Club de Pensadores Universales

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martes, 8 de enero de 2013

El Regreso al Hogar de Sir Arthur Conan Doyle

     Sir Arthur Ignatius Conan Doyle  nació el 22 de mayo de 1859, en Edimburgo y murió el  7 de julio de 1930, Crowborough a la edad de 71 años. Conan Doyle  fue un médico y escritor escocés, creador del célebre detective de ficción Sherlock Holmes. Conan Doyle fue un autor prolífico cuya obra incluye relatos de ciencia ficción, novela histórica, teatro y poesía.
Biografía
Juventud
   Arthur Conan Doyle nació el 22 de mayo 1859 en el número 11 de la calle Picardy Place, en Edimburgo, Escocia. Su padre, Charles Altamont Doyle había nacido en Inglaterra y era hijo del artista John Doyle, perteneciente a una familia católica irlandesa que había proporcionado varios ilustradores y caricaturistas. Charles era un funcionario de obras públicas con gran afición al dibujo, que fue destinado a Edimburgo en 1849 y que a lo largo de su vida padeció un grave alcoholismo y profundas depresiones, que le llevaron a ser internado en una institución sanitaria en diversas ocasiones.
   Charles contrajo matrimonio en 1855 con Mary Foley, perteneciente a una familia irlandesa residente en la ciudad escocesa. Los detalles del nacimiento de Arthur y sus hermanos son poco claros. Algunas fuentes manifiestan que eran nueve niños, algunas otras fuentes sostienen que diez y parece que tres murieron pequeños.  En 1864 la familia se dispersó debido al creciente alcoholismo de Charles y los niños fueron alojados temporalmente a través de Edimburgo. En 1867,  la familia se reunió otra vez, residiendo en una sórdida vivienda en Sciennes Place.  Arthur fue bautizado en la Catedral Metropolitana de Santa María de la Asunción de Edimburgo. Su madre, viendo cómo su marido se gastaba todo su sueldo en la bebida, alquiló las habitaciones de la casa a huéspedes. Uno de ellos huéspedes era el doctor Bryan Waller, al que algunos historiadores adjudican un romance con la madre del escritor.
     En 1868, Arthur, con el apoyo económico de sus tíos, ingresó en la Escuela Stonyhurst Saint Mary's Hall de la orden de la Compañía de Jesús, situada en la comarca de Lancashire. Esta escuela era un centro preparatorio del Colegio Stonyhurst College, al que accedería dos años después, en 1870, y donde permaneció hasta 1875. Entre 1875 y 1876, continuó su educación en Austria, en otra escuela de la Compañía de Jesús, Stella Matutina en la ciudad de Feldkirch
     En 1876, comenzó la carrera de medicina en la Universidad de Edimburgo, donde conoció al profesor que le inspiraría la figura de su famoso personaje, Sherlock Holmes, el médico forense Joseph Bell. Allí Conan Doyle destacó en los deportes, especialmente rugby, golf y boxeo. En este período también trabajó en Aston, actual distrito de Birmingham, y Sheffield.  A principios de 1880 se embarcó para ejercer como cirujano en sustitución de un amigo suyo, en un ballenero denominado The Hope que durante seis meses navegaría hacia el Ártico. A los 22 años, en 1881, se graduó como médico, aunque recibió el doctorado cuatro años más tarde. Fue en estos años cuando hizo una gran amistad con el también escritor escocés J. M. Barrie.
     Mientras Conan Doyle estudiaba la carrera de medicina, comenzó a escribir historias cortas. La primera de ellas que apareció publicada fue, “The Mystery of the Sasassa Valley,” en 1879 en el Chambers's Edinburgh Journal antes de que Conan Doyle cumpliera los 20 años.  Ese mismo año también publicó su primer artículo médico Gelsemium Como Veneno el la British Medical Journal.
     En 1881, después de terminar su etapa universitaria volvió a embarcarse como médico del buque SS Mayumba en su viaje a las costas de África Occidental. Conan Doyle completó su doctorado sobre las Tabes dorsal, o sea, sobre la degeneración lenta de las neuronas sensoriales, en 1885. 
Carrera Médica y Literaria.
     En 1882, un antiguo compañero de clase, George Turnavine Budd, le ofreció trabajar con él como médico en Plymouth, pero su relación con Budd fue difícil y terminó por establecerse por su cuenta en junio de1882, ya con 23 años, en Portsmouth. Debido al poco éxito inicial, mientras no tenía pacientes, comenzó de nuevo a escribir historias como The Mystery of Cloomber, no publicada hasta 1888, la inacabada, Narrative of John Smith. y “The Captain of the Pole-Star” y “J. Habakuk Jephson's Statement,” ambas inspiradas en las expediciones marinas realizadas por Doyle. 
     Mientras vivió allí también jugó al rugby profesionalmente en el Portsmouth Association Football Club. Entre los siete años que comprenden entre 1900 y 1907, Doyle jugó 10 partidos en total y su máxima anotación fue de 43, contra London County. Conan Doyle fue también, el primer portero en la historia del equipo de fútbol de la ciudad, equipo conocido con el diminutivo de Pompey. Asimismo, jugaba golf y practicaba boxeo.
     En 1885 contrajo matrimonio con Louise Hawkins, más conocida como Touie, con la que tuvo dos hijos: Mary Louise (1889-1906) y Alleyne Kingsley (1892-1918). Louise murió de tuberculosis el 4 de julio de 1906, tras la estancia de la familia en Suiza para que la madre se repusiera. 
     Un año más tarde, después de 20 años de amor platónico con una mujer llamada Jean Leckie, Arthur y ella se casaron y tuvieron tres hijos más: Jean Lena Annette, Denis Percy Stewart (1909-1955) y Adrian Malcolm. Su segunda mujer moriría años después que él, el 27 de junio de 1940.
      En 1891 Arthur se mudó a Londres para ejercer de oftalmólogo. En su biografía, aclaró que ningún paciente entró a su clínica. Por lo tanto, esto le dio más tiempo para escribir. En noviembre de ese año, le escribió a su madre que quería “matar a Sherlock Holmes, ya que estaba gastando su mente,” a lo que su madre respondió: “la gente no lo va a tomar de buena manera.” Entonces, de esta forma, decidió dedicarle más tiempo a cosas más “importantes,” como sus novelas históricas.

