Club de Pensadores Universales

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jueves, 17 de enero de 2019

Enrique V, de William Shakespeare

     Enrique V, es una obra histórica de William Shakespeare, que se cree que se escribió cerca de 1599. Narra la historia del rey Enrique V de Inglaterra, enfocándose en los acontecimientos inmediatamente anteriores y posteriores a la Batalla de Agincourt (1415), durante la Guerra de los Cien Años.
     En los primeros textos de las obras de Shakespeare, la obra se tituló, The Cronicle History of Henry the Fift, el cual se convirtió en, The Life of Henry the Fifth en el texto del primer folio.
     La obra, es la parte final de una tetralogía, precedida por Richard II, Enrique IV, Parte 1 y Enrique IV, Parte 2. El público original ya estaría familiarizado con el personaje del título, que fue representado en las obras de teatro de, Enrique IV, como un joven salvaje e indisciplinado.
   En, Enrique V, el joven príncipe ha madurado. Se embarca en una expedición a Francia y, su ejército superado en número, derrota a los franceses en Agincourt.
Personajes
• Coro: Orador solitario.
Los Ingleses
Rey Enrique V
• Duque de Gloucester: Hermano de Enrique.
• Duque de Bedford: Hermano de Enrique.
• Duque de Clarence: Hermano de Enrique.
• Duque de Exeter: El tío de Enrique.
• Duque de York: Primo de Enrique.
• Conde de Salisbury.
• Conde de Westmorland.
• Conde de Warwick
• Sir Thomas Erpingham
• Capt. Gower: Un inglés
• Capt. Fluellen: Un galés
• Cap. Macmorris: Un irlandés
• Capt. Jamy: Un escocés
• John Bates, Alexander Court y Williams: Soldados
• Heraldo
• Pistol, Nym y Bardolph: Soldados, antiguos seguidores de Sir John Falstaff
• Chico - anteriormente la página de Sir John Falstaff
• Mistress Quickly - anfitriona de la taberna Boar's Head y esposa de Pistol
• Arzobispo de Canterbury.
• Obispo de Ely.
Los traidores.
• Conde de Cambridge: El primo de Enrique.
• Lord Scroop.
• Sir Thomas Gray
Los Franceses
• Rey de Francia.
• Reina Isabel.
• Louis, duque de Guyenne, el delfín: Hijos de los eyes de Francia y el delfín de Francia
• Catalina: Hija de los Reyes de Francia.
• Alice: La dama de compañía de Catalina.
• Constable de Francia.
• Duque de Borbón / Duque de Bretaña (según la edición de la obra).
• Duque de Orléans.
• Duque de Berry.
• Duque de Borgoña.
• Lord Rambures.
• Lord Grandpré.
• Monsieur le Fer: Soldado francés.
• Montjoy: Heraldo francés.
• Gobernador de Harfleur.
• Embajadores franceses.
Soldados, criados, ayudantes y señores.
Sinópsis
     El escenario isabelino carecía de escenografía. La obra comienza con un Prólogo, en el que el Coro, un orador solitario que se dirige a la audiencia, se disculpa por las limitaciones del teatro, deseando que hubiera, “una Musa de fuego,” con príncipes reales y un reino por escenario, para hacer justicia a la historia del rey Enrique V.
     Luego, dice el Coro, el rey Enrique, “asumirá el puerto, o rumbo de Marte, Dios romano de la Guerra.” El Coro anima a la audiencia a utilizar sus, “fuerzas de la imaginación,” para superar las limitaciones del escenario: “Destruye nuestras imperfecciones con tus pensamientos ... convirtiendo el lógro de muchos años / en un reloj de arena.”
     Las obras de Shakespeare son en cinco actos. En, Enrique V, los dos primeros actos,  se relacionan en gran medida con el rey y su decisión de invadir Francia, convencido de que a través de la ascendencia, él es el legítimo heredero del trono francés. El delfín francés, hijo del rey Carlos VI, responde a las afirmaciones de Enrique con un insultante regalo de pelotas de tenis.
     El Coro reaparece al comienzo de cada acto para avanzar la historia. Al comienzo del Acto II, describe la dedicación del país al esfuerzo de guerra: “Ahora todos los jóvenes de Inglaterra están en llamas ... Venden el pasto ahora para comprar el caballo, / Siguiendo el espejo de todos los reyes cristianos….” El Acto II incluye un complot del conde de Cambridge, y dos compañeros, para asesinar a Enrique, en Southampton. El inteligente descubrimiento de Enrique de la conspiración, y su despiadado tratamiento de los conspiradores, muestran que ha cambiado con respecto a las primeras obras en las que apareció.
     En el Acto III, Enrique y sus tropas cruzan el Canal de la Mancha, para atacar el puerto francés de Harfleur. El Coro vuelve a aparecer: “Esfuerza tu mente a la popa de esta flota/ Y deja tu Inglaterra, como la medianoche muerta todavía.” El rey francés, dice el Coro, “le ofrece a Catalina su hija, y con ella, la dote, / Algunos duques insignificantes y poco rentables.” Enrique no está satisfecho.
     En el sitio de Harfleur, los ingleses son derrotados al principio, pero Enrique los alienta con uno de los discursos más conocidos de Shakespeare. “Una vez más ante la brecha, queridos amigos, una vez más; / O cierra el muro con nuestros ingleses caídos...” Después de un sangriento asedio, los ingleses toman a Harfleur, pero las fuerzas de Enrique están tan agotadas que decide no ir a París. En su lugar, decide moverse por la costa a Calais. Los franceses reúnen un ejército poderoso y lo persiguen.
     Lo rodean cerca de la pequeña ciudad de Agincourt, y en el Acto IV, la noche antes de la batalla, sabiendo que es superado en número, Enrique deambula por el campamento inglés, disfrazado, tratando de consolar a sus soldados, y determinar qué piensan realmente de él. Sufre con la carga moral de ser rey, y le pide a Dios que, “arme los corazones de mis soldados.” Llega la luz del día, y Enrique reúne a sus nobles con el famoso Discurso del Día de San Crispín (Acto IV, escena III, 18-67): “Somos pocos, y poco felices, pero somos una banda de hermanos.”
     Armados principalmente con arcos largos, los ingleses sorprenden a los franceses, y a ellos mismos, con una victoria abrumadora. Los franceses sufren 10.000 bajas; los ingleses, menos de 30. “Oh Dios, tu brazo estaba aquí,” dice Enrique.
    El Acto V se produce varios años después, mientras los ingleses y franceses negocian el, Tratado de Troyes, y Enrique intenta cortejar a la princesa francesa, Catalina de Valois. Ninguno habla bien el idioma del otro, pero el humor de sus errores en realidad ayuda a lograr su objetivo. La escena termina cuando el rey francés, adopta a Enrique como heredero del trono francés, y la oración de la reina francesa, “que los ingleses puedan, como franceses, los ingleses franceses, recibirse unos a otros, Dios hable esto, Amén.”
     Sin embargo, antes de que concluya la obra, el Coro reaparece y tristemente nota, el estado del heredero Enrique, que, “tantos administraban, que perdieron a Francia, e hicieron sangrar a su Inglaterra, lo cual nuestro escenario ha mostrado,” un recordatorio del tumultuoso reinado de Enrique VI de Inglaterra, que Shakespeare había llevado previamente al escenario, en una trilogía de obras de teatro: Enrique VI, Parte 1, Enrique VI, Parte 2 y Enrique VI, Parte 3.
     Como en muchas de las historias y tragedias de Shakespeare, aparecen varios personajes de cómicos menores, que contrastan con la trama principal y, en ocasiones, comentan la trama principal. En éste caso, la mayoría son soldados comunes en el ejército de Enrique, e incluyen a los personajes, Pistol, Nym, y Bardolph, los mismos de las obras de, Enrique IV. El ejército también incluye un escocés, un irlandés y un inglés, y Fluellen, un soldado galés cómicamente estereotipado cuyo nombre es fonéticamente cercano a “Llywelyn.” La obra también trata brevemente de la muerte de Sir John Falstaff, el amigo distante de Enrique, de las obras de Enrique IV, a quien Enrique había rechazado al final de, Enrique IV, Parte 2.
Fuente
     La fuente principal de Shakespeare para, Enrique V, igual que como para la mayoría de sus historias de crónicas, fueron las Crónicas de Raphael Holinshed; La publicación de la segunda edición en 1587 proporciona un, término post quem, fecha más antigua, para la obra. La Unión de las dos familias ilustres de Lancaster y York de Edward Hall también parece haber sido consultada, y los estudiosos han supuesto que Shakespeare estaba familiarizado con el poema de Samuel Daniel sobre la, Guerra de las Rosas. Una obra anterior, las Victorias Famosas de Enrique V, también se cree que fue un modelo para la obra.
Fecha y texto
     Sobre la base de una aparente alusión a la misión de Essex para sofocar la Rebelión de Tyrone, La Guerra de los Nueve Años, de Irlanda, se cree que la obra data de principios de 1599: La Crónica Histórica de Enrique V, se inscribió en el Registro de la Compañía de Stationers, la Honorable Compañía de Imprenteros y Periódicos, el 14 Agosto 1600, por el librero, Thomas Pavier; el Primer Folio se publicó antes de fin de año, aunque por Thomas Millington, y John Busby, en lugar de Pavier. Thomas Creede hizo la impresión.
     El, Enrique V, de los textos más antiguos de Shakespeare, es un “Folio Pirata,”  (Q1) de 1603, una versión reducida de la obra que podría ser una copia infractora, o un texto informado. Un Segundo Folio, una reimpresión de Q1, fue publicado en 1602 por Pavier; otra reimpresión se publicó como Q3 en 1619, con una fecha falsa de 1608, parte del Falso Folio de William Jaggard. El texto superior primero se imprimió en el Primer Folio en 1623.
Critica y Análisis
Puntos de Vista de la Guerra
     Los lectores y el público han interpretado la actitud de la obra hacia la guerra de varias maneras diferentes. Por un lado, parece celebrar la invasión de Enrique a Francia, y la destreza militar. Alternativamente, puede leerse como un comentario sobre el costo moral y personal de la guerra. Shakespeare lo presenta en toda su complejidad.
     El crítico estadounidense, Norman Rabkin, describió la obra como una pintura con dos significados simultáneos. Rabkin argumenta que la obra nunca se basa en un punto de vista hacia la guerra, el propio Enrique cambia constantemente su estilo de habla, hablando de, “violación y pillaje,” durante Harfleur, pero de la gloria patriótica, en su Discurso a Westmoreland, del Día de San Crispín.
     Algunos críticos relacionan la conquista y la glorificación del orgullo nacionalista, con aventuras militares inglesas de la época, en España e Irlanda. El Coro se refiere directamente a los esperados triunfos militares de Robert Devereux, 2do Conde de Essex, en el quinto acto. El mismo Enrique V, es visto a veces como una representación ambivalente del escenario maquiavélico, combinando una aparente sinceridad, con la voluntad de usar el engaño y la fuerza para alcanzar sus fines.
     Otros comentaristas consideran que la obra analiza críticamente la razón de la causa violenta de Enrique.  Las palabras nobles de el Coro y Enrique, se ven socavadas por las acciones de Pistol, Bardolph y Nym. Pistol habla en un gran verso en blanco, que parece parodiar el propio estilo de discurso de Enrique. Pistol y sus amigos, por lo tanto, exponen las acciones de sus gobernantes. De hecho, se ha dicho que la presencia de los personajes de  la calle Eastcheap, de Enrique IV, enfatizan el elemento de aventurero, en el personaje de Enrique como monarca.
     La ambigüedad de la obra ha llevado a diversas interpretaciones en sus presentaciones. La película de Laurence Olivier de 1944, hecha durante la Segunda Guerra Mundial, enfatiza el lado patriótico, ignorando el hecho de que el enemigo de la obra, los franceses, de hecho eran aliados en ese conflicto,  mientras que la película de 1989, de Kenneth Branagh, destaca los horrores de guerra. Una producción del Teatro Nacional Real de 2003 presentó a Enrique como un general de la guerra moderna, ridiculizando la invasión de Irak.
     En los últimos años, ha habido un debate académico sobre si, Enrique V puede ser calificado como criminal de guerra o no. Algunos denuncian la pregunta como anacrónica, argumentando que la terminología legal contemporánea no se puede aplicar a eventos históricos o figuras como las que se muestran en la obra.  Sin embargo, otros estudiosos han rechazado ésta opinión. Por ejemplo, Christopher N. Warren, recurre al libro, De Armis Romanis de Alberico Gentili, junto con el propio, Enrique V, de Shakespeare, para mostrar cómo los primeros pensadores modernos, incluyendo a Shakespeare, estaban utilizando enfoques jurídicos para comprometerse con el pasado. Como resultado, Warren argumenta, que la pregunta sobre si Enrique V fue un criminal de guerra, no solo es legítima, sino que también es una pregunta, históricamente apropiada .”
     En marzo de 2010, se llevó a cabo un juicio simulado de Enrique V, por los delitos relacionados con la legalidad de la invasión, y la matanza de prisioneros, en Washington, DC, basándose tanto en el registro histórico, como en la obra de Shakespeare. Titulado, “El Tribunal Supremo del Reino de Inglaterra y Francia amalgamados,” los jueces participantes fueron los jueces, Samuel Alito, y Ruth Bader Ginsburg. El resultado originalmente debía ser determinado por un voto de audiencia, pero debido a un empate, se debió a una decisión de los jueces.
     La corte estaba dividida en cuanto a la justificación de Enrique V para ir a la guerra, pero por unanimidad fue declarado culpable por el asesinato de los prisioneros, después de aplicar, “las normas en evolución de la sociedad en proceso de maduración.”
     Anteriormente, el ficticio, “Tribunal Global de Crímenes de Guerra,” dictaminó que la guerra de Enrique V era legal, no se mató ilegalmente a ningún no combatiente, y Enrique V no tenía ninguna responsabilidad penal por la muerte de los prisioneros de guerra. La ficticia “Unión de Libertades Civiles de Francia,” que había instigado al tribunal, luego intentó demandar en un tribunal civil. El juez concluyó que estaba obligado, por las conclusiones de la ley del TGCG, y también falló a favor de los ingléses. El Tribunal de Apelaciones ratificó sin opinión, dejando así el asunto a la determinación del Tribunal Supremo.
Historia de las Presentaciones
     El Coro se refiere a la campaña de Essex de 1599 en Irlanda, que se llevo a cabo, sin ningún sentido, y que terminaría en un desastre. La campaña comenzó a fines de marzo, y se retiró a fines de junio, lo que sugiere que la obra se realizó por primera vez durante ese período de tres meses.
     Una tradición, imposible de verificar, sostiene que Enrique V fue la primera obra interpretada en el nuevo, Globe Theatre en la primavera de 1599, el Globe habría sido la, “O de madera,” mencionada en el Prólogo, pero Shapiro argumenta que, la compañía de teatro, los Hombres de Chamberlain, estaban aún en el teatro, The Curtain, cuando se realizó la obra por primera vez, y que Shakespeare mismo probablemente actuó como el Coro. En 1600, el primer texto impreso indica que la obra se había interpretado, “varias veces.” Sin embargo, la primera actuación para la que se conoce una fecha exacta, ocurrió el 7 de enero de 1605 en la Corte.
     Samuel Pepys vio un, Enrique V, en 1664, pero la obra fue escrita por Roger Boyle, 1er Conde de Orrery, no por Shakespeare. La obra de Shakespeare regresó al escenario en 1723, en una adaptación de Aaron Hill.
     La producción de más larga duración de la obra, en la historia de Broadway, fue la puesta en escena protagonizada por Richard Mansfield en 1900, con 54 presentaciones. Otras representaciones teatrales notables de, Enrique V, incluyen Charles Kean (1859),
Charles Alexander Calvert (1872)
y Walter Hampden (1928).
Los principales resurgimientos de la obra en Londres durante los siglos 20 y 21 fueron:
·         1900 Lyceum Theatre, Lewis Waller como Enrique.
·         1914 Shaftesbury Theatre, F.R. Benson como Enrique.
·         1916 His Majesty's Theatre, Martin Harvey como Enrique.
·         1920 Strand Theatre, Murray Carrington como Enrique.

