Club de Pensadores Universales

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viernes, 29 de marzo de 2019

Cimbelin de William Shakespeare

     Cimbelín, también conocido como, Cymbeline, Rey de Gran Bretaña, es una obra de William Shakespeare ambientada en la antigua Bretaña (Años 10-14 d.C)  y se basa en leyendas que forman parte de la Leyenda Arturiana, en relación con el rey celta temprano Cunobelino. Aunque figura como una tragedia en el Primer Folio, los críticos modernos a menudo clasifican a Cimbelín como un romance o incluso una comedia. Al igual que, Otelo y, El Cuento de Invierno, Cimbelín se ocupa de los temas de la inocencia y los celos. Si bien la fecha exacta de la composición sigue siendo desconocida, la obra fue con seguridad producida desde 1611.

Personajes

En Gran Bretaña

Cimbelín: Rey de Gran Bretaña.

• Reina: La segunda esposa de Cimbelín.

• Imoga: Hija de Cimbelín y la reina anterior, más tarde disfrazada del paje Fidel.

• Póstumo Leonatus: El marido de Imoga.

• Cloten: Hijo de la reina y su ex marido.

• Belario: Señor desterrado que vive bajo el nombre de Morgan.

• Guiderius: El hijo de Cimbelín, secuestrado en la infancia por Belario y criado como su hijo Polidoro.

• Arvirargus: El hijo de Cimbelín, secuestrado en la infancia por Belario y criado como su hijo Cadval.

• Pisano: Sirviente de Póstumo.

• Cornelio: Médico de la corte.

• Elena: Señora asistiente de Imoga.

• Dos señores que asisten a Cloten.

• Dos caballeros

• Dos Capitanes

• Dos carceleros

En Roma

• Filario: El anfitrión de Póstumo en Roma

• Joaquín: Amigo de Filario.

• Caballero francés.

• Caballero holandés.

• Caballero español.

• Cayo Lucio: Embajador romano y luego general.

• Dos senadores romanos.

• Tribunas romanas

• Capitana romana

• Filarnomo: Adivino

Apariciones

• Júpiter: Rey de los dioses

• Sicilius Leonatus: padre de Póstumo.

• Madre de Póstumo.

• Los dos hermanos de Póstumo.

Sinopsis
     Cimbelín, el rey vasallo de Gran Bretaña del Imperio Romano, tuvo dos hijos, Guiderius y Arvirargus, pero veinte años antes fueron robados por un traidor exiliado llamado Belario. Cimbelín ahora descubre que su única hija se fue. Su hija Imoga, se ha casado en secreto con su amante Póstumo Leonatus, un hombre por lo demás honorable de la corte de Cimbelín. Los enamorados han intercambiado joyas como recuerdos: Imoga se queda con un brazalete y Póstumo con un anillo.
     Cimbelín rechaza el matrimonio y expulsa a Póstumo ya que Imoga, como única hija de  Cimbelín, debe producir un heredero de sangre real para suceder al trono británico. Mientras tanto, la Reina de Cimbelín está conspirando para casar a Cloten, su tonto y arrogante hijo de un matrimonio anterior, con Imoga, para asegurar su línea de sangre.
     La reina también está planeando asesinar tanto a Imoga como a Cimbelín, procurando lo que cree que es un veneno mortal del médico de la corte. El médico, Cornelio, sospecha y cambia el veneno con una poción para dormir inofensiva. La Reina le pasa el “veneno” a Pisano, a Póstumo, y al sirviente amoroso de Imoga, éste último es llevado a creer que es una droga medicinal. Sin posibilidad de poder estar con su desterrado Póstumo, Imoga se recluye en su habitación, lejos de los avances agresivos de Cloten.
     Póstumo ahora debe vivir en Italia, donde se encuentra con Joaquín, o Giacomo, quien desafía al orgulloso Póstumo a una apuesta de que él, Joaquín, puede seducir a Imoga. Póstumo ha elogiado a Imoga por su castidad, pero Joaquín promete presentarle la prueba del adulterio de Imoga. Si Joaquín gana, recibirá la sortija de recuerdo, el anillo de Póstumo. Si Póstumo gana, Joaquín no solo debe pagarle, sino que también debe luchar contra Póstumo en un duelo con espadas.
    Joaquín se dirige a Gran Bretaña, donde intenta agresivamente seducir a la fiel Imoga, quien lo envía el embalaje. Joaquín se esconde en un cofre en la habitación de Imoga y, cuando la princesa se duerme, sale a robar el brazalete de su Póstumo. También toma nota de la habitación y del cuerpo parcialmente desnudo de Imoga, para poder presentar pruebas falsas a Póstumo, de que ha seducido a su novia.
     Al regresar a Italia, Joaquín convence a Póstumo de que ha seducido a Imoga con éxito. En su ira, Póstumo envía dos cartas a Gran Bretaña: una a Imoga, diciéndole que se encuentre con él en Milford Haven, en la costa de Gales; la otra carta es para el criado Pisano, ordenándole que asesine a Imoga en Milford Haven.
     Sin embargo, Pisano se niega a matar a Imoga, y revela la trama de Póstumo. Pisano logra que Imoga se disfrace de hombre y continúe a Milford Haven para buscar empleo. También le da el “veneno” de la reina, creyendo que aliviará su angustia psicológica. Bajo la apariencia de un muchacho, Imoga adopta el nombre “Fidel,” que significa “fiel.”
     De vuelta en la corte de Cimbelín, Cimbelín se niega a pagar su tributo británico al embajador romano Cayo Lucio, y Lucio advierte a Cimbelín sobre la próxima ira del emperador romano, que constituirá en una invasión de Gran Bretaña por parte de las tropas romanas. Mientras tanto, Cloten se entera de la “reunión” entre Imoga y Póstumo en Milford Haven. Vistiéndose él mismo, por envidia, en la ropa de Póstumo, Cloten decide ir a Gales para matar a Póstumo, y luego violar, secuestrar y casarse con Imoga. Imoga ahora ha estado viajando como “Fidel” a través de las montañas galesas, su salud va en decadencia cuando llega a una cueva: la casa de Belario, junto con sus “hijos” Polidoro y Cadval, a quienes crió como grandes cazadores.
     Estos dos jóvenes son, de hecho, los príncipes británicos Guiderio y Arviragus, quienes no conocen su propio origen. Los hombres descubren a “Fidel” y, cautivados instantáneamente por una extraña afinidad con “él,” se convierten en amigos rápidamente. Fuera de la cueva, Guiderio se encuentra con Cloten, quien le lanza insultos, lo que lleva a una lucha de espadas durante la cual, Guiderio decapita a Cloten. Mientras tanto, el estado frágil de Imoga empeora, y ella toma el “veneno” como una medicina esperanzadora; cuando los hombres vuelven a entrar, la encuentran “muerta.”


     Se lamentan y, después de colocar el cuerpo de Cloten junto al de ella, se retiran brevemente para prepararse para el doble entierro. Imoga entonces se despierta para encontrar el cuerpo sin cabeza, y cree que se trata de Póstumo, debido a que el cuerpo lleva la ropa de Póstumo. Los soldados romanos de Lucio acaban de llegar a Gran Bretaña y, a medida que el ejército avanza a través de Gales, Lucio descubre al devastado “Fidel,” quien pretende ser un sirviente leal que está de duelo por su maestro muerto; Lucio, movido por ésta fidelidad, enlista a “Fidel” como un paje.


    La traicionera reina ahora se está consumiendo, debido a la desaparición de su hijo Cloten. Mientras tanto, desesperado en su vida, Póstumo lleno d culpabilidad, se enlista en las fuerzas romanas, cuando comienzan su invasión a la Gran Bretaña. Belario, Guiderius, Arviragus, y Póstumo ayudan a rescatar a Cimbelín del ataque romano; el rey aún no reconoce a estos cuatro, pero se da cuenta de ellos mientras luchan con valentía e incluso capturan a los comandantes romanos, Lucio y Joaquín, ganando así en el día. Póstumo, dejándose capturar, así como “Fidel,” están ambos presos junto a los verdaderos romanos, todos los cuales esperan su ejecución. En la cárcel, Póstumo duerme, mientras los fantasmas de su familia muerta, parecen quejarse a Júpiter de su sombrío destino. El mismo Júpiter aparece entonces en trueno y gloria, para asegurar a los demás que el destino otorgará felicidad a Póstumo y Gran Bretaña.


     Cornelio llega a la corte para anunciar que la reina ha muerto repentinamente, y que en su lecho de muerte confesó implacablemente los planes villanos contra su esposo y su trono. Tanto preocupado como aliviado por esta noticia, Cimbelín se prepara para ejecutar a sus nuevos prisioneros, pero se detiene cuando ve a “Fidel,” a quien encuentra a la vez bello y familiar. “Fidel” notó el anillo de Póstumo en el dedo de Joaquín, y repentinamente exige saber de dónde vino la joya. Joaquín, arrepentido, cuenta su apuesta y cómo no pudo seducir a Imoga, pero engañó a Póstumo para que pensara que lo había hecho.
     Luego, Póstumo se presenta para confirmar la historia de Joaquín, revelando su identidad y reconociendo su error en desear matar a Imoga. Extática, Imoga se lanza a Póstumo, quien todavía la toma por un niño y la derriba. Pisano se apresura a explicar que “Fidel” es Imoga disfrazado de muchacho; Imoga aún sospecha que Pisano conspiró con la reina para darle el veneno. Pisano reclama sinceramente su inocencia, y Cornelio revela cómo el veneno fue una poción no mortal todo el tiempo.
     Insistiendo en que su traición hace años fue una trampa, Belario hace su propia confesión feliz, revelando a Guiderio y Arviragus como los dos hijos perdidos de Cimbelín. Con sus hermanos restaurados a su lugar en la línea de la herencia, Imoga ahora es libre de casarse con Póstumo. Cimbelín, exaltado, perdona a Belario y a los prisioneros romanos, incluidos Lucio y Joaquín. Lucio llama a su adivino a descifrar una profecía de los eventos recientes, que asegura la felicidad para todos. Culpar a su manipuladora Reina por su negativa a pagar antes, Cimbelín ahora acepta rendir homenaje al Emperador Romano como un gesto de paz entre Gran Bretaña y Roma, e invita a todos a una gran fiesta.
Fuentes
     La trama de Cimbelín se basa en un relato de las crónicas de Raphael Holinshed y, en última instancia, es parte de la Leyenda Artúrica, derivada de la parte de la Historia Regum Britanniae, de Geoffrey of Monmouth, sobre el monarca británico de la vida real Cunobelino. Shakespeare, sin embargo, adapta libremente la leyenda, y agrega subtramas completamente originales. La apuesta de Joaquín y el subsiguiente escondite dentro de un cofre para recopilar detalles de la habitación de Imoga, se derivan de la historia II.9 del Decameron de Giovanni Boccaccio.

