Club de Pensadores Universales

Para donaciones en Estados Unidos y tener mas entradas en el Blog, puedes depositar en cualquier Sucursal Wells Fargo a la cuenta 2979793466. Gracias.

jueves, 21 de mayo de 2020

La Casa de Muñecas, de Henrick Ibsen


La Casa de Muñecas
de Henrick Ibsen
     En la capital de Noruega, allá por el año de 1875, la esposa del abogado, Torvaldo Helmer, regresaba a su casa, luego de hacer algunas compras. Era víspera de navidad. “Elena, abre el gabinete para que el joven guarde el árbol ahí. No quiero que los niños lo vean hasta que esté adornado. ¡Ay Elena, estoy tan contenta! El año pasado éramos tan pobres, que no tuvimos regalos ni árbol de navidad.” El abogado Torvaldo, fumaba su pipa y pensó, “Todo éste barullo se debe a que volvió a casa mi adorada esposa, ¿Eh?” Una vez que estuvo armado y decorado el árbol de navidad, Nora dijo, “Querido Torvaldo, mira todo lo que compre por unas cuantas coronas.” Torvaldo dijo, “Sabes bien que aún  no podemos permitirnos tanto derroche, Nora.” Nora lo abrazó, y le dijo, “Vas a ser muy pronto director del banco. Eso permitirá que paguemos las cuentas sin problemas. Los niños necesitaban ropa y juguetes para navidad.” Torvaldo dijo, “Aún no me dan el puesto oficialmente. Eso será hasta año nuevo. Y luego tardaremos un trimestre en cobrar. Así que mi dulce e irresponsable esposa deberá contener su mala costumbre de hacer gastos innecesarios.” Pero Nora le dijo, “Pasé los últimos años haciendo labores para allegarnos algún dinero extra. ¿No tengo derecho a darme algunos gustos, amor?” Torvaldo la besó en la frente y le dijo, “No, querida niña y esposa mia, no. Yo te diré cuando puedas hacerlo.” Nora pensó, “Niña’ y esposa…sí, eso soy para él.” Mientras se retiraba, Torvaldo dijo, “Cuando venga el doctor Rank, díganle que lo espero en mi despacho.” Aún, antes de cerrar la puerta, Torvaldo se detuvo y dijo, “Supongo que no te habrás atrevido a comprar golosinas. Sabes que las detesto.” Nora dijo, “Claro que no, Torvaldo. ¿Crees que soy capaz de desobedecerte o hacer algo que te moleste?” Cuando Torvaldo cerró la puerta, Nora pensó, “Solo estas almendras compré. Serán mi travesura navideña.” Cuando Nora empezó a engullirlas, un sentimiento la alcanzó, y dijo en su pensamiento, “¿Por qué me siento como si cometiera un crimen?¡Son solo unas almendras! Es una tontería. No sé por qué Torvaldo me prohíbe comer dulces. Es solo un capricho suyo. Y yo lo obedezco. Ni siquiera sé qué razón tiene para hacerlo. Cuando hago mi voluntad, cuando gasto según mi criterio el dinero o como golosinas, me siento como una delincuente. Siempre controla mis actos de una manera u otra.” Enseguida, Nora pasó a la sala buscando el calor del hogar, y tras sentarse en el sillón, le dijo a su sirvienta, "¡Hace tanto frío! De ´pronto me siento cansada, muy cansada," A continuación, se escuchó que alguien tocó la puerta, y la sirvienta dijo, "Iré a ver quien toca, señora." Nora dijo, "Si es el doctor Rank, que pase al despacho de Torvaldo." Tras unos minutos la sirvienta regresó, con una dama, diciendo, "Eran el doctor, que ya pasó al despacho, y esta dama, que quiere verla a usted." La señora dijo, "¡Buenos días, Nora!" Nora dijo, asombrada, "Su voz...¡Oh, Por Dios! ¡Cristina!¡Sí!¡Eres tú!¿Verdad? hacía tanto que no nos veíamos." La dama se quitó su sombrero, y dijo, "Diez años. ¿He cambiado mucho?" Nora dijo, "Quítate ese abrigo húmedo y ven conmigo cerca del fuego. Elena nos traerá té." Mientras Nora servía té en una tasa, dijo, "He sido muy desconsiderada contigo. Supe que enviudaste y no te escribí." Cristina dijo, "Hace tres años, ya." Nora dijo, "Tuviste suerte en el casamiento. Él era rico. Supongo que te dejó, al menos en buena posición." Ella dijo, "No, querida. Dejó solo deudas. He tenido que volver a buscar trabajo." Nora dijo, "¡Oh Dios, querida mía! Desde muy joven tuviste que mantener con tu esfuerzo a tu madre y tus hermanos pequeños." Ella dijo, "¡Ellos son mi único orgullo, Nora! Tienen su propia vida. Cada uno con una profesión o un oficio." Nora dijo, "Tu madre debe estar contenta." Cristina dijo, "Ella murió en realidad. Ya nadie me necesita. Si busco un trabajo es solo para sobrevivir." Nora dijo, "Cristina, pues Dios te trajo aquí, en el momento justo!Nombraron a Torvaldo director del banco. Le diré que te dé ahí mismo un empleo." Cristina dijo, "¡Te agradezco tanto la ayuda, Nora! Afortunada tú, que siempre has contado con el amparo de alguien, y no has tenido que enfrentarte a la lucha por la vida."Pero Nora le dijo, "Estás equivocada, Cristina. No todo ha sido irresponsabilidad, y no siempre he tenido a la mano un hombre que me lo resuelva todo." Cristina dijo, "Bueno, yo me refería a tu padre, que te adoraba, ye protegió siempre, y ahora Torvaldo..." Nora comenzó su narración, "Cuando nos casamos, Torvaldo tenía un trabajo mal pagado. Pasábamos muchas necesidades. Yo estaba en cinta de nuestro primer hijo, y le ayudaba tejiendo y cociendo, para vender luego esas labores. Torvaldo se conseguía algunas otras tareas para hacer en casa. Ocupaba las noches para esos trabajos, y la fatiga fue rindiéndolo. Por fin cayó en cama muy enfermo. Tuvo que venir un doctor, y tras revisarlo Torvaldo le dijo, '¿Cuándo podré levantarme y volver a mis labores, doctor?' El doctor le dijo, 'Por ahora no, señor Helmer.' Su caso era desesperado, hasta que un dia el doctor me dijo, 'Tiene muy pocas posibilidades de salvarse, Nora, al menos...' Yo le dije, '¿A menos que qué...doctor?' El doctor dijo, 'Si ustedes pudieran ir a Italia, o a algún otro país cálido de sur, y pasar una larga temporada de descanso, quizá Torvaldo recuperaría las fuerzas perdidas.' Yo le dije, con lagrimas, '¡Oh, eso es imposible!' Y él me dijo, 'Lo comprendo, querida. Entonces resígnate.' De pronto, y en el momento de mayor desesperación, una extraña fuerza nació en mi, y pensé, '¡No!¡Tengo que salvar la vida de mi marido!' Lo primero que hice fue ir a ver a mi padre, a quien por mis problemas domésticos, hacía tiempo que no visitaba. Lo encontré enfermo y me dijo, 'El fin de mi vida está cercas, Nora querida.' Yo lo abracé llorando y le dije, '¡No, padre. no me dejes! Perdóname por haberte descuidado tanto. E matrimonio no debió absorberme al grado de ni siquiera saber de tu enfermedad.' Mi padre me dijo, 'No te culpes de nada. Yo te bendigo, y deseo lo mejor para ti.' No volví a visitarlo aunque lo amaba mucho. Porque Torvaldo seguía empeorándo. Mi padre murió una semana después.' Derramé mis lágrimas en su tumba, y pensé, "Perdóname papá querido. Iba a pedirte ayuda y eras tú el que la necesitaba. No te la dí, sin embargo.' Acudí a varios bancos, pero siempre la respuesta fue, 'Lo siento señora Helmer. En nuestro país, una mujer no puede solicitar crédito alguno, sin permiso escrito del marido.' Fui con Torvaldo, y le dije, 'Por favor, Torvaldo, pide el préstamo donde has trabajado.' Pero él me decía, '¡Soy enemigo de deberle nada a nadie! ¡Y menos dinero!' Finjí que aquel viaje era un viejo sueño mio, exigí, hice berrinches, supliqué, diciendo, '¡Lo que pasa es que no quieres complacerme! Ni siquiera porque voy a darte un hijo.' Pero él me dijo, '¡Ya basta, Nora!¡Actúas como una niña, sin sentido alguno de la realidad! tienes que aceptar que ese viaje no es posible. ¡Parece mentira! Acaba de morir tu padre, yo estoy enfermo, pronto tendremos un hijo...y tú, ¡Pensando en viajar a Nápoles!¡Cof Cof Cof! N-No puedo entenderlo!¡Cof Cof Cof!' Yo le dije, '¡Esta bien, esta bien, querido! Cálmate, no volveré a hablar de ello!' No tuve más remedio que acudir a un prestamista, quien me dijo al visitarlo, 'Vamos señora Helmer. entre y dígame cuanto es lo que necesita.' Yo le dije, 'Exactamente mil doscientos escudos.' El me dijo, asombrado, '¡Vaya, una buena cantidad!¡Eh? Para que le dé ese dinero, necesito la firma de su esposo.' Yo le dije, '¿Y es necesario que sea mi esposo el que firme?' Me dijo, 'No, su padre también podría firmar.' Acepté enseguida. Estaba desesperada, y mientras me hacia el documento, me dijo, 'Como dice que está enfermo, llévele usted ése recibo y cuando lo firme, yo le entregaré el dinero.' ¿Comprendes? Mi padre había muerto, y yo...pensé mientras escribía, '¡Creo que ésta parece convincente! Ahora la fecha.' Al día siguiente, el prestamista me dijo, 'Aquí tiene el dinero, no olvide que los pagos deberán ser mensuales y sin demoras.' Dije a Torvaldo que mi padre me había heredado aquel dinero. Fuimos a Italia y allí, mi marido milagrosamente se restableció." Nora terminó su historia, y Cristina le dijo, "¡Mil doscientos escudos!¿Cómo has hecho para pagar?" Nora dijo, "Miles de pequeños sacrificios, querida. Ahorro en los alimentos, no me permito caprichos, escribo a máquina por las noches.Pero he cumplido. Torvaldo nunca sospechó la verdad. Su orgullo se sentiría muy humillado al saber que yo le salvé la vida. ¡Ahora mis problemas han terminando, Cristina! Cuando Torvaldo sea, podré pagar el resto de la deuda director, podre pagar el resto de la deuda y librarme de ese hombre."  Cristina dijo, "¿Cómo se llama el prestamista?" En ese instante llegó la institutriz acompañada de un hombre y dijo, "Señora, el caballero quiere ver al señor Helmer." El recién llegado y Cristina cruzaron una intensa mirada. El hombre dijo, "Siento molestar, pero debo tratar con él un asunto urgente, que se refiere al banco. Creo que oído su voz en el pasillo..." Nora le dijo, "¡Espere!¿Qué tiene que ver usted con mi marido?" El hombre dijo, "He estado laborando en el banco que él va a dirigir. Ahora si me perdona..."  