Club de Pensadores Universales

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domingo, 10 de abril de 2016

Las Hijas de la Noche de Edgar Wallace

     Richard Horatio Edgar Wallace, nació el 1 de abril de 1875, y murió el 10 de febrero de 1932, a los 56 años. Edgar Wallace fue un escritor Inglés.
    Nacido en la pobreza como un hijo ilegítimo en Londres, Wallace dejó la escuela a los 12 años. Ingresó en el ejército a los 21 años,  y fue corresponsal de guerra en la Segunda Guerra Bóer, para la agencia Reuters y el Daily Mail. Luchando con deudas, que fue de Sudáfrica, regresó a Londres y comenzó a escribir novelas de suspenso, con el fin de aumentar sus ingresos, y publicó varios libros,  incluidos “Los Cuatro Hombres Justos” (1905). Sobre la base del tiempo como reportero en el Congo, cubriendo las atrocidades belgas, Wallace serializó cuentos cortos en revistas, publicadas posteriormente como colecciones, tales como, “Sanders dof the River” (1911). Firmó con la publicadora británica, Hodder and Stoughton en 1921 y se convirtió en un autor reconocido internacionalmente.
     Después de un intento desastroso para presentarse como diputado liberal para Blackpool en las elecciones generales de 1931, en Inglaterra, Wallace se trasladó a Hollywood, donde trabajó como guionista para los estudios RKO. Murió repentinamente de la diabetes no diagnosticada, durante la redacción inicial de King Kong (1933).
     Escritor prolífico, uno de los editores de Wallace afirmó que una cuarta parte de todos los libros leídos en Inglaterra, fueron escritos por él. Así como periodismo, Wallace escribió guiones cinematográficos, poesía, historias de no ficción, 18 obras de teatro, 957 cuentos y más de 170 novelas, 12 en solo 1929. Más de 160 películas se han hecho de las obras de Wallace. Se le recuerda por la creación de King Kong, como escritor de, “la imaginación colonial,” por las historias de detectives, “J. G. Reeder, y el Arquero Verde.” Vendió más de 50 millones de copias de sus obras conjuntas en varias ediciones, y The Economist lo describe como, “uno de los escritores de suspenso más prolíficos de siglo,” aunque algunos de sus libros todavía están imprimiéndose en el Reino Unido.
Vida y obra
Los Padres y Nacimiento
     Wallace nació a la calle Ashburnham Grove no. 7, en el distrito de Greenwich, de los actores, Richard Horatio Edgar y Mary Jane Richards, “Polly,” de soltera Blair.
     La madre de Wallace nació en 1843, en Liverpool, de una familia católica irlandesa. La familia de Mary había estado en el mundo del espectáculo, y trabajó en el teatro como tramoyista, y acomodadora, en parte actriz hasta que se casó en 1867. El capitán Joseph Richards también nació en Liverpool en 1838, también de una familia católica irlandesa. Él y su padre, John Richards, eran ambos capitanes de la Marina Mercante, y su madre, Catalina Richards, provenía de una familia marinera. Cuando María estaba embarazada de ocho meses, en enero de 1868, su marido, Joseph Richards murió en el mar. Después del nacimiento, indigente, María subió al escenario, asumiendo el nombre artístico “Polly” Richards. En 1872, Polly se reunió y se unió al grupo de teatro de la familia Marriott, administrado por la señora Alicia Edgar, su marido Richard Edgar, y sus tres hijos adultos, Edgar Gracia, Adeline Edgar y Richard Horatio Edgar. Richard Horatio Edgar y Polly llegaron a tener un encuentro sexual estilo, “armario de escobas” durante una fiesta después del show. Al descubrir que estaba embarazada, Polly inventó una obligación ficticia en Greenwich que duraría al menos medio año, y obtuvo una habitación en una casa de huéspedes donde vivió hasta el nacimiento de su hijo, el 1 de abril de 1875. Durante su confinamiento, le pidió a la partera que encontrara una pareja para criar el niño. La partera le presentó a Polly, a su gran amiga, la señora Freeman, una madre de diez hijos, cuyo marido George Freeman era un vendedor de pescado de Billingsgate. El 9 de abril de 1875, Polly llevó a Edgar, a la semi-analfabeta familia de Freeman e hizo los arreglos para visitarlo a menudo.
Infancia y Carrera Temprana
     Wallace, entonces conocido como Richard Horatio Edgar Freeman, el joven hijo de Polly, tuvo una infancia feliz, formando un enlace cercano, Clara Freeman de 20 años de edad, quien se convirtió en una segunda madre para él. En 1878, Polly ya no podía permitirse la pequeña suma que había estado pagando a los Freeman para cuidar a su hijo, y en lugar de colocar al niño en la casa de trabajo, los Freeman lo adoptaron. Polly nunca lo visitó de nuevo siendo un niño. Su padre adoptivo, George Freeman, estaba determinado a asegurarse de que Richard recibiera una buena educación, y por algún tiempo, Wallace asistió a San Alfege con San Pietro, un internado en Peckham. Sin embargo, se iba de pinta y abandonó su educación de tiempo completo, a la edad de 12.
     Por su adolescencia, Wallace se había mantenido en numerosos puestos de trabajo, tales como vendedor de periódicos en el Circo de Ludgate, cerca de Fleet Street, muchacho de entrega de leche, trabajador de una fábrica de caucho, dependiente de la tienda de zapatos, y cocinero en un barco. Una placa en el Circo de Ludgate conmemora el primer encuentro de Wallace con el negocio de la prensa. Fue despedido de su trabajo de entrega de leche, por robo de dinero. En 1894, se comprometió con una chica local de Deptford, Edith Anstree, pero rompió el compromiso, al alistarse en la infantería.
     Wallace se registró en el ejército donde adoptó el nombre de Edgar Wallace, tomado del autor de Ben-Hur, Lew Wallace. En ese momento, los registros médicos le registraron como teniendo un pecho de 33 pulgadas, y estando mal desarrollado por su infancia, que transcurrió en los barrios pobres. Fue acantonado en Sudáfrica con el regimiento de Kent West, en 1896.  No le gustaba la vida militar, pero logró organizar un traslado a los Cuerpos Médicos de la Armada Real, que era menos ardua, pero más desagradable, y por lo que fue transferido de nuevo al Cuerpo de Prensa, que lo encontró más apropiado.
1898-1918
    Wallace comenzó publicando canciones y poesía, en mucho inspirado por Rudyard Kipling, a quien conoció en Ciudad del Cabo, en 1898. El primer libro de baladas de Wallace, “¡La Misión que Falló!” fue publicado ese mismo año. En 1899, se compró su salida de las fuerzas armadas, y se volvió un escritor de tiempo completo. Permaneciendo en África, se convirtió en un corresponsal de guerra, primero para Reuters y luego el Daily Mail (1900) y otras publicaciones periódicas durante la Guerra de los Boers .
     En 1901, mientras estaba en Sudáfrica, Wallace se casó con Ivy Maude Caldecott (1880? -1926), aunque su padre, un misionero metodista, el reverendo William Shaw Caldecott, se oponía firmemente a la unión. El primer hijo de la pareja, Eleanor Clare Hellier Wallace, murió repentinamente de meningitis en 1903, y se volvió a Londres poco después, lleno de deudas. Wallace trabajó para el correo en Londres y comenzó a escribir historias de detectives en un intento de ganar dinero rápido. Un hijo, Bryan, le nació en 1904, seguido de una hija, Patricia, en 1908. En 1903, Wallace se reunió con su madre biológica Polly, a quien nunca había conocido. Enferma terminal, de 60 años de edad, y viviendo en la pobreza, que llegó a pedir dinero y fue rechazada. Polly murió en la enfermería de Bradford, más tarde ese año.
     Incapaz de encontrar un fiador para su primer libro, Wallace creó su propia editorial, Tallis Press, que publicó la novela de suspenso, Los Cuatro Hombres Justos (1905). A pesar de la promoción en el correo y buenas ventas, el proyecto era financieramente mal administrado y Wallace tuvo que ser rescatado por el propietario del correo, Alfred Harmsworth, quien estaba ansioso de que el fárrago, o sea, el hecho o mito, sería una mala imagen de su periódico. Los problemas se agravaron cuando las imprecisiones en los informes de Wallace, llevaron a los casos de difamación dirigidos contra el correo. Wallace fue despedido en 1907, el primer reportero jamás despedido desde el periódico, y que no encontrára ningún otro periódico que lo empleára, dada su reputación. La familia vivía continuamente en un estado cercano a la quiebra, teniendo Ivy que vender sus joyas para la comida.
     Durante 1907, Edgar viajó al Estado Libre del Congo, para informar sobre las atrocidades cometidas contra los congoleños bajo el rey Leopoldo II de Bélgica y las compañías de goma belgas, en el que hasta 15 millones de congoleños fueron asesinados. Isabel Thorne, de la Revista Semanario de a centavo, Contador de Cuentos, invitó a Wallace a serializar historias inspiradas en sus experiencias.
     Estos fueron publicados como su primera colección, Sanders del Río (1911), un éxito de ventas, siendo en 1935 adaptada en una película con el mismo nombre, protagonizada por Paul Robeson. Wallace llegó a publicar más de 11 colecciones similares (102 historias). Eran cuentos de aventuras exóticas y ritos tribales locales, situados en un río africano, en su mayoría sin interés sobre el amor, ya que era algo en los que Wallace no tenía ningún interés. Sus primeros 28 libros y sus derechos para la película se vendieron directa y completamente, sin regalías, por dinero rápido. El crítico David Pringle observó en 1987, “Los libros de ‘Sanders’ no han sido reimpresos con frecuencia hoy en día, tal vez por su racismo abierto.”
     El período de 1908 a 1932 fue el más prolífico de la vida de Wallace. Inicialmente, escribió sobre todo con el fin de satisfacer a sus acreedores en el Reino Unido y Sudáfrica. El éxito de sus libros comenzó a rehabilitar su reputación como periodista, y comenzó a informar desde los círculos de carreras de caballos. Wallace empezó a escribir para el, Fin de Semana, y en el Noticias de la Tarde, convirtiéndose en un editor de suplemento de semana de carreras y comenzó sus propios documentos de competición en el Bibury y en el, Semanario de R. E. Walton, comprando muchos caballos de carreras para él. Wallace perdió muchos miles, apostado en juegos de azar y, a pesar de su éxito, gastó grandes sumas de dinero en un estilo de vida extravagante que no podía permitirse. Durante 1916, Ivy tuvo su último hijo, Michael Blair Wallace, con Edgar y solicitó el divorcio en 1918.
1918-1929
     Ivy se trasladó a Tunbridge Wells con los niños, y Wallace se acercó a su secretaria Ethel Violeta Rey (1896-1933), hija del banquero Frederick Rey. Se casaron en 1921, y Penélope Wallace nació de ellos en 1923. Wallace comenzó a tomar su carrera de escritor de ficción más en serio, y firmó con los editores Hodder and Stoughton, en 1921, la organización de sus contratos, en lugar de vender los derechos a su trabajo poco a poco con el fin de aumentar fondos. Esto permitió a él avanzar las regalías y las campañas de promoción a gran escala de sus libros, que nunca antes había tenido. Ellos agresivamente lo anuncian como un escritor celebridad, el 'Rey del suspenso', conocido por este sombrero flexible de marca Trilby, portador de cigarrillos y un Rolls Royce amarillo.
     Se decía que era capaz de escribir una novela de 70 000 palabra en tres días, y surcar a través de tres novelas a la vez. De hecho, los editores acordaron publicar todo lo que escribió tan rápido como pudo escribirlo. En 1928, se estimaba que uno de cada cuatro libros que se leían en el Reino Unido, había salido de la pluma de Wallace. Él escribió a través de muchos géneros como la ciencia ficción, guiones cinematográficos, una historia de no ficción de diez volúmenes de la Primera Guerra Mundial. En total, escribió más de 170 novelas, 18 obras de teatro y 957 cuentos, siendo sus obras traducidas a 28 idiomas. El crítico Wheeler W. Dixon, sugiere que Wallace se convirtió en algo así como una broma pública, para esta prodigiosa producción.
     Wallace se desempeñó como presidente del Club de Prensa, que sigue presentando un 'Premio Edgar Wallace' anual de la excelencia en la escritura. Después del gran éxito de su novela, The Ringer, Wallace fue nombrado presidente de la British Lion Film Corporation a cambio de dar British Lion la primera opción en toda su producción. El contrato de Wallace le dio un sueldo anual, un bloque sustancial de acciones en la empresa, además de un gran sueldo de todo British Lion, elaborado a partir de su trabajo, más el 10% de los beneficios anuales globales de British Lion. Además, British Lion empleó a su hijo mayor, Bryan E. Wallace, como montador. Antes de 1929, las ganancias de Wallace eran casi £ 50.000 por año, (equivalente a alrededor de £ 2 millones de dólares en términos actuales). También inventó en este momento el “Luncheon Club,” que reunía sus dos grandes amores: el periodismo y las carreras de caballos.
     Wallace fue el primer autor de novela negra británica de utilizar policías como sus protagonistas, en lugar de detectives aficionados como la mayoría de otros escritores de la época lo hicieron. La mayoría de sus novelas son historias independientes privadas; donde rara vez se utiliza héroes de serie, y cuando lo hizo él evitó un orden estricto en la historia, de tal forma que la continuidad no era requisito de un libro a otro. El 6 de junio de 1923, Edgar Wallace se convirtió en el primer periodista deportivo de la radio británica, cuando hizo un informe sobre el Derby de Epsom en la British Broadcasting Company, la predecesora de la reciente creación de la BBC.