Fecha y Texto
La primera producción registrada de Cimbelín, como lo señaló Simon Forman, fue en abril de 1611. Se publicó por primera vez en el Primer Folio en 1623. Cuando Cimbelín fue realmente escrito, no se puede fechar con precisión.
    La edición de Yale sugiere que un colaborador participó en la autoría, y algunas escenas, por ejemplo, la escena 7 del acto III y la escena 2 del acto V, pueden sorprender al lector como particularmente, no-shakesperianas, cuando se compára con otras. La obra comparte notables similitudes en el lenguaje, la situación, y la trama con la tragicomedia de Beaumont y Fletcher, Philatster or Love Lies a-Bleeding (c.1609–10).
     Ambas obras de teatro se ocupan de una princesa que, después de desobedecer a su padre, casándose con un amante humilde, se le acusa injustamente de infidelidad y, por lo tanto, ordenan asesinarla, antes de escapar y comprobar su fidelidad. Además, ambas obras de teatro, fueron escritas para la misma compañía de teatro y audiencia. Algunos eruditos creen que esto admite una fecha de aproximadamente 1609, aunque no está claro qué obra de teatro precedió a la otra.
     Los editores de Oxford y Norton Shakespeare creen que el nombre de Imoga es un error de imprenta para Innoga: trazan varias comparaciones entre, Cimbelín y, Mucho Ruido y Pocas Nueces, en las primeras ediciones de las cuales se suponía que un personaje fantasma llamado Innogen, era la esposa de Leonato, siendo Póstumo también conocido como “Leonatus,” la forma latina del nombre italiano en la otra obra. Stanley Wells y Michael Dobson señalan que las Cronicas de Holinshed, que Shakespeare usó como fuente, mencionan a una Innoga, y que el testimonio de los testigos presenciales de la actuación de abril de 1611 se refiere a “Innoga” en todo momento.
    A pesar de estos argumentos, la mayoría de las ediciones de la obra han continuado usando el nombre Imoga, y se ha sugerido que “Imoga” podría tener la intención de evocar la figura de “Innoga,” pero que el ligero cambio de nombre es deliberado, ya que hay otros personajes en la obra cuyos nombres parecen ser variantes leves de personajes históricos o pseudohistóricos.  Sin embargo, la interpretación de la profecía al final parece apoyar un nombre basado en “m,” en lugar de uno basado en “nn.”
    No se sabe si se usó Milford Haven durante el período de la historia, que se ubica a principios del siglo I d. C. en el que se colocó Cimbelín, y no se sabe por qué Shakespeare lo usó en la obra. Robert Nye notó que Milford Heaven era el puerto marítimo más cercano a la ciudad natal de Shakespeare, Stratford-upon-Avon: “Pero si marchas hacia el oeste desde Stratford, sin mirar a la izquierda o a la derecha, con la idea de escapar al mar con tu joven cabeza, entonces Milford Haven es el puerto al que llegaras,” una caminata de aproximadamente 165 millas o, 266 km, aproximadamente seis días de viaje, que el joven Shakespeare bien podría haber tomado, o al menos soñado con tomar. Marisa R. Cull señala su posible simbolismo como el lugar de aterrizaje de Henry Tudor, cuando invadió Inglaterra a través de Milford el 7 de agosto de 1485 en camino de deponer a Ricardo III, y de establecer la dinastía Tudor. También puede reflejar la ansiedad inglesa sobre la lealtad de los galeses, y la posibilidad de futuras invasiones en Milford.
Reputación
     Aunque una vez se tuvo en gran estima, Cimbelín perdió el favor de los críticos en el siglo XVIII. Los comentarios más famosos fueron hechos por Samuel Johnson:
"Esta obra tiene muchos sentimientos justos, algunos diálogos naturales y algunas escenas agradables, pero se obtienen a expensas de mucha incongruencia. Para remarcar la locura de la ficción, lo absurdo de la conducta, la confusión de los nombres, y los modales de los diferentes tiempos, y la imposibilidad de los acontecimientos en cualquier sistema de la vida, fue perder la crítica sobre la imbecilidad sin resistencia, ante faltas demasiado evidentes para su detección, y demasiado groseras para la agravarse."
     A Lytton Strachey famosamente la encontró, “difícil resistirse a la conclusión de que él [Shakespeare] se estaba aburriendo. Aburrido de personas, aburrido de la vida real, aburrido del drama, aburrido, de hecho de todo, menos de la poesía y los sueños poéticos.”  Harley Granville-Barker tuvo puntos de vista similares, diciendo que la obra muestra que Shakespeare se estaba convirtiendo en un, “artista cansado.”
   William Hazlitt y John Keats, sin embargo, la contaron entre sus obras favoritas.
     Algunos han tomado la trama complicada como evidencia de que la obra parodía deliberadamente su propio contenido. Harold Bloom dijo que “Cimbelín, en mi opinión, es en parte una auto parodia de Shakespeare; muchas de sus obras y personajes anteriores se burlan en ella.” En el Acto V, Escena IV, “Júpiter desciende en truenos y relámpagos, sentado sobre una águila: lanza un rayo.”
     Después de afirmar que las fortunas de Póstumo mejorarán, Júpiter regresa al cielo en su águila. En una escena, un personaje parece decir que un punto de la trama es estar, “riéndose de.” Cuando se explica cómo fueron secuestrados los hijos del rey, un personaje menor agrega: “la negligencia bien puede ser objeto de risa. Sin embargo, es cierto, señor.”

