Club de Pensadores Universales

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lunes, 9 de mayo de 2011

Bug-Jargal de Victor Hugo

     Victor Hugo, nacido en 1802, es uno de los más grandes escritores románticos en lengua francesa.
     Bug-Jargal es una novela de Victor Hugo. Publicada por primera vez en 1826, la novela es una nueva versión de un cuento corto anterior del mismo nombre, publicado en la revista de los hermanos Hugo, Le Conservateur littéraire, en 1820.
     La novela sigue la amistad entre un principe africano esclavizado, cuyo nombre es el título que lleva la novela, y un oficial del ejército francés llamado Leopold D'Auverney, durante los tumultosos años iniciales de la revolución haitiana.
     Hugo afirmó mas tarde que la historia iba a ser parte de un trabajo de colaboración denominado: “Contes-sous-la-Tente” (Cuentos bajo una tienda de campaña) y que Hugo había escrito en 1818, a la edad de 16 años en dos semanas. Sin embargo, el manuscrito está fechado en abril de 1819. (Wikipedia)
Haiti se encuentra en la parte occidental de La Española, también llamada Isla de Santo Domingo, las segunda isla mas grande de las Antillas Mayores.
     Haití es el tercer país más grande del Caribe, detrás de Cuba y la República Dominicana, con quien comparte 360 kilómetros de frontera. (Wikipedia)
Bug-Jargal
de Victor Hugo

     La historia gira al rededor de la isla de Santo Domingo, en el año de 1840. La historia comienza en la casa de Leopoldo, en Francia. Leopoldo es anfitrión de cuatro amigos. Ha sido una velada bohemia en donde todos han contado una historia personal, y ahora es el turno de Leopoldo. A los pies de Leopoldo, descansa Rask, un perro cojo. Leopoldo comienza su historia, comentando que Rask no solo es un perro, sino un símbolo de muchas cosas que comprenderán al escuchar su historia.
     El padre de Leopoldo y su tío Don René, deciden casar a sus hijos para unir sus fortunas. Don René vive en América, y se casó con una española que murió y solo le dejó una hija. Don René adora a su hija, y decidió nunca volverse a casar.
     A Leopoldo no le gustaba la idea de casarse con su prima, pues no conocía a María, y emprendió el viaje sin la menor intención de obedecer a su padre, sino solo por el deseo de conocer nuevos lugares. Leopoldo pensaba no casarse si ella no le agradaba una vez que la hubiese conocido. Se la imaginaba anipática y orgullosa.
     Pero Leopoldo se equivocaba y la sorpresa lo dejó mudo. Su belleza, su dulzura y delicadeza, le robaron al instante el corazón.
   Su tío Don René, tenía a su servicio a más de ochocientos africanos esclavos  que cultivaban sus tierras. Leopoldo, sintiendo lástima por los afroamericanos, era felíz en medio de una gran dicha, debido a su compromiso matrimonial con su prima María. En seis meses Leopoldo arregló la boda entre él y María, mientras la Asamblea Nacional Francesa, decretaba mismos derechos politicos a afroeuropeos y franceses.
      Una tarde, después de una reunión social, Leopoldo se disculpó de la reunión retirándose, pues tenía intenciones de reunirse con su amada María en la Hacienda. Sin embargo, cuando Leopoldo iba llegando a la Hacienda, escuchó gritos de María pidiendo auxilio. Leopoldo sacó su arma y disparó al cocodrilo, el cual cayó muerto. Esto sucedió frente a la mirada de un afroamericano esclavo, quien había salvado la vida de María. Pero cuando el africano vió que Leopoldo abrazó a María, le dijo a Leopoldo: “¿Porqué lo mató? ¡Mejor hubiera acabado con mi vida!” y se desapareció después de expresar esa frase de amargura.
     Leopoldo y María abogaron ante Don René por la libertad de ese africano que había salvado la vida de María. Pero Don René hizo caso omíso. Al tiempo después, Don René dió un paseo con Leopoldo por las plantaciones, mientras los pobres esclavos al ver la presencia del ámo, redoblaban los esfuerzos. Don René le dijo a Leopoldo: “Son unos hipócritas. Si yo no estubiera, estarían holgazaneando.” En ese momento, encontraron a un esclavo dormido entre la maleza, e inmediátamente Don René se bajó de su caballo y empezó a golpearlo. Mientras eso sucedía, un africano fuerte le quitó el látigo a Don René, lo rompió y le dijo: “¡Mejor pégame a mí! ¡Ese hombre está enfermo de tanto trabajar!” El africano, tomó una hacha y dándosela a Don René le dijo: “¡Si quieres herirme, hazlo con esto!” Las súplicas de Leopoldo fueron en vano, en favor de ese africano valiente, quien era el mismo que había salvado la vida de María. Su nombre era Bug-Jargal, y había sido cristianizado con el nombre de  Pierrot.  Pierrot fué encarcelado en el calabozo de la pequeña ciudad.
   Pierrot recibió las visitas de Leopoldo en el calabozo. Allí, Leopoldo lo encontró con el perro Rask, el cual había entrado por una rendija que el africano había roto con su fuerza. Pierrot, el esclavo africano, reconoció el aprécio de Leopoldo, quien ya le había salvado la vida dos veces. Poco a poco ambos se fueron haciendo amigos. En una ocasión que Leopoldo lo visitó, encontró a Pierrot entonando una canción, entonces Pierrot le dijo: “Cuando dudes de mi fidelidad, acuérdate de ésta canción, y que un día me escuchaste cantando.” El africano Pierrot le decía a Leopoldo al llamarlo por su nombre: “Hermano.”

