Club de Pensadores Universales

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miércoles, 17 de febrero de 2016

Literatura Inglesa Los Románticos

Poesía
     En 1798, Wordsworth y Coleridge, que viven en Cumberland y se conocen como “los poetas de los lagos,” publican las baladas liricas, especie de manifiesto que une todas las nuevas tendencias en una doctrina.
      La sensibilidad ante los fenómenos naturales culmina en Tintern Abbey, de William Wordsworth (1770-1850). En Intimidación de la Inmortalidad, y en otros poemas describe imágenes y sonidos exquisitamente registrados, pero se empeña tanto en evitar la expresión retorica que algunos de sus versos llegan a ser pedestres. Wordsworth defendió con pasión en su juventud los ideales de la Revolución Francesa, pero, a medida que va entrando en años, se vuelve muy conservador. Es “poeta laureado,” El Preludio, La Excursión.
     Samuel Taylor Coleridge (1772-1834), amigo de Wordsworth durante toda su vida, tiene, quizá, mayores dotes poéticas y emplea con mágica gracia las formas de la balada medieval en la, Balada del Viejo Marinero, y Christabel. En la última mitad de su vida se dedica a la metafísica y a la crítica literaria.
     Pero el que más hizo por popularizar el movimiento romántico fue Walter Scott, que más adelante se tratara como novelista, quien, atraído por las antiguas baladas, reúne algunas de ellas, tales como se conservaban en la tradición oral: Trovadores de la Frontera Escocesa, y luego escribe varias baladas en el mismo estilo, Baladas del Último Trovador, La Dama del Lago.
     La sencilla y emotiva elocuencia de estos poemas, llamó la atención hacia el rico manantial de la literatura popular, no solo en Escocia e Inglaterra, sino también en otros países, contribuyendo en esta forma a una renovación completa del genero poético en toda Europa.
     La segunda generación de poetas románticos lleva más lejos aun que sus mayores la rebelión de las pasiones contra la razón, y la del individuo contra la sociedad. George Gordon, lord Byron (1788-1824), comienza a ser, sobretodo en el continente un símbolo de todo el movimiento romántico. Amargo, apasionado y solitario, sus mejores poemas se caracterizan por su espontaneidad , su vigor y exuberancia: Childe Harold, Don Juan, Manfredo.
     Percy Bysshe Shelly (1792-1821) es un intelectual revolucionario y un poeta lírico muy dotado, que mantiene latente, por debajo de la temblorosa superficie de sus poesías, una vasta cultura: La Reina Mab, Prometeo Desencadenado, Adonais.
John Keats (1795-1821), Endymión, La Vigilia de Santa Ana, Odas, es un poeta sensible a la belleza, un helenista instintivo y pagano que convierte su amor a lo bello en una doctrina. Contribuye al enriquecimiento de la poesía romántica, incorporando elementos del Renacimiento italiano y del periodo isabelino. Sus Cartas, figuran las más sutiles de la crítica en lengua inglesa.  
Ensayo y Novela
     El espíritu romántico no solo transforma la poesía, sino también el ensayo. La crítica literaria se convierte en un monologo pensado, imaginativo y lleno de cálida cordialidad en las manos de Charles Lamb (1775-1834), Ensayos de Elisa. Emplean también esta forma con gracia y fluidez, William Hazlitt (1778-1830) y Thomas de Quincey (1785-1859), Confesiones de un Fumador de Opio
      El novelista romántico más destacado es, sin duda, Walter Scott (1771-1832), creador de la novela histórica y, al mismo tiempo, el primer novelista que convierte el ambiente social en un elemento esencial de la acción. Todas sus novelas tratan de temas escoceses, y aunque son relatos de aventuras, sin mayor profundidad psicológica, varias generaciones las leerán con entusiasmo: La Novela de Waverley, Ivanhoe, Quentin Durward, etc.
     Mary Shelley (1797-1840), esposa del poeta, escribe una novela de terror, hoy clásica: Frankenstein.
      En la quietud de la campiña, sin ser contaminada por la rebelión romántica, Jane Austen (1775-1817), hija de un eclesiástico, teje, en medio de una serenidad casi clásica, sus amenas e irónicas novelas sobre la vida provinciana: Orgullo y Prejuicio, La Abadía de Northanger, Emma, considerada su obra maestra, y muchas otras. 
Tomado de : Enciclopedia Autodidacta Quillet, Tomo I. Editorial Cumbre S.A. México 1977. Grolier. Pags. 471 y 472.
      