     La ex esposa de Wallace, Ivy, fue diagnosticada con cáncer de mama en 1923, y aunque el tumor fue eliminado correctamente, volvió de forma terminal en 1925 y murió en 1926.
Wallace escribió un artículo polémico a mediados de la década de 1920, titulado “La Llaga Gangrenosa en Medio de Nosotros” acerca de la pedofilia y el mundo del espectáculo. Describiendo cómo algunas personas del mundo del espectáculo, dejan involuntariamente a sus hijos vulnerables a los depredadores, vinculó la pedofilia con la homosexualidad, e indignó a muchos de sus colegas, publicando socios y amigos de negocios, que incluían al magnate del teatro, Gerald du Maurier. El biógrafo Margaret Lane, lo describe como un tipo de ensayo, “intolerante, fanfarrón, pateando a un sinvergüenza escaleras abajo,” incluso para los estándares de la época.
      Política, Migración a los EE.UU. y Escritura de Guiones
Wallace se convirtió en miembro activo del Partido Liberal y contendió en el Blackpool en las elecciones generales de 1931 como uno de un puñado de liberales independientes, que rechazaron el Gobierno Nacional, y el apoyo oficial liberal para ello, y fuertemente apoyando el comercio libre. También compró el Sunday News y lo editó por seis meses, escribiendo una columna teatro, antes de que cerrara. En la contienda, perdió la elección por más de 33.000 votos. Wallace se fue a Norteamérica, agobiados por las deudas, en noviembre de 1931. Por la misma época, escribió el guión de la primera película sonora, de la adaptación de, El Sabueso de los Baskerville (1932) producida por Gainsborough Pictures.
     Mudándose a Hollywood, comenzó a trabajar como un “guionista arreglista” para la RKO. Su última obra de teatro, El Paquete Verde, también se había presentado con excelentes críticas, impulsando su estatus aún más. Wallace quería obtener su propio trabajo en el celuloide de Hollywood, con adaptaciones de sus libros, tales como, Los Cuatro Hombres Justos, y el Sr. J G Reeder. En Hollywood se encontró con el guionista de Stanley Holloway, su medio hermano, Edgar Marriott. La obra de teatro de Wallace, “En El Escenario,”  escrita sobre el gánster, Al Capone, demostraría ser el mayor éxito teatral del escritor. Es descrita como “podría decirse, en construcción, diálogo, acción, trama y resolución, el ser uno de los mejores y más puro melodramas del siglo 20.” (El Independiente, 2000). Asi, se puso en marcha la carrera de Charles Laughton, quien interpretó el papel principal de Capone, en el carácter de Tony Perelli.
Muerte y Consecuencias
     En diciembre de 1931, Wallace fue asignado a trabajar en la “película de gorila” de RKO Pictures, (King Kong, 1933), para el productor Merian C. Cooper. A finales de enero, sin embargo, Wallace empezaba a sufrir fuertes dolores de cabeza repentinos, y fue diagnosticado con diabetes. Su estado se deterioró en cuestión de días. Su esposa Violeta le reservó un pasaje en trasatlántico a Southampton, pero recibió la noticia de que Edgar había caído en coma y murió de la enfermedad, combinada con una neumonía doble, el 10 de febrero de 1932, en Norte Maple Drive, Beverly Hills. Las banderas de las oficinas del periódicos de la avenida Fleet Street ondearon a media asta y la campana de la Iglesia de la Santa Novia sonaron de luto. Wallace fue enterrado en el cementerio de Little Marlow, la aldea Lane, Buckinghamshire, no muy lejos de su casa de campo del Reino Unido, Chalklands, en el pueblo de Bourne End.
     A pesar de su éxito posterior, Wallace había acumulado enormes deudas, algunas todavía desde de sus años en Sudáfrica, a muchos de los corredores de apuestas de carreras. Las grandes regalías de sus obras enormemente populares permitieron a la finca el ser resueltas dentro de dos años. Violeta Wallace sobrevivió a su marido por tan sólo 14 meses, muriendo repentinamente en abril de 1933, a la edad de 33, mientras que la finca estaba todavía llena de deudas.
Legado
     Violet Wallace por propia voluntad le dejó su parte de la herencia de Wallace a su hija Penélope, siendo ella misma una autor de novelas de misterio y crimen, quien se convirtiera en la principal benefactora y accionista. Penélope se casó con George Halcrow en 1955, y ellos pasaron a dirigir la finca Wallace, la gestión de legado literario de su padre, y de comenzar la Sociedad Edgar Wallace en 1969. El trabajo continúa hoy por la hija de Penélope, también llamada Penélope. La Sociedad cuenta con miembros en 20 países. El cuerpo literario está dirigido por la agencia de Londres A. P. Watt.
     El hijo mayor de Wallace, Bryan, (1904-1971) fue también un autor de novelas de misterio y crimen. En 1934, Bryan se casó con Margaret Lane, (1907-1994), una escritora británica. Lane publicó la biografía de Edgar Wallace en 1938.
     La Edgar Wallace Mystery Magazine fue una revista de ficción mensual, tamaño compendio, especializada en el crimen y la novela policíaca. Se publicaron 35 emisiones desde 1964-1967. Cada edición contiene obras originales de cuentos cortos de crimen, o ficción de misterio, así como reediciones de autores tales como Wallace, Chejov, Steinbeck, y Agatha Christie.
     Más de 160 películas se han hecho sobre la base de las obras de Wallace. Wallace también tiene un bar que lleva su nombre en la calle Essex, fuera del distrito de Strand, en Londres.
Escritos
Método
     Wallace narró sus palabras en cilindros de fonógrafos (los dictáfonos de la época) y sus secretarias escribieron a máquina el texto. Tal vez esta es la razón por la cual fue capaz de trabajar a una velocidad tan alta y por qué sus historias tienen unidad narrativa. Muchos de los libros de éxito de Wallace para la critica fueron dictados de esta forma durante dos o tres días, encerrado con cartones de cigarrillos y un sinfín de tazas de té dulce, a menudo trabajando prácticamente ininterrumpidamente por 72 horas. La mayoría de sus novelas se serializadas en segmentos pero escrita de esta manera. Las historias por entregas que fueron escritas, en cambio, poco a poco, tienen una energía narrativa claramente diferente, no abrazando al lector en el movimiento de la historia.
     Wallace rara vez editó su propio trabajo después de haber sido dictado y escrito a máquina, sino lo envió directamente a los editores, repudiando intensamente la revisión de su trabajo con otros editores. La compañía haría sólo un control somero de errores de hecho, antes de imprimir.
     Wallace se enfrentó a acusaciones generalizadas de que utilizó escritores fantasmas para producir libros, aunque no hay ninguna evidencia de esto, y su fecundidad se convirtió en una especie de broma, en temas de caricaturas y dibujos. Sus “libros de tres días,” enjarretados para mantener a los usureros en la puerta, tenían poca posibilidad de obtener reconocimiento de la crítica y Wallace afirmaba el no encontrar valor literario de sus propias obras.
Temas y Crítica
     Los personajes Wallace, tales como el Comisionado de Distrito Sanders, pueden ser considerados para representar los valores de la supremacía blanca colonial en África, y hoy visto como profundamente racista y paternalista. Sus escritos han sido atacados por su concepción de que los africanos eran niños tan estúpidos que necesitan una mano firme. Sanders, por ejemplo, se compromete a llevar la “civilización” a “medio millón de cuates caníbales.”
     George Orwell llamó a Wallace una “adorador de la intimidación” y “proto-fascista,” aunque muchos críticos conciben a Wallace más bien como un escritor populista quien alcahueteó al mercado de su tiempo. Vendiendo más de 50 millones de copias de sus obras, incluidas 170 novelas, Wallace fue en gran medida un escritor populista, y fue desechado por todos lados como tal.
     Q.D. Leavis, Arnold Bennett, y Dorothy L. Sayers, guiáron el ataque sobre Wallace, siguiriendo que Wallace mismo no ofreció ninguna crítica social o programa subversivo en absoluto, y distrajo al público de la lectura de una mejores cosas. Leon Trotsky, leyendo una novela de Wallace mientras se recuperaba en su lecho de enfermo, en 1935, encontró que la literatura de Wallace era, “mediocre, despreciable y cruda, ... [sin] ninguna sombra de la percepción, talento, o imaginación.”
     Los críticos Steinbrunner y Penzler afirmaron que la escritura de Wallace es, “descuidada y llena de clichés, [con] caracterizaciones que son bidimensionales y [que] son ​​con frecuencia muy trilladas, confiando en la intuición, la coincidencia, y situaciones con muchos movimientos inútiles y confusos para transmitir una sensación de acción. Los héroes y villanos están claramente identificados, y los personajes de relleno, sirvientes con buen humor, policías desconcertados, heroínas sin aliento, pueden ser intercambiados de un libro a otro." Sin embargo, “El Compañero de Teatro de Oxford,”afirma que, “En todo sus obras [Wallace] muestra una precisión inusual del detalle, habilidad narrativa, y un conocimiento dentro de los métodos de la policía y la psicología criminal, fruto de su aprendizaje como reportero del crimen.”
      Aunque Wallace tenía un método favorecido de dictado no usaba fórmulas para la trama, a diferencia de muchos otros escritores de suspenso. El crítico Dixon sostiene que Wallace cubrió una amplia variedad de perspectivas y caracterizaciones, explorando temas como: feminismo y auto determinación (Bárbara Por Su Cuenta, 1926, Four-Square Jane, 1929, La Chica de Scotland Yard, 1926), desconcertantes jerarquías de nobleza (Chick, 1923), ciencia ficción, (El Día de la Unificación, 1926), esquizofrenia, (El Hombre Que Sabía, 1919) y autobiografía (La Gente, 1926).
Ciencia ficción
     A Edgar Wallace le gustaba escribir ciencia ficción, pero encontró poco éxito financiero en el género a pesar de varios esfuerzos. Su necesidad constante de ingresos siempre lo trajo de vuelta a los estilos más mundanos de la ficción que vendieron más fácilmente.
     Planetoid 127, publicado por primera vez en 1924, pero reimpreso como a finales de 2011, es una breve historia acerca de un científico de la Tierra que se comunica vía inalámbrica con su homólogo en una Tierra duplicada orbitando invisible debido a que está en el lado opuesto del sol. La idea de una Tierra paralela o un universo paralelo se convirtió en un estándar dentro subgénero de la ciencia ficción. La historia también tiene similitudes con historia de ciencia ficción dura de Rudyard Kipling, Inalámbrica.
     Otras obras de ciencia ficción de Wallace incluyen, El Moho Verde, una historia de un bio-terrorista, que amenazan con liberar a un agente que va a destruir los cultivos de maíz del mundo, 1925, que predijo con exactitud que, un poco de paz sería seguida por un ataque alemán en Inglaterra, y La Gripa Negra, acerca de una enfermedad que hace que todos en el mundo se vuelvan ciegos. Su última obra de ciencia ficción y la única ampliamente recordada hoy es el guión de King Kong.
King Kong
     De manera póstuma, la obra más famosa de Wallace sería una que nunca tuvo la oportunidad de ver: De los muchos guiones que había escrito para la RKO, una “película de gorilas” de Merian C. Cooper tendría la influencia más duradera, convirtiéndose en el clásico de 1933, King Kong.
     Wallace había escrito el primer borrador de 110 páginas de King Kong, a lo largo de cinco semanas, desde finales de diciembre 1931, a enero de 1932. La película se titulaba inicialmente, “La Bestia,” y este era el nombre del tratamiento que  Wallace le había dado a la película. El propio diario de Wallace describe el proceso de escritura para este proyecto: Cooper alimentó aspectos de la historia, inspirado en parte por una necesidad de utilizar cuanto más material fuera posible del material de archivo de una película de RKO abandonada, con una premisa similar, Creación) en conferencias de la historia y conversaciones telefónicas; Wallace ejecutó entonces las ideas de Cooper, este último aprobando el guión en desarrollo sobre una base de secuencia por secuencia. Mientras se trabajaba en el proyecto, Cooper también proyectó varias películas recientes para Wallace, para ponerlo en la mentalidad adecuada, incluyendo Drácula de Tod Browning y Frankenstein de James Whale, así como los fragmentos de secuencias filmadas por Willis O'Brien para, Creación que iban a ser reutilizado en el guión actual.
     Aunque el borrador estaba incompleto, Wallace sólo hizo pequeñas revisiones al  mismo, cada una a petición del propio Cooper, antes de su cita fatídica con el médico a finales de enero. Cuando Cooper llama a Wallace a principios de febrero para discutir el guión, alguien le contestó que él estaba en el hospital. Por el día 7, Wallace estaba muerto, y Merian C. Cooper se quedó sin un guionista. La naturaleza fragmentada de la escritura de Wallace significaba que la principal acción sin diálogo de la película, las secuencias en la selva, tendría que ser tomadas en primer lugar, tanto como por indemnización, como para demo para la comisión de la RKO.