      Mientras esto sucedía, María y Leopoldo eran felices haciendo los preparativos para la boda. Un día que Leopoldo visitó a Pierrot, Leopoldo le comentó a Pierrot sobre su próxima boda, y notó que Pierrot se llenó de tristeza. Sin embargo, Leopoldo disimuló el haberse dado cuenta. Entonces Pierrot le dijo: “Cásese antes del 2 de agosto, por su bién.”
     Un día después que aconteció la boda, estalló la revolución en la isla. Las haciendas y la ciudad se incendiaban; los africanos se habían insurrecionado. Lléno de preocupación, Leopoldo se enteró que su tío y María estaban atrapados en la fortaleza de la hacienda. Inmediátamente, Leopoldo se dirigió hacia allá con un regimiento de soldados. Al llegar a la fortaleza, Leopoldo vió cómo una bomba estallaba en ella. Leopoldo pensó que su tío y María habían muerto. Sin embargo, un capitán le informó a Leopoldo que Pierrot había dirigido la revuelta, había huído con María, y Don René había muerto.
    Leopoldo corrió como loco hacia el lugar que, según señalaba el capitán, había ido Pierrot con María. Mientras Leopoldo iba en la búsqueda, cayó agotado por falta de fuerzas, dando el más brusco páso de la felicidad a la más negra de las desgracias.
    Después que se recuperó, Leopoldo se alistó con las fuerzas francesas y luchó encarnizádamente contra los africanos insurrectos. En esos momentos, Leopoldo pensaba cuánta razón tenía su tío Don René, ahora muerto, acerca de ellos.
         Un día, al cruzar un puente de mecates, persiguiendo a una banda de rebeldes, Leopoldo pasó rápidamente al otro lado del puente. Sin embargo, cuando su ejército iba a la mitad del puente, unos esclavos del otro lado cortaron los lazos. Leopoldo vió con asómbro cómo caía todo su ejército al precipício. Leopoldo fué capturado y llevado al nuevo capitán de la insurrección: El Gran Biasón. Los rebeldes tenían a otros prisioneros franceses y decidieron matarlos uno por uno. Pero cuando llegó el turno de Leopoldo, el Gran Biasón supo que Leopoldo era sobrino de un gran hacendado. Debido a ésto, el Gran Biasón decidió conservar la vida de Leopoldo. Esto lo hizo con el fín de saber si los franceses eran tan valientes como para venir por Leopoldo a rescatarlo. Mientras tanto, el africano Pierrot era hecho prisionero por los franceses en la ciudad.
      Llegada la noche, los rebeldes esclavos amarraron a Leopoldo a un árbol. Unos guardias rebeldes lo cuidaban cuando Leopoldo despertó y escuchó la voz de Pierrot cantando. Inmediátamente el ódio y rencor de Leopoldo contra Pierrot se manifesó. Los guardias obedecieron al inesperado Pierrot, quien les ordenó que lo soltáran. Entonces, estando Leopoldo frente a Pierrot, le dijo: “¡Defiéndete! ¡Quiero matarte!” Pierrot en su humildad le dijo: “Yo soy como Rask para ti.” Esta era una forma en que Pierrot le expresaba su fildelidad a Leopoldo. Pierrot continuó y le dijo a Leopoldo: “Yo no te he causado todas éstas desgracias, sino mis hermanos.”  