     En 1900, escribió su libro más largo, La Guerra de los Bóers. Ese mismo año, se presentó como candidato para la dirigencia de Unión Liberal. Sin embargo, a pesar de que era un candidato muy respetado, no fue elegido. Tras la Guerra de los Bóers escribió un artículo, La Guerra en el Sur de África: Causas y Desarrollo, justificando la participación de Gran Bretaña, que fue ampliamente traducido. En su opinión, fue esto lo que provocó que le nombraran Caballero del Imperio Británico en 1902 otorgándole el tratamiento de Sir.

     Con el transcurso de los años, se ha hecho famosa su afirmación acerca de un cuento de Robert Louis Stevenson , El Pabellón de los Links, declarando que era la cima misma de la técnica narrativa. Conan Doyle no recibió ningún premio a lo largo de toda su carrera.
     Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Conan Doyle intenta alistarse, a sus 55 años, como simple soldado raso, y en su carta argumenta que es fuerte y tiene una voz audible. Lo rechazan, pero ayuda con la propaganda y con el apoyo de voluntarios civiles desde Reino Unido. 
     La muerte de uno de sus hijos, Kingsley, por una neumonía que contrajo en la guerra, le hace estrechar su vínculo con los círculos del Espiritismo fundado por Allan Kardec, doctrina a la que dedicó mucho tiempo y energías, publicando además en 1926, History of Spiritualism y defendiéndolo en sus numerosas polémicas, por ejemplo contra su propio amigo Harry Houdini.
     Conan Doyle murió el 7 de julio de 1930, a los 71 años de un ataque al corazón, en Crowborough, East Sussex, Inglaterra. Una estatua suya se encuentra en esa localidad donde residió durante 23 años. Fue enterrado en el cementerio de la iglesia de Minstead en New Forest, Hampshire.  (Wikipedia)
Justiniano I
     Justiniano I el Grande nació en Tauresium, el 11 de mayo de 483 y murió en Constantinopla, el 14 de noviembre de 565, a la edad de 83 años. Justiniano fue emperador de los romanos desde el 1 de agosto de 527 hasta su muerte, y el último en hablar latín como lengua materna.
     Justiniano es célebre por su reforma y compilación de leyes y por la gran expansión militar que tuvo lugar en Occidente bajo su reinado, sobre todo gracias a las campañas de Belisario. Todo ello formaba parte de un magno proyecto de restauración del Imperio Romano (Renovatio Imperii Romanorum), por el que es recordado como “el último emperador romano.” Gracias a estas campañas, el imperio pasó a ganar un millón más de Sólidos bizantinos al año. La Iglesia ortodoxa venera a Justiniano como santo el día 14 de noviembre.
     Justiniano ha sido considerado tanto como un genio, como un gobernante pusilánime y celoso. Quitando su personalidad, Justiniano hizo obras magnas como la Iglesia de Santa Sofía, o el código romano Digesto, al cual se le adjudica en general el cúlmine de la legislación romana.
Biografía
      Justiniano nació en una pequeña aldea llamada Tauresio (Taoro) en Iliria (cerca de la actual Gradešti, Skopje, República de Macedonia), en los Balcanes, probablemente el 11 de mayo de 482 o de 483. Su madre Vigilantia era hermana del famoso general Justino que ascendió desde el ejército a la dignidad imperial. Su tío le adoptó y se aseguró de que recibiese una buena educación: Justiniano siguió así el currículo educativo habitual, centrándose en la jurisprudencia y la filosofía. Avanzó en su carrera militar con gran rapidez, por lo que se abría ante él un gran futuro cuando, en 518, Justino se convirtió en Emperador. Justiniano fue nombrado cónsul en 521, y posteriormente general del Ejército de Oriente. Mucho antes de que Justino le hiciese co-Emperador el 26 de septiembre de 526, Justiniano ya participaba en las actividades de gobierno. Los emperadores bizantinos intentaron, en general, recuperar el antiguo Imperio romano de Occidente, pero en el siglo VI uno de ellos consiguió los mayores logros; ese fue Justiniano.
     En agosto de 527, Justiniano pasó a ser el único soberano tras la muerte de Justino. Su reinado tendría un gran impacto en la historia mundial, dando lugar a una nueva era en la historia del Imperio Bizantino y de la Iglesia Ortodoxa. Justiniano fue un hombre con una capacidad de trabajo fuera de lo común, que tenía un carácter afable, moderado y alegre, pero que también podía ser despótico, artero y falto de escrúpulos cuando le convenía. Justiniano era un hombre que no salía de su despacho prácticamente, manejando desde allí el Imperio. Por sobre todos los aspectos personales, Justiniano sobresalía por su falta de carisma, aspecto casi imprescindible en un soberano absolutista. Además, Justiniano no despertaba simpatía alguna entre sus súbditos. Fue el último Emperador que intentó recuperar los territorios que poseyó el Imperio romano en tiempos de Teodosio I, y con este fin, puso en marcha grandes campañas militares. También desarrolló una colosal actividad de construcción de edificios, emulando la de los grandes emperadores romanos del pasado. Partiendo de la premisa de que la existencia de una comunidad política se fundaba en las armas y las leyes, Justiniano prestó especial atención a la legislación y pasó a la posteridad por ser el inspirador del Corpus Iuris Civilis. La intención de este código era recopilar una serie de leyes de la jurisdicción romana y armonizarla, todo lo posible, con la cristiana a fin de crear un Imperio homogéneo. Su pensamiento circundó, durante toda su actividad como emperador, en la idea del poder imperial sustentado por la gracia divina, es decir, que el emperador era el representante de Dios sobre la Tierra.