Cuando el hombre se retiró, Cristina dijo, "El abogado Krogstasd ha envejecido..." Nora dijo, "S-Sí. Su matrimonio fue muy desgraciado. Ahora ese viudo, y tiene varios hijos." El doctor Rank fue a despedirse, besó a Nora en la frente y dijo, "Perdona que interrumpa tu charla con ésta señorita, Nora. Solo quería saludarte." Cuando el doctor se fue, Nora dijo a Cristina, "El doctor Rank, es nuestro vecino y amigo. Vendrá ésta noche a cenar. Y tú también, si lo deseas." Cristina dijo, "Gracias Nora." Enseguida, en el vestíbulo, Torvaldo llegó, y Nora dijo, "¿Qué ocurre, Torvaldo? Creí que atedias a ese señor...Krogstad." Torvaldo dijo, "Terminé pronto, por suerte." Nora le dijo, "Qué bueno porque así puedo ´presentarte a mi querida amiga Cristina Da Unde, quien ha quedado viuda. Necesita trabajo, Torvaldo. ¿Podrías contratarla?" Torvaldo dijo, "Supongo que sí. Encantado de conocerla." Torvaldo y Cristina salieron al mismo tiempo. Nora suspiró aliviada, pensando, "¡Parece que la suerte nos sonrie! Ahora incluso podré ayudar a mi pobre amiga." Alguien tocó la puerta. Nora pensó, "¿Quién será? Tal vez Mariana que trae a los niños del parque."  Pero, al abrir la puerta, Nora exclamó, "¡Krogstad!¿Qué hace aquí? Torvaldo se ha ido." Krogstad dijo, "Lo sé, por eso volví. Es usted con quien deseo hablar." Nora le dio la espalda y e dijo, "Le pedí que no tratára ningún asunto respecto a mi deuda, fuera de su despacho. Yo he cumplido con todos los pagos." Krogstad dijo, "Sí, señora Helmer, pero ahora necesito su ayuda." Nora volteó, y dijo, "¿Mi ayuda? No entiendo..."  Krogstad dijo, "Mis 'Negocios'...usted comprende, han sido fructíferos. Pero, mis hijos crecen, y yo quiero darles una buena imagen. Así que ingresé a trabajar en el banco. hubo algo que hice y que no le pareció bien al al señor Helmer. Me ha despedido, yo quiero que usted le pida que me vuelva a contratar." Nora le dijo, "¿Ha enloquecido? Él ni siquiera sabe que yo lo conozco. Además, en cuanto le comiencen a pagar de acuerdo a su nuevo rango, saldaré mi deuda y me libraré para siempre de usted, señor Krogstad." Enseguida, Krogstad le mostró un sobre y le dijo, "¿Se olvida usted de esto, señora? Este documento la pone completamente a mi merced." Krogstad abrió el sobre y le dijo, "¿Cree usted que soy tonto? Yo sabia que su padre había muerto días antes. Antes de que su firma apareciera aquí." Krogstad se levantó y guardó su sobre en su saco, diciendo, "¿Qué cree usted que opinará el señor Helmer, tan recto e intachable, al saber que su esposa falsificó la firma de su difunto padre para obtener un préstamo? Piense en lo que le he dicho. Si yo me hundo, usted se hundirá conmigo, señora Helmer." Nora dijo, acompañándolo a la puerta, "Lo haré, Krogstad. Abogaré para que usted conserve el empleo." Al salir a la calle, estaba nevando, y Krogstad se despidió, diciendo, "Hasta pronto, señora Helmer. ¡Feliz Navidad!" Al mismo tiempo, una mujer y dos niños cubiertos de la nieve, llegaban, y uno de los niños dijo, "¡Mamá!" Nora se inclinó, y dijo, "¡Niños, mis queridos niños! Abrácenme, solo su calor puede consolar mi corazón!" Mariana dijo, "¿Le sucede algo malo, señora?"  Nora le dijo, mientras ingresaba a la casa, "¿Malo?¡Oh, no, Mariana! Todo lo contrario. Vamos a comenzar ya la fiesta navideña, ¿Quieren?" Pasaron un rato alegre, arreglando el clásico árbol. La cena de navidad fue alegre y amistosa, aunque Cristina murmuró a Nora, "¿No te parece que el doctor Rank esta muy preocupado?" Nora le murmuró también, "El pobre no anda bien de salud."
Al día siguiente, Cristina y Nora dialogaban. "Feliz Navidad, Nora! ¿Qué haces?" Nora le dijo, "Veo si este viejo vestido italiano tiene remedio." Cristina lo vio y le dijo, "¡Claro! Solo hay que recoserle algunos adornos. ¡Está precioso!" Nora dijo, "Mañana, nuestro vecino el cónsul Sternborg celebra una fiesta de disfraces. Torvaldo me pide que represente a una pescadora napolitana y baile ahí, 'La Tarantela,' que aprendí en Italia." Cristina le dijo, "No te ves muy contenta..." Nora dijo, "Me preocupo por cosas insignificantes. Quiero darle a mi marido gusto en todo. ¡Vamos a coser el vestido, Cristina! ¡Anda!" Un poco después, Torvaldo llegaba a casa, y Nora le ayudaba a guardar su saco, diciendo, "Adiviné que eras tú, mi flamante director bancario." Torvaldo le dijo, "Siempre tan dulce conmigo, mi adorable esposa." Ella le acomodó el cuello, y le dijo, "¡No te sucedió nada...desagradable, ¿Verdad?" Torvaldo le dijo, "Te refieres a Krogstad, ¿Verdad Nora?" Tras una pausa, Torvaldo dijo, "¿Porque volvió? Lo vi salir otra vez, momentos después." Nora le dijo, "Pues...había olvidado algo." Torvaldo la tomó de la barbilla y le dijo, "A ver, Norita, mírame de frente. estas mintiendo. Ese hombre vino a pedir que abogaras por él. ¿No es así?" Nora dijo, "Sí, Torvaldo. Y yo te suplico que no lo despidas del banco. ¡Pobre hombre! Tiene hijos, piensa en ello. Sé indulgente con él." Torvaldo se alteró, y dijo, "¿Cómo te atreves a pedirme tal cosa, Nora? Sabes que soy un hombre recto. Ese Krogstad ha cometido un desfalco. Me convertiría en su cómplice, si le dejára en su puesto, si ignorára su falta de honestidad." Nora le dijo, "Pudo haber sido un error...un mal entendido. Él es un ser humano, Torvaldo." La voz de Torvaldo Helmer adquirió un tono despectivo que destruyó las esperanzas de Nora. "No soporto la mentira y menos aún la deshonestidad. Una persona que cometa una falta así, creo que hay que separarla de los demás, es como un foco de contaminación. Me dan asco. Son como un cáncer. Corrompen a los demás." Nora dijo, "¿Aunque...hayan faltado por necesidad?" Torvaldo dijo, "Ninguna necesidad justifica un acto deshonesto. Y, en cuanto a los hijos de ese hombre, creo que ni siquiera debería estar cerca de ellos, o serán obra suya, unos truhanes." Torvaldo entro malhumorado  en su despacho, al tiempo que...los niños llegaban diciendo, "¡Mami, mami!Ven a jugar con nosotros." "Sí, cantemos un villancico o vayamos a hacer un muñeco de nieve." Una inmensa angustia se apoderó de Nora. "¡Hijitos míos!¿Verdad que soy una buena mamá?¿Verdad que me quieren mucho?" El niño dijo, "¿Qué te ocurre?¿Porque lloras?" Con lagrimas en los ojos pensó, "Según Torvaldo, lo que yo hice, terminará por envenenar a mis hijos. ¡Eso no puede ser! Mi marido es tan soberbio, tan poco indulgente con las debilidades de los demás. Si se entera de lo que hice, de que falsifiqué la firma de mi padre...quizá me obligaría a abandonar a mis hijos, me apartaría de ellos como una leprosa." Cristina interrumpió aquellos pensamientos. "¡Quedó listo y como nuevo! Un listón aquí, un botoncito allá..." Nora le dijo, "¿Eh?¡Ah, sí el vestido napolitano!" Cristina notó las lagrimas y dijo, "¿Qué te pasa? hace un rato estabas tan animada, tan contenta..." Nora dijo, "Nada, nada, una pequeña discusión con Torvaldo. Es que me regaña como si yo fuera una niña." En ese instante, Torvaldo salió de su despacho, diciendo, "¿Dónde está Elena? Quiero que vaya a entregar un mensaje." Nora dijo, "¿Ese mensaje es para Krogstad?¿Acaso se trata de...?" Torvaldo dijo, "Su cesantía, sí. De esa manera termino por fin con ese enojoso asunto." Enseguida, Torvaldo gritó, "¡ELENAAA! Venga, por favor." Nora pensó, "¡Oh, Dios mio, algo tiene que ocurrírseme!" Al entregar el sobre, Torvaldo dijo, "Es aquí cercas, en esta misma calle, tras la primera esquina a la izquierda. En el sobre figura el nombre del destinatario y el número de la casa. Apúrese por favor." Elena dijo, "Sí, señor Helmer." Nora dijo, "Por última vez te lo pido, Torvaldo, perdona y olvida lo de Krogstad. Deja que Dios se encargue de cobrarle por sus culpas." Torvaldo le dijo, "¡Es una vergüenza oírte abogar a si por uh pillo!" Enseguida, se dirigió a Elena y dijo, "Elena, vaya a cumplir mi encargo, ahora mismo." Pero Nora dijo, "¡No, Torvaldo, por favor, no!¡Vas a arrepentirte, lo sé!" Torvaldo dijo, "¿Te has vuelto loca?¡No te entiendo!" Nora dijo, "Es que...¡Siento tanta pena por Krogstad y...sus criaturas! El daño que le haces puede revertirse luego contra nosotros." Torvaldo dijo, "¿Contra nosotros?¿Y porque habría de ser así? Solo hago justicia, Nora." Nora dijo, "Eres cruel. Tu justicia es demasiado cruel, Torvaldo; y yo me siento herida por mi falta de piedad." Al ver las lagrimas de Nora, Torvaldo la abrazó, y dijo, "¡Vaya, vaya, con mi mujercita! Sabia que eras caprichosa y sentimental, pero no que te dejabas conmover a tal grado por cosas que no te atañen." Torvaldo la besó en la mejilla, y dijo, "Niños, sean cariñosos y hagan compañía a su mamá. Ayúdenla a ponerse ese lindo vestido para que ensaye, La Tarantela. Así se olvidará de todo lo demás." Enseguida se dirigió a Cristina, "Usted, desde ahora, ya tiene el puesto en el banco, señora Da Linde, el mismo que ocupaba Krogstad. Eso, sin duda compensará a mi esposa, y le demostrará que sí estoy dispuesto a complacerla."
Poco después, Elena regresó, y dijo a Nora, "Ya entregué la carta, señora." Nora dijo, "¡Oh, estoy perdida!¡Todo mi mundo se derrumbará!" Cristina llegó y dijo, "Elena, llévese un rato a los niños, por favor." Enseguida, se acercó a Nora, y le dijo, "Nora querida, ¿Qué es tan terrible?¿Puedo ayudarte?¿Porque no me lo cuentas?" Nora dijo, con lagrimas en los ojos, "Pronto, de cualquier manera, estallará el escándalo y lo sabrás, Cristina, ¿Recuerdas el dinero que pedí prestado hace diez años? Fué Krogstad quien me lo proporcionó. Le firmé un documento. Sabes que nadie presta dinero a una mujer, si no es con la firma de un hombre que la respalde. Pues, te conté antes cómo falsifiqué la firma de mi padre..." Entonces, Cristina le dijo, "Krogstad se dio cuenta y ahora está chantajeándote. Eso es." Nora se levantó del sillón y dijo, "Quiere su puesto en el banco, a cambio de callar mi delito." Cristina le dijo, "Torvaldo te adora, ¿Y porque no te adelantas y le cuentas todo? Al fin y al cabo lo hiciste para salvar su vida." Nora explicó, "No sabes lo rígido que es en esas cuestiones. No volvería a confiar en mi para nada. Acaba de insinuar que una persona que ha cometido una falta contra la verdad y honradez, debería ser separada de sus hijos. Ademas, el escándalo será mayúsculo si ese hombre me acusa contra la ley. Torvaldo vera toda su carrera truncada, y su honra por los suelos." Cristina dijo, "Ese doctor Rank, ¿No podría prestarte lo que le adeudas a Krogstad? Quizá liquidando la cuenta, él te regrése el documento." Nora reflexionó, "Tienes razón. Es un buen amigo. Voy a pedírselo." 
