Club de Pensadores Universales

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domingo, 15 de mayo de 2016

Hamlet de William Shakespeare

     La Tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, a menudo abreviada como Hamlet, es una tragedia escrita por William Shakespeare, en una fecha indeterminada entre 1599 y 1602. Situada en el Reino de Dinamarca, la obra dramatiza la venganza del príncipe Hamlet, a la que es llamado a hacer sobre su tío Claudio, por el fantasma del padre del principe Hamlet, el rey Hamlet.
     Claudio había matado a su propio hermano y se había apoderado del trono, para también casarse con la viuda de su hermano fallecido, Gertrudis. Hamlet es la obra de teatro más extensa de Shakespeare, y está clasificada entre las tragedias más poderosas e influyentes de la literatura en Inglés, con una historia capaz de, “volver a contar aparentemente interminables  adaptaciones de los demás.”
    La obra de teatro fue probablemente una de las obras más populares de Shakespeare durante su vida, y todavía se encuentra entre la más representadas, encabezando la lista de adaptaciones de la Royal Maine Shakespeare Company y sus predecesores en Stratford-upon-Avon desde 1879. La historia ha inspirado a muchos otros escritores, desde Johann Wolfgang von Goethe, y Charles Dickens, hasta James Joyce, e Iris Murdoch, y ha sido descrita como, “la historia más filmada del mundo, después de la Cenicienta.”
     La historia de Hamlet, de Shakespeare se deriva de la leyenda de Amleth, conservada por el cronista del siglo 13, Saxo Gramático en su, Gesta Danorum, y posteriormente re narrada por el erudito del siglo 16, François de Belleforest. Shakespeare también pudo haberse basado en una (hipotética) obra de teatro isabelina anterior, conocida hoy como El Ur-Hamlet.
      Sin embargo, algunos estudiosos creen que él mismo Shakespeare escribió el Ur-Hamlet, y posteriormente el mismo Shakespeare revisándola, a continuación procedió con la versión de Hamlet que ahora tenemos. Es casi seguro que escribió su versión del papel protagonista para su compañero de reparto, Richard Burbage, el trágico principal de la época de Shakespeare. En 400 años desde su creación, el papel de Hamlet ha sido interpretado por numerosos actores aclamados en cada siglo sucesivo .
     Tres primeras versiones diferentes de la obra de teatro existen: el Primer Cuarto (Q1, 1603); el Segundo Cuarto (Q2, 1604); y el Primer Folio (F1, 1623). Cada versión incluye líneas y escenas enteras que faltan en los otros. Tanto la estructura como la profundidad de la caracterización de la obra, han inspirado mucho escrutinio crítico.
      Un ejemplo de ello es el debate centenario sobre la vacilación de Hamlet, si matar o no a su tío, lo que algunos ven como un mero elemento de la trama para prolongar la acción, pero que otros argumentan, ven como una dramatización de las complejas cuestiones filosóficas y éticas que rodean el asesinato a sangre fría, la venganza calculada, y el deseo frustrado. Más recientemente, la critica psicoanalítica ha examinado los deseos inconscientes de Hamlet, mientras que los críticos feministas han reevaluado e intentado reivindicar a los personajes, a menudo calumniados, de Ofelia y Gertrudis.
Personajes
Hamlet: Hijo del difunto rey y sobrino del actual rey.
Claudio: Rey de Dinamarca y tío de Hamlet.
Gertrudis: Reina de Dinamarca y madre de Hamlet.
Polonio: Consejero principal del rey.
Ofelia: Hija de Polonio.
Horacio: Verdadero amigo de Hamlet.
Laertes: Hijo de Polonio.
Voltiman y Cornelio: Cortesanos embajadores de Dinamarca en Noruega.
Rosacruz y Guildenstern: Cortesanos, amigos de Hamlet.
Osric: Un cortesano que informa a Hamlet del duelo con Laertes.
Marcelo: Un oficial centinela.
Bernardo: Un oficial centinela.
Francisco: Un soldado.
Reynaldo: Siervo de Polonio.
El fantasma del padre de Hamlet.
Fortinbrás: Príncipe de Noruega.
Enterradores: unos Sextons.
Un sacerdote.
Un capitán del ejército de Fortinbrás.
Embajadores ingleses.
Mensajeros, los marineros, los señores, señoras, los guardias, daneses (partidarios de Laertes).
Trama
Acto I
     El protagonista de Hamlet, es el príncipe Hamlet de Dinamarca, hijo del recientemente fallecido rey Hamlet, y sobrino del rey Claudio, hermano y sucesor de su padre. Claudio se casó precipitadamente con la viuda del Rey Hamlet, Gertrudis, madre de Hamlet, y tomó el trono para sí mismo. Dinamarca tiene una disputa de largo tiempo con la vecina Noruega, que culminó cuando el rey Hamlet mató al Rey Fortinbrás de Noruega en una batalla hace años. Aunque Dinamarca derrotó a Noruega, y el trono de Noruega cayó en manos del hermano enfermo del rey Fortinbrás, Dinamarca teme que una invasión liderada por el hijo del rey noruego muerto, el príncipe Fortinbrás, es inminente.
     En una noche fría en las murallas de Elsinore, el castillo real danés, los centinelas Bernardo y Marcelo y el amigo de Hamlet, Horacio, se encuentran con un fantasma que se parece al difunto Rey Hamlet. Los tres juran decir al príncipe Hamlet, lo que han presenciado.
    A medida que la Corte se reúne al día siguiente, mientras que el rey Claudio y Gertrudis discuten asuntos de estado con su asesor, el anciano Polonio, Hamlet mira hacia el horizonte con tristeza. Después que la corte ha terminado, Hamlet siente una desesperación, debido a la muerte de su padre y el apresurado nuevo matrimonio de su madre. Enterándose del asunto del fantasma, de voz de Horacio, Hamlet resuelve confirmarlo por sí mismo.
     Por otro lado, como hijo de Polonio, Laertes se prepara para partir hacia una visita a Francia. Polonio le da consejos contradictorios que culminan en la máxima irónica, “a ti mismo se verdadero.” La hija de Polonio, Ofelia, admite su interés en Hamlet, pero ambos, Polonio y Laertes, le advierten en contra de buscar la atención del príncipe.
     Esa noche en las murallas, el fantasma aparece a Hamlet, el príncipe, diciendo que fue asesinado por Claudio y exige a Hamlet, su propio hijo, pueda vengarle. Hamlet está de acuerdo, y el fantasma se desvanece. El príncipe confía a Horacio y los centinelas que a partir de ahora planea, “poner una grotesca disposición en esto,” y les obliga a jurar y mantener en secreto sus planes de venganza. En privado, sin embargo, Hamlet sigue estando incierto acerca de la fiabilidad del Fantasma.
Acto II
    Poco después, Ofelia se apresura hacia su padre, diciéndole que Hamlet llegó a su puerta la noche anterior, medio desnudo y comportándose como un loco. Polonio culpa a Hamlet de locura por amor, y decide informar a Claudio y a Gertrudis de ello. Mientras Polonio entra para informar el asunto, el rey y la reina terminan de dar la bienvenida a Rosencrantz y Guildenstern, dos conocidos estudiantes amigos de Hamlet, de Elsinore. La pareja real ha solicitado que los estudiantes investiguen la causa del estado de ánimo y el extraño comportamiento de Hamlet. Sin embargo, noticias adicionales requieren que Polonio espere para ser oído: mensajeros de Noruega informan a Claudio, que el Rey de Noruega, ha reprendido al Prince Fortinbrás por intentar volver a luchar las batallas de su padre. Las fuerzas que Fortinbrás había reclutado para marchar contra Dinamarca, en su lugar se enviaron contra Polonia, a pesar de que pasarían a través de una porción de Dinamarca para llegar allí.
     A continuación, Polonio explica a Claudio y Gertrudis su teoría sobre el comportamiento de Hamlet, y habla con Hamlet en una sala del castillo, con el fin de tratar de descubrir más información. Hamlet finge locura pero sutilmente insulta a Polonio todo el tiempo.
     Cuando llegan Rosencrantz y Guildenstern, Hamlet saluda a sus amigos con gusto, pero rápidamente discierne que son espías. Enseguida Hamlet se entristece, admitiendo que  está molesto por su situación, pero se niega a dar la verdadera razón por la cual lo está. En vez de ello, Hamlet comenta , “en un discurso o monologo que es una elocuente obra maestra,” lo que es la condición humana. Rosencrantz y Guildenstern informan a Hamlet que han traído consigo a un grupo de actores que conocieron mientras viajaban a Elsinore. Hamlet, tras dar la bienvenida a los actores y despedir a sus amigos convertidos en espías, planea montar una obra con una muerte al estilo de cómo fue la muerte de su padre, determinando, de este modo, la verdad de la historia del Fantasma, así como la culpabilidad o inocencia de Claudio, mediante el estudio la reacción de Claudio.
Acto III
     Polonio forza a Ofelia a que le devuelva las cartas de amor y muestras de afecto al príncipe Hamlet, mientras él y Claudio observan de lejos, para evaluar la reacción de Hamlet. Hamlet va caminando solo en el salón y empieza a filosofar, mientras el Rey y Polonio esperan escondidos, la entrada de Ofelia. Hamlet medita en voz alta si, “ser o no ser.” Entonces, cuando Ofelia entra y trata de devolverle las cosas a Hamlet, Hamlet la acusa de falsa de modestia y le grita “vete a un convento,” aunque no está claro si esto también es una muestra de la locura o la angustia genuina. Su reacción convence a Claudio que Hamlet no está loco de amor. Poco después, el tribunal se reúne para ver la obra que Hamlet ha encargado. Después de ver la obra de teatro, donde el rival del rey vierte veneno en su oído, Claudio bruscamente se levanta y corre por la sala: una prueba positiva para Hamlet de la culpabilidad de su tío.
     Gertrudis convoca a Hamlet a su habitación para exigir una explicación por la obra de teatro. Por su parte, Claudio medita en voz alta para sí mismo, acerca de la imposibilidad de arrepentirse, ya que todavía tiene la posesión de sus bienes mal habidos: la corona y la mujer de su hermano. Claudio se hunde hasta las rodillas y ora. Por su parte, Hamlet, cuando se dirigía a visitar a su madre, se acerca sigilosamente detrás de Claudio, pero no lo mata, razonando que el matar a Claudio mientras ora, lo enviaría directamente al cielo, mientras que el fantasma de su padre se ha quedado atascado en el purgatorio. En el dormitorio de la reina, Hamlet y Gertrudis discuten con amargura. Polonio, al espiar la conversación desde detrás de un tapiz, hace un ruido. Hamlet, creyendo que es Claudio, apuñala violentamente hacia el tapiz, causando la muerte de Polonio, pero entonces tira a un lado de la cortina y ve su error.
     En una escena de rabia, Hamlet insulta brutalmente a su madre, por su aparente ignorancia de la villanía de Claudio, pero el fantasma de Hamlet entra y lo reprende, por sus palabras duras y falta de acción. Incapaz de ver o escuchar al fantasma mismo, Gertrudis toma la conversación de Hamlet con él fantasma, como una prueba más de su locura.
    Después de rogarle a la reina que deje de dormir con Claudio, Hamlet se retira, arrastrando el cadáver de Polonio lejos. Hamlet bromea con Claudio acerca de dónde ha escondido el cuerpo de Polonio, y el rey, temiendo por su vida, envía a Rosencrantz y Guildenstern para que acompañen a Hamlet a Inglaterra, portando una carta sellada para rey Inglés, solicitándose en dicha carta, que Hamlet se ejecutado inmediatamente.
Acto IV
     Ofelia se siente demente ante el dolor por la muerte de su padre Polonio, y se pasea vagando por Elsinore. Laertes regresa de Francia, enfurecido por la muerte de su padre, y la locura de su hermana. Claudio convence a Laertes que Hamlet es el único responsable de la muerte de Polonio, pero pronto llega una carta indicando que Hamlet ha vuelto a Dinamarca, frustrando el plan de Claudio. Claudio cambia de táctica, proponiendo un combate de esgrima entre Laertes y Hamlet, para resolver sus diferencias. A Laertes se les dará un florete con la punta envenenada, y Claudio ofrecerá a Hamlet vino envenenado como una felicitación, si lo primero no funciona. Gertrudis interrumpe para informar que Ofelia se ha ahogado, aunque no está claro si fue suicidio o un accidente exacerbado por su locura.
Acto V
     Horacio ha recibido una carta de Hamlet, explicando que el príncipe se escapó por una negociación con piratas que intentaron atacar su barco con destino a Inglaterra, y los amigos se reúnen fuera del escenario. Dos sepultureros discuten el aparente suicidio de Ofelia, mientras que cavan su tumba. Hamlet llega con Horacio y bromea con uno de los enterradores, que desentierra el cráneo de un bufón de la infancia de Hamlet, Yorick. Hamlet recoge el cráneo, diciendo “Ay, pobre Yorick” al contemplar la mortalidad.
     La procesión del cortejo fúnebre de Ofelia se acerca, dirigido por Laertes. Hamlet y Horacio inicialmente se esconden, pero cuando Hamlet se da cuenta de que Ofelia es la que está siendo enterrada, se revela a sí mismo, proclamando su amor por ella. Laertes y Hamlet luchan sobre la tumba de Ofelia, pero la pelea es cortada.
     Estando de vuelta en Elsinore, Hamlet explica a Horacio que descubrió la carta de Claudio entre las pertenencias de Rosencrantz y Guildenstern, y que la reemplazó con una copia falsificada que indicaba que sus antiguos amigos, debían ser sacrificados en su lugar. Un cortesano presumido, Osric, interrumpe la conversación para entregar el reto de esgrima a Hamlet. Hamlet, a pesar del consejo de Horacio, acepta el reto. Ya en el duelo, Hamlet lo hace bien al principio, ganando la partida por dos golpes a ninguno, y Gertrudis levanta la copa en brindis por él, mediante la copa de cristal del vino envenenado que Claudio había dejado de lado para Hamlet.
     Claudio trata de detenerla, pero es demasiado tarde: ella lo bebe, y Laertes se da cuenta que la trama será revelada. Laertes acuchilla a Hamlet con su espada envenenada. En la continuación de la pelea, los espadachines cambian de arma, y Hamlet hiere a Laertes con su propia espada envenenada. Gertrudis se desploma y, alegando que ha sido envenenada, muere. En sus últimos momentos de vida, Laertes se reconcilia con Hamlet, y le revela el plan de Claudio. Hamlet se abalanza sobre Claudio y lo mata. A medida que el veneno hace efecto, Hamlet, al oír que Fortinbrás está marchando a través de la zona, nombra al príncipe noruego como su sucesor.
     Horacio, angustiado ante la idea de ser el último superviviente, dice que va a cometer suicidio al beber los residuos del vino envenenado de Gertrudis, pero Hamlet le pide que viva, y cuente su historia. Hamlet muere, proclamando, “lo que resta es el silencio.” Fortinbrás, quien iba aparentemente marchando hacia Polonia con su ejército, llega al palacio, junto con un embajador Inglés, trayendo noticias de las muertes de Rosencrantz y Guildenstern. Horacio promete contar la historia completa de lo sucedido, y Fortinbrás, al ver a toda la familia real danesa muerta, se lleva la corona para sí mismo.
Fuentes
     Leyendas similares a Hamlet, se pueden encontrar ampliamente distribuidas, por ejemplo en Italia, España, Escandinavia, Bizancio, y Arabia, en donde el tema central del “héroe-como-tonto” es posiblemente de origen indo-europeo. Varios escritos antiguos precursores de Hamlet se pueden identificar. El primero es la saga escandinava anónima, titulada, La Saga del rey Hrolf Kraki.
     En ella, el rey asesinado tiene dos hijo: Hroar ​​y Helgi, quienes, pasan la mayor parte de la historia disfrazados, bajo nombres falsos en lugar de fingir locura, en una secuencia de eventos que se diferencía de la de Shakespeare. La segunda es la leyenda romana de Bruto, escritas en dos obras latinas independientes. Su héroe, Lucius, “Luz Brillante,” cambia su nombre y su personalidad a Bruto, “Torpe, estúpido,” quien juega el papel de un tonto, para evitar el destino de su padre y hermanos, y, matando finalmente al asesino de su familia, el rey Tarquino. Un estudioso nórdico del siglo 17, Torfaeus, comparó al héroe islandés, Amlodi, y al héroe español, Príncipe Ambales, de la Saga Ambales, a Hamlet de Shakespeare. Las similitudes incluyen, la locura fingida del príncipe, la muerte accidental de consejero del rey en el dormitorio de su madre, y la eventual muerte de su tío.