     En 523 se casó con Teodora, una ex-actriz. Hasta entonces, las actrices resultaban socialmente próximas a las prostitutas, y en el pasado, a Justiniano le habría resultado imposible casarse con ella, pero Justino había aprobado una ley que permitía los matrimonios entre distintas clases sociales, lo que llevaría, ya en el reinado de Justiniano, a una cierta atenuación de las diferencias sociales en la corte bizantina. Teodora llegaría a ser una persona muy influyente en la política del Imperio, y algunos emperadores posteriores seguirían el precedente de Justiniano casándose fuera de la clase aristocrática. 
     Procopio de Cesárea es la fuente principal para la historia del reinado de Justiniano. Sin embargo, también contribuye con muchos detalles de interés la crónica de Juan de Éfeso, que se conserva como fundamento de muchas otras crónicas posteriores. Ambos historiadores hicieron comentarios a veces muy negativos sobre Justiniano y Teodora. Procopio, además de su historia, escribió otra Historia Secreta que recoge varios escándalos de la corte. Por otro lado, las Historias de Agatías explican todos los sucesos acaecidos desde el año 552 hasta 558 o 559.
La segunda mitad del reinado de Justiniano se vio ensombrecida por la epidemia de peste que se hizo virulenta a partir del año 542. Teodora murió en 548 y Justiniano la sobrevivió casi 20 años, para morir el 14 de noviembre de 565.
Actividad Militar y Campañas de Belisario
Política Exterior Basada en la Recupetario Imperii
      La ideología de la Recuperatio Imperii, el programa militar de Justiniano, es una formulación que responde a los sentimientos extendidos entre amplias capas de la población del imperio romano de occidente, sobre todo entre el elemento senatorial urbano y sectores vinculados con la administración, y en parte del gobierno del Imperio de Oriente, que intelectualmente juega con la continuidad imperial en Occidente. De hecho, en el siglo VI el sentimiento de romanitas se encuentra ampliamente extendido por todo el Imperio y es correspondido por la ideología oficial del gobierno imperial, según la cual éste no se hundió en Occidente sino que los bárbaros gobiernan allí en nombre del emperador de Oriente, y por parte de los intelectuales de Constantinopla. Por ejemplo, tal es el caso del escritor Juan Lido, contemporáneo de Justiniano. Estos sentimientos son aprovechados por la administración de Justiniano para realizar, precisamente, una política en consonancia con ellos ya sea sincera o interesada. Justiniano era el rey de todo, por así llamarlo; era el mayor responsable tanto militar como religioso.
Campañas contra el reino vándalo (533–534)
     En mayo de 530, el monarca probizantino, Hilderico, fue depuesto por su primo Gelimer aduciendo a que su falta de personalidad había llevado a los vándalos a ser derrotados por las tribus moras. Las protestas de Justiniano tendientes a que Hilderico pudiera regresar a Constantinopla no fueron escuchadas, por lo que Justiniano preparó cuidadosamente una campaña que debía combinar la eficacia militar y la sobriedad de costos. Juan de Capadocia, responsable de las finanzas del Imperio y opuesto a la guerra, accedió al final a llevar los gastos de la campaña de una forma rígida. Belisario, el general más brillante de Oriente fue el encargado de llevar las armas.
     La decisión de atacar el reino vándalo coincidió con la aparición en éste, de una serie de debilidades. La simbiosis entre invasores e invadidos no llegó nunca a consolidarse, lo cual generó hostilidades con los últimos. El miedo a revueltas internas había conducido a la desfortificación de los núcleos urbanos por miedo a que acogieran revueltas. A su vez, un general godo que regía Cerdeña en nombre del monarca de Cartago pretendió, con ayuda militar oriental, gobernar de forma independiente, pero fue detenido por Gelimer antes de que dicha ayuda llegara.
     La flota oriental abandonó los puertos de Constantinopla a mediados de junio de 533 y vía Sicilia alcanzó las costas africanas al cabo de tres meses. Belisario encontró escasa resistencia, y tras un victorioso encuentro con los vándalos en la batalla de Ad Decimum, ocuparía Cartago dos días después. Gelimer, temeroso de que entronizaran al depuesto rey, ejecutó a Hilderico antes de la caída de Cartago y huyó a los rebordes montañosos. Tres meses después fue nuevamente derrotado en la batalla de Tricamerón y se refugió en las montañas de Túnez, intentando escapar a España. Finalmente optó por entregarse a finales de marzo de 534. Belisario lo condujo hasta Constantinopla, donde el general fue recibido con grandes honores, reservados al emperador. La provincia fue anexionada al Imperio, a pesar que las tribus periféricas supusieron un peligro durante más de una década.

