancio infinito. Jalando su trineo, Henry llevaba el ataud. Henry pensó, “Ya no puedo más. No lograré llegar al Fuerte Yukón, querido amigo. Será imposible que cumpla con mi promesa de llevarte con tu familia.”
  Sin fuerzas para continuar, decidió entregarse a su suerte, Henry se recostó bajo un arbol, y pensó “Los ojos se me cierran, pero si me duermo, seré banquete de esas fieras.” Sin poderlo evitar, un sueño lleno de pesadillas, lo venció. Henry soñó que era atacado por fieras. Dentro del sueño gritó, “¡Nooo!¡Es el fin!” De pronto, despertó, y se vio rodeado de fieras. Henry pensó, “Por todos los santos, no tardaran en saltar sobre mi…pero la loba parece no querer permitírselos.” A pesar de su pánico, un pesado letargo, lo envolvió en una mezcla de terror y cansancio.
    Cuando despertó, Henry dijo, “¿Dónde estoy?” La voz de un hombre que lo cuidaba, dijo, “En el Fuerte Yukon, Henry. Un grupo de cazadores te encontró rodeado de lobos, y lo extraño, es que no te atacaron.” Henry dijo, “Fue la loba…ella me salvó. La vi, frente a mí, como si me protegiera.” El hombre dijo, “Seguro fue tu imaginación.” Henry insistió, “No, estoy seguro de haber despertado en un momento, y de verla deteniendo a la manada.” El hombre dijo, “Henry, has pasado una dura experiencia, y no te cúlpo por imaginar cosas tan extrañas.”
    Henry pensó, “¿Por qué no me atacaría? Ella me miraba con ojos llenos de nobleza, y creo que hasta con cariño.” Si Henry hubiera conocido la historia de aquel animal, habría encontrado la respuesta. Aquella loba era un espléndido ejemplar, y por ello, la más solicitada de los lobos mayores de la manada. Tres eran los lobos, de los cuales, solo uno obtendría el honor de tenerla por compañera, pero para ello, tendrían que luchar. Y lo hicieron, poniendo en ello toda la astucia, y fuerza de que eran capaces.
    Finalmente, venció el lobo tuerto, condecorado por un buen número de cicatrices, debidas a sus innumerables batallas. La loba se transformó en la compañera de Tuerto, y juntos, corrían por el bosque, cazando y gozando del botín. Meses después, en la gruta que les servía de refugio, la loba dio a luz a cinco hermosos lobatos. Entre los cachorros, se destacaba uno, por ser más grande y fuerte, y poseer unos hermosos colmillos blancos.
   La existencia de la familia, transcurrió feliz, hasta la llegada del invierno, que aquel año, se presentó con mayor crudeza que nunca. Durante aquellos duros meses, el hambre acabó con cuatro de los cinco lobeznos. Tuerto, desesperado, salía día a día, a buscar comida para su compañera, y el hijo que le quedaba. Pero tambien, una enorme lince hembra, buscaba con qué calmar su hambre. Ambos se trabaron en angustiosa lucha.
  Tuerto, más viejo y agotado, pronto empezó a perder fuerzas. La lince, astuta y rápida, se aprovechó de ello. La loba aguardó inútilmente a su compañero. Días despues, comprendió lo sucedido, al encontrar sus despojos, frente a la cueva de la lince. Si la lince hubiera visto la mirada de la loba, habría temblado. Tarde o temprano, tendría que pagar su crimen.
   Transcurrieron los meses, y el lobato gris, aprendía con rapidez a defenderse, pero siempre se metía en problemas. Pero su madre aparecía, siempre que su hijo se encontraba en apuros. Silenciosa como una sombra, su presencia ahuyentaba todos los peligros. Valiente y temeraria, no dudaba cuando se trataba de defender a su cachorro. A fuerza de travesuras, el pequeño lobo se curtió en la lucha. Y por fin llegó el día de hacer pagar a la lince, la muerte de Tuerto. La loba le robó uno de sus cachorros.