     Muchos de los elementos legendarios anteriores son entretejidos en el escrito del siglo 13, Vita Amlethi, o “La vida de Amleth” por Saxo Gramático, que forma parte del Gesta Danorum. Escrito en latín, refleja los conceptos romanos clásicos de virtud y heroísmo, y el texto estuvo ampliamente disponible en la época de Shakespeare. Paralelismos significativos incluyen, el príncipe fingiendo locura, el precipitado matrimonio de su madre con el usurpador, el príncipe quien matar a un espía oculto, y la sustitución de la ejecución del príncipe, por la de dos retenedores por su propia cuenta.
     Una versión bastante fiel de la historia de Saxo se tradujo al francés en 1570, por François de Belleforest, en sus, Histoires Tragiques. Belleforest embelleció el texto de Saxo sustancialmente, casi doblando su longitud, e introduciendo la melancolía del héroe.
Según una teoría, la principal fuente de Shakespeare es una obra de teatro anterior, hoy perdida, conocida como El Ur-Hamlet. Posiblemente escrita por Thomas Kyd, o incluso por el mismo William Shakespeare, el Ur-Hamlet habría existido por 1589, y habría incorporado en su trama a un fantasma. La compañía de Shakespeare, los Hombres de Chamberlain, pudieron haber comprado la obra de teatro e interpretado una versión en algún tiempo, que Shakespeare volvió a trabajar. Sin embargo, puesto que ninguna copia de Ur-Hamlet ha sobrevivido, es imposible comparar su lenguaje y estilo con los trabajos más conocidos de cualquiera de sus autores putativos.
     En consecuencia, no hay evidencia directa de que Kyd lo haya escrito, ni ninguna evidencia de que la obra no era una primera versión de Hamlet de Shakespeare mismo. Esta última idea, de colocar a Hamlet en una fecha mucho mas antes de la generalmente aceptada, con un período mucho más largo de desarrollo, ha atraído algún apoyo.
     El resultado es que los estudiosos no pueden afirmar con certeza la cantidad de material Shakespeare tomó de la Ur-Hamlet (si existió), o cuanto de Belleforest, o Saxo, o que tanto de otras fuentes de la época, como la tragedia española de Kyd. No existe una evidencia clara de que Shakespeare hizo una referencia directa a la versión de Saxo. Sin embargo, los elementos de la versión de Belleforest que no están en la historia de Saxo, aparecen en la obra de Shakespeare.
     Ya sea si Shakespeare tomó unos de Belleforest directamente o, a través de la Ur-Hamlet, sigue siendo poco claro.
La mayoría de los estudiosos rechazan la idea de que Hamlet está conectado o de alguna manera relacionado con el único hijo de Shakespeare, Hamnet Shakespeare, quien murió en 1596, a los once años. La tradición general sostiene que Hamlet está demasiado evidentemente conectado con la leyenda, y que el nombre y Hamnet era muy popular en ese tiempo.
     Sin embargo, Stephen Greenblatt ha argumentado que la coincidencia de los nombres, y el dolor de Shakespeare por la pérdida de su hijo, pudiese estar en el corazón de la tragedia. Señala que el nombre de Hamnet Sadler, el vecino Stratford ante quien fue nombrado Hamnet, a menudo se escribe como Hamlet Sadler y que, en la ortografía floja de ese tiempo, los nombres eran prácticamente intercambiables. El primer nombre de Sadler se escribe "Hamlett" en el testamento de Shakespeare.
     Los eruditos a menudo han especulado que Polonio de Hamlet pudo haber sido inspirado en William Cecil, Lord Burghley, Alto Tesorero y el principal consejero de la reina Elizabeth I. Por otro lado, sir Edmund Krever Chambers, sugirió que el consejo de Polonio a Laertes, pudo haber hecho eco del consejo de Burghley a su hijo Robert Cecil. John Dover Wilson pensó en esta semejanza de una manera tan segura, que caricaturizó a Burghley como Polonio. A. L. Rowse especuló que la verbosidad tediosa de Polonio, pudo haberse parecido a la de Burghley. Lilian Winstanley piensa que el nombre de Corambis, en el Primer Cuarto, sugirió el de Cecil y Burghley.
     Harold Jenkins considera que la idea de que Polonio pudo haber sido una caricatura de Burghley, es una conjetura, y puede confirmarse por el papel similar que cada uno de ellos jugaron en la corte, y también por el hecho de que Burghley dirigió sus diez preceptos a su hijo, tal como en la obra de teatro, Polonio ofrece “preceptos” a Laertes, su hijo. Jenkins sugiere que cualquier sátira personal se puede encontrar en el nombre de “Polonio,” lo que podría apuntar a polaco o a una conexión polonesa. G. R. Hibbard formuló la hipótesis de que las diferencias en los nombres (Corambis / Polonio: Montano / Raynoldo) entre el Qrimer Quarto y de otras ediciones, podrían reflejar un deseo de no ofender a los estudiosos de la Universidad de Oxford.
Fecha
“Cualquier fecha de Hamlet debe ser provisional,” advierte el editor de New Cambridge, Phillip Edwards. La fecha estimada más temprana se basa en las frecuentes alusiones de Hamlet a Julio César de Shakespeare, fechada ella misma hasta mediados de 1599.  La última fecha estimada se basa en una entrada de registro, del 26 de julio de 1602, en el Registro de la Honorable Compañía de Imprenteros y Periódicos, la que indica que Hamlet fue “últimamente actuada, por los sirvientes de la Compañía Chamberleyne.”
     En 1598, Francis Meres publicó su Palladis Tamia, una investigación de la literatura Inglésa desde Chaucer hasta sus días, en la que doce de las obras de Shakespeare se nombran. Hamlet no está entre ellas, lo que sugiere que aún no había sido escrita. Como Hamlet era muy popular, Bernard Lott, el editor de la serie de Nueva Swan, cree que es, “poco probable que él, [Meres] hubiera pasado por alto ... una pieza tan significativa.”
     La frase “pequeños eyases” en el Primer Folio (F1) puede aludir al coro de, Los Niños de la Capilla Real, cuya popularidad en Londres obligó a la empresa El Globo, a una gira por la provincia. Esto se conoció como La Guerra de los Teatros, y es compatible con una fecha de 1601.  Katherine Duncan-Jones acepta una atribución del año de 1600-1 para la fecha en que Hamlet fue escrita, pero señala que en la interpretación de Los Hombres del Lord Chamberlain, de Hamlet en El Globo, con una capacidad de 3000, era improbable que sometiera a una desventaja para un público de “escasos cien” para la obra de teatro equivalente de  Los Niños de la Capilla Real: La Venganza de Antonio; ella cree que Shakespeare, confiando en la superioridad de su propia obra, estaba haciendo una alusión lúdica y caritativa a su amigo John Marston, con una pieza muy similar.
     Un contemporáneo de Shakespeare, Gabriel Harvey, escribió una nota marginal en su ejemplar de la edición de 1598 de las obras de Chaucer, que algunos estudiosos usan como evidencia de fechas. La nota de Harvey dice que, “el tipo más inteligente” disfruta Hamlet, e implica que el conde de Essex, ejecutado en febrero de 1601 por rebelión, aún estaba vivo. Otros estudiosos consideran esto no concluyente. Edwards, por ejemplo, llega a la conclusión de que el “sentido del tiempo es tan confuso en la nota de Harvey que en realidad es de poca utilidad para tratar la fecha de Hamlet.” Esto se debe a la misma nota también se refiere a Spenser y Watson como si todavía estuvieran vivos (“nuestros florecientes métricos”), pero también menciona los, “nuevos epigramas de Owen,” publicados en 1607.
Textos
     Tres ediciones tempranas del texto han sobrevivido, haciendo intentos por establecer un único y “autentico” texto problemático. Cada uno es diferente del otro:
Primer Cuarto (Q1): En 1603, los vendedores de libros Nicholas Ling y John Trundell publicaron, y Valentine Simmes imprimió, el llamado “mal” Primer Cuarto. Q1 contiene un poco más de la mitad del texto del Segundo Cuarto posterior.
Segundo Cuarto (Q2): En 1604, Nicholas Ling publicó, y James Roberts imprimió, el Segundo Cuarto. Algunas copias datan de 1605, lo que podría indicar una segunda impresión. En consecuencia, Q2 es a menudo fechada en “1604/5” Q2 es la edición más larga aunque omite casi 77 líneas encontradas en F1, muy probablemente para evitar ofender a la Reina Ana de Dinamarca, reina de Jacobo I.
Primer Folio (F1): En 1623 Edward Blount y William e Isaac Jaggard publicaron el Primer Folio, la primera edición de la Obra Completa de Shakespeare.  
     Otros Folios y Cuartos fueron publicados subsecuentemente, incluyendo los Q3, Q4, y Q5, de John Smethwick (1611-1635), pero estos son considerados como derivaciones de las tres primeras ediciones.
     Los primeros editores de obras de Shakespeare, comenzando con Nicholas Rowe (1709) y Lewis Theobald (1733), combinaron material de las dos primeras fuentes de Hamlet disponibles en el momento, Q2 y F1. Cada texto contiene material del que el otro carece, con muchas diferencias menores en el texto: apenas 200 líneas son idénticas entre los dos. Los editores de las obras de Shakespeare se han combinado en un esfuerzo por crear un texto “inclusivo” que refleje una versión imaginada “ideal” del original de Shakespeare.
     La versión de Theobald se convirtió en un estándar durante mucho tiempo, y su enfoque de “texto completo” sigue influyendo en la práctica editorial hasta la actualidad. Algunos estudiosos contemporáneos, sin embargo, descartan este enfoque, en lugar de considerarlo “un Hamlet autentico, es más bien un ideal irrealizable. ... Hay textos de esta obra, pero no hay texto.” La publicación de 2006 de Hamlet de Shakespeare por Arden, con diferentes textos en diferentes volúmenes, es quizás la evidencia de este cambio de enfoque y énfasis.
     Tradicionalmente, los editores de las obras de Shakespeare las han dividido en cinco actos. Ninguno de los primeros textos de Hamlet, sin embargo, estaban dispuestos de esta manera, y la división de la obra en actos y escenas deriva de un cuarto de 1676. Los editores modernos generalmente siguen esta división tradicional, pero la consideran poco satisfactoria; por ejemplo, después de que Hamlet arrastra el cuerpo de Polonio fuera de la habitación de Gertrudis, hay un acto de rotura después de lo cual, la acción parece continuar sin interrupciones.
     El descubrimiento en 1823 del Q1, cuya existencia había sido bastante insospechada, causó considerable interés y expectación, detonando muchas preguntas sobre la práctica editorial e interpretación. Los académicos identificaron inmediatamente aparentes deficiencias en Q1, que fueron cruciales en el desarrollo del concepto shakesperiano del “mal cuarto.” Sin embargo, Q1 tiene su valor: contiene instrucciones escenográficas que revelan las practicas escenográficas de la época, en una forma en que Q2 y F12 no lo hacen. Contiene una escena completa, usualmente numerada como 4.6, que no aparece en el entero Q2 o F1, y es útil para la comparación con las ediciones posteriores. El orden de las escenas es más coherente, sin los problemas del Q2 y F1 de Hamlet pareciendo resolver algo en una escena y entrar en la siguiente ahogándose en una indecisión. La deficiencia más grande de Q1esta en el lenguaje particularmente notable en las líneas primeras de su famoso soliloquio de “ser o no ser.” Ejemplo: “Ser o no ser, ahí está el punto, morir o dormir, ¿es eso todo? Ahí todo: No, dormir, soñar, ahí la alegría va.”
     Q1 es considerablemente más breve que Q2 y F1, y pudo haber una reconstrucción de memoria de la obra mientras la Compañía de Shakespeare la presentaba, por un actor que interpretó un papel menor, más probablemente Marcelo. Los académicos están en desacuerdo si la reconstrucción fue pirateada o autorizada. Otra teoría considerada por el editor del New Cambridge, Kathleen Irace, sostiene que Q1 es una versión íntegra intentada especialmente para producciones viajantes. La idea de que el Q1 no está plagado de errores sino que es un escrito eminentemente adecuado para el escenario, ha llevado a por lo menos 28 diferentes producciones Q1, desde 1881.  
Análisis y Citica Literaria
     Desde principios del siglo 17, la obra es famosa por su fantasma y su vivida dramatización de la melancolía y la locura, llevando a una procesión de damas y cortesanos locos, en el drama Jacobino y Carolino. Aunque continuó siendo muy popular ante audiencias masivas, a finales del siglo 17, los críticos de La Restauración, vieron Hamlet como primitiva y desaprobada, por su falta de unidad y decóro. Estos puntos de vista cambiaron drásticamente en el siglo 18, cuando los críticos consideraron a Hamlet como un héroe, un joven puro y brillante empujado hacia circunstancias desfavorables.
     A mediados del siglo 18, sin embargo, el advenimiento de la literatura gótica, trajo lecturas sicológicas y místicas, trayendo al fantasma y a la locura al primer plano. No fue sino hasta finales del siglo 18, que los críticos y los intérpretes comenzaron a ver a Hamlet como confuso e inconsistente. Antes de eso, o estaba bien loco, o no, o era un héroe, o no, sin puntos medios. Estos desarrollos representaron un cambio fundamental en la crítica literaria, la cual vino a enfocarse más en el carácter y menos en la trama.
     En el siglo 19, los críticos Románticos, valoraron a Hamlet por su conflicto individual interno, reflejando el fuerte énfasis contemporáneo, en las luchas internas, y en el carácter interno en general. Posteriormente, también, los críticos comenzaron a centrarse en el retraso de Hamlet como un rasgo de carácter, más que como un elemento de la trama. Este enfoque en el carácter y su lucha interna, continuó en el siglo 20, cuando la crítica se derivó en varias direcciones, discutidas en el contexto y la interpretación siguiente.
Estructura Dramática
     Hamlet se aparta de las convenciones dramática contemporáneas en varias maneras. Por ejemplo, en la época de Shakespeare, las obras de teatro por lo general se esperaba siguieran los consejos de Aristóteles en su Poética: un drama debe centrarse en la acción, y no carácter. En Hamlet, Shakespeare invierte este orden de modo que es a través de los soliloquios, y no por la acción, que el público se entera de los motivos y pensamientos de Hamlet.
    La obra de teatro está llena de aparentes discontinuidades e irregularidades en la acción, excepto en el “mal”  cuarto. En un momento dado, como en la escena del sepulturero, Hamlet parece resuelto a matar a Claudio: en la siguiente escena, sin embargo, cuando aparece Claudio, Hamlet de repente es dócil. Los académicos aún debaten si estos giros son errores o adiciones intencionales, para añadir a los temas de la obra, de confusión y dualidad. Por último, en un período en que la mayoría de las obras transcurrían durante dos horas más o menos, el texto completo de Hamlet, la obra de teatro más extensa de Shakespeare con 4.042 líneas, por un totalizando 29 551 palabras, a menudo tarda más de cuatro horas en recitar. Incluso hoy en día, la obra es rara vez representada en su totalidad, y sólo una vez  ha sido dramatizada por completo en película, en la versión de Kenneth Branagh, de 1996. Hamlet también contiene un recurso favorito de Shakespeare, una obra dentro de una obra, un recurso literario o una presunción, en la que una historia se cuenta durante la acción de otra historia.
Lenguaje
      Comparado con el lenguaje de un periódico moderno, una revista, o novela popular, el lenguaje de Shakespeare puede desconcertar a los lectores contemporáneos por ser tan complejo, elaborado y, a veces difícil de entender. Sorprendentemente, aún funciona lo suficientemente bien en el teatro: el público presente en la reconstrucción del “Globo de Shakespeare” en Londres, muchos de los cuales nunca habían estado en el teatro antes, y mucho menos en una obra de Shakespeare, parecen tener poca dificultad para entender la acción de la obra. Gran parte del lenguaje de Hamlet es cortesano, elaborado, con un discurso ingenioso, según lo recomendado por la guía de etiqueta de Baldassare Castiglione de 1528, El Cortesano.
     Este libro aconseja específicamente entretener con un lenguaje ingenioso a partidarios reales. Osric y Polonio, en especial, parecen respetar este mandato. El discurso de Claudio es rico en figuras retóricas, como el de Hamlet y, a veces, el de Ofelia, mientras que el lenguaje de Horacio, de los guardias, y los enterradores es más simple. El alto estatus social de Claudio, se ve reforzado por el uso de la primera persona real plural, “nosotros” o “vosotros,” y la mezcla entre de anáfora con la metáfora, para resonar con discursos políticos griegos.