Cristina se quedó meditando en todo aquello, "Es increíble que Krogstad...precisamente él, sea la clave de las desdichas de Nora." Entre tanto, en el departamento de arriba, Nora explicaba, "Así que su salud no es buena, mi querido doctor." El doctor Rank le dijo, "Me queda un mes de vida, Nora. A usted puedo decírselo." Nora se arrodilló frente a él, y le dijo, "¡No, eso no puede ser verdad! Usted no puede dejarme...y menos ahora que tanto lo necesito." El doctor le dijo, "Si la causa no fuera tan fatídica, me alegraría el efecto que le ha producido, Nora. ¡Es que algo significo yo en su vida?" Ella le dijo, "¡Oh, todo, doctor, en este momento todo!" El doctor Rank le tomó de la mano y le dijo, "Sus palabras no me devuelven la salud del cuerpo pero si la alegría de vivir aún para escuchar su voz, niña mía. Yo que la he amado en silencio durante tantos años..." Nora dijo, "¿Qué dice?" El doctor dijo, "No le pido nada. Ya no podría ofrecérle nada. Me basta, sin embargo, con saber que usted me quiere también." Nora se levantó, y dijo en tono diferente, "Ha interpretado mal mis palabras, Rank. Gracias por su amor. No lo merezco, pero tampoco lo comparto. Le soy fiel a mi marido." Nora se retiró pensando, "¡Yo que iba a pedirle el dinero para salar mi deuda con Krogstad...!¡Pobre doctor!¿Cómo voy a solicitar dinero aun moribundo que ademas, está enamorado de mi?"               

                 

viernes, 8 de mayo de 2020

Medico a Palos,de Moliére

     El Médico a Palos,  es una obra de Molière en tres actos de 5, 5, y 11 escenas en prosa, respectivamente, realizada por primera vez el 6 de agosto de 1666, en el Théâtre du Palais-Royal, donde fue un gran éxito. Utilizando motivos de la comedia italiana ya utilizados en, El Médico Volador, y El Médico del Amor, Molière agrega elementos extraídos de la tradición de la farsa francesa, y la de los fabliaux, de la Edad Media. La picardía de ciertas situaciones, y la paródia de las prácticas médicas de la época, que constituían los temas principales del, Médico a la Fuerza, ocultaban una denuncia del charlatanísmo, una sátira a la credulidad, e incluso una crítica de la religión.
La Obra
Lista de Personajes
Sganarelle: el esposo de Martina.
Martina: la esposa de Sganarelle.
Sr. Roberto: vecino de Sganarelle.
Valerio: sirviente de Géronte.
Lucas: el esposo de Jacoba y el sirviente de Géronte.
Géronte: Padre de Lucinda.
Jacoba: Niñera en Lucinda y esposa de Lucas.
Lucinda: Hija de Géronte.
Horacio: Pretendiente de Lucinda, y amigo de Geronte.
Perrin: Hijo de Thibaut,
Campesino Thibaut: Padre de Perrin.
Leandro: Amante de Lucinda.
Argumento
Acto I: Estalla una disputa entre Sganarelle y Martina, una disputa que termina en una golpíza aplicada por el esposo a la esposa. La llegada del Sr. Robert, un vecino que ha venido a reconciliar a los cónyuges, pone fin a la disputa, pero Sganarelle y Martina se vuelven contra él. Sin embargo, ella promete vengarse, mientras su esposo se va a buscar madera. La oportunidad se le dio por la llegada de Valerio y Lucas, dos sirvientes de Géronte, en busca de un médico para la hija de su ámo. Martina recomienda a Sganarelle para ellos, explicando que éste último, es un médico extraordinario, pero excéntrico: se niega a admitir su talento en medicina, a menos que sea golpeado con palos.
    Cuando Sganarelle regresa, los dos sirvientes le han preguntado si es médico, y Sganarelle lo ha negado, y recibe un azote al final del cual, acepta ser reconocido como tal. Sganarelle sale siguiendo a los dos hombres.
Acto II: Géronte lamenta la enfermedad de su hija Lucinda, que se ha vuelto muda, lo que retrasa su matrimonio con Horacio, el esposo que él quiere para ella. Se niega a escuchar los sabios consejos de Jacoba, la niñera de Lucinda (y la esposa de Lucas), quien trata de explicarle, que la joven estaría mejor si su padre le permitiera casarse con Léandro, el joven con quien ella está enamorada. Pero Léandro no es lo suficientemente rico a los ojos de Géronte. Valerio y Lucas presentan a Sganarelle a Géronte, y el falso doctor, después de haber examinado a Lucinda (y haber hecho avances a Jacoba), se entrega a una demostración burlesca de su talento, y le aconseja que coma pan empapado en vino. Se va, después de que Géronte le paga.
Acto III: Cuando regresa a casa, Sganarelle se encuentra con Léandro, quien le ruega que lo ayude a unirse a Lucinda, que el maricón finalmente acepta cuando el joven le ofrece dinero. Léandro se disfraza de boticario, y sigue a Sganarelle. En el camino a la casa de Géronte, se encuentran con Thibaut, un campesino acompañado de su hijo Perrin, quien le ruega al falso médico, que sane a su esposa. Sganarelle le ordena que le dé queso al paciente, y le pagan por la consulta.
    Una vez en casa de Géronte, Sganarelle renueva su intento de seducir a Jacoba, interrumpido por la llegada de Lucas.
Mientras Géronte le explica a Sganarelle que el remedio que recomendó para su hija solo empeoró su dolor, Léandro, a quien Géronte no reconoció, habla con Lucinda. Luego, la joven encuentra el uso del habla, y discute con su padre sobre su matrimonio. Sganarelle le ordena a Leandro que vaya y administre cierto remedio a la joven. Los dos jóvenes salen.
     Lucas, que descubrió la impostura, viene a advertir a Géronte del engaño del que fue víctima: el anciano ordena que agarren a Sganarelle, a quien quiere colgar. Martina llega, buscando a su esposo, y descubre que Sganarelle está prisionero. Géronte se niega a ser indulgente con el falso médico, que se salva por el inesperado regreso de Lucinda y Léandro, quien explica que acaba de enterarse de que heredó la fortuna de su tío. Géronte luego lo acepta como yerno. Martina y Sganarelle, reconciliados, regresan a casa.
Contexto
Reacción
     Molière comenzó a escribir el, Médico a la Fuerza, justo después de la creación del Misantropo (en junio de 1666). De hecho, se trataba de responder al doble proyecto de piezas, lanzado por los actores competidores del Hôtel de Bourgogne: Los Celos Ciegos y La Boda del Pueblo (ambos de Brécourt), quienes operaban el veta del “galante farcesco” en el que Molière se había convertido en un maestro
     Por lo tanto, éste último decidió escribir una “pequeña comedia” en tres actos y en prosa, por lo tanto, más rápida de componer, y que se realizó el 6 de agosto de 1666, bajo el título, El Médico a la Fuerza, además de una obra de teatro del escritor, Donneau de Visé, que había creado el año anterior, La Madre Coqueta. Esta nueva comedia fue bien recibida por el público parisino. La primera actuación de la obra, estuvo a cargo de los siguientes actores: Molière (Sganarelle), Mlle de Brie (Martina), Du Croisy (Géronte), Armande Béjart (Lucinda) , La Grange (Léandro).
Elementos de Análisis
Fuentes
     Molière recicla en, El Médico a la Fuerza, situaciones e incluso réplicas que ya había usado en, El Médico Volador, y El Médico del Amor. Retoma en particular el tema del falso doctor, y el del falso paciente, derivando de la tradición de la comedia italiana. Superpone el tema de, Medico a la Fuerza, de una antigua colección indoeuropea, ya que se encuentra en el cuadragésimo cuento de la colección hindú, Śukasaptati, donde cuenta cómo la esposa de un brahmán, afirma que su esposo puede curar a la hija del rey, afectada por un absceso en la garganta; el hombre lo hace, haciendo reír a la princesa.
   Este tema de, Medico a la Fuerza, probablemente fue dibujado por Molière en la versión dada por un, fabliaux del siglo XIII, El Deseo Malo, sin que se supiera exactamente cómo llegó a saber la historia.
Alusiones Picantes
    El Médico a la Fuerza, abunda en alusiones descaradas: desde la primera escena, Sganarelle evoca su noche de bodas con Martina (lo que implica que ya no era virgen en ese momento); Jacoba ofrece tratar a Lucinda, dándole un marido, presentando este remedio como un, "yeso que cura todos los males de las niñas", (la forma cilíndrica en la que se presentaron los yesos antes de su uso, hizo evidente el significado fálico de la parte inferior, oído por los espectadores de la época); presentando a Léandro a Géronte como el remedio que su hija "necesitará", Sganarelle, explica una didascalia, (instrucción de escena) "[hace] señales con la mano de que es un boticario", es decir que imita la maniobra de penetración de un clíster, (la administración de un enema de agua medicado por el recto), etc.
    Esta dimensión de la obra, es el resultado de un regreso de la moda a la literatura galante y descarada, a principios de la década de 1660, marcada por la reedición de, La Farce, de Maitre Pathelin, las novelas de Rabelais, (reeditadas en 1659), o incluso obras de Tabarín.
    La escena de la limpieza del hogar, con su procesión estereotípica de golpizas y chistes misóginos, proviene del mismo trasfondo (las palizas del palo dado por el esposo a su esposa, ya aparecieron en, "El Deseo Villano").
Estética de la Farsa
    El Médico a Palos, presenta una dimensión de la farsa, cuyo espíritu se manifiesta, en primer lugar, en la dramática coherencia del conjunto: las situaciones y sus secuencias parecen desmotivadas, desde la disputa infundada que ábre el espacio, hasta su conclusión, improbable y artificial (el retorno inmotivado de Martina y la herencia inesperada que hace posible cambiar la situación), pasando por el engaño poco convincente de Martina, que conduce a un malentendido improbable, pero muy rápidamente aceptado como obvio por todos, incluso por quien es el sujeto, Sganarelle, quien inesperadamente se convirtió en médico. La acción parece estar menos impulsada por la preocupación por la continuidad dramática, que por una, "yuxtaposición de escenas solicitadas entre sí, de acuerdo con sus temas y sus tonos ”, escribe Patrick Dandrey.
    Sin embargo, notamos en la obra el uso del esquema de la farsa, sacado a la luz por Bernadette Rey-Flaud, según lo cual, la acción consiste en poner en marcha una maquinaria que termina aplastando al que inició el movimiento, según el principio de reversión: así es como Sganarelle, cuyo dominio del arte del engáño, lo lleva a manipular como otros títeres, a los protagonistas de la obra, a Géronte, por ejemplo, a quien golpea con palos, y a Lucas, a cuya mujer pretende seducir ante sus ojos, para que al final se encuentre atrapado, cuando alcanza las alturas del arte del engáño. Es en ésta perspectiva, que encuentra su significado la intervención del Sr. Roberto, la cual es aparentemente gratuita. El señor Roberto, al querer intervenir en la disputa familiar para ponerle buen fin, termina convertiéndose en la víctima. lo cual nos permite presentarla como razón para la inversión que estructura toda la obra.

     Finalmente, el solo personaje de Sganarelle, sería suficiente para ilustrar el espíritu de farsa que impregna a, El Médico a la Fuerza: carente de personalidad real, ya que parece cambiante y vinculado a los caprichos de las situaciones a las que se enfrenta, y más bien representa un tipo cómico como se encuentra en el, Teatro de la Feria.