     Wallace comenzó su guión con Denha y la fiesta en la isla, llamada la isla de los vapores de vaho por Wallace, debido a las emisiones volcánicas. Ann Darrow se llama, Shirley Redman, o Zena, en el guión original de Wallace. John o Jack Driscoll, se conoce como John Lanson, o Johnny, en el guión Wallace. El Capitán Englehorn aparece en el tratamiento de Wallace, como mucho más dominante. Danby G. Denham es un promotor y un P.T. Barnum tipo hombre espectáculo, que está buscando un mono gigante, para traer de vuelta al Madison Square Garden o el Polo Grounds para exhibirlo como un espectáculo secundario. La película conserva el tema de P. T. Barnum, cuando Denham, que evoluciona como Carl Denham en el tratamiento de Rose y Creelman, se refiere a Kong como, “la octava maravilla del mundo,” imitando claramente los hechos rimbombeantes y grotescos de Barnum. Por el contrario, un director de documentales no rimbombearía su película de esta manera. Wallace había creado los personajes principales, sus relaciones y su papel en la trama general en su guión original.
     En el guión original de Wallace, Kong se encuentra con el destacamiento en tierra, cuando rescata a Shirley de un intento de violación por parte de uno de los miembros de la tripulación. La tripulación de Denham consta de convictos. Shirley está en una tienda de campaña cuando se trata de atacarla y abusar de ella. Kong entonces aparece y rescata a Shirley y se la lleva. Wallace anotó en una nota en el script que Kong era de 30 pies de altura, estableciendo así a Kong como un mono gigante. John y Denham y el destacamiento entonces a continuación, van tras Shirley. Los dinosaurios y pterodáctilos atacan a Kong y al destacamiento. Kong se lleva a Shirley a su escondite en las montañas. Jack rescata a Shirley.
     Ellos usan bombas de gas para dormir a Kong. Kong es llevado de nuevo a Nueva York. Kong es puesto en cadenas. Shirley es atacada por  grandes felinos, que son soltados a propósito. Kong mata a los felinos y se lleva a Shirley lejos. Kong se sube al edicifio Empire State donde los aviones le disparan. Merian C. Cooper le envió a Wallace un memorando interno de la RKO, sugiriendo que John convenciera a la policía de no disparar Kong, debido al peligro de Shirley: “Por favor, ve si consideras práctico resolver el tema que John intente el rescate por su propia mano en la parte superior del edificio Empire State, si la policía pudiera dejar de tirar por un minuto.” Kong muere finalmente cuando un rayo cae sobre el asta de la bandera de donde está colgado. Las primeras fotos publicitarias de la película tienen el título de “Kong” y “por Edgar Wallace” y muestran una tormenta de rayos y relámpagos, según lo previsto por Wallace.
     Wallace creó el tema de la belleza y la bestia, la estructura de la trama general y el contorno, muchos de los personajes principales, y muchos de los eventos clave o episodios de la historia. Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack estaban encantados con el guión, y estaban listos para comenzar basado en notas del diario de Wallace en, Mi Diario de Hollywood (1932). La muerte prematura de Wallace, sin embargo, propició que se le hiciera trampa del reconocimiento que se merecía por la creación de la historia. El guión de 110 páginas de Wallace no era más que el primer borrador, no un guión final y un rodaje del guión.
     Después de la muerte de Wallace, Ruth Rose fue contratada para trabajar en el guión en evolución que Wallace había comenzado, pero fue incapaz de terminar o finalizar. Ruth llegó a ser la esposa de Ernest B. Shoedshack, y fue capaz de traducir las expectativas de los productores en el guión final. Rose añadió la escena ritual en la isla de la Calavera para reemplazar la idea original de Wallace del intento de violación de Ann Darrow. Rose también agregó las primeras escenas de la película en la que se introducen los principales personajes y la trama. James Ashmore Creelman, quien trabajó en el guión de, El Juego Más Peligroso, también fue contratado para arreglar las secuencias del guión. Los trabajos de Rose / Creelman, fue de reelaborar el guión original de Wallace, y escenas totales que no se tradujeron como se esperaba.
     Independientemente de los trabajos de Rose y Creelman, muchos de los que han leído el guión original de Wallace, han argumentado que es superior a la historia final de Rose / Creelman.
      En la versión de Wallace, un pequeño simio deshojando una rosa, prefiguraba a Kong quitando la ropa de Shirley. La versión de Wallace incluía una escena bajo el agua, desde el punto de vista del ataque de un dinosaurio cuando se acercaba a un barco volcado. Por desgracia, el guión original de Wallace aún no ha sido publicado, lo que hace la comparación palabra por palabra entre los dos guiones difícil.
     El guión original de Wallace sobre King Kong es analizado y discutido en el documental, La Muchacha en la Pata Peluda (1976), editado por Ronald Gottesman y Harry Geduld, y por Mark Cotta Vaz, en el prólogo a la reedición de King Kong de Biblioteca Moderna (2005).
     En diciembre de 1932, su historia y guión de King Kong fue, “novelada” o transcrita por Delos W. Lovelace, periodista y autor quien conoció a Cooper de cuando trabajaban en el mismo periódico, y apareció en forma de libro bajo el título de King Kong. Lovelace se basa en gran medida en la transcripción del guión de Ruth Rose y James A. Creelman. Esta “novela” de King Kong, que se atribuye a Wallace, Cooper, y Lovelace, y fue originalmente publicada por Grosset y Dunlap. El libro fue reeditado en el 2005, por la prestigiosa Modern Library, una división de Random House, con una introducción de Greg Bear y un prefacio de Mark Cotta Vaz, y por Penguin en los EE.UU. En el Reino Unido, Victor Gollancz publicó una versión de tapa dura en 2005.
     La primera edición de bolsillo había sido ya publicada por Bantam en 1965 en los EE.UU., y por Corgi en 1966 en el Reino Unido. En 1976, Grosset y Dunlap republicaron la novela en libro de bolsillo en edición de tapa dura. Había ediciones de bolsillo de Tempo y de Futura ese año también. En 2005, Blackstone Audio lanzó una versión de palabra hablada del libro como audiolibro en CD con comentarios de Ray Bradbury, Harlan Ellison, y Ray Harryhausen, entre otros. Harryhausen indicó que él había leído el guión original de Wallace. También hubo versiones alemana y checa de la novela en 2005.
     El 28 de octubre de 1933, Cine Semanal publicó el cuento “King Kong,” acreditando a Edgar Wallace y Draycott Montagu Dell (1888-1940). Dell había conocido y trabajado con Wallace cuando ambos trabajaban para periódicos del Reino Unido. Esto puede ser llamado una “historia-ización” de la historia de Wallace y Cooper, que se basó en el guión de Rose y Creelman, pero que al igual que el tratamiento Wallace, comienza en la isla. Tanto Wallace como Cooper, habían firmado un contrato que les permitió desarrollar la historia en un libro o cuento o una forma serial. Walter F. Ripperger también escribió una serialización de dos partes de la historia de Wallace y Cooper, en la revista de misterio titulada “King Kong” en las emisiones de febrero y marzo en 1933.
Alemania occidental
     En 1959, un reavivamiento de la obra de Wallace se produjo en Alemania Occidental, y su hijo mayor Bryan, se trasladó allí durante algún tiempo para editar y dirigir muchas de las serie B y películas hechas para la televisión, de Edgar Wallace, filmadas en ese país. Esto más tarde se convirtió en la materia prima de la televisión nocturna. En 2004, Oliver Kalkofe produjo la película, Der Wixxer, un homenaje a las películas populares en blanco y negro de Wallace. Se contó con la participación de un gran número de comediantes conocidos. En 2007, Kalkofe produjo una secuela: Neues vom Wixxer.
     Hay más de libros de Wallace que todavía se imprime en Alemania, más que en otros lugares del mundo, y su obra se ha mantenido consistentemente popular.
Las Hijas de la Noche, fue publicada en 1925. (Wikipedia en Ingles)
Las Hijas de la Noche
de Edgar Wallace
     Stephen Sanderson y Jim Bartholomew sacaban conclusiones en el privado del último. Jim dijo, “Debo felicitarlo. Estuvo brillante…¿Pero cómo adivinó?” Stephen dijo, “…¿Qué vendría el gordo? ¡Elemental, dijera Sherlock Holmes! Él ha andado operando por la región, y acá está la principal sucursal bancaria. ¡Estos recortes informan de sus últimos asaltos bancarios!” Jim dijo, “Ya veo, usted estudió sus facciones en fotos.” Stephen dijo, “¡A tal punto, que lentes y bigote postizo no bastaron para despistarme! El resto ha sido paciencia, ojo avizor.” Jim dijo, “Seré franco, le creí un detective aficionado de pacotilla. ¡Craso error! ¿Sigue investigando el caso de ‘Los Cuatro Grandes del Crimen?’” Stephen dijo, “Así es, señor. Quiero hablar de ellos con su amigo, Frank Cameron.” Jim dijo, “¡Justo iré a verlo ahora, en ‘Moor House!’Pero debo ir solo…” Stephen dijo, “Yo sé porque irá a través del bosque, a caballo con una amazona.” Jim dijo, “¿Con Margot? ¡Claro! ¿Es la conducta adecuada para un gerente?” Stephen dijo, “Usted es joven para su cargo, señor, y nada puritano en verdad.” Jim dijo, “Gracias…pero dígame, ¿Esperaba justamente hoy a Hodges?” El eficiente funcionario no pudo dejar de sonreír con orgullo, y dijo, “¡Tenía que ser hoy, día de fin de quincena! Además, nos anticipamos enviando a la capital una gran remesa, en camión blindado.
     Sin dejar de platicar, salieron del edificio. Stephen dijo, “Bien, iré con Margot. ¿Quiere que le hable de lo suyo a Frank?” Jim dijo, “Como usted prefiera. Estaré allí apenas cerremos el establecimiento.” A solas, el joven Stephen fue hasta unas caballerizas próximas, pensando, “¡Sanderson es desconcertante! Bueno, vayamos ahora con Margot.” En el cercano bosque, Stephen montaba un caballo, y una bella chica, también a caballo, esperaba con impaciencia. Margot dijo al verlo, “¡Mi querido Jim! Llegas con atraso.” Jim dijo, “Un asunto grave me demoró, pero aquí me tienes. Linda.” Bajaron de sus respectivos caballos y se besaron, saludándose con efusión. Después, montaron de nuevo, y cruzaron la arboleda, en el suave trotar de sus corceles. Margot dijo, “¿Grave dijiste?¿Acaso otra mujer…?” Jim dijo, “¡Ja, Ja, Ja! No tan grave como eso. Fíjate, ¡Apenas un intento de asalto, impedido por nuestro invalorable Stephen, detective afortunado!” Margot dijo, “¿Es es empleado que anda buscando la cuadratura del círculo?” Jim dijo, “Sí, pero evitemos las burlas. Ha estado brillante. De veras, y luego irá a conversar con tu hermano.”
      Pronto llegaron a una señorial mansión campestre. Margot dijo, “Bien. Ya estamos en ‘Moor House’” Jim dijo, “Nos espera para cenar. ¡Frank y Cecilia estarán tan interesados como yo, en oír sobre el tal asunto.”  Durante la cena, Jim debió repetir todo aquel “Affaire” bancario, diciendo, “…y así, el gordo Hodges, se ganó una temporada en Chitrona.” Frank dijo, “¡Bravo por tu fiel sabueso! Oye, ¿Sabes que el sábado nos vamos?” Los jóvenes enamorados se miraron con angustia. Jim dijo, “¿Ya de regreso a Estados Unidos? ¡Un año será muy largo para mí!” Ella dijo, “Para mí también, pero solo tras ese plazo regresaremos aquí.” Frank dijo, “Bueno, en ausencia de mi dulce hermanita, tendrás a esa misteriosa Miss Markham, quien ocupa ‘Tor Towers.’ Para entretenerse.” Jim dijo, “Oh, La, La. ¿Qué opinas de ello, Margot?” Margot dijo, “¡Frank, si sé que hay algo así, lo pagarán tú y Jim muy caro!” Frank dijo, “¡Je, después de todo, solo yo vi a esa mujer una vez. ¡Es muy hermosa…y espero que mi dulce Cecilia no me interprete mal!” Jim dijo, “Son pocos los que la han visto. Su criado, un tal Winter, hace todo en lugar de ella. Sin ir más lejos, acaba de guardar un valiosísimo collar de diamantes, en nuestro banco.”
