Club de Pensadores Universales

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jueves, 4 de septiembre de 2014

El Libro del Buen Amor de Arcipreste de Hita

     Juan Ruiz nació en Alcalá de Henares, Madrid, en 1284 y se cree murió en 1351, conocido como el Arcipreste de Hita, fue el creador de una obra miscelánea (género literario didáctico), predominantemente narrativa en verso, que constituye una de las obras literarias más importantes de la literatura medieval española, el, Libro de Buen Amor.
Biografía
     Juan Ruiz fue clérigo, y ejerció de arcipreste en Hita, actual provincia de Guadalajara. Se conocen muy pocos datos de su biografía, apenas su nombre, y el de uno de los protagonistas de su libro, Ferrán García, en un documento de un cedulario que se conserva en la catedral de Toledo. Los aspectos pseudobiográficos de su obra, hicieron que algunos eruditos tratasen de deducir ciertos aspectos de la vida del autor. Nació probablemente en Alcalá de Henares, aunque Emilio Sáez, y José Trenchs, han postulado la jienense Alcalá la Real, hacia1283. Debió cursar estudios en Toledo, Hita, Alcalá de Henares, o alguna localidad de esta zona, y seguramente, fue encarcelado por orden del arzobispo de Toledo, Gil de Albornoz. Sin embargo, filólogos como Spitzer, M.R. Lida, y Battaglia, han cuestionado el rigor de muchos de estos supuestos. Igualmente, Juan Ruiz fue un gran aficionado a la música, como lo prueba su conocimiento de la materia, a través del léxico muy especializado que maneja. Escribió, que se conozca, una única obra, el, Libro de Buen Amor, quizá redactada en la cárcel. Se ha estimado que su muerte, ocurrió antes de 1351, pues en ese año, ya no era arcipreste de Hita, cargo que para dicha fecha, ocupaba un tal Pedro Fernández.
Controversia Sobre el Lugar de Nacimiento
     De un pasaje del, Libro de Buen Amor, se ha deducido que Juan Ruiz, nació en una localidad llamada Alcalá. Así lo recoge Ramón Gonzálvez Ruiz, en una sesión plenaria sobre el arcipreste, en 2002.
A lo largo de su libro, Juan Ruiz ha ido sembrando datos de su biografía personal. Él debió nacer en Alcalá, como sugiere el verso famoso, con que Trotaconventos, saluda a la mora de parte del Arcipreste: “Fija, mucho os saluda uno que es de Alcalá” (estrofa 1510a). Esta afirmación, es uno de los hechos que pueden ser aceptados como verídicos, porque encaja coherentemente con el resto de las noticias personales, que aparecen en el, Libro de Buen Amor, y en la sentencia arbitral [donde aparece su nombre como “uenerabilibus Johanne Roderici archipresbitero de Fita”]. No parece haber motivos fundados, para poner en duda este dato de su biografía.
Ramón Gonzálvez Ruiz, loc. cit., 2002.
     Gonzálvez Ruiz, tras analizar el recorrido biográfico del Arcipreste de Hita, que está relacionado con Talavera, Toledo, Alcalá de Henares, e Hita, afirma:
En virtud de su cargo, ha tenido que viajar a Toledo con frecuencia, tal vez más de una vez al año, y le son familiares esta ciudad, Talavera y, por descontado, Alcalá de Henares, la villa que mejor conoce, su lugar de nacimiento, y no alejada de Hita.
     Actualmente, dos ciudades se disputan ser la cuna de este escritor y clérigo castellano: Alcalá de Henares (Madrid), y Alcalá la Real (Jaén). Ambas esgrimen diferentes razones de peso, (y otras no tanto), para creerlas lugar de nacimiento del mismo. A menos que se descubra, algún tipo de fuente biográfica clara y concisa sobre esto, es difícil poner de acuerdo a ambas partes, bien afianzadas ya por sus defensores.
     La principal razón, por la que se considera a Juan Ruiz oriundo de Alcalá de Henares, es la cercanía geográfica con Hita (Guadalajara), lugar de donde fue Arcipreste, y por supuesto, cercano a los episodios más conocidos de su vida: la orden del Arzobispo de Toledo Gil de Albornoz, de, “fiscalizar la vida de los clérigos de Talavera” y su posterior encarcelamiento, en el convento de San Francisco de Guadalajara, arciprestazgo de Hita, etc.
     Por su parte, la hipótesis de Alcalá la Real, es minoritaria, y no acaba de ser demasiado clara. Parte de la hipótesis, de que Juan Ruiz, sería un personaje con nombre y apellidos: Juan Ruiz de Cisneros, hijo bastardo de Arias González, señor de Cisneros, que estuvo cautivo en dicha ciudad, de 1280 a 1305, fecha de nacimiento del escritor. A partir de ahí, examinando el, Libro del Buen Amor, los autores que postulan ésta hipótesis, señalan numerosos paralelismos con la vida de este Juan Ruiz de Cisneros. También, se realiza en ocasiones, un análisis de estilo del libro, en el que se hace énfasis en los rasgos que podrían provenir de la literatura musulmana, y andaluza. (Wikipedia)
     El,  Libro de Buen Amor, (1330 y 1343), también llamado, Libro del Arcipreste, o Libro de los Cantares, es una obra del mester de clerecía, del siglo XIV. Es una composición extensa y variada de 1728 estrofas, cuyo hilo conductor, lo constituye el relato de la autobiografía ficticia del autor, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. Está considerada una de las cumbres literarias españolas de cualquier tiempo, y no solo de la Edad Media.
     El libro contiene una colección heterogénea de diversos materiales, unidos en torno a una pretendida narración autobiográfica, de asuntos amorosos del propio autor, quien es representado en una parte del libro, por el episódico personaje de don Melón de la Huerta. En él, aparecen representadas a través de sus amantes, todas las capas de la sociedad bajomedieval española.
     En el transcurso del argumento principal, se intercalan fábulas, y apólogos, que constituyen una colección de exempla. Asimismo, se pueden hallar alegorías, moralidades, sermones, cantigas de ciegos, y de escolares, de tipo goliardesco. También, se recogen composiciones líricas profanas: serranillas, muchas veces paródicas, derivadas de las pastorelas, al lado de otras religiosas, como himnos, y gozos a la Virgen o a Cristo.
     Los materiales narrativos, están fundados en la parodia de las comedias elegíacas medievales, en latín, ámbito escolar pseudo-ovidianas, como, De Vetula, y Pamphilus, en las que el autor, es protagonista de aventuras amorosas, que alterna con poemas vinculados con ellas. La comedia elegíaca, Pamphilus, la cual llegó a ser atribuida a Ovidio, además, es citada en el, Libro de Buen Amor, como base del episodio de Don Melón, y Doña Endrina. Además de materiales derivados del, Ars Amandi, de Ovidio, también se parodia la liturgia de las horas canónicas (oraciones litúrgicas pertenecientes a esa parte del día), o de los cantares de gesta, (epopeyas medievales), así en el combate de don Carnal con doña Cuaresma. 
     Otros géneros que se pueden encontrar, en el, Libro de Buen Amor,  son los plantos, (elegías donde el poeta lamenta la muerte de un ser querido), como el hecho a la muerte de  la Trotaconventos, (Doña Urraca), personaje que constituye el precedente más claro de, La Celestina, o las sátiras, como las dirigidas contra las dueñas chicas, o el poder igualador del dinero. Las fábulas, son de la tradición medieval esópica, o manuales pedagógicos, como el, Facetus, que considera la educación amorosa, como parte del aprendizaje humano. Aunque se han propuesto fuentes árabes, la crítica actual se decanta por considerar que, El Libro de Buen Amor, desciende de la literatura latina medieval clerical.
Manuscritos
     Del, Libro de Buen Amor, existen tres manuscritos, cuyas divergencias hicieron pensar a Ramón Menéndez Pidal, que podían responder a dos redacciones distintas, hechas por el autor, en diversos momentos de su vida:
·         El llamado, “Manuscrito S,” por proceder de Salamanca; concretamente del Colegio Mayor de San Bartolomé. Estuvo un tiempo, en la, Real Biblioteca de Madrid, y ahora se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca. Por su letra, se considera que es de comienzos del siglo XV y es el más completo, ya que incorpora añadidos que no están en los otros dos. El colofón, está atribuido a Alonso de Paradinas.
·         El “Manuscrito G,” así denominado por pertenecer, en su tiempo, a Benito Martínez Gayoso. Hoy se encuentra en la Biblioteca de la Real Academia Española. El manuscrito está datado, a finales del siglo XV.