Historial de las Presentaciones
     Después de la actuación mencionada por Forman, la obra fue revivida en la corte para Charles I y Henrietta Maria en 1634. En la era de la Restauración, Thomas D'Urfey realizó una adaptación de Cimbelín, titulada, La Princesa Herida, o La Apuesta Fatal. John Rich organizó la obra con su compañía en el parque de Londres, Lincoln's Inn Fields; la actuación no fue recordada por mucho tiempo, ya que la compañía de Rich fue menos famosa por su trabajo con Shakespeare que por sus pantomimas y espectáculos.
     Theophilus Cibber revivió el texto de Shakespeare en 1758. En noviembre de 1761, David Garrick volvió a un texto más o menos original, con buen éxito: Póstumo se convirtió en uno de sus papeles estrella. Garrick reorganizó algunas escenas; en particular, acortó la escena del entierro de Imoga y todo el quinto acto, omitiendo el sueño de Póstumo. La producción fue altamente elogiada.
     La obra entró en la era romántica con la compañía de John Philip Kemble en 1801.  Las producciones de Kemble hicieron uso de espléndidos espectáculos y paisajes; un crítico señaló que durante la escena del dormitorio, la cama era tan grande que Joaquín casi necesitaba una escalera para ver a Imoga en su sueño. Kemble agregó un baile al cómico cortejo de Cloten de Imoga. En 1827, su hermano Charles montó una producción de anticuarios en Covent Garden; presentaba trajes diseñados después de las descripciones de los antiguos británicos por escritores como Julio César y Diodoro Sículo.
     William Charles Macready montó la obra varias veces entre 1837 y 1842. En el Theatre Royal, Marylebone, al oeste de Londres, se realizó una producción de, “papel con calzones” con actrices femeninas, con papeles masculinos, con Mary Warner, Fanny Vining, Anna Cora Mowatt y Edward Loomis Davenport.
En 1864, como parte de las celebraciones del nacimiento de Shakespeare, Samuel Phelps interpretó el papel principal en el, Theatre Royal,  en Drury Lane. Helena Faucit volvió al escenario para ésta actuación.
     La obra fue también una de las últimas actuaciones de Ellen Terry con Henry Irving en el Lyceum en 1896. La actuación de Terry fue ampliamente elogiada, aunque Irving fue juzgado como un Joaquín indiferente. Como Garrick, Irving eliminó el sueño de Póstumo; también recortó el remordimiento de Joaquín e intentó que el carácter de Cloten fuera consistente. Una reseña en la publicación, Athenaeum comparó ésta versión recortada con comedias pastorales como, “Como Gusteis.” El diseño del escenario, supervisado por Lawrence Alma-Tadema, fue espléndido, y se anunció como históricamente exacto, aunque el crítico, por el momento, se quejó de anacronismos como coronas de oro y libros impresos como accesorios.
     De manera similar, lujosa pero menos exitosa fue la producción de Margaret Mather en Nueva York en 1897. Los escenarios y la publicidad costaron $ 40,000, pero Mather fue juzgada demasiado emocional e indisciplinada para tener éxito en un papel bastante cerebral.
     Barry Jackson organizó una producción de vestimenta moderna para el, Birmingham Repertory Theater, en 1923, dos años antes de su influyente, Hamlet de vestimenta moderna. Walter Nugent Monck llevó su producción del Teatro Maddermarket, a Stratford en 1946, inaugurando la tradición de posguerra de la obra.
Londres vio dos producciones en la temporada de 1956. Michael Benthall dirigió la producción menos exitosa, en The Old Vic.
     El diseño del escenario por Audrey Cruddas, fue notablemente mínimo, con solo unos pocos accesorios esenciales. Ella confió en cambio en una variedad de efectos de iluminación para reforzar el estado de ánimo; Los actores parecían salir de la oscuridad y volver a la oscuridad. Barbara Jefford fue criticada por ser demasiado fría y formal para Imoga; Leon Gluckman interpretó a Póstumo, Derek Godfrey fue Joaquín, y Derek Francis, Cimbelín. Siguiendo la práctica victoriana, Benthall acortó drásticamente el último acto.
     En contraste, la producción de Peter Hall en el Shakespeare Memorial presentó casi la totalidad de la obra, incluida la escena del sueño largamente descuidada, aunque un águila real diseñada para Júpiter resultó demasiado pesada para la maquinaria del escenario y no se usó. Hall presentó la obra como un cuento de hadas distante, con actuaciones estilizadas. La producción recibió críticas favorables, tanto para la concepción de Hall como, especialmente, para la Imoga de Peggy Ashcroft. Richard Johnson interpretó a Póstumo, y Robert Harris Cimbelín. Joaquín fue interpretado por Geoffrey Keen, cuyo padre Malcolm había interpretado Joaquín con Ashcroft en el Old Vic en 1932.
El enfoque de Hall intentó unificar la diversidad de la obra mediante un topos de cuento de hadas.
     La siguiente gran producción de la Royal Shakespeare Company, en 1962, fue en la dirección opuesta. Trabajando en un conjunto cubierto con pesadas sábanas blancas, el director William Gaskill empleó los efectos de alienación brechtianos para realizar reséñas críticas. Bernard Levin se quejó de que el escenario desnudo privó a la obra del esplendor escénico necesario. La actuación, sin embargo, fue ampliamente elogiada. Vanessa Redgrave como Imoga a menudo se comparaba favorablemente con Ashcroft; Eric Porter fue un éxito como Joaquín, al igual que Clive Swift como Cloten. Patrick Allen era Póstumo, y Tom Fleming interpretó el papel principal.
     Una década más tarde, la producción de 1974 de John Barton para la Royal Shakespeare Company,  con la ayuda de Clifford Williams, presentó a Sebastian Shaw en el papel principal, Tim Pigott-Smith como Póstumo, Ian Richardson como Joaquín, y Susan Fleetwood como Imoga. Charles Keating era Cloten. Al igual que con las producciones contemporáneas de Pericles, ésta usó un narrador (Cornelius) para señalar los cambios en el estado de ánimo, y el tráto al público. A Robert Speaight no le gustó el diseño del escenario, al que calificó de mínimo, pero aprobó la actuación.
     En 1980, David Jones revivió la obra para la Royal Shakespeare Company; La producción fue en general una decepción, aunque Judi Dench como Imoga recibió reseñas que rivalizaban con las de Ashcroft. Ben Kingsley interpretó a Joaquín; Roger Rees fue Póstumo. En 1987, Bill Alexander dirigió la obra en el, The Other Place, luego se transfirió al Pit, en el Barbican Center de Londres, con Harriet Walter interpretando a Imoga, David Bradley como Cimbelín, y Nicholas Farrell como Póstumo.
     En el Festival de Stratford, la obra fue dirigida en 1970 por Jean Gascon, y en 1987 por Robin Phillips. La última producción, que estuvo marcada por una complejidad escénica muy aprobada, presentó a Colm Feore como Joaquín, y Martha Burns como Imoga. La obra fue nuevamente presentada en Stratford en 2005, dirigida por David Latham. Un gran tapiz medieval unificó el diseño escénico bastante simple, y subrayó la dirección inspirada en el cuento de hadas de Latham.
     En el nuevo Globe Theatre en 2001, un elenco de seis, incluyendo a Abigail Thaw, Mark Rylance y Richard Hope, usaron una extensa duplicación para la obra. El elenco llevaba disfraces idénticos incluso cuando estaba disfrazado, lo que permitía efectos cómicos particulares relacionados con la duplicación, como cuando Cloten intenta disfrazarse a sí mismo como Póstumo.
      Ha habido algunas importantes producciones teatrales bien recibidas, incluida la producción del 1998, en el, Public Theatre, en la ciudad de Nueva York, dirigida por Andrei Șerban. Cimbelín, también se presentó en el Cambridge Arts Theatre, en octubre de 2007, en una producción dirigida por Sir Trevor Nunn, quien buscó volver a capturar la esencia de la obra como narrativa de una historia, y en noviembre de 2007 en el Teatro Shakespeare de Chicago. La obra se incluyó en la temporada del repertorio de 2013, del Festival de Shakespeare de Oregón.
     En 2004 y 2014, la Hudson Shakespeare Company de Nueva Jersey, produjo dos versiones distintas de la obra. La producción de 2004, dirigida por Jon Ciccarelli, abarcó el aspecto del cuento de hadas / Disney de la historia, y produjo una versión colorida con madrastras malvadas, princesas enérgicas, y un Joaquín campirano.
     La versión de 2014, dirigida por Rachel Alt, fue en una dirección completamente opuesta, y colocó la acción en un rancho, en el viejo oeste estadounidense. La reina era una belleza sureña, casada con un ranchero, con Imoga, como una chica de la alta sociedad, enamorada del vaquero Póstumo.
     En una producción de 2007 de la compañía de teatro, Cheek by Jowl, Tom Hiddleston se duplicó como Póstumo y Cloten.
     En 2011, la Shakespeare Theatre Company de Washington, DC, presentó una versión de la obra que enfatizaba sus elementos de fábula y folklore, ambientada como una historia dentro de un cuento, como contada a un niño.
     En 2012, Antoni Cimolino dirigió una producción en el Festival de Stratford que se dirigió a los elementos de cuento de hadas del texto.
      En 2013, Samir Bhamra dirigió la obra para Phizzical Productions con seis actores que interpretan varias partes, en una gira nacional por el Reino Unido. El reparto incluyó a Sophie Khan Levy, como Innojaan, Adam Youssefbeygi, Tony Hasnath, Liz Jadav y Robby Khela. La producción se desarrolló en los zocos, o bazares de Dubai, y en la industria cinematográfica de Bollywood, durante los disturbios comunales de la década de 1990, y fue aclamada por parte de reseñistas  y académicos por igual.
     En 2016, Melly Still dirigió Cimbelín, en la Royal Shakespeare Company. Ésta versión de la obra se realizó en el Royal Shakespeare Theatre antes de mudarse al centro de las artes,Barbican, a finales de 2016. La actuación incluyó a Bethan Cullinane como Innoga y Gillian Bevan como Cimbelín.
     Adaptaciónes
     La obra fue adaptada por Thomas d'Urfey como, La Princesa Herida, o La Apuesta Fatal; ésta versión fue producida en elTheatre Royal, en Drury Lane, presumiblemente por la United King's Company y la Duke's Company, en 1682. La obra cambia algunos nombres y detalles, y agrega una trama secundaria, típica de la Restauración, en la que una virtuosa mujer que escapa, se escapa de las trampas colocadas por Cloten.
     D'Urfey también cambia el carácter de Pisano, para que inmediatamente crea en la culpa de Imoga, Eugenia, en la obra de D'Urfey. Por su parte,  el Póstumo de D'Urfey, está dispuesto a aceptar que su esposa podría haber sido falsa, ya que es joven y hermosa.  Algunos detalles de ésta alteración sobrevivieron en las producciones, al menos hasta mediados de siglo.
     William Hawkins revisó la obra nuevamente en 1759. Fue una de las últimas revisiones profundas, diseñadas para alinear la obra con las unidades clásicas. Hawkins eliminó a la reina, redujo la acción a dos lugares la corte y un bosque en Gales. El canto fúnebre, “Con las flores más bellas ...” fue creado con música de Thomas Arne.
     Más cerca del final del siglo, Henry Brooke escribió una adaptación que aparentemente nunca fue puesta en escena. Su versión elimina a los hermanos por completo, como parte de una notable mejora del papel de Póstumo en la obra.
     George Bernard Shaw, quien criticó la obra tal vez más severamente que cualquiera de las otras obras de Shakespeare, apuntó a lo que vio como los defectos del acto final, en su Cymbeline Refinished de 1937; ya en 1896, Shaw se había quejado de los absurdos de la obra con Ellen Terry, entonces preparándose para actuar como Imoga. Shaw lo llamó, “basura escalonada del orden melodramático más bajo.”
     Más tarde cambió de opinión y dijo que era, “una de las mejores obras posteriores de Shakespeare,” pero se mantuvo convencido de que, “se hace pedazos en el acto final.” En consecuencia, en Cymbeline Refinished, Shaw reescribió el último acto, recortando muchas de las numerosas revelaciones y exposiciones, al mismo tiempo que convirtió a Imoga en una figura mucho más asertiva en línea con sus puntos de vista feministas. 
Adaptaciones a la Pantalla
     Elijah Moshinsky dirigió la adaptación de Shakespeare de la BBC Television en 1983, ignorando el antiguo período británico y favoreciendo una atmósfera más atemporal y cargada de nieve inspirada por Rembrandt y sus pintores contemporáneos holandeses. Richard Johnson, Claire Bloom, Helen Mirren y Robert Lindsay interpretan a Cimbelín, su reina, Imoga y Joaquín, respectivamente, con Michael Pennington como Póstumo.
     En 2013, Ethan Hawke y el director Michael Almereyda, quienes anteriormente colaboraron en la película de 2000, Hamlet, se unieron para la película, Cimbeíin, en la que Hawke interpreta a Joaquím. La película se desarrolla en el contexto de la guerra de pandillas urbana. Ed Harris asume el papel principal. Penn Badgley interpreta al huérfano Póstumo; Milla Jovovich interpreta el papel de la Reina; Anton Yelchin es Cloten; y Dakota Johnson desempeña el papel de Imoga.
     Existe una adaptación operística del compositor estadounidense Christopher Berg. Las escenas se realizaron en 2009.
Referencias Culturales
     La “Canción” del Acto II, Escena 3 (Hark, hark! The lark) fue puesta en música por Franz Schubert en 1826.
     Quizás los versos más famosos de la obra provienen de la canción funeraria del acto IV, escena 2, que comienza:
No temas más al calor del sol,
Ni las furiosas furias del invierno;
Aunque tu tarea mundana has hecho,
Tu hogar se ha ido, y ha pagado tu salario:
Muchachos y muchachas de oro todos deben,

Como deshollinadores, venir al polvo.

     Las dos primeras líneas son citadas por Virginia Woolf en, Mrs. Dalloway, por los dos personajes principales Clarissa y Septimus Smith. Las líneas, que convierten los pensamientos de la Sra. Dalloway en el trauma de la Primera Guerra Mundial, son al mismo tiempo un ataque elegíaco, y una declaración de resistencia profundamente digna. La canción proporciona un motivo organizativo importante para la novela. El pareado final también aparece en la novela de Anton Myrer, The Last Convertible.

     Las dos últimas líneas parecen haber inspirado a T. S. Eliot en “Lines to a Yorkshire Terrier” (en ejercicios de cinco dedos). El escribe:

Pollicles perros y gatos todos deben

Jellicle gatos y perros todos deben

Como los enterradores, venir al polvo.