   Cuando con su hijo, se disponía a saciar con él, su odio y apetito, apareció mamá lince, dispuesta a rescatar a su hijo, pero la loba saltó como un rayo sobre ella. Sin tregua, a zarpazos y dentelladas, las fieras se trenzaron en una lucha mortal. El lobezno no quiso permanecer inactivo. A fuerza de los fieros mordiscos, no soltó a la enemiga, hasta que ésta dejó de serlo. ¡Papa lobo estaba vengado!
    Con el páso de los días, el cachorro se transformó en todo un lobo. Ahora, él solo se arriesgaba en sus correrías. Pero una mañana, vio algo que lo dejó muy asombrado. ¡Seres desconocidos que se movían en forma extraña! Uno de los indios nativos dijo al verlo, “¡Miren qué colmillos tan blancos! ¿Es un lobo, o un perro?” El lobezno, impresionado y furioso, vio que no le temían a sus poderosos colmillos, y además, ¡Intentaban acariciarlo!
   El lobo comenzó a groar, “¡AUGHRRR!” Uno de los nativos dijo, “¡Cuidado, Castor Gris!” A continuación, Castor Gris lo pateó, diciendo, “Intentas morderme, ¿Eh?” Los aullidos de humillación y dolor, del pobre lobo, retumbaron en todo el bosque. Los nativos comenzaron a reír. Los aullidos del lobo, atrajeron de inmediato, a la loba, que simplemente lo seguía a distancia. Entonces, uno de los nativos dijo, “¡Kika!¡Pero si es Kika!”
   El lobezno, asombrado, vio que su madre no se arrojaba al cuello de sus enemigos. La loba se acercó a Castor Gris, y el nativo comenzó a acariciarla, diciendo, “¡Kika, has regresado!” Otro de los nativos dijo, “Era de suponer que lo haría, es hija de padre lobo, y madre perra. Es solo medio salvaje.” Castor Gris dijo, “Hace un año que se fue, y aun nos recuerda.” El otro nativo dijo, “Ha vivido con los lobos, seguramente ese lobezno, es su hijo.”
    Castor Gris dijo, “Me quedare con ella y su cachorro.” El otro nativo dijo, “¿Y cómo lo llamaras?” Castor Gris dijo, “Tiene los colmillos tan blancos que su nombre será, ‘Colmillo Blanco’” Desde ese día, Kika y Colmillo Blanco, se quedaron en el campamento. Entonces, Castor Gris dijo, “Tienes hambre, ¿Verdad?” Y desde ese día, se haría cargo de ellos. Colmillo Blanco nunca habia visto un perro, pero no tardo en hacerse amigo de los que allí vivían. Solo se lleva mal con Lipo, el más fuerte de todos, díscolo, y peleador. Pero, aparte de eso, Colmillo Blanco vivía tranquilo.
    Era curioso, y le gustaba meter su hocico en todas partes. Las maravillosas lenguas de fuego, lo atrajeron como un imán, y quiso probar a que sabían. Lo que más molesto a Colmillo Blanco, fue la actitud burlona de Lipo, y decidió vengarse. Lipo, furioso por la osadía de Colmillo Blanco, lo siguió. Pero Lipo cayó en las fauces vengadoras de Kika, que le dio una buena lección. Cuando llegó la primavera, uno de los nativos dijo a Castor Gris, “Castor Gris, me márcho al Gran Lago Salado. Quisiera llevarme a Kika. Es una buena perra, y le he tomado cariño.”
  Castor Gris le dijo, “¿Qué me darás por ella?” El nativo dijo, “El penacho que tanto te gusta, y herramienta para hacer canoas.” Castor Gris dijo, “¡Bien, llévatela! Yo tengo a su hijo.” Dos días despues, Tres Águilas cargó su canoa, hizo subir a Kika, empezó a alejarse. Colmillo Blanco se dio cuenta, de que se llevaban a su madre, y se lanzó al agua. Castor Gris le gritó, “¡Colmillo Blanco, ven acá!” Viendo, Castor Gris, que no le obedecía, decidió ir en su busca.