·         1926 Old Vic Theatre, Baliol Holloway como Enrique.
·         1928 Lyric, Hammersmith, Lewis Casson como Enrique.
·          (Old Vic Company)
·         1931 Old Vic Theatre, Ralph Richardson como Enrique.
·         1934 Alhambra Theatre, Godfrey Tearle como Enrique.
·         1936 Ring, Blackfriars, Hubert Gregg como Enrique.
·         1937 Old Vic Theatre, Laurence Olivier como Enrique.
·         1938 Drury Lane Theatre, Ivor Novello como Enrique.
·         1951 Old Vic Theatre, Alec Clunes como Enrique.
·         1955 Old Vic Theatre, Richard Burton como Enrique.
·         1960 Mermaid Theatre, William Peacock como Enrique.
·         1960 Old Vic Theatre, Donald Houston como Enrique.
·         1965 Aldwych Theatre, Ian Holm como Enrique, (Royal Shakespeare Company)
·         1972 Aldwych Theatre, Timothy Dalton como Enrique, (Prospect Theatre Company), also in 1974 in Roundhouse Theatre.
·         1976 Aldwych Theatre, Alan Howard como Enrique, (Royal Shakespeare Company).
·         1985 Barbican Theatre, Kenneth Branagh como Enrique, (Royal Shakespeare Company).
·         2003 National Theatre, Adrian Lester como Enrique.
·         2013 Noël Coward Theatre, Jude Law como Enrique V, (Michael Grandage Company)
·         2015 RSC and The Barbican, Alex Hassell as como Enrique V
     En el Shakespeare's Globe's 2012 Globe to Globe FestivalHenry V fue la presentación del Reino Unido, como una de las 37 presentaciones, y la unica presentación hablada en ingles. Jamie Parker interpretó el papel de Enrique V.
En al Televisión Británica, la obra ha sido interpretada como:
·         1951 Clement McCallin as Henry, Marius Goring as Chorus, Willoughby Gray as Pistol
·         1953 Colin George as Henry, Toby Robertson as Chorus, Frank Windsor as Pistol
·         1957 John Neville como Enrique, Bernard Hepton como el Coro, Geoffrey Bayldon como Pistol.
·         1960 Robert Hardy como Enrique, William Squire como el Coro, George A. Cooper como Pistol.
·         1979 David Gwillim como Enrique, Alec McCowen as Chorus, Bryan Pringle como Pistol.
·         2012 Tom Hiddleston como Enrique, John Hurt como el Coro, Paul Ritter como Pistol.
     En 2017, el Pop-up Globe, la primera réplica temporal del segundo Globe Theatre del mundo, con sede en Auckland, Nueva Zelanda, realizó 34 shows de, Enrique V. El actor australiano, entrenado en Londres, Chris Huntly-Turner, asumió el papel de Enrique, el actor irlandés Michael Mahony, como el Coro, y el actor del Reino Unido y Nueva Zelanda, Edward Newborn, como Pistol / Rey de Francia.
Adaptaciones
Peliculas
     Se han realizado tres adaptaciones cinematográficas importantes. La primera, dirigida y protagonizada por Laurence Olivier en 1944, es una versión colorida y altamente estilizada que comienza en el Globe Theatre, y luego cambia gradualmente a una evocación realista de la Batalla de Agincourt. La película de Olivier se realizó durante la Segunda Guerra Mundial, y fue concebida como un grito de guerra patriótico en el momento de la invasión de Normandía.
     La segunda película importante, dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh en 1989, intenta dar una evocación más realista del período y pone más énfasis en los horrores de la guerra. Cuenta con una cruenta y espantosa batalla salpicada de lodo: la batalla de Agincourt. En donde Olivier organizó las escenas cómicas como comedia, Branagh las interpretó como un drama serio.
     La tercera película importante, protagonizada por Tom Hiddleston, fue realizada por la BBC en 2012 como parte de la serie, The Hollow Crown.
Danza
     En 2004, el coreógrafo posmoderno David Gordon, creó una versión de la obra de teatro y danza, llamada Dancing Henry Five, que mezclaba la música de William Walton, escrita para la película Olivier, grabando discursos de la propia película de Christopher Plummer, y un comentario escrito por Gordon.
     La pieza se estrenó en Danspace Project en Nueva York, donde se comparó favorablemente con una producción de Enrique IV (partes 1 y 2) en el Lincoln Center. Ha sido revivida tres veces, en 2005, 2007, y 2011, presentada en ciudades de los Estados Unidos, y recibió el Premio Nacional Dotación de las Obras Maestras Estadounidenses en Danza.
Musica
     Suite de Enrique V es un arreglo orquestal de música de 1963 que el compositor William Walton escribió para la película Olivier de 1944. El arreglo es de Muir Mathieson, y está en cinco movimientos.
    Henry V - A Shakespeare Scenario, es una obra de 50 minutos para narrador, coro SATB, coro de niños (opcional) y orquesta completa.  El contenido musical está tomado de la partitura de Walton para la película de Olivier, editada por David Lloyd-Jones y organizada por Christopher Palmer.
     Se realizó por primera vez en el, Royal Festival Hall, de Londres, en mayo de 1990. Los intérpretes de éste estreno fueron Christopher Plummer (narrador), el Coro de la Academia, los Coristas de la Catedral de Westminster, y la orquesta de cámara . El conductor fue Sir Neville Marriner. Un CD del trabajo con estos intérpretes fue lanzado por Chandos en 1990.
      O For a Muse of Fire es una obertura sinfónica para orquesta completa, y vocalista solista, escrita por Darryl Kubian. La obra dura 12 minutos y fue estrenada por la, New Jersey Symphony Orchestra, en marzo de 2015. La obra es escrita para orquesta completa, con vocalista solista. La parte vocal incorpora líneas seleccionadas del texto, y el rango vocal es adaptable a diferentes tipos de voz.
      La solista para las presentaciones de estreno con la New Jersey Symphony fue la ex cantante principal del grupo vocal pop, October Project, y ex artista Sony Classical, Mary Fahl. (Wikipedia ingles).
Enrique V