Leopoldo le preguntó: “¿Dónde está mi esposa?” Entonces Pierrot lo llevó a una cueva donde ella aguardaba con Rask. Los dos se abrazaron y ella le dijo que Pierrot le había dado esperanzas, pues a ella le habían dicho que él, Leopoldo, había muerto. Entonces Leopoldo se dió cuenta de la nobleza de su amigo Pierrot, y lo abrazó.  
     Esa noche, Pierrot le contó su historia  a Leopoldo. Pierrot le explicó que él era hijo del rey del Congo, y le contó cómo su padre fue engañado al venir aquí. Pierrot fue testigo viendo dolorosamente cómo su padre murió a latigazos y su esposa fué obligada a ser prostituída. Entonces, sus hermanos le pidieron que se pusiera al frente de ellos y les guiára a hacia una revolución. Debido a ello, Pierrot no podía negarse y por eso huyó de la cárcel para salvar a María de la bomba planeada en el fuerte. Pierrot no quería que Leopoldo sufriera lo que él sufrió. Así, Pierrot llevó a María a un lugar seguro.
     Leopoldo, al ver el gran amor que Pierrot sentía por ellos, le propuso que se viniera con ellos a vivir a Francia. Leopoldo le dijo a Pierrot que allá no tendría problemas. Pierrot le preguntó, cómo podía ser eso posible, puesto que él era prisionero de guerra. Pero Leopoldo le dijo que ya no lo era, pues ahora ellos eran los dueños de la hacienda, y por lo tanto, dueños de él. Ahora lo podían hacer libre.
      Pierrot le explicó a Leopoldo que hacía tres días que lo habían hecho prisionero los francéses, pero que él se había fugado de la prisión para salvarlo, cuando se enteró que Leopoldo estaba en manos de Biasón. Sin embargo, Pierrot le explicó a Leopoldo que tenía que regresar a la carcel de la ciudad antes del amanecer, porque veinte de sus hermanos prisioneros respondían con sus vidas si Pierrot no regresaba.
      Los tres se pusieron en marcha mientras Leopoldo y Pierrot cargaban en brazos  a María en la travesía rumbo a la ciudad. Cuando llegaron a la ciudad, Leopoldo dejó en cama a María. Leopoldo se despidió de ella de momento para ir a buscar a un médico, y le dijo que una vez que avisára al médico, iría a la cárcel para abogar por Pierrot, para que lo dejasen en libertad. Sin embargo, María le dijo: “¡Córre! ¡Córre!” Así, en el momento en que Leopoldo iba llegando a la cárcel, Pierrot ya estaba formado en el paredón, junto con sus compañeros, para ser fusilado. En vano Pierrot había suplicado a los soldados por sus vidas, pues los soldados franceses habían visto cómo la bandera negra flameaba en el monte, indicando esto que habían matado a más fraceses.  Esto suponía que Pierrot había salido de la cárcel para ver cómo los mataban.
     