   Mientras remaba en su canoa, Castor Gris gritaba, “¡Regresa, Colmillo Blanco! ¡te daré una lección que nunca olvidaras!” Cuando lo alcanzó, Castor Gris le pegó con su remo, diciendo, “Esto te enseñará a no desobedecerme.” De un tirón, lo sacó del agua, y una vez en la canoa, continuó golpeándolo, diciendo, “Así aprenderás que yo soy tu ámo.” En tierra, el pobre animal más muerto que vivo, se dejó caer como un fardo.
   Lipo, que habia observado atentamente la escena, decidió que era el momento de tomar desquite. Pero Castor Gris lo golpeó, con un palo, diciendo, “¡Déjalo!” Al ver huir a Lipo, Colmillo Blanco comprendió que Castor Gris lo habia salvado de los dientes del traidor. Desde ese instante, ya no pensó en abandonarlo, y todo su empeño se volcó en cuidarlo y proteger sus pertenencias. Tres años despues, Colmillo Blanco ya no recordaba a Kika. Se habia transformado en un espléndido ejemplar, todo nervio y músculos.
   Un día, Castor Gris, le dijo, “Ven, iremos al Fuerte Yukon, a vender mocasines y mantas a los Cara Pálida.” Cuando llegaron al fuerte, Colmillo Blanco vio a un perro que le ladraba. Al ver al perro, a Colmillo Blanco se le erizó el lomo. Lipo le habia enseñado a odiarlos, y su fuerza y agresividad, afluyeron. Cuando ambos animales empezaron a pelear, un hombre dijo, “¡Va a matar a Covy!” Pero otro hombre dijo, refiriéndose a Covy, “Ese perro es una fiera. Ningun otro es capaz de ganarle.” 
   Cuando terminó la lucha, en la que el perro logró huir mal herido, un hombre se acercó a Castor Gris, y le dijo, “Tu perro es valiente, pero estoy seguro que el mío lo deja fuera de combate.” Castor Gris le dijo, “Tráelo, te aseguro que no le gana.” De inmediato se formó un corrillo, y poco despues, ambos animales estaban luchando. El dueño del perro gritaba, “¡Dale Red, no te dejes!”
   Castor Gris gritaba, “¡Colmillo, acaba con él!” Al poco tiempo, el dueño del perro dijo, “¡Castor Gris, ordénale que lo suelte! ¡L˗Lo va a matar!” Otro hombre dijo, “¡Ese perro es un demonio!” Durante toda la lucha, un tipo con fama de pillo, llamado Smith, habia observado atentamente, y pensó, “Ese perro es una mina de oro, y yo voy a explotarla.” El hombre se acercó a Castor Gris y le dijo, “Castor Gris, me agrada tu perro. ¡Te lo compro!”
   Castor Gris dijo, “Colmillo Blanco no está en venta.” Smith le dijo, “Ven, vamos a beber algo y hablaremos.” Castor Gris dijo, “Acepto, pero el perro no se vende.” Smith, decidido a obtener a Colmillo Blanco, formó un plan, y cada vez que el indio aparecía en el fuerte, lo abordaba. “¿Qué tal Castor Gris? ¿Me aceptas un trago?” Castor Gris le dijo, andando con su perro, “Sí, es muy bueno el licor de Cara Pálida.” Smith le dijo, “Te regalaré una botella. Por algo somos amigos, ¿No?” Castor Gris le dijo, “Castor Gris se siente honrado de ser considerado asi por el Cara Pálida.”
   Pronto el indio se dejó dominar por el alcohol y todas sus ganancias las dejaba en la taberna. Asi, un día Castor Gris encontró a Smith, y le dijo, “No tengo dinero. Tú eres mi amigo, invítame una copa.” Smith le dijo, “Mejor que eso, te daré toda una caja de Whisky a cambio de tu perro.” Castor Gris dijo, “No. Colmillo Blanco es mío y no lo vendo.” Smith le dijo, “Entonces, no hay licor.” Castor Gris le dijo, “¡Mmh! Está bien, es tuyo. Quédate con tu nuevo ámo, Colmillo Blanco.” Smith dijo, “Espera aquí. Traeré la caja, y una correa para amarrar al perro.” El indio tomó la caja y se marchó, sin escuchar los lastimeros aullidos del perro.