     La canción se musicalizó por Roger Quilter como, “No temas Mas al Calor o al Sol,” No. 1 de Five Shakespeare Songs, op. 23 (1921). También se estableció por Gerald Finzi, como parte de su ciclo de canciones sobre textos de Shakespeare, Let Us Garlands Bring (1942).

     Al final del musical, The Frogs, de Stephen Sondheim, William Shakespeare compite contra George Bernard Shaw por el título de mejor dramaturgo, y decide cuál de ellos volverá de la muerte para mejorar el mundo. Shakespeare canta la canción funeraria del acto IV, escena 2, cuando se le pregunta sobre su visión de la muerte. La canción se titula “Fear No More.”

     “No temas más el calor del sol,” es la frase que Winnie y su esposo están tratando de recordar, en la obra de teatro en dos actos, Días Felices de Samuel Beckett, mientras se sientan expuestos a los elementos. (Wikipedia en Ingles).

Cimbelin
de William Shakespeare
     De William Shakespeare, genio indisputable de la literatura universal, les presentamos ya una de sus más destacadas comedias. Sin embargo, en esta siguiente historia, el sentido de justicia y amor a la patria, son los principales protagonistas. Conozcan al valiente y arrojado Rey de Bretaña.
     Durante siglos, los romanos se convirtieron en señores de muchos pueblos, a los que sometieron con el poder de sus armas. No había limites para las fronteras de imperio, y las guerras, se sucedían unas tras otras. Había largos asedios a los pueblos rebeldes. Pero en el año 600 d. C., existió un monarca que se negaba a quedar bajo el yugo romano: El Rey Cimbelín. A pesar de estar su ejército menos preparado, Cimbelín enfrenó al enemigo con valentía y decisión.
     Al terminar la batalla, el ejercito de Bretaña había sido diezmado, sin embargo, los romanos habían sido derrotados. Godo, uno de los generales, había dado una gran pelea en la batalla, pero yacía en su cama convaleciente frente al rey Cimbelin. Entonces Godo dijo, “Majestad, estoy herido de muerte…laménto dejarlo…y no poder conocer el hijo que espera mi adorada Rosamunda.”
     Cimbelín le dijo, “Mi buen Godo, has sido el mejor y más fiel de mis guerreros. Te prometo ocuparme de tu hijo.” Cuando el rey regresó a su castillo, dijo a su esposa, “Godo dio la vida por mí. Prometí velar por su esposa y por su hijo.” Su esposa le dijo, “El niño nació hace un mes. Rosamunda murió al darlo a luz. La extráño mucho. Era una de mis damas más queridas.” El rey dijo, “¡Pobre huérfano! Se llamará Póstumo, por haber nacido después de a muerte de su padre.”
    El pequeño Póstumo se quedó en la corte. En los años siguientes, la reina tuvo dos hermosos hijos, y una niña. Mientras observaba cómo jugaban sus hijos con Póstumo, la reina dijo al rey, “Qué bien se lleva Póstumo con nuestros hijos, los cuida y quiere como si fueran sus hermanos.” El rey dijo, “Cuando sea mayor, lo destinare como paladín de nuestra pequeña Imoga.” Parecía que una era de paz y felicidad había llegado al reino, pero…un día , la reina le dijo al rey, “Últimamente te veo preocupado. ¿Acaso nuevamente nos amenazan los enemigos?”
    El rey le dijo, “Temo que así es. Si entramos otra vez en guerra, será culpa de Belario. Me ha traicionado.” La reina dijo, “¡Eso no es posible! Si hay alguien leal, en ésta corte es él.” El rey le dijo, “También yo lo creía así. Nunca imaginé que a quien le he dado tierras y honores, fuera a aliarse con el enemigo.” Celia la reina le dijo, “¿Cómo lo sabes? Quizá alguien lo inventó para perder a Belario.” El rey dijo, “Quien me lo dijo, me dio pruebas, pero he mandado llamar a Belario y veré qué dice en su defensa.”
     Entre tano, dos hombres platicaban. Uno de ellos dijo al otro, “Nuestro plan está tan bien urdido, que Belario no tendrá forma de demostrar que no es culpable. Todo lo acusa.” El otro hombre dijo, “Por fin nos desharemos de él. Usted se quedará con sus tierras, y yo con la mujer con la que piensa casarse.” El primer hombre dijo, “Siempre lo he odiado, pero más aún cuando Segismunda lo perfirió para esposo. Ahora su padre no permitirá la boda.” El otro hombre dijo, “Por supuesto que no. Quedará deshonrado. Tendrá suerte si el rey no lo manda ahorcar.”
     Días después, Belario se presentó ante el rey, y haciendo una reverencia dijo, “Majestad, vine tan rápido como me fue posible, dispuesto a servirle en lo que sea necesario.” El rey le dijo, “Belario, te he dado mi afecto, te he llenado de honores y otorgado bienes, y tú me has traicionado.” Belario le dijo, “¡Mi señor, yo jamás le he faltado!¿De qué se me acusa?” El rey le dijo, “¿Puedes negar que te reuniste con los galos sin comunicármelo?” Belario le dijo, “Majestad, fue cuando nació la princesa Imoga. Yo no quise preocuparle durante los festejos…”
     El rey le dijo, “¡Entonces es verdad! Has estado tramando unirte a ellos, para tomar el trono en mi lugar.” Belario le dijo, “Mi rey, mi amado señor, jamás lo traicionaría. Le explicaré las razones que tuve para…” El rey lo interrumpió, y le dijo, “¡Ya he escuchado bastante! Quedas desterrado de la corte, y si te atreves a regresar te enviaré a la horca.”
     Al salir del castillo, a humillación y tristeza de Belario, se convirtieron en furia. Belario pensó, “El rey ha cometido una gran injusticia conmigo. Me quita mis posiciones y la felicidad. Pierdo mi honor y con ello a Segismunda.” Belario continuó con sus pensamientos, “Fui a parlamentar con los galos, para evitar la guerra, pero no me dejó explicarle. ¡Me vengaré!¡El rey sufrirá como yo sufro!”
     Pasaron algunos días y una mañana, uno de los sirvientes del castillo, dijo a otro de los sirvientes, “¡Los príncipes!¡Los príncipes han desaparecido!” El otro sirviente le dijo, “¿Qué dices?” El primer sirviente dijo, “¡Que los han raptado! Al áma encontró sus camitas vacías.” El otro sirviente dijo, “¡Dios nos proteja!¿Quién pudo llevárselos?” Los niños fueron buscados por todas partes.
    Toda pesquisa fue en vano. Uno de los siervos del rey le dijo, “Majestad, es como si se los hubiera tragado la tierra. Nadie en todo el reino los ha visto.” El rey dijo, “Dios me da el mayor dolor que puede sufrir un hombre. Mis pequeños hijos tan indefensos. ¿Qué será de ellos?”
    La tragedia fue un golpe tal para la reina, que no pudo soportarlo, y cayó en cama, muriendo. En su lecho de muerte, el rey le dijo, “Mi amada Celia, tú también me has dejado. ¡Tú, mi compañera y consejera!¿Cómo podre seguir sin ti?”
     Cinco años después, uno de los consejeros del rey dialogaba con su majestad, diciendo, “Majestad, por el bien del reino, debe usted volver a casarse.” Otro de sus consejeros le dijo, “Comprendemos que la reina Celia es irremplazable, pero es necesario pensar en Bretaña.” El primer consejero agregó, “Desgraciadamente los príncipes desparecieron, por lo tanto solo la princesa Imoga puede ocupar el trono a su muerte.” El otro consejero le dijo, “Si a ella le sucediera algo, no habría quien heredara la corona.” El rey dijo, “Tienen razón. He sido un egoísta al encerrarme en mi dolor y no pensar que mi primera obligación es para con mis súbditos.”
     El rey continuó, “Eligiré una esposa entre las damas de la corte.” Uno de los consejeros dijo, “Creemos que la más apropiada es Elinor de Brent, una dama llena de virtudes, admiración de cuantos la conocen.” El otro consejero dijo, “Su esposo murió en la guerra. Tiene un hijo de 7 años, dos más que la princesita.” El rey les dijo, “Me casaré con ella. Si ya tiene un hijo, sabrá ser una buena madre para Imoga.”
    Ese mismo día, se dio a conocer la noticia en la corte, y Elinor dijo a su dama asistente, “¡Juana, seré Reina, Reina de Bretaña! Todos me harán reverencia, y me vengaré de los que me han tratado con desconsideración!” Juana le dijo, “Siempre dije, mi señora, que llegaría a ocupar un lugar muy alto. No hay otra más inteligente y hermosa que usted.” Elinor dijo, “¡Mi hijo querido Cloten, será rey en el futuro! Él llevará la corona. Yo me encargaré de que así sea.” Juana le dijo, “No hay nada que usted desee, que no se cumpla, porque tiene le fuerza para conseguirlo.”
     Una vez efectuada la boda, Elinor no tardó en conseguir que el rey confiara ciegamente en ella. Un día, Elinor le dijo al rey, “Estoy triste y preocupada. Imoga es una niña díscola, quisiera verla tan sumisa y obediente como mi hijo.” El rey le dijo, “Guíala Elinor. Tú eres ahora su madre, sé que puedo confiar en ti.”
     Así, engañando al rey, Elinor se comportaba cruel con la delicada Imoga, diciéndole, “¡Niña mala!¡Te irás al infierno junto con los demonios!” Imoga le decía, “¡No, no, por favor! Tengo miedo…no quiero ir al infierno…” Elinor le dijo, “Entonces no molestes a Cloten. No digas que él te ha golpeado.” Imoga le dijo, enfurecida, “¡Lo hizo! Siempre me maltrata.” Elinor dijo, “¡Mientes!¡Vete de aquí! No quiero ver tu horrible cara, pareces un demonio.”