de William Shakespeare

     Del inglés, William Shakespeare, (1564-1616), figura máxima de las letras universales, ya les hemos presentado obras como, Otelo, no. 506, Julio Cesar. No, 528, Sueño de una Noche de Verano, No. 554, El Mercader de Venecia, no. 563, El Rey Lear, no. 556, y La Fierecilla Domada, no. 593. En esta ocasión, les presentamos una narración inspirada en sucesos históricos de Inglaterra. Conozcan la historia del Rey: Enrique V.

     Durante los siglos IV y V, Inglaterra y Francia pelearon la llamada Guerra de los 100 Años. Eduardo III, de Inglaterra, fue quien inició el conflicto, al reclamar como suyas las tierras francesas, en 1357, quien decía, “¡Carlos IV de Francia, ha muerto sin herederos, y yo, su sobrino, tengo derecho al trono!” Las batallas efectuadas para obtener el dominio sobre Francia resultaban caras para ambos reinos, tanto en dinero, como en vidas humanas.

     Eduardo, el “Príncipe Negro,” hijo de Eduardo III, ganó importantes batallas, durante ésta guerra. Sin embargo, al morir, el “Príncipe Negro,” en 1376, la guerra no parecía tener un vencedor y un vencido. El príncipe dijo en su lecho de muerte, “Recuerden…¡Francia…debe ser nuestra!” Un año después, al morir Eduardo III, subió al trono, Ricardo II, nieto de aquel, e hijo del “Príncipe Negro.” Cuando el arzobispo lo coronó, dijo, “Que Dios guíe tus acciones, Ricardo.” Poco se imaginaba Ricardo que su primo Enrique de Lancaster, deseaba adueñarse del trono, pensando, “Me he ganado la amistad de los miembros del parlamento. ¡La Corona será mía!”

     Las intrigas de Enrique de Lancaster dieron resultado, y Ricardo II terminó sus días encerrado en un calabozo de la torre de Londres. Durante el reinado de Enrique de Lancaster, la Guerra de los Cien Años, se vio interrumpida. Enrique de Lancaster pensó, “¿Para qué necesito el Trono de Francia, si ya soy dueño de Inglaterra?”
     Enrique IV de Lancaster se ocupó de preparar a su heredero, quien llevaba el mismo nombre, para cuando debiera sucederlo en el trono. Mientras cabalgaban, Enrique de Lancaster dijo a su hijo, “Recuerda hijo…la firmeza de tus actos, será lo que te haga ganar el respeto de tus súbditos.” Su hijo le dijo, “Sí, padre, entendido.”