   Smith dijo, “Desde hoy me obedecerás. Tú me harás ganar mucho dinero.” Colmillo Blanco no pudo soportar la separación de su ámo, y huyó, pero Smith no tardó en llegar al campamento a reclamar a Castor Gris. Smith dijo, “¡Vengo por mi perro! Estoy seguro que está aquí.” Castor Gris le dijo, “Sí, llegó anoche. Quiere quedarse conmigo, devuélvemelo y…” Smith le dijo furioso, “¡No! Ahora me pertenece. Yo le enseñaré a no volver a huir.”
   Smith comenzó a golpearlo, y dijo, “Esto es lo que recibirás, si vuelves a fugarte.” A pesar de todo, volvió a intentarlo con el mismo resultado. Asi, Smith lo metió a una jaula, y le dijo, “¡Aquí te quedaras!” Colmillo Blanco por fin comprendido que no tenía escapatoria, y acepto su nueva vida. Ya enjaulado, Smith lo cucaba con un palo, para hacerlo enojar, y le decía, “Vamos, demuestra tu furia, o no ganaras las peleas. ¡Te transformaré en algo peor que un demonio!”
   Smith, satisfecho, lo convirtió en una terrible fiera sanguinaria. Asi, mientras Colmillo Blanco peleaba, decía, “¡Termína con él!¡Mátalo!” Cada día, su ferocidad y odio aumentaban. Solo le temía a Smith, pues antes de una pelea, lo azotaba con un látigo, diciendo, “¡Esto te preparará para la pelea de hoy!” Seis meses después, en una cantina de Dawson, un hombre se acercó a Smith, y le dijo, “Soy Tim Keneen. Me dijeron que tiene un perro muy fiero.” Smith le dijo, “Se llama Colmillo Blanco, pero todos lo conocen como, ‘El Lobo Feroz’”
   Tim le dijo, “Yo soy dueño de Cherokee, un Bull-Dog. Te aseguro que puede darle una lección al tuyo que no olvidara.” Smith le dijo, “¡Ja, Ja, Ja! Acepto.” Tim le dijo, “Despues de la pelea, veremos si tienes ganas de reír,” Smith pensó, “Ésta pelea me dejará buen dinero.” De inmediato comenzaron las apuestas. Uno de los apostadores decía, “Ganará, ‘Lobo Feroz,’ ningun perro lo ha vencido.” Y otro decía, “No conoces a Cherokee. Si asi fuera, lo pensarías antes de apostar tu dinero.” El día de la pelea, una gran multitud se reunió en el ruedo.
    Uno gritaba, “¡Cherokee, acaba con él!” Otro gritaba, “¡Demuéstrale tu fuerza, Colmillo Blanco!” Por primera vez, Colmillo Blanco se encontraba con un rival de su talla. Cherokee era más lento, pero tenía unas mandíbulas de acero.  Tim gritó, “¡Mátalo Cherokee!” Smith gritó, “¡Colmillo Blanco, no retrocedas!¡Maldito, no seas cobarde!” El perro lobo, al no poder vencer a la primera embestida, perdió fuerzas y terreno. Tim gritó, “¡Es tuyo Cherokee!¡Acaba con él!”
   Humillado, Colmillo Blanco, sin remedio, soportaba el implacable ataque. Tim gritaba, “¡Eso es, Cherokee!¡Ya lo tienes!” Smith gritó, “¡Bestia, muévete!¡Mátalo!” Tim insistía, “¡Cherokee, acaba con él!” Colmillo Blanco aullaba de dolor. La victoria de Cherokee era ya un hecho, y en eso, Smith comenzó a patearlo, diciendo, “¡Estúpido animal!¡Párate y pelea, idiota!¡Bestia párate!” Un hombre entró a ruedo, y lo detuvo, diciendo, “¡Detente, bellaco salvaje!”