     Hamlet es el más experto de todos en retórica. Utiliza metáforas altamente desarrolladas, esticomitia, y en nueve palabras memorables despliega tanto la anáfora como el asíndeton: “morir: dormir / dormir, tal vez soñar.” Por el contrario, cuando la ocasión lo requiere, es preciso y directo, como cuando explica sus emociones interiores a su madre: “pero tengo por dentro lo que sucede cual espectáculo, / Mas son sino las trampas y los trajes de la aflicción.”
     A veces, se basa en gran medida en calambures, o los juegos de palabras, para expresar sus verdaderos pensamientos, mientras que simultáneamente los oculta. Sus observaciones de “convento de monjas” a Ofelia son un ejemplo de un doble significado cruel, ya que,  “convento” era la jerga isabelina de burdel. Sus primeras palabras de la obra son un calambur, o un juego de palabras; cuando Claudio se dirige a él como, “mi primo Hamlet, y mi hijo,” Hamlet dice como aparte: “Un poco más pariente y menos amable.” “A little more than kin, and less than kind.” Un aparte es un recurso dramático de retórica inusual, en el que un personaje habla a la audiencia. Por convención, el público se da cuenta de que el discurso del personaje, no es escuchado por los otros personajes en escena. Puede ser dirigido a la audiencia expresamente (en el personaje o fuera), o representar un pensamiento tácito.
     Un inusual recurso retórico, endíadis, aparece en varias partes en la obra. Ejemplos de esto se encuentran en el discurso de Ofelia al final de la escena convento: “La esperanza y la rosa del estado justo”; “Y yo, de las damas la más abatida y miserable.” Muchos estudiosos han encontrado extraño que Shakespeare, aparentemente de manera arbitraria, utilice esta forma retórica durante toda la obra. Una explicación puede ser que Hamlet fue escrito posterior a la vida de Shakespeare, cuando él era experto en la búsqueda de recursos retóricos en los personajes y la trama. El lingüista George T. Wright sugiere que las endíadis se habían utilizado deliberadamente para aumentar el sentido de la dualidad y la dislocación de la obra.
     Pauline Kiernan sostiene que Shakespeare cambió el teatro Inglés para siempre en Hamlet, porque él, “mostró cómo el lenguaje de un personaje, a menudo, puede decir varias cosas a la vez, y en sentidos contradictorios que, logran reflejar pensamientos fragmentados y sentimientos perturbados.” Ella da el ejemplo del consejo de Hamlet a Ofelia, “vete a un convento,” que es al mismo tiempo es una referencia a un lugar de la castidad y un término del argot para un burdel, lo que refleja sentimientos confusos de Hamlet sobre la sexualidad femenina.
Contexto e Interpretación
Religioso
      Escrita en un momento de agitación religiosa, y en una ola de la Reforma Inglésa, la obra es alternativamente católica (o piadosamente medieval) y protestante (o conscientemente moderna). El fantasma se describe a sí mismo como estando en el purgatorio, y como fallecido sin extremaunción. Esto, junto con la ceremonia del entierro de Ofelia, que es característicamente católica, constituyen la mayor parte de las conexiones católicas de la obra. Algunos estudiosos han observado que las tragedias de venganza provienen de países tradicionalmente católicos, como España e Italia; y presentan una contradicción, ya que según la doctrina católica, el deber más fuerte es hacia Dios y la familia.
     El dilema de Hamlet, entonces, es si venga a su padre y matar a Claudio, o le deja la venganza a Dios, como su religión lo requiere.
Gran parte del protestantismo de la obra deriva de su ubicación en Dinamarca, un país predominantemente protestante, tanto ahora como en ese entonces, aunque no está claro si la Dinamarca de ficción de la obra, está destinada a reflejar este hecho. La obra hace mención de la ciudad de Wittenberg, donde Hamlet, Horacio, Rosencrantz, y Guildenstern, asisten a la universidad, y donde Martin Lutero propuso, por primera vez, sus 95 tesis, en 1517, marcando el comienzo de manera efectiva en la Reforma Protestante. En los días de Shakespeare, Dinamarca, al igual que la mayoría de los países escandinavos, era luterana.
Filosófico
     Hamlet es percibido a menudo como un personaje filosófico, exponiendo ideas que ahora se describen como relativistas, existencialistas, y escépticas. Por ejemplo, Hamlet expresa una idea subjetivista cuando le dice a Rosencrantz: “no hay nada bueno o malo, pero el pensar lo hace así.” La idea de que nada es real, excepto en la mente del individuo, tiene sus raíces en los sofistas griegos, que argumentaron que, puesto que nada puede ser percibido, excepto a través de los sentidos, y debido a que todos los sentidos de los individuos, perciben las cosas de manera diferente, por lo tanto no existe una verdad absoluta, sino sólo la verdad relativa. El supuesto caso más claro del existencialismo está en el discurso de, “ser o no ser,” donde Hamlet, consideran algunos, usa el “ser” para aludir a la vida y la acción, y “no ser” a la muerte y la inacción.
     Hamlet refleja el escepticismo contemporáneo promovido por el humanista del renacimiento francés, Michel de Montaigne. Antes de la época de Montaigne, humanistas, tales como Pico della Mirándola, habían argumentado que el hombre era la más grande creación de Dios, hecho a imagen de Dios, y capaz de elegir su propia naturaleza. Pero este punto de vista fue desafiado posteriormente en “Essais” o, “Ensayos,” de Montaigne, publicado en 1580. El discurso de Hamlet, “Qué pedazo de obra es un hombre,” supuestamente podría hacer eco de muchas de las ideas de Montaigne, y muchos estudiosos han estado en desacuerdo sobre si Shakespeare lo sacó directamente de Montaigne, o si ambos hombres estuvieron simplemente reaccionando, de manera similar, al espíritu de la época.
     Sin embargo, si la sentencia se analiza en el contexto textual, es fácil entender cómo Hamlet estaba siendo sarcástico: “El hombre no me convence,” concluye. Amaral sostiene que esto es el resultado de la melancolía. Esta condición fue un tema principal de la filosofía en esta época. Después de un período de confianza en la capacidad de la razón para dar a conocer la realidad (Renacimiento), el “manierismo” comenzó a cuestionar su poder. Hamlet muestra rastros de esto. En este sentido, Hamlet no está fingiendo locura, sino que de hecho está atrapado entre el mundo ideal, creyendo que es posible ver las mentiras de Claudio y que son aceptadas por todos, es decir, el decoro social, y el mundo revelado a él por el conocimiento,  la realidad de el asesinato, como atestigua el fantasma de su padre.
     Ésta condición de estar atrapado entre dos formas distintas de ver la realidad, también fue descrita por Cervantes, contemporáneo de Shakespeare, en el Quijote. Ésta profunda meditación fue examinada por el filósofo Arthur Schopenhauer en, El Mundo Como Voluntad y Representación. Schopenhauer utiliza a Hamlet para aclarar su argumento principal. Sostiene que el mundo tal como lo vemos es un conjunto de representaciones. Estas representaciones se forman por la proyección de nuestra voluntad hacia el mundo. Sólo podemos ver los objetos de nuestros deseos. En este sentido, argumenta que sólo el arte nos podría mostrar que, la realidad es una construcción de este tipo. Exactamente como Hamlet lo hizo: “Si todo el mundo como representación, es solamente la visibilidad de la voluntad, entonces el arte es la elucidación de esta visibilidad, la cámara oscura que muestra los objetos más puramente, y nos permite estudiar y comprenderlos mejor. Es el teatro dentro del teatro, el escenario en el escenario de Hamlet.”
     En su apertura para abrazar el mensaje del fantasma, Hamlet alivia el asombro de Horacio, con la afirmación analítica, “Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las soñadas en tu filosofía.”
Psicoanalítico
     En la primera mitad del siglo 20, cuando el psicoanálisis estaban en la cúspide de su influencia, sus conceptos se aplicaron a Hamlet, en particular por Sigmund Freud, Ernest Jones, y Jacques Lacan, y estos estudios influyeron producciones teatrales. En su libro, La Interpretación de los Sueños (1900), el análisis de Freud parte de la premisa de que, “la obra se construye sobre las dudas de Hamlet, sobre el cumplimiento de la tarea de venganza, que le es asignada; pero su texto no ofrece razones o motivos para éstas vacilaciones.” Después de revisar varias teorías literarias, Freud llega a la conclusión de que Hamlet tiene un, “deseo edípico” por su madre, y la posterior culpabilidad [le] impide asesinar al hombre [Claudio] que ha hecho lo que inconscientemente él mismo quería hacer.”
     Frente a sus deseos reprimidos, Hamlet se da cuenta de que, “él mismo es, literalmente, no mejor que el pecador a quien quiere castigar.” Freud sugiere que la aparente, “aversión a la sexualidad” de Hamlet, articulada en su conversación sobre el “convento” con Ofelia, es acorde con ésta interpretación. Esta, “aversión a la sexualidad” ha despertado teorías de Hamlet siendo lo que ahora se conoce como un homosexual o asexual. La actuación de larga duración de John Barrymore, de1922 en Nueva York, dirigida por Thomas Hopkins, “abrió un nuevo camino en su enfoque freudiano de carácter,” de acuerdo con la rebelión posterior a la Primera Guerra Mundial contra todo lo victoriano. Barrymore tenía una, “intención más contundente” de presentar al dulce príncipe gentil tradicional del siglo 19, impregnando en su personaje la virilidad y la lujuria.
     Comenzando en 1910, con la publicación de, “El complejo de Edipo Como Una Explicación del Misterio de Hamlet: Estudio Sobre el Motivo,” de Ernest Jones, un psicoanalista y biógrafo de Freud, desarrolló las ideas de Freud en una serie de ensayos que culminó en su libro, “Hamlet y Edipo” (1949). Bajo la influencia de enfoque psicoanalítico de Jones, varias producciones han retratado la “escena del armario,” donde Hamlet se enfrenta a su madre en su cuarto privado, bajo una luz sexual. En esta lectura, Hamlet está disgustado por la relación “incestuosa” de su madre con Claudio, mientras que, al mismo tiempo siente miedo de matarlo, ya que esto podría despejar el camino de Hamlet a la cama de su madre.
     La locura de Ofelia, después de la muerte de su padre, también puede ser entendida a través de la lente freudiana: como una reacción a la muerte de su anhelado amante, su padre. Ella se siente abrumada, por tener a su amor insatisfecho hacia él, tan abruptamente terminado, y se desplaza hacia el olvido de la locura. En 1937, Tyrone Guthrie dirigió a Laurence Olivier, en un Hamlet inspirado en Jones en el teatro, The Old Vic. Olivier utilizó más tarde, algunos de estas mismas ideas en su versión de la película de 1948, de la obra.
     En la década de 1950, las teorías estructuralistas de Lacan sobre Hamlet se presentaron por primera vez en una serie de seminarios impartidos en París y posteriormente publicados en, “El Deseo y la Interpretación del Deseo de Hamlet.” Lacan postula que la mente humana está determinada por estructuras del lenguaje y que las estructuras lingüísticas de Hamlet, arrojan luz sobre el deseo humano. Su punto de partida es la “Teoría de Edipo” de Freud, así como del tema central de duelo que se realiza a través de Hamlet.  En el análisis de Lacan, Hamlet inconscientemente asume el papel de falo, la causa de su falta de acción, y se aleja cada vez más de la realidad, “debido al luto, la fantasía, el narcisismo, y la psicosis,” que crean agujeros, o ausencias, en lo real, lo imaginario, y en aspectos simbólicos de su psique. Las teorías de Lacan influyeron sobre la crítica literaria de Hamlet a causa de su visión alternativa de la obra, y su uso de la semántica, para explorar el paisaje psicológico de la obra.
     En el volumen de Hamlet, del la obra, El Shakespeare de Bloom a Través de las Edades, los editores Bloom y Foster expresan la convicción de que las intenciones de Shakespeare en retratar el carácter de Hamlet en la obra, superaron la capacidad del complejo de Edipo freudiano para abarcar por completo la medida de las características descritas en Hamlet a lo largo de la tragedia: “Por una vez, Freud retrocede al intento de fijar el Complejo de Edipo en Hamlet: no se pega, y se limita a demostrar que Freud hizo mejor que T.S. Eliot, que prefiere Coriolano a Hamlet, o al menos eso dice. ¿Quién le puede creer a Eliot, cuando expone su propio complejo de Hamlet, al declarar que la obra es un fracaso estético?”
     El libro también toma nota de la interpretación de James Joyce, indicando que él, “lo hizo mucho mejor en la escena de la Biblioteca en Ulises, donde Stephen acredita maravillosamente a Shakespeare , en esta obra, con la paternidad universal, mientras que acertadamente implica que Hamlet es huérfano, abriendo así una brecha pragmática entre Shakespeare y Hamlet.”
     Joshua Rothman ha escrito en The New Yorker que, “decimos la historia equivocada cuando decimos que Freud utilizó la idea del complejo de Edipo al entender Hamlet.” Rothman sugiere que, “fue al revés: Hamlet ayudó a Freud a entender, y tal vez incluso inventar, el psicoanálisis.” Él concluye: “El complejo de Edipo es un nombre inapropiado. Debería llamarse ‘El Complejo de Hamlet.’”
     En el ensayo “Hamlet Hecho Simple,” David P. Gontar da la vuelta a los psicoanalistas por lo que sugiere que Claudio no es una figura paterna simbólica, sino que es en realidad el padre biológico de príncipe Hamlet. La vacilación en matar Claudio resulta de una falta de voluntad por parte de Hamlet para matar a su verdadero padre. Si Hamlet es el hijo biológico de Claudio, eso explica muchas cosas. Hamlet no se convierte en rey de Dinamarca por motivo de la muerte del rey en cuanto que es un secreto a voces en el tribunal que es hijo biológico de Claudio, y como tal, no es más que un cortesano bastardo, fuera de la línea de sucesión.
     Él está enojado con su madre, a causa de su larga historia de romance con un hombre que Hamlet odia, y Hamlet debe enfrentar el hecho de que ha sido engendrado por el hombre al que desprecia. Ese punto vuelca la queja de T. S. Eliot, de que la obra es un fracaso por no suministrar un “objetivo correlativo” para dar cuenta de la rabia de Hamlet a su madre. Gontar sugiere que si el lector asume que Hamlet no es quien parece ser, el objetivo correlativo se hace evidente. Hamlet es suicida en el primer soliloquio, no porque su madre se vuelve a casar con rapidez, sino a causa de su relación adúltera con el despreciado Claudio, lo que hace a Hamlet su hijo. Por último, la confirmación del Fantasma de una paternidad alternativa para Hamlet, es un invento que le da al príncipe un motivo de venganza.
Feminista
     En el siglo 20, los críticos feministas abrieron nuevos enfoques para Gertrudis y Ofelia. El Nuevo Historicismo y los críticos materialistas culturales, examinaron la obra en su contexto histórico, en un intento de reconstruir su entorno cultural de origen. Se centraron en el sistema de género de la Inglaterra de la edad moderna, apuntando a la trinidad común de virgen, esposa, o viuda, con prostituta fuera de ese estereotipo. En este análisis, la esencia de Hamlet es un cambio de percepción del personaje central sobre su madre, como una puta a causa de su falta de mantenerse fieles al viejo Hamlet.
     En consecuencia, Hamlet pierde su fe en todas las mujeres, tratando a Ofelia como si ella también fuera una puta y deshonesta con Hamlet. Ofelia, por algunos críticos, puede ser vista como honesta y justa. Sin embargo, es prácticamente imposible vincular estos dos rasgos, ya que la “equidad” es un rasgo hacia el exterior, mientras que la “honestidad” es un rasgo hacia adentro.
     Carolyn Heilbrun, en su ensayo de 1957, “El Carácter de la Madre de Hamlet” defiende Gertrudis, argumentando que el texto nunca insinúa que Gertrudis sabía del envenenamiento rey Hamlet por Claudio. Este análisis ha sido elogiado por muchos críticos feministas, la lucha contra lo que es, por el argumento de Heilbrun, el valor de la mala interpretación por siglos. Por esta consideración, el peor crimen de Gertrudis es pragmáticamente casarse con su cuñado, con el fin de evitar un vacío de poder. Esto se confirma por el hecho de que el fantasma del Rey Hamlet, le dice a Hamlet que deje a Gertrudis fuera de la venganza de Hamlet, para dejarla en el cielo, una misericordia arbitraria a conceder a un cómplice de asesinato. Este punto de vista no ha quedado sin objeciones por parte de algunos críticos.