     Las constantes insurrecciones de Gales y Escocia, mantenían ocupado a Enrique IV de Lancaster, quien decía a su hijo, “¡Entrega ésta carta al Príncipe de Escocia!¡No toleraré rebeliones en mi reino!” Los años pasaron, y Enrique de Lancaster vio con tristeza que su hijo, perdía interés en los asuntos del estado. Mientras Enrique hijo, jugaba cartas, el obispo de Ely, uno de los consejeros de Enrique de Lancaster, el rey, le dijo, “El príncipe lleva una vida muy disipada, Milord.” El rey le dijo, “Así es…” Enrique de Lancaster agregó, “Solo me consuela la esperanza de que con el tiempo, adquiera conciencia de sus responsabilidades.” El obispo dijo, “Así lo espera yo también, señor.”

     En 1423, Enrique de Lancaster murió, siendo sus restos depositados en la catedral de Canterbury. Ese mismo año, Enrique V fue proclamado rey. Su actitud ante la vida cambiaría para siempre. Enrique V pensó, “¡Seré un digno sucesor de mi padre!”

     La vida de Enrique V, quedó inmortalizada a través de la pluma del genial de William Shakespeare. Aquí es donde verdaderamente empieza nuestra historia. En 1415, tras haber pasado dos años, desde que Enrique V, obtuviera el poder sobre Inglaterra, en un castillo de Inglaterra el obispo y el arzobispo dialogaban. El obispo dijo, “Enrique V, ha resultado un monarca ejemplar. ¿No es así, arzobispo?” El arzobispo le dijo, “¡Y que lo digas, querido Obispo de Ely! Casi no recuerdo el tiempo aciago, cuando nuestro soberano se comportaba disolutamente.” El obispo de Ely, y el arzobispo de Canterbury formaban parte del consejo de Enrique V.
     El obispo de Ely agregó, “¿Quién habrá hecho cambiar la conducta del joven rey, excelencia?” Lleno de orgullo por su amistad con el mandatario, el arzobispo aseguró, “La ausencia de malas compañías, amigo, esa es la razón.” El obispo dijo, “Estoy de acuerdo.” El arzobispo dijo, “Además, nos tiene a ambos guiando sus actos. Recuerda que yo mismo le aconsejé renovar los intentos por hacer nuestras las tierras de Francia. Ahora, amigo, vayamos al lado de Enrique. En unos momentos más llegarán los embajadores de Francia, con motivo del inminente ataque a sus dominios.” En ese momento, en el salón de audiencias del palacio,
     tres hombres sentados a la mesa dialogaban. Enrique dijo, “¿Aún demorará mi respetado arzobispo de Canterbury, tío Exeter?” El tío dijo, “No creo rey, y sobrino mío.” Enseguida Enrique dijo, “Hazle llamar, primo Westmoreland.” Westmoreland dijo, haciendo una reverencia, “Enseguida mi señor, ¿Pido también que vengan los embajadores?” Enrique dijo, “Todavía no, primo.” Westmoreland dijo, “Como usted guste.”
     Enrique dijo, “Antes de hablar con ellos, debemos decidir cuál será nuestra posición hacia los asuntos que conciernen a su nación y la nuestra.” Segundos después, los clérigos entraban al salón. El arzobispo y obispo llegaron. El arzobispo dijo, “Dios y sus ángeles guarden de ti, y de tu pueblo, Enrique.” Enrique dijo, con alegría, “Ahora podemos dar inicio a nuestra reunión.” Enrique se sentó en su trono, y dijo, “Arzobispo, explíquenos las razones para reclamar el trono de Francia.”
    El arzobispo explicó, “Su majestad ha de saber que la razón que los franceses esgrimen como excusa para negarle a Inglaterra el dominio de sus tierras…” El arzobispo continuó, “…es la ley sálica, que indica que una mujer no puede regir un país, ni dejar la sucesión de un trono a través de ella. De aplicarse ésta ley, el reclámo que hace ya 85 años expúso su bisabuelo, Eduardo III, exigiendo el trono francés por ser descendiente de Isabel de Francia, queda como insostenible.” Enrique pensó, “Ya me lo temía.” El arzobispo agregó, “No obstante, nosotros podemos sustentar a nuestro favor un ley de mayor peso.” Enrique dijo, “¿Cuál es, sabio amigo mío?”
     El arzobispo dijo, “La Ley de Dios. En la Biblia está escrito: ‘Cuando un hombre muera, que su hija reciba su herencia.’ Esto anula la ley sálica.” Enrique pensó, “¡Enrique V, Francia te pertenece por decreto divino!” Lleno de alegría, Enrique exclamó,  “¡Entonces, no se háble más! ¡A Francia hemos de ir a reclamar lo que me pertenece!”
     Pero el entusiasmo de Enrique fue sosegado por la intervención del obispo de Ely. “Milord, permítame aconsejarle prudencia.” El obispo continuó, “Recuerde que no debemos descuidar a los escoceses, quienes aprovecharán su ausencia, para adueñarse de toda Inglaterra.” Tras una pausa, el obispo continuó, “No me tóme por insolente, señor, pero pienso que primero deberíamos someter a Escocia, y posteriormente ir a Francia.”
     El arzobispo dijo, “No estoy de acuerdo.” Hubo una segunda pausa, y el arzobispo continuó, “Recuerden que al igual que un cuerpo que tiene sus miembros divididos para cumplir con sus diferentes funciones, así un reino no debe ocuparse de todos sus asuntos. Dejemos parte del ejercito en Inglaterra, y llevemos el resto a Francia, ¡Con la ayuda de Dios, la victoria será nuestra!” Enrique dijo, “Sábias palabras…” Enrique continuó, “Seguiremos tus consejos, arzobispo, ahora, que pasen los embajadores de Francia.” De inmediato entraron los embajadores. Ambos hombres se arrodillaron.
     Enrique dijo, “Tengo entendido que los envía el Delfín de Francia, primogénito del rey.” Los embajadores de pusieron de pie, y uno de ellos que llevaba un cofre, dijo, “Está usted en lo cierto, majestad. El delfín le ruega aceptar éste regalo que le envía.” Enrique dijo, “¿Qué es?” 
    Ambos embajadores se acercaron al trono de Enrique y se arrodillaron. Uno de ellos extendió el cofre, y Enrique lo tomó. Enrique abrió el cofre y exclamó, “¿Qué?¿Bolas de tenis?”
     Exeter exclamó, “¿Qué ultraje es este?” Tras un silencio de asombro, el embajador continuó, “El Delfín me dio éste mensaje: ‘Enrique V, tu juventud es tal, que solo podrías ganarnos en un partido de tenis; practíca.’”
     Enrique dejó escapar una sonora carcajada, “¡JA, JA, JA!” Exeter dijo, “Sobrino querido, éste villano osa burlarse de tí, y sin embargo ríes, ¿Por qué?” Enrique dijo, “Te explicaré, tío…” Enrique continuó, “¡Más nos reirémos al tener a Francia doblegada ante nosotros!” Irritado, Enrique sentenció, “Vete de aquí, embajador, y dile a tu soberano que llorará amargas lagrimas al recordar su atrevimiento. ¡Francia será mía!”

     Días después, en una callejuela de Londres, dos hombres dialogaban. “¡Qué gusto de verte, Nym!” Nym dijo, “¡El gusto es para mí, amigo Bardolph!” Bardolph dijo, “Ven conmigo a la posada de Nell Quickly, ahí desayunaremos.” Nym dijo, “Vamos, pero ojalá que no encontremos a Pistol.” Bardolph dijo, “¡Ah! Recuerdo que nuestro amigo Pistol te robó los amores de la posadera, pero olvida el suceso, te la robó en buena lid.” Nym dijo, “Trataré…”
     Minutos después, los dos pilletes entraban a la posada. Al ingresar, Bardolph dijo, “Pistol, querido amigo, sírvenos un buen desayuno.” Bardolph no imaginó la reacción de su antiguo compañero de andanzas. Pistol les dijo, “¡Largo de aquí!” Bardolph le dijo, “¿Qué pasa?¿Es que crees que nuestro dinero no es verdadero?” Furioso Nym desenfundó su arma, y dijo, “¡Tal vez nuestro dinero es falso, pero mi espada no lo es!” Al fondo de la posada, Nell Quickly gozaba la escena de celos, pensando, “¡Se pelean por mi!¡Je!”
     Bardoph también con su espada desenfundada dijo, “¡Deténganse los dos!” Nym se detuvo y dijo, “Me detendré solo en consideración a ti, Bardolph.” Pistol dijo, “¡Ja! Siempre supe que eras un cobarde, Nym.” Nym se encolerizó y dijo, “¡Nadie me llama cobarde!” Repentinamente, la voz de un heraldo interrumpió el conflicto pasional. “¡Escúchen!¡Escúchen!” Nym exclamó, “¿Qué?” Los curiosos plebeyos salieron a la calle a escuchar las noticias que anunciaba el heraldo.
     Pistol dijo, “¡Vuelvo al rato, Nelly!” Nelly le gritó, “¡Regresa, Pistol!” Así, ya afuera, el heraldo clamaba, “¡El Rey Enrique V convoca a todos los hombres valerosos de Inglaterra, para luchar contra los franceses.” De inmediato los tres hombres empezaron a pensar en lo que ganarían de ir a Francia. Nym pensó, “¡Mujeres!” Bardolph pensó, “¡Joyas!” Pistol pensó, “¡Fama!” Bardolph dijo, “Olvidemos nuestros rencores. ¡Peleemos contra el Rey de Francia!” Pistol y Nym gritaron, “¡Vamos!”