   Smith le dijo, “¡No se meta en lo que no le importa!” El hombre le dijo, “Si le das un golpe más, te denunciaré a las autoridades.” Enseguida, el hombre dijo a Tim, “¡Usted, llévese a su perro, o tambien lo denunciare!” Tim dijo, “Sí…Sí, ingeniero Weedon.” Enseguida Weedon apuntó hacia Colmillo Blanco, quien yacía en el suelo, y dijo a otro hombre, “Matt, ayúdame a sacar a éste pobre animal de aquí.” Matt le dijo, “Al momento, ingeniero.” Smith trató de detenerlo, y dijo, “¡Oiga! ¿Qué se cree? ¡Es mi perro, y nadie se lo llevará!”
   Weedon mostró unos billetes, y dijo, “¡Toma, esto es más de lo que vale ese animal, por el estado en que esta!” Smith le dijo, “¡No lo vendo, y no tiene derecho…!” Weedon le dijo, “¿Quieres ir a la carcel? No creo que tengas permiso para organizar este tipo de espectáculos.” Ardiendo de ira, Smith tuvo que conformarse. Y mientras se llevaba a Colmillo Blanco, Smith pensó, “Esto no se quedará asi. Ya recobraré a ese bruto, y le daré su merecido, para que no vuelva a perder.”
    El ingeniero Scott Weedon, llevo a Colmillo Blanco a su cabaña que tenía cerca de la mina a su cargo. Mientras lo curaban sobre una mesa, Weedon dijo a Matt, “Pobre animal. ¡Cómo puede haber gente tan cruel!” Matt dijo, “¡Que triste vida debe haber llevado al lado de ese canalla!” A base de cuidados, el lobo recuperó sus fuerzas, y con ello, su antigua ferocidad. Estando amarrado a un arbol, Colmillo Blanco ladraba, ferozmente.
   Matt le dijo a Weedon, “¡Cuidado! No se acerque. Yo lo he intentado, y ha estado a punto de morderme.” Weddon le dijo, “Lo domaré, Matt. Este animal solo necesita cariño.” Matt dijo, “No creo que lo lógre. No es un perro. ¡Es un lobo, de eso estoy seguro!” Pero el ingeniero estaba decidido a amansarlo, a pesar de sus gruñidos y miradas amenazantes. Weedon al acercarse, le dijo, “Calma, aquí nadie te maltratará.” Su gran paciencia, pronto dio frutos. Colmillo Blanco fue cediendo.
   Al Weedon darle un hueso, le dijo, “Esto es para ti. Eres un buen perro.” Hasta que un día, Matt se asustó al ver que Weddon Se acercaba con Colmillo Blanco. Matt dijo, “¡Cielo Santo! ¡Que me coma yo un perro, si es verdad lo que veo!” Colmillo Blanco gruñía. Weddon lo detuvo, y le dijo, “Tranquilo, Colmillo Blanco, Matt es mi amigo, y tu debes quererlo.”
     Pronto, el lobo de demostró un amor y devoción sin límites a su nuevo ámo. Asombrado, Matt exclamó, “Señor, nunca vi animal más fiel. No se aparta de su lado, y cuando usted no está, no se mueve de la puerta, esperándolo.” Asi transcurrieron seis meses, hasta que Scott tuvo que marchar a visitar otras minas. Mirándolo, como se puso triste, Matt dijo a Colmillo Blanco, “Tienes que comer, o morirás. Ya sé que extrañas a tu amo, pero él tuvo que marcharse, compréndelo.”
   Al ver que no reaccionaba, Matt tomó una decisión. Al recibir la carta de Matt, Scott leyó, “Ingeniero: Colmillo Blanco no come. Solo me mira, como si preguntára por usted. Me parece que desea morir…” Y asi era, daba lastima verlo, tendido frente a la puerta esperaba a su amo. Matt insistía, y mostrándole comida, decía, “Mira que estupenda carne. Come, aunque sea un pedacito…¡Ay, Colmillo, te vas a morir!”
   Una tarde, Colmillo Blanco se puso de pie, y apenas podía sostenerse. Matt le dijo, “¿Qué te sucede, Colmillo Blanco? ¿A dónde vas? Estas enfermo, apenas puedes tenerte de pie…” En ese momento, Scott abrió la puerta. Colmillo Blanco comenzó a aullar de alegría. Ambos hombres apenas pudieron ocultar su emoción, al ver la reacción del perro. Mientras lo abrazaba, Scott le dijo, “Ya estoy aquí. Me has extrañado, ¿Verdad? Yo tambien, mi querido amigo.”