Campañas contra el reino ostrogodo (540–554)

     A la muerte de Teodorico el Grande el control de la política ostrogoda cayó en manos de su hija Amalasunta, la cual ejerció el poder en nombre del rey niño Atalarico, hasta que éste falleció en 534. La regencia se caracterizó por un viraje político hacia Oriente, generando una fuerte oposición interna. La pronta desaparición de su hijo forzó a la regente a la búsqueda de un monarca formal tras el cual seguir moviendo los hilos del gobierno. El elegido fue Teodato, con el que contrajo matrimonio a fines de 534. Teodato pronto se alejó del palacio de Ravena y ordenó la eliminación de su mujer en abril de 535, posiblemente a instigación de Teodora quien buscaba un casus belli, o sea, un motivo de guerra, para la intervención de Justiniano.
     Ese mismo año Justiniano daría dos golpes de mano que le permitieron tomar Sicilia al mando de Belisario y Dalmacia por Ilírico Mundo. Teodato recurrió a una embajada papal, pero se envió una embajada Imperial paralela al propio monarca ostrogodo para establecer un acuerdo secreto de cesión de Italia al imperio. Los diversos contratiempos que atravesaba el Imperio en ese momento, como la revuelta de África y la recuperación de territorios por germanos en Dalmacia indujeron a Teodato a romper el compromiso y a hacer frente a los ejércitos de Justiniano.
     Justiniano reorganizó la jerarquía militar para poder poner al frente de las campañas italianas a Belisario, ya que Mundo había fallecido en la ofensiva de Dalmacia. En su lugar se puso a Constantiniano, que recuperó la ofensiva en Dalmacia, reocupando Salona y expulsando a los ostrogodos de la región. Belisario ocupó Nápoles y finalmente Roma a comienzos de diciembre. Teodato, antes de la caída de Roma, fue depuesto por Vitiges, comandante de su guardia personal que demostró tener gran capacidad para las artes guerreras y puso sitio a Roma.
     El precio de la conquista del reino ostrogodo quizá podría considerarse excesivo. Se provocaron continuas campañas de desgaste, siendo víctima principal la población itálica que sufrió la destrucción de su tejido social, productivo, político y fue azotada por la peste. Los veinte años de lucha aceleraron dramáticamente la transición al mundo medieval. Roma perdió su entidad urbana y dejó de ser la ciudad por antonomasia del mundo Mediterráneo.
     La Pragmática Sanción de 554, mediante la cual Italia era reintegrada al Imperio romano, ratificaba la situación de facto al otorgar a los obispos el control de diversos aspectos de la vida civil (como la actividad de los jueces civiles) y la administración de las ciudades, poniéndolos a cargo del aprovisionamiento, el suministro de víveres y los trabajos públicos, al tiempo que quedaban exentos de la autoridad de los funcionarios imperiales. 

Campañas contra el reino visigodo (552)

     A finales de 552 Justiniano podía considerar la campaña itálica como finalizada, accediendo ese mismo año a la petición de ayuda formulada en el 551 por el rebelde visigodo Atanagildo a cambio de una franja costera desde Valencia a Cádiz. La colaboración oriental fue decisiva para decantar la guerra civil en el reino peninsular hispano a favor de aquel candidato frente a Agila. Pero la compensación territorial nunca fue plataforma para la conquista de la antigua Hispania, de hecho, las zonas concedidas en 552 comenzaron a menguar en las décadas siguientes, especialmente durante el reino de Leovigildo, hasta su evaporación en el 624, en que los bizantinos fueron definitivamente expulsados por el rey Suintila.