     Los días pasaron, y por fin, el 11 de agosto de 1415, Exeter dialogaba con su hijo, Eduardo de Norwich, en el puerto de Southampton: “¿Crees que tárde mucho en llegar el Rey a Southampton, hijo?” Su hijo le dijo, “Estará aquí de un momento a otro, y entonces partiremos a Francia , padre.” Exeter se preocupaba por la seguridad de su sobrino, y dijo, “¡Ay! Cómo deseo que los rumores de una traición contra Enrique, no sean más que patrañas…” Eduardo le dijo, “No pienses en ello.” Eduardo agregó, “Hoy supe que Enrique descubrió a los traidores, y que los pondrá en evidencia ante nosotros.” Exeter exclamó, “¡Alabado seas Dios!” Al poco tiempo, Enrique arribó junto con su escolta. Exeter exclamó, “¡Qué alegría verlo llegar, Oh, Rey!” Enrique dijo, “No tanta como la que siento al verte, Exeter.”
     Eduardo dijo, “Ya todos han llegado; podemos partir hacia Francia cuando lo dispongas, excelso primo.” Enrique dijo, “No todos están aquí. Aún falta Scroop, Cambridge, y Grey.” En ese momento, tres soldados arrivaban. Enrique dijo, “¿Bien, pues qué les parece? El señor ha escuchado mis suplicas, y aquí llegan mis queridos amigos.” Scroop dijo, “Es bueno verle a salvo, amado rey. Supimos que un infame, intentó hacerle daño anoche.” Enrique dijo, “Les agradezco su preocupación por mi bienestar. Creo que debo perdonar al plebeyo que me agredió, pero antes de decidir, quiero saber su opinión.”
     A continuación , Enrique se dirigió a Scroop, y dijo, “¿Qué me aconsejas hacer, Scroop?” Scroop dijo, “Usted es famoso por su misericordia, mi ámo, mas yo me inclinaría por hacerle sufrir un castigo ejemplar.” Enseguida, Enrique dijo, “Aunque conozco de sobra mi carácter piadoso, ¿Qué opinas Cambridge?” Cambridge dijo, “¡Hágalo colgar, su majestad!” A continuación, Enrique se dirigió a Grey, y le dijo, “Ahora dime qué piensas de éste asunto, Grey?” Grey le dijo, “Yo lo dejaría vivir, magnánimo soberano, pero antes lo azotaría públicamente, como un escarmiento ejemplar.”
     Una enigmática sonrisa cruzó el rostro de Enrique, y por fin dijo: “Si nos hemos de perdonar las pequeñas ofensas, ¿Cómo habremos de portarnos con los grandes criminales?” Tras una pausa, Enrique agregó, “Quizás les conviniera leer algo que he escrito acerca de los grandes y pequeños pecados.”
     Enrique entregó un rollo a cada uno de los soldados. Los tres nobles desataron los rollos, despreocupadamente. Poco se imaginaban que se llevarían una terrible sorpresa. Cambridge dijo, “¡Esto debe ser un error, milord!” Scroop dijo, “¡O-órdenes de aprensión contra nosotros?” Intentando no montar en cólera, Enrique exclamó, “¡Me avergüenzo de tenerlos como mis súbditos!¡Todo podría perdonar, menos una traición!”
     Cambridge se acercó y se arrodilló ante Enrique, diciendo, “¡Reconozco mi culpa, señor, pero tenga piedad de mi!” Enrique dijo, “¿Osas pedir piedad, tú que me proponías no tenerla?” En ese momento, el monarca no pudo contener su enojo, y espetó, “¡Fuera de mi vista!¡ya tendrán tiempo de pensar qué terrible será mi furia, cuando yo regrese para darles su justo castigo!”

     Pocos días después de haber salido la flota inglesa del puerto de Southampton, en Francia ya se tenían noticias del la invasión. 
     El rey de Francia, estando en su trono, dialogaba con dos de sus hombres de confianza. El rey de Francia dijo, “Se dice que los ingleses son pocos, pero muy valientes.” Abusando de la confianza en su ejército, el condestable de Francia aseguró, “No son más que rumores, excelencia.” Por su parte, el Delfín, compartía las ideas del Condestable, “No pierdas la fe, padre. Los ingleses no harán más que perder su tiempo.”
     El Rey de Francia, más prudente que su hijo, no pensaba de modo tan optimista, y dijo, “Espero que así sea. Enrique V proviene de una casta de valientes guerreros.” En eso, un soldado mensajero arrivó al salón y dijo, “Excelencia, un embajador de Enrique V desea verlo.” El rey de Francia dijo, “Hazlo pasar.” Un hombre con espada envainada entró, y dijo, “Que la paz viva en sus majestades, mi nombre es Exeter, y tengo un mensaje de Enrique V, soberano de Inglaterra.” El rey de Francia dijo, “¿Qué desea comunicarnos nuestro hermano Ingles?” Exeter entregó un pergamino, al tiempo que decía, “Le ruega abdicar el trono de Francia a su favor.” Mientras el rey abría el pergamino, Exeter dijo, “En el pergamino pueden leer las pruebas que atestiguan el derecho que tiene mi señor Enrique para gobernar Francia.”
     El Rey de Francia dijo, “Muy interesante…” El rey continuó, “Pero será hasta mañana que daré mi respuesta a Enrique. No es una cuestión para decidirla a la ligera.” Exeter le dijo, “Esperaré el tiempo que sea necesario.” Enseguida, el Delfín se dirigió a Exeter, y dijo, “Y para mí, el Delfín de Francia, ¿No manda Enrique ningún mensaje?” Exeter dijo, “¡Oh, sí!” Tras una pausa, Exeter continuó, “El excelso Enrique, respetuosamente demanda justifique el obsequio que le envió en días pasados.” El Delfín explicó, “La explicación es muy sencilla. Si le mandé un regalo propio para un niño, es porque Enrique V, no es más que un chiquillo obsesionado por la posesión de un titulo que no le corresponde…”
     El Delfín continuó, “En lo que a mí concierne, dile a tu reyecito que en tanto fluya sangre por mis venas, haré hasta lo imposible por impedir que él porte la corona francesa.” Divertido ante la reacción del Delfín, Exeter afirmó, “No tenga usted cuidado, que su mensaje llegará hasta mi monarca a través de mi voz.” El Delfín le respondió, “Ahora, vete al lado de tu rey. Ya conocerás mañana nuestra respuesta, a través de un mensajero.” Exeter le dijo, “Que se hagan las cosas como usted disponga. ¡Me retiro!”

     Una vez que Exeter salió del salón, pensó, “¡Cretinos! Pero Dios será nuestro testigo de que Francia caerá bajo el poder de Enrique V, estoy seguro de ello.” Esa noche, Exeter arribó al campamento ingles, que había sido montado frente a la fortificada ciudad de Harfleur. Cuando Exeter llegó al campamento, en su caballo, Enrique mismo le dio la bienvenida, diciendo, “¡Bienvenido, querido Exeter! ¿Te recibieron bien nuestros parientes franceses?” Exeter dijo, “Con menos cortesía de la que yo esperaba, mi señor.”
     Exeter continuó, al tiempo que desmontaba su caballo, “Si deseas conocer mi opinión, sobrino, siento que los franceses, no dejarán que ciñas la corona sin que antes opongan sus armas contra las tuyas.” Enrique dijo, “Ya esperaba que los franceses no se rindieran pronto. Por lo mismo, estoy preparando ya el sitio a la ciudad de Harfleur. Nuestro campamento consta de catapultas y tres cañones, además de que junto a nosotros, pelearán casi diez mil hombres. Todos ellos ingleses leales a mí, su rey.” Orgulloso, Enrique le mostró a su tío Exeter qué tan poderoso era su ejército.
    Enrique dijo, “8 mil arqueros que se cuentan entre los mejores y más bravos de Europa, nos apoyará. También tendremos como aliados a 2 mil caballeros que, portando armaduras, pelearán hasta lograr que yo sea reconocido como el soberano absoluto de Francia. Veinte mil caballeros nos servirán de montura, y jalarán las máquinas de guerra, como las catapultas y los cañones. Nada podrá detenernos, Exeter. Confía en Dios y en nuestro ejército, y en poco tiempo me verás entronizado, como monarca de éstas tierras. Al grito de ‘¡Por Enrique y por San Jorge!’ Nuestro ejército se apoderará de la cuidad de Harfleur. La historias nos recordará como los vencedores de ésta guerra.” Exeter dijo, “No lo dudo, sobrino.”