   Con el regreso de su amo, todo recobró su alegría y color para el perro lobo. Mientras Colmillo Blanco comía de la mano de su ámo, Scott le dijo, “Tienes hambre. Ahora nada que desprecias la carne.” Una noche, Matt y Scott escucharon un grito de ayuda de un hombre, afuera de la cabaña. “¡Ahhh!¡Auxilio!” Al salir Scott y Matt, vieron que Colmillo Blanco tenia a un hombre sujeto en el suelo. Scott le dijo, “¡Colmillo Blanco, suéltalo!¡Obedece!”
   No sin esfuerzos lograron que lo soltara. Mientras lo sujetaba, Scott regañó a Colmillo Blanco, “¿Por qué lo hiciste? Te has portado muy mal, Colmillo Blanco.” Matt trajo una linterna, y dijo, “Señor, temo que el hombre esté mal herido.” Scott dijo, “Dame la linterna. Veré si puedo ayudarlo.” Matt dijo, “Colmillo Blanco merece un severo castigo.” Cuando Scott se acercó con la linterna para ayudar al hombre en el suelo, exclamó, “¡Matt, es el antiguo dueño de Colmillo Blanco! Vino a llevárselo, por eso lo atacó.”
Matt dijo, “¡Bien hecho, Colmillo Blanco, debiste matarlo!” Scott lo corrió, y le dijo, “¡Largo de aquí! Si regresas, ya sabes lo que te espera.” Cuando Smith huía, Matt dijo a Colmillo Blanco, “¿De modo que quería robarte, y tú no te dejaste?” Desde ese momento, el amor de Colmillo Blanco por su ámo, traspasó todos los límites. Hasta que un día, Scott dijo a Matt, “Asi es, Matt, no puedo llevarlo. En California hace demasiado calor para él.” Matt le dijo, “No resistirá su ausencia. Estoy seguro de que en su rancho será feliz.”
   Scott dijo, “No sigas, Matt. Si lo dejo, es pensando en su bienestar.” Scott acarició a Colmillo Blanco, y dijo, “No debí encariñarme con él. Sabía que pronto volvería junto a mi familia.” Matt dijo, “Su esposa y sus hijos lo deben extrañar mucho. Ojalá regrese alguna vez por aquí.” Scott le dijo, “No, Matt. Me dedicaré a trabajar mi rancho. Ha sido muy duro este año lejos de los míos.” Matt dijo, “Lo extrañare señor, y Colmillo, si es que no se muere…pobre, lo encerraremos mañana para que asi no pueda seguirnos.”
    Sin embargo, todas las precauciones fueron inútiles. Colmillo Blanco rompió el vidrio de la ventana. Sin importarle las heridas que le hizo el vidrio destrozado, echó a correr. Cuando el barco en que partía Weeden Scott estaba a punto de levar anclas, Colmillo Blanco apareció en el muelle. Colmillo Blanco, Matt gritó, “¡Colmillo Blanco!”
   Cuando Colmillo Blanco saltó a bordo del navío, un hombre gritó, “¡Un lobo!¡Ahhh!” Scott gritó, “¡Colmillo Blanco!” Scott lo acarició, y le dijo, “Mi pobre perro…mira cómo estás herido…” Matt gritó desde el muelle, “¡Señor, voy por él!” Scott le gritó, “No, Matt, se va a California. No quiere separarse de mí, ni yo de él.” La llegada de Colmillo Blanco al rancho de Scott fue todo un acontecimiento.
   Scott dijo a su familia, “No se acerquen tanto, hasta que los conozca y les tome cariño.” Su esposa le dijo, “¿No será peligroso para los niños? Se ve tan grande y fiero.” Scott dijo, “No, mi amor, ya veras que no tendrán mejor amigo. Cuando estén con él, podremos estar completamente seguros que nada les sucederá.” Ella dijo, “No dudo que asi será, pero te confieso que me da un poco de miedo.”