·         El “Manuscrito T,” llamado así, por haber pertenecido a la Catedral de Toledo. Hoy está custodiado en la Biblioteca Nacional de España. Se considera que está escrito a finales del siglo XIV.
Temática y Estructura
     El título con que hoy se conoce la obra, fue propuesto por Menéndez Pidal, en 1898, basándose en distintos pasajes del propio libro, especialmente, el de la cuaderna 933b, cuyo primer hemistiquio, reza, “'Buen Amor' dixe al libro.”
     En cuanto a la fecha de redacción, varía, según el manuscrito: en uno, el autor afirma que lo terminó en 1330, y en otro, en 1343, ésta última fecha, sería una revisión de la versión de 1330, en la que Juan Ruiz, añadió nuevas composiciones.
El libro se caracteriza por su variedad de:
1.   Contenido: ejemplos, narraciones amorosas, serranillas, elementos didácticos, composiciones líricas, etc.
2.   Métrica: además de la cuaderna vía, utiliza estrofas de dieciséis versos, estrofas zejelescas, etc.)
3.   Tono: serio, festivo, religioso, profano, etc.
Los materiales centrales de que consta ésta obra, son:
·         La introducción, donde el autor explica el sentido, e interpretación del libro. Consta de una plegaria, en, cuaderna vía (estrofa métrica española utilizada por el Mester de Clerecía) a Dios y a la Virgen, en que solicita su ayuda, un proemio en prosa, que adopta el género de sermón culto, (o divisio intra, pero escrito en castellano) que podría ser paródico, y otra oración, invocando de nuevo el favor divino para llevar a cabo el libro, para terminar con dos gozos líricos, a Santa María.
·         Una autobiografía ficticia del autor, que constituye el hilo conductor de toda la obra. En ella, se relatan sus amores con distintas mujeres, todas de diferente origen, y condición social: una monja, una mora, una dueña, que vio Arcipreste, estar orando, una panadera, una mujer de alta posición, varias serranas, etcétera, ayudado por una tercera, o alcahueta, llamada Urraca, más conocida como la Trotaconventos.
·         Una colección de enxiemplos (apólogos, fábulas y cuentos), que sirven como enseñanza moral, y cierre de los episodios.
·         La disputa entre el autor, y don Amor, (un personaje alegórico), donde el primero, acusa al Amor como responsable de los pecados capitales, y el segundo, da consideraciones de cómo ha de ser la mujer, y el galán.
·         La narración de los amores de don Melón, y doña Endrina, (adaptación de la comedia humanística medieval, Pamphilus).
·         El relato alegórico de la batalla entre don Carnal, y doña Cuaresma, en realidad, es una parodia de los cantares de gesta medievales.
·         Un comentario al, Ars Amandi (El Arte de Amar), del poeta latino, Ovidio.
·         Sátiras de tono y contenido goliardesco, como la parodia de las horas canónicas, la “Cantiga de los clérigos de Talavera,” el elogio misógino de las dueñas chicas, o la sátira “Contra la propiedad que el dinero ha.”
·         Una serie de composiciones líricas religiosas, casi siempre, marianas (Gozos de Santa María).
·         Un conjunto de diversas composiciones líricas profanas: el planto, a la muerte de Trotaconventos, cantigas de ciego, y para escolares.
Interpretación de la Obra
     La intención de la obra resulta ambigua, a causa de su gran heterogeneidad. En algunos casos, tiene el sentido de amor devoto, pero en otros, se refiere a la habilidad respecto al amor carnal.
     

     Menéndez Pelayo, fue el primero en señalar el carácter goliardesco de la obra, si bien, negó que hubiese ningún ataque contra los dogmas o insurrección contra la autoridad eclesial, como otros vieron después, actitud que es precisamente un rasgo distintivo de la poesía goliardesca.
     También ha sido muy discutido entre los especialistas el posible carácter didáctico del, Libro de Buen Amor. Mientras autores como, José Amador de los Ríos, Leo Spitzer, o María Rosa Lida de Malkiel, defienden el didactismo, como parte inseparable de la obra, otros, como, Américo Castro, o Sánchez Albornoz, lo niegan, y consideran que Juan Ruiz, fue más cínico que moralista, más hipócrita, que piadoso. Juan Luis Alborg, por su parte, hace una analogía con el uso que hizo Cervantes, de las novelas de caballerías, para verter su ironía, y su visión personal. Además, considera que, “el Arcipreste se instala dentro de las formas didácticas medievales, para disparar desde ellas, la ambigua variedad de sus intenciones, y su humorística visión de la realidad.” En general, hoy se tiende a considerar que es más bien un libro didáctico, con propósitos artísticos, que lo contrario.
     Su obra, refleja el multiculturalismo del Toledo de su época. Entre las varias mujeres, a las que intenta enamorar, hay una mora, que se jacta de su talento como músico, y que compone música para danzar andalusí, y una judía. El único caso, en que tiene relaciones carnales, se produce cuando le asalta la serrana, “La Cha.” Si bien, las serranas salvajes, eran personajes de un género literario muy tipificado. También, durante la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma, viaja a la aljama de Toledo, donde los carniceros y rabinos, lo invitan a pasar un, “buen día.” María Rosa Lida de Malkiel, ha querido ver la influencia del género, del, Libro del Buen Amor, de narrativa en prosa rimada, las maqāmat, género literario árabe de narración corta, cultivado por varios autores peninsulares, en árabe y hebreo, durante los siglos XII-XIV.
      El libro contiene, además, un pasaje, en que se presenta una protesta de tipo goliardesco, frente a la postura de Gil de Albornoz, que pretendía extender a su diócesis, la doctrina papal del celibato obligatorio. Esta chocaba con la tradición hispánica de la barraganía, o contrato de convivencia, de un sacerdote, con una mujer (concubinato), costumbre más asentada, en un territorio multicultural, como era la diócesis de Toledo, antaño fuente de la herejía del adopcionismo del arzobispo Elipando de Toledo, engendrada por la convivencia entre judíos, musulmanes, y cristianos. Así se expresa en la, “Cántiga de los Clérigos de Talavera” incluida en dicho libro, donde se protesta airadamente, contra las disposiciones del arzobispo contra la barraganía en la archidiócesis. Tal protesta, fue la que pudo acarrearle la prisión, por parte del arzobispo. Esta postura crítica hacia el alto clero, así como el restante contenido desenfadado y crítico de su libro, le emparenta con la literatura goliardesca.
Autoría y Datación
     El propio autor, revela su nombre, y su cargo eclesiástico, en distintos lugares de la obra: “Joan Roíz, Açipreste de Fita” (cuaderna 19b-c) y “Yo Johan Ruiz, el Sobredicho Açipreste de Hita” (c. 575a), pero no fue hasta 1984 que Francisco J. Hernández encontró una mención a un, “uenerabilibus Johanne Roderici archipresbitero de Fita,” prueba definitiva de la existencia real de Juan Ruiz, en combinación con el título eclesiástico, y en total coincidencia con la referencia que de sí mismo, da él, en los lugares citados del, Libro de Buen Amor. Por lo demás, nada se sabe de la biografía de Juan Ruiz, más allá de este testimonio documental.
     La fecha de composición de la obra, está extraída también de la información que proporcionan los códices. El Manuscrito G, transmite que el libro fue terminado en 1330. Sin embargo, en el Manuscrito S —que contiene material nuevo— aparece fechado en 1343. La crítica, mayoritariamente conviene en que Juan Ruiz, utilizó episodios compuestos previamente para hilvanar su libro, y que su primera versión, sería de 1330. Posteriormente, el Arcipreste añadiría más poemas (sobre todo líricos) para configurar el, Libro de Buen Amor, tal y como se edita en la actualidad.
Fuentes
     El principal influjo que revela el, Libro de Buen Amor, es el de la tradición literaria eclesiástica de su tiempo, pues Juan Ruiz, tenía una formación retórica exigida por su cargo religioso, adquirida probablemente en alguna escuela catedralicia de la región de la cuenca del Henares, quizá la de Alcalá. La mayor parte de sus materiales, se relacionan con la estructura del sermón popular, (o divisio extra), en la que un tema moral, era expuesto con el complemento de exempla. Además, aparecen en el libro, un tratado de la confesión, catecismos y oraciones, e himnos devotos.