     Imoga solo tenía un amigo a quien confiar su sufrimiento: Póstumo. Un día, Póstumo le dijo, “¿Qué te sucede?¿Por qué lloras?” Imoga le dijo, “Póstumo, ¿Soy tan fea y tan mala? Mi madrastra siempre me lo dice y asegura que iré al infierno.” Póstumo le dijo, “No le creas. Tu eres la más hermosa niña de todo el reino. Pareces un ángel y los ángeles van al cielo.” Imoga le dijo, “Eres muy bueno conmigo. Te quiero mucho. Siempre estarás cerca de mí, ¿verdad?” Póstumo le dijo, “Siempre te cuidaré y protegeré. Nada debes temer mientras yo esté a tu lado. ¿Ya no estás triste, verdad?” Imoga le dijo, “No, ya no. ¿Me cuentas sobre los gnomos del bosque?”
     Así transcurrieron 14 años, y los niños se transformaron en jóvenes. Un día, una de la asistentes religiosas de la reina le dijo, “Mi señora nuevamente su hijo estuvo en una orgia de la que se habla en la corte.” Elinor dijo, “¡Cloten me va a matar a disgustos! Le he pedido que guarde las apariencias, o mis planes fracasarán.” Elinor agregó, “Si Cloten continúa comportándose de esa forma, Cimbelín no permitirá que se case con Imoga.” La mujer le dijo, “¿La princesa estará de acuerdo en casarse con él?” Elinor le dijo, “Ella tendrá que hacer lo que se le ordéne. ¡No voy a esperar más! Empezaré a convencer a Cimbelín.”
     Entre tanto, ajenos a las maquinaciones de Elinor, Póstumo e Imoga dialogaban en el jardín. Póstumo dijo, “Mi adorada Imoga, siento que cada día te ámo mas. Te empecé a querer el día que naciste.” Imoga le dijo, “Yo también te quiero con toda mi alma, Póstumo, más que a mi propia vida.” Póstumo le dijo, “Lo que más deseo es que seas mi esposa, pero tengo miedo que el rey se oponga, tu heredarás la corona y yo…” Imoga le dijo, “Eres el más digno de ser mi esposo. Me casaré contigo o con nadie.” Póstumo le dijo, “Si me atreviera a hablar con el rey, pedirle que acepte nuestra unión, pero temo que se enfurezca ante mi osadía.” Imoga dijo, “Yo lo haré. Invocaré el nombre de mi madre, y le rogaré que permita que seamos felices. Hoy mismo hablaré con él.”
     Imoga, decidida a luchar por su felicidad, fue en busca del rey. Cuando iba llegando a su alcoba, Imoga pensó, “Elinor está con mi padre, ¿De qué hablarán?” Imoga escuchó la voz de Elinor que dijo, “Tus obligaciones no te permiten darte cuenta, pero ya tiene edad para casarse.” Elinor continuó, “He sido una verdadera madre para ella. Le buscaré el marido adecuado.” Cimbelín le dijo, “Elinor, jamás podre agradecerte el cuidado y cariño que das a mi hija. Siempre preocupándote por ella.” Elinor le dijo, “Solo quiero su felicidad. Creo saber cuál es la persona que le conviene y le ayudará a reinar en el futuro.” Cimbelín le dijo, “Confío en tu buen juicio, Elinor. Imoga se casará con quien tu decidas.”
     Tras escuchar todo, Imoga pensó, “Mi madrastra jamás ha estimado a Póstumo. No permitirá que sea mi esposo. Tengo que hacer algo para evitar que no separen.” Desesperadamente Imoga fue en busca de su amado, y lo enteró de lo que había escuchado. Póstumo le dijo, “¿Y si le dijeras al rey la verdad sobre tu madrastra?” Imoga le dijo, “No, ya es tarde para eso. Nunca quise que lo supiera, para no darle ese dolor. Ahora ya no me creería.” Imoga continuó, “Pensará que lo que digo, es para no casarme con quien diga mi madrastra.” Póstumo le dijo, “Entonces tendré que perderte. ¿Obedecerás a esa malvada?” Imoga le dijo, “No, no lo haré. Póstumo, nos casaremos en secreto, así nadie podrá separarnos.” Póstumo le dijo, “Imoga, eso nos puede significar un duro castigo del rey, pero prefiero sufrir los necesario antes que perderte.”
    Al día siguiente, casi al amanecer Póstumo e Imoga se unieron en matrimonio. Sin embargo, uno de los sirvientes del rey alcanzo a ver a los desposados cuando salían de la ermita del bosque. Escondido entre los arbustos, el sirviente pensó, “¿Qué andarán haciendo tan temprano por aquí, la princesa y Póstumo? Voy a vigilarlos, quizá descubra algo interesante.” El sirviente escuchó a Póstumo decir, “¡Mi esposa adorada, mía para siempre!” Enseguida, Imoga le dijo, “Ya nadie podrá separarnos. Nuestra unión será eterna.”
     Después de escucharlos, el sirviente pensó, “¡Se casaron!¡La princesa y Póstumo se casaron!¡Ésta noticia vale oro!” Sin perder un segundo, el paje corrió al castillo, y se presentó con Elinor, diciendo, “Majestad, acábo de descubrir algo que aún no puedo creer. La princesa Imoga y Póstumo se casaron en la ermita del bosque.” Elinor le dijo, “¿Qué dices? Explícate o te haré azotar.” El sirviente que esperaba una recompensa y no azotes, se apresuró a contar lo que había visto y oído.
     Enseguida, Elinor dijo, “¡Se han burlado de mi!¡Todos mis planes se destruyen!¡Imoga, esa hipócrita!¡Me las pagará!¡Haré que el rey jamás la perdóne!”
Llena de cólera, Elinor buscó a Cimbelín, y le relató los sucedido. Cimbelín dijo, “¡No puede ser!¡No puede haberse casado sin mi consentimiento!” Elinor dijo, “Ella es la culpable, pero Póstumo lo es más. Ambos merecen ser castigados.” Cimbelín dijo, “He querido a Póstumo como a un hijo, y él así me paga…Imoga, mi hija, capaz de una falta tan grande…” Elinor le dijo, “Póstumo debe morir, la horca es lo que merece. Ordena que lo arresten y lo cuelguen.”
     Cimbelín le dijo, “No, no puedo hacer que lo maten. Su padre dio su vida por mí, y prometí velar por su hijo.” Elinor dijo, “¿Entonces no lo castigarás?¿Dejaras que ese vasallo sea el esposo de la futura reina de Bretaña?” Cimbelín dijo en un tono que no dejaba dudas, “No le quitaré la vida, pero le daré otro castigo. ¡Que vengan Imoga y Póstumo! Quiero verlos ahora mismo.”
     Momentos después, ambos se presentaban ante Cimbelín, quien dijo, “Imoga, nunca imaginé que tú te comportarías como la más malvada de las hijas.” Imoga dijo, “Padre, yo…” Cimbelín dijo, “¡Silencio!...y tú, Póstumo, no eres digno del padre que te dio la vida. ¡Eres un traidor!¡Una serpiente!” Póstumo dijo, “Majestad, permítame…” Cimbelín le dijo, “¿Permitir qué?¿Que me digas que se han casado sin mi consentimiento?¡Ambos recibirán el castigo que se merecen!”
     A continuación Cimbelín se dirigió a Póstumo, y dijo, “Póstumo, te destiérro del reino. ¡Vete antes de que me arrepienta y ordéne que te ahorquen!” Imoga dijo, “¡Padre, te suplíco, ten piedad!¡Yo lo ámo!” Cimbelín le dijo, “Tú has perdido mi cariño! Te quedarás en el castillo, porque no tengo otra opción.” Cimbelín continuó, “Por desgracia tus hermanos fueron robados, y Elinor, mi santa y bondadosa esposa, que me ha acompañado todos estos años, no me dio hijos que puedan heredar el trono. Por lo tanto, serás reina.”
     Cimbelín hizo una pausa, y a continuación, siguió expresando su cólera y dijo, “Tengo el deber de dejar un heredero por el bien del reino y de mis súbditos. ¡Si así no fuera, renegaría de ti! ¡Fuera! Para mi desgracia, todos aquellos en quienes he confiado y puesto mi afecto, me han traicionado. Solo tú, Elinor me has sido fiel. ¡Cómo me duele que mi propia hija conspirára contra mí!” Elinor pensó, “Con Póstumo lejos del reino y sin poder regresar, todo saldrá bien para mí. Ahora debo ganarme la confianza de Imoga.”
Satisfecha, Elinor se presentó en las habitaciones de Imoga.
     Elinor le dijo, “He tratado de que el rey los perdóne, pero fue imposible. No entiende razones.” Imoga, quien estaba en su cama dijo, llorando, “¡Moriré de desesperación…!¿Qué será de Póstumo?¿A dónde irá?¡No pude decirle adiós, y lo ámo tanto!” Elinor dijo, “Tu dolor me destroza. No puedo cambiar la decisión del rey, pero te puedo ayudar para que veas a Póstumo antes de que se vaya.” Imoga dijo, “¿Haría eso por mi?” Elinor le dijo, “¿Qué no haría por tí! Eres como mi hija, querida niña.” Imoga dijo, “¡Gracias! He sido injusta con usted, ahora lo reconozco.” Elinor le dijo, “Si hubieras confiado en mí, yo te habría ayudado. Siempre he querido tu felicidad.” Imoga, aun con lagrimas en los ojos dijo, “¡Qué tonta fui! Debería haberle dicho que amaba a Póstumo.” Elinor le dijo, “No vuelvas a tener secretos conmigo…ahora espera.”
     Minutos después, Póstumo e Imoga se reunían. Póstumo le dijo, “Amor mío, la fatalidad se ensáña con nosotros. ¿Cómo podre vivir lejos de ti?” Imoga le dijo, “Tendremos que ser fuertes. Mi padre tendrá que perdonarnos. ¿Dónde irás?” Póstumo le dijo, “A Roma. Allí tengo amigos y conocidos.” Imoga le dijo, “Póstumo, si nuca más nos volvemos a ver, quiero que sepas que te llevas mi corazón y mi alma.” Imoga continuó, “Si muero mientras tú estás tan lejos, iré a la eternidad habiéndote sido fiel hasta el último minutos de mi existencia.” Póstumo le dijo, “Mi adorada, yo también te seré siempre fiel. Ni la muerte hará que deje de amarte.” Póstumo colocó una pulsera en la muñeca de Imoga y dijo, “Te pongo ésta pulsera en señal de nuestro amor. Solo si dejas de quererme quítala de tu brazo.” Imoga dijo, “Entonces estará allí para siempre. Yo te daré un anillo que fue de mi madre. Cuando lo mires, piensa que tu Imoga sufre por ti.” Se miraron un instante, y luego se fundieron en un beso, plenos de amor y desesperación.