   Pronto, Colmillo Blanco se sintió a sus anchas en el rancho, e hizo amistad con Colli, una hermosa perra pastor. Scott dijo, “¡Ja, Ja, Ja! Colmillo Blanco, por fin encontraste quien te domára realmente.” Nuca habia habido más feliz perro lobo, pasaba sus días jugando con los niños. Corría y retozaba con Colli, pero sin olvidar a su amo a quien amaba por sobe todo.
   Sabiendo que era un perro lobo de clima frio, Scott solía echarle en su cuerpo un balde de agua, y le decía, “Ahora te sentirás fresco. Iré a la ciudad, Colmillo. Te encargo a Alicia y a los niños.” Cada vez que Scott iba en su carruaje a la ciudad, tenia que pasar por un albergue, situado en un recodo del camino. Entonces, Unos perros solían salirle al paso. Scott pensó, “Otra vez esos perros siempre que paso por aquí, tratan de atacar a los caballos. Terminaré con esto.” Scott se bajó, y entró en el albergue.
    Enseguida, Scott se dirigió al encargado de la cantina, y le dijo, “Quiero pedirle que le diga al dueño de esos perros que están afuera, que los amárre. Si vuelven a atacar a mis caballos…” El hombre lo interrumpió y le dijo molesto, “¡Esos perros no son míos! Haga lo que quiera con ellos.” Scott le dijo, “Le advierto que tengo un perro que es capaz de matar si lo dejara suelto, por eso cuido de no hacerlo. El dueño de esos perros debería hacer lo mismo.”
  Cuando Scott se retiraba, uno de los presentes le dijo, “¿Pretende que la carretera sea solo para usted y sus caballos? ¡Ja, Ja, Ja!” Otro de los presentes, dijo, “Quiere asustarnos con su perro. Pues los míos son capaces de comérselos. ¡Ja, Ja, Ja!” Cuando Scott regresó de la ciudad, varios de los transeúntes de la cantina, estaba afuera, esperando que Scott pasára. Cuando Scott llegó en su calesa, con sus caballos, venia sin Colmillo Blanco.
   Entonces, el dueño de los perros gritó, “¡Adelante, Bob!¡Cómetelos Zico!” Scott pensó, “Ya verán. Les voy a dar una lección que nunca olvidaran.” La siguiente vez que Scott fue al asentamiento, llegó con sus dos caballos jalando su calesa, y con Colmillo Blanco ladrando. Los transeúntes estaban afuera y los perros ladrando. Entonces Scott gritó, “¡Anda, amigo! Dales una lección.”
   De un salto, Colmillo Blanco bajó de la calesa. Los hombres, en la puerta del albergue, no daban crédito a lo que veían. Cuando la lucha terminó, Scott llamó a Colmillo, “¡Vamos, Colmillo Blanco!” Uno de los hombres dijo, “Dejó malherido a los tres. ¡Eso no es un perro, es un demonio!” Mientras lo acariciaba, arriba de su calesa, Scott dijo, “¡Ja, Ja, Ja! ¡Que buena lección les diste! Estoy seguro de que no volverán a molestarme.”
    Y asi fue, La fama de Colmillo Blanco corrió por todo el valle y los dueños de los perros se preocuparon que ninguno se acercára a él. Un día, Scott ensilló su caballo, y dijo a Colmillo, “Vamos a Pasear, Colmillo Blanco.” Nada hacía más feliz a perro que salir con su amo, y corría al mismo ritmo que el corcel, e incluso muchas veces le ganaba.
   De pronto una liebre se cruzó y el caballo se detuvo y relinchó. Scott cayó, y dijo a Colmillo Blanco, “¡Ayyy!¡Mi pierna! No puedo moverme…Colmillo Blanco, ve a casa por ayuda.” Pero Colmillo Blanco, al ver a su amo herido, se negó a moverse. Scott insistió, “Ve a casa…¡Ve a casa!”