     Por otro lado, el tema fundamental del amor, está basado en la literatura pseudo-ovidiana medieval, que, en forma de comedias elegíacas, o tratados derivados del, Ars Amandi, y los Remedia Amoris, circulaban por toda Europa. También, hay huellas de los conceptos del amor cortés provenzal, y de la literatura goliardesca.
De este modo, las más importantes fuentes del, Libro de Buen Amor, pertenecen al ámbito de la literatura europea occidental. Así, aunque algún exemplum provenga de la cuentística árabe, estos habían sido casi en su totalidad, traducidos al latín, o a las lenguas romances peninsulares, en el siglo XIII.
     Américo Castro, defendió la vinculación del libro con la literatura árabe, viéndolo como una fusión mudéjar, por la variedad métrica, la frecuente alternancia de ficción y realidad y, sobre todo, por la presencia del hilo conductor, como una autobiografía amorosa, aspecto que éste crítico, relacionaba con, El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm. Sin embargo, ninguno de estos rasgos, está ausente de la literatura europea, y la autobiografía de tipo erótico, es característica de la materia ovidiana medieval. Por otro lado, es muy improbable que Juan Ruiz, leyera el árabe clásico, y, aunque aparecen términos léxicos moriscos, estos se deben al árabe coloquial de las comunidades mudéjares, abundantes en Hita, y en otros lugares de sus alrededores.
     María Rosa Lida de Malkiel, relaciona la autobiografía, con el género hebreo de las maqāmat, más concretamente con el, Libro de las Delicias, de Yosef ben Meir ibn Sabarra (n. hacia 1140), pero se pueden aducir las mismas objeciones, que se tienen para la literatura árabe: el desconocimiento del hebreo por parte del arcipreste, y que el mismo rasgo puede ser explicado, a partir de obras cristianas.
     Gybbon-Monypenny, en la introducción a su edición del, Libro de Buen Amor, de 1984, relaciona la autobiografía ficticia, con el romance francés versificado, en especial, con el,Voir-Dit de Guillaume de Machaut, con los que establece cierta analogía: un poema narrativo, que incluye canciones líricas. Ya a fines del siglo XIII, en el, Roman du Châtelain de Coucy et de la Dame de Fayel, se encuentra un protagonista poeta enamorado que, con ocasión de sus aventuras eróticas, incluye poemas líricos provenientes de los cancioneros. Otros poetas, como Nicole de Margival, en su, Dit de la Panthère, dialoga con los dioses del amor, y utiliza, para autorizar sus sentimientos, poemas propios, y de Adam de la Halle. Incluso, cabe citar una autobiografía amorosa ficticia con canciones líricas intercaladas austríaca, Frauendienst (1255), del minnesänger Ulrich von Liechtenstein.
     Entre las fuentes concretas de episodios independientes, cabe citar, además de la cuentística de origen oriental, introducida por los árabes en la Península, en colecciones como el, Calila e Dimna, o el Sendebar, a Pedro Alfonso, judeoconverso oscense, y a Esopo, al que remiten algunos de los, exempla, del, Libro del Buen Amor, como el de la, “Disputa del Pleito que el Lobo y la Raposa Tuvieron Ante Don Gimio [Simio], Alcalde de Buxía.” Por otro lado, aparecen citas y ecos de los Salmos, las Horas Canónicas, manuscrito iluminado de la Edad Media, el Libro de Job, así como el, Apocalipsis, además de San Gregorio Magno, las Decretales de Clemente V o el Decreto de Graciano, probablemente a partir de manuales propios de su formación clerical de Juan Ruiz.
     La crítica concuerda mayoritariamente en que el, Libro de Buen Amor, constituye la parodia de las comedias elegíacas, De Vetula y Pamphilus, en las que el autor, es a su vez protagonista de una historia, en la que las aventuras amorosas se alternan, con la inclusión de poesías relacionadas con los episodios que se representan. Además, el, Pamphilus, es una fuente reconocida, en el propio texto del, Libro de Buen Amor. El mismo autor, reconoce que el episodio de Don Melón, y Doña Endrina, reelabora ésta comedia, latina pseudo-ovidiana, Pamphilus. Al mismo Ovidio, se le atribuyó el. De vetula, y aparece, por tanto, como protagonista de las aventuras eróticas de ésta obra. No está de más señalar, que los sacerdotes de la Edad Media, predicaban sus sermones en primera persona, técnica con gran capacidad de atracción, para un público que se requería adoctrinar. La declarada intención didáctica, de Juan Ruiz, pese a las continuas ironías y ambigüedades de interpretación, estaría en correspondencia, con el sermón medieval popular en primera persona.
Poesía Lirica
     El, Libro del Buen Amor contiene, además del contenido central narrativo, escrito en tetrástrofo monorrimo (cuaderna vía), una considerable cantidad de poemas en versos, de arte menor, de métrica tradicional, y contenido lírico, lo que convierte al, Libro de Buen Amor, en el primer repertorio escrito de lírica, en lengua castellana, en una época, (primera mitad del siglo XIV), en la que la mayor parte de este género poético, en Castilla, se escribía en gallego-portugués.
     Ya en el sermón culto en prosa, con que se inicia la obra, Juan Ruiz declara que uno de sus fines al escribir esta obra, era:
[...] dar a algunos leçión e muestra de metrificar e rrimar e de trobar.
Libro de Buen Amor, ed. de Gybbon-Monypenny, 1984, págs. 110-111.
     Efectivamente, el, Libro del Buen Amor, hace gala de la variedad lírica de géneros, y formas de la lírica castellana de la época, e incluye desde lírica religiosa: himnos, gozos, oraciones, hasta canciones zejelescas (forma poética mozárabe andaluza) de carácter goliardesco, además de que en las serranas del arcipreste, hay ecos de la pastorela provenzal.
     Destaca por su carácter jocoso, la, troba cazurra, (cazurros eran juglares de la más marginal condición social), que inserta en el episodio del joven Ferrand García, que pretende a una panadera llamada Cruz. Escrita como un zéjel, y con importantes huellas mudéjares, todo el poemita es un juego de equívocos, donde la disemia se establece entre los significados de la imaginería católica, y los equívocos sexuales:
Cruz cruzada panadera
tomé por entendedera
tomé senda por carrera
como andaluz.

Cuidando que la habría,
díxielo a Ferrand Garçía
que troxiese la pletesía
e fuese pleités e duz.

Díxome que l' plazía de grado
e fizo se de la cruz privado;
a mí dio rumiar salvado,
él comió el pan más duz.
Libro de Buen Amor, est. 116-118.     
     Pero la mayor parte de los poemas líricos del libro, se dedican a la devoción religiosa, en su mayor parte, de temática mariana, aunque también hay otras, a la crucifixión de Cristo. Es significativa la presencia de gozos a la Virgen, un género que consistía en un conjunto de reflexiones, de carácter lírico, acerca de los principales acontecimientos de la vida de María, desde la Anunciación, a la Asunción. Los gozos relataban inicialmente cinco episodios, que posteriormente la poesía latina franciscana, aumenta a siete. Sin embargo, el número de pasajes fue incrementándose, y se conservan en el manuscrito del, Libro de Miseria de Omne (El Libro de la Miseria del Hombre), un tratado que aborda el tópico del comptentu mundi, unos gozos de fines del siglo XIV, de doce pasos, pero, a diferencia de los del Arcipreste de Hita, están escritos en estrofa de cuaderna vía.
     Por otro lado, no hay ningún ejemplo, salvo la lírica de Juan Ruiz, de poesía religiosa en castellano, escrita con estructura de estribillo, hasta el siglo XV, y es altamente probable que fuera el primero en componer, este tipo de metros, en lengua vernácula. Cobraría así mayor sentido, la intención declarada en su prólogo en prosa de, “dar [...] leçión e muestra de metrificar e rrimar e de trovar.”
Estilo
     Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, se considera a sí mismo, como el primer poeta que versifica en todos los géneros existentes en castellano. Su libro refleja una cultura propia de los clérigos, usa un lenguaje rico, creativo, de variados registros (desde el popular y coloquial, hasta el de la oratoria eclesiástica), de extenso léxico, que incluye términos en árabe andalusí de su época.
     Gusta de acumular sinónimos parciales, y de ampliar los conceptos, recursos que se relacionan con las técnicas del sermón.
     Al final de su libro, declara que cualquiera podrá añadir o corregirlo, con la única condición, de que supiera hacerlo bien, actitud abierta, que se enfrenta a la de otros escritores contemporáneos, que pretendían fijar su texto, como por ejemplo, Don Juan Manuel.