     Entonces Pierrot fué formado con sus veinte compañeros y al momento de apuntar los soldados a los prisioneros, llegó Leopoldo con Rask. Pierrot fué muerto, Leopoldo fué herido en el hombro y Rask fué herido en una pata. Pierrot antes de morir, le dijo a Leopoldo: “Hermano, te encárgo a Rask y perdoname por haberme atrevido a sentir amor por María.”
     Una vez transcurrido ésto, Pierrot fué enterrado en la tierra donde tanto padeció, y Leopoldo regresó a Francia con María y con Rask. Por eso Rask simbolíza para él tantas cosas: Lealtad, Fidelidad, Sentimientos Nobles, Amistad.
     Los cuatro amigos quedaron en silencio. Tenían un nudo en la garganta. Pero solo una lágrima cayó, y fué la lágrima de Leopoldo sobre la cabeza del fiel Rask.     
Adaptación: José Escobar.

lunes, 2 de mayo de 2011

La Tormenta de Kate Chopin

    Kate Chopin, quien nació como Katherine O'Flaherty en febrero 8 de 1851, fué una escritora estadounidense de cuentos cortos y novelas.  En la mayoría de sus novelas e historias, sus personajes son de origen criollo y de Louisiana. Chopin, es hoy considerada por algunos como precursora de autores feministas del siglo XX.
   De 1869 a 1902, escribió cuentos para niños y adultos que fueron publicados en revistas como The Atlantic Monthly, Vogue, El Siglo, y Harper's Youth's Companion. Sus obras principales son dos colecciones de cuentos cortos, Bayou Folk (1894) y A Night in Acadie (1897).
    Sus historias importantes incluyen los cuentos cortos, "Desirée's Baby", una historia de mestizaje en Luisiana antes de la Guerra Civil (publicado en 1893), así como "La Historia de Una Hora" (1894), y "La Tormenta" (1898).
  "The Storm" es una secuela de “The 'Cadian Ball", que apareció en su primera colección de cuentos cortos, Bayou Folk.
     Chopin también escribió dos novelas: Culpable (1890) y El Despertar (1899) , que se sitúan en Nueva Orleans y Grand Isle, respectívamente. Los personajes de sus historias suelen ser los habitantes de Louisiana.
   Muchas de sus obras se exponen en Natchitoches, en el centro-norte de Luisiana.
     A menos de una década de su muerte, Chopin fué ámpliamente reconocida como una de las principales escritoras de su tiempo. En 1915, Fred Lewis Pattee escribió, "algunos de los trabajos [ de Chopin] se equipáran a lo mejor que se ha producido en Francia o en Estados Unidos. [Ella demostró] lo que puede ser descrito como una aptitud natural para la narración que alcanza casi la genialidad. "
       Su padre, Thomas O'Flaherty, era un exitoso hombre de negocios que había emigrado de Galway, Irlanda. Su madre, Eliza Faris, era un miembro bien conectado de la comunidad francesa en San Luis. Su abuela materna, Athena'ise Charleville, era de origen franco-canadiense. Algunos de sus antepasados fueron los primeros habitantes europeos de Dauphin Island, Alabama.
   Después de la muerte de su padre, Chopin desarrolló una estrecha relación con su madre, su abuela y su bisabuela. También se convirtió en una ávida lectora de los cuentos de hadas, poesía, alegorías religiosas, así como las novelas clásicas y contemporáneas. Sir Walter Scott y Charles Dickens eran algunos de sus autores preferidos.
     En 1865, regresó a la Academia del Sagrado Corazón, y comenzó a llevar un libro de apuntes. Se graduó de la Academia del Sagrado Corazón en 1868, pero no logró ninguna distinción particular. La Tormenta aborda el tema de la sexualidad, un tema que no se discutía públicamente en 1898.
     Chopin admiró a Guy de Maupassant, de quien dijo, “Leí sus historias y me maravillé en ellas. Allí estaba la vida, no la ficción, porque ¿dónde estaba la trama, los mecanismos anticuados para la captura en el esenario que de una manera vaga e impensable yo imaginaba eran esenciales para el arte de hacer una historia? He aquí un hombre que había escapado de la tradicción y la autoridad, que había entrado en sí mísmo y observado la vida a través de su propio ser y sus propios ojos, y que de una manera directa y sencilla, nos contó lo que había visto.”
     El Despertar, una de las novelas de Kate Chopin, fué publicada por primera vez en 1899, situada en Nueva Orleans y la costa sur de Luisiana a finales del siglo XIX. La trama se centra en Edna Pontellier y su lucha para reconciliar sus puntos de vista cada vez más ortodoxos sobre la feminidad y la maternidad con las actitudes sociales sureñas predominantes de fin de siglo.
     Desirée’s Baby, es una historia de mestizaje en la louisiana criolla durante el periodo anterior a la Guerra Civil.
     Cuando Desirée se casa con un criollo, éste la abandona pues ella da a luz un hijo con ¼ de sangre africana. Desirée, quien era adoptíva, húye con su hijo para nunca regresar. Mientras Armando su esposo crióllo, quema sus cartas de amor y pertenéncias. En el paquete de cartas quemadas está también una de su madre escrita a su padre, revelando que es Armando el que lleva en sus venas sangre negra.
     Para el crítico Daniel Deneau, The Story of an Hour, es sin lugar a dudas su obra más conocida. Fué publicada originalmente en 1894 en la revista Vogue bajo su título original, “El Sueño de un Hora.” Allí se describe la reacción de una mujer a quien le dan la noticia del fallecimiénto repentíno de su esposo, con la subsecuente noticia de que él está vivo realmente. En la historia la protagonísta, Louise Mallard, establece que ella muere de una, “enfermedad del corazón…de un gozo que mata.”
     Kate Chopin se casó con Oscar Chopin a la edad de 20 años (1870), estableciendose en Nueva Orleans, y procreando 6 hijos. El 20 de agosto de 1904, mientras visitaba la Feria Mundial de St Louis sufrió una hemorragia cerebral falleciéndo dos días después a la edad de 54 años.
     Kate Chopin fué enterrada en el cementerio Calvario.