     En ese instante notaron algo raro en la actitud de Cecilia. Frank dijo, “¡Corazón!¿Qué te sucede?” Cecilia dijo, “N-Nada. Un poco de Jaqueca…discúlpenme.” Entonces, se puso de pie, y salió presurosa del comedor, diciendo, “Ya regreso. No se preocupen.” Pero Frank dijo, “Aguarda. Voy contigo. Te daré un calmante.” Jim dijo, “¿Qué habrá pasado? ¡Pareció haber visto un fantasma!” Margot dijo, “Tal vez fue lo que vio. El fantasma de su hermana muerta, golpe del cual nunca ha podido reponerse. ¡Pobrecilla!” Jim dijo, “No sabía nada de eso. ¡Cuéntame Margot!” Margot dijo, “Su hermana tuvo mala suerte. Se casó con un mal sujeto. Posteriormente enfermó de alguna manera grave, y falleció. ¡Una triste historia!” En eso apareció la criada, “Disculpen jóvenes, ¿El señor Frank salió?” Jim le dijo, “Regresa pronto…Cuéntenos. Le pasaremos el recado.” La criada dijo, “Llega un caballero preguntando por él, y…” Jim dijo, “¡Stephen Sanderson! Dígale que espere. Ya ira Frank a recibirlo!” La conversación no tardó en llevarse a cabo, todo esto con la ausencia de Cecilia. Frank dijo, “De modo, señor, que quiere un contacto con el fiscal de Nueva York, mi amigo.” Stephen dijo, “Exacto, necesito más datos, sobre ‘Los Cuatro Grandes del Crimen.’ Todos ustedes, saben, están hoy por hoy en Inglaterra, luego de importantes robos en Paris y en Londres, su especialidad son las joyas. Cuatro forman la banda, tres ingleses y un español, un tal Romano, que se hace pasar por italiano. Los otros son el matrimonio Trenton, y Talbot, falsificador experto.” Jim dijo, “Frank, es bueno que ayudes a Sanderson en lo que puedas.” Frank dijo, “Eso haré, mi amigo. El fiscal ya recibió la llamada telefónica.” Frank le dijo, “En un par de días, él enviará un paquete con informes y fotos.” Stephen dijo, “Me sarán muy útiles. ¡Temo que el collar de Miss Markham atraiga a esos malechores.”  
     Los visitantes decidieron retirarse. Frank dijo, “¿Ya se van? ¡Jim, ibas a hablarme de esa idea de ustedes!” Jim dijo, “Pues crearemos el cuerpo de protección bancaria reforzando la vigilancia.” Margot dijo, “Saldremos juntos mañana, ¿verdad amor?” Jim dijo, “Por supuesto, mi amor. ¡Y nada de pensar en esa ‘mujer bella,’ ya lo sabes!” Stephen y Jim regresaron a pie a través del bosque, conversando. Stephen dijo, “¿Qué pasó con Miss Cameron, que se mantuvo fuera de mi vista?” Jim dijo, “¡Hum! Su reacción fue extraña. Dice Margot que suele tener esas depresiones, pero creo que hay otros motivos.” Stephen dijo, “¿A qué se refiere usted?” Jim dijo, “Se sintió mal cuando hablé de esa dama de ‘Tor Towers’ de su criado y del collar que éste depositó en nuestro banco.” En la entrada de la pequeña ciudad se separaron. Stephen dijo, “¡Bah, no parece haber más relación!” Jim le dijo, “Tal vez, pero me huele mal. ¡Bueno, hasta mañana amigo!” El joven Jim volvió a su casa con ideas lóbregas, que parecían negros nubarrones tormentosos, pensando, “¡Sí, hay algo torvo tras todo esto, y me gustaría saber qué es!”
     A la tarde siguiente, los jóvenes enamorados volvieron a reunirse. Margot dijo, “¡Hola, Jim! Siéntate. Ya nos queda poco para estar juntos.” Jim dijo, “Así es. No me lo recuerdes. ¿Hoy amaneció mejor Cecilia?” Margot dijo, “Durmió muy poco. Pero quiso mostrarse alegre, y hasta me regaló este anillo.” Jim dijo, “¿Puedo echarle un vistazo?” Margot se lo quitó, y dijo, “Sírvete, es valioso. Solo hay dos en su tipo.” Jim dijo, “Parece una hermosa artesanía.” Él la examinó curioso, los tres rostros femeninos que aparecían sobre la sortija. Jim preguntó, “¿Qué representan estas mujeres grabadas?” Margot dijo, “Es un trabajo del padre de Cecilia. El otro día lo dio a su hermana, y al morir ésta, fue enterrada con él. El viejo, hace mucho fallecido, bautizó a los anillos, ‘Las Hijas de la Noche’” Jim dijo, “¡Extraño nombre! ¿Cuál es su origen?” Margot dijo, “Alude a las tres furias, unas deidades romanas, que según el mito, castigaban a los malechores.” Ambos siguieron caminando, tomados de la mano, tratando de detener el tiempo, conversando de un tema que los apartaba de la cercana separación. Margot dijo, “Son copias de un original robado en Louvre. Eso confiere aún más valor a ese anillo.”
     Ambos alquilaron un bote para pasear en el lago poblado de cisnes. Jim dijo, “Sube querida, y háblame ahora de tu viaje.” Margot dijo, “Pues nos embarcaremos en Ceramia.” Ambos subieron al bote y Jim remaba. Entonces Jim dijo, “¿En el Ceramia?¡Vaya coincidencia! En él trabajaron dos amigos.” Margot dijo, “Oh, cuéntame de ellos. Tal vez los vea.” Jim dijo, “Stornoway es el primer oficial, y Smith, el primer maquinista.” Margot dijo, “¿Es que alguna vez fuiste marino acaso?” Jim dijo, “¡Ja, Ja, Ja! No. Estuvimos juntos en la guerra.” Margot dijo, “¡Vaya, será un viaje entre conocidos!¿Sabes que también viaja en el barco las misteriosa Miss Markham?” Ante la noticia, Jim simulo sentir gran pesar, diciendo, “¿Ajá? ¿No dijo Frank ayer que ella me consolaría por ti?” Margot dijo, “¡Oh, cállate! Hoy lo supimos al leer la lista de los pasajeros.” De pronto, él no pudo contenerse y tomó a Margot entre sus brazos, diciendo, “¡Ven aquí, pequeña gata! ¿Sabes que los celos te favorecen?” Ella dijo, “¡Jim, Jim. Eres tan…!” El joven impidió que ella siguiera hablando al besarla con pasión. Y pasaron el resto de la tarde haciendo planes para cuando ella regresara, un año después a Inglaterra, y hablaron de matrimonio.
     Al volver al embarcadero, un ignorado carricoche cruzó el puentecillo, justo encima de ambos. Jim dijo remando, “Te llevaré de vuelta a ‘Moor House,’ Margot.” Ella dijo, “Sí, ya anochece.” No sospecharon que una mujer los miraba desde el carricoche. No imaginaban que se cruzaban con un personaje importantísimo, cuyo destino pronto se enredaría con el de ellos. La misteriosa Miss Markhmam tampoco lo notó, bella melancólica. A la mañana siguiente, el banco recibió un nuevo visitante: Wilson. Sanderson, el banquero, pensó al verlo llegar, “¡Hey, conozco a ese hombre, ¿Qué se traerá ahora?” Wilson se acercó, y dijo, “Buenos días, señor Sanders. Me manda otra vez mi señora.” Sanderson dijo, “¿Miss Markham? Vaya. Sus joyas están seguras aquí. Pero de todas formas, pase. Trataremos el asunto en privado.” Wilson dijo, “Gracias, Mi Lady tiene miedo a los ladrones de joyas, y quiere que yo éche un vistazo a las suyas antes de irnos.” Sanders dijo, “¿Vuelve a Estados Unidos? No tienen porque desconfiar.” Wilson dijo, “No, eso no. Pero allá robaron una vez a mi señora. Y desde entonces, toma precauciones hasta de más.” Sanders dijo, “Comprendo comprendo. ¡Espére, iré a la caja por ellas!” Wilson dijo, “Correcto.” El eficiente funcionario maniobró las llaves en la cerradura de la caja fuerte, pensando, “¡Vaya extravagante tipo, este mayordomo!” Sanders regresó a la oficina con el paquete sellado. “Aquí está en su caja de cristal con embalaje y lacres.” Wilson dijo, “Permítame, romperé un poco el papel para poder ver adentro.” Una vez hecho aquello, Winter observó las joyas, y dijo , “Todo esto es idea de Milady, es claro…¡Oh, un collar soberbio!” Con ojos de asombro, ambos callaron al mirar la gema, cuyas piezas facetadas rutilaban alegremente. Mr. Winter dijo, “Y ahora, pongamos sobre la envoltura desgarrada el sello de mi señora. ¡Es otro capricho de ella que debo cumplir!” Sanders dijo, “Hágalo, Mr. Winter. Luego guardaré de nuevo el paquete.”
     Justo en aquel momento, Jim afuera, veía a Cecilia cabalgando, y dijo, “¡Qué placer verle!¿Ya se siente mejor Miss Cameron?” Cecilia dijo, “¡Ja,Ja, Ja! Ya ve. Incluso salí a gozar de la equitación.” Jim dijo, “Sí. Eso es saludable para cualquiera…¿Margot duerme aún?” Cecilia dijo, “No. Precisamente ella le manda decir que vaya a buscarla para salir a cenar, esta noche.” De pronto, ella se puso pálida. Dejó de respirar. Abrió sus enormes ojos, y dijo, “Creo que el plan de Margot…¿Eh?¡Oh!¡No!¡No puede ser!” Jim dijo “¿Qué ocurre Miss?” Entonces se desmayó, y el joven ;a sostuvo ara que no cayera. Jim trató de localizar la causa de tan extraña reacción.  Observó a su alrededor, y pensó, “¡Hum!¿Por qué sucedió? Solo veo aquel hombre, vestido de Lacayo que ha salido del banco.”
     Minutos más tarde, Cecilia recobró el conocimiento, y dijo, “¡Dios mío!¿Qué…qué ha sucedido?” Jim dijo, “Calma Miss. Ya mandé un mensajero por su esposo. Pronto vendrá a buscara.” Frank Cameron llegó poco después, sumamente alarmado, diciendo, “¡Demonios!¿Otra vez querida?¡Qué susto me has dado!” Jim dijo, “Calma, ella está bien. Tuvo un corto desmayo.” La mujer hacia en un sillón con un cojín. Frank dijo, “Iremos a un medico. No es posible.” Cecilia dijo, “¿Para qué? Estos dos enfermeros me han atendido perfectamente. Solo ha de haber sido un poco de depresión.” Cecilia se levantó y dijo, “Sin duda este aire me afecta. Un cambio de ambiente me recuperará.” Frank dijo, “¡Mmm! Esperemos que así sea.” Frank abrazó a Cecilia, y dijo, “Gracias por haberla atendido. ¿Cuándo nos vemos?” Jim dijo, “Esta noche. Iré por Margot para salir a cenar. Ella lo planeó.” Jim consultó a Sanderson, mientras el matrimonio se alejaba. Jim dijo, “¡Ahí van!¿El que estuvo aquí no era el mayordomo de Miss. Makham?” Sanderson dijo, “Así es. Vino a comprobar que el collar estaba intacto. ¿Por qué?” La respuesta del joven fue ambigua, para él mismo, incluso. Saunders pensó, “Demasiados misterios. Esos desmayos, el mayordomo, el disimulo de Miss Cecilia, el viaje de la Markham.” La jornada de trabajo siguió, pero esa tarde Sanderson volvió a dirigirse a su gerente, quien le dijo, “¿Qué pasa amigo?” Sanderson dijo, “Llegó el paquete con las fotos y los datos, señor, en envío aéreo.” Jim dijo, “Que bueno. Los cuatro grandes del crimen ya empiezan a temblar.” Sanderson dijo, “Oh, no se burle señor. En realidad estoy más cerca de ellos de lo que usted piensa. Y ha llegado Bend, ese rico ganadero que desea hablarle.” Jim dijo, “Dígale que acabo un par de asuntos y voy. Que pase a mi despacho.”
Poco después, Jim recibió al señor Bend, diciendo, “¿Qué tal, Mr. Bend?¿Viene a depositar o a retirar dinero?” El señor Bend dijo, “Esta vez, ninguna de las dos cosas, Jim. Pensé en ti porque tengo entendido, eres novio de la hermana de Frank Cameron. ¿O no?” Ante aquellas palabras, el hombre se puso tenso. Jim dijo, “En efecto, lo soy. ¿Hay algún inconveniente?” Bend dijo, “¡Jo, Jo! No por mi parte. Pero la actitud de la esposa de Frank ha sido rara, sin duda.” Jim dijo, “¿Se refiere a Cecilia…?¡Desembuche!” Bend dijo, “Correcto. La vía férrea pasa por mis campos. Hay ahí una parada. Sucede que un peón mío vio para el tren a Escocia. Y vio bajarse del tren únicamente a Miss Cameron. Llevaba sombrero con tull, pero mi peón la conoce y la identificó. Un zulky esperaba. Ella subió en él y se perdió de vista. Disculpa, hijo. Ante una conducta tan extraña, se me ocurrió hablar contigo, en lugar de hacerlo con Frank. ¿He hecho bien?” Jim dijo, “Por supuesto. Mr. Bend. Deje eso en mis manos, y ¡Mil gracias!”