     Por otra parte, su obra demuestra un profundo conocimiento de las pasiones humanas, y se caracteriza, por un portentoso balance entre la delicadeza, y la desvergüenza, logrado por medio de una inteligencia muy fina, ambigua, e irónica, pese a lo cual, la obra posee brío y audacia. Por otra parte, ofrece una panorámica social muy completa, de los comienzos del siglo XIV, que refleja las tensiones sociales, entre la naciente burguesía, y los estamentos privilegiados (clero y nobleza) de la sociedad, como en la sátira, “De la propiedad que el dinero ha,” donde es perceptible el papel del dinero, como destructor del rígido orden estamental.
Lengua
     El texto presenta las características típicas del español medieval tardío. El texto presenta vacilaciones, por ejemplo, entre la forma de diminutivo -illo frente a -iello, o alternancias verbales, como fazía~fazié. También, las formas, muy~mucho alternan frente al adjetivo (cuando en español moderno, aparece sistemáticamente la primera, muy grande, muy malo, aunque si el adjetivo está en grado comparatitvo, mucho mayor, mucho peor). También se observa la pérdida incipiente del artículo, frente al posesivo: si bien, en el español medieval más antiguo, la forma común era como en, la mi muger 'mi mujer', en el, Libro del Buen Amor, alternan la forma más antigua, con la forma moderna, la mi~mi o la su~su.
     También, existen multitud de palabras que muestran diferencias fonéticas, respecto al español moderno:
·         Si bien predomina la presencia de /f-/ inicial, aparecen unas cuantas /h-/ (como las del español moderno).
·         Existen ciertas diferencias, en la primera vocal del pretérito simple, fezo, veno junto a formas cercanas a las modernas, fizo, vino 'hizo, vino.'
         Tras consonante coronal /d, n, l, ll, r, z/ es frecuente el apócope de /-e/ como en, pid, vien, val, quier, faz frente a las formas modernas, pìde, viene, vale, quiere, hace [en español moderno, se conservan unos pocos apócopes, (perdida o desaparición de uno o varios fonemas el final de la palabra), tras coronal buen, gran, derivados de, bueno, grande].
     Algunos de los manuscritos, muestran un buen número de leonesismos, aunque estos podrían ser más bien, obra de los copistas posteriores, y no del propio autor del texto. Entre estos, están, selmana, en lugar de semana, vilda, en lugar de viuda, -m final como en, tam, arpom, guardam 'tan, arpón, guardan o vacilaciones en la vocal pretónica liçión, loxuria, canistillo 'lección, lujuria, canastillo'.
Influencia
     La existencia de tres manuscritos, es indicio de que la obra fue conocida, y leída durante la Edad Media, al menos, hasta la invención de la imprenta. Se conserva, incluso, una versión muy fragmentaria del siglo XIV, en portugués. Pudo servir el, Libro de Buen Amor, de repertorio de poemas de juglares, a juzgar por otros fragmentos hallados, al término de un códice que contiene una crónica, y termina con un conjunto de materiales misceláneos. Pasajes de ésta obra, pudieron, por tanto, transmitirse oralmente.
     Se ha señalado la posible influencia del libro de, Juan Ruiz, en la obra de Chaucer; asimismo, citan el libro del arcipreste, en el siglo XV, el, Arcipreste de Talavera, y el Marqués de Santillana. Sin embargo, a partir del siglo XVI, las huellas del libro en la literatura posterior, se reducen notablemente. La recepción del, Libro de Buen Amor, ha sido estudiada por Alan D. Deyermond, en su artículo, “La Difusión y Recepción del Libro de Buen Amor desde Juan Ruiz hasta Tomás Antonio Sánchez: Cronología Provisional.” (Wikipedia)
El Buen Amor
de Arcipreste de Hita
     Alcalá de Henares, año 1360. Aristóteles, el gran sabio, decía que los hombres, solo trabajan por dos cosas: Por la manutención, y por la búsqueda de una pareja. Y la naturaleza comprueba lo dicho, pues aves, alimañas, y toda bestia de cueva, dedican su vida a esas dos labores. Pero, el ser que más lucha por esas dos causas, es el hombre. ¡Y es también el hombre, el que más lucha por ellas! ¿Cuántas veces habré estado enamorado? Tal vez muchas, o tal vez ninguna. Hace tiempo, la hermosa Leonor me tuvo preso entre sus redes. Cada vez que me encontraba con ella, me regalaba la mejor de sus sonrisas. Yo le decía al verla, “¡Dios la guarde, linda Leonor!” 
     Animado, por el reciente encuentro con mi pretendida, mandé llamar a doña Urraca, quien era una buena mensajera, que a menudo me hacia diversos servicios. Yo le decía a ella, “Necesito que doña Leonor, me reciba en casa.” Ella me dijo, “Se bien que esa dama, no gusta de recibir caballeros, pues cuida celosamente su honra.” Yo le dije, “Lo sé muy bien. Ella es una mujer colmada de dones, tranquila, y de buenas costumbres, de modo tal, que no puede compararse, ni con la mas valiosa moneda.” Ella me dijo, “Le aconsejo que escriba una carta, en la que deberá exaltar sus virtudes. Yo me encargaré del resto, señor.” Yo le dije, “¡Tienes razón, mujer! Aguarda un poco, y te daré esa misiva” Luego de vencer pequeños obstáculos, mi mensajera logró llegar ante mi dueña, quien le dijo, “¿Dices que esto lo manda Juan Ruiz?” 
     Mi mensajera le dijo, “Así es, mi señora. Lo escribió con puño y letra. Poco faltó para que lo escribiera, con tinta de su sangre, pues muere de amor por usted.” Leonor leyó la carta en su mente: “Maravilla igual no han visto mis ojos.” Enseguida Leonor dijo, “Todo lo que dice éste papel, es una sarta de promesas, que el que las escribió, jamás cumplirá.” Doña Urraca dijo, “Señora, don Juan Ruiz es un caballero, que cuanto dice, hace.” Leonor dijo, “Cuando el hombre quiere casarse, con una mujer honrada, promete muchos regalos, pero una vez que la obtiene, de cuanto prometió, se olvida inmediatamente. Además, he sabido que Don Juan, se alaba de tenerme conquistada, cuando solo hemos cruzado unas dos palabras, y una que otra sonrisa de cortesía.” Doña Urraca, mi mensajera dijo, “¡Eso no es verdad!” Leonor dijo, “¡Calla charlatana! He visto como han terminado otras muchas, que creyeron en lo que tu les dijiste, de los caballeros que las pretendieron, y de ellas he aprendido. A esas mujeres, tus amos les prometieron trigo, y solo les dieron tamo…” Doña Urraca le dijo, “Pe-pero yo n-no le he me-mentido…Don Juan Ruiz le áma señora…” Leonor dijo, “¡Vete!¡Dile a ese hombre, que no me quiera, pues yo no lo quiero, ni lo querré jamás! ¡Anda, ve a darle mi respuesta!” Doña Urraca le dijo, “¡M-me voy…ya me voy…!” A partir de entonces, no volví a ver a la hermosa doña Leonor. 
      Montado en mi caballo, pensaba, “Entre más la búsco, más se me esconde. ¡Ah, cuánto lastíma mi corazón, con su esquiva actitud! ¡Querer donde no me quieren, es una tontería! Ella no me permitió defenderme, de la acusación que hizo de mi…yo jamás me he vanagloriado de ninguna mujer, pues eso es cosa de villano. Estoy cierto, de que si Dios no hubiera hecho a la mujer, con el fin de haber feliz al hombre, no se la habría dado por compañera, ni la habría sacado de su costilla. Si el hombre no quisiera bien a la mujer, el amor no tendría tantos prisioneros, como tiene. El amor, me ha hecho portarme como un tonto, y como un necio. Mi mejor amigo, me traicionó cuando le pedí su ayuda…”
     Después de sufrir buen tiempo por Leonora, puse los ojos en una mujer de mala fama, que era linda y pícara; tenía el oficio de panadera. Cansado de tratar con doña Urraca, pedí a mi buen amigo, Fernando García, que me ayudara a conseguir a tan llamativa moza, quien me dijo, “Así que quieres que inície el trato con la panadera, te guíe y te haga tercero.” Yo le dije, “Sí, me interesa mucho esa cruz.” Cruz se llamaba la mujer, y Fernando se hizo gran amigo de ella…y le dijo, “Si me acompañas, te daré la carga de trigo, que tengo en casa de un amigo.” Ella dijo, “No sé qué decirle, don Fernando.” Solo que antes de que ambos, fueran a mi casa por el trigo, ambos se darían un banquete en casa de don Fernando. Al terminar de comer, ella dijo, “De buena gana, me comería los huesos de éste conejo, Ja, Ja, Ja.”  