     Póstumo partió dejando a Imoga con el alma destrozada. Desde la almena del castillo, Imoga derramaba lagrimas viendo partir a Póstumo en su caballo, y pensó, “Madre querida, tú que estás en el cielo, cuídalo y regrésalo a mí.” Tres meses después, el gallardo joven ya se encontraba en Roma. Allí encontró a sus amigos, e hizo amistad con otros jóvenes con quienes se reunía con frecuencia. Un día, Póstumo se reunió a beber con unos amigos en una taberna, y comenzó una conversación en torno a la belleza de las mujeres. Entre los presentes estaba Filario, anfitrión de Póstumo en Roma, Joaquín, amigo de Filario, un caballero español, otro holandés, y otro francés. Entonces Filario dijo, “Pueden decir lo que quieran, pero si hay mujeres hermosas, esas son las normandas.” Joaquín dijo, “Esa es tu opinión, para mí no hay otras como las galas.”
     Póstumo dijo, “Yo he conocido mujeres de muchos lugares, y puedo asegurar que jamás he visto una que iguale en belleza a Imoga.” Joaquín dijo, “¿Quién es Imoga?” Póstumo dijo, “Mi esposa. No solo es hermosa, también es la más honesta y fiel de todas las que hay sobre la tierra.” Joaquín dijo, “No permito que se diga que una dama bretona, tiene más meritos que una romana.” Joaquín se levantó, y se puso frente a Póstumo y dijo, “Si hay ejemplos de mujeres fieles y leales, esas son las de aquí.”
     Póstumo le dijo, “No dúdo que tengan muchas virtudes, pero jamás como Imoga.” Joaquín fue más allá, y le preguntó, “¿Cómo puedes afirmar que no te engáña en estos momentos?” Póstumo le dijo, “Porque sé cuánto me áma. Ella nunca miraría a otro hombre. Apostaría lo que fuera.” Joaquín le dijo, “No lo hagas. No sería difícil que perdieras.” Póstumo le dijo, “¿Qué insinúas?” Joaquín le dijo, “Que estoy seguro de poder conquistar a tan virtuosa dama.” Póstumo se alteró, y le dijo, “¡Nunca! Si te atreviéras a declararle tu amor, te rechazaría de inmediato.” Joaquín le dijo en tono de reto, “Bien, si así lo crees, haremos una apuesta. Iré a Bretaña y conquistaré a Imoga.” Póstumo le dijo, “¡Acepto! Si es verdad que lo logras, debes de traerme la pulsera que le di antes de partir, y de la que prometió no separarse jamás.” Póstumo hizo una pausa, y agregó, “Si lo haces, te entregaré éste anillo que ella me obsequió como prueba de su amor.” Joaquín dijo, “Amigos, ustedes son testigos. A mi regreso, Póstumo deberá reconocer que estaba equivocado.”
     Mientras tanto, Imoga y Elinor dialogaban, en Bretaña, mientras Imoga bordaba un manto. Elinor dijo, “Por más que he tratado, tu padre se niega a perdonarte. Mientras estés casada con Póstumo, no quiere saber de ti.” Imoga le dijo, “Nunca imaginé que podía ser tan duro y cruel.”
     Elinor le dijo, “Debes olvidar a Póstumo, pedir que se anúle tu matrimonio, y casarte con alguien del agrado del rey.” Imoga dijo, “¡Jamás! Juré a Póstumo serle fiel hasta la muerte, y así será.” Elinor dijo, “No olvides que tienes un deber. Como futura reina, tendrás que dar herederos a la corona.” Imoga dijo, “Si tengo que elegir entre el deber y el amor…elijo el amor.” Elinor la observó furiosa. Durante todos estos meses había intentado convencerla sin lograrlo. Elinor le dijo, “Si el rey escúcha lo que dices, moriría de tristeza. Y más ahora que tiene tantas preocupaciones.” Imoga dijo, “¿Porqué?¿Que le ocupa?”
     Elinor le dijo, “Estas tan ocupada en llorar por Póstumo, que no te has enterado de la amenaza que hay sobre el reino.” Imoga dijo, “¿Cuál amenaza?” Elinor explicó, “Cimbelín teme que los romanos invadan Bretaña. Le han llegado rumores de que se preparan para ello.” Imoga dijo, “¡Oh, eso sería terrible!” Elinor le dijo, “Ya ves, más que nunca tienes que ser una buena hija y dar una alegría al rey, obedeciéndole y haciendo un matrimonio de su agrádo.” Imoga dijo, “¡No puedo!¡Ámo más que a mi vida!”
     Así estaban las cosas, cuando llegó una sirviente y dijo a Imoga, “Mi señora, acaba de llegar un joven romano. Dice que trae noticas de su esposo.” Imoga dijo, “¡De Póstumo! No puedo creer tanta dicha, voy a verle ahora mismo.” El recién llegado, no era otro que Joaquín, quien de inmediato quedó impresionado por la belleza de Imoga. Joaquín pensó, “Póstumo no mentía al decir que es hermosa. Nunca vi a una mujer tan adorable.” Imoga le dijo, “Por favor, hábleme de mi esposo. Dígame ¿cómo está?” Joaquín le dijo, “Está muy bien y feliz de encontrarse en Roma. Le envía saludos.” Imoga dijo, “¿Nada más?¿No dijo nada más?” Joaquín dijo, “No. Me pidió que pasára a verla y le preguntára cómo se encuentra.” Imoga dijo, “Extrañándole. Deseándo verlo. Ansiosa de estar nuevamente juntos.” Imoga agregó, “Sin Póstumo, la vida no tiene sentido para mí.” Joaquín pensó, “Me parece que mi amigo no metía en cuanto a su fidelidad, pero yo no me doy por vencido antes de hacer la lucha.”
     En los días siguientes, Joaquín se reunió con Imoga en los jardines. Ella deseaba estar con él, para hablar de Póstumo. Joaquín le dijo, “Hace solo dos semanas que la conozco, pero ha sido tiempo suficiente para darme cuenta de algo que debo decirle.” Imoga le dijo, “¿Darse cuenta de qué?” Joaquín le dijo, “De que la ámo. Mi corazón es todo suyo. Me haría el hombre más feliz de la Tierra si…” Imoga le dio la espalda y le dijo, “¡No siga! Si es amigo de Póstumo, no tiene derecho a hablarme así, traicionando la confianza que puso en usted.” Joaquín le dijo, “¡Imoga, no me recháce! Nunca nadie le dará la felicidad que yo le ofrezco.”
     Imoga le dijo, “Le ruego que se retíre. No regrése jamás. Póstumo es el único hombre para mí. A él lo querré hasta la muerte.”
     Joaquín, furioso por el recházo, decidió ganar la apuesta a como diera lugar, y decidió hablar con dos sirvientes del castillo para que le ayudáran a conseguir su objetivo. Uno de los sirvientes le dijo, “¿De verdad nos dará una bolsa de oro?¿Qué tenemos que hacer?” Joaquín dijo, “Solo ver la manera de que yo pueda entrar a la recamara de la princesa Imoga, ésta noche.” El sirviente dijo, “Por esa bolsa le ayudaremos a entrar donde quiera. Confíe en nosotros.”
    Esa noche Joaquín entró a la habitación de Imoga, y mientras ésta dormía, pensó, “Me fijaré en todos los detalles de la habitación para poder describírselos a Póstumo.” Después de mirar atentamente a su alrededor, Joaquín pensó, “Ahora le quitaré la pulsera y me marcharé.” Satisfecho de su estratagema, Joaquín regresó a Roma.
     Al regresar a Roma, y llegar con sus amigos, Joaquín dijo, “Ya estoy aquí, nuevamente y pueden felicitarme. Gané la apuesta.” Inmediatamente Póstumo dijo, “Eso es imposible!”Joaquín le dijo, “¿Quieres que te describa la habitación de Imoga? Está cubierta de tapices, su cama…” Póstumo dijo, “Ésa no es ninguna prueba. Pudiste averiguarlo con los sirvientes.” Enseguida, ante el asombro de todos, Joaquín mostró la pulsera de Imoga y dijo, “Pues bien, espéro que ésto te convenza.” Póstumo dijo, “¡La pulsera…!¡Imoga me ha fallado!¡Ella, que juró amor eterno…que prometió amarme hasta la eternidad!” Joaquín le dijo, “Nunca se debe confiar tan ciegamente en nadie. Dame el anillo, lo he ganado en buena lid.” Póstumo dijo, “¡La haré pagar su traición! Esa falsa mujer, no se volverá a burlar de mi.”
     Lleno de celos, Póstumo escribió a Pisano, su mejor amigo en Bretaña. Cuando Pisano recibió la carta, pensó, “No puedo creer lo que dice Póstumo. Imoga lo engañó con el romano que pasó por aquí hace unos meses. Me pide que la lléve a Milford, y allí la máte. ¡Pobre amigo mío! Si es verdad que lo engañó Imoga, merece la muerte.” Póstumo también había escrito a Imoga pero en otros términos. Imoga, quien estaba con Elena, su dama asistente, le dijo, “Mi adorado esposo me suplica que vaya a Milford, donde él acudirá para que podamos vernos.” Su dama asisente le dijo, “Mi señora, usted no puede hacer ese viaje sola.” Imoga le dijo, “Me llevará Pisano. Según dice Póstumo, a él también le escribió suplicándole que me acompáñe.” Elena le dijo, “¿Y qué va hacer el rey cuando vea que usted no está en el castillo?” Imoga le dijo, “Cuando se dé cuenta, ya estaré muy lejos, y quizá nunca regrése. Me quedaré juntos a mi esposo.”
     Esa misma noche, Imoga partió en compañía de Pisano. Durante varios días, avanzaron por solitarios caminos. Mientras caminaban, un día Pisano dijo, “¿Está cansada, princesa?” Imoga le dijo, “No mucho. Ya te he dicho que no me digas princesa. Ahora no soy más que una aldeana. No quiero que nadie se entére de mi identidad.” Pisano le dijo, “Siento que éste viaje será demasiado para usted. Quizá sería mejor regresar a la corte.” Imoga contestó, “¡Nunca! No me importa cuanto tenga que padecer, pues mi premio será volver a ver a mi amado esposo.” Imoga agregó, “Si tuviera que recorrer el mundo para estar a su lado, lo haría.” Pisano pensó, “Realmente lo áma. No es posible que ella lo haya engañado. Creo Póstumo la acusa injustamente.”