     Al día siguiente, cuando Enrique daba las últimas instrucciones para iniciar el sitio de Harfleur, dos mensajeros franceses entraron a la tienda de Enrique y dijeron, “Señor, el rey de Francia ha tomado una decisión respecto a su petición para que abdique. El rey se niega a acceder a su petición pero a cambio le ofrece la mano de su hija, y el dominio de varios condados franceses.” Enrique contestó, “No acepto la oferta. Vine por la corona de Francia, y con ella me quedare, así tenga que pelear el resto de mi vida.”
     Entornando la mirada, Enrique añadió, “La belleza de Catalina de Valois, es famosa en toda Europa entera. Sin embargo, no es motivo suficiente para abandonar mi empresa. Dile a tu rey que hoy empezara la lucha por las tierras del trono de Francia. ¡Retírate!” El mensajero dijo, “Sí señor.”
     Enseguida, Enrique ordenó, “Westmoreland, ordena que empiece el ataque de inmediato.” Westmoreland dijo, “Como ordénes, primo.” Westmoreland salió de la tienda y gritó, “¡Todos a las armas!¡Nuestro soberano nos guiará a la gloria del triunfo!” Enseguida, Westmoreland se dirigió a los arqueros y gritó, “Ustedes comenzarán el sitio. ¡Dispáren!” Los arqueros contestaron al unísono, “¡Sí, señor!”

     El silbido de miles de flechas, anunció el inicio del combate. Enrique ya no se detendría ante nada, hasta haber logrado que la victoria fuera suya. Los cañones rugían de modo horrendo, dejando salir de sus bocas sus mortales balas. La lucha fue terrible, durante cinco semanas, el combate entre ambos mandos no parecía tener un vencedor definitivo. Hasta que por fin, una mañana, con la ayuda de una gran roca lanzada por una catapulta, los ingleses lograron hacer un boquete en la muralla que protegía la ciudad. Enrique, quien participaba en la batalla, gritó, “¡La victoria es nuestra!”
     Cuando los ingleses comenzaron a entrar a la ciudad, Enrique gritó, “¡Tan solo aduéñense de la ciudad, pero no la saquéen!” Al poco tiempo, la ciudad se rendía. El rey de Francia se lamentaba, frente a Enrique, dijo, “Si tan solo nos hubieran llegado los refuerzos que nos prometió el Delfín.” Enrique dijo, “Pero nunca llegaron. Harfleur y es posesión inglesa.” Enseguida, Exeter dijo, “Y ahora, ¿A dónde nos dirigiremos?” Enrique dijo, “¡A Calais, la sede del gobierno francés!” Westmoreland dijo, “¡Es demasiado pronto!” Enrique dijo, “Nunca es demasiado pronto, si es que nos aproximamos a la victoria definitiva. ¡No temas primo, Dios, la Victoria, y la Suerte, son nuestras compañeras!”

     Mientras tanto, la princesa Catalina de Valois, hija del Rey de Francia, se encontraba en su palacio, en la ciudad de Ruan. Allí, en su recamara, decía a su dama de ayuda, “Alice, ¿Será cierto que mi padre planea desposarme con Enrique V?”
     Alice le dijo, “Esos son rumores que corren en el palacio. No dudo que tengan algo de verdad.” Catalina le dijo, “¿Crees tú que sea guapo, Alice?” Sin poderlo saber aún, Catalina llegaría a ser la esposa de Enrique. Alice le dijo, “Ya lo averiguarás, princesita. Tan solo dejemos que llegue el día en que ambos se encuentren.”
     Catalina le dijo, “No creo que ese momento se halle muy distante. La gente dice que el Rey de Inglaterra se interna, día a día, en territorio francés.” Irritada ante el inocente interés de Catalina por Enrique, Alice exclamó, “¡Pero si pretende arrebatarle el trono a tu padre! ¿Cómo es que deseas conocerlo?” Catalina le dijo, “Alice, Enrique está peleando por recobrar lo que le pertenece. Él tiene tanto derecho al trono como mi padre.” Alice dijo, “¡Pero…!” Catalina dijo, “No hablemos mas del asunto, Alice. Tu actitud solo logrará que me encapriche por conocer a Enrique.” Alice dijo, “Como sea. Como tu digas, Catalina.”

     Días después, Enrique se acercaba a sus enemigos. Cabalgando a la vanguardia del ejercito, Exeter dijo a Enrique, “Nuestros soldados empiezan a caer víctimas de la disentería. Ya hemos perdido tres mil hombres.” Enrique dijo, “Es cierto que nuestras bajas han sido mayores a lo esperado, pero no debemos desistir teniendo el triunfo ya en nuestras manos.” Westmoreland dijo, “No pretendo ser grosero, sobrino, pero me parece que abusas de tu optimismo.” Enrique dijo, “¡Tonterías!” Enrique agregó, “Pasando el Río Somme, solo nos faltaran dos días para llegar a Calais. De momento paremos en esa aldea a descansar.”
     Tras una pausa, Enrique dijo, “¡Que todos se detengan! ¡Y ya saben, aquel que se dedique al saqueo, responderá con su vida!” Exeter dijo, “¿Cómo evitar la rapiña si el ejército está hambriento, Enrique?” Enrique dijo, “Alrededor de la villa crecen fresas silvestres. ¡Que se alimenten de ellas!” Enrique agregó, “Las raciones de alimentos que les damos, son suficientes para que estén bien alimentados, por los mismo, no toleraré que abusen de los franceses.”

     Al poco tiempo un hombre llegó agitado, buscando la audiencia de Eduardo, diciendo, “¡Señor, le ruego que me escuche!” Enrique dijo, “¿Qué sucede?” El hombre le dijo, “Un soldado fue sorprendido robando las cosas de oro que había en la iglesia del pueblo.” Enrique dijo, “¡Que lo traigan hasta mi!” Y así, cuando los soldados presentaron al soldado, que era Bardolph, frente a Eduardo, el rey le dijo, “¿Es cierto que intentaste robar objetos sagrados?” Bardolph dijo, “Sí, es verdad.” Enrique le dijo, “¿Es que acaso no conocías mis órdenes? ¿Cómo te atreviste a desobedecerme?”
     Enfurecido, Enrique ordenó, “¡Llévense a éste ladrón lejos del campamento, y ahórquenlo!” Al oír la sentencia, Bardolph se llenó de terror, y exclamó, “¡No!¡Piedad!” Enrique le dijo, “¿Acaso fuiste piadoso al robar la Iglesia? ¡En éste momento me responderás ante mi ley, que es una ley de hombres! ¡Solo ruega por que Dios sepa perdonarte, pues yo no te perdonaré!” Enseguida, un hombre se acercó, y dijo, “¡Muy bien hecho, excelencia! Ese villano merecía recibir todo el peso de la justicia!”
     Enrique le dijo, “¡Capitán Fluellen!” El recién llegado era uno de los principales capitanes del ejercito de Enrique. El capitán Fluellen agregó, “Lamento mucho que ese villano desobedeciera sus ordenes, su majestad.” Enrique dijo, “¿A qué se debe su preocupación, Fluellen?” Fluellen dijo, “Es que ese pillo pertenecía a mi regimiento, señor.” Enrique dijo, “No te apures, Fluellen. Eres responsable de sus actos, durante el combate, pero no siempre puedes vigilarlos. Olvida éste incidente.” Fluellen dijo, “Así lo haré, señor.”
     Muy temprano, al día siguiente, Enrique levantó a sus hombres, diciendo, “¡Bien, pues ya han descansado bastante, soldados míos!¡Sigamos la marcha hacia el Río Somme!” Entre la soldadesca, que iban a caballo, los compañeros de Bardolph, mostraban su descontento. Uno de ellos, Pistol, dijo,  “¡Maldito Enrique! Mira que mandar ahorcar a Bardolph por tan poca cosa…¡Desde éste momento odiaré a todos los que sean galeses, como el reyecito, amigo Nym!” Nym le dijo, “Pues deja que te recuerde que Fluellen, nuestro capitán, es también galés.” Pistol le dijo, “¡A él lo odio más!” Nym le dijo, “¿Por qué?”
     Pistol le dijo, “Porque odio a los galeses, pero aún más a los galeses que son gordos como Fluellen.” Nym le dijo, “¡Vaya! Pues el único que no odiarás tanto será Enrique, porque los demás si son gordos.” En ese momento llegó Fluellen, que no había oído los comentarios de Pistol, diciendo, “¡Sigan adelante, no se queden rezagados!” Pistol dijo, “¿Eh? ¡Oh, claro capitán!¡Je!” Cuando el capitán se alejó, Nym le dijo a Pistol, “¡No seas bocón! Un día tus estupideces nos costarán la vida.”