     Fernando dijo, “¡Y yo me comería tus labios!” Finalmente, lo que sucedió en otras palabras, fue que a mí, me tocó probar la harina, y a mi amigo, comer pan dulce. Mientras él la besaba, le decía, “Eres un monumento, Crucita.” Nunca antes, ni después, hallé en toda España, quien me jugára tan mala partida burlesca. Rompí una ventana, diciendo, “¡Escarnio es todo lo que obtuve!¡Maldita sea, no volveré a confiar mis amores, a ningún amigo!” No quise saber más de esos dos, y el tiempo que duró esa aventura, lo ignóro también. Solo el amor de Dios, es verdad, lo demás, es vano y fatuo.
     Llegué a mi casa, y le dije a mi ayudante, “¡Lleva el caballo al establo!” Él me dijo, “Sí, señor. Dentro lo espera don Pedro Páez…” Poco después, al entrar a mi casa, dije, “¡Pedro, viejo amigo…dichosos los ojos que te pueden ver!” Pedro me dijo, “Estoy de paso por Alcalá, y decidí venir a visitarte.” Le dí un abrazo, y le dije, “¿Y continúas en tus pronósticos, basados en la astrología?” Pedro dijo, “Sí, y con todo y los riesgos, que estos estudios acarrean.” Yo le dije, “Siéntate, debes tener sed, pues hace un calor bochornoso.” Pedro dijo, “Gracias, te agradeceré me regales una gran copa de vino.” Al punto, apareció un mozo, quien dijo, “Dígame, señor…” Le dije, “Trae del mejor vino que hay en la casa.” Pedro me dijo, “Y tú, joven amigo, ¿A qué dedicas tus ocios?” Le dije, “A escribir sobre el amor.” Pedro dijo, “Eso se escucha muy interesante…” Enseguida dije, “¡Ha llegado ya el refrescante vino! ¿Es verdad lo que han dicho los antiguos astrólogos, sobre el destino del hombre?” 
     Pedro dijo, “Muchos maestros, como Platón y Tolomeo, están de acuerdo en que el hombre, queda sentenciado, según el signo que le corresponde al nacer.” Me levanté a servirle vino, y le dije, “Entonces, si alguien se esfuerza en la carrera de las armas, o elige la vida eclesiástica, si su signo, destino, o suerte, no corresponde a ninguna…¿En qué terminará? Aprenderá lo que su Hado le deparó, desde su primer día en la tierra. ¡No lo dudes!” Pedro dijo, “Y para que sepas el curso de tales signos, te contaré el juicio de cinco astrólogos, que predijeron el destino de un príncipe.”
     “Hace tiempo, existió un rey moro, llamado Alcaraz, el cual, tuvo un hijo muy hermoso. Al tenerlo en sus brazos, dijo, ‘¡Serás un audaz guerrero, y un gran rey!’El rey moro, mandó llamar a sus sabios, para que le dijeran el horóscopo, del hijo que acababa de llegar al mundo. Uno de los guardias, dijo, ‘El rey los espera, en la sala contigua a la habitación de la reina.’ Los cinco hombres, que habían llegado a palacio, poseían enorme sabiduría, en cuanto a la lectura de las estrellas. El rey les dijo, ‘Pronto, necesito saber cuál será el sino de mi hijo primogénito.’ Cuando se enteraron de la hora en que el pequeño había nacido, los astrólogos comenzaron a hablar. Uno de los adivinos dijo, ‘¡Cuando éste niño llégue, a ser joven, morirá apedreado!’ Otro dijo, ‘Las estrellas indican que éste niño, será quemado! ’El rey exclamó, ‘¡Oh!’ Enseguida, el rey preguntó a otro, ‘¿Qué es lo que ha visto usted?’ El hombre dijo, ‘¡El pequeño será despeñado, cuando llégue a la juventud!’ El rey dijo, ‘¡Todo eso que han dicho, no puede ser verdad!’ Y dirigiéndose a otro, dijo, ‘¡Háble pronto, dígame! ¿Cuál será el destino de mi hijito?’ El otro astrólogo dijo, bajando la mirada, ‘¡El infante será colgado, y no podrá ser coronado jamás!’ Aterrado, el rey Alcaraz escuchó la predicción del último astrólogo, ‘El niño morirá ahogado…’ El rey dijo, ‘¡Nooo!¡Largo de aquiii!’ El rey pasó del miedo, a la ira, y…dijo, ‘¡Guardias, a mi!’ Mientras, el niño en sus brazos lloraba. Cuando los guardias llegaron, el rey dió la orden, ‘¡Detengan a esos malditos, y enciérrenlos en calabozos separados!’ Uno de los guardias, dijo, ‘¡Enseguida majestad!’ Los cinco sabios, quedaron desde entonces, presos en lugares separados, al juzgar el rey que sus pronósticos, estaban totalmente equivocados.”
     “El tiempo pasó, y los astrólogos continuaron en su encierro. El rey había olvidado ya las predicciones, y se sentía orgulloso de su hijo, quien ya era un adolescente. Un día, mientras ambos, padre e hijo, daban un paseo juntos, su hijo le dijo, ‘Padre, deseo ir al monte de la caza del venado.’ El rey le dijo, ‘En cuanto haya un día claro, iremos hasta allá.’  Así lo hicieron, el rey y el príncipe, el día señalado. Una vez en el bosque, el príncipe y su ayo, se alejaron del resto de la partida de cazadores, al ir tras un venado. El verlo de frente en su caballo, el príncipe dijo, ‘¡Caerás atravesado por mi lanza!’ De improviso, el cielo se cubrió de negras nubes, y los relámpagos cruzaban pavorosamente el espacio. No tardó en caer sobre el campo, una fuerte lluvia, que hizo que los cazadores, perdieran su presa. El ayo dijo, ‘Señor, será mejor que busquemos donde guarecernos.’ La lluvia se transformó en granizo, que caía sobre el príncipe, como un aluvión de piedras. 
     El príncipe dijo, ‘¡Lo mejor será que nos reunamos con mi padre!’ El ayo dijo, ‘¡Dios quiera que no perdamos el rumbo, señor!’ Los dos hombres, cabalgaban por la orilla de un barranco, en cuyo fondo, corría un caudaloso río, sin lograr llegar al punto de donde habían partido. El ayo gritó, ‘¡Señor, es peligroso cabalgar cerca de éste precipicio!’ Cuando más fuerte caía la tormenta, un rayo cayó sobre el príncipe. El fuerte impacto, quemó y despeñó al joven. El joven príncipe quedó colgado, de una rama saliente del barranco. Cuando el rey y sus hombre llegaron, hasta el sitio de la tragedia, el rey dijo, ‘¿Dónde está mi hijo? ¡Habla pronto!’ El ayo dijo, señalando, ‘A…ahí.’ El rey se llevó las manos a la cabeza, y dijo, ‘¡Hijo mío!’ Uno de los ayudantes dijo, ‘¡Pronto, debemos bajar a rescatarlo!’ Pero cuando se disponían a socorrerlo, el príncipe cayó en el rio. El rey gritó desde arriba, ‘¡Nooo!’ El cuerpo se hundió en aquellas caudalosas aguas, quedando así, cumplidos los cinco pronósticos de los sabios naturalistas. El rey gritó, ‘¡He perdido a mi único hijooo!’”
     “Poco después, de la desafortunada muerte del heredero del rey Alcaraz, éste mando poner en libertad a los astrólogos. Uno de los guardias, dijo a uno de los astrólogos, ‘El monarca le aguarda en el palacio…’ El astrologo dijo, ‘¿Acaso nos degollarán en su presencia?’ El rey obsequió regalos a los cinco estrelleros, y les ordenó continuar ejerciendo su astrología, con honestidad.”