     Después de un mes, Pisano e Imoga se encontraban casi a medio camino. Pisano estaba convencido de la inocencia de Imoga. Mientras descansaban bajo unos árboles, aún lado de un rio, Pisano dijo, “Hay algo que debo decirle. No debemos continuar. En Milford no la espera Póstumo.” Imoga dijo, “¿Cómo?¡Eso no es verdad! Él mismo me lo dice en su carta.” Pisano le dijo, “Lo engañó. Él me pidió que la llevára a Milford, y que allí la matára.” Imoga dijo, “Pero…¿Por qué?” Pisano dijo, “Porque cree que usted lo engañó, que rompió su promesa de amarle siempre.”
Imoga dijo, “¡Jamás le he faltado!¿Qué he hecho para que Póstumo dúde de mi?” Pisano le contó lo que sabía. Imoga dijo, “¡No puede ser! Mi esposo, a quien ámo más que a nadie, ha puesto oídos a quien intentó traicionarlo.” Pisano dijo, “No fueron solo palabras. Le dieron pruebas. Joaquín le mostró la pulsera que Póstumo le entregó a usted antes de partir.” Entonces Imoga dijo, “¡La pulsera! Yo creí que la había perdido, y eso me tenía tan triste. ¡Cuánta maldad hay en este mundo!”
     Pisano le dijo, “Es mejor regresar a la corte. Nadie la espera en Milford.” Imoga dijo, “No, Pisano, no volveré. Iré a Roma, y le demostraré a Póstumo que fui víctima de un vil engáño.” Pisano dijo, “Entonces yo iré con usted.” Pero Imoga le dijo, “No, Tú debes de regresar a la corte, donde está la mujer que amas. No seré yo la causa de que la pierdas.”
     Pisano le dijo, “Pero, usted sola corre graves peligros.” Imoga le dijo, “Los afrontaré. No tengo miedo, pues voy a recobrar mi felicidad.” Pisano le dijo, “Entonces, por lo menos, vístase de hombre. Así estará más segura.” Imoga dijo, “Tienes razón. También cortaré mi pelo. Así tendré un aspecto más varonil.”
     Poco después, Imoga estaba transformada en un hombre, y dijo, “Ya puedes irte, pisano. Yo seguiré mi camino. Espero tener fuerzas para llegar a Roma.” Pisano le dijo antes pe partir, “Tóme, princesa. Ésta es una medicina contra todas las enfermedades. Si se siente mal, tómesela y se recuperará.” Imoga le dijo, “Gracias Pisano. Jamás olvidaré lo que has hecho por mí.” Pisano le dijo, “Deseo que llegue con bien a Roma, y que Póstumo comprenda su error.”
     Imoga se puso de inmediato en camino, y después de varios días, Imoga se desorientó, y no sabía por dónde seguir, entonces dijo, “Me he perdido. Creo que no debí entrar en éste bosque…estoy tan cansada y hambrienta…ya no puedo más.” Imoga avanzó y alcanzó a divisar una cueva, y pensó, “Me quedaré en ésta cueva, hasta reponer mis fuerzas, luego buscaré algo de comer.”
     Al entrar a la cueva, Imoga notó una mesa con comida y una cama, y pensó, “¡Oh, aquí vive alguien! Pediré que me de comida y me permita descansar.” Pero nadie respondió a su llamado. Imoga pensó, “Comeré carne y frutas mientras aparece en este lugar.”
     Satisfecho su apetito, Imoga se quedó dormida. Poco después, llegaron tres hombres, y vieron a Imoga dormida en la mesa. Uno de ellos dijo, “¡Ajá, un intruso ha entrado a nuestra casa!” Otro de los hombres dijo, “¿Qué andará haciendo por estos lugares? Jamás viene nadie por aquí.” Las voces despertaron a Imoga, quien los miro asustada. Imoga les dijo, “¡Buenos señores, no me hagan daño! No he hurtado nada. Tomé un poco de comida pero se las pagare.” El hombre de mayor edad de los tres le dijo, “No es necesario. Gustosos compartimos contigo lo que tenemos. ¿Quién eres?¿Qué haces por aquí?” Imoga dijo, “Fidel es mi nombre y me dirijo a Milford a ver a un pariente que marcha a Italia, pero creo que perdí la ruta.” El hombre mayor dijo, “Sí, estas muy lejos de tu camino. Te ves muy cansado, Puedes quedarte aquí, hasta que te repongas.” Imoga dijo, “ Gracias, la verdad me siento débil. ¿Quiénes son ustedes?”
    El hombre mayor dijo, “No nos creas salvajes, aunque vivamos en una cueva. Yo me llamo Belario, y estos son mis hijos, Polidoro y Cadval.” El destino había llevado a Imoga al lugar donde Belario vivía con los príncipes que había raptado. Imoga les preguntó, “¿Siempre han vivido aquí?” Belario dijo, “Sí, pero eso no ha impedido que educára esmeradamente a mis hijos, y les inculcára valor y rectitud.”
     Belario, quien los había robado por venganza, los quería como si fueran sus hijos, y se había dedicado a ellos en cuerpo y alma. Polidoro dijo, “Nosotros deseamos ir a la guerra para obtener fama y fortuna, pero nuestro padre se opone.” Belario dijo, “Ya llegará el momento en que podrán partir…bueno, ahora debemos preparar la cena.”
     Durante una semana, Imoga permaneció, sin saberlo, con sus hermanos, quienes le tomaron gran cariño. Una mañana, Polidoro le dijo, “Fidel, quédate descansando, estás muy pálido. Nosotros regresarémos pronto.” Cavdal le dijo, “Te traeré la fruta que te gusta, y trataré de cazar un faisán.” Cuando Imoga quedó sola, pensó, “Tienen razón. Cada día me siento peor. No quiero decírselos para no preocuparlos. Han sido tan buenos conmigo.”
     Imoga continuó en sus pensamientos, “Si no fuera por lo mucho que ámo a Póstumo, me quedaría para siempre en éste lugar.” Enseguida, Imoga cambió su semblante, y pensó, “Necesito recuperar mis fuerzas…¡La medicina que me dio Pisano! La había olvidado. Me la tomaré ahora mismo.” Se la bebió, y poco después cayó en un profundo sueño. Imoga no sabía que el brebaje, la haría dormir durante varias horas.
     Cuando Belario y los príncipes regresaron, encontraron a Imoga profundamente dormida. Entonces Polidoro quiso despertarla y dijo, “¡Padre, Fidel no despierta!...¡Creo que está muerto!” Belario dijo, “¡No puede ser! Se veía enfermo, pero no como para morir.” Pero que por más que trataron, fue imposible despertarle. Lleno de tristeza, Polidoro dijo,  “Lo llegué a querer como un hermano. Algo me hizo sentir hacia él, desde el primer momento que lo vi, un gran cariño.” Cavdal dijo, “Yo deseaba que no se fuera nunca, y ahora no nos volverá a hablar ni sonreír.”
     Llenos de dolor, llevaron el cuerpo hasta un lugar alejado del bosque. Mientras la llenaban de flores y yerbas, Cadval dijo, “Querido Fidel, por mucho tiempo lloraremos tu muerte. Siempre te recordaremos.” Polidoro agregó, “Que tu espíritu repose en paz. Dejas una gran tristeza entre nosotros.”
     Horas después, cuando Imoga salió de su estupor, se despertó, y dijo, “¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí, cubierta de flores? Me encontraba en una cueva…¿O lo habré soñado?” Imoga se puso de pie, y empezó a caminar, pensando, “¡No! Recuerdo perfectamente a las personas que vivían en ella. Eran tan cariñoso y amables. No comprendo porqué no estoy con  ellos. Voy a regresar donde están mis amigos. Seguramente Salí a caminar y me quede dormida. No deben estar lejos.” Sin saberlo, Imoga tomó el camino opuesto, se sentó en un tronco caído, y dijo, “Por más que he buscado, no los encuentro. Esto significa que nunca estuve con ellos, que realmente fue un sueño. Es mejor que continúe mi viaje a Milford. Aún me falta mucho camino por andar.”
     Mientras ella iba en busca de su amado, el ejército romano invadía Bretaña. Pero cerca de ahí, Póstumo aún continuaba viajando por entre el bosque, y pensó, “Al saber que los romanos atacarían a mi país, no pude dejar de regresar para luchar por el rey Cimbelín. Quiero morir en ésta guerra, me es imposible dejar de amar a Imoga, aunque fue falsa y traicionera. Pero su muerte pesa sobre mi conciencia y mi corazón. No puedo continuar viviendo con ésta culpa.” Imoga, ignorante de lo que sucedía, continuaba su marcha hacia Milford, pensando, “Aún me falta mucho. Hace más de tres meses que dejé la corte .¿Qué habrá dicho mi padre al saberlo?”
     Enseguida, Imoga escuchó el ruido de pisadas en la maleza. ¡CRASH-CRASH! Imoga pensó, “¿Qué es ese ruido?...alguien viene. Es mejor que me esconda.” Una caravana de soldados apareció. Imoga pensó, “¡Soldados romanos! Eso significa que han invadido Bretaña.” Inmediatamente Imoga pensó, “Debo escapar, si me ven, no dudarán en matarme.” Enseguida, uno de los soldados romanos gritó, “¡Miren, alguien va corriendo allá! Debe ser un espía. Vamos tras él.” Imoga, desesperada al ver a sus perseguidores, corrió con todas sus fuerzas, pero…tropezó con una rama tirada.
     Cuando los soldados se acercaron a Imoga, uno de ellos dijo, “Es apenas un muchacho…¿Por qué huías?¿Acaso el ejército británico está cerca, e ibas a avisarle de nuestra presencia?” Imoga dijo, “No, yo solo…” El soldado la ayudó a levantarse y dijo, “Vendrás con nosotros. Nuestro general Lucio decidirá qué hacer contigo.” Poco después, Imoga era presentada al general Lucio, quien dijo, “Así que te dirigías a Milford, ¿Con qué objeto?”
     Imoga explicó, “Quería embarcar hacia Roma. Se habla tanto de esa maravillosa ciudad, que deseo conocerla.” Lucio dijo, “Muy bien, la conocerás. Después de la victoria, te llevaré a Roma, ahora quedarás a mi servicio.” Imoga pensó, al escuchar eso, “No tengo alternativa. Si no obedezco, me matarán.” Lucio agregó, “Pero si tratas de huir, seré implacable en el castigo.” Imoga dijo, “No lo haré. Es un honor servir a un general romano.”