     Por fin, esa tarde, los ingleses llegaron al río. Un ejército francés, que resguardaba el puente del Rio Somme, gritó, “¡Deténganse!” Enrique, al frente de sus ejércitos, contestó, “¡Jamás!” Hubo una pausa, tras lo cual, Enrique gritó, “¡Al ataque súbditos de Inglaterra!” Siguiendo las órdenes de Enrique, los arqueros iniciaron las hostilidades. Enseguida Enrique se lanzó a la lucha cuerpo a cuerpo, e hiriendo a un hombre con su espada, gritó, “¡Muere, perro francés!” Un soldados francés con armadura, dijo a otro soldad ingles con quien peleaba, “¡Tu rey no pasará de aquí, ingles!” El soldado ingles le dijo, “¡Eso lo veremos!”
     El ataque fue rápido, fulminante. Los franceses, poco organizados, terminaron abandonando el puente. Del otro lado del puente, Enrique y su gente celebraron su victoria. Enrique dijo, “Ya nada nos impedirá llegar a Calais. ¡Sigamos adelante!” Rápidamente las noticias de la batalla, llegaron hasta el Delfín. El capitán francés se presentó frente al Delfín, y le dijo, “¡Señor, fuimos derrotados en el Rio Somme!”
     El Delfín exclamó, “¿Qué?” El capitán dijo, “¡Nada detiene a los ingleses! No me queda claro si es el demonio o Dios quien los ayuda…” El Delfín le dijo, “¡El Demonio, claro está! Pero su suerte no les durará por siempre…” Tras una pausa, el Delfín le dijo, “Los interceptarémos en Agincourt. Todo nuestro ejército irá hasta esa ciudad, y despedazarémos al ejército ingles. Pero que nadie diga que los franceses somos sanguinarios, ni que deseamos el mal ajeno, mucho menos el inútil derramamiento de sangre. Manda llamar a Montjoy, el principal heraldo francés, él le llevará a Enrique una última advertencia para que detenga a su ejército.” El capitán dijo, “Lo traeré enseguida.”

     Un momento después, un hombre se presentaba ante el Delfín, diciendo, “¿En qué puedo servir a mi señor?” El Delfín le dijo, “Montjoy, ve hasta donde se encuentra Enrique V, y repítele las palabras que ahora te diré:” El Delfín hizo una pausa, y agregó, “Mandaré una ofensiva total en contra tuya, el 25 de octubre. ¡Ríndete de inmediato o morirás!” Montjoy dijo, “Llevaré su mensaje de inmediato, señor mío.”

     Esa misma tarde, Enrique recibió el mensaje, y cuando se retiraron los heraldos, Eduardo dijo, “¡Qué descáro! El Delfín nos subestima. ¡Pero muy caro le costará su exceso de confianza!” Exeter le dijo, “Pero, rey mío, nuestro ejército ya está muy débil.” Enrique le dijo, “No pierdas la confianza en el valor de nuestra gente. Aniquilaremos a los franceses.” Enseguida, Enrique mostró su espada, y dijo, “¡No tenemos tiempo que perder! Lleguemos primero hasta Agincourt, y preparemos el ataque. San Jorge, patrón de Inglaterra, sabrá protegernos.”

    Noche y día, el ejercito ingles camino hacia el campo de batalla. Casi todos tenían fe en la victoria, aunque habían sus muy contadas excepciones. Pistol, ya andando a pie, dijo a Nym, “Voy a regresar a Inglaterra.” Nym le dijo, “¿Porqué?” Pistol dijo, “Me han avisado que Nell está enferma.” Nym le dijo, “¡Lo que pasa es que el valor te ha abandonado, si es que alguna vez anidó en tu pecho!” Pistol le dijo, “¡Llámame como quieras!¡Si no me apúro, no volveré a ver a Nell, quien ha enfermado de gonorrea!”
     Nym le dijo, “¡Entonces lárgate! Tu poco valor te impedirá compartir el triunfo de Enrique V.” Sin embargo, el amor que Nym había sentido por Nell, fue más fuerte que su fidelidad a Enrique, y pensó, “Nell nunca fue una gran mujer, y no obstante la ámo como a nadie.” Nym le gritó, “¡Espérame Pistol!” Pistol volteó y dijo, “¿Qué?” Pistol agregó, “¿Tan pronto has abandonado tus aires de patriota?” Nym le dijo, “Iré contigo junto a Nell, cuando ella muera, quizás volvamos a ser unos ladronzuelos, como lo fuimos antes.” Nym agregó, “¡Que Dios y nuestra patria nos perdonen!” Así los dos pilletes desertaron. Nunca más se volvió a saber de ellos.

     Esa misma noche, Enrique y su ejército llegaron al valle de Agincourt. Enrique  miró desde las alturas el campamento. Exeter dijo, “¡Los franceses son muy numerosos, Milord!” Enrique dijo, “Tío, sé muy bien que los franceses no superan en cinco por cada uno de nosotros; nosotros somos cinco mil, y nuestros enemigos 25 mil…pero su coraje no se iguala al nuestro, ni aunque hubieran 250 mil en contra nuestra. ¡Mañana ya sabremos el resultado de la batalla, no desespéres!”
     En esos momentos en el campamento francés, el Condestable dijo al Delfín, “¡Delfín, amigo mío!¡Qué bella armadura llevarás mañana al combate!” El Delfín le dijo, “Mi querido condestable, no es con armaduras bonitas que se ganan las batallas, sino con valor.” El condestable dijo, “Pues Inglaterra cría seres muy valerosos; he visto los mastines que de ahí provienen, y no hay perros con más coraje que ellos.”
     El Delfín expresó una sonora carcajada, “¡Ja, Ja, Ja!” El delfín agregó, “Bueno pues, basta de bromas. La luna me indica que ya son casi las dos de la mañana, y debemos pasar revista a nuestras tropas.” El condestable dijo, “¡Vayamos!” Una vez frente a las tropas levantándose, el Condestable dijo, “Mi señor, disculpe en comentario, pero, ¡No estamos siendo muy prolijos en nuestros preparativos?” El Delfín le dijo, “No hay enemigo menor, condestable. Un ejército bien dirigido, nunca subestima a sus contrarios. Me sorprende tu aparente ingenuidad.” El Delfín agregó, “No quiero que vuelvas a abusar de tu confianza. ¿Me has entendido?” El condestable dijo, titubeante, “S-Sí.”