martes, 16 de febrero de 2016

Literatura Inglesa Los Prerrománticos

     En la misma época en que el Dr. Johnson sostenía la doctrina clásica, se percibían, sin embargo, los inicio de un próximo cambio.
     Tras una indiferencia multisecular comienza a despertarse el interés por la poesía  y la literatura medievales. Se publican colecciones de antiguas baladas y canciones, y su éxito estimula un de las más famosas supercherías literarias: el poema épico Fingal, de James MacPherson (1736-1796), supuestamente obra de un poeta legendario gaélico, llamado Ossian.
     Aparece también una nueva afición a lo espeluznante  y misterioso, especialmente en la novela: Ann Radclife (1764-1823), Los Misterios de Udolfo, Horace Walpole, El Castillo de Otranto.
     La lengua literaria dejaba paso a la conversacional y a los temas caseros, incluso en la poesía. Robert Burns (1759-1796), el poeta labrador siguiendo la tendencia a apartarse de la lengua literaria, llega incluso a usar su idioma materno, el escocés, y emplea también con mucha gracia los ritmos de las antiguas baladas. Sus mejores poemas son breves canciones. Su amor a la naturaleza y su resuelto sentimentalismo anuncian el advenimiento de los románticos.
     La imaginación frenada durante tanto tiempo por el racionalismo, es todopoderosa en la obra de William Blake (1757-1827), quien traslada al mismo tiempo sus visiones misticas a la poesía y a a pintura. El verdadero significado de su producción es un tema que suscita hoy discusiones  de eruditos y psiquiatras: Cantos de Inocencia, Cantos de la Experiencia.
     Algunos poetas menores también proporcionan indicios de lo que se avecina: Edward Young (1683-1765), Pensamientos Nocturnos. Thomas Gray (1716-1771), Elegía Escrita en un Cementerio Campesino.
    Tomado de : Enciclopedia Autodidacta Quillet, Tomo I. Editorial Cumbre S.A. México 1977. Grolier. Pag 471.
      

lunes, 15 de febrero de 2016

Literatura Inglesa La Era del Clasicismo

     Cuando Inglaterra logra ordenar su vida política, el Clasicismo esta a la orden del día. Alexander Pope (1688-1744), que domina su época, es el arquetipo del hombre de letras, arbitro del gusto y plasmador de la opinión. Adopta el dístico heroico de Dryden y lo hace, a la vez, más agudo y suave. Es un satírico excelente, y su poesía es cerebral; atrae más por la claridad y agilidad del pensamiento y por la propiedad de la frase, que por la riqueza de la imaginación o por su potencial emotivo: El Hurto del Bucle, Ensayo Sobre el Hombre, The Duciade (poema que podría traducirse como, Poema de los Sotes.)
     Jonathan Swift (1667-1745), primo de Dryden, lleva el espíritu crítico hasta sus últimos limites. A diferencia de sus contemporáneos, escribe con ardiente y amargo apasionamiento. Cuento del Tonel y, La Batalla de los Libros, son sus obras polémicas más conocidas. Pero de fama más perdurable es su despiadada diatriba contra las flaquezas humanas: Los Viajes de Gulliver, que, por una sorprendente paradoja literaria, llego a considerarse una fantasía para los niños. Similar suerte corre el relato de Daniel Defoe (1661-1731), Robinson Crusoe, en que el autor hace uso de la técnica de improvisación periodística para ensalzar los triunfos de la colonización. La civilización llega a la isla desierta con el protagonista, cuya obra educadora culmina en el ingreso del gentil salvaje Viernes, en la iglesia anglicana. Defoe fue un escritor prolífico; entre sus muchas obras se destaca, Molly Flanders, en que describe la peste que azotó a Londres en aquella época.
     El teatro produce pocas obras de interés duradero, excepto la, Opera del Mendigo, de John Gay (1685-1732).
     A medida que avanzaba el siglo, la doctrina clásica es enriquecida por Samuel Johnson (1709-1784), que pone en la explicación de sus principios un fervor casi religioso. Su personalidad es tan dominante, que su obra resulta, en cierto modo, oscurecida por su figura. Su biografía, escrita por un joven admirador, James Boswell (1740-1795), es hoy probablemente más conocida que ninguna de sus obras, entre las que figuran: un Diccionario de la Lengua Inglesa, Diario a un Viaje a las Hebridas, muchos ensayos y estudios críticos, varios poemas satíricos, titulados, La Vanidad de los Deseos Humanos, etc.
     Las obras de Defoe y Swift abren el camino hacia dos grandes realizaciones del siglo XVIII: la creación de la novela y la del ensayo. El ensayo toma forma definitiva en la revista, El Espectador, editada desde 1711 por, Joseph Addison (1672-1719) y Richard Steele (1672-1729), en que ambos autores publican en prosa amables sátiras políticas y literarias.
     En 1740-, Samuel Richardson (1689-1761) publica, Pamela, o la Virtud Recompensada. Esta historia de la modesta sirvienta que entre suspiros y palpitaciones resiste los avances de su maestro, hasta que éste capitula y se casa con ella, tuvo un éxito arrollador.
     Henry Fielding (1707-1754) llego en éste momento a salvar la novela, antes de que degenerara por este sentimentalismo moralizador. Ridiculizó el libro de Richardson en la parodia, Shamela, y reconociendo a Cervantes como su maestro, escribe, Joseph Andrews, y, Tom Jones, en los que crea una multitud de personajes vivos, necesarios para la acción. La imagen de Inglaterra que surge de estas novelas es realista, como en Defoe, pero Fielding las ilumina con un humanismo e ironía verdaderamente cervantinas. 
     Oliver Goldsmith (1728-1774), en El Vicario de Wakefield, continua la línea sentimental, pero desarrolla su relato con tan encantadora sencillez que su fama aún perdura. Lawrence Sterne (1713-1768) es el maestro de la narración caprichosa. En su, Viaje Sentimental, y en, Tristan Shandy casi no hay trama, pero abundan episodios con personajes divertidísimos y veraces. Tobias Smollett (1721-1771) es un realista que a veces exhibe cierto bronco humorismo: La Aventura de Peregrine Pickle.
     La oratoria política clásica también se considera un arte. Sus mejores exponentes son Charles James Fox (1749-1806), William Pitt (1759-1806)  Edmund Bruke (1729-1797). Edward Gibbon (1737-1794), el gran historiador, ilustra el interés existente por los temas clásicos: Declinación y caída del Imperio Romano.
     Las tragedias clásicas preferidas por la época han sido en general olvidadas, pero dos comedias de salón aun deleitan a los espectadores modernos: La Conquistadora se Humilla, de Goldsmith, y Escuela del Escándalo, de Richard Brinsley Sheridan (1751-1816).
     Algunas colecciones epistolares brindan una visión más intima de este periodo: las de lady Mary Wortley Montagu (1689-1762), amiga de Pope y esposa del embajador británico en Constantinopla, y Horace Walpole (1717-1797), hijo del primer ministro y entusiasta anticuario.      
  Tomado de : Enciclopedia Autodidacta Quillet, Tomo I. Editorial Cumbre S.A. México 1977. Grolier. Pags 470 al 471.
      