     Ofelia también ha sido defendida por la crítica feminista, más notablemente por Elaine Showalter. Ofelia está rodeada de hombres poderosos: su padre, su hermano y Hamlet. Los tres desaparecen: Laertes se va, Hamlet la abandona, y Polonio muere. Las teorías convencionales habían argumentado que sin estos tres hombres poderosos tomando decisiones por ella, Ofelia es conducida a la locura. Las teóricas feministas argumentan que ella se vuelve loca por un sentimiento de culpa porque, cuando Hamlet mata a su padre, el ha cumplido su deseo sexual de ella, al tener Hamlet que matar a su padre para que puedan estar juntos. Showalter señala que Ofelia se ha convertido en el símbolo de la mujer angustiada e histérica en la cultura moderna.
Influencia
     Hamlet es una de las obras más citadas en el idioma Inglés, y con frecuencia se incluye en la lista de las obras más grandes de la literatura mundial. Como tal, reverbera a través de los escritos de los siglos posteriores. El académico Laurie Osborne identifica la influencia directa de Hamlet en numerosas narrativas modernas, y las divide en cuatro categorías principales: registros ficticios de la composición de la obra, simplificaciones de la historia para los lectores jóvenes, historias expandiendo el papel de uno o más personajes, y narraciones que ofrecen representaciones de la obra.
     Tom Jones, de Henry Fielding, publicada aproximadamente en 1749, describe una visita a presenciar la obra de Hamlet por Tom Jones y el señor Partridge, con similitudes con el “teatro dentro del teatro”. Por el contrario, la novela de adolescentes de Goethe, “Los Años de Aprendizaje de Wilhelm Meister,” escrita entre 1776 y 1796, no sólo tiene una producción de Hamlet en su núcleo, sino que también crea un paralelismo entre el fantasma y el padre muerto de Wilhelm Meister. A  principios de la década de 1850, en, “Pedro; o las Ambigüedades,” Herman Melville se centra en el largo desarrollo de un personaje semejante a Hamlet, como escritor.
     Diez años más tarde, Grandes Esperanzas de Dickens contiene muchos elementos semejantes a la trama de Hamlet: es impulsada por las acciones motivadas de venganza, contiene personajes fantasmales, Abel Magwitch y la señorita Havisham, y se centra en la culpabilidad del héroe. El académico Alexander Welsh señala que Grandes Esperanzas es una “novela autobiográfica” y “se anticipa a lecturas psicoanalíticas de la misma obra de Hamlet.” Casi al mismo tiempo, “El Molino del Floss,” de George Eliot, se publicó, introduciendo a Maggie Tulliver, “quien se compara explícitamente con Hamlet,” aunque, “con una reputación de cordura.”
     El primer cuento corto que L. Frank Baum publicó por primera vez, fue, “Ellos Interpretaron Un Nuevo Hamlet” (1895). Cuando Baum había estado de gira por el estado de Nueva York en el papel protagonista, el actor que interpretaba al fantasma cayó a través de las tablas del suelo, y el público rural pensó que era parte del espectáculo y exigió que el actor repitiera la caída, porque pensaban que era divertida. Baum contaría posteriormente la historia real en un artículo, pero la historia del cuento corto, es contada desde el punto de vista del actor que interpreta al fantasma.
     En la década de 1920, James Joyce logró, “una versión más optimista” de Hamlet despojada de la obsesión y la venganza, en el Ulises, aunque sus principales paralelos son la Odisea de Homero. En la década de 1990, dos novelistas fueron influenciados explícitamente por Hamlet. En “Niños Sabios” de Angela Carter, e; “Ser o no ser” se vuelve re elaborar como una rutina de canto y baile, y en el “Príncipe Negro” de Iris Murdoch, tiene temas edípicos y asesinatos entrelazados con una historia de amor entre un escritor obsesionado con Hamlet, Bradley Pearson, y la hija de su rival.
    Por otro lado, también está la historia de la mujer que leyó Hamlet por primera vez y dijo: “No veo por qué la gente admira la obra de este modo. No es más que un montón de citas ensartadas.” Isaac Asimov, “La Guía Asimov de Shakespeare.”
Historia de las Representaciones Escenográficas
La Época de Shakespeare en el Interregno Ingles
Shakespeare es casi seguro que escribió el papel de Hamlet para Richard Burbage. Burbage fue el principal actor trágico de Los Hombres de Lord Chamberlain, con una gran capacidad de memoria para las líneas, y una amplia gama emocional. A juzgar por el número de reimpresiones, Hamlet parece haber sido la cuarta obra más popular de Shakespeare durante su vida; de sólo Enrique IV parte 1, Ricardo III y Pericles la eclipsaron. Shakespeare no proporciona ninguna indicación clara de cuándo se presentó la obra. Sin embargo, como actores isabelinos interpretaron en El Globo, en ropas contemporáneas sobre los conjuntos mínimos, esto no habría afectado a la puesta en escena.
     Es escasa la evidencia firme de actuaciones específicas tempranas de la obra. Lo que sí se sabe es que la tripulación de la nave Dragón Rojo, ancló frente a Sierra Leona, e interpretó Hamlet en septiembre de 1607; que la obra hizo una gira en Alemania dentro de los cinco años de la muerte de Shakespeare; y que se llevó a cabo ante Jacobo I en 1619 y Carlos I en 1637. El editor de Oxford, George Hibbard, sostiene que, puesto que la literatura contemporánea contiene muchas alusiones y referencias a Hamlet (sólo Falstaff se menciona más, de Shakespeare), seguramente la obra fue realizada con una frecuencia que registro histórico pierde.
Todos los teatros fueron cerrados por el gobierno puritano durante el Interregno.  Incluso durante este tiempo, sin embargo, sainetes conocidos como pantomimas se llevaron a cabo a menudo de manera ilegal, incluyendo uno llamado, “Los Constructores de Sepulturas,” basado en el acto 5, escena 1 de Hamlet.
La Restauración y el Siglo 18
     La obra fue restablecida a principios de la Restauración. Cuando el repertorio existente de obras de teatro de la pre-guerra civil se dividió entre las dos compañías de teatro recién creadas de nuevo patente, Hamlet fue la única favorita de las de Shakespeare que la empresa del Duque Sir William Davenant aseguró. Se convirtió en la primera de las obras de Shakespeare que se presentó con pisos móviles pintados con paisajes genéricos detrás del arco del proscenio del Teatro de Lincoln Inn Field. Esta nueva convención del escenario destacó la frecuencia con la que Shakespeare cambia de lugares dramáticos, fomentando las críticas recurrentes de su violación del principio neoclásico, de mantener una unidad de lugar. Davenant asignó en el elenco a Thomas Betterton, en el papel epónimo de Hamlet, y él continuó interpretando al danés hasta que tuvo 74 años.
     David Garrick en Teatro Drury Lane produjo una versión que fue adaptada en gran medida por Shakespeare; declaró: “Me había jurado que no volvería a abandonar el escenario, hasta haber rescatado la noble obra de toda la basura del quinto acto.  La he llevado adelante sin el truco del sepulturero, Osrick, y el combate de esgrima.” Por otro lado, el primer actor conocido en haber interpretado Hamlet en América del Norte fue Lewis Hallam. Jr., en la producción de la Antigua Compañía Americana en Filadelfia en 1759.
     John Philip Kemble hizo su debut en Drury Lane como Hamlet en 1783. Su actuación, se decía, que era 20 minutos más que la de cualquier otra persona, y sus largas pausas provocaron la sugerencia de que “la música debe ser interpretada entre las palabras.” Sarah Siddons fue la primera actriz conocida en interpretar Hamlet; muchas mujeres ya lo han desempeñado desde entonces, como un papel con calzones, con gran éxito. En 1748, Alexander Sumarokov escribió una adaptación Rusia que se centró en el príncipe Hamlet, como la encarnación de una oposición a la tiranía de Claudio; un tratamiento que se repetiría en Europa del Este, en versiones en el siglo 20.  En los años posteriores a la independencia de los Estados Unidos, Thomas Apthorpe Cooper, actor trágico importantes de la joven nación, interpretó Hamlet entre otras obras en el Teatro de la Chestnut Street, en Filadelfia, y en el Park Theatre de Nueva York. Aunque reprendido por, “conocidos reconocidos en la audiencia” por una, “inadecuada memorización de sus líneas,” se convirtió en una celebridad nacional.
Siglo 19
     Desde 1810 hacia 1840, las representaciones de Shakespeare más conocidas en los Estados Unidos eran giras por los principales actores de Londres, incluyendo George Frederick Cooke, Junio ​​Bruto Booth, Edmund Kean, William Charles Macready, y Charles Kemble. De éstos, Booth se mantuvo haciendo su carrera en los Estados Unidos, llegando a ser el padre de dos de los actores más notorios de la nación: John Wilkes Booth, quien más tarde asesinaría a Abraham Lincoln, y el más famoso Hamlet de Norteamérica, Edwin Booth.
     El Hamlet de Edwin Booth fue descrito como, “como el oscuro, loco, soñador, y misterioso héroe de un poema... [actuado] de una manera ideal, y removido, en la medida de lo posible, del plano de la vida real”.
Booth actuó Hamlet durante 100 noches en la temporada del 1864 / 5, en el Teatro Winter Garden, inaugurando la era de Shakespeare a largo plazo, en Estados Unidos.
     En el Reino Unido, los actores-directores de la época victoriana, incluyendo Kean, Samuel Phelps, Macready, y Henry Irving, organizaron una puesta en escena de Shakespeare, en una manera imponente, con una elaborada escenografía y vestuario. La tendencia de los actores-directores de enfatizar la importancia de su propio personaje central, no cumplió siempre con la aprobación de los críticos. El elogio de George Bernard Shaw para una interpretación de Johnston Forbes-Robertson contiene una revisión de la de Irving: “La historia de la obra era perfectamente inteligible, y tomó bastante atención de la audiencia más que el actor principal por momentos. ¿Qué está llegando al Teatro Liceo?”  
     En Londres, Edmund Kean fue el primer Hamlet en abandonar la gala real, usualmente asociada con el papel, en favor de un traje sencillo, y se dice que sorprendió a su audiencia al interpretar Hamlet tan serio e introspectivo. En marcado contraste con la opulencia a principios de 1881, la producción del texto Q1 de William Poel, fue un primer intento de reconstrucción de la austeridad del teatro isabelino; su único telón de fondo era un conjunto de cortinas rojas.  Sarah Bernhardt interpretó al príncipe, en su popular producción de 1899 en Londres. En contraste con la visión “afeminada” del personaje central que, usualmente se acompañaba por un elenco femenino, ella describió su personaje como “varonil y decidido, pero sin embargo, reflexivo... [quien] piensa antes de actuar, un rasgo indicativo de una gran fuerza y gran poder espiritual”.
     En Francia, Charles Kemble inició un entusiasmo por Shakespeare; y los principales miembros del movimiento romántico como Víctor Hugo y Alejandro Dumas vieron una interpretación de Hamlet en París, en 1827, sobre todo admirando la locura de la Ofelia de Harriet Smithson. En Alemania, Hamlet llegó a estar tan asimilada a mediados del siglo 19, que Ferdinand Freiligrath declaró que “Alemania es Hamlet”. A partir de la década de 1850, la tradición hindú del teatro Parsi, transformó a Hamlet en actuaciones folclóricas, con decenas de canciones añadidas.
Siglo 20
     Además de algunas visitas de compañías de teatro occidentales en el siglo 19, la primera interpretación profesional de Hamlet en Japón fue la adaptación de 1903 del simpa, “nueva escuela de teatro” con el actor Otojiro Kawakami. Shoyo Tsubouchi tradujo Hamlet y produjo una actuación en 1911 que mezcló Shingeki, “drama nuevo” y estilo de Kabuki, drama clásico dancístico japonés.
     Este género híbrido alcanzó su punto máximo en el Hamlet del traductor y crítico literario, Tsuneari Fukuda, de 1955. En 1998, Yukio Ninagawa produjo una aclamada versión de Hamlet en el estilo de Teatro Nogatu, el principal drama musical japonés, que se llevó a Londres.
     Constantin Stanislavski y Edward Gordon Craig, dos de los teatreros practicantes más influyentes del siglo 20, colaboraron en la producción seminal del Teatro de Arte de Moscú de 1911 a 1912. Mientras que Craig favoreció a abstracción estilizada, Stanislavski, armado con su “sistema”, exploró la motivación sicológica. Craig concibió la obra como un monodrama simbolista, ofreciendo una visión onírica tal como se ve a través de los mismos ojos de Hamlet. Esto fue más evidente en la puesta en escena de la primera escena de la corte. El aspecto más famoso de la producción, es el uso de Craig a lo grande, de pantallas abstractas, que alteraron el tamaño y la forma del área de actuación para cada escena, representando el estado mental del personaje de manera espacial o visualizando una progresión dramática. La producción atrajo una gran atención mundial entusiasta y sin precedentes por el teatro, y la colocó “en el mapa cultural de Europa occidental”.
     Hamlet es a menudo interpretado con tintes políticos contemporáneos. La producción de Leopold Jessner, de 1926 en el Teatro del Estado de Berlín, interpretó a la corte de Claudio como una parodia de la corte corrupta y aduladora de Kaiser Wilhelm. En Polonia, el número de producciones de Hamlet ha tendido a aumentar en momentos de agitación política, ya que sus temas políticos, presuntos crímenes, golpes de estado, inspección, se pueden utilizar para comentar una situación contemporánea. Del mismo modo, los directores checos han utilizado la obra en los momentos de ocupación: Una producción de 1941,del Teatro de Vinohrady, “ enfatizó, con la debida precaución, la situación de desampáro de un intelectual intentando soportar en un entorno implacable.”
     En China, representaciones de Hamlet a menudo tienen un significado político: “El Usurpador del Poder del Estado” de Gu Wuwei, de 1916, una amalgama de Hamlet y Macbeth, fue un ataque contra el intento de Yuan Shikai de derribar  la República China. En 1942, Jiao Juyin dirigió la obra en un templo confucianista en la provincia de Sichuan, a donde el gobierno se había retirado de los japoneses avanzando. En el período inmediatamente posterior al colapso de las protestas en la plaza de Tiananmen en 1989, Lin Zhaohua llevó a cabo una Hamlet en 1990, en la que el príncipe era un individuo ordinario, torturado por una pérdida de significado. En esta producción, los actores que interpretan a Hamlet, Claudio y Polonio intercambiaron los papeles, en momentos cruciales de la actuación, incluyendo el momento de la muerte de Claudio, momento en el que el actor asociado principalmente con Hamlet cayó al suelo.
     Notables puestas en escena en Londres y Nueva York, incluyen la producción de Barrymore, en 1925 en el Teatro Haymarket; La producción influyó en las interpretaciones posteriores de John Gielgud y Laurence Olivier. Gielgud interpretó el papel central muchas veces. Su producción de 1936 en Nueva York corrió para 132 representaciones, lo que llevó a la distinción que él fuera, “el mejor intérprete del papel, desde Barrymore”. A pesar de que “la posteridad ha tratado a Maurice Evans menos amablemente”, a lo largo de los años de 1930 y 1940, fue considerado por muchos como el principal intérprete de Shakespeare en los Estados Unidos, y en la temporada 1938/9 se presentó por primera vez Hamlet sin cortes en Broadway, corriendo cuatro horas y media.
    Evans posteriormente realizó una versión altamente truncada de la obra de teatro, que se representó en las zonas de guerra del Pacífico Sur, durante la Segunda Guerra Mundial, que hizo al príncipe con un carácter más decisivo. La puesta en escena, conocida como el “GI Hamlet”, fue producida en Broadway para 131 representaciones en 1945-1946.
     La Interpretación de Olivier de 1937, en el Teatro Old Vic, fue popular entre el público, pero no con los críticos, como James Agate, quien escribió en una famosa reseña en el, The Sunday Times, “El Sr. Olivier no habla la poesía mal. Él no habla en absoluto”. En 1937, Tyrone Guthrie dirigió la obra en Elsinore, Dinamarca con Laurence Olivier como Hamlet y Vivien Leigh como Ofelia.
     En 1963, Olivier dirigió a Peter O'Toole como Hamlet en la función de estreno del recién formado Teatro Nacional en Londres. Los críticos encontraron resonancia entre el Hamlet de O'Toole y el héroe de John Osborne, Jimmy Porter, de la obra de teatro, Una Mirada Hacia Atrás Con Ira.