   Comprendiendo al fin, partió como una flecha, cuando llegó al rancho, Colmillo jalaba el vestido de Alicia. Uno de los ayudantes llegó y dijo, “¡Colmillo Blanco! ¿Qué te sucede? ¿Te has vuelto loco?” A pesar de sus brincos y gemidos no se hacia entender, entonces, otro de los ayudantes entendió y dijo, “Quiere decirnos algo. Nunca antes habia ladrado…¡Weedon! Se trata de él. Por eso Colmillo Blanco regreso solo.” Al ver que su mensaje era comprendido, salio corriendo. Ellos lo siguieron. Uno de los ayudantes dijo, “Sí, vamos contigo. Dinos donde esta Weedon.”
   Poco después, llegaron a Scott. Entonces el ayudante dijo, “Weedon, ¿Qué sucedió?” Scott dijo, “El caballo se encabritó. Creo que tengo una pierna rota.” Con gran cuidado fue trasladado a la casa donde no tardó en llegar el doctor. Mientras Scott se recuperaba vendado, Alicia acarició a Colmillo Blanco y dijo, “Gracias a ti, supimos lo que sucedía a tu ámo. Eres un perro fiel e inteligente.” La hazaña le atrajo mayor simpatía entre los habitantes del rancho.
    Ya recuperado, Scott dijo a Alicia, “Veo que le has tomado mucho cariño a Colmillo Blanco.” Alicia dijo, “Lo reconozco, es un perro maravilloso.” Realmente Colmillo Blanco era un miembro más de la familia, y cuidaba a la casa, y a sus amos con una devoción sin límites. Una noche, Colmillo Blanco escuchó un ruido, dentro de la casa. Cautelósamente, Colmillo Blanco se dirigió al vestibulo. Sus ojos centellaron, erizó el lomo, y se lanzó contra el intruso que iba subiendo las escaleras.
   Con todo su peso y furia, cayó sobre el ladron. El bandido, desesperado, con mucho esfuerzo saco su arma. Al escuchar dos disparos de arma, Scott y Alicia bajaron al vestibulo. Un hombre y el animal, yacían sobre un charco de sangre, tendidos en el piso. Alicia exclamó, “¡Colmillo Blanco! ¡Oh, no! ¡Está muerto!” Scott exclamó, “¡No, mi perro!” Cuando lo revisaron, Scott dijo, “Aún respira. Ire por el veterinario.” Alicia exclamó, “Colmillo Blanco. ¡Por favor, tienes que vivir!”
    Horas despues, el veterinario lo reviso, y dijo, “Nada puedo asegurar. He hecho lo posible. Sería una verdadera lástima que muriera.” Alicia dijo, “Significa tanto para nosotros. Gracias a él, ese bandido no pudo hacernos daño.” El veterinario dijo, “Los salvó de un gran peligro. Era un hombre que huyó de la carcel. Un asesino despiadado.” Alicia dijo, “Por favor, haga lo que sea por salvar a nuestro perro.” Durante varios días, Colmillo Blanco estuvo a punto de morir. Scott lo animaba, diciendo, “Vamos amigo, eres fuerte. No te dejes vencer. ¿Quién cuidara de tu amo si tú no estás?” Hasta que poco a poco, empezó a recuperarse. Alicia lo alimentaba, diciendo, “Anda, come. Tienes que ponerte fuerte, para que puedas correr como antes.” 
    Finalmente, una mañana, salio al jardin, y vio algo que lo lleno de alegría. Alicia, dijo, mientras toda la familia lo veía, “¡Weedon, nuevamente ha ladrado! Solo lo habia hecho cuando tu estabas en peligro.” Scott dijo, “Sabe perfectamente que son sus hijos, y actúa como un padre cariñoso. No cero equivocarme, ¡Acaricia a Colli para darle las gracias por tan hermosos hijos!”
   Alicia dijo, “No te equivocas, mi amor, Colmillo Blanco es el perro más inteligente que existe.” Asi, bajo el ardiente sol californiano, pasó su vida el hijo de Kika, la loba que demostró como él, su amor por los hombres, salvando a uno de ellos, en la soledad de un desierto nevado.

Tomado de, Joyas de la Literatura, Año IX, Número 164. Octubre 15, de 1991. Adaptacion: C. M. L. Guión: Hergwid Comte. Segunda adaptación: José Escobar.