     El ganadero se fue y Jim iba a salir, cuando Sanderson lo detuvo. Jim dijo, “¿Qué pasa?” Sanderson le dijo, “Antes de que se vaya, señor, es preciso que le haga un pedido.” Jim dijo, “Si está a mi alcance.” Sanderson le dijo, “He revisado el material sobre los cuatro y es excelente. ¡Pero tenerlo conmigo es peligroso!¿Comprende?¡Necesito protegerme!” Jim le dijo, “Tome mi revolver. ¿Sabe usarlo?” Sanderson le dijo, “Creo que sí. ¡Gracias señor! Ya sabe usted. Duermo en el anexo del banco, y también temo por las joyas de Miss Markham.” Atardecía cuando el gerente subió a su coche, para ir a “Moor House.” Mil preocupaciones se adensaban en su pensamiento, mientras conducía su automóvil, “¿Cecilia…en el tren a Escocia?¿Y por qué se bajo del tren?¡Para colma, subió luego a un Zulky?” Y la siguiente conclusión lo golpeó como un certero cross en la mandíbula. Jim pensó, “¡Y precisamente Frank vino en zulky, esta mañana en busca de ella!¡Diablos, esto me duele  muy, pero muy feo!” Cuando Jim llegó a casa de su novia, Margot ya esperaba por él, y dijo, “¡Hola mi amor! Elijamos un buen restaurante.” Jim dijo, “Lo haremos pero aguarda. Hablaré dos palabras con Frank.” Lo encontró leyendo en la sala. Frank dijo al verlo, “Y bien Jim, ¿Ya te llevas a mi linda hermanita?” Jim le dijo, “Antes quería preguntarse cómo esta Cecilia.” Jim pudo ver cuánto se endurecían los rasgos de su futuro cuñado. Frank dijo, “Ante su salud débil, decidió ir a Escocia, donde se respira mejor y tenemos unos amigos.” Jim dijo, “Ajá. ¿Salió en el expreso de la tarde?” Frank dijo, “Sí, en él viaja aún, ¿Por qué lo preguntas?” Jim le dijo, “Es que no podrán irse, entonces, a los Estados Unidos, el sábado.” Frank dijo, “Cecilia quiso viajar sola. Yo me quedaré aquí. Pero Margot si se va, por sus estudios universitarios.” Jim dijo, “¡Oh, eso me entristece! Tal vez la acompañe a Southampton, yo.” Antes de dejar a su amigo, el joven le hizo la ultima pegunta, “Dime una cosa Frank. ¿Hay algo…en que pueda darte una mano?” Frank dijo, “No, hermano. ¡Gracias! Vayan. Diviértanse ustedes dos.”
     Poco después, mientras se dirigían a la pequeña ciudad en automóvil, Margot dijo, “Dime, Jim, ¿De qué hablaron en mi ausencia, si no es indiscreción?” Jim dijo, “De nada importante, querida.” Más tarde, ya en el restaurante, Jim seguía en plan esquivo, reconcentrado. Margot dijo, “¡Hey, estás quien sabe donde!¿Nos arruinará  la noche esto?” Jim dijo, “¡Oh, no, discúlpame!¿Quieres hacerme un favor?” Margot dijo, “Claro que sí. Dime.” Jim le dijo, “Quiero preguntarte algo sin que me pidas explicaciones.” Margot dijo, “Prometido.” Jim le pregunto, “¿Estaba el zulky en tu casa cuando yo fui a buscarte?” Margot dijo, “No. Un peón salió en él, al medio día, y aún no había regresado. ¿A qué viene…?” A partir de ese instante, Jim se vio más elocuente y alegre. Margot dijo, “Bueno, parecen haberse disipado eternos nubarrones…” Jim dijo, “¡Ja, Ja, Ja! Sí, es posible…¡Háblame del próximo viaje!” Margot dijo, “¡Una buena noticia! Miss Dupreid, una anciana conocida de mi hermano, lo llamó para decirle que ella también ira en el Ceramia.” Jim dijo, “¡Qué bueno!¿Frank mismo te lo dijo?” Margot dijo, “Por supuesto. Y agregó que apelará a ella, si necesitaba ayuda.” Jim dijo, “Mmm…menos él y Cecilia. Todo el mundo se embarca por lo visto.” Margot dijo, “¿Todo el mundo?¡Oye, no sé si hablas en serio, o…!” Jim tomó una copa llena de vino, y dijo, “Hablo muy en serio, querida. ¡Brindemos por una feliz travesía!” Y chocaron sus copas alegres, en su última noche inglesa compartida. Margot dijo, “Sí, por ello. Y por nuestra felicidad, Jim.” Jim brindó, diciendo, “¡Salud!”
     El resto de la velada lo pasaron bailando, muy juntos, en un club nocturno. Pasada la media noche, él regresó a Margot a su casa, y se despidieron, besándose largamente. Jim volvió a la ciudad, dejó el coche en su garaje, y caminó sin rumbo. Un policía se le acercó, diciendo, “¿Eres tú, Jim?¡Qué suerte!¡Justo pensaba en ti!” Jim dijo, “¿Por qué, sargento Morris?” El sargento dijo, “¡Fíjate! Sanderson se acuesta a las nueve y se levanta a las seis de la mañana…hace veinticinco años. ¿Qué hace esa luz ahí?” Jim dijo, “¡Tiene razón! Él es muy metódico. Déjeme echar un vistazo.” Jim se acercó al edificio, y dijo, “Abriré y…” El sargento dijo, “Entraré contigo, muchacho. Como comprenderás, todo lo que pase en un banco, me concierne. Sobre todo a las tres de la mañana.” Entraron, subieron la escalera, y se acercaron a la puerta del dormitorio del auxiliar. ¡TOC!¡TOC! Jim dijo, “¡Qué raro! ¡No contesta!¿Tan pesado será su sueño?” El sargento forzó la puerta y dijo, “¡Demasiado pesado para un hombre que no bebe! Entremos.” Anderson yacía bocabajo, retorcido, con un golpe feo en la nuca. Jim dijo, “¡Dios mío, ha sido golpeado! ¿Estará muerto?” El sargento dijo, “¡No lo toque!¡No lo toque!¡Iré por más hombres y un medico!” Apenas salió corriendo el policía, Jim examinó al caído, diciendo, “¡Está muerto! pero, ¿Qué es eso que aferra su mano?” Jim forcejeó un poco más para quitar de la mano rígida del cadáver, lo que a ella se aferraba aún. Jim tomó el objeto y pensó, “¡Pobre Sanderson!¡El revólver no le sirvió de nada! Veré qué es esto…”
     A dos cuadras del banco, un coche salía del callejón oscuro y, como exhalación, se hundía en la noche. Al observar aquello, sin saber que el asesino huía cerca, el joven gerente sintió horror y vértigo. Y dijo, “¿Eh?¡Diablos, reconozco esto!” Era un pedazo de una fotografía rota. Jim pensó, “¡Son…dedos de mujer…con ese extraño anillo que me mostró Margot!” Jim continuó pensando, “¡El Sargento Morris dio conmigo en las calles, a esa hora, y sabe que soy el único que tenia llaves para entrar. Creo que estoy a punto de ser el primer sospechoso del crimen.” Velozmente, Jim tomó papel y lápiz, y escribió un corto mensaje, pensando: “¡Mientras tanto, el verdadero criminal huye! No, me iré antes que me arresten, y dejaré unas indicaciones.” Minutos después, regresó el policía con su segundo y un médico forense. El sargento dijo, “¡Démonos prisa, el sargento tenia mal aspecto!” ya adentro, solo dieron con el cuerpo de Sanderson. El segundo dijo, “No hay nada que hacer aquí ya. Falleció hará hace media hora.” El sargento dijo, “¡Maldición! ¿Y Jim? ¡Le dije que no se moviera de aquí!” El segundo dijo, “Sargento, aquí hay un papel firmado por él justamente!” “¡Dámelo!” dijo el sargento. Con voz temblorosa, Morris leyó, “Yo no lo hice, pero nadie me creerá. Necesito demostrar mi inocencia, sargento. Telegrafíen a la sucursal de Tiverton para que manden otro gerente…Las llaves están en mi escritorio. ¡Perdóneme sargento!” La reacción del policía fue violenta, “¡Muchacho estúpido…pensó que lo incriminaría y huyó! Ah, él mismo se ha hecho sospechoso ahora.” El último comentario del jerarca fue lapidario. “Sí que eran grandes amigos, ¿Cómo pudo pensar, Jim…?¡Solo que tenga una pista, y no quiera perder tiempo. En este caso, espero que no acabe como su colega…”
     Sobre el medio día siguiente, en Southampton, Margot desde la borda del “Ceramia” se desesperaba. “Cielos, ¿es posible que Jim no venga a despedirse como prometió?” Empezaron las maniobras del desamarre y la joven sintió tristeza, pensado, “¡Oh, Jim, Jim!¿Qué habrá pasado?¿O te olvidas de mi?” La enorme mole empezó a moverse, entre nubes de humo y pañuelos agitados, haciendo retumbar su sirena. Margot lloró mientras el navío se encaminaba hacia el mar, pensado, “¡Oh, Dios!¡Qué desdichada soy!” Buscando compañía y consuelo, se encamino hacia os camarotes, pensado, “Veré a la tal Miss Dupreid. Frank dijo que ocuparía e 8B de primera clase. Es por aquí.” TOC TOC. “Un momento. Salgo enseguida” se escuchó tras la puerta. Una camarera se asomó con precaución. “¿Sí, en qué puedo servirla?” “¿Está Miss Dupreid? Dígale que soy Miss Cameron.” La camarera dijo, “¡Ah sí! La señora sabe que usted vendría, pero le pide que la excuse, no puede atender a nadie. El viaje le ha caído muy mal.” Margot dijo, “¡Oh, qué contrariedad!¡Salúdela de mi parte!¡Dígale que volveré!”
     Aburrida, Margot tomaba más tarde jugo de naranja en el comedor, cuando alguien se acercó a su mesa. Las mujer dijo, “¿Me permite acompañarla, querida?” La deslumbrante belleza de la extraña deslumbró a la joven. Margot dijo, “¿Oh? S-Sí, claro. Siéntese…¿Es usted Miss Dupreid?” La mujer rió, “¡Ja, Ja, Ja! Mi nombre es Estela Markham.” Margot dijo, “¡Oh señora! ¡Vaya coincidencia!” La mujer dijo, “Ninguna coincidencia. Vi su nombre en la lista de pasajeros, y pensé que era de los Cameron de ‘Moor House,’ mansión cercana a la mía. El resto fue fácil. Pregunté al capitán por usted nombrándola. Y él acaba de darme su descripción. Pero dígame. ¿Ha estado llorando?” Margot dijo, “Un poco triste nada más.” Estela dijo, “¡Ja!¿Triste por haber dejado a Jim Bartholomew, el gerente?” Margot dijo, “¡Aguarde!¿Qué sabe usted de él?” Estela dijo, “Pues soy clienta de su banco, y en todo Mooford se habla del romance entre el promisorio jerarca y la bella Margot Cameron.” Aquella mujer tenía un encanto especial incontenible. Estela dijo, “También yo me aburro, querida, ¿Nos consolaremos mutuamente durante el crucero?” Margot dijo, “S-Sí, por supuesto. No estamos solas. Hay una señora de edad que conozco, y dos oficiales de abordo, viejos camaradas de Jim.” Estela dijo, “Pues, con respecto a ellos, me adelanté a usted…fíjese.” Margot dijo, “¿Cómo lo hizo?” Estela dijo, “No bien subí al barco, Stornoway, ese joven, trató de ser galante conmigo. Le dije de donde venia y mencionó a Jim, que allí vive.” Estela hablaba con tono pausado y agradable, casi fascinante. “Me contó la historia entera. Parece que en la gran guerra iban juntos él, Jim, y un tal Smithe. ¡Un submarino torpedeó la fragata, y Jim salvó a sus amigos, con un  bote salvavidas, pues estaban malheridos!” Margot dijo, “¿De modo que ellos le deben a vida?” Estela dijo, “Así parece. ¡Ahora disculpe querida! Tengo algunas cosas que hacer.” La joven vio alejarse a Estela entre las mesas de comensales, pensado, “¡Dios mío, es endiabladamente bella!¡Y tan simpática! Bueno, siempre viene bien tener a una persona así a mano.”
     Esa noche, pese a la niebla y al frio, Margot salió a caminar por la desolada cubierta, pensado, “Necesito estar sola. Extraño a Jim. ¿Cómo soportar un año entero sin verlo?¡Para peor no se presentó en el puerto!” De pronto sintió un chasquido y vio una sombra muy cerca, y dijo, “¿Quién…quién hay ahí? ¡Cielos!” Antes de que gritara de espanto, un brazo la atenazó y una mano tapó su boca. Era Jim, quien dijo, “¡Silencio!¡Que nadie te oiga!” Cuando se vio libre y se volvió curiosa, la arrebató el asombro. “¡¿Eres tú?! ¡No puede ser!” Entonces se desmayó. Jim le dijo, “¡Margot, mantente serena!” Margot no tardó en recobrar el sentido, y dijo, “¡Ay Jim, Jim, cómo es posible!” Jim le dijo, “Disculpa, mi amor, que te haya asustado, pero de otro modo  hubieras dado de gritos, y mi plan se desbarataría.” Margot dijo, “¿Plan? ¿De qué hablas?” Jim dijo, “Por ahora puedo decirte muy poco, Margot. Quiero que tengas fe n mi, sin necesidad de oír explicaciones.” Margot dijo, “Sabes que confío en ti, pero, ¿De dónde sales?” Jim le dijo, “¿Lo sabrás más adelante. Por ahora, solo nos veremos cada noche, a las diez, aquí mismo. ¡No digas que te ves conmigo! ¿Entiendes?” Margot dijo, “¡De acuerdo!¿Sabes? Estuve hablando con Miss Markham…” Jim dijo, “Pues oí en onda corta, desde Nueva York que una mujer detective persigue a los famosos cuatro. ¡Quizá sea ella misma!” Margot dijo, “¿Los Cuatro grandes? ¡Dios mío!¿En qué te has metido querido?” Jim dijo, “No peguntes. Solo esto te diré. Murió Sanderson.” Ante lo oído, ella gimió desconsolada. “¿Dices…qué…? ¡Oh, no. Es horrible!” Jim dijo, “Bueno, debo dejarte antes que alguien nos vea. ¡Ya sabes, a las diez de cada noche, y confía en Miss Markham, también!” De pronto, volvió a verse sola. Tan veloz fue la ida de Jim. “¿Jim, Jim? ¡Ah, tal parece que hubiera visto a un fantasma…adorable!”