La Tormenta
de Kate Chopin

I
      Las hojas estaban tan quietas que aún Bibi pensó que iba a llover. Bobinôt, quien estaba acostumbrado a conversar en términos de perfecta ecuanimidad con su pequeño hijo, llamó la atención al niño hacia ciertas nubes sombrías que se estaban enrrollando con intención siniestra desde el oeste, acompañadas por un hosco rugido amenazador. Estaban en la tienda de abastos de Friedheimer y decidieron permanecer ahí hasta que la tormenta pasára. Se sentaron dentro de la puerta en dos barriles vacíos. Bibi tenía la edad de cuatro años y se veía muy listo. “Mama ‘stará aterrada, si” sugería él con ojos parpadeántes. “Cerrará la casa. Talvéz tiene a Sylvie ayudándole ésta tarde,” Bobinôt respondió reafirmatívamente. “No; ella no tiene a Sylvie. Sylvie la’ yudo aier.” Excalmó con voz chillona Bibi. Bobinôt se levantó y llendo hacia el mostrador, compró una lata de camarones, a los cuales Calixta era muy afecta. Luego regresó a su perca en el barril y se sentó impasiblemente sosteniendo la lata de camarones mientras la tormenta estallába. Sacudió la tienda de comestibles de madera y parecía arrancar grandes surcos a la distancia. Bibi colocaba su pequeña mano en la rodilla de su padre y no tenía miedo.
II
     Calixta en casa, no sentía preocupación por ellos. Se sentó al lado de la ventana haciendo una costura furiósamente en la máquina de coser. Estaba en gran medida ocupada, y no notó que la tormenta se acercaba. Sin embargo, se sentía acalorada y a menudo se detenía para secar su cara en donde la traspiración se reunía en gotas. Se desajustó su sacque blanco en la garganta. Comenzó a obscurecer, y de repente, dandose cuenta de la situación, se levantó rápidamente y fué a cerrar las ventanas y puertas.
     Afuera de la pequeña galería frontal, había colgado las ropas dominicales de Bobinôt al aire y se apresuró a recogerlas antes de que cayera la lluvia. Al ir hacia afuera, Alcée Laballière cabalgó hacia adentro en el portón. Él no la había visto tan a menudo desde que se casó, y mucho menos sola. Ella se detuvo ahí con el abrigo de Bobinôt en sus manos, y las grandes gotas de luvia comenzaron a caer. Alcée cabalgó su caballo bajo el cobertizo de al lado donde las gallinas se habían acurrucado y donde había arados y gradas amontonadas en la esquina.
     “¿Puedo pasar y esperar en tu portón hasta que páse la tormenta , Calixta?”
    “Páse usted, señor Alcée.”
     La voz de él y la de ella misma la sorprendió, como si fuese el producto de un tránce, y ella agarró el chaleco de Bobinôt. Alcée montando hacia la entrada, tomó los pantalones y arrebató la chaqueta bordada de Bibi, la cual estaba a punto de ser arrojada por una ráfaga de viento. Él le expresó su intención de permanecer afuera, pero pronto fué evidente que él podía haber estado bien al aire libre; el agua golpeaba sobre los tablones en la canaleta, y él entró, cerrando la puerta a sus espaldas. Aún era necesario poner algo debajo de la puerta para mantener afuera el agua.
“¡Dios! ¡Que lluvia! ¡Es bueno que hace dos años que no llueve así!,” exclamó Calixta al enrrollar una pieza de ensacado y Alcée le ayudó a meterlo debajo de la grieta.
     Era un poco más completa de figura que hace cinco años, antes que se casára, pero no había perdido nada de su vivacidad. Sus ojos azules aún retenían su cualidad líquida; y su pelo amarillo, despeinado por el viento y la lluvia, se quebraba más tercamente que nunca, sobre sus orejas y siénes.
     La lluvia pegaba sobre el bajo techo atejado, con una fuerza y chacoteo que amenazaba con romper y entrar e inundarlos ahí. Estaban en el comedor (en la sala de estar) el lavadero general. Adjunto estaba su recámara, con el sofá blanco de Bibi junto al suyo. La puerta estaba abierta, y el cuarto con su blanca y monumental cama, sus persianas cerradas, parecía poco prometedor y misterioso.
     Alcée se lanzó a una mecedora y Calixta nerviosamente comenzó a recoger del piso los trazos de sabanas de algodón que había estado cociendo.   
    “¡Si esto nos mantiene, Dieu sait (Dios sabe) si los diques van a aguantarlo!”
     “¿Que tienes que ver con los diques?”
     “Tengo mucho que ver. ¿Acaso no esta Bobinôt con Bibi afuera en esa tormenta?”