    Su profundidad se aproxima, cuando cita, Proverbios, o cuando imita la jerga científica, y su tono bribón y brusco, acentúa ésta dimensión de la farsa, que finalmente se manifiesta por el juego escénico particularmente rico y físico, que exige su interpretación, durante escenas de palpitante emoción, cuando besa a Lucas para encontrarse en los brazos de Jacoba, cuando se entrega a todo tipo de pantomimas, etc. La obra teatral de Sganarelle, que a veces se asemeja a una coreografía, muestra que Molière integra en ésta pieza, las habilidades que adquirió en la producción de sus comedias de ballet.
El Rostro de la Religión detrás de la máscara de la Medicina
    La obra de Molière le da un lugar privilegiado a la crítica de las teorías y prácticas de la medicina, con la jerga pedante utilizada por Sganarelle, incomprensible y paródica ("Ossabandus, nequeys, nequer, potarinum, quipsa milus"), sus diagnósticos tautológicos (Lucinda es tonta, explica, porque ella "perdió su palabra"), y sus remedios improbables, (pan bañado en vino, queso). Todos estos elementos,pertenecen a la tradición de la sátira de la medicina, como se había ilustrado notablemente en las obras de Tabarín.
   Pero más allá de estos topos antimédicos, la obra de Molière se centra en la crítica más general de la credulidad, ilustrada en, El Médico a la Fuerza, por numerosos pasajes: por ejemplo el de Valerio y Lucas, que se dejaron convencer por el testimonio único de Martina, de que Sganarelle es un hacedor de milagros capaz de resucitar,  o el padre que cree en un milagro, cuando su hija recupera el uso del habla, pasando tambien por la fe concedida a la alquimia, cuando Valerio evoca las virtudes de "Oro Potable" en la escena 4 del acto I. Así, todos los personajes de, Médico a la Fuerza, parecen agregar fe a las creencias irracionales, y son engañados por un hombre que creemos que se ha aprendido su erudición, con la única fé del hábito que usa.
     Estos elementos sugieren que un subtexto antirreligioso se oculta detrás de la sátira médica. La unión entre los dos campos, se efectúa por la tradición del origen patrístico, aún vivo en el siglo XVII, del Cristo sanador. Lo que es más, ciertos pasajes de la obra, se transponen de manera casi transparente, entre los elementos del dominio médico, con los del dominio religioso, tratados de manera paródica.
    Por lo tanto, las dos curaciones que Sganarelle realizó, según Martina, la resurrección de una mujer muerta, y la curación de un paralítico, se refieren a los milagros bíblicos del paralítico de Capernaum, y la hija de Jairo, en los Evangelios, donde también bordean la curación del mudo, con los términos utilizados por Valerio y Lucas, para presentar el farsante Sganarelle a Géronte: "todos los demás, no se dignen a desnudar sus zapatos"; "su reputación ya se ha extendido aquí: y todos acuden a él", que recuerdan las fórmulas análogas, utilizadas para designar al Cristo. La profesión de Sganarelle, un maricón, que por lo tanto se asemeja a la de un carpintero, también es quizás una alusión cifrada a la Biblia.
Adaptaciones de la Obra
Al Cine
Al Teatro
1972El Teatro Esta TardeEl Médico a la Fuerza. de Molière, dirigida por Jean Meyer, realizada por, Georges FolgoasThéâtre Marigny.
A la Opera
Le Médecin Malgré Lui, es una Opera Cómica de Charles Gounod, compuesta en 1858, arreglada por Erik Satie. (Wikipedia en Frances)
     La risa, la sátira social, y el talento bufo, dieron para siempre el teatro incisivo de Moliére. Sus perfectas comedias de humor, nos cautivan enseguida. Entre los clásicos, "Don Juan," "Tartufo," y "El Aváro,"la pequeña joya que leeremos, brilla con gran esplendor, y nos nárra cómo un hombre simple llegó a ser...
Médico a Palos
de Moliére
     Una noche, cierto escarcéo amoroso fue interrumpido, y una mujer preguntó, "¿Ya debe desaparecer Leandro, Jacoba?" Jacoba le dijo, "Sí amita. ha llegado su padre y quiere verla." La mujer dijo, "¡Oh, sé cuál será el tema, insiste en él desde hace un mes atrás!" Lucinda y Leandro volvieron a besarse en despedida. Jacoba dijo, "¡Vámos, dénse prisa, escúcho los pasos de señor Géronte!" Ambas mujeres entraron a la mansión, mientras el furtivo amante huía, ayudado por las sombras del jardín. Géronte preguntó, dónde estaba Lucinda, a lo que Jacoba dijo, "Amo, la niña vagaba a solas bajo la luna." Géronte dijo, "¡Pobrecilla, debe sufrir por el mal que le aqueja!" Géronte dijo a Lucinda, "¿Cómo vas a casarte con Horacio teniendo esa maldita mudez? El necesita una esposa sana..."
     Lucinda se turbó, y empezó a decir, "¡Han, Hi, Hon, Han Ha!" Géronte dijo, "¡Por Dios, esas voces guturales!¡Pareces un pato, un mico!" Géronte se desesperaba , sin notar que ellas cambiaban un guiño de complicidad. Géronte dijo, "¡Es terrible, la boda podría fracasar, necesitamos hacer algo efectivo...pero en seguida!" Finalmente el dueño de casa tomó una decisión, y dijo, "¡Esto debe arreglarse, o perderemos la hacienda de mi candidato! Un médico, un médico de veras, eso necesito..." Cuando Géronte se fue, ambas mujeres hablaron a solas. Lucinda dijo, "¡Jacoba, mi querida nodriza, no puedo fingir eternamente!" Jacoba le dijo, "Aguante, amita. Por ahora ha ganado tiempo." La criada animaba sin cesar a Lucinda, diciendo, "Dios nos ayudará, calma, calma..." Lucinda dijo, "¡Eso espero! Me canso de tantos 'Ha,Hi'...¡Y ámo a Leandro!"
     Al día siguiente, en la activa tienda de abarrotes, todos cargaban sacos de alimentos y granos, pero del comerciante Sganarelle, decía, "¡Ordénen todo, muchachos! Hoy ustedes atenderán en mi lugar." Uno de sus trabajadores dijo, "Déjelo a nuestro cargo!" Sganarelle explicó, "Estaré fuera unas horas, ya saben, me gusta escoger, y cortar la leña personalmente. Tomo aire del bosque. Tomo aire de primera, y con el hacha, ejercíto éstos músculos. ¡Será hasta luego, pues!" Sganarelle cruzó la trastienda, hacia la casa, para reunirse con su esposa. Mientras ésta le servia de comer, le dijo, "Oí tu voz. Vas al bosque de nuevo, ¿Eh?" Su esposo le dijo, "Puedo hacerlo, Martina. Cuidas el hogar, y a nuestros hijos. Los empleados atienden nuestra tienda, ¿Cuál es el problema?"
     Martina dijo, "Claro, el señor, goza, perdiendo el tiempo. ¡Y todos atendemos sus asuntos! Aunque haces bien en ejercitar tus músculos..." Sganarelle dijo, "¡Unph, Momenfftogh, ya sé lo que suguiéresfgh...!" Ella le dijo, "¡Patán, no hables con la boca llena, eres ridículo!¡Sí, ejercíta tus músculos, ya que no tienes cerebro, pedante, mal esposo...!" Sganarelle dijo, "¡Deténte, no hables más, o ahora mismo te castigaré!" Ella le gritó, señalándolo con el dedo, "¡Miren al tonto, también me amenaza, ¡Ja, Ja, Ja!" El le dijo, "¡Sí, te amenazo, ¡Y no solo eso, mujer!" Sganarelle perdió los estribos, y le dio una bofetada, diciendo, "¡Toma, ésto es solo el comienzo!" Siguió pegándole, mientras ella procuraba librarse, gritando, "¡Ayy!¡Ayyyy!"
     Al fin, Martina pudo huir hacia la calle. Sganarelle la perseguía gritando, "¡Espera, pécora, arpía, te enseñaré quién manda aquí!" Roberto, un vecino miró la escena asombrado, pensando, "¿Qué es eso?¡Por Dios, Sganarelle parece rabioso!" Entonces se acercó y dijo, "¡Eh, Eh!¿Qué es esto?¡Habráse visto mayor infamia!¡Maldito granuja, pegarle así a tu santa mujercita!" Sganarelle dijo, "¡Roberto, eres mi vecino, pero te metes en lo que no te importa!" Roberto le dijo, "!Sí me importa, mereces una tunda, y yo te la daré!" Pero la mujer se interpúso, y dando una bofetada a Roberto dijo, "¿Quién te dio vela en este entierro?¡Intruso, tóma, tóma!" Sganarelle rió, y siguió una andanada de golpes, asestados por el matrimonio. "Muy bien mujer, éste no se meterá más." Hasta que Roberto dijo, "¡Alto, pido perdón, hice mal...amigos!" "Somos un buen equipo, querida, ¿Eh'¡Míralo, dá pena!"
     Entonces Sganarelle dijo, "Prometes respetar nuestra autonomía como cónyuges?" Roberto dijo arrepentido, "S-Sí, no me meto, apalea a tu Martina cuanto quieras." Esas palabras enojaron aún más a Sganarelle, quien tomó a Roberto por el cuello diciendo, "Es mi mujer. Le pégue o no le pégue es cosa mía. No eres quien para darnos lecciones. ¿Verdad?" Y Martina dijo, "Un necio, Roberto, no eres más que un pobre necio." Así el matrimonio se retiró, tomados del brazo. Sganarelle dijo, "Estuvimos 'armónicos' querida. ¿Volvemos a casa?" Martina dijo, "Como dispongas, mi amor. Tú mandas y yo obedezco..." Dejaron solo y atolondrado al vecino, pensando, "¡Dios mío!¿Habré vivido lo que pasó? No, no puedo creerlo." Cuando llegaron a casa, Sganarelle abrazó a Martina, y le dijo, "¿Sabes una cosa, Martina? Estos, son los momento en que te aprecio." Ella le dijo, "Y yo a tí, deberíamos hacer eso más seguido..."
     Se fundieron en un largo beso de reconciliación. Enseguida, Sganarelle tomó su hacha y dijo, "¡Y bien, no ha pasado nada! Me voy al bosque." Martina pensó, "¡Animal! Disimúlo, pero no olvído que me pegaste." Sganarelle tomó una botella y dijo, "Con mi hacha y mi aguardiente seré feliz. ¡Sí Señor!" Martina pensó, "Eres tan bruto, Sganarelle, que ni imaginas lo que pienso, ¡Pero pronto lo sabrás!" Sganarelle salió de su casa, diciendo, "Dijo Cicerón. 'Entre el árbol y la corteza. no metas el dedo' ¡Sabio precepto! Nos veremos en la tarde, mujer." Martina pensó, "¡Oh, ahora cita a Cicerón!" Después, alimentando a sus hijos, Martina pensaba, "Debo hallar un buen plan. ¡Hum...!" Dejó a los chicos en manos de una criada, y salió. "A solas soy más lúcida. ¿Cómo escarmentar al patán?" Poco a poco, en aquellas reflexiones, dejó el pueblo, y caminó, distraída por la orilla de un arroyuelo. 
     Muy cercas, dos inquietos personajes platicaban. "Valerio, que barbaridad, menudo problema el nuestro." "¿Que quieres que hagámos, Lucas?Tú sabes que debemos obedecer a nuestro ámo." Lucas dijo, "Sí, además, nos interesa la salud de su hija, la dulce Lucinda, aquejada de tan extraño mal." Bajo un puentecito, alguien oyó aquello. "...Un lío, por cierto. ¡Necesitamos hallar a ese genio!" Martina pensó, "¿Alguien busca un genio?¡Esto podría ser lo que necesito!" La charla continuaba. "Al menos, tal enfermedad aplaza la boda con Don Horacio, su pretendiente rico." "¡Bah, lo sabes como yo, ella en el fondo ama a Leandro." En eso, Martina decidió hacerse ver por ellos. "Señores, disculpen que intervenga, pero...¿Oí bien, buscan realmente un genio?" Valerio dijo, "Eso mismo, señora. Una terrible situación que Géronte, nuestro ámo, nos echó encima."