     Después de terminar su relato, le dije, “Yo creo que los astrólogos dicen la verdad, que ven en la naturaleza, pero Dios la creó, y ésta puede cambiar sus accidentes.” Pedro dijo, “Creer en la naturaleza, no es malo, pero es mejor creer en Dios, con firme esperanza.” Yo le dije, “Cuando Dios creó el cielo, puso en él estrellas y planetas, otorgándoles, tal vez, ciertos poderes, pero es mayor el poder que él detuvo y que no les dio a los astros.”  Yo le dije, “Yo no sé de astrología, ni conozco el astrolabio, pero todo lo puede cambiar el hombre…ya sea para bien, o para mal.” Pedro dijo, “Eso también digo yo, Juan Ruiz.” Yo le dije, “Estoy cierto que los hombres nacemos en Venus, ya que la mayor parte de nuestra vida, nos la pasamos amando mujeres.” Pedro dijo, “¡Ja, Ja! Tienes razón amigo.” Yo le dije, “El amor hace sutil al rudo, al cobarde, lo hace atrevido, lo negro, lo convierte en blanco, y hace bello, al más feo.” Pedro rió, “¡Ja, Ja, Ja!” Yo le dije, “Sin embargo, no todo es hermoso, en el amor, pues éste miente la mayoría de las veces.” Pedro dijo, “¿Acaso te ha tratado mal?” Le dije, “Te contaré lo que me acaeció, con una dueña de buen linaje y nobleza…”
     “Para allegarla a mi corazón, le enviaba casi a diario sortijas, paños, cintas, y muchos obsequios mas. Mientras ella recibía mis regalos, ella pensaba, viendo los regalos, ‘Don Juan Ruiz es un caballero muy esplendido.’ Mas no corrían la misma suerte los numerosos poemas, que le escribía, con gran pasión.’ Ella tomaba los sobres de mis cartas, y pensaba, ‘En cuanto a ésta basura, pediré a mi aya, que la quéme en cuanto pueda.’ Cuando mi emisaria le requirió, una cita conmigo, ella contestó, ‘¡Vaya, apenas los hombres dan un poco, quieren tomar gran riqueza! Ve con el hombre, y dile que lo que me dio, no se lo devolveré, y que no tengo tan poco seso, como para aceptarlo como mi dueño.’ El aya pensó, ‘Ahora si, mi ámo perdió, cuanto creyó ganado.’ Mi servidora trató de consolarme, diciéndome, ‘Mi señor, por lo perdido, no vale la pena estar pensativo. Por lo menos, ha aprendido que no debe creer que alguien le acepta, porque recibe sus regalos, ya que una cosa piensa el caballo, y otra el que lo ensilla.’”
     Pedro me dijo, “¡Ja, Ja! Buena lección aprendiste, a través de esas dos mujeres.” Yo le dije, “Tal parece que mi signo, es de mala índole para el amor, pues nunca he logrado obtener el amor de las mujeres que he amado. Eso me ha hecho injuriar mil veces, en contra del amor. Conmigo ha sido falso, y me ha herido tantas veces, por eso es que contra sus lances, no hay emplastos medicinales, ni bebistrajos que remedien el daño.” Pedro dijo, “¡De cómo enflaquece, y daña a la gente, hay muchos libros escritos!” Yo le dije, “Lo sé, pero yo he querido escribir sobre él, sin rencor, aunque, es difícil cuando él me ha dado tan mal trato.” Pedro me dijo, “¡Ah, amigo…! Quien no lo conoce, clama por conocerlo, y quien de él ha sabido, quisiera no haberlo hecho, como en tu caso.” Yo le dije, “Pero por algo Dios lo creó, y lo mandó a habitar, en este mundo.” Pedro dijo, “Por desgracia, debo despedirme ya, buen amigo. Debo retornar a mi terruño, ésta misma noche.” Yo le dije, “Vuelve pronto por aquí. Mi techo estará siempre a tu disposición.” Pedro me abrazó, y me dijo, “No busques a Don Amor. Éste llegará hasta ti, cuando menos lo esperes.” Yo le dije, “La próxima ocasión en que nos reunamos, te pediré que leas en el cielo, cual es mi destino en ésta vida.”
     El tiempo siguió su curso. Un día, me levanté, y dije, “Ahh, un nuevo día que Dios nos da!” Me senté en la cama, y dije, “He dejado de escribir por semanas, y hoy me siento inspirado para hacerlo.” Enseguida, el sirviente llegó, y me dijo, “¡Buenos días, mi señor!” Yo le dije, “Deja eso sobre la cómoda, y ve que el lugar donde escribo, esté limpio de polvo.” El sirviente dijo, “La mesita está en orden, y solo falta que colóque nuevas ceras en el candelabro.” Yo le dije, “Bien, lleva, además, suficiente tinta.” 
     Más tarde, sentado en mi escritorio, pensaba, “¡Ah, Don Amor, eres alevoso y traidor! Con la codicia, engañas a los hombres…” Seguí escribiendo, “Por amor, muchos hombres prometen, y por cumplir lo que ofrecen, codician lo peor. Por codicia, hiciste destruir Troya, ante la pasión que Helena despertó en Paris. La soberbia también es tu aliada, y con ella, haces que se cometan actos malos! A muchas, has perdido por tu soberbia: Ángeles como Lucifer, que por soberbio cayó de su sitio celestial. La mayor parte de las batallas, y peleas, que se han dado, las has provocado, amor, por tu soberbia. El hombre que es soberano, no teme a Dios, ni mira lo que es justo, pero morirá primero, perdido en su orgullo. La avaricia es también tu compañera…tomar, te alegra, dar, no lo acostumbras. 
     El rico avariento, por negarle al pobre Lázaro, un pedazo de pan, se perdió en el infierno. ¿Qué harás, el día del juicio, cuando Dios te pida cuentas de tus acciones? Donde quiera que tu estas, Don Amor, está la lujuria. Por la lujuria, Sodoma y Gomorra fueron quemadas y destruidas. ¿Quién podría decir, a cuantos mata la lujuria? El que hace caso de ese mal fuego que despiertas, el Diablo se lo llevara consigo, si no reflexiona. Cuando la envidia aparece junto a ti, Don Amor…los celos brotan, y vuelves triste al hombre…En cuanto los celos arraigan en el que áma, lo ahogas con sospechas, y corajes, hasta que el hombre dice, ‘¡No puedo más, con esta incertidumbre!’ 
     Por envidia, Caín mató a su hermano Abel, y por eso, yace en el infierno. Por envidia, fue traicionado Jesús, de forma que Jesús dijo, cuando llevaba la cruz, ‘No lloren por mí, hijas de Jerusalén…lloren por ustedes…” Todos los días, por codicia lucha el hombre, y encuentra, tarde o temprano, el justo castigo a sus traiciones. La gula, es también tu compañera, señor amor…y ella, fue quien perdió a nuestro padre Adán, al comer el fruto prohibido, de forma que Eva dijo, ‘pruébala…sin duda está deliciosa…’ Ira y vanagloria, también te acompañan, ambas dominaron al poderoso señor de Babilonia, el rey Nabucodonosor, que no amaba ni temía a Dios. Dalila fingió a Sansón, y cortó sus cabellos, en los que residía su gran fuerza, mientras pensaba al hacerlo, ‘¡Que fácil resultó vencerte!’ Con gran ira, tan portentoso héroe, derrumbaría el templo de los filisteos, diciendo, ‘¡Muera yo con todos los filisteos!’”
      Acomodé las hojas que había escrito, y pensé, “¡Estoy muy contento de no deberte nada, y mucho más te diría, si no me sintiera tan cansado! ¡No debes hablar mal del amor, ni en broma, ni en verdad! Si no has sido aceptado por ninguna de las mujeres que pretendiste, fue porque a ellas no les convenía tu amor…” En ese momento, un mensajero celestial se me presentó, y me dijo, “Nadie puede ser maestro, sin haber sido antes discípulo, y has pretendido escribir sobre mi, sin conocerme. Soy el amor y hasta ahora no me has albergado en tu corazón, pues lo que has sentido, es solo pasión.” Yo le dije, “No sé qué pretendes, al presentarte ante mí, Don amor…” Él me dijo, “Decirte que no soy nada, de los que has anotado en esas hojas.” Yo le dije, “Tú solo te presentas, donde hay mezquindad, avaricia, y deseo…” 
     El ángel me dijo, “Eso dices, porque solo allí me has buscado… Busca con ahínco, y encontrarás a la dueña que merezca ser amada por ti, pues el mucho trabajo, vence todas las dificultades. No tengas miedo de querer bien, que la vergüenza no exista en ti, cuando encuentres el buen amor. ¡No seas perezoso, trilla donde haya lugar para trillar! Porque hay en la pereza, miedo, poquedad, vileza, y abyección, y por ella, muchos perdieron mi compañía, y con ello, el amor de una mujer de gran valor. Siéntate, te voy a contar el cuento de dos perezosos, que desesperaban por casarse con una misma dama…”
     “Uno de esos dos hombres, era tuerto, y daba por hecho su casamiento con la dueña, que era muy hermosa, y rica. Y pensaba, ‘Hoy obtendré respuesta de mi dama…’ El otro, era cojo, pero miraba a todos cuantos le rodeaban, por encima del hombro, y decía a la dama, ‘¡Señora mía, ansío saber ya si acepta desposarse conmigo!’ Ella le dijo, ‘No pasará de ésta tarde, sin que sepa cuál ha sido mi decisión…’ Cuando el tuerto hizo acto de presencia, junto con el cojo, en casa de la bella joven, ella dijo, ‘Deben saber que estoy dispuesta a casarme, con el que sea el más perezoso de los dos.’ La dama había dicho eso, para engañar a sus necios pretendientes, y estos, casi se arrebataron la palabra.  El cojo dijo, ‘Señora, escucha primero mi corazón. Yo soy más perezoso que mi compañero, pues por pereza de levantar el pie al escalón, caí de la escalera, y quede cojo. Además, es tal mi flojera, que cuando hace mucho calor, y me siento agobiado por la sed, no bebo agua, por no tener que abrir mi boca.’ 