     “Si tan solo supiera que no ha dejado  la tienda de Freidheimer”
     “Esperemos Calixta que Bobinôt tiene suficiente sentido como para venir de un ciclón.”
     Ella fué y se paró en la ventana, y con una mirada de gran disturbación miró a su cara. Limpió el panel que estaba empañado por la humedad. Estaba sofocádamente caliente. Alcée se levantó y se unió a ella en la ventana mirando sobre su hombro. La lluvia caía en capas obscureciendo la vista de las cabañas en la distancia y envolviendo el bosque distante en una niebla gris. El juego de los relámpagos era incesánte. Un rayo golpeó a un alto árbol de paraíso a la orilla del campo. Llenaba todo espacio visible con un deslumbramiento, y el choque parecía invadir los tablones sobre los que se levantaba.
     Calixta puso sus manos sobre sus ojos, y con un gríto se tambaleó. El brazo de Alcée la rodeó, y por un instante la atrájo hacia sí y espasmódicamente a él.
“¡Bonte!” (Cielos) ella exclamó, liberándose del brazo que la rodeaba y retirándose de la ventana, “La casa seguirá. Si sólo supiera ¿dónde esta Bibi?” No se serenaría. No se sentaría. Alcée le golpeó en los ojos y la miró a la cara. El contacto de su cálido y palpitante cuerpo, cuando él la había inconsiéntemente atraído a sus brazos, había despertado todo el enamoramiénto de antaño y deséo de su carne.
     Calixta, le dijo, "No tengas miedo. Nada puede pasar. La casa es demasiado baja para ser golpeada, con tantos árboles altos estando alrededor. ¿No te vas a estar quieta? ¿Di que no?" Empujó su pelo atrás de su cara que estaba caliente y evaporando. Sus labios estaban rojos y húmedos como las semillas de una granada. Su cuello blanco y una mirada completa de su firme vientre, lo disturbaron poderosamente. Al mirarle ella, el miedo de sus líquidos ojos azules  había dado lugar a un brillo adormecedor que inconsciéntemente traicionó un deseo sensual.
     Él miró abajo hacia sus ojos y no había nada más que hacer para él que juntar sus labios en un beso. Le recordó a él Asunción.
     “¿Te acuerdas de Asunción, Calixta?" le preguntó en una voz baja quebrada por la pasión. ¡Oh! Lo recordaba; porque en Asunción él la había besado, y besado, y besado; hasta que sus sentidos por poco no la salvarían de recurrir a una desesperada huída. Si no era una inmaculada paloma en esos días, aún era inviolable; una criatura apasionada cuya indefensión había sido su mayor defensa, contra un hombre cuyo honor le prohibría insistir. Ahora, si bien ahora, sus labios parecían en cierta manera libres para ser probados, así como su redonda y blanca garganta y sus pechos más blancos.
     No pusieron atención a sus estrellados torrentes, y el rugir de los elementos le hizo reír al yacer en sus brazos. Ella era una revelación en esa obscura y misteriosa cámara; tan blanca como el sofá en el cual yacía. Su carne firme y elástica que era sabedora por primera vez de su derecho de nacimiento, era como un lirio de color crema que el sol invita a contribuir con su aliento y el perfume de la vida eterna del mundo.    
     La generosa abundáncia de su pasión, sin astúcia o engáño, era como una llama blanca que penetraba y encontraba respuesta en la profundidad de su propia naturaleza sensual que nunca había sido alcanzada.  
     Cuando él tocó sus pechos, se dieron a sí mismos en extremeciénte éxtasis, invitando a sus labios. Su boca era una fuente de delicias. Y cuando él la poseyó, parecía que se iban a desmayar juntos en la misma frontera del misterio de la vida.
     Se quedó acolchonado sobre ella, sin aliento, aturdido, enervado, con su corazón latiendo como un martillo sobre ella. Con una mano, juntó su cabeza. Sus labios de ella tocaron ligeramente su frente. La otra mano acarició con calmado ritmo sus musculares hombros.
     El gruñído del trueno era distante e iba muriendo. La lluvia golpeaba suavemente sobre la teja, invitándoles al adormecimiento y al sueño. Pero no se atrevieron a ceder.
     La lluvia había pasado, y el sol estaba tornando el resplandeciente mundo verde en un palacio de gemas. Calixta en la galeria veía a Alcée cabalgar. Él volteó y le sorrió con un rostro radiante, y ella levantó su hermosa barbilla al aire y rió en voz alta. 