    A la mañana siguiente, calurosa y solar, Margot decidió volver al camarote de Miss Dupreid, ate de subir a la piscina, pensando, “Ojalá y esa pobre señora se sienta mejor hoy.” Golpeó varias veces si recibir respuesta. “No responde. Tal vez duerma con una buena dosis de pastillas .¡Pobrecilla, debe estar pasando malos ratos!” Sin pensar más en la “enferma,” fue a mezclarse entre los bañistas. Experta nadadora, ejecutó desde el trampolín un perfecto clavado. Nadó con alegría, sintiendo que los malos momentos de incertidumbre habían pasado, que el agua la devolvía a su paz habitual. Margot pensaba, “¡Oh Jim, es tan lindo saber que andas cerca! Pero, ¿Dónde?” Al borde de la piscina, Estela la saludó efusiva. “¡Buenos días querida! ¿No te ofendes si… te hablo de tú?” Margot dijo, “Claro que no, Miss. ¡Espere, enseguida estoy con usted!” Ambas se sentaron en una mesa con sombrilla. Miss Markham dijo, “Me permití pedir jaiboles para ambas. ¡Son famosos los de esta nave!” Margot dijo, “Sí, es buena idea. ¿Ha vuelto usted a ver al amigo de Jim?” Margot dijo, “¿Hablas de Stornoway? No, pero hay alguien que quiere conocerte, un militar muy apuesto. No debe tardar.” Margot dijo, “Por su uniforme debe ser aquel…¿Es conocido suyo?” Miss Markham dijo, “Más o menos…oye, sé amable con él. Es divertido tener pequeños romances inconsecuentes en estos viajes.”
     Hechas las presentaciones, el recién llegado se mostró teatral, y dijo a Margot, tomándola de la mano, “Beso la mano de una bella mujer de mundo, Miss.” Margot le dijo, “Gracias coronel Visconti. ¿Qué lo lleva a Norteamérica?” El coronel le dijo, “Voy de agregado militar a la embajada de Italia en Washington. Y presumo que será un trabajo aburrido. ¿Podría invitarla a pasear alguna vez?” Margot dijo, “Pues…¿Por qué no?...nunca he tratado con un real ‘Latin Lover’” El coronel dijo, “¡Oh, Usted se burla! De todos modos agradezco su solicitud.” Margot rió, “¡Ja, Ja, Ja! No me malinterprete, coronel, podemos ser amigos.” El hombre saludó con sencillo gesto y pidió para retirarse. “Nos seguiremos viendo, Miss. Ahora, debo retirarme. ¡Abur!” Mientras lo veían retirarse, Margot dijo, “Oiga, de veras es un rico tipo. ¿Viaja con pasaporte diplomático?” Miss Markham dijo, “Sí, claro. Es aristócrata y muy rico. ¡Trátalo bien querida…sin dejar de pensar en tu Jim, es claro!” Poco después, as dos mujeres fueron hacia sus respectivas cabinas. Miss Markham se despidió, y dijo, “Bien, te buscaré más tarde…” Margot dijo, “Claro que sí, pero yo quisiera preguntarle…” Miss Markham dijo, “¿Sí? Dime…con confianza.” Margot dijo, “Mmm…no. Era una tontería. No vale la pena.” Intrigada, Estela miró a Margot, mientras ésta se iba. “¡Hum!¿Qué habrá querido decirme?¡Puede ser importante!” Por su parte, también Margot sacaba sus conclusiones. “¡Qué tonta soy!¿Cómo iba a preguntarle si era la mujer detective?¡Anda de incognito! La hubiera puesto en un aprieto, menos mal que al fin me contuve.”
     Esa noche, a la hora indicada, ella se dirigió a aquel rincón oscuro, pensando, “¡Me daré prisa! ¡Es la hora justa! Jim puede irse.” Jim llego y se besaron con ternura en la penumbra misma. Él le dijo, “¡Mi amor!” Ella expresó, “Mmmm.” Enseguida, Margot dijo, “¿Hay alguna novedad acaso?” Jim dijo, “Por ahora, ninguno. Solo diré que si no aclaro ciertos, mi libertad futura corre peligro.” Margot le dijo, “¿Es que te acusan de la muerte de Sanderson?” Jim dijo, “Sí, pero no fui yo. Es claro. ¡Solo que por ahora nadie me creería!” Margot le dijo, “Pues sigue en lo tuyo entonces. Ya sabes que tienes mi apoyo.” Jim dijo, “Por supuesto, querida. Si no fuese así, no tendría fuerzas para algo difícil y enredado. ¡Bien, separémonos, hasta mañana!” Margot le dijo, “¡Quiero estar contigo!” Jim le dijo, “¡Tenemos el futuro por delante! ¡Cuídate!” Besó parentalmente a la joven, antes de perderse entre las brumas. Luego, ella se trasladó a su camarote cansada, pensativa. “¡Todo es tan denso para mí! Ojalá y resulte bien, luego.” Margot se preparó a acostarse con lóbregos pensamientos en su mente. “¡Oh, Jim puede correr peligro!¿Porqué murió el pobre Sanderson? ¡Y esos ‘Cuatro Grandes; a quien él asechaba!¡Oh!” Margot se acostó, y pensó, “¡Vamos, mejor no pensar en esas horribles cosas!” Pronto se durmió, y feas pesadillas la acosaron.
     En el sueño, Margot se veía a sí misma cabalgando en caballo, y diciendo, “¡Me llaman!¡Debo darme prisa!” En el sueño, Sanderson la esperaba, ara darle algo así como una caja de sombreros, diciendo, “Por suerte llegó a tiempo, Miss. ¡Tome, es suyo!” Ella dijo, “Gracias, pero, ¿Qué es? Abriré y miraré…”  Enseguida, abrió la caja, y, llena de terror exclamó, “¡Es…Es…!¡LA CABRZA DE JIM!¡QUE HORROR!” El semblante de Sanderson le pareció cadavérico, diciendo, “¡Jo, Jo, Jo!¡Acepte mi propio regalo!¡Sé que la emociona!” Margot exclamó, “¡Ayyy, por Dios, aléjese!” Margot despertó dando un brinco, transpirando copiosamente, y pensando, “¡Ohhh!¡Por suerte fue una horrible pesadilla!” Sollozando se levantó a tomar agua, agotada, pensado, “¡Solo de pensar que a Jim le pueda ocurrir algo grave!¡No no podría soportar semejante cosa!” Tras la pésima noche pasada, trató de distraerse leyendo. Pronto apareció Estela con un sacerdote, en plena charla. Margot pensó, “¡Ah, allí viene mi amiga!¿Quién le hace compañía?” Nuevas presentaciones tuvieron lugar. Estela inició, “Permíteme presentarte al presbítero Charles Price, querida.” El sacerdote dijo, “¡Mucho gusto, Miss! Estela ya me habló de usted.” Pero en eso, el cura tuvo una curiosa reacción, y dijo, “Me decía Estela que…¡Santo Cielo! Disculpen, debo ausentarme…” Era el sargento, quien dijo, “¡Oh, qué gusto verlo, padre. Quería hablarle.” Sin contemplación, el soldado condujo al otro por un brazo, diciendo, “Las damas nos disculparan, pero debemos hablar en privado, ¿O no, respetado eclesiástico?” El presbítero dijo, “S-Sí…vayamos a otro sitio.” Una vez que se fueron, Estela dijo, “Vaya, ésta vez Visconti estuvo descortés…¡Miss Markham! ¿Me oye?” Estela, “Hum…¡Oh sí, Margot, disculpa!” En un instante, la dama recuperó su compostura, y dijo, “¿Es que…tienen algún problema?” Estela dijo, “¡Pequeñeces! Ambos juegan bien al ajedrez, y sin duda Visconti reclama una revancha…¡Ya sabes, así son los deportistas!” Justo cuando Estela iba a sentarse, apareció su mayordomo Winter. Margot dijo, “Oiga, tengo varias novelas policiacas, siéntese.” Estela dijo, “Gracias, yo…” El mayordomo hizo su aparición y dijo, “La señora me disculpará, pero alguien pregunta por usted, y…” Estela dijo, “Voy contigo, Winter. Perdóname Margo. No puedo leer contigo.” La joven los miro irse, con un poco de inquietud, pensando, “¡Qué raro! ¿Su empleado uso un tono seco o duro, o me lo habrá parecido? Y ella dijo, ‘No puedo leer contigo’” Y por más que procuró seguir leyendo, no pudo concentrarse más, pensando, “Que raro, si qué raro…¿O exagerado?¿O estaré volviéndome loca?”
     Horas después, sola y triste, Margot  seguía rondando aquel temor, pensando, “¡Diablos, juraría que Estela sufre alguna influencia maligna, de su propio lacayo! Y bien…¿A mí qué me importa?” En eso, su compañera de viaje regreso. Margot dijo al verla, “Ah, justamente pensaba en usted. ¿Algo anda mal?” Estela dijo, “Temo decirte que si, Margot.” Sin poder contenerse, la mujer lloró en el hombro de la joven. Estela dijo, sollozando, “¡Dispénsame, querida! ¡Oh!” Margot dijo, “Calma, no ha de ser tan grave. ¿De qué se trata?” Estela dijo, “Por radio acaban de avisarme…que…¡Robaron mi collar de diamantes!” Margot dijo, “¿Del banco de Jim?” Estela dijo, “Así es. Parece que eso obedeció a la muerte de Sanderson. ¡Descubrieron la falta del collar un día después!” Margot preguntó, “¿Cómo entraron a la caja fuerte?” Estela explicó, “Dicen que el asesino tomo las llaves del empleado, tras descargarle un golpe mortal, abrió con ellas, robo el collar y las repuso al bolsillo del caído.” Margot dijo, “Pero, ¿Cómo pudo identificar el envoltorio entre miles?” Estela dijo, “¡Ese es el misterio, Margot, ese collar es todo mi capital!” Margot dijo, “Calma Estela. Seguro que todo Scotland Yard lo buscará ahora.” De pronto, Margot vio algo que la puso tensa, lívida. “¿Eh?¿Pero qué estoy viendo?” Estela dijo, “¿A qué te refieres, querida?” Ella disimuló ante Estela, pero acababa de reconocer a Jim, y dijo, “No…no es…nada. Un poco de jaqueca solamente. Olvídelo.”
      Por su parte, Jim descendió varias escaleras hasta la sala de máquinas, pensando, “¡Margot me vio, aunque trate de pasar desapercibido! Espero que no lo comente con Miss Markham.” Dos hombres los esperaban en las entrañas de aquel buque. Uno de los hombres era Stornoway, quien dijo, “¿Qué tal Jim?¿Encontraste lo que buscabas?” Jim dijo, “Aún no, Stornoway, pero creo que aún lo lograre.” El otro hombre era Smithe, quien dijo, “¡Ji, Ji, Ji! Nuestro ‘Mecánico’ no se rinde. ¿Eh?” Jim le dijo, “¡Calla nariguetas, cuando vuelva a revisar ese camarote, hallaré la condenada prueba de mi Inocencia!” Smithe le dijo, “¿Por qué estas tan seguro?” Jim dijo, “Sanderson me dijo que estuvo ese Winter y que puso un sello de su ama en el paquete. ¡Lo único que permitiría identificarlo, Smithe!” Jim dijo, “Lo pensé, además me dijeron ustedes de la denuncia del robo.”  Stornoway dijo, “¡Somos tus amigos, ya sabes, y así como te conseguimos un puesto para que te escondas, te daremos la información telegráfica.” Jim dijo, “Gracias, amigos. Sin ustedes estaría perdido. ¡Les estoy agradecido!” Smithe dijo, “No, Jim. Lo agradeciste de antemano, cuando nos salvaste el pellejo.” Jim preguntó, “¿El capitán está con nosotros?” Smithe Dijo, “El capitán, el telegrafista, y toda la tripulación. ¡Si como dices, los cuatro grandes del crimen viajan en el ‘Ceramia,’caerán en nuestras manos antes de que toquemos Nueva York!¡Brindemos por ese triunfo con añejo ron de Jamaica.” Stornoway dijo, “¡Sí, salud por la justicia!”