     El tuerto dijo, 'Señora, la pereza de este hombre no puede comparase con la mía, pues nunca se ha visto otra igual…’ La dama le dijo, ‘Le escúcho con atención, caballero.’ El tuerto dijo, ‘Una noche en que se abatió sobre la ciudad, una fuerte lluvia, yo me hallaba despierto, acostado en mi lecho…Mi pereza me impidió mover mi cabeza de la gotera, la cual, terminó por quebrarme el ojo, dejándome tuerto.’ La dama dijo, ‘No sé, en verdad, cual de las dos perezas es mayor. Las dos son terriblemente enormes. ¡A usted, lo encuentro torpe y flojo…!¡Ahora sé de qué pie cojea!’ El cojo dijo, ‘Pero si usted dijo que…’ La dama dijo, ‘¡Retírese de mi casa!’El tuerto dijo, ‘¡Entonces eso significa que usted se casará conmigo!’ La dama dijo, ‘Se equivoca, a usted lo encuentro vil y tuerto, mirando siempre de reojo…¡Jamás me casaría con hombres como ustedes!¡Fuera de aquí, podrán encontrar quien acepte sus desvergüenzas!’ La mujer, no amará a hombre flojo, sucio, y que no tenga respeto por sí mismo.”
     Yo le dije al ángel, “Veo que hablas con verdad, y amor.” El ángel dijo, “¡Guárdate también de beber mucho vino, pues éste en demasía, hace perder al hombre la dignidad y la vergüenza!” Yo le dije, “Pero si es producto del hombre, y comunión con el creador.” El ángel dijo, “El exceso, es el que conduce a la perdición, pues su uso moderado, nos acerca a Dios. Pero los borrachos, cometen mil vilezas, se secan, y enflaquecen, y ni se acercan al Todopoderoso, ni están con el mundo. Cuando te encuentres con la mujer amada, no le mientas nunca. Sé siempre veraz con ella. Cálla, para que la escuches, que ella guardará silencio, cuando quieras hablarle.”  Yo le dije, “Me maravíllo de escucharte, pero me precio de haber actuado siempre, como hoy me aconsejas.” El ángel me dijo, “Tal vez sea verdad, pero vuelvo a repetirte, que no me has buscado a mí, sino a la pasión. Muchas más cosas te diría, su tuviera tiempo para ello, pero el mundo reclama mi presencia. ¡Juan Ruiz aprende y corrígete…así podrás enseñar a otros sobre mí.” Cuando el ángel se desvaneció, yo dije, “¡E-espera un poco…!”
    Minutos después, mi sirviente me despertaba, diciendo, “Señor…¡Oh se ha quedado dormido! Mi señor, despierte…debe comer algo, pues ya casi es de noche!” Al despertar, dije, “¿E-eh?¿Cómo entró…? ¿A dónde se ha ido?” El sirviente me dijo, “¿De qué habla mi señor?” Yo le dije, “Don Amor, acaba de salir de este lugar…” El sirviente dijo, “¿Se siente mal mi señor? Ninguna persona ha venido éste día a visitarlo…” Yo le dije, “¡Retírate, quiero estar solo!” El sirviente me dijo, “S-sí, mi señor…” Tomé las hojas que había escrito, y pensé, “¿Es que todo fue un sueño?¿Acaso todo esto que he escrito, me esta haciendo perder el seso? Sera mejor que vaya a descansar, o dentro de poco, entrará aquí, a hablar conmigo, la diosa Venus.”
    Un año después, platicaba con un amigo de juerga, Alonso, diciéndole, “¿Así que crees estar enamorado?” Él me dijo, “Sí…y es maravilloso, don Juan.” Le dije, “¡Ah, mi joven compañero…creo que también me encuentro envuelto en las sutiles redes del amor! Llegué a pensar, que mi corazón no conocería tan bello sentimiento, pero desde hace cerca de seis meses, que róndo a una hermosa dama. Pues Alonso, si tú lo has encontrado a tan temprana edad, debo felicitarte, y desearte la mejor de las suertes, en lid tan peligrosa.” Alonso dijo, “Le devuelvo el mismo parabién, y el mismo anhelo, don Juan.” Le dije, “En éste momento, me dirijo a hablar con mi dueña…espero salir con bien, pues en ella, he puesto toda mi esperanza.” Alonso me dijo, “Mucha suerte Don Juan.”
     Poco después, me encontraba tocando la puerta de mi dueña, pensando, “¡Tengo miedo de perder los sueños que he creado en mi imaginación!” Un hombre me abrió la puerta, y le dije, “¡Busco a Doña Endrina!” El hombre me dijo, “La señora salió a pasear por la plaza.” Me fui caminando hacia allí, y antes de llegar a la plaza, pensé al verla, “¡Ah, que hermosa viene doña Endrina!¡Qué talle, qué donaire!” La bella iba acompañada de su madre. Me presenté y dije, “Buenas tardes, hermosas damas.” La madre me dijo, “¡Don Juan, gusto en saludarle!” El saludo fue muy breve. Ellas se fueron, y yo pensé, “Nada pude decirle hoy…” A la mañana siguiente, estuve muchas horas en el parque, pensando, “Bien, esperaré aquí, hasta que aparezca doña Endrina.” Al medio día, vi aparecer a doña Endrina, y su madre, y pensé, “Por fin…a herirme con sus hermosos ojos, cual si fueran saetas.” Cuando la abordé, le dije, haciendo una reverencia, “La esperaba desde hace tanto, doña Endrina.” Ella me dijo, “¿A mi don Juan?” Le dije, “Sí, para hacerle saber la pena de amor que me aqueja.” Doña Endrina me dijo, “Don Juan, baje la voz, que la gente puede escucharle, y provocar habladurías.” Le dije, “No hay en el mundo, persona que yo ame más que usted.” 
     Doña Endrina dijo, “Don Juan, ¿Usted bromea, verdad?” Le dije, “¡Le júro por Dios, y por ésta tierra, que lo que he dicho, es verdad! La ámo por bella, por su juventud, e inocencia.” Doña Endrina dijo, “¡Por favor, Don Juan, que sus palabras me asustan!” Le dije, “¡Déme su respuesta, hermoso ángel de pureza!” Ella me dijo, “Una mujer, no debe hablar con un hombre por tanto tiempo, pues pone en juego su honra. Le daré mi respuesta, otro día, cuando haya testigos honorables, y no aquí en plena calle.”
     Le dije, “Mi bien amada, permítame al menos, rozar con mis labios su mejilla.” Ella dijo, “¡Alto Don Juan! Es cosa muy probada, que por los besos se engaña, y es vencida la mujer. Solo le concederé, un saludo de mano. Ahora, me voy, y ya llegará el día en que tendremos tiempo de hablar.” Besé su mano, y le dije, “Pero…¿Cuándo será esa ocasión?” Ella dijo, yéndose, “Tal vez, el próximo verano…” La vi partir, y dije, “No debo de dejar de insistir, a doña Endrina, pues fuego al que no se echa leños, se apaga sin remedio.” Me fui a mi casa, al llegar, pensé, “Mañana mandaré a traer a mi buena mensajera, doña Urraca. Ella logará que doña Endrina, me tenga presente, día a día.” Caí rendido a mi cama, y una vez dormido, llegó el sirviente, y dijo, “¡Mi señor se durmió sin probar bocado!”