Frente a los eslavos

      Los eslavos ocupaban una zona geográfica intermedia entre los conjuntos germánicos y esteparios. Esto, sumado a una variedad de pueblos, hacía que las incursiones fueran habituales en los Balcanes. A pesar de las contundentes victorias anteriores de Germano y Mundo sobre eslavos y búlgaros, estos últimos penetraron profundamente en el espacio griego a comienzos de 540 hasta llegar al istmo de Corintio, en la típica incursión de botín y cautivos, que no produjo daños de cuantía ni la pérdida de puntos de importancia. Los eslavos por su parte llegaron hasta Dirraquio (Durrës), ciudad costera de Albania. Las expediciones de los cotrigures fueron más contundentes, llegando a cruzar el Danubio helado y llegando sin oposición hasta Mesia y Escitia, desde donde llegaron a Tracia y dividieron sus fuerzas en dos pelotones de saqueo. El mismo Zabergan se presentó en Constantinopla con 7000 jinetes, Belisario tuvo que salir de su retiro para liderar una contraofensiva que conjuró la amenaza.
Compilación Justinianea
     la majestad imperial conviene que no sólo esté honrada con las armas sino también fortalecida por las leyes, para que en uno y otro tiempo, así en la guerra como el de paz, puedan ser bien gobernados, y el principio romano subsista vencedor no solamente en los combates con los enemigos (...) Y así después de cincuenta libros del Digesto o de las Pandectas en que se recopiló todo ese derecho antiguo y los cuales hicimos valiéndonos del mismo Triboniano (...), mandamos que las mismas Instituciones se dividiesen en estos cuatro libros, para que constituyan los primeros elementos de toda la ciencia del derecho...
Instituta de Justiniano; Proemio; “Imperatoriam Majestatem”
     También era llamada “corpus iuris civilis.” La monumental compilación del derecho romano realizada al inicio del reinado del Emperador Justiniano, en los años 528 a 534, en lengua predominantemente latina, concluye la evolución jurídica del derecho de Roma.
     Sobre ella se efectuarán los renacidos estudios romanísticos, a partir del siglo XI, y se fundará la recepción del derecho romano en los países greco-latinos y en Alemania.
     Las Institutas de Justiniano serán la conclusión de reiterados intentos previos en reunir el derecho vigente en un cuerpo legal, recogiendo tanto las leges como los iura. Colaborarán en tal emprendimiento las escuelas de Berito y Constantinopla, a través de juristas integrantes de ellas. 

Código

     Por la constitución Haec Quae Necessario, del 13 de febrero del 528, el Emperador Justiniano nombra una comisión a la que le encarga realizar un código, utilizando los anteriores (Gregoriano, Hermogeniano y Teodosiano) así como también las constituciones posteriores.
     Justiniano tenían la facultad de modificar las constituciones reuniendo varias en una, o dividiéndolas conforme las materias, según hubieran sido derogadas, o no respondieran a las necesidades.
     La tarea fue breve y se publicó el Código el 9 de abril del año 529 (constitución Summa Reipublicae) y entrando en vigencia siete días después. No obstante, cuatro años más tarde fue modificado, por haber quedado anticuada la primera recopilación de las leyes.
     El código del 529 es conocido como Codex Verus. El nuevo código (Codex Novis o Codex Iustinianus Repetitae Praelectionis) está dividido en 12 libros, los que a su vez, se subdividen en títulos.        Algunas constituciones están redactadas en griego, siendo la más antigua la del emperador Adriano.
     El primer libro trata de derecho eclesiástico y público en general; del segundo al octavo de derecho privado; el noveno de derecho penal y el procedimiento correspondiente; los últimos de derecho administrativo.
     Al sancionarse el código del año 529, se dispuso la prohibición de recurrir a códigos y novelas anteriores. Así en la constitución Códice confirmando, Justiniano dispone:

     Prohibímos a los que pleitéan y a los abogados, bajo pena de hacerse culpables de falsedad, el que citen otras constituciones que las insertas en nuestro código, y que las citen de otra manera que en la que en él se encuentran; la invocación de esas constituciones, añadiendo a ellas las obras de los antiguos intérpretes del derecho, debe bastar para resolver todos los pleitos, aunque carezcan de fecha, o no hayan sido en otro tiempo más que rescriptos particulares.

Digesto o Pandectas

     De las diferentes partes que componen el Corpus Iuris Civilis, el Digesto resultaría ser la única sin precedentes, como lo señalaría el propio Justiniano.
     Una vez publicado el primer código, a través de una serie de constituciones, el Emperador Justiniano ordenó el Digesto. El 15 de diciembre del 530, por la constitución Deo Auctore se autoriza al cuestor Triboniano para que organice una comisión para encarar dicha tarea. La obra monumental fue concluida el 30 de diciembre del 533.
     Para ello debían redactar un cuerpo legal que contuviera la obra de los jurisprudentes (iura). Surgiría así el Digesto, palabra latina que significa lo que se haya ubicado metódicamente, o Pandectas, en etimología griega, que significa lo que comprende todo.
     Así al proceder al examen de todo el material escrito, el Digesto nos comunicó que los antiguos habían escrito casi 2.000 libros, que abarcaban más de 3 millones de líneas que era necesario leer y atentamente indagar por entero, para elegir lo mejor de todos ellos (...).                                                                      Justiniano

     La obra se integra con 50 libros; cada libro está dividido en títulos (salvo los número 30, 31 y 32), subdivididos en fragmentos y a su vez en parágrafos.
     Dos tercios de los fragmentos contenidos en el Digesto pertenecen a los juristas de la ley de citas (Gayo, Ulpiano, Paulo, Papiniano y Modestino). De éstos, la mayor parte pertenece a Paulo. De otros siete juristas emanan una cuarta parte de los Iura, como Cervidio Seavola, Juliano, Marciano, Pomponio, Jaboleno, Africano y Marcelo. El resto de la obra se reparte en opiniones de otros 27 juristas, como Celso, Florentino, Labeón, Neracio, Próculo, Sabino, entre otros. 