     Mientras tanto, en el camarote de Miss Markham, Estela le dijo a su mayordomo, “¡Trenton!¿Qué te ocurre ahora?” Trenton le dijo, “¡Calla perra! Como te dije antes, alguien trata de asaltarnos. ¡Es la segunda vez que registran nuestro camarote!” Estela dijo, “¡Pero solo yo y tu tenemos llaves!” Trenton le dijo, “Si me entero de que das a alguien las tuyas…¡Te mato! Pero debe ser alguien del personal del barco, pues hay llaves maestras.” El presunto mayordomo tuvo un estallido de cólera, “¡Demonios!¡Todo se complica!¡Me arrepiento de haber escogido el ‘Ceramia,’ de representar mi papel todo el tiempo…” Esa noche, Margot esperó en vano a Jim entre los botes. Margot pensó, “¡Ya es tarde y Jim no ha venido! ¿Por qué? ¡Ah, tengo miedo!” En eso, unan pareja se acerco y ella huyó antes de ser reconocida. Era una pareja de pasajeros, y el caballero dijo, “¡Hey!¿De dónde salió esa mujer?” La mujer dijo, “No sé pero huye. Mejor así, no habrá fisgonas entre nosotros.” Jim no pudo asistir a la cita, pues andaba muy ocupado, pensando, “Margot habrá de perdonarme, pero la actitud del tipo éste es sospechosa. ¡Por suerte, el radiotelegrafista me mandó llamar, sin que él lo advirtiese!” Entonces, salió de la cabina, Prince, el cura. Jim pensó al verlo, “Un sacerdote a estas horas por aquí. Sí, no es lógico.” El joven entro de inmediato al departamento de comunicaciones, diciendo, “¡Hola José! ¿Qué mensaje envió nuestro presbítero, si puedo saber?” El telegrafista dijo, “¡Claro, un largo mensaje a Londres para Scotland Yard!¡Espera!” El telegrafista leyó el mensaje, “…y esto lo hago a cambio de mi libertad y de protección ante los otros, que buscarán venganza.” Jim dijo, “¡Cielos!” Tras agradecer al técnico, Jim salió muy pensativo. “¡Vaya, todo empieza a adquirir sentido! Pero…hay detalles que se contradicen.” Entonces oyó un grito prolongado, horrible. ¡AAARRRGH! Y pensó, “¡Demonios!¡Algo sucede!” Alguien huyó en la sombre, pero Jim vio a otro hombre caído, y resolvió auxiliarlo. Jim dijo, “¡Hey espere…! Es cura. Lo han golpeado duro.”
     Poco después, el sacerdote despertaba, diciendo, “¿Qué…me paso…?” Jim le dijo, “Tranquilo padre. Le ayudaré a llegar a su camarote.” El sacerdote dijo, “¡No déjeme, puedo arreglármelas solo!¡Me dio vértigo y caí golpeándome contra el piso, sin duda!” Price se alejó de prisa, asustado, aún tambaleándose, diciendo, “¡Gracias por la ayuda! Adiós…” Jim pensó, “¡Hum! No sabe que vi a su atacante, aunque no su cara…” Aquel suceso vino a ocupar su mente con intensidad, pensando, “¡Puso ese telegrama y luego lo atacaron! Bueno, creo estar por fin sobre pistas firmes en mi búsqueda.”
     Al día siguiente, en el salón de fumar, Margot fue abordada una vez más por Estela, mientras escuchaba bellas melodías. Estela dijo, “¡Hola querida! Te buscaba. ¿Puedes atenderme?” Margot dijo, “Claro, Estela, dígame…” Estela dijo, “Quiero pedirte un favor. Ya que en Nueva York no me detendré, porque iremos derecho a Washington, ¿Podrías dar esto a una amiga?” Estela entrego un paquete a Margot, quien dijo, “Claro que sí. ¿Puede saberse qué es?” Estela rió, “¡Ja, Ja, Ja! Claro que sí. Son bombones franceses, la debilidad de mi amiga. Me los pidió expresamente ¿Sabes?” Margot dijo, “Muy bien. Dame ahora su dirección…” Estela dijo, “Me la sabia de memoria, pero ahora no la recuerdo bien! Descuida, en cuanto recuerde te la diré. Mientras tanto guarda el paquete.” Margot dijo, “Así lo haré Estela.” Estela agregó, “Hay algo mas Margot. Alguien ha andado metiéndose en mi camarote. ¿Tienes alguna idea al respecto?” Margot le dijo, “¿Yo? ¿Por qué habría de tenerla? ¡No soy ladrona de joyas!” Estela dijo, “Tienes razón, porque habrías de tenerla. ¡Bueno, hasta luego!” Margot dijo, “Hasta luego…” Estela pensó al irse, “¡Esa chica cometió un grave error!¿Por qué habló de ladrones de joyas? Sabe algo. Sin duda. ¡Y sabe que fue indiscreta!” En efecto, Margot comprendía y lamentaba su error, pensando, “¡Qué estúpida soy!¿Porqué dije eso? Molestó visiblemente a Estela…y me gustaría saber por qué.”
     Jim, mientras tanto, intentaba una segunda requisa del camarote de Miss Markham, pensando, “Esta vez creo que…¡Oh, alguien viene, debo huir!” Jim se escondió y asomándose, vio a Estela entrando en su camarote, y pensó, “¡Es esa mujer, diablos. Deberé dejar esto por ahora. Volveré a reunirme con mis amigos.” En el camarote de siempre celebraron una nueva junta. Jim entró, y dijo, “¿Qué tal muchachos?¿Localizaron al presbítero?” Stornoway dijo, “Pero aun nos falta el sector de popa, a donde iremos ahora.” Smithe le dijo, “¿Y tú? ¿Hallaste esa pista al fin?” Jim dijo, “No pude, pero insistiré. Ahora deseo ver a otra persona.” Stornoway dijo, “Buena suerte. Nosotros seguiremos buscando a ese pájaro.”
     Más tarde, Margot se paseaba sin rumbo fijo, pensativa. “¡Caray, de nuevo fui a ver a Miss Dupreid, y tampoco salió a atenderme! Vaya ‘compañía.’ ¿Y qué le pudo haber pasado ayer a Jim? Me gustaría saberlo, como sé ahora dónde se oculta, en los camarotes de la tripulación, con uniforme de mecánico.” Siguió su peso y de pronto vio algo que le destrozó el corazón. Margot pensó, “¿Qué…veo?¡No es imposible!¡Veo alucinaciones!” Acababa de sorprender a Jim, abrazando a una desconocida. Margot pensó, “¡Sí, es él, él, con una …¡¿Quién?¡Estela, no!” Furiosa de celos, Margot avanzó implacable. Margot les gritó, “¡Desgraciados!¿Así que esto es lo que haces mi ausencia?” Jim volteó, y dijo, “No, querida. Cálmate…te explicaré todo.” Cuando aquella mujer se volvió, la joven casi cae de puro asombro. Margot dijo, “¡Cecilia!” Cecilia dijo, “Sí, soy yo, querida cuñada…y Jim es tan bueno conmigo.” Margot dijo, “Pero, ¿Cómo es que estás aquí?¿No fuiste a Escocia?” Cecilia dijo, “Simulé ir, y fui a Southampton a embarcarme. ¡Frank lo sabe todo!” Margot dijo, “No entiendo…” Jim dijo, “Viajo en el mismo tren que tu y yo Margot. Siempre lo supe. Subió al expreso de Escocía. Bajó en la estación rural de los Bend, y en el Zulk que la esperaba. Fue al ramal del tren a Southampton.” Margot dijo, “¿Cómo es que no los vi, ni a ella ni a ti?” Jim dijo, “Pues, no convenía dar cuenta de nuestra identidad.” Margot dijo, “¡Entiendo! Tenían que ocultar sus secretas relaciones. ¿Eh?” Cecilia dijo, “Te comprendo…pero eres injusta. ¿Te ofende que Jim me consolara en tan mal momento para mí? ¡Si supieras lo que estoy usando!” Jim dijo, “Sí Margot, ya te explicaremos todo. Ahora no hay tiempo. Bástete saber que la tal Miss Dupreid no existe. Que ese camarote iba ocupado por Cecilia.” Margot dijo, “¡Oh! Disculpa querida. Creo que he estado actuando como una chiquilla estúpida.” Jim dijo, “Bien, tengo que hacer. ¡Véanse en secreto, eso va a ser mejor!” Margot dijo, “Así lo haremos. ¡Esta noche a las diez…no faltes querido!”
     Jim se trasladó a popa y ubicó pronto a sus amigos. Jim dijo, “Y, muchachos, dieron con el tipo?” Stornoway dijo, “En eso estamos. ¡No habrá caído al mar, supongo!” En eso, Smithe divisó al sacerdote, y dijo, “Oigan, ¿No es aquel el que buscamos?” Stornoway dijo, “¿Eh? ¡Oh sí, lo es! ¡Su figura es inconfundible!” El hombre estaba inmóvil, con todo el cuerpo apoyado en la baranda del barco. Los hombres se cercaron. Smithe dijo, “¡Hey padre, lo andábamos bus…!” Jim lo interrumpió, y dijo, “Aguarda, ¡Hay algo extraño en su actitud!” Stornoway trató de levantarlo. Diciendo, “¡Oiga señor, a usted le hablamos!¡Oh, Dios Santo!” Smithe dijo, “¡Lo han asesinado!” Stornoway dijo,  “¿Qué haremos, Jim? ¡Necesitamos dar la alarma!” Jim les dijo, “Esperen que yo salga de aquí, y denla. ¡Nos veremos más tarde!” Luego que dieron aviso, fueron interrogados por el capitán. “¿Cómo lo descubrieron?” Stornoway dijo, “Contra la borda, señor, como quien mira el horizonte. Tenía el cuchillo clavado y lo habían terciado sobre la barandilla.” El padre yacía con un puñal clavado en el pecho. El capitán dijo, “Sigan sigan.” Smithe dijo, “Lo tocamos, pues pensamos que estaba vomitando, ¡Y nos cayó encima!” El capitán dijo, “Como comprenderán, debemos investigar el caso.” Smithe dijo, “Estamos a la orden. No vimos a nadie merodeando por aquí.” 
     En el camarote de Margot, ésta y Cecilia seguían su dialogo. Margot dijo, “Así que las cosas son como dieces. ¿Por qué no confiaste en mi?” Cecilia dijo, “Frank lo aconsejó. Esto podría estropear tus estudios y la reputación familiar. Y ahora, me retiro. Ya lo dijo Jim, que no nos vean juntas.” Margot dijo, “Esta bien, Cecilia. Trataré de seguir pareciendo cándida.” Poco después, la chica localizó a Miss Markham. Cecilia le dijo, “¡La buscaba, Estela! ¿Recordó ya la dirección de su amiga?” Estela dijo, “N-no…aún. ¿Sabes? Localizaron al sacerdote. ¡Muerto!” Cecilia dijo, “¿Cómo? ¿Le falló el corazón acaso?” Estela dijo, “Lo asesinaron con un puñal de una manera extraña…pobre Price.” Una vez más, las interrumpió Winter. “Las señoras me disculparán. Pero de nuevo requieren a Miss Markham en su camarote.” Cecilia pensó al verlo, “¡Maldito monstruo!¡Pronto tendrás tu merecido!” Estela siguió al hombre con una docilidad de perro faldero. Winter dijo, “Ven. Desapareció algo mío y quiero saber quién lo hizo.” Estela dijo, “Como tú quieras Trenton.” Al entrar, sorprendieron al persistente ladrón. Jim pensó, “¡Qué mala suerte!” Winter gritó, “¡Alto ratero!¡Ahora te daré tu merecido!” Winter mostró un tubo metálico, “Tengo aquí el arma adecuada. Ya verás…” Jim le dijo, “¡Espere!¿No me reconoce?¡Usted depositó joyas en mi banco!” Winter se acercó y dijo, “Ahora recuerdo. ¿Y ahora se dedica a robar camarotes?” Jim dijo, “No, solo a buscar pruebas de delitos, Mr. Trenton. ¿Ha oído hablar de los cuatro grandes del crimen?” Winter se abalanzó hacia él, diciendo, “Ahora comprendo. ¡Ah, no saldrás vivo de aquí!” Jim lo golpeó, diciendo, “¡Tome esta, Trenton!” Winter se agazapó de dolor. Jim le dijo, “¡Usted robó y mató Sanderson, luego de marcar el paquete para localizarlo! La autoridad ya lo sabe, y he aquí lo que buscaban.” Jim mostró el anillo, ante el asombro de Winter, diciendo, “¿Ve esto Son las hijas de la noche. El anillo de su esposa. Porque el otro, el de Cecilia, Margot lo tenía cuando usted, Trenton, mató a mi hombre de confianza. Ahora me voy. ¡Cuídese amigo! Aún falta atar algunos cabos, luego usted ira a parar entre rejas.”
      Creyendo que dominaba la situación, Jim se alejó sin preocupaciones, pensando, “¡Ya está! ¡Los tengo amedrentados, el resto será fácil!” Pero de pronto fue golpeado desde atrás. Trenton, alias Winter, lo levantó con fuerza descomunal y lo arrojó al océano. Winter pensó, “¡Je, Je, Je! Contigo amiguito desaparece todo lo que nos viene amenazando. Adiós.” Pero cerca de allí, Margot miraba el latir de las aguas, absorta. “Todo parece ir definiéndose, y…¿Eh, qué veo?” Margot divisó la caída de un desarticulado cuerpo y lo reconoció, pensando, “¡Jim!¡Mi amor!¡Trataré de salvarte!” Sabiendo que no podía perder tiempo, la joven zambulló, a demostrar nuevamente sus dotes como nadadora. La chica braceó desesperadamente hacia el cuerpo aun flotante de Jim, gritando, “¡Aguanta ya…te ayudo!¡Puf, puf!” Lo sostuvo a flote, mientras en el ‘Ceramia’ alguien daba gritos, “¡Alto!¡Hombre y mujer al agua!¡Sáquenlos!” Se bajó un bote salvavidas y el salvamento se realizo con rapidez y eficacia. Mientras era subido al bote, Jim dijo, “¿Qué me ha pasado?” Uno de los hombres salvavidas dijo, “¡Arriba amigo, y usted también, muchacha!¡Hoy es vuestro día de suerte, nacen de nuevo!” 