     Richard Burton recibió su tercera nominación al premio Tony, cuando interpretó su segundo Hamlet, siendo su primero bajo la dirección de John Gielgud, en 1964, en una producción que tiene el récord de ser la más larga temporada de Hamlet en la historia de Broadway (137 actuaciones). La interpretación se fijó en un escenario desnudo, concebida para aparecer como un ensayo general, con Burton en un suéter negro con cuello en V, y el propio Gielgud grabando la voz del fantasma (que apareció como una sombra que se avecina). Fue inmortalizada tanto en grabación sonora como en película, que se proyectó en cines de Estados Unidos durante una semana en 1964, además de ser el tema de libros escritos por miembros del reparto: William Redfield y Richard L. Sterne.
     Otras representaciones de Hamlet en Nueva York que son notables incluyen la de Ralph Fiennes de 1995, por la que ganó el premio Tony al mejor actor, que se presentó, desde el primer estreno, hasta la noche de clausura, con un total de un centenar de actuaciones. Sobre el Hamlet de Fiennes, Vincent Canby escribió en el New York Times que no era, “...ni para sabuesos literarios, ni para académicos de Shakespeare. Respeta la obra, pero no proporciona ningún material nuevo para los debates arcanos sobre qué significa todo esto. En lugar de ello, es una inteligente y hermosa lectura ...” Stacy Keach desempeñó el papel con un elenco de estrellas en el Teatro Delacorte, del productor Joseph Papp, en los años 70s, con Colleen Dewhurst como Gertrudis,  James Earl Jones como el rey, Barnard Hughes como Polonio, Sam Waterston como Laertes, y Raúl Juliá como Ósric. Sam Waterston más tarde desempeñó el mismo papel de Hamlet en el Teatro Delacorte, para el Festival de Shakespeare de Nueva York, y el espectáculo fue transferido al Teatro Vivian Beaumont, en 1975 ; Stephen Lang interpretó a Bernardo y otros papeles. El Hamlet de Stephen Lang, para la Roundabout Theatre Company, en 1992, recibió críticas mixtas y corrió durante sesenta y un actuaciones. David Warner desempeñó el papel con el Teatro Real de Shakespeare en 1965.
     Tanto William Hurt, fuera del circuito de Broadway, en la memorable actuación del “Ser o no ser” yaciendo en el piso, memorablemente realizando el“ser o no ser” mientras está acostado en el suelo, así como Jon Voight en Rutgers, y Christopher Walken, fieramente , en Stratford CT, todos han interpretado el papel de Hamlet, al igual que Diane Venora, en el Teatro Público.
     La Riverside Shakespeare Company, fuera del circuito de Broadway, montó un Hamlet basado en el Primer Folio sin cortes en 1978, en la Universidad de Columbia, con un tiempo de reproducción de menos de tres horas. De hecho, Hamlet es la obra de Shakespeare que más se ha interpretado en la historia del teatro de Nueva York, con sesenta cuatro producciones grabadas en Broadway, y un número incalculable fuera del circuito de Broadway.
     Ian Charleson realizó Hamlet, del 9 de octubre al 13 de noviembre de 1989, en la producción de Richard Eyre en el Teatro Olivier, en sustitución de Daniel Day-Lewis, quien había abandonado la producción. Gravemente enfermo de SIDA en el momento, Charleson murió ocho semanas después de su última actuación. El actor compañero y amigo de Charleson, Sir Ian McKellen, dijo que Charleson interpretó Hamlet tan bien, que era como si hubiera ensayado el papel durante toda su vida; McKellen lo llamó “El Hamlet perfecto”. La interpretación obtuvo otros reconocimientos importantes, así, algunos críticos haciéndose eco de McKellen, la llamaron, la interpretación definitiva de Hamlet.
Siglo 21
     Hamlet continua representándose regularmente, con actores como Simón Russell Beale, Ben Whishaw, David Tennant, Angela Winkler, Samuel West, Christopher Eccleston, Maxine Peake, Rory Kinnear, Christian Camargo y Andrew Scott, realizando el papel principal.
     En mayo de 2009, Hamlet se abrió con Jude Law en el papel principal en la temporada en los teatros del West End, en Donmar Werehouse, en el Teatro Wyndham. La producción se abrió oficialmente el 3 de junio, y corrió hasta el 22 de agosto de 2009. Una producción adicional de la obra, se representó en el castillo de Elsinore en Dinamarca, desde el 25 al 30 de agosto de 2009.
     El Hamlet de Jude Law, después se trasladó a Broadway , y corrió durante 12 semanas en el Teatro Broadhurst en Nueva York.
En 2013, el actor estadounidense, Paul Giamatti, ganó elogios de la crítica por su actuación en el escenario en el papel de Hamlet, realizado en el vestir moderno, en el teatro de repertorio de Yale, la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut.
     El Teatro Globe de Londres inició un proyecto en 2014 para llevar a cabo Hamlet en todos los países del mundo, en el espacio de dos años. Bajo el título de Hamlet en el Globo por el Globo, el proyecto comenzó su gira el 23 de abril de 2014, en el 450 aniversario del nacimiento de Shakespeare. Para el 23 de febrero de 2016, el proyecto se había realizado en 170 países diferentes.
     Benedict Cumberbatch interpretó el papel que corrió para 12 semanas de duración, en una producción en el Teatro Barbican, abriendo el 25 de agosto de 2015. La obra fue producida por Sonia Friedman, y dirigida por Lyndsey Turner, con el diseño del escenario por Es Devlin. Fue llamada la “producción teatral con mayor demanda de todos los tiempos”. Todo el boletaje se agotó en siete horas, después que los boletos salieron a la venta el 11 de de agosto de 2014, más de un año antes de la apertura de la obra.
Representaciones en Películas y TV
     El primer éxito en la pantalla de Hamlet fue película de cinco minutos de Sarah Bernhardt de la escena del esgrima, ​​que fue producida en 1900. La película fue un primer intento de combinar el sonido y el cine, la música y las palabras fueron grabadas en discos fonográficos, para ser interpretados junto con la película. Versiones mudas fueron lanzadas en 1907, 1908, 1910, 1913, 1917, y 1920. En la versión de 1920, Asta Nielsen desempeñó el papel de Hamlet como una mujer que se pasa la vida disfrazada como un hombre.
     El temperamental Hamlet de blanco y negro de 1948, de Laurence Olivier ganó el Oscar como mejor película y mejor actor, y sigue siendo, a partir de 2015, la única película de Shakespeare de haberlo hecho. Su interpretación hizo hincapié en los matices edípicos de la obra, y lanzó a la actriz de 28 años de edad, Eileen Herlie como la madre de Hamlet, oponiéndolo a él mismo, a los 41 años, como Hamlet. 
     En 1953, el actor Jack Manning realizó la obra en segmentos de 15 minutos, durante dos semanas en la serie nocturna de corta duración, Monodrama Theaer, en la cadena de televisión DuMont. El crítico de TV del New York Times, Jack Gould, elogió la actuación de Manning como Hamlet.
     Los expertos en Shakespeare, Sir John Gielgud y Kenneth Branagh, consideran la interpretación definitiva de la trágica historia del Bardo es para la película rusa de 1964, Gamlet, basada en una traducción de Boris Pasternak y dirigida por Grigori Kozintsev, con música de Dmitri Shostakovich. Innokenty Smoktunovsky fue elegido para el papel de Hamlet; fue especialmente elogiado por Sir Laurence Olivier.
     John Gielgud dirigió a Richard Burton en una producción de Broadway en el Teatro Lunt-Fontanne en 1964-5, del Hamlet de más larga duración en los EE.UU. hasta la fecha. Una filmación en vivo de la producción fue producida usando el “Electronovision”, un método de grabación de una actuación en vivo, con varias cámaras de vídeo y convertir la imagen a película. Eileen Herlie repitió su papel en la versión cinematográfica de Olivier como la Reina, y la voz de Gielgud se escuchó como el fantasma. La producción Gielgud / Burton también se registró completa, y fue lanzada un LP de obras maestras de Colombia Records.
El primer Hamlet en la era del color fue una película de 1969, dirigida por Tony Richardson, con Nicol Williamson como Hamlet y Ofelia como Marianne Faithfull.
      En 1990, Franco Zeffirelli, cuyas películas de Shakespeare han sido descritas como “sensuales en lugar de cerebrales”, lanzó a Mel Gibson, entonces famoso por las películas, Mad Max y Arma Letal, en el papel protagonista de su edición de 1990; Glenn Close, entonces famosa como la psicótica “otra mujer” en la película, “Atracción Fatal” protagonizó el papel de Gertudis, y Paul Scofield hizo el papel del padre de Hamlet.
     En contraste con Zeffirelli, cuyo Hamlet fue fuertemente cortado, Kenneth Branagh adaptó, dirigió, y protagonizó una versión en 1996, que contiene cada palabra de la obra de Shakespeare, que combina el material de los textos F1 y Q2. El Hamlet de Branagh, tiene una duración de alrededor de cuatro horas. Branagh establece la película con fines de vestuario y mobiliario, como del siglo 19; y Blenheim Palace, construido a principios del siglo 18, se convirtió en el castillo de Elsinore en las escenas exteriores. La película está estructurada como una épica y hace uso frecuente de los flashbacks, o retrospectivas, para poner en relieve los elementos que no son explícito en la obra: La relación sexual de Hamlet con Ofelia (Kate Winslet), por ejemplo, o su afecto infantil por Yorick (interpretado por Ken Dodd).
     En 2000, el Hamlet de Michael Almereyda desarrolla la historia en el Manhattan contemporáneo, con Ethan Hawke interpretando Hamlet como un estudiante de cine. Claudio, interpretado por Kyle MacLachlan, se convierte en el director general de “Corporación Dinamarca”, después de haber asumido el control de la empresa por haber matado a su hermano.
     Notables producciones de Hamlet hechas para la televisión incluyen aquellas con Christopher Plummer (1964), Richard Chamberlain, de 1970, para Hallmark Hall of Fame;
Derek Jacobi en 1980 con la Royal Shakespeare Company, BBC;
Kevin Kline en1990,
Campbell Scott (2000) y David Tennant (2009) con la Royal Shakespeare Company, para la BBC.
     También ha habido varias películas que transponen la historia general de Hamlet o elementos de la misma a otros entornos. También ha habido muchas películas que incluyen representaciones de escenas de Hamlet como una obra dentro de una película. (Wikipedia en Ingles)
Hamlet
de William Shakespeare
     En la noche, un manto de niebla se extendía sobre la costa de Dinamarca como preságio de muerte. En la oscuridad se recortaba la silueta de Elsinore, el vetusto palacio, sede del imperio.
      El Rey Hamlet había muerto en circunstancias poco claras. Mirando hacia el horizonte de la noche, el joven príncipe pensaba, “Que tenga yo que soportar todo esto…¡Ah, vergüenza! Todos los cortesanos ríen ahora, celebrando la boda.” Después de un período escandalósamente breve, la reina Gertrudis se había casado de nuevo con Claudio, hermano del rey Hamlet y tío del joven príncipe, quien pensaba, “Si por lo menos hubieran esperado un tiempo…pero no. Claudio tenía prisa por ceñirse la corona de Dinamarca, por usurpar el trono que me correspondía.”
    El príncipe Hamlet se paseaba inquieto, exasperado, por la terraza del palacio, escuchando el eco de las risas, pensando, “¡Ofenden la memoria de mi padre! Poco más de un mes a pasado después del día en que lo sepultaron. Con qué desesperación lloraba entonces mi madre, como si jamás pudiera resignarse. ¡Qué frágil y voluble es la mujer que rápido olvida su dolor y seca sus lagrimas!” En ese momento una silueta apareció en el umbral. Una voz femenina dijo, “Hamlet…”
     Hamlet contestó, “Ofelia…¿Vienes a contagiarte de mi amargura?” Era ella, la dulce y tierna Ofelia, la única que podía comprenderlo en esos momentos, dijo, “Imagino cómo te sientes. Déjame estar a tu lado, hacerte compañía.” Era hija de Polonio el noble consejero de la corte. Suavemente en forma limpia y natural, casi sin darse cuenta había surgido entre ellos el amor. Hamlet dijo, “La indignación me estremece, no me deja vivir.” Ofelia dijo, “Mi padre dice que se casaron porque así convenía al reino, que era necesario para mantenerlo unido.” Hamlet dijo, “Sí, ese fue el pretexto.”
     Estuvieron el silencio durante largo tiempo. Ofelia bajó su mirada y pensó, “No encuentro palabras para consolarlo. La muerte del rey ha sido un duro golpe para él…¡Oh, amado Hamlet!” Ofelia evocó aquellas tardes tiempo atrás, cuando daban largos paseos por la playa, tomados de la mano. Hamlet le decía, “Ofelia…eres tan hermosa…¡Te amo!” Luego Hamlet tuvo que marcharse lejos…a estudiar a la universidad. Regresó cuando le comunicaron el sorpresivo fallecimiento de su padre. Ofelia le preguntó, “¿Qué harás…cuáles son tus planes?”
     Hamlet dijo, “Volveré a Wittemberg, a continuar mis estudios…¿Qué más puedo hacer?¿Quedarme aquí?...No lo soportaría…¡No soporto tanta hipocresía! Además, mi tío Claudio me aborrece, aunque en todo momento tráte de parecer amable y afectuoso…¡Me odia! Y me considera un peligro, una amenaza. Para él, nada mejor que deshacerse de mí…si pudiera me haría asesinar.” Ofelia le reclamó, “¡Hamlet!” Hamlet dijo, “Es cierto. ¿Por qué tener miedo a las palabras? Pero vamos…vamos a presenciar la mascarada cortesana.” Ofelia dijo, “Sí…aquí hace frío.”
      El salón estaba profusamente iluminado como en pocas ocasiones se ha visto. En la gran mesa, uno de los comensales reía, “¡Ja, Ja, Ja!” Y otro decía, “¡Es lo más gracioso que he visto!” Los acordes de la viola y el laúd, se unían a una melodía de las flautas, para amenizar el banquete. Hamlet pensó al entrar al salón con Ofelia, “Hasta tenemos bufón nuevo, ¿Eh? Todos parecen muy divertidos.” Ofelia pensó, “Temo que se deje llevar por la ira.” La reina Gertrudis, sonreía discretamente al lado del Claudio, el nuevo rey de Dinamarca, quien pensó al beber de su copa, “Ahí se acerca Hamlet…En su cara hay un gesto de constante reproche. No sé cuánto tiempo más voy a tolerarlo…Si no fuera por Gertrudis…”
     Pero algo ocurría en Elsinore, algo que los guardias murmuraban entre sí, temerosos. Dos guardias se acercaron a los centinelas. Uno de los guardias que se acercaron dijo, “¿Lo han visto?¿Apareció ya?” El centinela dijo, “Todavía no.” Era la hora del cambio de guardias. Uno de los guardias recién llegado dijo, “Viene tras de nosotros Marcelo, nuestro capitán. Lo acompaña un joven amigo del príncipe Hamlet.” Los pasos resonaron en medio del silencio que imperaba en las almenas. Marcelo preguntó, “Buenas noches valientes. ¿Ha vuelto…él?”
    Uno de los guardias dijo, “No, señor…todavía no.” Entonces Marcelo dijo, “Ahora me creerás Horacio, cuando lo veas.” Horacio dijo, “Pero…¿Le observaste la cara?” Marcelo dijo, “No…y sin embargo es él. Lo sé, lo reconocí por su yelmo alado, su estatura, aunque nunca se le vieran los pies, y lo ancho de su espalda, su manto, su mandoble…” El fantasma del difunto Rey Hamlet, se aparecía todas las noches en aquel lugar sembrado el miedo y el terror entre los guardias. Marcelo dijo a Horacio, mientras lo encaminaba por la almena con vista al mar, “Le gustaba venir a las almenas a tomar el aire fresco después de la cena.” Horacio dijo, “Su recuerdo les ha sugestionado en tal forma que creen verlo. Eso es…todos ustedes sufren alucinaciones.” Continuaron avanzando a lo largo de la almena, seguidos por los guardias. Se desataron ráfagas de viento helado. Horacio dijo, “Creo que solo me ha hecho perder el tiempo, capitán…Mejor estaría en el salón de banquetes, saboreando una copa de buen vino.”
     De repente, el capitán Marcelo se quedó estupefacto. Nada respondió. Se limitó a señalar hacia la oscuridad de una de las torres. Estaba paralizado. Enseguida, un escalofrío recorrió el cuerpo de Horacio, mientras un temblor incontrolable se apodero de los rudos guardias. Horacio dijo, “Pe..pero…” Uno de los guardias dijo, “¡Vie-viene hacia nosotros!” Marcelo dijo, “Háblale…quizá te responda.” Se escuchó la voz de Horacio débil, temblorosa. “¿Quién eres tú, que usurpas la presencia del difunto Hamlet? ¡Responde, por…por el cielo!...¿Perteneces al mundo de los espíritus?”