Institutas

     Las institutas son un tratado elemental de derecho destinado a la enseñanza dirigida a la juventud ávida de estudiar leyes. Esta obra debía allanar las dificultades que por el volumen y la complejidad del Digesto impedían el estudio de las instituciones jurídicas. Esto se logró reemplazando al Digesto por obras utilizadas por entonces, especialmente las Institutas de Gayo.
     Antes de concluirse el Digesto, la comisión dio término a la tarea que fue publicada el 21 de noviembre de 533, mediante la constitución Imperatoriam Maiestatem. Así, gracias a la constitución, junto al Digesto, se estableció la vigencia de las Institutas a partir del 30 de diciembre de 533.
     Para las creación de las Institutas los juristas se basaron en obras elementales de la jurídica clásica y postclásica como las Institutas de Gayo, las de Marciano, Ulpiano y Florentino.
     Su contenido era obligatorio para los ciudadanos romanos, lo que resultó ser fuente real de derecho.
Las Institutas están divididas en 4 libros, abordando los temas esenciales del arte jurídico: las personas, las cosas y las acciones. 

Novelas

     En la Edad Media se comenzó a incluir, como integrando el Corpus iuris civilis un cuerpo legislativo comprensivo de una serie de constituciones dictadas con posterioridad a los códigos (Vetus y Novis) las Quinquaginta decisiones, el Digesto y las Institutas.
     Comprendía la obra legislativa de Justiniano a partir de 534 hasta su muerte en el año 565, la mayoría en griego y algunas partes en latín. Abarcaban diferentes materias, siendo escasas las referidas a derecho privado. Y fueron publicadas con carácter privado por algunos autores con el nombre de Novelas o Novellae leges (Nuevas leyes).
     Cabe destacar que en vida del Emperador Justiniano, no hubo recopilación oficial limitándose al Cuestor de palacio a registrarlas para ser publicadas periódicamente.
·         Alrededor del año 535 aparece una colección conocida como Epitome Juliani, por ser atribuida a Juliano, profesor de derecho de Constantinopla. En esta colección se hallan 124 constituciones en latín, reduciéndose a 122 por repetición de dos de ellas. Incluye las constituciones dictadas entre los años 535 y 555.
·         En el año 556 se conoce una segunda colección, con autor desconocido, de 134 constituciones en latín, conocida como las Auténticas.
·         La Colección Griega, concentra en su idioma original Novelas tanto griegas como latinas. Habría sido realizada en el 578 y la integran 158 Novelas de Justiniano y otros emperadores posteriores como Justino II y Tiberio II. Cuando en ésta colección aparecen un grupo de 13 Novelas de Justiniano incorporadas como apéndice son conocidas como Edicta Justiniani.
·         Otra obra fue conocida por la llegada de juristas bizantinos y manuscritos griegos, una vez caído el Imperio Oriental. Con 168 constituciones tenía su origen en Constantinopla.
·         Juan de Antioquía (El Escolástico, patriarca de Constantinopla) realizó una colección de cánones extraídos de las Sagradas Escrituras, la patrística, los concilios y sínodos. Luego de la muerte de Justiniano y antes del 578 correlacionó su obra con las disposiciones de las Novelas de Justiniano. 

Persecución y Abolición de las Religiones no cristianas.

La política religiosa de Justiniano reflejó la convicción imperial en que la unidad del Imperio presuponía necesariamente la unidad de fe. Esto significaba indudablemente que esta fe sólo podía ser la ortodoxa. Aquéllos que profesasen una fe distinta, sufrirían directamente el proceso iniciado en la legislación imperial, que con Constancio II continuaba ahora con ferocidad. El Codex recogía dos leyes que decretaban la destrucción total de la cultura helenista, incluso en la vida civil, y sus disposiciones serían puestas en práctica con virulencia. Las fuentes contemporáneas (Juan Malalas, Teófanes y Juan de Éfeso) refieren graves persecuciones contra los no cristianos, incluso de personas en las altas esferas.
     Quizá el hecho más lamentable tuvo lugar en 529 cuando la Academia platónica de Atenas, fundada por Platón, y que funcionaba desde 362 a. C. pasó a estar bajo control estatal por orden de Justiniano, consiguiendo así la extinción real de esta escuela de pensamiento helenista. El paganismo sería activamente reprimido: sólo en Asia Menor, Juan de Éfeso afirma haber convertido a 70.000 paganos. También otros pueblos aceptaron el cristianismo: los hérulos, los hunos que habitaban junto al Don, y los abasios en el Cáucaso.
     El culto de Amón en Áwjila un oasis en el desierto libio, fue prohibido, de igual modo que los restos del culto a Isis en la isla de File, situada junto a la primera catarata del río Nilo. El presbítero Julián y el obispo Longino dirigieron una misión cristiana a la tierra de los nabateos, y Justiniano trató de reforzar el cristianismo en Yemen, enviando allí a un eclesiástico egipcio. 
     También los judíos sufrieron estas medidas, pues, no sólo vieron restringidos sus derechos civiles por parte de las autoridades romanas, que asimismo amenazaron su privilegios religiosos, sino que, por su parte, el emperador Justiniano interfirió en los asuntos internos de la sinagoga y prohibió el uso de la lengua hebrea para el culto divino. A aquéllos que se opusiesen a estas medidas se les amenazaba con castigos corporales, el exilio y la pérdida de sus propiedades. Los judíos de Borium, cerca de la Gran ciudad de Sirte, ubicada en el desierto de Libia, que habían opuesto resistencia a Belisario durante su campaña contra los vándalos, tuvieron que convertirse al cristianismo y su sinagoga fue transformada en una iglesia. 
     Justiniano se encontró con una mayor resistencia entre los samaritanos, que resultaron más refractarios a la imposición del cristianismo y se rebelaron repetidas veces. Justiniano les hizo frente con rigurosos edictos, pero no pudo evitar que a finales de su reinado se produjesen hostilidades contra los cristianos en Samaria. La política de Justiniano también suponía la persecución de los maniqueos, con el consiguiente exilio y amenaza de pena de muerte. En Constantinopla, en una ocasión, cierto número de maniqueos fueron ejecutado en presencia del propio emperador: algunos quemados y otros ahogados. 