     Pronto estaban en la cabina del apitan recuperándose. Jim dijo, “Margot, eres mi amuleto de la suerte.” El capitán dijo, “¡Vamos joven, nada de bromas!¿Quien lo arrojó al agua?” Jim dijo, “¡Oh, ya le dije que no se! Capitán, salgan ambos, me vestiré ahora.” El capitán dijo, “Esta bien, hijo. Usted gana. ¿Qué hará ahora?” Jim dijo, “Demostraré por lo pronto que soy inocente de un par de crímenes. Cuando complete los datos que necesito.” Afuera, el capitán trató de sonsacar a Margot. “Ese muchacho es terco, hija. ¿No puede usted darme ayuda?” Margot dijo, “Sé lo que sabe él, capitán. Disculpe, ¡Que sea él quien se lo diga!”
     En el camarote de Trenton, se hacían preparativos de desembarco. Trenton decía, “¡Jo, Jo, Jo! El entrometido pasó a mejor vida…¿Oh, llaman?” Era Romano, un sargento, quien dijo, “¡Con el permiso de Miss Trenton! Oye idiota, has hecho otra de las tuyas, ¿No?”  Trenton dijo, “¿De qué hablas Romano? ¡Cuida tu lengua!” Romano dijo, “¡Traste el chico al agua, su novia lo salvó, y dejaste tirada en la borda la barra con que lo golpeaste con huellas digitales!” Winter dijo, “Es que…si me veían con ella corría riesgos.” Romano dijo, “¿Sabes un cosa?¡Nunca has merecido la mujer que tienes! Ella es buena. No sé cómo se casó contigo.” Winter explotó, y dijo, “¡Eso no te incumbe!¡Es que tomo lo que deseo, simplemente!” Romano dijo, “Pues yo no dejare que la metan entre rejas como harán contigo y conmigo. ¡Es buena, y solo anda en esto por ser tu esposa!” Winter dijo, “¡Cállate!¡Si caigo caerá conmigo, o la mataré! Después de todo, tú liquidaste a Talbot, alias Prince, ¿No?” Román dijo, “Sí, porque pensaba delatarnos para ser absuelto!¿Y tú? Liquidaste a un pobre bancario pudiendo haberlo desmayado solamente.” La discusión subía de tono, y se volvía cada vez más violenta. Winter lo amenazó, “¡Quise recuperar mis joyas, y él se opuso!” Estela dijo, “¿Tu collar?¡El mio! Ustedes me lo dieron, y yo…ahora…acabo de recuperarlo...” En eso, Trenton estalló, y dijo, “¿Así que fuiste tú quien…?¡Ya verás!¡Te mataré!” Estela dijo, “Nada conseguirás con ello. El collar está lejos hasta de mi.” La reacción de Romano fue velocísima. Propia de un experto con el puñal. Y dijo, “¡No la toques canalla o hundiré hasta el mango de mi arma!” Winter dijo, “¡Ya! No lo hagas.” En eso se abrió la puerta y apareció veloz Cecilia, diciendo, “¡Hermana mía!¡Aquí estoy para ayudarte!” Estela dijo, “¡Cecilia!¡Mi adorada y pequeña Cecilia!” Ambas se abrazaron. Romano dijo, “Y bien, yo me retiro. ¿Saben? Vi por el ojo de buey que estamos en el aeropuerto, junto a una lancha policial.” Winter dijo, “¡Ohhh!”
     Minutos después, Winter resolvió un intento de escabullirse, tal vez irrreconocido del barco, pensando, “¡Demonios, estoy acorralado! Todavía haré cuanto pueda.” Era extraño el espectáculo de aquél gigantón tratando de pasar desapercibido, loco de furia y terror, pensando, “¿A quién achacar la muerte de Sanderson? ¡Romano no estuvo en esa maldita ciudad!¡Y tampoco Talbot” En la antecubierta, alguien lo llamó por su nombre, “¡Trenton, deténgase ya!” Winter dijo, sorprendido, “¿Eh?¿Quién demonios?” Una verdadera comitiva lo esperaba. Era Jim, acompañado de otros oficiales. Jim dijo, “Bien señor jefe de los cuatro. La comedia ha terminado.” Winter dijo, lleno de temor, “¡Yo…Yo…Y-yo…!” Román dijo, “¡Ja, Ja!¿No crees Trento, que le miedo es lastimoso, para un hombre de t reputación?¡Y también lo es para la banda entera!” El capitán dijo, extrañado, “Explíquese amigo…” Román hablo, “Pues vera. Soy un asesino…y lo acepto. Trenton también lo es, y trata de ocultarlo, ¿No es indigno? Este tipo merece morir.” El capitán dijo, “Bueno la ley determinara que pena le corresponde.” Román dijo, “¡Lastima, me hubiese gustado ser su verdugo! Y bien, ¿Me permite saludarlo por última vez?” Winter dijo, “Bueno…hágalo y acabemos.” Román se acercó y clavo su puñal, diciendo, “¡Adiós, y que sea feliz en otro mundo!” El capitán dijo, “¡Por Dios santo!¿Que quiere decir con eso?” Como toda respuesta, Trenton se deslizó hasta los pies de Visconti, muerto de una profunda puñalada. Román dijo, “Ya ven señores, pongo todas las cartas sobre la mesa…¡Dispongan de mi!” Jim dijo, “¡Esperen, tengo una idea!” Jim se dirigió a uno de los oficiales, y dijo, “¿Me permite su cortaplumas, señor oficial?” El oficial le dijo, “¡Claro!¿Para qué lo quiere?” Jim procedió a rasgar el pantalón de Román, y dijo, “Verán. Si no me equivoco, estoy por descubrir un tesoro.” Román reconoció, diciendo, “¡Deducción genial la suya, amigo! Sí merece que lo feliciten.” Bajo los amplios faldones había fajas elásticas alrededor de la pierna, rellenas de Joyas. Jim jaló las bandas elásticas y dijo, “Sí, lo que suponía. El mejor escondite para joyas robadas.” Román dijo, “Se las regalo amigo. ¡Ji, Ji! Ya no me servirán de nada.” Millones y millones de gemas estaban escondidas ahí. Jim dijo, vertiendo las joyas en la cubierta, “Bien capitán. En alguna parte debían guardarlas, ¿No cree?” El capitán dijo, “¡Claro! Había que llevarlas encima, además.” El capitán felicitó a Jim, diciendo, mientras se retiraba, “Bien joven. Smithe y Stornoway le mandan saludos. ¡En realidad usted es como ellos me lo pintaron!” Jim dijo, “Les doy gracias a usted y a ellos. ¡Me han ayudado mucho!” 
     En la cubierta, las tres mujeres hablaban con un oficial. El oficial dijo a Jim, “Bien Joven Jim, les decía a ellas que aquí nos separamos.” Jim dijo, “¿Es que no hay mas indagaciones ni arrestos?” El oficial dijo, “No, nada de eso. ¿Sabe? También se mencionaba a una mujer, pero creo que ella…se quedo en Inglaterra, o se la trago la Tierra, ¿No?” Jim dijo, “Si así lo dice. ¡Oh, gracias oficial!” Cuando la lancha se alejó, un saludo con la mano del oficial prolongo su guiño amigo y consecuente. El capitán dijo, “¡Adiós compañero, aún queda gente honesta en sus cuarteles!”
  Un día después, en un hotel de Nueva York, Jim visitaba a las tres damas en sus habitaciones de Hotel. Y mientras estaba con Margot en el sofá, ella dijo, “Bien, ¿Estas conforme, mi querido héroe?” Jim dijo, “Aún no del todo. Quedan cabos sueltos, Margot.” Margot le dijo, “¿Cabos sueltos? Es preciso que me expliques.” Jim dijo, “Pues te explicare todo, ya que estamos aquí, querida.” Resolvieron caminar mientras hablaban, y Jim le dijo, “Ven, salgamos. Después de estar días a bordo, necesitamos andar por espacios abiertos.” Margot dijo, “Sí. Es buena idea.” Mientras caminaban tomados del brazo, Jim dijo, “Sanderson recibió u paquete de fotos y escritos curriculares. Eso es irrecuperable, porque Winter le ha prendido fuego.” Margot dijo, “¿Por eso asaltó al pobre Sanderson?” Jim le dijo, “Por eso y por el collar. Sin embargo, no pudo destruir todo el material de Sanderson. Me falto lo que encontré en su mano.” Margot dijo, “La esquina del pedazo roto de una foto…” Jim dijo, “Eso mismo. Y ahí, una mano femenina con el gemelo de tu anillo en su dedo mayor.” Margot dijo, “Ya veo. Pensaste: La hermana muerta vive.” Jim dijo, “Correcto. Razoné que Cecilia tomaría en secreto el ‘Ceramia’ y supe que iría tras su hermana. Por eso me embarqué a mi vez.” Margot preguntó, “¿Y cómo sabias de la banda?” Jim dijo, “No lo supe, lo supuse, y acerté, ¿No crees?” Margot dijo, “Ya lo creo que acertaste. Tuviste suerte, además.” Ambos entraron a un restaurante, y se sentaron a una mesa. Jim tomó de la mano a Margot y dijo, “La mayor suerte del mundo sí. Una novia nadadora, dos amigos en la tripulación, un capitán comprensivo.” Margot dijo, “Y el hecho de que demostraran que tu no mataste a Sanderson.” Jim tomo su copa de vino y dijo, “¡Claro! Para ello, me comunique por telegrama con Morris, el policía, para que simulara que me creían sospechoso.” Margot dijo, “Eso los engañaba a ellos, y hacia que se des previniesen.” Margot agregó, “Pues bien, mi adorado sabelotodo. ¿Qué cabos sueltos quedan?” Jim dijo, “El collar de Estela, ¿Dónde está?¿En el océano?” Margot dijo, “Oye, sé que es propiedad legitima de ella. Pero esta tan amargada que no quiere ver las joyas en su vida. ¡Ella misma lo habrá tirado al agua!” Jim dijo, “Sí, pero no es motivo para despreciar lo que puede mantenerla por el resto de sui vida. ¿No tienes idea de nada al respecto?” Margot dijo, “No. Deja ese tema. ¡Aún le debo un favor a Estela!”
    Jim pagó por lo consumido, y volvieron a salir. Jim le dijo, “¿Favor?¿Que favor?” Margot dijo, “Entregar un paquete de bombones a una amiga. ¡Solo que aún no recuerdo que dirección tiene!” Jim reaccionó con tanta violencia que casi le lastimó un brazo. “¿Bombones dijiste? ¡Margot, Margot querida!¡Tengo la solución!” Margot le dijo, “¿Qué solución?¡Ay, no me aprietes tanto!” El joven corrió como un poseso de regreso al hotel, nervioso y alegre a un tiempo, diciendo, “¡Corre mi amor!¡Lo tenemos!¿Comprendes?” Margot dijo, “¡Ay, detente, me harás caer, loco!” Entraron como exhalación al lujoso establecimiento. Jim dijo, “¡Rápido, rápido!¡No podemos fallar!” Jim dijo, “Bien, ya llegamos ¡Dame eso!” Margot dijo, “¿Qué te dé qué…?¡Cielos, me despeine toda!” Jim le dijo, “¡La caja de bombones, claro!¡Ve y tráela!” Margot le dijo, “Vaya, al señor le dio por comer bombones franceses ¡Ajenos!” La joven sacó el paquetito de sus maletas y se lo trajo. Margot dijo, “Sírvete. ¡Estás por cometer una mala acción!” Jim dijo, “¡Al contrario! Espera y lo sabrás.” En silencio las nerviosas manos del joven desataron y desgarraron aquel meticulosos envoltorio. Embelesado, el joven se perdió en una larga contemplación. Jim dijo, “¡Ahh, sabía que estaba aquí!” Margot dijo, “¿Qué estaban…? ¡Jim, déjame ver!” El joven se dio vuelta y Margot vio aquel bello objeto, diciendo, “¡Dios mío!¡Son diamantes!¡Entre los bombones!” Jim dijo, “¡En efecto, querida!¡Tú fuiste el medio por el cual Estela se desembarazó de ellos. Los alejó de su mal esposo.” Margot dijo, “Pero…¿Y la amiga está en la ciudad?” Jim dijo, “¡Nunca existió! Estela misma los recogería después. Solo que al final, los rechazó de plano. ¡Ahora se los devolveremos!” En la habitación contigua se encontraron con las hermanas. Al verlas, Jim dijo, “Estela, creo que esto es suyo. Lo necesitará…” Estela dijo, “¡Oh!¿Lo hallaron?¡No, no lo quiero!¡Con Cecilia y Frank me reuniré para acabar limpiamente mi vida!” Jim dijo, “Pero entonces, que hará con las piedras?” Estela dijo, “Pues se me ocurre que será mi regalo de bodas para ustedes. Para los tortolitos. ¿Qué opinan?” Por toda respuesta, los prometidos se besaron, pensando en campanas, música de órgano y arroz como granizo.
     Y así, el ciclo de los cuatro grandes del crimen, se cerró para siempre, mientras entre rascacielos, dos jóvenes se prometían amor eterno.  
Tomado de Novelas Inmortales, Año IV No. 189, Julio 1 de 1981. Adaptación: R. Bastien. Segunda adaptación: José Escobar.