III.
     Bobinôt y Bibi, penosamente a casa, se detuvieron en la cisterna, para ponerse presentables.
“¡Mi Bibi! ¡Que va decir tu mamá! ¡Debería darte vergüenza! ¡No te debiste haber puesto esos pantalones! ¡Míralos! ¡Y ese lodo en tu cuello! ¿Cómo agarráste ese lodo en tu cuello, Bibi? ¡Nunca ví a un muchacho así!”Bibi era la imagen de la patética resignación. Bobinôt era la encarnación de la grave solicitud, al esforzárse por remover, de su propia persona y de su hijo, los signos de su marcha pesada sobre caminos pesados y através de campos mojados. Él raspó el lodo de la pierna y pie desnudos de Bibi con un palo y removió cuidadosamente toda huella de sus pesados zapatones. Luego preparado para lo peor (el encuentro con una sobre-escrupulosa áma de casa), entraron cautelosamente por la puerta de atrás.
     Calixta estaba preparando sopa. Había puesto la mesa y estaba goteando café en el hogar. Ella saltó cuando entraron.
     "¿Bibi? ¿No se mojó? ¿No se lastimó?" Ella lo había abrazado y lo besaba efusívamente. Las disculpas y explicaciones de Bobinôt, las cuales había preparado a lo largo de todo el camino, murieron en sus labios cuando Calixta los sentía para ver si estaban secos, y parecían expresar nada más que satisfacción a su sano regréso.
     “¡Te traje algunos camarones, Calixta!” le ofreció Bobinôt, agarrando la lata de su ámplio bolsillo y colocándola en la mesa.
“¡Camarones! ¡Oh Bobinôt! ¡Eres tan bueno por cualquier cosa!" Y ella le dió un beso en su mejilla que resonó. “I’vous résponds” (te dije) ¡Tendremos un festín esta noche! ¡Umm Umm!”
     Bobinôt y Bibi se comenzaron a relajar y a disfrutar ellos mismos, y cuando los tres se sentaron a la mesa, se riéron tanto y tan fuerte que todos los podían oir tan lejos como Laballière.
IV.

     Alcée Laballière le escribió a su esposa Clarissa esa noche. Era una carta de amor, llena de tiernas socilitudes. Le dijo no se preocupára en su regréso, y si lo deseaban se podían quedar ella y los niños en Bloxi un mes más. Se estaba haciendo el bueno; y aunque los extrañaba, estaba dispuesto a soportar la separación un poco más de tiempo, dandose cuenta de que la salud y bienestar de ellos, era lo primero que debería ser considerado.
V.

     Por su parte Clarissa, estaba encantada de recibir carta de su esposo. Ella y los niños lo estaban pasando bién. La vida social era agradable; muchos de sus viejos amigos y conocidos estaban en la bahía. Y el primer aire de libertad desde su matrimonio, parecía restaurar la agradable libertad de sus días de inocente soltería. Devóta como era a su esposo, su íntima vida conyugal era algo que ella estaba más que dispuesta a renunciar por un tiempo.
     Así, la tormenta pasó, y todo mundo estaba felíz.  
       
Traducción: José Escobar