Política Eclesiástica

     De igual modo que en su administración secular, el despotismo estaba presente en la política eclesiástica imperial. Justiniano trató de regular todo, tanto en la religión como en la ley.
     A comienzos de su reinado, Justiniano consideró oportuno promulgar por ley su creencia en la Trinidad y en la Encarnación, y amenazar a todos los herejes con sanciones; mientras que declaraba a continuación que a través de la ley pretendía privar a quienes fuesen contrarios a la ortodoxia de ejercer como tales. Hizo del credo niceno-constantinopolitano el símbolo único de la Iglesia, y confirió fuerza legal a las disposiciones canónicas de los cuatro concilios ecuménicos. Los obispos que asistieron al Segundo Concilio de Constantinopla en 536, reconocieron que en la Iglesia no se podía hacer nada en contra de la voluntad y de las órdenes imperiales; aunque también es cierto que el emperador no dejó pasar ninguna oportunidad para reafirmar los privilegios de la Iglesia y el clero, así como proteger y extender el monacato.
     De hecho, si no fuese por lo evidente del carácter despótico de sus medidas, casi cabría la tentación de apodarlo “padre de la Iglesia,” pues, tanto el Codex como las Novellae contienen numerosas normas sobre donaciones, fundaciones y la administración de la propiedad eclesiástica; la elección y derechos de los obispos, sacerdotes y abades; la vida monástica; las obligaciones de residencia del clero; el modo de llevar a cabo las ceremonias; la jurisdicción episcopal, etc. Justiniano también reconstruyó la iglesia de Santa Sofía, cuya construcción original había sido destruida durante la revuelta de Niká. La nueva Santa Sofía, con sus numerosas capillas y altares, su gran cúpula dorada y sus extraordinarios mosaicos, se convirtió en el centro y monumento más visible de la ortodoxia oriental en Constantinopla.
     Justiniano fue conocido por su avaricia, pero también por sus grandes méritos y logros militares, gracias a él, el Imperio bizantino pudo sobrevivir y perdurar a su existencia, si bien, sin las glorias militares de su reinado; hasta 1453, cuando Constantinopla cayó bajo el asedio de los jenízaros del Imperio otomano. (Wikipedia)
     El Miafisísmo (en algunos textos miofisísmo o henofisísmo) es una doctrina cristiana que afirma que en Jesucristo existe una sola naturaleza unida, divina y humana junta. Se distingue del:
     Monofisismo, en donde en Jesucristo la naturaleza divina absorbe a la humana, es única. (Wikipedia)
Teodora
     Teodora nació en Circa (500-548), emperatriz bizantina esposa de Justiniano I. Gozó de gran popularidad y poder. Como su marido, es santa en la Iglesia Ortodoxa, y su día se celebra el 14 de noviembre. Teodora es, quizá, la mujer más influyente y poderosa en la historia del Imperio Romano. Algunas fuentes la mencionan como emperatriz reinante junto con Justiniano I, siendo corregente.
Historigrafia
     Las fuentes históricas principales de su vida son las obras de Procopio, contemporáneo suyo, escriba del general Belisario. Sin embargo, el historiador ofreció tres representaciones contradictorias de la Emperatriz. En la Historia de las Guerras, la caracteriza como una emperatriz influyente y llena de coraje.
     Después, escribió la Historia secreta, que no fue publicada en el momento de acabarla. La obra revela a un autor que devino profundamente desilusionado con el emperador Justiniano, la Emperatriz, e incluso con su patrón Belisario. Justiniano es caracterizado como cruel, corrupto, despilfarrador e incompetente; para Teodora, la lectura se trata de un retrato detallado y excitante de vulgaridad y lujuria insaciable, combinado con mal genio y calculada maldad; Procopio incluso clama que ambos eran demonios cuyas cabezas se vieron abandonar sus cuerpos y deambular por el palacio por la noche.
     Sobre los edificios, escrito al mismo tiempo que la Historia secreta, es un panegírico que representa a Justiniano y a Teodora como una pareja pía con tono adulatorio. Además de su piedad, su belleza es excesivamente alabada. Aunque Teodora ya había muerto a la hora de publicar esta obra, Justiniano seguía vivo, y probablemente la encargó.
     Su contemporáneo Juan de Éfeso escribe acerca de Teodora en su obra Vidas de los Santos Orientales. Menciona una hija ilegítima que no nombró Procopio.
     Otros historiadores presentan información adicional de su vida. Teófanes el Confesor menciona algunas relaciones familiares de Teodora como otras no mencionadas por Procopio.