     Martina dijo, "Tres cabezas piensan mejor que dos. ¿Puedo ayudarlos?" Valerio y Lucas explicaron. "Horacio pretende a Lucinda. Lucinda áma a Leandro. Lucinda enmudece, Géronte no puede casarla..." "Géronte quiere curarla, busca un médico. ¡Y nos encarga eso a nosotros!" "Esta vez debe ser un genio. Varios galenos de fama vinieron a Lucinda, sin poder curarla." Martina se detuvo y dijo, "¡Ajá? Me sentaré un momento, amigos. ¡Sigan, sigan!" Valerio dijo, "Buscamos pues, al que conozca secretos y maravillas, para reponer a un casi finado. Una aguja en un pajar, pues. Dijo nuestro ámo que no volviéramos sin él." Pero Martina le dijo, "Señores, alégrense, sé quien! Tuvieron suerte de que los oyera...¡Conozco al fenómeno que buscan!" Lucas dijo, "¡Caracóles! Háblenos de él, señora..."

    Ella les dijo, "Él es extranjero, nos visita actualmente. No les digo su nombre, pues viene de incógnito. Ha hecho prodigios realmente. Una vez. cierta mujer fue desahuciáda. Iban a amortajarla, cuando alguien llamó a nuestro matasanos. Llegó al lecho de la enferma, y de inmediato sacó algo de entre su ropa, diciendo, 'Prepárate Cristina, mi pócima secreta te hará nacer de nuevo! Solo una gotita así...¡Hum!' La reacción instantánea fue impresionante.
     La mujer se incorporó, diciendo, '¡Jaaa!¡Me siento fuerte!¡Soy otra, me curé, Jaaa!' Y el genio dijo, '¡Hum! señores, por favor, mis honorarios...'" Valentín dijo con asombro, "¿Oíste eso, Lucas? ¡Es impresionante, aunque solo pudo tratarse de un golpe de suerte!" Pero Martina dijo, "¡Eso no, señores, puro genio! Oigan esto otro...Éste era un niño feliz, hijo de familia rica, jugaba en la terraza, persiguiendo a una mariposa, decía, '¡Mariposa bella, déjame tenerte en mis manos!' Siguiendo al insecto se distrajo, y no vio el borde del techo, hasta que fue demasiado tarde y cayó. Sus padres presenciaron la trágica escena. Ella dijo, '¡Llevémoslo adentro, aun respira mi queridito!' Y su padre, '¡Sé de la única persona que lo salvaría!' Nuestro genio fue convocado, y acudió de prisa, diciendo, '¡Hum! Debe tener huesos rotos , órganos reventados, funciones suspendidas...¡Pero lo intentaré!' Pero el padre del niño dijo, 'Doctor, salve a mi hijo, y lo haré rico!'
     Pero el genio dijo, '¡Mi riqueza es mi talento, señor, miren acabo de fabricar éste ungüento, y ahora mismo lo probaré. Untaré con él su cuerpo...¡Ya está! Ahora unos minutos de espera, para que las potencias hagan su efecto.' Durante el momento de suspenso, nada ocurrió. El genio dijo, 'Tiempo y sustancia...combinación prodigiosa...' De forma milagrosa. el niño se incorporó, diciendo, '¡Oh! soñé que quería un mariposa, y de pronto, caía y caía...por suerte fue solo un sueño.' Su madre exclamó, '¡Hijito, mi amor!' Mientras madre e hijo se abrazaban con júbilo, el padre le ofreció una bolsa de monedas, diciendo, 'Doctor, usted es extraordinario. ¡Tóme, se lo ganó!' El genio le dijo, 'Gracias señor, pero recuerde: No difunda ésto, prefiero evitar famas molestas.' Y el padre le dijo, 'Así lo haré, doctor, lo guardaré como un secreto.' "
     Martina terminó su relato, entonces Lucas le preguntó, "¿Y usted cómo lo supo, si ellos lo callaron?" Ella le explicó, "Por la confianza que tengo con el doctor.¡Nos une un parentesco...que tampoco les detallaré! En realidad es un hombre tímido, y tiene dos grandes defectos que quiere ocultarlos." Valerio dijo, "¿Defectos?¡Esos no nos interesan, sino sus virtudes!" Martina dijo, "¡Vamos al bosque mientras les explico!Si no saben de sus defectos no conocerán de sus virtudes..." Valerio dijo, "¡Diablos, que complicado! Díganos, más señora." Martina dijo, "Siempre niega ser doctor. ¡Es masoquista! hay que golpearlo duro, para que use su talento facultativo." Valerio dijo, "Muy bien, señora, ¿Y el otro defecto?"
     Ella explicó, "Al negar ser medico, se hace el bobo...¡Bah, pequeñeces comparadas con su inmenso don!" Enseguida Valerio dijo, "Ahora hablemos de usted. ¿Quien es usted?" Ella dijo, "¡No importa!Y si le dicen al doctor de mi, podría hasta matarme..." Lucas dijo, "Le prometemos no decírselo. ¿Dónde lo encontraremos?" Ella dijo, apuntando hacia la maleza, "En éste bosque. ¿Oyen esos golpes de hacha?¡Es él, le gusta hacer higiene mental, actuando como un leñador." Mientras los hombres avanzaban, Martina les dijo, "¡Y recuerden, si se hace el tonto...a palos con él!" Lucas dijo, "Así lo haremos, gracias a usted, nos ha ayudado mucho." Apenas Martina quedó sola, pensó, "!Es un plan perfecto! Y pensar que ese patán no cree en la inteligencia de su esposa...¡Ja, Ja, Ja! Y ahora veamos eso, será divertido. ¡Gozaré vengándome así, por los golpes que él me dio!"
     Mientras tanto, en la mansión de Géronte, éste leía un libro, cuando llegó uno de sus sirvientes, y dijo, "¡Ah!¡Tú por aquí, Horacio?¡Qué bueno saber que pronto podre decirte 'ýerno' y tú a mi 'suegro'!" Horacio dijo, "Así sera...si ella se cura. ¡No quiero una muda aunque sea Lucinda, y yo la áme!" Mientras tanto, en la habitación de Lucinda, llegaba Jacoba diciendo, "Amita, llegó ese torpe con dinero, su 'mudez' sigue repeliéndolo." Lucinda dijo, "Así es, Jacoba, ¡Y así seguirá siendo! Es mi recurso..." Ya en la sala, Géronte decía, "¡Ah, hija querida, ven, saluda a tu prometido!" Ella dijo, "Hon...¿Hi?" Lucinda se acercó, y haciendo un ademán dijo, "¡Han, han, hu! ¿Eh? Hon, Hi, Hi." Horacio dijo, "¡Oh, Dios, pobrecilla, no sopórto, ésto me rebasa! Dis-Disculpen...debo irme...Tengo negocios...¡Ohhh!" Lucinda pensó, "Muy bien, Horacio, vete, es lo que más quiero."
     Cuando Horacio se fue, Géronte se llevó las manos a la cabeza y dijo, "Qué desastre, me volveré loco. ¡Hija espantas a tu mejor partido...y a su inmenso capital!" Lucinda exclamó, "¿Eh?¿Hi?" Jacoba dijo, "¡Mire, la hizo llorar, usted es cruel, amo! ¡Muy cruel!" Géronte dijo, "Cielos, no quise ofenderte, hijita." Jacoba dijo, "Vamos amita, solo su nodriza la atiende, hasta el padre la trata como un desalmado." Géronte dijo, "¡Santo Dios, Jacoba, tienes razón!" Tras salir de allí, ambas mujeres espiaron la confusión de Géronte, quien dijo, "¿Qué haré? Si Valerio y Lucas halláran algo...¡Todo se desbarata, no sé cómo hacerle!" Jacoba dijo a Lucinda, "Ya ve, amita, solo su finada madre tenia criterio aquí." Lucinda dijo, "¡Papá se ve cómico!¿Y el bobo de Horacio?¡Ja, Ja, Ja!"
     Mientras tanto en el bosque, Valerio decía, "Míralo Lucas, ¿Quién diría que ese sabe medicina?" Alguien más estaba pendiente del encuentro. A lo lejos, Martina los observaba, pesando, "¡Atención, Martina, esto se pone bueno!" Sin notar aún a los dos, Sganarelle sacó su botella, y tras beber, cantó, "♪♫¡Botella bonita, que bien suena tu GluGlu, que bueno seria verte siempre llena!¿Porqué te vas vaciando entonces? Mi buena amiga, mi botellita, ¡La-Laralá!"

    Valerio se acercó, y dijo, "Señor doctor, alteza, disculpe que lo interrumpámos..." Sganarelle dijo, "¡Diablos!¿Quienes son ustedes?" Tras una pausa, Sganarelle dijo, "Es mi licor, es mi leña. ¡No me los robarán!" Valerio le dijo, "No queremos robarlo, solo pedir humildemente su ayuda." Sganarelle dijo,"¿Mi ayuda? ¡Comprendo! Son buenos leños, y baratos..." Valerio dijo, "Tampoco queremos eso, calma. ¡Sabemos su verdad, doctor!" Sganarelle dijo, "¿Doctor, yo?¿Acaso se burlan de mi?¡Jo!" Lucas dijo, "¡Un hombre de su talento!¿Porque se rebaja a leñador?" Sganarelle dijo, "No soy doctor, ni me rebajo. ¿Por quien demonios me toman?"
    Valerio le dijo, "No se obstine en negarlo, caballero, esto ya me irrita." Enseguida, Lucas murmuró a Valerio, "Recuerda lo que ella nos dijo. Él disimula." Valerio dijo, "Bueno, si es masoquista, habrá que aplicarle el 'tratamiento,' entonces..." Cuando Sganarelle vio que ambos se acercaron con palos, dijo, "¡E-esperen!¿Qué pretenden?" Valerio dijo, "No es amenaza. Lo sentimos, esto es indispensable..." Lucas comenzó a golpearlo y dijo, "¡Valerio, duro con él!" Sganarelle exclamó, "¡Ay!¿Están locos?¡Oh, huy deténganse!" Una serie de leñazos cayeron sobre el desventurado, quien gritaba, "¡Ayyy!¡Ohhhh! Piedad, no lo haré más!" Valerio decía, "¿Qué no hará más, doctor? ¡Vamos, sea usted de una vez!" Sganarelle le dijo, "¿Ser yo?¡Por favor, apenas soy un pobre comerciante!" Valerio dijo, "¿Lo oíste? Persiste en negar su identidad." Lucas dijo, "Le hará falta más castigo, pues..."
     Valerio comenzó a darle de leñazos en la espalda, diciendo, "¡Tóme, tóme, le pegaremos cuanto sea menester!"  Sganarelle gritaba, "¡Aaaayyyy, qué dolor, paren, paren!" Sganarelle se levantó y dijo, "¡Tengo que hacer algo por mi mismo!" Valerio dijo, "¡Lucas, evitemos que escape!" Sganarelle se agarró abrazando a un tronco de un árbol, diciendo, "¡Ay, debo subir...oh, a la copa... del árbol!" Lucas dijo a Sganarelle, "¡Doctor, eso será peor, le daremos hasta que reaccione!" De pronto Sganarelle se resbaló y se despeñó, diciendo, "¡Oh, estoy perdido!" Los hombres dijeron, "¡Lo tenemos!"