     Mientras tanto, del otro lado del campo de batalla. Enrique dijo, “Westmoreland, iré a ver a mis tropas.” Westmoreland dijo, “Pero, ¿Porqué usarás un yelmo que no es el tuyo?” Enrique le dijo, “Si voy de incógnito, podré conocer mejor los pensamientos de mi gente.” Westmoreland le dijo, “Grande es tu ingenio político, primo querido.” Así, Enrique se perdió entre sus soldados, uno de los cuales dijo, “¡Alto!¿Quien va?” Enrique encubierto dijo, “Un amigo suyo.” Otro de los solados dijo, “¿En qué regimiento sirves?”
     Enrique dijo, “En el que dirige el captan Fluellen.” El primer soldado dijo, “Ah, el que es galés como el rey, por cierto, ¿Qué piensas de nuestro soberano?” Enrique dijo, “Él no es más que un hombre que combina el valor y el temor en su alma, y que necesita el apoyo de su gente.” El primer soldado dijo, “Pues nosotros seguimos a nuestro monarca, no importa que tan humanos sean sus temores. ¿No es verdad, Bates?” Bates dijo, “¡Tú lo has dicho, Williams!” Bates, agregó, “Pues que no se diga que yo estimo al rey menos que ustedes!¡Viva Enrique V!”
     Un soldado que estaba cercas dijo, “¡Viva!” A continuación, Bates dijo a Enrique, “Como ves, Court, es un fiel seguidos de nuestro rey.” Enrique dijo, “Me alegro que así sea. Si todos los soldados comparten tu mismo entusiasmo, la batalla ya es nuestra.” Feliz al verse respaldado por su gente, Enrique se alejó de ellos. El soldado William dijo, “¡Dios te guarde mañana en la pelea, amigo!” Enrique dijo yéndose, “Y a ustedes también.”

     Mientras Enrique se quitaba el yelmo, dijo, “Mis soldados han hecho suya mi causa. Ahora nada podrá contra nosotros…” En eso, un hombre se acercó a Enrique y dijo, “¡Rey y señor mío, qué bueno que le encuentro!” Enrique le dijo, “¿Por qué, Erpingham?” Erpingham dijo, “Majestad, se acerca la hora en la cual se realizará el ataque, y quiero pedirle que me conceda una gracia.” Enrique dijo, “Tú dirás, Erpingham.”
     Erpingham dijo, “Señor, deseo que mi batallón vaya a la vanguardia del ejercito.” Enrique dijo, “Que sea como lo has pedido, contigo al frente de nosotros, nada podemos temer.” Erpingham se incó, y dijo, “¡Gracias, señor!” Enrique dijo, “¡Levántate, Erpingham, y ve con tus hombres. El sol ya se levanta, y debemos empezar nuestra lucha.” Con el valor hinchando su pecho, Enrique ordenó el início del combate, “¡Preparen sus armas valientes!¡No descansaremos, hasta ver a Francia a nuestros pies!”

     Los clarines sonaron, y entre una lluvia de flechas, ambos ejércitos se enfrentaron con valor. Una parte importantísima del atáque ingles, fue llevada a cabo por los cinco mil arqueros que disparaban sus flechas sin descanso. Un arquero gritaba, “¡Dispáren amigos!” El Delfín de Francia miraba consternado cómo su ejército parecía incapaz de detener la agresión de los ingleses. Mientras luchaba cabalgando en su caballo, el Delfin pensó, “¡Parece imposible! ¡Estos perros ingleses nos están derrotando!”
     El gran error de los franceses fue haberse apoyado en su caballería, pues la estrategia inglesa fue matar a los corceles, cuyos jinetes ya no se levantaban, dado el peso de sus armaduras. Cuando Enrique vio que el numero de enemigos descendía, dio una nueva orden a su ejército. “Ya son demasiados los franceses muertos; ¡Dedíquense a capturar prisioneros!” Entre las muchísimas bajas de las tropas francesas, destacaba la del Delfín, muerto bajo el acero de los ingleses, quienes solo perdieron 100 hombres en la batalla.

     En un intento desesperado por aniquilar a los ingleses, un grupo de siervos del rey de Francia se lanzó contra el campamento enemigo, pero solo para ver que sus esfuerzos eran vanos. Hacia el mediodía, el combate había terminado. Diez mil franceses yacían muertos, y el campamento ingles, hervía con prisioneros de guerra. Cuando Enrique comprendió las dimensiones de su hazaña, exclamó, “¡Hemos ganado!”
     Enseguida dijo a Exeter, “¿Está todo bien en el campo?” Exeter le dijo, “Por ahora sí, Milord. Pero los prisioneros están muy inquietos. Es posible que estálle una rebelión de un momento a otro.” Enrique pensó, “Los prisioneros son muchos…si no los eliminamos, es posible que nos causen muchos problemas.” Lleno de desesperación, Enrique profirió una terrible orden, “¡Maten a todos los prisioneros de inmediato!” Exeter dijo, titubeante, “¡Los sabios cambiamos de opinión!¡Obedece!” Temiendo perder el dinero que pensaban pedir por el rescate de los prisioneros, el soldado insistió, “Milord…” Enrique lo interrumpió, “¡No me contradigas!” Tras una pausa, Enrique dijo, “Iré a descansar. Cuando salga de mi tienda, no quiero que quede un solo francés con vida.” Exeter dijo, “Como ordéne, su majestad.”

     Al día siguiente, cuando Enrique se disponía a salir rumbo a Calais, un soldado se acercó a él, y le dijo, “Excelencia, le traigo un mensaje del Rey de Francia.” Enrique dijo, “Habla de  una vez.” El rey le pide que no ataque Calais, sino que se dirija a Troyes, para firmar la paz con él.” Enrique dijo, “¡Muy Bien! Llegaré con él dentro de dos días…” Enseguida, Enrique se dirigió a Exeter y le dijo, “…y ahora, tío Exeter, ¡Festejemos nuestra victoria, hagamos una gran celebración, pues ya soy virtualmente Rey de Francia!”

     Dos días después, Enrique y su comitiva arribaron a Troyes, para iniciar las platicas de paz. Cabalgando en la vanguardia, Enrique pensó, “¡Hoy conoceré a Catalina de Valois!” Muy lejos estaba Enrique de imaginar que Catalina estaba también ansiosa por conocerlo, pensando, “¡Ojalá el tiempo volára, para estar ya con él!”
    Las horas corrían, y con ellas aumentaba el deseo de Enrique por ver el rostro de Catalina. Antes de entrar al salón, Exeter dijo, “Te ves un poco nervioso, sobrino.” Desde el primer momento, Catalina y Enrique, no tuvieron ojos más que para mirarse mutuamente. Catalina pensó, “¡Es justo como me lo había imaginado que era!” Enrique pensó, “¡Nunca había visto a nadie tan hermosa!” Enrique hizo inmediatamente la pregunta, “¿Excelencia, sigue en pie su oferta para hacer de Catalina mi esposa?”
     El Rey de Francia, dijo, “Sí, de ese modo nuestros reinos quedarían debidamente unificados.” Enrique dijo, “¡Muy bien! Entonces que Exeter y Westmoreland, discutan con ustedes los tratados de paz. Mientras tanto, yo conoceré a mi futura esposa.” Cuando por fin estuvieron solos, Enrique se incoó ante Catalina, y le dijo, “Catalina, siento que nacimos el uno para el otro. ¿Acepta ser mi reina?” Catalina dijo, “¡Acépto!” Enrique se puso de pie, y le dijo, “Desde hoy, Francia será mía, y yo tuyo, de éste modo, Francia será tuya, del modo en que ahora me pertenecerás.”
     Pero cuando Enrique intentó besarla, Catalina le dijo, “Aún no, Rey mío. Mis leyes prohíben que la futura esposa sea besada por su prometida antes de la boda.” Con su corazón inflamado de amor, Enrique musitó, “Catalina, nosotros los monarcas estamos por encima de las leyes.” Mientras la besaba, en ese momento llegaron los asistentes de Enrique. Exeter dijo a Westmoreland, “El tratado de paz ya está terminado…” Westmoreland dijo, “Retirémonos, padre. Enrique esta sellando un pacto de mayor importancia que el que acabamos de firmar…”

     Pocos días después, se llevaban a cabo los esponsales que unificarían a dos naciones. Mientras Enrique iba en un carromato rumbo a la Iglesia, dijo a Exeter, “Te juro que ni en el campo de batalla había estado tan nervioso…” Exeter dejó escapar una sonora carcajada, “¡Ja, Ja, Ja!” Cuando Enrique vio entrar en la Iglesia a catalina pensó, “He obtenido una corona, pero lo que es más importante…¡Tengo una reina con quién compartirla!”
     La Guerra de los Cien Años aún no llegaba a su fin, pero la boda de Enrique V de Inglaterra, y Catalina de Valois de Francia, traería a sus naciones un corto, pero deseado periodo de paz. Los dos países en pugna se habían hermanado, a través del amor de los jóvenes.
     Tomado de Novelas Inmortales Año XIII No. 639,  Febrero 14 de 1990. Guión: Martin Arceo. Adaptación: R. Bastien. Segunda Adaptación: José Escobar.