     El espectro aterrador pasó por en medio de ellos, obligándolos a replegarse hacia los lados de la almena. Horacio dijo espantado, “¡Yo te lo mando, habla!¡Detente!” Uno de los guardias dijo, “¡Por los cielos!” Horacio dijo, “No se ha dignado a hablar con nosotros.” Marcelo dijo, “¿Me crees ahora?” Horacio guardó silencio. Enseguida Marcelo dijo, “Estas temblando, Horacio, y tu cara ha perdido el color.” Horacio dijo, “Por Dios…Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo creería.” Marcelo dijo, “¿Le viste la espada? Parece vigilar desde las almenas…tal vez quiera de alguna forma advertirnos que el peligro de guerra contra los noruegos.”
     Horacio dijo, “Puede ser…Bien sabes que Fortimbrás de Noruega retó al Rey Hamlet al combate, y nuestro príncipe insistió en defender el honor de Dinamarca…Mató a Fortimbrás y una buena parte del territorio noruego pasó a ser nuestro. Ahora el príncipe Forntimbrás alista un ejército de miserables que nada tiene que perder, para luchar contra nosotros…insiste en recuperar lo que su padre perdió en mal momento.” Marcelo dijo, “Por eso estamos obligados a mantener la guardia de día y noche.” En ese momento uno de los guardias dijo, “¡Miren!¡Regresa el espectro de Hamlet!” Otro de los guardias dijo, “¡Su presencia hiela la sangre!” Horacio dijo, “¡Detente fantasma!¡Habla en nombre de Dios! Si tiene voz, háblame…¿Qué puedo hacer por ti? Me reconoces? Soy yo, Horacio, el buen amigo de tu hijo.”
     La aparición errante se detuvo apenas unos segundos. Horacio dijo, “¿Me reconoces?” Luego, con lentitud, se deslizó hacia la atalaya más próxima, traspasando un muro. Un guardia dijo, “ ¡Desaparece!” La extraña silueta se fundió en las sombras. Horacio pensó, “Hamlet debe enterarse de esto. Quizá el espectro se digne hablar con él.” Horacio les pidió a los guardias que mantuvieran discreción sobre el increíble fenómeno, diciendo, “…de lo contrario esto se llenará de cortesanos curiosos.”
     Horas después, por la mañana, el usurpador Claudio, iniciaba su primer día de audiencias, como Rey de Dinamarca, diciendo, “¡Escúchenme todos! He recibido como esposa a la mujer que antes fuera como mi hermana…la Reina Gertrudis es mi compañera en el trono. Nos proponemos gobernar con energía, con mano de hierro. ¡Seremos implacables contra nuestros enemigos!
Pero…magnánimo con nuestro pueblo, imparciales en la administración de la justicia…aumentaremos en forma equitativa los impuestos para fortalecer el ejército y lanzarlo a nuevas conquistas…Todo esto tendrá como fin, un solo y único propósito: la grandeza, el poderío de Dinamarca. Estamos alertas. Lo estaremos en todo momento para defender el territorio de la gloriosa Dinamarca. Todos ustedes deberán saber que el joven Fortimbrás supone que la muerte de mi querido hermano ha dividido el reino, insiste en que se le devuelvan aquellas tierras que su padre perdió. He preparado este mensaje para el anciano rey de Noruega a fin de que impida a su sobrino Fointimbrás que continúe amenazándonos con la guerra. Cornelio y Voltimán serán unos dignos embajadores. Irán a entregar este mensaje.”
    Voltimán dijo, “Partiremos ahora mismo, señor.” Claudio dijo, “Y tu Laertes…algo querías decirme.” Laertes dijo, “Señor…” El joven hijo de Polonio se postró ante el rey. “Solo deseo tu permiso para regresar a Francia…Hice rápido viaje para estar presente en tu coronación y demostrarte mi afecto.” Hamlet pensó al escucharlo, “Tu servilismo…” Claudio dijo, “¿Tu padre está de acuerdo?” Polonio dijo, “Sí, le he dado mi autorización a mi pesar. Espero que no desperdicie el tiempo, y en efecto estúdie con dedicación.” Claudio dijo, “Estoy seguro que serás un hombre de provecho, querido Laertes, ve pues, vuelve a Francia.” Enseguida, Claudio se dirigió a Hamlet, “Y tú, Hamlet, mi hijo bien amado, ¿Insistes también en regresar a Wittemberg a continuar tus estudios?”
     Una hora más tarde, la audiencia terminó. Entonces, la reina Gertrudis dijo a Hamlet, “Me duele verte así, Hamlet, triste y sombrío todo el tiempo. Tienes que aceptar los designios de Dios.” Hamlet dijo, “Asi es.” Gertrudis dijo, “Y resignarte a la muerte de tu padre.” Hamlet dijo, irónicamente, “¿Cómo lo has hecho tú, madre?” Gertrudis le dijo, “Sí…todos hemos de morir algún día. Es la ley de la naturaleza…y el sol sigue alumbrando, el mundo no cambia…has a un lado el despecho, el recelo. Debes ver en Claudio a un padre, a un amigo.” Hamlet dijo, “¡Imposible! Él es el rey y yo…su súbdito.”
     Claudio, tras escuchar, reprimió el deseo de abofetear al soberbio príncipe, y poniendo su mano en su hombro, dijo, “No hay ninguna barrera entre nosotros, hijo. ¡No debe haberla! Te comprendo…El dolor te pesa en el alma, pero recapacita…Tu padre perdió a su padre también, y aquel perdió al suyo. Debemos lamentar la muerte del ser querido, pero no guardarle tristeza y luto para siempre. Tú eres la persona más inmediata al trono y quiero verte feliz…porque te amo con el afecto más puro que un padre puede sentir por su hijo. No deseamos que te marches a Wittemberg, sino que permanezcas a nuestro lado.”
Gertrudis le suplicó, “¡Por favor!” Enseguida lo abrazó, “¡Quédate, Hamlet! Te lo ruego. ¿Serán inútiles las suplicas de tu madre?” Hamlet dijo, “Reflexionaré en tus palabras señora. Ahora, si me permiten…quiero estar solo.” Hamlet abandonó el salón con pies firmes, decididos. Gertrudis puso un semblante de tristeza. Claudio dijo, “Todo es inútil. ¡Me detesta!”
     En la soledad de su lecho, Hamlet pensó, “Claudio no me engaña. Es falso y ruin. ¡Veo la maldad en su rostro!” La duda, la sospecha crecía dentro de él. Hamlet pensó, “¡No me asombraría que tuviera algo que ver con la muerte de mi padre! Pero…¿Cómo descubrir la verdad?” Enseguida entró Horacio diciendo, “Te buscaba Hamlet. Debo hablar contigo. Es importante. Anoche vi a tu padre, y no, no pienses que he perdido el juicio.” Hamlet dijo, “¿Qué dices?”
     En breves palabras, Horacio le contó lo que había visto la noche anterior en la apartada almena. “…y así fue. Yo mismo no podía creerlo. Le hable al fantasma una y otra vez, pero no me contestó.” Hamlet dijo, “Dices que iba armado…” Horacio dijo, “Sí, con su mandoble y el yelmo alado en la cabeza.” Hamlet murmuró, “Hubiera querido estar ahí.” Horacio dijo, “Te habrías echado a temblar, como yo. Su presencia infunde terror.” Hamlet dijo, “Iré ésta noche por si vuelve a aparecer.” Horacio dijo, “Te acompañaré.”
     Mientras tanto, muy lejos de Elsinore, en un fiordo de Noruega, Forntimbrás divisaba desde lo alto un grupo de tiendas de campamento a lo largo de la playa del litoral noruego, diciendo, “Están dispuestos a luchar hasta morir.” Uno de sus guardias le dijo, “Ellos te seguirán en cuanto tu levantes la espada, Forntimbrás.” Forntimbrás dijo, “Aún debemos esperar un poco. Están fraguando las armas.” El príncipe Forntimbrás, con su temperamento indómito, impetuoso, lograba levantar en armas a la multitud, diciendo, “¡Pronto nos lanzaremos contra ese nido de ladrones llamado Dinamarca! Iremos a reconquistar nuestras tierras.” Había reunido once navíos y más de cinco mil hombres.
     En esos momentos, Laertes se preparaba para emprender el viaje, diciendo, “Ya tengo listo mi equipaje. ¡Cuídate mucho Ofelia! No prestes oídos a las palabras arrullantes de Hamlet.” Ofelia dijo, “Hamlet me ama.” Laertes dijo, “Eso dice, y tal vez tu lo crees, pero no es verdad. Pon los pies sobre la tierra. Él jamás se casaría contigo.” Ofelia dijo, “¿Cómo puedes estar tan seguro?” Laertes dijo, “No puede actuar conforme a su voluntad. Llegado el tiempo, lo obligaran a casarse con una princesa por razones de estado. No puede elegir por sí mismo…así que no confíes en promesas que no podrá cumplir.” Ofelia pensó, “Tal vez tenga razón.” Laertes dijo, “Huye del peligro y el deshonor, hermana. La virtud es con frecuencia blanco de la calumnia.” Ofelia dijo, “Pensaré en lo que has dicho.”
     La llegada de Polonio, puso fin a la conversación, y dijo, “Ya te esperan el muelle, hijo mío.” Polonio dio un abrazo a su hijo, diciendo, “Ve con la protección del todopoderoso, y cuídate mucho de las malas amistades.” Laertes dijo, “Padre…” Polonio le dio unos últimos sabios consejos. Laertes se incó, diciendo, “Tu bendición.” Poco después, Laertes se despidió de ellos apresuradamente. Laertes dijo al irse, “¡Piensa en lo que te dije hermana!” Ofelia dijo, “¡Adiós!” Laertes echó a correr hacia el muelle.
     Enseguida, Polonio dijo a su hija, “¿Qué es lo que te ha dicho?” Ofelia bajó la mirada, diciendo, “Cosas…sobre Hamlet.”  Polonio dijo, “Supe que el príncipe ha venido a visitarte por las tardes…y tu lo has recibido sin pensar en las habladurías. ¿Ha pasado algo entre los dos? Dime la verdad.” Ofelia dijo, “Nada que ofenda tu honor Padre. Amo a Hamlet y él me ama desde hace mucho tiempo.” Polonio dijo, “¡Amor! ¿Qué puede saber del amor una jovencita como tu? Te hace falta la experiencia que dan los años. ¡No creas en sus promesas y juramentos, Ofelia! Apártate de él. No quiero verte sufrir. Hamlet no te conviene.”
     Aquella noche, el príncipe de Dinamarca y Horacio subieron a las almenas de Elsinore. Ahí los esperaba el capitán Marcelo con sus guardias. Hamlet dijo al llegar, “El viento frío cala los huesos. Buenas noches capitán.” Marcelo dijo, “¿Qué hora es?” Horacio dijo, “Casi las doce.” Hasta ellos llegaba el sordo batir de los tambores, el eco de sonoras carcajadas. Hamlet dijo, “El Rey se divierte. Es noche de hombría en la que todos beben hasta perder el sentido y se comportan como estúpidos. Los timbales suenan cada vez que Claudio vacía su copa. Es una costumbre bárbara. Mi padre ya la había erradicado de la corte.”
     Enseguida Horacio vió algo y dijo, “¡Mira Hamlet!” Hamlet dijo, “Tengo que hablarle. A eso he venido. ¡Hamlet! Rey y padre mío, soberano de Dinamarca…¿Por qué viene tu espíritu desde el mundo de los muertos? Habla, respóndeme. Padre…sí eres tú…ya no siento miedo. ¿Qué puede temer un hijo de su padre?” Con un expresivo ademan, el espíritu le indicó que lo acompañára hacia la apartada atalaya. Horacio dijo, “¡Espera Hamlet, no vayas!” Hamlet avanzó, y Horacio dijo, “¡Hamlet!” Enseguida, cuando llegaron a la torre, Hamlet dijo, “Sí, sí…habla.” El espíritu dijo, “¡Escucha Hamlet! Presta oídos a lo que voy a revelarte.” Aquella voz parecía surgir de las profundidades de una tumba. “Debes vengar la muerte de tu padre. ¡Venganza Hamlet, Venganza!” Hamlet dijo, “¿Quién fue?”
     El espíritu contestó, “¡El mismo que hoy ciñe la corona de Dinamarca! Se dijo que una serpiente me había mordido mientras dormitaba en el jardín. No fue así. Claudio, el adultero, venció la virtud de la reina, de mi esposa…la hizo su amante. Aunque ella no fue su cómplice en su asesinato, aquella tarde, en el jardín, yo dormía la siesta, cuando tu tío se acercó cauteloso. Iba preparado, y me arrojó un extracto ponzoñoso en el oído. Fue muy rápida la acción de veneno que fue deteniendo mi corazón, helando la sangre. Mientras dormía, perdí a manos de Claudio, vida, esposa, y corona…¡Venganza Hamlet!” Hamlet dijo, “¡Sí, éste asesinato clama venganza!” El espíritu dijo, “Pero no te manches ofendiendo o atacando a tu madre. ¡Perdónala como la he perdonado yo! Es una débil mujer. ¡Adiós Hamlet…hijo mío, adiós!” Hamlet dijo, “Padre…no, no te vayas todavía. ¡Espera!”

     De pronto, solo hasta entonces, el príncipe sintió las piernas débiles, temblorosas, y pensó, “No, no van a traicionarme ahora los nervios.” Luego, volvió a reunirse con los demás. Horacio dijo, “¿Hablaste con él? ¿Qué te dijo? ¡Cuéntanos!” Hamlet dijo, “¡Nunca! Es un secreto.” Marcelo dijo, “No lo revelaremos.”  Hamlet dijo, “Nada les diré, pero acérquense. Quiero pedirles…que nunca revelen a nadie lo que han visto ésta noche.” Marcelo y los demás dijeron, “¡Lo prometemos!” Hamlet dijo, tomando su espada, “¡Júrenlo sobre mi espada! Nadie más debe enterarse. Pongan todos la mano derecha sobre la hoja de mi espada.” Así lo hicieron, y Horacio dijo, “¡Juro que ni en el momento de mi muerte contaré lo que he visto!” Marcelo dijo, “¡Jurado está!” Un guardia dijo, “¡Lo juro!” Y otro, “¡Lo juro por mi príncipe!”
     Hamlet dijo, “Ahora vámonos. El fantasma del rey Hamlet no volverá a aparecer. En los siguientes días no deberá extrañarte mi conducta Horacio.” Horacio dijo, “¿Qué quieres decir?” Hamlet dijo, “Fingiré que estoy loco. Creo que de esa manera algunas cosas saldrán a relucir. Serás el único que conozca mi secreto.”
Durante el resto de la noche en su alcoba, el príncipe no consiguió dormir. A cada instante, se le revelaba el rostro de su padre. “¡Venganza Hamlet!”
    Pero al día siguiente, nuevas dudas lo acosaban, y pensaba, “¿Y si el espectro me ha engañado? ¿Si se trata de un embrujo de una maquinación infernal y no fuera el espíritu de mi padre?” Enseguida, fue interrumpido por una voz femenina, “Hamlet…” Hamlet dijo, “Sí…ah, hermosa Ofelia pensaba ir a tu casa esta tarde. Me hace falta tu compañía.” La joven se había dejado influir por las palabras de su hermano y de su padre. Ofelia le dijo, “Me alegro entonces de haberme adelantado. Este cofre guarda las cartas que me enviaste. Las cintas y las joyas que alguna vez pusiste en mis manos.” Hamlet le dijo, “¿Y? Regaladas están.” Ofelia dijo, “No me hagas preguntas por favor, que soy torpe en las respuestas. No quiero que vuelvas a mi casa.” Hamlet dijo, “Ofelia, ¿Por qué? Dame una explicación.” Ofelia le dijo, “No nací para ser un entretenimiento de un príncipe…lo que hay entre nosotros no debe continuar…yo lo termíno aquí. No quiero que la gente siga murmurando de mí.”
     Ofelia le entregó el cofre. Hamlet dijo, “Las cartas, las cartas son solo palabras. Y las palabras se las lleva el viento. ¿Para qué conservarlas? Son un simple momento de la vida.” Ofelia dijo, “No puedo creer que hayas olvidado tantos bellos momentos que hubo entre nosotros.” Hamlet le dijo, “Como no podre olvidarlos yo. Adiós Ofelia. Guarda esas joyas. ¿Qué haría yo con ellas?”