domingo, 14 de febrero de 2016

Literatura Inglesa La Restauración

     La Restauración de Carlos II, después del gobierno severamente idealista de Cromwel, trae consigo, a la vez, alivio y desilusión. El sentido común, aliado a cierto cinismo y al convencimiento de que podían perfeccionarse las formas, pero no la naturaleza humana, es rasgo característico de esta época. El ejemplo de Francia, donde había residido la corte exiliada, estimula el deseo de imponer mas orden y disciplina en las formas literarias.
     El poeta laureado, John Dryden (1631-1700) es la figura principal y el árbitro literario de sus días. Sus obras maestras son las sátiras en verso: Absalón y, Achitopel, devastadora exposición de las intrigas políticas de la época, y MacFlecnoe, ataque a sus enemigos literarios, en las que la claridad, el vigor y la rapidez del estilo se muestran en su mayor esplendor. Dramaturgo prolífico, mas por necesidad que por vocación, pone de moda el dístico heroico. Buena parte de su obra en prosa es crítica literaria. Ensayo Sobre la Poesía Dramática y los prefacios de las comedias exponen principios derivados de los antiguos. Su estilo fácil, conciso, y convencional, es precursor de la mejor prosa moderna.
     El gusto satírico de la época recibe con beneplácito el poema burlesco de Samuel Butler (1612-1680): Huidibrdas, burlas de los esfuerzos puritanos para suprimir todos los placeres inocentes. Bajo el reinado de Carlos II, cuando se reabren los teatros, el arte dramático había cambiado considerablemente; el dístico heroico ocupaba el lugar del verso blanco, y las unidades eran generalmente aceptadas. Si la tragedia durante la Restauración, había sido pomposa, espectacular, y heroica, la comedia es satírica y, a menudo, licenciosa, pero siempre bien construida. William Wycherly (1640-1715) La Esposa Campesina, El Pequeño Comerciante. William Congreve (1670-1729) Amor Por Amor, El Camino del Mundo.
     Los diarios comienzan a ponerse en boga. El Diario, de Samuel Pepys (1633-1703), en particular, es curioso, por haber sido escrito sin pensar en la propia personalidad del autor de los acontecimientos públicos de que es testigo.  
  Tomado de : Enciclopedia Autodidacta Quillet, Tomo I. Editorial Cumbre S.A. México 1977. Grolier. Pags 469 al 470.