     Mientras tanto, el ejercito de Cimbelín, avanzaba contra el enemigo, y  Belario, dialogaba con sus hijos, afuera de la cueva  que servía de su morada. Polidoro dijo, “¡Padre, Bretaña está en guerra! Hemos visto a los soldados romanos acampados no lejos de aquí.” Cadval dijo, “Van a luchar contra nosotros, y han invadido nuestro país. Permítenos unirnos a ellos.” Belario pensó, “Éste día tenía que llegar. No puedo detenerlos.” Polidoro dijo, “¿Qué dices, padre? ¿Nos dejas ir a luchar para defender a nuestro monarca y el reino?” Belario dijo, “Sí, hijos. Yo también iré con ustedes.” Enseguida, Belario pensó, “Así pagaré en algo, el mal que hice al raptarlos. Pelearé hasta la muerte.” Los tres se unieron a las tropas reales, que avanzaban decididas hacia el invasor.
     Ambos ejércitos, se divisaron a la distancia. Un general británico, quien iba a la vanguardia del ejercito bretón , gritó, “¡Los romanos!¡Vamos contra ellos!” Otro de los soldados bretones, gritó, “¡Viva nuestro rey!” Otro soldado gritó, “¡Viva Bretaña!” Del otro lado se escuchó la voz del general romano Lucio, gritar, “¡El ejército bretón se acerca!¡Soldados, a luchar por el emperador!” No tardaron en chocar los dos ejércitos y empezó la gran batalla. Con bravura y valentía, los soldados de Bretaña se enfrentaron a las huestes romanas. El rey Cimbelín, como un solado más, participaba en la sangrienta batalla. A continuación, un soldado, quien no era otro más que Póstumo, gritó, “¡El rey, el rey está en grave peligro!” El desesperado grito de Póstumo fue escuchado por Belario y los que se creían sus hijos. Belario gritó, “¡Vamos a salvar al Rey!” Con extraordinario valor, Belario y sus dos hijos enfrentaron al enemigo.
     El poderío militar de los romanos nada podía contra la fiereza de los bretones por defender su reino. Al atardece, el campo de batalla estaba cubierto de muertos. Sin embargo, la victoria estaba en manos de los soldados de Bretaña. Varios soldados gritaron al unísono, “¡Viva el Rey Cimbelín!¡Viva Bretaña!¡Muera el invasor!” Mientras tanto, Póstumo estaba triste, dentro de una tienda, pensando, “Busqué la muerte, y la suerte me fue adversa. Quizá mi castígo debe ser mayor. Sé cómo puedo tenerlo.” Tras una pausa, Póstumo pensó, “Me entregaré a los oficiales de su majestad. Él no dudará en ordenar crueles tormentos para mí, por haber regresado.”
     Al día siguiente, todo el ejercito de Cimbelín se reunió para escuchar las sentencias a los prisioneros de guerra. Uno de los soldados bretones se inclinó ante el rey diciendo, “Majestad, el general Lucio y los oficiales romanos que fueron capturados.” Dentro de los prisioneros estaba Imoga, quien reconoció a otro de los prisioneros, y pensó,“Joaquín, el malvado que me calumnió. La muerte es poco castigo para él.” Enseguida, uno de los soldados bretones presentó a dos jóvenes ante el rey, diciendo,“Estos hombres se unieron a nuestro ejército y lucharon con valentía, salvando muchas vidas.”El rey dijo, “Lo sé, pues también salvaron la mía. Merecen ser premiados por sus grandes servicios.” Al verlos, Imoga pensó, “Son los buenos hombres que me recibieron en la cueva del bosque. Entonces realmente estuve con ellos.”
     Enseguida, el rey dijo, “Antes de premiar a los valientes que combatieron por Bretaña, debo dictar sentencia a los enemigos.” Antes de que el rey dictára senténcia, el general romano Lucio se adelantó, y dijo, “Pero algo he de suplicarle. Ese joven es bretón. Ha estado a mi servicio porque lo obligué a ello.” El general Lucio agregó, “Siempre se portó con dignidad, y le pido que le perdóne la vida.” El rey dijo al ver a Imoga, “Su rostro me recuerda a alguien muy querido para mi, tanto que le perdóno y no solo eso.” El rey se dirigió a Imoga y le dijo, “Puedes pedirme una gracia, te la concederé gustoso.” Imoga habló y dijo, “Gracias majestad. Lo que voy a pedir no es demasiado. Quiero saber cómo obtuvo ese hombre el anillo que lleva en el dedo.” El Rey Cimbelin, se dirigió a Joaquín y le dijo, “Has escuchado lo que solicita el paje. Di cómo obtuviste ese anillo.” Joaquín dijo, “Es una alhaja que me dio una joven en prueba de su amor.”
     Imoga explotó y dijo, “¡Miente! Oblíguelo a que diga la verdad, majestad.” Cimbelín amenazó a Joaquín, diciendo, “Eres un prisionero. Si tratas de engañarme, te haré pasar por los peores y más crueles tormentos.” Ante tal amenaza, Joaquín hizo una completa confesión de su villanía. Tras escuchar la confesión, un hombre se acercó al frente, y dijo gritando, “¡Maldito! Me hiciste creer que mi amada me engañaba y por tu culpa…”
     El rey se asombró y dijo, interrumpiéndolo, “¡Póstumo!” Póstumo se acercó al rey Cimbelín y le dijo, hincándose, “Majestad, apiádese de mi, y ordéne mi muerte para ir a reunirme con mi amada Imoga.” El Rey Cimbelin le dijo, “¿Qué dices?” Póstumo dijo, “Yo le pedí a Pisano que la matára, porque dudé de su fidelidad.” El rey dijo, “¡Mi hija muerta! ¡Tú ordenaste que le quitáran la vida!”  Póstumo dijo, “Sí, majestad. Por eso le pido que me condéne a la peor de las muertes, a las más atroces torturas.”
     En ese momento, Imoga intercedió, diciendo, “¡No, Póstumo!¡Aquí estoy! Pisano no cumplió tu orden, y yo iba a Roma a reunirme contigo.” Pisano dijo al ver a Imoga, “¡Imoga!¡Es verdad, eres tú!”
     Cimbelín dijo, lleno de emoción, “¡Hija. Hija de mi alma!” Póstumo abrazó a Imoga, diciendo, “Imoga, mi adorada, perdóname, perdóname por haber dudado de ti.” Imoga le dijo, “Estamos nuevamente juntos. Lo pasado no importa.” Enseguida, Imoga se dirigió a Cimbelín, y dijo, “Padre, pedimos tu bendición y tu clemencia, ¿Nos la negarás?” Cimbelín dijo, “No, hija. Mucho he sufrido por haberte negado la felicidad. No creí que te volvería a ver. Ambos tienen mi bendición.”
     A continuación, Cimbelín se dirigió a todos los soldados, y dijo, “Éste es un día feliz para mi, y mi clemencia alcanza a todos, no importa si son enemigos.” Lucio dijo, “Majestad, esto significa…” Cimbelín dijo, “Sí, general. A usted y sus hombres del concedo la vida.” Lucio dijo, “Es usted un gran rey. Puedo asegurarle, como general romano, que jamás nuestras tropas volverán al suelo de Bretaña.” En ese momento Belario aprovechó para manifestarse ante el rey, y le dijo, “Majestad, si su clemencia alcanza a todos, quizás puedo tener esperanza de que no se me niegue.” Cimbelín le dijo, “Tú no necesitas clemencia. Luchaste como el más bravo y valiente, igual que tus hijos.”
     Belario le dijo, “No son mis hijos, majestad. Pero los he amado como si lo fueran.” Lleno de extrañeza, Polidoro dijo, “¡Padre, qué dices!” Belario continuó, “Ha llegado el momento de confesar la gran falta que cometí, y de la que me he arrepentido siempre.” Belario se acercó a Cimbelín, y le dijo, “Soy Belario, ¿No me recuerda, majestad?” Cimbelín le dijo, “¡Belario, tú! Cuánto he deseado volverte a ver. Fui injusto contigo. Después que te marchaste supe, que jamás me habías traicionado.” Belario dijo, “Lo hice, majestad. Yo rapté a sus hijos. ¡Son estos dos jóvenes!” Cimbelín se puso de pie y dijo, “¡Mis hijos!¡Los que creía perdidos para siempre!”
     Los soldados, tan duros y feroces en la guerra, no pudieron evitar emocionarse ante lo que sucedía. El rey se fundió en un abrazo con sus hijos diciendo, “Hijos míos, mi corazón de padre, se siente recompensado de tanto sufrimiento, al poder abrazarlos.” Al ver la escena, Imoga pensó, “Son mis hermanos. Ahora comprendo porqué sentí por ellos tanto cariño desde el momento de conocerlos.” Enseguida, Belario dijo, “Majestad, aguárdo su sentencia, déme el castígo que merezco.” Cimbelín dijo, “Belario, mucha culpa tuve en lo que hiciste. Criáste y cuidaste a mis hijos. Ellos te quieren. Te perdóno de todo corazón.”
     Poco después, Cimbelín dialogaba con su hija. “Hija cuánto has sufrido. Nunca imaginé que Elinor fuera tan cruel contigo. Me siento culpable por no haberme ocupado mas de ti.” Imoga le dijo, “Padre, ya nada importa. Éste día debe ser de dicha para todos. Has recuperado a mis hermanos y yo a mi esposo.”
     La noticia de la victoria del ejercito de Bretaña, no tardó en llegar a la corte, pero no solo eso se supo. Elinor dio la noticia a Juana, diciendo, “Cimbelín ha perdonado a Póstumo e Imoga. Encontró a sus hijos. Entonces Cloten jamás será rey.” Juana le dijo, “Mi señora, tantas veces le dije que eso no era posible.” Elinor se encolerizó, y dijo, “¡Me vengaré! No permitiré que…¡AHHHG!” Elinor se tomó el pecho, en señal de dolor. Juana le dijo, “¡Mi señora!¿Qué le sucede?” La cólera de Elinor fue tan grande, que la llevó a la muerte.” Elinor yacía en el piso, sin vida. Juan se acercó y dijo, “Pobre de mi señora. A pesar de su maldad y ambición, yo la quería.”
En el castillo, ya no hubo intrigas ni maldad. El rey Cimbelín gobernó por largos años, rodeado del amor de sus hijos y súbditos.
Tomado de Novelas Inmortales Año XIII No. 651,  Mayo 9 de 1990. Guión: Herwigd Comte. Adaptación: R. Bastien. Segunda Adaptación: José Escobar.