    Pero Sganarelle se arrodilló y dijo, "¡Piedad, seré lo que pidan! Perro, pez...o doctor." Valerio dijo, "¡Bravo, ya reacciona! De pie, señor, y discúlpenos!" Lucas dijo, "¡Lo necesitamos!¡Debe curar a nuestra amita de su mudéz!" Sganarelle pensó, "¡Locos de atar! Pero ésto podría convenirme." Enseguida, Valerio le dio una bolsa con monedas y dijo, "Tóme, es solo un poco de lo que cobrará si lo logra." Sganarelle dijo, "¡Vamos a alguna tienda, debo vestir como el medico que soy!" Los tres comenzaron su andar, y Sganarelle dijo, "Conozco una tienda donde hay esa ropa, caballeros." Lucas dijo, "Lo acompañámos, vamos allá. Esto urge."
     Muy cerca de allí, sin que ellos supieran, Martina Gozaba de lo presenciado. "¡Ja, Ja, Ja!¡Jo, Jo, Jo!¡Ju!¡Qué paliza!" Entonces se dio prisa en dejar aquellas frondas, y pensó, "Si no me equivóco, sé a dónde van, y quiero estar ahí para verlo." Pronto el trío llegaba ante la casa de Sganarelle. Mientras caminaban, Sganarelle pensó, "No les diré que soy el tendero, empezarían a darme de golpes otra vez..." Ante los ojos asombrados de sus empleados, se puso el "atuendo de médico." Sganarelle dijo, mientras se ponía la bata, "Esto va bien, señores...con mi 'genio,' ¿verdad?"
     Enseguida, los sirvientes y el "galeno" se encaminaron. Valerio dijo, "Vamos, nuestro ámo nos espera con ansiedad." Uno de los empleados dijo, "¡Señora Martina!¿Qué es esa locura, o hay una fiesta de mascaras?" Martina le dijo, "Tómalo así, amigo. Sganarelle se disfrazó de doctor, y por primera vez, su 'hum' sonará bien..." Valerio, Lucas, y el extráño personaje, se desplazaron hacia la mansión  campestre de Géronte. Algunos campesinos los vieron pasar con asombro, diciendo, "¡Santo Dios!¿Ese no es el abarrotero?¡Parece un fantoche ridículo!"
     Mientras tanto en el jardín de la residencia, Jacoba la sirviente, decía a Géronte, "Tenga su té, ámo. ¡No sufra tanto, nada ganará!" Géronte dijo, "¿Cómo puedo calmarme? ¡Perderémos a Horacio y sus bienes!" Pero Jacoba le dijo, "No, ámo, usted pierde sus bienes, nada más. Ella no áma a ese hombre. ¡Déle uno a su medida, buen mozo, que le guste, y vera como todo se arregla!¡Si Horacio la quisiera, no le importaría su mudéz!" Géronte dijo, tomando su té, "Muy cierto. ¿Pero qué otro mozo vendría bien a Lucinda?" Jacoba dijo, "Leandro, señor. Usted lo sabe, se atráen desde hace años." Géronte dijo, "Nunca lo vi en persona. Su capital no es grande, ¿Eh?" Jacoba le dijo, "Además, ignora el desastre que es un mal matrimonio." Géronte dijo, "Entremos, se hace de noche, háblame de ello." Ya dentro de la residencia, Jacoba le dijo, "Entre cónyuges, mas vale pan con amor, que Faisán con intereses, pues a la larga ,acaban odiándose. " Géronte dijo, "Sí, es posible, Jacoba..."
     Pero Jacoba continuó, "Mi compadre Pedro casó a su hija Simona con el gordinflón de Tomas. Éste tenia una fanega más de viña que Robin, a quien ella quería. ¡Un hogar digno de lástima hoy! Simona está flaquita, enferma. Él la engaña con otra, y ya le salieron dos hijos malogrados. ¿Se dá cuenta?" Géronte dijo, "¡Oye, me inquietas con eso, calla!" Jacoba dijo, "Pero es la verdad, ámo, y con la verdad no se juega." En ese instante llegó alguien. Jacoba dijo, "¡Lucas, esposo mío!¿Ya dieron con algo, tú y Valerio?" Lucas dijo, "Amo, traemos a un médico!¡Esta vez se trata de un genio!Le contaré de dos curas suyas." Géronte dijo, "Sí, cuéntame, pues otros galenos no curaron a Lucinda." El fiel Lucas narró los casos que Martina les contára. "...y el niño pensó que era un sueño. ¡Qué talento, ámo!" Géronte dijo, "¡Es suficiente!¿Dónde está ese fenómeno?"

    Sganarelle dijo, "¡Hum! Monsieur Géronte, haré lo que pueda por ayudarlo." Enseguida, Géronte fue a su escritorio, y dijo, "Por supuesto, no pienso usar los servicios de tan famoso sabio, sin pagarlos como corresponde." Sganarelle pensó, "¿Habla de dinero? Esto me gusta." Sganarelle revisó la bolsa que le diera Géronte y dijo, "¡Son monedas de oro, señor!" Géronte dijo, "¿Cómo podría ofrecerle menos a usted? ¡Al grano!" Géronte explicó, "Mi hija, la dulce bella Lucinda, padece..." Sganarelle dijo, "¡No se hable más, examinémosla!" Géronte ordenó, "Valerio, ve a buscarla, hace un rato se encerró en su alcoba." Valerio dijo, "Muy bien, amo." En eso, el "doctor" vio a la frondosa Jacoba, y dijo, "¡Diablos! Señora, usted rebosa de vitalidad...y sin embargo...hum...debe tener algún resfriadillo..." Ella le dijo, "¿Qué dice doctor? Gozo de buena salud." Sganarelle dijo, "Hum...¿Está segura? Su voz delata algún pequeño trastorno pectoral..." 
    Pero Sganarelle pegó su oreja a sus pechos, y dijo, "Su salud es primero...¡Hum!¡Hum! La auscultaré..." Jacoba dijo, "¡Doctor, no se ponga impertinente!" Sganarelle dijo, "Sí, hay un ruidillo...Hum...ahora más acelerado...muy agradable..." "¡Acabemos ya!" dijo, Lucas, llegando de repente, y agregó, "¡Ella es mi mujer!¿O acaso busca algo semejante a lo que tuvo en el bosque?" Sganarelle dijo, "N-No, claro que no...yo solo quería..."
     Mientras tanto, Valerio cruzaba la mansión en busca e Lucinda, quien estaba en el jardín, abrazando a un hombre y diciendo, "¡Te ámo, Leandro!¡Bésame mucho!" Los enamorados trataban de olvidar con caricias, el peligro que se cernía a partir de los arreglos matrimoniales de Géronte con Horacio. Lucinda dijo, "¡Cómo resolvemos esto? ahora me tratará un nuevo doctor." Leandro dijo, "No nos queda mas que huir y casarnos, querida." Mientras tanto, Valerio tocaba a la puerta de la habitación de Lucinda, pensando, "No me oye, debe dormir, golpearé más fuerte." Lucinda, quien estaba en el jardín, dijo, "¡Cielos, golpean en mi cuarto, debes irte!" Leandro la abrazó, y le dijo, "Piensa en lo que dije, no estaremos eternamente como ahora, nos casaremos en secreto..." Lucinda dijo, "¡Sí, de acuerdo, pero vete, que nadie te vea!"

     Lucas dijo, "Ahí mismo, en la antesala, Valerio está con él." Cuando Sganarelle entró con su raro atuendo, notó la admiración de quienes había allí, y pensó, "¡Santo Dios!¿Tomaré ésto en serio o en broma? Veamos..." A continuación, Géronte besó su mano, diciendo, "¡Oh, señor magno genio de la medicina, béso con orgullo su mano!" 
     Al abrir, ella recayó en su mudez. "¿Han?¿Hin?" Valerio dijo, "¡Pobre amita, la desperté! Su padre la manda llamar." Ella dijo, "Hon, hon..." Valerio le dijo, "Vino un doctor excepcional. ¡Alégrese, pronto sanará!" Lucinda pensó, "¡Por mil demonios! Cada vez que viene un medico, me cuesta hacer mi papel...y si éste es 'excepcional'..."  Enseguida, Jacoba se mostró junto a Lucinda, y Valerio dijo, "¡Jacoba!¿Qué haces ahí?" Jacoba le dijo, "Déjame, la arreglaré un poco antes de recibir al visitante." Cuando ambas se alejaron de Valerio, Lucinda dijo, "¿Qué clase de tipo es él, nodriza?" Jacoba dijo, "Parece un tunante, un oportunista. ¡Hasta quiso propasarse conmigo!" Lucinda dijo, "¿Propasarse? Vaya, esto es gracioso."
    Pero Jacoba le dijo, "¡Nada de burlas! Por más médico que sea, se me hace un patán, y Lucas impidió que yo misma lo golpeára." A continuación, Lucinda se dispuso a entrar en el salón. Jacoba le dijo, "Recuerde que estoy con usted." Lucinda le dijo, "Gracias, Jacoba. Recemos porque todo salga bien." Su entrada en el salón fue recibida con entusiasmo. Géronte la recibió y dijo, "¡Hija querida! Mira, nos visita una eminencia. Tu mal esta en vías de acabar..." Sganarelle dijo, "¡Hum!¿Es mi paciente? A ver a ver..."
     Jacoba pensó, "¡Vaya personaje, parece un fantoche de feria!" Sganarelle se abalanzó sobre Jacoba y dijo, "¡Hummm!¡A ver, queridita, examinemos tu anatomía!" Jacoba se safó y dijo, "¡Por Dios suélteme, o lo aplastaré como un insecto!" Sganarelle se acomodó los anteojos y dijo, "¡Discúlpen, me equivoqué...veo tan poco!" Géronte apuntó haca su hija y dijo, "Es ella, doctor."
     Tras examinarla, Sganarelle dijo, "Hipócrates diría que...hum...que está enfermita..." Géronte dijo, "Sabio Hipócrates! Sí, ella lo está, es muy cierto." A continuación, Sganarelle examinó la boca de Lucinda con un lupa, y dijo, "¿A ver niña?¡Gruña, murmúre, maúlle, diga, 'treinta y tres'!" Sganarelle dijo "¡Suficiente!¡Ya sé! Señores, prepárense para recibir mi impresionante diagnóstico." Géronte le dijo, "¡Doctor, qué alegría, es usted un genio!¿Qué averiguó?" Sganarelle dijo, "Toda mi ciencia va en esto:¡Perdió la voz!" Géronte dijo, "¡Ma-Maravillosa conclusión! Pero la sabíamos..." Pero Sganarelle dijo, "¡Bah, solo yo lo sé!¿Y acaso la buscaron ahí...allá...?" Geronte dijo, "Perdone pero...¿Sí buscamos qué?" Sganarelle dijo, "La voz de ella!¿No se ha perdido?¡Voto al demonio!" Géronte dijo, "Doctor debe bromear, una voz no se pierde así." 
     Sganarelle dijo, "¡Sí se pierde! Humm...la ciencia nueva considera que la voz es un objeto material, y por lo tanto...¡Pero no importa!¡Aleluya! Sé que remedio hace falta." Géronte dijo, "¿Lo sabe?¡Bendito sea su genio, doctor!" Sganarelle apuntó con su dedo, y dijo, "¡Dictamíno como receta, mucho pan mojado en vino." Géronte dijo, extrañado, "¿Pan y vino?¡Qué extraño! Pero usted sabe, claro." Enseguida Geronte dijo, "Ya oíste hija. Ve con Jacoba y empieza esa dieta." Ella dijo, "Han, Hi, Hon, Han, he..." Cuando ambas estaban por retirarse, Sganarelle señaló con su dedo, y dijo, "¡Insísto! Esa señora que la acompaña, tiene en cambio algún problema...debo examinarla a solas." Inmediatamente Lucas puso su mano en el hombro de Sganarelle y dijo, "¿Es que me obligará a hacer 'aquello del bosque'?" Sganarelle dijo, "¡Oh, no! Claro que no...hum...olvídelo."