     A partir de aquel día, la actitud del príncipe cambió. Se le escuchaba cantar canciones vulgares: “♫¡Y la moza y el capitán, a la taberna se fueron a emborrachar!♪” Su comportamiento alarmó a la reina Gertrudis, cuando vio que llegó con un pato muerto, y se inclinó ante ella, diciendo, “Para la cena Majestad.” La reina Gertrudis dijo, “Horacio, acompáñalo a su alcoba.” Horacio le dijo, “Sí, señora.” Pronto la noticia de que el príncipe sufría ‘leves trastornos,’ se extendió entre la corte. Un miembro de la corte decía a otro, “Dicen que es por culpa de Ofelia, la hija de Polonio. Como lo rechazó…” En ese momento lo vieron llegar cantando, “Tururú lalalí.” Un miembro de la corte dijo, “Ahí viene.” Otro dijo, “¡Por Dios!¡En efecto perdió el juicio!” Hamlet se dirigió a la ciudad. Uno de los cortesanos dijo, “¡Sigámoslo para ver qué se propone!”
     Enseguida los cortesanos lo siguieron, y otro de los cortesanos dijo, “¡Escala las hiedras al frente de la casa de Polonio!” Otro dijo, “¡Qué vergüenza! Será capaz de hacerle daño a la inocente Ofelia.” Otro dijo, “Sería prudente avisarle.” Hamlet había escalado el muro y había entrado por la terraza a la habitación de Ofelia, quien dijo al verlo, “¡Hamlet!” Hamlet rió y luego dijo, “Ofelia…” El rostro de la muchacha reflejó primero el asómbro, luego el desconcierto, y luego el miedo. Ofelia dijo, “¡Ah! Hamlet, por favor…” Hamlet dijo, “Ofelia…¿Tienes algún temor, hermosa Ofelia?” Después de contemplarla triste y largamente, Hamlet soltó una absurda y sonora carcajada, “¡Ja, Ja, Ja!” Enseguida, con el fin de retirarse, saltó a la balaustrada del balcón, diciendo, “¡Ve a visitarme al palacio! ¿Lo prometes?” Ofelia dijo extrañada y resignada, “Sí.”

    Más tarde, cuando Polonio regresó a su casa, Ofelia lo recibió, diciendo, “¡Oh, Padre!” Polonio le dijo, “¿Qué ocurre?” Ofelia lo abrazó, diciendo, “Pasé un horrible susto. Hamlet estuvo aquí, entró por el balcón con ropa desgarrada y muy pálido.” Polonio dijo, “¿A tanto se atrevió? ¿Qué te dijo?” Ofelia dijo, “Nada, es decir, me tomó la mano con fuerza contra su pecho, mientras me miraba suspirando.” Polonio dijo, “Ese es un verdadero éxtasis de amor, que lo inclina a ser tan temerario. ¿Te has negado a sus visitas?” Ofelia dijo, “Sí, como tú lo ordenaste.”
     En ese momento, Claudio y su esposa recibían a dos jóvenes caballeros que habían llevado estrecha amistad con el príncipe Hamlet; eran Rosencranz y Guildenstern. Claudio les dijo, “Hablen con Hamlet. Queremos saber cuál es la causa de su inquietud.” Gertrudis dijo, “Hamlet me ha hablado mucho de ustedes y los estima. Quizá les cuente lo que le preocupa. Vayan con él.” Rosencranz dijo, “Pondremos cuanto esté en nuestra parte, su majestad.” Poco después, llegaban al palacio los embajadores que Claudio había enviado a Noruega. Claudio dijo, “Bienvenidos, Voltimán, Cornelio…” Voltimán dijo, “Traemos buenas noticias, majestad. El rey de Noruega ha ordenado a su sobrino que desista de iniciar un guerra contra Dinamarca. Ha llamado a Fortimbrás, sometiéndolo al orden. El joven príncipe le juró obediencia.” Claudio dijo, “Muy Bien.” Voltimán dijo, “Pero decidieron aprovechar ese ejército para atacar a Polonia, su vieja enemiga. Y para realizar sus planes, piden permiso para cruzar por tierras danesas bajo condiciones de seguridad mutua.” Claudio dijo, “¡Permiso Concedido!”
     En cuanto Polonio quedo a solas con Claudio y la reina Gertrudis, les reveló sus sospechas sobre Hamlet. Polonio dijo, “El príncipe ha enloquecido de amor por mi hija Ofelia.” Claudio lo observó fijamente y dijo, “¿De verdad lo crees?” Polonio dijo, “Ofelia me ha entregado ésta carta, la última que Hamlet le escribiera.” Polonio procedió a leer la carta, “Estas letras van destinadas a tu blanco y hermoso pecho…duda que son de fuego las estrellas, duda si al sol el movimiento falta, duda de la verdad pero no dudes de mi amor, las ansias…” Al terminar la lectura, Claudio dijo, “No estoy muy convencido de que esa sea la causa de su locura.” Polonio dijo, “Solo quien ama desesperadamente, puede escribir algo así.” Claudio dijo, “Si pudiéramos obtener la prueba…” Polonio dijo, “El príncipe puede pasear durante horas por la galería. Yo haré que mi hija le salga al paso, y que conversen. Y nosotros podremos escuchar cuanto digan, estando ocultos tras el tapiz que cubre la puerta del adoratorio.” Claudio dijo, “Es buena idea.”
     Al abandonar el salón, Polonio se dirigió a la galería. Ahí se encontraba Hamlet. Polonio dijo, “¡Buenas tardes Príncipe! ¿Me reconoces?” Hamlet dijo, “¡Por supuesto!” En todo momento el joven Hamlet fingía una absoluta demencia, diciendo, “¡Eres el vendedor de pescado! ¿Tienes una hija?” Polonio le dijo, “¿Quieres venir a donde no te dé el aire?” Hamlet le dijo, “¿A dónde?¿A la sepultura?¡Qué fastidiosos y extravagantes son los viejos!” Enseguida, el príncipe se encontró con Guildenstern y Rosencrantz  Los unía a ellos una vieja amistad. Guildenstern dijo, “¡Buenas tardes señor!” Al instante, Hamlet adivinó la razón de su visita, y dijo, “¿Qué delitos cometieron que la mala suerte los trajo a vivir a esta prisión?” Guildenstern dijo, “¿Cuál prisión?” Hamlet dijo, “¡Esta! Dinamarca es una cárcel, una de las peores del mundo. ¿No se había dado cuenta?” Guildenstern dijo, “Pues…”
     De pronto, Hamlet dejó a un lado la actuación, y dijo, “¿A qué han venido a Elsinore?¿Quienes los han hecho venir? Siempre hemos hablado con franqueza.” Sus amigos no supieron que responder. Hamlet dijo, “Sí, los envió Claudio, mi buen tío. Es inútil que traten de negarlo. Se comprometieron a relatarle nuestra charla. Eso significa que no puedo confiar en ustedes.” Guildenstern dijo, “Hamlet.” Hamlet dijo, “Mi tío padre y mi madre están equivocados. Piensan que estoy loco todo el tiempo, y no es verdad. Solo caigo en la locura cuando sopla el viento del noroeste, pero cuando sopla el del sur, puedo distinguir a un asesino entre la multitud. Pero hablemos de cosas más frívolas.” Rosencranz dijo, “Bien, como sabemos que eres aficionado a los cómicos, hemos invitado a una compañía.” Hamlet dijo, “¡Magnifico!” Rosencrantz dijo, “Los encontramos en el camino y ahora están en el patio.” Hamlet dijo, “¡Iré a ofrecerles la hospitalidad de Elsinore!¿Vienen conmigo?”
     Hamlet se llevó una agradable sorpresa. En varias ocasiones había invitado a ese mismo grupo de actores, para que se presentáran ante la corte. Hamlet les dijo, “¡Bienvenidos Caballero, amigos míos!” Hamlet se acercó al hombre de mayor edad del grupo, diciendo, “No has cambiado nada desde la última vez que te vi, honorable director.” Hamlet tuvo frases amables ara cada uno de los actores. “Pescadero, ¿Podrás instalar a estas eminencias en el pabellón para invitados distinguidos?” El hombre dijo, “¿Eh? Sí, por supuesto.” Hamlet dijo, “Hay que agasajarlos como nobles histriones que son. ¡Mañana habrá comedia!” El pescador dijo, “¡Síganme por favor!” 
     Enseguida Hamlet se dirigió al director, y dijo, “¡Espera amigo mío! Dime…¿Podrían representar ‘La Muerte de Gonzago’?” El director dijo, “Si lo deseas.” Hamlet agregó, “¿Y podrías aprender unos diez versos que deseo intercalar en la pieza?” El director dijo, “Por supuesto.” Hamlet dijo, “Bien. Antes de la cena, iré a entregarte las cuartetas que se agregarán a la obra.” Hamlet pensó, “Haré que estos actores representen ante mi tío, una escena que reproduzca la muerte de mi padre. Así, tal vez consiga la prueba de su culpa. ¡Esa función será la soga en que se enrede la conciencie del rey!”
     Al día siguiente en la mañana, Claudio, el rey, dialogaba con Guildenstern y Rosencrantz, diciendo, “¿Y no descubrieron un indicio de la causa de su locura?” Guildenstern dijo, “No señor.” La reina Gertrudis dijo, “¿No le propusieron alguna diversión?” Rosencrantz dijo, “Sí, casualmente encontramos una compañía de cómicos. Ya están en el palacio.” El director de teatro, quien también estaba ahí, dijo, “Así es. Hamlet me ha pedido que los invíte para la función de ésta noche.” El rey Claudio dijo, “Asistiremos.” Y enseguida Claudio dijo a Gertrudis, “Polonio y yo iremos a la galería para ser testigo de lo que hablen Ofelia y Hamlet. Por sus palabras llegaremos a descubrir si él ha perdido el juicio…por amor.” Ofelia se plegaba dócil a los deseos de su padre, pensando, “Ahí viene.” Mientras veía a su padre dirigirse hacia la galería.
     Mientras tanto en la galería, Hamlet pensaba en voz alta, “Ser o no ser…esa es la cuestión. ¿Acaso sería mejor morir? ¿Qué es la vida a fin de cuentas? Un breve sueño. La muerte es un largo y profundo sueño. Morir es dormir, o tal vez soñar. ¿Pero encontraremos la liberación en a muerte?¿Será el punto donde todo acaba? ¿O será el principio de algo que no alcanzamos a comprender ni imaginar? ¡Ah, hermosa Ofelia! Espero que me recuerdes al decir tus oraciones cada noche.” Desde su escondite, Claudio y el padre de la muchacha podían escucharlo todo perfectamente. Enseguida, se escuchó la voz de Ofelia, diciendo,  “¡Hamlet!” El príncipe Hamlet algo sospechó. Comprendía que Ofelia era un instrumento en las manos de Polonio y del rey. Hamlet contestó, “¿Qué quieres?”
     El tono de su voz se hizo duro, cortante. Ofelia dijo, “Pues…devolverte las joyas que me regalaste. Las traigo aquí.” Hamlet dijo, “Yo nunca te di nada.” Ofelia le dijo, “Con ellas me diste también palabras de ternura. Me hiciste creer…” Hamlet la interrumpió, “¡Pues no debiste hacerme caso…yo te amaba Ofelia.” Ofelia dijo, “Así me lo dabas a entender.” Hamlet dijo, “Mejor dicho, quería amarte…ahora se que ese amor nunca existió. Ni siquiera te quería ni te deseaba.” Ofelia dijo, “Hamlet…” Ofelia no pudo reprimir el llanto y dijo, “Entonces todas tus promesas tus juramentos eran mentiras.”
     Hamlet dijo, “Una larga cadena de mentiras. Escucha un buen consejo hermosa niña. ¡Ve a encerrarte a un convento!¿Para qué exponerte a ser madre de hijos pecadores?...Olvídame. ¡Soy muy soberbio, vengativo y ambicioso! Y no creas en ningún hombre. ¡Vete a un convento! ¿En dónde está tu padre?” Ofelia dijo, con lagrimas en los ojos, “En casa.” Hamlet dijo, “Pues que cierre bien las puertas, porque si quiere hacer el ridículo, que lo haga dentro de su casa, adiós.” Ofelia se quedó sola, sollozando. Las palabras de Hamlet habían calado muy hondo en el alma de la joven.
     Después de escuchar a escondidas el dialogo entre Hamlet y Ofelia, Claudio dijo a Polonio, “No creo que la locura de mi sobrino tenga algo que ver con el amor. Lo mejor será enviarlo a Inglaterra, con el pretexto de recaudar los tributos que nos adeudan.” Polonio dijo, “Es una buena idea. Será prudente mantenerlo aislado. Pero que como último intento, que su madre hable con él. Tal vez ella pueda descubrir el porqué de su locura.” El rey Claudio dijo, “Voy a proponérselo. Podría ser ésta noche, después de la función.”
     Antes de que diera principio el espectáculo, Hamlet se reunió con Horacio, diciendo, “Por favor, quiero que te dediques a observar las reacciones de mi tío, sobre todo al principio. ¡En la escena en que el rey es asesinado mientras duerme!” Horacio dijo, “Lo haré.” Dada la hora señalada, comenzaron a llegar los personajes de la corte. Poco después, Hamlet los recibió, diciendo, “Adelante, deseo que se diviertan.” Claudio llegó, y dijo, “Buenas noches hijo. ¿Cómo se llama la obra?” Hamlet dijo, “‘La Ratonera,’ señor. Está basada en una historia real que ocurrió en Viena. El duque se llama Gonzago y su mujer, Baptista. ¡El argumento es horrible pero muy divertido!” Un cómico vestido de paje desfilo tocando el flautín, señal que todos debían guardar silencio. Hamlet dijo, “Deja sentarme a tu lado, Ofelia. ¡Ya va a comenzar!”
     La función se inició con una pantomima que resumía parte del drama. En el resumen, se representaba la escena de un rey que dormía, y un hombre malvado, depositaba una sustancia mortal en el oído que lo hacía que muriera, y enseguida una mujer, representando a la reina, se acercaba lamentando la muerte del rey. Mientras esto sucedía, Claudio se llenaba de asombro y sorpresa. Hamlet dijo a Ofelia, refiriéndose al resumen, “Lo envenenó para usurpar el trono. Ahora verás cómo el asesino conquista y seduce a la esposa del difunto.” En ese momento, Claudio no pudo soportar más, y se levantó gritando, “¡AAAAAH!” Ofelia dijo, “¡El rey se levanta!” Claudio dijo a Gertrudis, “¡VAMONOS SEÑORA! ¡Traigan velas, Iluminen el salón!” Aquel era un escándalo inusitado. El desconcierto se apoderó de los invitados. El director dijo, “¡Se suspende la función!”
     Los cómicos estaban temerosos de que los apalearan. Mientras tanto, Hamlet dialogaba con Horacio, diciendo, “¿Lo has visto Horacio?” Horacio dijo, “Sí, no hay duda.” Los cortesanos desalojaron el salón rápidamente. Hamlet se dirigió a la compañía de teatro y dijo, “¡Sí, al rey no le gusta la comedia, será sin duda porque…porque no le gusta! Ustedes ánimo, alegren la reunión.” Poco después, Polonio se acercó a Hamlet y le dijo, “El rey está fuera de sí, Hamlet.” Hamlet dijo, “¡Se ha emborrachado otra vez!”
     Polonio dijo, “Está colérico. La reina me envía a buscarte. Quiere hablar contigo…te espera en su gabinete.” Hamlet dijo, “Iré.” Mientras se dirigía hacia allá, Hamlet pensó, “Mis palabras van a herirla peor que un puñal. Pero antes de ir a verla…” En esos momentos, Claudio gritaba, “¡No quiero a Hamlet aquí!” Claudio dijo a Rosencrantz, “¡Prepárate para el viaje! Tú y Guildentern me acompañarán a Inglaterra.” Rosencrantz dijo, “Sí, señor.” Claudio se quedó solo, y pensó, “¡Mi culpa es monstruosa! Pesa en mi conciencia como una lapida…pero la ambición es más fuerte. ¡Olvida, Dios Todopoderoso, Olvida mi horrible crimen y haz que yo lo olvide! Dale tranquilidad a mi espíritu. ¿Podre todavía salvar mi alma?”
