Club de Pensadores Universales

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sábado, 11 de mayo de 2019

Los Orígenes de la Literatura Española

     En un largo periodo de gestación, que comienza en el siglo VIII, y concluye en el siglo XII, se fue formando en Castilla, con la colaboración de otros reinos españoles, un conjunto de palabras y modos de hablar originarios de la lengua latina que, sedimentándose pausadamente, añadiendo a su léxico más o menos elementos filológicos de los diversos pueblos y civilizaciones que dominaron la Península, y animado por un poderoso genio nacional, vino a constituir una nueva lengua literaria.
     El idioma español pertenece pues, al grupo de lenguas neolatinas, y su vocabulario y su fonética conservan los caracteres esenciales de la gramática latina. El latín que sirvió de base a ésta lengua romance, no fue el latín erudito, el sermo nobilis que manejaban las clases cultas de Roma, sino el sermo vulgaris, esto es, el lenguaje popular propio de los soldados y de los mercaderes que predominaron en la España romana.
     Además, todos los pueblos y civilizaciones que sucedieron posteriormente a la Península, dejaron huellas y acervos de sus vocabularios. En éste sentido, la influencia de los visigodos fue escasa; pero no así la de los árabes, cuya penetración en la vida y en la lengua española, tuvo una profundidad de ocho siglos; ochocientos años de vecindad, de contacto, de dominación, de guerras, de querellas y también de cruzamientos, y de mezclas.
     La lengua española también recibe el nombre de lengua castellana porque, además de haber empezado a hablarse en Castilla, fue ésta la que contribuyó de modo preponderante  a formar la unidad española, que hizo que su propia lengua romance prevaleciera sobre los dialectos de análogo origen hablado  en los antiguos reinos de León, Aragón, y navarra, asi como en Andalucía, Murcia y Extremadura. Este idioma español se propago a partir del siglo XVI a los inmensos territorios americanos  y oceánicos descubiertos y civilizados por los españoles y actualmente se calcula en cera de 260 millones el número de seres que lo hablan.
     Numerosos son, en verdad, los países que expresan su propio genio en la lengua de Cervantes, y que añaden a su léxico otros giros, vocablos, y peculiaridades que la flexibilizan y enriquecen más aún. Virtualmente, todos los países hispanoamericanos cuentan con literaturas nacionales, que aunque todavía jóvenes en algunos casos, ya presentan un caudal de obras y de figuras que dan particular densidad y brillantez al vasto conjunto de las letras hispánicas.

Literatura Americana en Lengua Castellana.
     Además del Español, en España se habla el vasco, vascuence o éuscaro, el gallego, el catalán y el asturiano. El vascuence, antiquísimo, supervivencia de las primitivas lenguas ibéricas, es una lengua asiática de aglutinación; el gallego, en el que tomó sus delicadísimas formas casi toda la poesía lirica de los primeros siglos literarios españoles, procede del galaico-portugués, de donde ha derivado también la lengua portugués; el catalán, otra de las lenguas neolatinas, y el asturiano, que señala el páso del gallego al castellano. Las principales formas dialectales del español son: el leonés, el aragonés, el murciano y el andaluz. Literaturas regionales dignas de tal nombre, solamente las han producido el gallego y el catalán, con un caudal de obras y de escritores que les dan rango de verdaderas lenguas literarias.
Literaturas Regionales.
     El periodo histórico, que corresponde al nacimiento, y primeras tentativas de nuestra literatura nacional, es la Edad Media. Resulta sumamente difícil proponer alguna fecha fija para el principio o el fin de esa edad, que en su conjunto, vino a durar unos mil años. Admítese, sin embargo, que ese vasto periodo se extiende desde la división del Imperio Romano, año 395 de nuestra era, hasta la Toma de Constantinopla, por los turcos, en 1453; pero las literaturas medievales solo alcanzan una extensión aproximada de cuatrocientos años: desde los siglos XI al XV. Solo a partir del siglo IX, después de la muerte de Carlomagno, concluye verdaderamente el mundo antiguo, y es entonces cuando se forma y se va desarrollando el mundo feudal, es decir, una sociedad nueva que las sucesivas dinastías intentarán después quebrantar, para constituir una unidad política y territorial que será el fenómeno común y sincrónico de todos los países europeos.
     El Medioevo no era un ambiente propicio para el desarróllo de las literaturas. Las lenguas nacionales, todavía informes, iban a necesitar varios siglos de pulimiento. Los medios de difusión eran escasísimos, y solo la tradición oral, o un lento, premioso, y limitado trabajo de copias manuscritas, podía servir para ir transmitiendo y propagando las obras del espíritu. El público era tosco o inculto. La única educadora, la Iglesia, y la única enseñanza, la de los monasterios y conventos, dispensaban una instrucción casi exclusivamente religiosa.
     En tiempos de Fernando el Santo, (1199-1252), se declaró el idioma oficial de España, a la lengua romance castellana, y ya aparece formada en la obras de Alfonso X, llamado el sabio, hijo del anterior, y el literato que domina casi todo el siglo XIII castellano. La época precedente señala el periodo arcáico de la literatura española, y es en ella cuando aparece el Poema del Cid, obra poética a la que pronto seguirán: la versión en romance de Forum Judicum; las Partidas, de Alfonso el Sabio; los Poemas de Gonzalo de Berceo; etc.   
Tomado de : Enciclopedia Autodidacta Quillet, Tomo I. Editorial Cumbre S.A. México 1977. Grolier. Pag. 327.