    Alguien desde afuera había espiado toda la escena. "¡Ah, ese raro doctor! Me ha dado una idea!" Era Leandro, y se alejó con ideas nuevas en la cabeza, pensando, "Sí, podría ser. ¿Porqué no?¡Salvaré a Lucinda!" Mientras tanto, en el cuarto de la joven, Lucinda decía, "¡A ver queridita, examinémos su anatomía!" Jacoba le dijo, "¡Amita, no se burle de mí, Dios la castigará!" Jacoba aceptó por fin la broma, y rieron largamente del tal "doctor," que un extraño destino les acercára. Y mientras ellas reían, justo en ese instante, "la eminencia se despedía," diciendo, "Y recuerde, pan en vino, vino en pan...mañana vuelvo." Pero al alejarse, le oyó murmurar unas palabras a Géronte: "¡Bendito sea Dios por haberme traído a éste genio!"
    Cuando llegó a su casa, Martina le dijo, Sganarelle, cuánto tardaste!¿Qué disfraz te has puesto?" Él le dijo, "Calla mujer, no te burles, se trata de un buen negocio."  Ella le dijo, "¿Cómo llamarle así al estado lamentable en que llegas?" Martina lo observó, y dijo, "¡Miren esto!¡Ni que te hubieran apaleado!" Sganarelle dijo, "Lo-lo hicieron, mujer, pero, ¡Mira esto otro!" Martina abrió la bolsa, y examinó las monedas, diciendo, "¡Monedas de oro!¿Acaso las robaste y te golpearon?" Sganarelle dijo, "No, es largo y extraño de contar. ¡Anda, dame de comer!" Sganarelle volvió a hablar con la boca llena, diciendo, "Maghñanaff iré otraffs vez por másss orogfhhgsw..." Martina pensó, "¡Come con la boca llena el patán! Pero mañana estaré atenta, al menos sacará buena ganancia..." Al día siguiente, regresó con buen ánimo a la mansión. Al verlo partir, Martina dijo, "¡Otra vez disfrazado! Sganarelle perdió un tornillo..."
    En ese instante Géronte daba órdenes severas. "¡Vamos, come!¡Pan en vino, vino en pan!¡Otro pedazo!" La joven, gracias al licor, ya estaba algo ebria. "¿Eh?¿Hon?¡Han, han, han!" Géronte le dijo, "¡Ya oíste al médico, solo eso te quitará la mudez!" Lucinda dijo, "¿Hin, hin?¡Sabe bien han...me...marea un poco!" Géronte dijo, "!Un momento!¿Sabe bien...me marea?¡Por Dios, hablaste, ya estas curándote!" Lucinda pensó, "¡Diablos, que tonta soy, el vino traiciona mi lengua!" Jacoba interrumpió, diciendo, "Amo, ha llegado el señor Horacio a visitar a su..." Géronte la interrumpió, diciendo, "¡Horacio!¡Todo se acomoda!¡Ella habló ahora mismo!" Horacio estaba ahí presente, por lo que Géronte dijo a Lucinda, "¡Háblale a tu futuro esposo, querida!" Ella empezó a emitir sonidos guturales, "¿Hon?¡Hon, Hun!¡Hi, Hi!" Jacoba dijo, "¡Par de torpes!¿No ven que la asustan?"
    Entonces Géronte dijo a Horacio, "Ya entiendo. ¡Tú le causas alergia! A tu sola vista volvió a hablar como un mico." Horacio dijo, "¡Per-Perdón! No he querido..." Géronte dijo a Horacio, "¡Sal de aquí, está visto que su mal no te importa." Horacio le dijo, "Lo haré, pero ésto complica más el casamiento." Cuando Géronte regresó, Jacoba le dijo, "¿Ve?¡Son incompatibles, su hombre debe ser Leandro!" Géronte dijo, "Quizás, pero ya te dije...su fortuna es menor..." Jacoba le dijo, "Oí que hay un tío viejo, riquísimo, y Leandro es su único heredero." Géronte dijo, "¡También he oído eso! Pero no nos engañemos, Jacoba. Más vale pájaro en mano, que cien volando. ¡La fortuna de Horacio es real! Si un viejo se niega a morir, hasta el heredero podría morir antes..." Jacoba dijo, "¡Ya basta!Dejémos el tema, mi decisión es definitiva."
    Enseguida, llegó Sganarelle, y Géronte dijo, "¡Ah, reaparece usted, doctor! Tengo buenas noticias." Sganarelle dijo, "Hum Hum...¿Acaso ella empeoró?" Géronte dijo, "¡Al contrario, dijo unas palabras, ya empieza a hablar!" Sganarelle dijo, "Magnífico, que siga su tratamiento, entonces." Géronte le dió una bolsa y le dijo, "Tóme más dinero, se lo merece, doctor." Sganarelle dijo, "¡Gracias, gracias, gracias! No trabajo gratis..." Géronte lo acompañó a la puerta diciendo, "Salgámos. Hábleme de medicina, debe saber mucho." Sganarelle dijo, "¿Mucho?¡Muchísimo! Pues vera usted...Hum..." Mientras tanto, Lucinda decía a Jacoba, "¡Por Dios, ese farsante...y mi padre le pága más y más!" Jacoba le dijo, "Calma, amita, no arruíne las cosas. Si usted quiere, la mudéz continuará. ¿Comprende?" Lucinda dijo, "Tienes razón Jacoba. ¡Ah, si no fuera por ti!" Jacoba le dijo, "Calma y mente de hielo, esa es mi receta por ahora."
    Mientras tanto, el "Sabio" demostró su erudición ante Géronte: "...y hay lo que llamo 'Humoris pecanis' que ocurre en el corazón derecho, en el hígado superior..."Géronte dijo, "¡Diablos!¿Corazón derecho, hígado superior?" Sganarelle le dijo, "¡No me contradiga! la ciencia moderna demuestra que siempre hubo error, en la posición de los órganos.." Entonces escucháron una voz que dijo, "Magnífico, el padre de la nueva ciencia." Sganarelle volteó, y Géronte dijo, "¿Pero quién...?" Era Lucas quien venía acompañado de dos personas y dijo, "Me permití hablar por ahí, de la cura de amita. Estos doctores eminentes quieres conocer al sabio."
Uno de los doctores dijo, "¡Sí! ¡Salud, doctor!Usted nos ilustrará en nuestra humilde ignorancia, claro." A continuación siguió, "una lección de alta medicina." Todos estaba sentados en el césped, y Sganarelle disertaba, "...y luego, con otra sangría y un enema suavizador, como decía Aristóteles y el gran Petrarca y..." Entonces alguien interrumpió y presentó a dos personas que llegaban, y dijo, "Perdón alteza, son el señor Thibaut y su hijo, Perrin." Sganarelle se enojó, y dijo, "¡Voto al Diablo!¿Y ahora quien osa interrumpir?" Thibaut dijo, "Oí de su fama, doctor. ¡Vine con mi hijo! Su madre está muy enferma, ayúdenos..." Sganarelle dijo, "Estoy ocupado, ¡Discúlpeme!" 
     Thibaut dijo, "¿De veras no podrá?¡Yo traía esto para pagarle!" Sganarelle dijo, "¡Hum, Hum! Espere, pague y la curaré enseguida." Thibaut dijo, "Bueno, está enferma de 'Hipocresía,' y..." Sganarelle dijo, "¡No se háble más! Es hi-dro-pe-sía-Escuche...Déle queso fresco. ¡Puro queso!" Thibaut dijo, "¡Oh, doctor, Dios se lo pague!" Sganarelle extendió su mano y dijo, "Mejor me lo paga usted. ¡Salvé a su esposa, nada menos!" 
     Thibaut vertió las monedas, diciendo, "Sí, lo de antes no bastó. Tóme tóme..." El hombre y el niño se alejaron, mientras Lucas decía a los doctores, "¿Vieron eso? ¡Increíble, queso para la hidropesía!" Uno de los doctores dijo, "Debe ser un invénto suyo, de veras éste hombre es genial." Sganarelle se despidió, diciendo, "Acabó la lección, colegas. ¡Aprovéchenla!" Uno de los galenos dijo, "¡Gracias excelencia, su verbo nos iluminó!" Martina, que antes siguiera a Sganarelle, había espiado todo, y pensó, "¡Truenos! Este zopenco se aprovecha de la ignorancia de esa ente..."
     Entonces un hombre dijo, "¡Señora Martina! ¿Qué hace por aquí?" Martina dijo, "¡Oh, maldición, me dejé sorprender!" Entonces volteó, y dijo, "Leandro, muchacho, que bueno que eres tú." Leandro dijo, "En esa casa vive mi novia. ¡Le contaré mi triste historia de amor!" De esa manera el joven se desahogó con otra persona, diciendo, "...y solo queremos huir, pero antes debo acercarme a Lucinda, sin despertar sospechas." Martina dijo, "¡Tengo una idea! Y va de acuerdo con la tuya, pero te falta el disfraz. ¡Y yo lo tengo!" Fueron a la tienda del comerciante.
     Cuando Leandro se puso el atuendo de doctor, Martina dijo, "¡Muy bien! Seras el boticario ayudante del doctor." Mientras iban rumbo a la mansión, Leandro dijo, "Pero, ¿Cómo me aceptará sin desenmascarárme?" Ella le dijo, "¡Sencillo! Al verme temerá que yo lo desenmascáre a él. Aceptará lo que querámos, créeme."
Mientras tanto, el "genio" disfrutaba de un suculento almuerzo, ofrecido en su honor por el dueño de la casa., diciendo, "...y también loffs dijossfch Tomás Morofr..." Jacoba pensó, "¡Qué asco! El rufián habla con la boca llena." Al final del banquete llegó Valerio, diciendo, "Amo, llegan un hombre y una dama, piden su audiencia." Geronte dijo, "¿Quienes serán ahora? Valerio, hazlos pasar." Valerio dijo, "En seguida..." La reacción de Sganarelle, al ver a ambos, fue de contenida alarma, y pensó, "¡Demonios!¡Por Satanás! ¡Es Martina!" Jacoba dijo a Lucinda, "Ese de túnica se me hace conocido." Lucinda dijo, "¡Es Leandro, no entiendo cómo se atreve a esto!"
    Inmediatamente Martina se dirigió a Sganarelle, diciendo, "Doctor, solo traje a su ayudante, el boticario, para que trate de cerca a la paciente, y..." Sganarelle dijo, lleno de sorpresa, "¿Mi ayudante el boticario? ¡Hum Hum! Está bien..." Tras una pausa Sganarelle dijo, "¡Hum! Sí, él la atenderá páso a páso. ¡Bien, señor, permíta que él esté cerca de ella siempre!" Géronte dijo, "De acuerdo, doctor. Usted ordena y yo cumplo." Martina dijo, "Muy bien señores, he cumplido y ahora debo irme." Géronte le dijo, "Señora, gracias por haber traído a ese otro médico." Martina procedió a retirarse, y mientras la acompañaban, Géronte dijo a Sganarelle, "¿No es simpática la dama?" Sganarelle dijo, "Sí...hum...lo es, lo es...¡Hum!"
     Y en el cuarto de Lucinda, mientras se abrazaban, Jacoba dijo, "¡Bésense, hijos, se lo merecen! Luego saldrán al jardín para que el ámo los vea muy formales, en pleno tratamiento." Leandro dijo, "Así será, Jacoba, pero ésta tarde nos fugaremos." Jacoba dijo, "De acuerdo, les diré cuando ellos se distráigan." Ya en el jardín, durante horas, la pareja fingió ser doctor y paciente. Géronte dijo, mientras les veía, "¡Todo va bien, amigo! Esa chica hablará muy pronto..." Mientras tanto, camino a la ciudad, Martina pensaba, "Iré a casa de Leandro. Debo explicar a los suyos el difícil páso que darán él y esa muchacha. ¡Se fugarán y se casarán en secreto! Estos raros caminos recorre el amor, cuando un padre necio no comprende..."