     A la tarde del otro día, anunciaron la llegada de doña Urraca, y tras levantarme, pensé, “Pronta a mi llamado, acudió doña Urraca.” La recibí, y le dije, “Mujer, seas bienvenida…si no me ayudas con suerte esta vez, mi vida se perderá.” Ella me dijo, “Haré por usted, cuanto pueda, y como siempre, le guardaré lealtad.” Yo le dije, “¡Esta vez estoy profunda y realmente enamorado, y creo que la dama también me áma!” Ella me dijo, “Yo iré a visitarla, le diré muchos encantos, y le daré atalvina.” Le dije emocionado, “La dueña de mi corazón, es la casi niña… Doña Endrina.” Ella dijo, “Pues yo sé bien que esa joven, ya fue casada.” Extrañado, le dije, “¿Es posible eso?” Ella me dijo, “¡Bah, que eso no le preocupe! Antes, eso significa que puede aceptarle, más fácilmente…aunque…Usted debe darse prisa, pues un hombre de buen linaje, también pretende casarse con ella.” Le dije, “¿Cómo sabes todo eso?” Ella me dijo. “Porque ese caballero, me ha ofrecido muy buena recompensa, si quito los estorbos que hay en su camino.” Le dije, “Pues yo te daré el doble.” Ella me dijo, “La tendrá, pues esa dama la tengo en mi poder, y nadie, si no es por mí, la puede conseguir.”
     Ese mismo día, en la tarde, doña Urraca dialogaba con Doña Endrina, diciendo, “Doña Endrina, he venido hasta su casa, a venderle estos manteles que bordé a mano, especialmente para usted.” Al verlos, ella me dijo, “¡Son realmente maravillosos!”  Doña Urraca le dijo, “Señora linda, para su mano, he traído ésta sortija…” Ella, extrañada dijo, “¿Eh?” Doña Urraca le dijo, “Recíbala hija, que no pensará en envejecer, encerrada en esta casa, habiendo en ésta villa, tantos jóvenes apuestos que admiran su belleza.” Ella la tomó, y dijo, “No le entiendo, ni sé qué significa ésta joya.” Doña Urraca le dijo, “Se la envía un joven, el mejor y más noble, en linaje y riqueza. Es un hombre educado, de charla agradable, gran donaire al andar. Créame señora, que cuando usted nació, ya los hados habían destinado, a éste joven para usted.” Doña Endrina dijo, “¿Quién es aquel a quien tanto alaba?” Doña Urraca le dijo, “Ese caballero es Don Juan Ruiz, el caballero que…” 
     Doña Endrina le interrumpió, “Basta de predicar, que conozco de sobra a ese charlatán…ese tipo me ha querido hacer caer en tentación, en plana calle. Déjese ya de ruidos, que tengo otros cuidados más importantes que atender.” Doña Urraca le dijo, “A fe mía, que desde que los hombres la saben viuda, y sola, no es ya tan temida. ¡Con Don Juan estará libre de todos esos pelmazos!” Doña Endrina dijo, “Lo que quiera yo para mi vida, solo le toca a mi madre decidir, y no creo que tome en cuenta ella, a su señor. No pienso escuchar nada mas, así que…” Doña Urraca le dijo, “¡Olvidemos ambas a Don Juan, linda dama! Para que no perdiera yo su afecto, sería capaz de hacer lo que me mánde.” Doña Endrina le dijo, “Nada se me ocurre, mujer.” Doña Urraca le dijo, “Querida niña, entonces tal vez podría aceptar ir alguna vez a mi casa. Allí charlaríamos, y probaría de los frutos lozanos, y las nueces que dan mis huertos.” Doña Endrina le dijo, “Podría ser que sí. Su casa no está muy lejos de la mía…pero no sé…” Doña Urraca le dijo, “No tema nada, y confíe en ésta vieja, y tóme cuando quiera, posesión de mi casa.” Doña Endrina le dijo, “Lo cierto es que salgo muy poco, y me gustaría trotar por sus frutales…Mañana iré a buscarla en cuanto tenga tiempo.” Doña Urraca le dijo, “No se arrepentirá, señora mía.”
     Más tarde, doña Urraca me decía, “Señor, pierda cuidado, mañana hablará con usted doña Endrina.” Yo le dije entusiasmado, “¡Qué buena nueva me das, doña Urraca!” Ella me dijo, “Le espero en mi humilde morada, al atardecer…allí tendrá lugar el encuentro.” Yo le dije, “¡Eres una verdadera zorra, mujer!” Al día siguiente, doña Urraca sentada en la mesa, dialogaba con doña Endrina, diciendo, “¿No se ha cansado de tanto juguetear por la huerta, señora?” Doña Endrina le dijo, “No, y me siento muy contenta…todo esta delicioso, y dulce.” De pronto, se escuchó un ruido, ¡PRAM!, doña Urraca dijo, “¿Hará tan fuerte viento? Veré de qué se trata.” Doña Urraca se levantó, abrió la puerta y dijo, “¡Don Juan!¿Qué Hace aquí en mi casa?” Yo dije, “¡Doña Endrina, mi adorada! ¡Por fin puedo verla!” Doña Endrina dijo, viendo a doña Urraca, “Pe-pero, ¿Qué es todo esto?” Doña Urraca le dijo, “¡Hija, a mi no me culpe!” 
     Cuando me fui hacia doña Endrina, y quise tomarla, doña Urraca dijo, “Señora mía, pasa que en mi casa han estado solos usted y don Juan. ¡Y para que no lo pregone, me parece que será mejor que se cáse con el caballero, que la salvara de la deshonra!” Doña Endrina dijo, “¿QUEEE? ¡Ay, vieja tan pérfida! ¡Me trajiste engañada, y ahora me vendes!” Yo le dije, “Dueña mía, me hará el hombre más feliz de este mundo, si acepta desposarse conmigo.” Doña Urraca nos dijo, “Por mí, el daño ha venido, pero debe olvidar, señora, la ira y la discordia, y unirse en paz, y de buen grado, a este caballero, que será buen marido.”
     El matrimonio se efectuaría días después. Y en la intimidad, doña Endrina me dijo, “La verdad es que te ámo…” La abracé y la besé, y dije, “¡Endrina mía!” Sin embargo, dos meses después, le llevé flores a su tumba, pensado, “Dueña mía, el poco tiempo que estuviste a mi lado, me hiciste inmensamente feliz.” Los años pasaron, y la herida había cerrado en mi corazón. Una noche, meditando en mi escritorio, escribí, “Don amor no ha vuelto a presentarse ante mí, y solo he logrado obtener, de ese amor de piel, que desconoce el buen amor. Mi fiel alcahueta, doña Urraca, hace tiempo que murió, y siempre pido por ella, en mis diarias oraciones. El hombre siempre luchará contra tres cosas principales: El mundo, el demonio, y la carne. Pero ante la muerte, deberá tener preparadas sus mejores armas, para no caer en esa última batalla.” 
     Los años continuaron transcurriendo, y decidí ingresar a un monasterio de monjes cristianos. Un día pensé, “Mi amigo Pedro podría haberme dicho hace tiempo, que mi destino seria vivir en el mundo, pero lejos de sus placeres.” Enseguida, entre a la biblioteca del monasterio, y sorprendí a un joven monje leyendo mi libro. Le dije, “¡Buenas tardes muchachito!” Él interrumpió su lectura y me dijo, “Señor Arcipreste, enseguida…” Y luego me preguntó, “¿Este libro, es el que ha estado escribiendo en sus horas libres?” Yo le dije, “Sí, lo he escrito, con el fin de que cualquier hombre que lo vea, pueda quitar, o añadir, lo que quiera. Puedes leerlo, si gustas, pero estoy seguro que te entretendrá su lectura.” Él me preguntó, “¿No le disgustará, que haga uso de éste libro?” Yo le dije, “Por supuesto que no, y si te lo pidieran a ti prestado, hazlo, pero no lo alquiles, ni vendas, pues no hay grado ni gracia, en el buen amor comprado. Busca el amor bueno, en una mujer sincera. ¡Yo, finalmente, he encontrado el buen amor! Todas las cosas del mundo, son vanidad, todas son pasajeras, y se van con la edad…salvo el amor de Dios.”                                  
Tomado de Novelas Inmortales, Año XVI No. 803, Abril 7 de 1993. Adaptación: Víctor M. Yañez. Segunda adaptación: José Escobar.                                                                                                            

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