     Hamlet se acercó y vió arrodillado a Claudio, y pensó, “Este es el mejor momento para matarlo. No hay nadie cerca que pueda ayudarlo. Está rezando. Pero...¿Quedaré vengado dándole muerte cuando purifica su alma? ¡No! Ya le llegará el momento. Además, mi madre me espera. No quiero enfrentarme a ella con las manos manchadas de sangre.” Hamlet se dirigió a la habitación donde Gertrudis lo esperaba. Hamlet dijo al verla, “¿Podré servirte en algo, señora?” Gertrudis dijo, “Adelante, has ofendido a tu padre.” Polonio se hallaba oculto tras el tapiz para escuchar la conversación. Hamlet dijo, “¡Tú ofendiste al mío!” Gertrudis dijo, “¡No me hables así!¿Te olvidas quien soy yo?”
     Hamlet dijo, “Eres la reina casada con tu primer esposo y…ojalá no fuera así.” Gertrudis dijo, “¡Basta! ¡No voy a soportar más tu insolencia! ¡Haré que te encierren!” Hamlet quiso detenerla y le dijo, “¿A dónde vas?”  Gertrudis lo rechazó, diciendo, “¡Suéltame Bellaco!” Hamlet le respondió, tomándola, “¡No madre!¡Te quedaras! Tú y yo tenemos mucho que decirnos. ¡No saldrás de aquí!” Gertrudis le dijo, “¡Aaaah!¿Qué intentas hacer, Hamlet? ¿Quieres matarme?¡Socorrooo!”
     Polonio pensó en ese momento en auxiliar a la reina, y se movió tras los tapices. Entonces Hamlet sacó su espada y dijo, “¿Eh?¡Una emboscada!” Ofelia trató de detenerlo y gritó, “¡No, detente!” Antes de que Gertrudis pudiera impedirlo, el príncipe descargó la primera estocada. Solo se oyó un lamento tras el tapiz, “¡Socorroo! ¡Aaaagh!” Gertrudis dijo, “¿Qué has hecho?” Hamlet dijo, “Esa voz…” El cuerpo resbaló hacia el piso, quedando yerto, inmóvil. Cuando Hamlet movió el tapiz, vio a Polonio en el piso, y dijo, “¡Eres tú! Mira el premio a tu curiosidad, anciano intrigante. Tu muerte traerá nuevas desgracias.” Enseguida, Hamlet se dirigió a Gertrudis, “¿Por cuánto tiempo vas a seguir, Madre, envilecida en la corrupción, prodigando tus caricias a un asesino?” Gertrudis dijo, “No sabes lo que dices.”
Minutos después, Claudio se enteró de la muerte de su anciano consejero, y pensó, “Es el pretexto que me hacía falta para alejar a Hamlet de Dinamarca.” Claudio ordenó que el joven fuera conducido ante su presencia, indicándole la conveniencia de pasar una temporada en Inglaterra. Claudio dijo a Hamlet, “Después de lo ocurrido, tienes que alejarte hijo mío. Ya todo está listo. Te acompañarán tus amigos Rosencrantz y Guildenstern.” Hamlet dijo, “Esta bien. Iré a Inglaterra.” Pero enseguida, Hamlet pensó, “¿Porqué acepte sus ordenes con sumisión de lacayo? Debí rebelarme, pero está bien, si mi destino es ir a Inglaterra…”
      Poco después, Claudio dialogaba con Rosencrantz y Guildenstern, y al entregarle un pergamino dijo, “Cuando lleguen, entregarán al rey de Inglaterra éste mensaje sellado.” Guildenstern dijo, “Así lo haremos.” Cuando los vio partir, Claudio pensó, “Hamlet, querido hijo, amado sobrino, en cuanto llegues a Inglaterra, dejarás de ser un reproche viviente.” Enseguida, Hamlet hurgaba en un baúl, pensando, “Me llevare papel para escribir una larga carta a Ofelia. Y el sello real que usaba mi padre…no me gustaría separarme de él.”
     Horas después, junto a la costa, la caravana de Hamlet, Guildenstern y Rosencrantz, siendo escoltada por caballeros, se detenían en un mirador alto, mirando hacia la playa de la costa desde las alturas. Hamlet dijo, “¡Tropas noruegas! Reconozco sus estandartes.” Hamlet se dirigió al capitán de los caballeros y dijo, “¡Eh, capitán!¿Quien va a la cabeza de estas tropas?” El capitán le contestó, “¡Fortimbrás el joven!” Hamlet le preguntó, “¿Y contra quien las conduce?” El capitán dijo, “Contra Polonia.” Hamlet pensó, “Por un capricho, por una gloria estéril, van veinte mil hombres a la muerte. Pelearán por arrancarle un pedazo de tierra a Polonia, y yo me revuelco en el ocio.” Poco después, embarcaron. Algo inquietaba a Hamlet, quien pensaba, “A la primer oportunidad, bajaré a la bodega.” Hamlet quería enterarse del contenido del mensaje destinado al rey de Inglaterra. Mientras bajaba hacia la bodega, Hamlet pensaba, “Por aquí debe estar el cofre de Guildenstern.”
     Hamlet lo encontró, y pensó, “¡Aquí está!” Y enseguida encontró el pergamino y lo leyó. Después de leerlo, Hamlet pensó, “Claudio ruega que por razones de estado, el príncipe de Dinamarca debe ser ahorcado sin juicio ni interrogatorio, el mismo día que desembárque. Este mensaje nunca llegará a su destino. Yo escribiré otro con ordenes mas distintas.” Hamlet fue a encerrarse a su camarote, y se puso a escribir, pensando, “Afortunadamente pensé en traer papel. Le daré buen uso al sello de mi padre. No quisiera estar en el pellejo de Guildenstern y Rosencrantz, cuando entreguen el mensaje.” Hamlet sustituyó los pergaminos hábilmente.
Al segundo día de navegación, alguien gritó desde el mirador de la naves, “BARCO PIRATA A ESTRIBIOR!” Así, comenzó la cacería. Los piratas marroquíes eran implacables. Rosencrantz dijo, “¡Nos alcanzarán! Nuestro navío va muy cargado.” El capitán del mercante danés comprendió que no había escapatoria. Rosencrantz, al ver el peligro en la borda dijo a Hamlet, “¡Vamos a tu camarote, Hamlet!” Hamlet dijo, “¿Y perderme éste espectáculo? Ni loco.” Poco después, se escuchó un grito de Hamlet, gritando, “¡Al abordaje!” Hamlet se lanzó al otro barco, ante la mirada de Guildenstern y Rosencrantz, quien dijo, “¡Está rematadamente loco! Lo matarán.”
     Enseguida el príncipe fue rodeado por varios siniestros individuos. Hamlet dijo, “¡Quiero hablar con el capitán, pronto!” Guildenstern dijo, “Lo han hecho prisionero, ¿Qué hacemos?” Rosencrantz dijo, “No sé. Tendremos que abandonarlo a su suerte. Seguiremos el viaje a Inglaterra para entregar el mensaje que el rey nos confió.”
     Por su parte, Hamlet les dijo a los piratas, “Traigo aquí diez mil coronas. Te las daré si me llevas a la costa de Dinamarca.” El capitán pirata dijo, “Podría matarte y quedarme con ellas.” Hamlet dijo, “Sí…pero perderías la amistad de un futuro rey, soy Hamlet.” El pirata dijo, “Haré cuanto ordenes, señor.”
     Los piratas desistieron del abordaje. Hamlet pensó, “Pronto nos veremos de nuevo, tío Claudio. Te sorprenderá verme en Elsinore…cuando me habías enviado a la muerte.” Ofelia entretanto no pudo soportar la muerte de su padre; había caído en una profundad depresión que la orilló a la locura, diciendo, “♪Muerto está señora y no está aquí…una tosca piedra a sus plantas vi.♫”
     Ofelia vagaba por los corredores y salones de Elsinore, canturreando sin reconocer a nadie, “♪Entró muchacha, que viniendo virgen, volvió desflorada.♫” Su hermano Laertes volvió de Francia inesperadamente, sospechando que el rey era responsable de la muerte de Polonio.
     El rey le dijo, “Tu padre, a quien yo tanto estimaba, fue asesinado.” Laertes dijo, “¡Quiero vengar el crimen!” Claudio dijo, “Nadie se opone. En tu lugar yo pensaría lo mismo, pero tendrías que ir a Inglaterra.” Claudio le contó en detalles la forma en que murió Polonio.
     Laertes dijo, “Entonces Hamlet es mi enemigo mortal.” Un anunciante se presentó en ese momento, diciendo, “Señor…Acaban de traer esta carta para ti. Es del príncipe Hamlet.” Claudio la tomó, diciendo, “¿Una carta?” Claudio leyó la carta en su mente “Rey tío: Debes saber que regréso a Dinamarca. Espero que puedas recibirme mañana para explicarte la causa de mi vuelta. Hamlet.” Entregó la misiva a Laertes, “Lee, mañana estará en Elsinore. Pero no me explico, iba con destino a Inglaterra.” Laertes le dijo, “Bien, que regrese.”
     El rey se sumergió en sus oscuros pensamientos y enseguida dijo, “Creo…que podrás realizar tu venganza de modo que nadie sospeche, algo se me ocurre…un duelo amistoso. Hamlet siente envidia de ti por tu habilidad con el florete. Tendrá que aceptar el reto por amor propio. Tú escogerás un florete con la punta descubierta…y con un pase vengarás a tu padre.” Laertes agregó, “Y haré algo más, pondré veneno en la punta del arma. Con un solo arañazo lo mandaré al otro mundo.” El rey dijo, “¡Buena idea! Pero conviene tener otro plan auxiliar…por si el primero falla. Veamos…en algún momento Hamlet pedirá de beber. Entonces yo le ofreceré una copa con licor envenenado.”
      En aquellos momentos Ofelia se entretenía colgando guirnaldas en las ramas de un sauce. Quiso trepar hasta las ramas más altas, diciendo, “Ay de mi…sobre su sepultura muchas lagrimas llovieron.” Inesperadamente la rama se cortó y Ofelia cayó a las aguas del estanque. No había nadie que pudiese ayudarla. En el agua Ofelia seguía cantando la vieja cancioncilla. “¿♪Nos deja, se va y no ha de volver. No, que el que murió, no vendrá otra vez.♫” Al fin, el peso de sus vestidos la arrastró hacia el fondo de las aguas.
     El cuerpo fue descubierto poco después, por Laertes, quien pensó, “Cuando cesen estas lagrimas, no quedará nada humano dentro de mí.” Al día siguiente Hamlet llegó a Elsinore, cuando sepultaban el cadáver de la infortunada muchacha.
     Los dos sepultureros discutían el aparente suicidio de Ofelia, mientras que cavaban su tumba. Hamlet llegó con Horacio y comenzó a bromear con uno de los enterradores, quien desenterraba el cráneo de Yorick, quien en vida fuera un bufón amigo de infancia de Hamlet. Hamlet, con tristeza recogió el cráneo, y dijo, “Ay, pobre Yorick” contemplando la mortalidad y la maldad humana.
     Claudio, con refinada sutileza logró concertar el duelo esa noche…Hamlet dijo a Horacio yendo hacia el salón, “Vamos a la sala de armas, Horacio.” Ya lo esperaban. Laertes dijo al verlo llegar, “Hamlet, te ofrezco mi mano.” Hamlet dijo, “Sí, he ultrajado tus sentimientos, perdóname.” Hamlet eligió su arma, “Ésta me parece bien. ¿Son todas de la misma medida?” El paje dijo, “Sí.” Enseguida, Claudio dijo, “¡Jueces de campo, os ruego la mayor atención al combate, a fin de señalar errores!” Los duelistas se acomodaron en sus posiciones.
     Hamlet dijo, “¡En guardia!” Laertes dijo, “Espero.” Desde el principio se reveló la extraordinaria habilidad de Laertes. Pero Hamlet lograba parar las diestras estocadas. Minutos más tarde sus cuerpos estaban cubiertos de sudor. Hamlet logró un punto diciendo, “¡Touché!” Laertes dijo, “¡No!” haciéndose para atrás. Entonces Hamlet reclamó su punto, diciendo, “¡Jueces!” Uno de los jueces dijo, “Laertes ha sido tocado, no hay duda.” Pero Laertes dijo, “Sigamos.” Claudio dijo, “¡Alto!¡Llévenle ésta copa a Hamlet!” Pero Hamlet dijo, “¡Beberé después!” Claudio pensó, “¡Maldito seas!”
     Gertrudis fue hasta la mesa para apoderarse de la copa envenenada, y dijo, “¡La reina brinda por tu suerte Hamlet!” Hamlet dijo, haciendo otro punto, “¡Gracias madre!¡Touché!” Claudio al ver que Gertrudis bebía de la copa envenenada dijo ,  “¿Eh?” y pensó, “La copa…no, el licor está…envenenado. ¡Es demasiado tarde!”
     Hamlet notó el desconcierto, y dijo, “¡Vamos Laertes! ¿Qué pasa? Hasta ahora no has atacado a fondo.” En esos momentos Hamlet sintió el agudo pinchazo en el hombro. Laertes dijo, “¡Touché!” Hamlet dijo, “¡Uuf pero…¡La punta de tu espada no tiene protector, canalla!” Laertes dijo, “¡Morirás!” Con un furioso e inesperado ataque, el príncipe hizo saltar el florete de la mano de Laertes. Hamlet lanzó su florete también y tomó al igual que Laertes el florete contrario, diciendo, “Cambiaremos de arma, compañero. Ahí va el mío.” El combate se reanudó. Un juez dijo al otro, “Los dos son magníficos espadachines.” El otro juez dijo, “Pero creí entender que era un combate amistoso.”
     Todo parecía girar ante los ojos de Gertrudis, quien dijo, “¡Que mal me siento!” Claudio gritó, “¡Sepárenlos!” Las piernas de la reina se negaron a seguir sosteniéndola. Alguien gritó, “¡La reina se desmaya!” Mientras tanto Hamlet decía, “¡Vamos ataca!¿Qué es lo que temes?” Mientras tanto, Claudio atendía a Gertrudis, gritando, “¡Sepárenlos, se acaba el duelo!” Enseguida, Claudio le decía a su esposa, “Gertrudis, esposa mía, ¿Qué castigo es este?” Ella dijo convaleciente, “Ese licor…Claudio.” Mientras tanto, Hamlet lograba un tercer punto diciendo, “¡Touché!” Laertes dijo, “¡Aaaah!” Gertrudis dijo, “¡La copa de Hamlet estaba envenenada!”
     Hamlet dijo, “¡Madre!” Hamlet grito a Claudio, “¡Asesino! ¡Cierren todas las puertas! ¡No los dejaré escapar!” Laertes dijo, “¡También tú morirás Hamlet!” Pero inmediatamente comenzó a sentirse débil y dijo, “La espada que te hirió y con la que me heriste, está envenenada…¡Todo fue idea de Claudio!” Claudio dijo, “¡A mí, guardias!” Hamlet se acercó a Claudio armado diciendo, “¡Nada te ayudará, cobarde!” Claudio gritó, “¡Socooorroo!¡Sálvenme!¡Guardias! ¡Aaagh!” Hamlet hundió su acero, diciendo, “¡Esto por mi padre!” Claudio gritó, “¡Guar-dias!¡Aaagh!” Hamlet usó su segunda arma, “¡Esto por mi madre!” Claudio se desplomó.
     Enseguida, Laertes gritó, yaciendo en el suelo,  “¡Hamlet!¡Perdonémonos Hamlet! Que mi muerte y la de mi padre…no recaigan sobre ti…” Hamlet dijo, “Así sea, Laertes.” Enseguida, Hamlet se sentó en el trono, y sintió que la vida se le escapaba, poco a poco, diciendo, “Dinamarca…ya…ya no tiene soberano.” Enseguida, Hamlet preguntó a Horacio, “Ese ruido de armas…” Horacio le dijo, “Fortimbrás el joven ha llegado a Elsinore.” Hamlet dijo, “Lo conozco…es valiente…deseo…como mi última voluntad…¡Que sea coronado rey de Dinamarca!” Enseguida, Hamlet desfalleció, diciendo, “Me muero…Horacio…me muero…” Horacio dijo, “¡Hamlet!”
     A continuación, ingresaba a la sala Fortimbrás, diciendo, “¿Qué ha sucedido aquí?” Horacio le relató cuanto había sucedido, mencionando la última voluntad del príncipe. Fortimbrás dijo, “¡Que cuatro capitanes lo lleven sobre hombros al catafalco! Recibirá todos los honores como noble y guerrero.” Así llegó el fin de aquella dinastía . Hamlet el joven, no llegó a ocupar el trono, pero murió satisfecho, al vengar la muerte de su padre.
Tomado de Joyas de la Literatura, Año V, No. 65, 1 de septiembre de 1987. Adaptación: R. Bastien. Segunda adaptación: José Escobar. Guion: Javier Reynag.