     Mientras tanto, en la mansión, el sol caía a plomo. Géronte y Sganarelle bebía agua fresca, mientras observaban a la pareja. Entonces Géronte dijo a Sganarelle, "A esta hora suelo dormir la siesta." Sganarelle dijo, "¡Magnífico, igual hago yo! Echemos una siesta, pues." Géronte dijo, "Dormirá en el cuarto de huéspedes, doctor." Sganarelle dijo, "Se llevan bien su hija y mi ayudante. Ella va sanando, podemos dejar a la paciente en manos de mi...hum...boticario." Poco después, el soñoliento "médico" hacía balance, pensando, "¿Qué hacía Martina?¿Y ese 'boticario'?¡Bah, no importa, ella no me denunció, y yo seguiré juntando buen dinero!" Pronto Sganarelle dormía satisfecho, estimulado por aquella reflexión tan acorde a sus intereses. "¡Rooof-Grumm, Rooof-Grumm!" Y en el jardín, Lucinda decía, "¡Mi amor, ansío besarte, pero podrían vernos!" Jacoba llegó y dijo, "Hijos, Géronte y el 'doctor' roncan, ¡Llegó el momento!" Leandro dijo, "Muy bien señora, su ayuda es invaluable." Lucinda dijo, "¿Cómo harás para que no te involucren?" Jacoba dijo, "Muy simple, también simularé dormir la siesta. ¡Váyanse y que Dios los bendiga!"
     Mientras Jacoba partía, Lucinda dijo, "Es una gran mujer, mamá murió y ella me crió." Leandro dijo, "Ya casados, vivirá en nuestra casa, ¡Te lo prometo!" Un beso los fundió en un compromiso irrompible. Mientras caminaban, Leandro se fue quitando su disfraz, diciendo, "Me sacaré éstas cosas que ya no tienen objeto." Lucinda dijo, "¡Apúrate, algún criado podría vernos!" Corrieron por los prados del verano en una fuga feliz. "¡Leandro, somos solo tú y yo por el mundo!¡Ja, Ja, Ja!" Más tarde, en aquel jardín, Valerio y Lucas encontraron el atuendo de Leandro. Lucas dijo, "¿Y esto?¡Era del 'boticario'!" Lucas tomó el atuendo y ambos fueron a la mansión, y cuando encontraron a Jacoba, Lucas dijo, "¡Jacoba!¡Mira esto!¡Faltan la amita y el boticario!" Jacoba disimuló, y dijo, "¿Qué dicen? No sé nada, yo dormía..." Valerio dijo, "¡Despertemos al ámo, ésto no puede quedarse así!" Y Lucas dijo, "Este sujeto ha raptado a nuestra amita. ¡Es terrible!" El "doctor" fue despertado con rabioso zamarreo por Géronte, "¡Se acabó la farsa, rufián!" Sganarelle despertó, y dijo, "¡N-No sé qué pasa...Soy un genial médico!" Géronte dijo, tomándolo por las ropas, "¿Un gran médico?¡Mira lo que hallamos!" Sganarelle dijo, "La ropa del 'boticario.' ¡Oh Dios mío!" Géronte dijo, "¡Tú lo sabias, él acaba de huir con mi hija, llegó junto a ella por consejo tuyo!" Valerio y Lucas sujetaron a Sganarelle, y Géronte dijo, "¡Sáquenle el disfráz, quiero saber con quien me enfrénto!"
     Sganarelle dijo, "¡No, por piedad, les diré todo, no me peguen!" Y así, Sganarelle narró su extraña odisea. "...y me tomaron por médico. Solo afronté ese destino, no he querido hacer daño a nadie." Géronte dijo, "Ahora entiendo sus 'teorías:' pan y vino, queso, corazón derecho...hígado superior...¡Farsante!" Sganarelle dijo, "S-Sí lo soy...no entiendo cómo empezó ésto." Géronte dio la órden, "¡Junten un grupo, busquen, hay que encontrar a Lucinda y a su secuestrador!" Valerio dijo, "¡Lo haremos!" Enseguida, Géronte se dirigió a Sganarelle y dijo, "¡Y tú, vamos, la autoridad del pueblo se hará cargo de tu complicidad! ¡Irás preso! pero si algo le pasa a ella, ¡Te haré ahorcar, tenlo por seguro!" Sganarelle se incó, y dijo, "S-Sí...digo, n-no lo haga...por favorcito." Jacoba vió y oyó lo que le sucedía al falso galeno, pensando, "Pobre hombre, cierto que es un descarado, pero merecer la horca...es una exageración." Esa tarde, durante horas, los sirvientes rastrearon  la comarca, valiéndose de perros y vecinos voluntarios. La pista acabó junto a un arroyuelo, donde los perro se detuvieron.
     Lucas dijo, "¡Es inútil, Valerio!Cruzaron por aquí, eso hace que nuestros perros pierdan el rastro. ¡Regresemos!" Los soldados ya habían llegado a la casa y llevaban a Sganarelle. Géronte dijo, "...y pido para éste pillo la máxima severidad." Pero algo sucedió. Géronte dijo, "¡Hey miren! Reaparece la rara dama de antes..." Martina dijo, "Señor Géronte, no trata bien a mi esposo, ¿Eh?" Géronte dijo, "¿Es su esposo éste truhán? ¡Explique lo que sepa!" Martina dijo, "¡Solo quise escarmentarlo!" Después de narrar, Martina terminó, "...y así fue todo. Convencí a los criados. ellos convencieron a mi esposo. Mi esposo lo convenció a usted." Géronte dijo, "Un círculo perfecto, debo reconocer." Martina dijo, "Ahora, él está en la mala...por mi culpa. ¡Quiero que me castiguen de igual manera!" Géronte dijo, "Cálmese, ahora que me explicó, entiendo mejor. Pero hasta que aparezca mi hija sana y salva, éste tipo soportará mi furia sobre sus espaldas."  Sganarelle dijo, "Tie-Tiene razón." En ese momento, Jacoba interrumpió, diciendo, "¡Amo!¡Amo!¡Mire quienes llegan!" Géronte exclamó, "¡Hija mía...y él debe ser el tal Leandro!" Leandro dijo, "Sí señor, lo soy. Debimos conocernos mucho antes."
    Géronte dijo, "¡Guardias, arréstenlo, secuestró a Lucinda!" Leandro dijo, "Haga lo que quiera conmigo, pero regresamos de común acuerdo ella y yo. Íbamos a casarnos en secreto, lejos. ¡Pero volvimos! Lo que se haga, que sea a cara descubierta...incluso si usted persiste en casarla con otro." entonces Matilda habló, "¡Bah, no sean tontos! Yo vine aquí a darles una noticia que arregla de plano las cosas." Géronte dijo, "¿Usted?¿A que noticia se refiere, señora?" Martina dijo, "Murió el tío viejo de Leandro. ¡Un aváro gruñón y desagradable! Ahora deja a su sobrino como heredero universal de una fortuna inmensa."
     El ambicioso Géronte pasó a la alegría, y dijo, "¡Oh, suelten a Leandro! Será mi yerno, ya es rico, ya es rico." Lucinda dijo, "Padre, tu avaricia me avergüenza, eso es indígno." Géronte dijo, "No importa hija, también es para tí...y..." Géronte se detuvo y dijo, "¡Por mil demonios!¡Has hablado o desvariado?" Lucinda dijo, "Hablé, padre. ¡Estoy bien, mi salud es perfecta! Amo a Leandro y reclámo mi derecho a casarme con él." Géronte dijo, "Sí, claro...lo que tú decidas, preciosa..." Un beso selló la unión de la pareja. Géronte dijo, "¡Y bien señores, el próximo páso serán sus bodas!" Enseguida, Géronte dijo a Sganarelle, "Amigo estás libre.¡Curaste la mudez de mi hija, en efecto!" Sganarelle dijo, "¿Que yo la curé? Sí, claro...hum...lo hice." Martina dijo, "Un final feliz, ¿No? Géronte aceptó a Leandro. Yo me las cobré con mi esposo. Y él 'curó' a Lucinda y está bien pagado. Estos muchachos formarán un bello hogar..." Por último todos se relajaron haciendo bromas, pues Géronte decía, "¿Y aquello otro, amigo? 'Diga treinta y tres, humoris pecanis' ¡Ja, Ja, Ja!¡Jo, Jo, Jo!"
    Días más tarde, se celebró la ceremonia nupcial, y la comarca entera asistió a la iglesia engalanada. Como padrinos de bodas, oficiaron el mismo Sganarelle y la nodriza Jacoba. Luego, todos se aprestaron a una fiesta descomunal en la residencia del flamante suegro. Una larga caravana se trasladó hasta la residencia.Con la noche, la fiesta llegó a su mejor momento. Lucinda y Leandro fueron al centro de la diversión. Géronte y Sganarelle comieron hasta la saciedad, compitiendo entre ellos. Sganarelle decía, "¡Sifghs, te ganaréggg, tengoff más panzagrhhwm...!" Géronte exclamaba, "¡Ja, Ja, Ja!...Ven, ahora hay que beber, ¡Sigue la competencia!" Sganarelle dijo, "Para estas cosas soy bien dispuesto." Bebieron como cubas, vaciando jarra tras jarra. Geronte decía, "Salud, compañego, salucita..." Al rato, la borrachera los dejó fuera de combate. Martina pensaba, "¡Véanlo ahora! Mi marido ya no tiene arreglo..." Más tarde, reaccionaron y cantaron a toda voz. "♪♫¡...y recuérdame aquellos besos, morenaaa!♪♫"
   De pronto, Sganarelle dijo, "¡Ay dios, miren lo que estoy presenciando!" Géronte dijo, "Es solo la buena Jacoba, amigo, ¿Por que?" Sganarelle dijo, "Está resfriadilla...debo auscultarla, oír su corazón, recostarme en su pecho." Sganarelle se acercó y dijo, "¡Permítame curarla...!" Pero ¡Bunp! Jacoba le soltó un golpe, diciendo, "¡Patán, al fin me doy el gusto de golpearlo!" Sganarelle dijo, "¡Ay, Ay, Ay, es usted malita!" En eso llegó Martina, y dijo, "¿Pero qué infame escena estoy viendo?¡Te mataré!"
    También Lucas se abalanzó con un palo, diciendo, "¡Ahora veras!" Sganarelle gritó, "¡Oh, alto, no toque a un médico eminente!" Lucas dijo, "¿Médico eminente?¡Tóme!" Sganarelle exclamó, "¡Aggh...piedad!" Martina tomó un palo y dijo, "Alto Lucas, al fin y al cabo, soy su esposa." Lucas dijo, "Tiene razón, creo que me extralimité." Pero, ante el asómbro de Sganarelle, Martina dijo, "¡No, no! Solo lo invíto a golpearlo entre ambos!" Lucas dijo, "Con mucho gusto, señora, será un placer..." Ambos empezaron a pegarle. Martina dijo, "¡Tóma mal esposo farsante!" Sganarelle dijo, "¡Alto, apiádense, seré doctor, brujo, o gallina." El desdichado huyó como pudo. 
    Mientras tanto, la celebración prosiguió, y en realidad todos habían tenido su desliz...y su castigo. Géronte pensó, "¡Ja, Ja, Ja! Lucinda me engañó, sin duda..." Los novios sin embargo ya no oían, pues el amor que los unía, hacía que fuera de sí, nada oyeran ni vieran. Sganarelle huyó...y es posible que aún hoy, en el final regocijánte del mejor teatro de Moliére, siga huyendo, luego de haber tenido que ser: médico a palos.
     Tomado de, Novelas Inmortales. Año XI, No. 570. Octubre 19 de 1988. Guión: Herwig Comte. Adaptación: R. Bastien. Segunda Adaptación: José Escobar.