     Miguel el Sirio, la Crónica de 1234 y Bar-Hebraeus situan su nacimiento en la ciudad de Daman, en Siria. Contradicen a Procopio haciendo a Teodora la hija de un sacerdote, entrenado en las pías prácticas del monofisismo desde su nacimiento. Estas son fuentes miafisitas tardías que recogen su descripción entre miembros de su credo. Los miafisitas han tendido a considerar a Teodora como uno de los suyos, y esto puede haber sido inventado como una forma de mejorar su reputación. También entran en conflicto con lo dicho por Juan de Éfeso, contemporáneo miafisita. Estas fuentes suelen ser desestimadas en favor de la versión de Procopius. 
Primeros Años
     Teodora, de acuerdo con Michael Grant, era descendiente de chipriotas. Sin embargo, hay varios indicios acerca de su posible lugar de nacimiento. De acuerdo con Miguel el Sirio, su origen tuvo lugar en Siria; Nicéforo Calixto lo sitúa en Chipre, mientras que Jorge Codinos en su "Patria" defiende que nació en Paflagonia. En cuanto a la fecha, se considera que nació en el 500 a. C.
     Su padre, Acacio, era un entrenador de osos de la facción Azul en el hipódromo de Constantinopla. Su madre, cuyo nombre no quedó registrado, era bailarina y actriz. Sus padres tuvieron dos hijas más, nombradas Komito y Anastasia. Después de la muerte de su padre, su madre hizo llevar a las hijas guirnaldas en el hipódromo y las presentó como suplicantes en la facción Azul. Desde entonces Teodora sería seguidora de la mencionada facción.
     Juan de Éfeso y Procopio –en su Historia secreta- relatan que Teodora siguió desde muy temprana edad el ejemplo de su hermana Komito y trabajó en un burdel de Constantinopla ofreciéndose a hombres de baja ralea; después se convirtió en actriz. 
     Lynda Garland, autora de La Emperatriz Bizantina, (1999) resalta que parecería haber pocas razones para creer que Teodora trabajó en un burdel, “dirigido por un proxeneta.” Trabajar como actriz en su época, a menudo incluía “indecentes exhibiciones en el escenario” y otorgar servicios sexuales fuera de él. En lo que Garland llama “sórdido negocio de entretenimiento en la capital,” Teodora se ganó la vida mediante una combinación de sus habilidades teatrales y sexuales. Si uno toma en cuenta a Procopio, Teodora saltó a la fama con su representación de Leda y el Cisne, donde se desnudaba más allá de lo que la ley permitía, yaciendo en el suelo mientras algunos asistentes le esparcían grano sobre el cuerpo y después algunas ocas lo picoteaban, mientras que ella fingía que la violaban.
     Durante este tiempo como actriz conoció a la esposa de Belisario, Antonina, que sería su amiga durante toda la vida. Con 16 años, viajó hasta el Norte de África, como compañera de un oficial sirio llamado Hecebolo mientras que él se dirigía hacia la Cirenaica para ser el gobernador. Teodora permaneció con él al menos cuatro años antes de regresar a Constantinopla. Abandonada y maltratada por Hecebolo en el camino de vuelta, permaneció por un tiempo en Alejandría, Egipto. Teodora afirmó que en esa ciudad conoció al patriarca Timoteo III de Alejandría, quien era monofisita, y fue en ese tiempo cuando ella se convirtió al monofisismo. Desde Alejandría se dirigió a Antioquía, donde conoció a una bailarina de la facción Azul, Macedonia, quien era, quizá, informante de Justiniano I.
     Teodora regresó a Constantinopla en el 522 y abandonó su antiguo modo de vida, estableciéndose como hilandera en una casa cerca del palacio. Su belleza, ingenio y su carácter espontáneo y divertido, atrajeron la atención de Justiniano, quien quiso casarse con ella. Sin embargo, no podía ser: él era el heredero del trono de su tío, Justino I, y la Ley Romana de la época de Constantino I evitaba el matrimonio de actrices con oficiales gubernamentales. Eufemia, esposa de Justino I, a quien le caía bien Justiniano y nunca le negaba nada, estuvo en contra de este matrimonio con una actriz. Sin embargo, Justino le tenía mucho cariño a Teodora. En el 525, cuando Eufemia murió, Justino eliminó esa ley, y Justiniano pudo casarse con Teodora. En este momento, ella ya tenía una hija cuyo nombre se ha perdido. Aparentemente, Justiniano trató a esta hija y al hijo de la misma, Atanasio, como plenamente legítimos, aunque algunas fuentes no se ponen de acuerdo acerca de si Justiniano era realmente el padre de la chica.
Poder en Común
Disturbios de Niká
     Teodora se probó a sí misma como una valiosa y apta gobernante durante los Disturbios de Niká. Había dos facciones políticas en el Imperio, los Azules y los Verdes, quienes comenzaron un disturbio en enero de 532 durante una carrera de carros en el hipódromo. El disturbio provenía de muchas quejas, algunas acerca de las propias acciones de Justiniano y Teodora. Los agitadores prendieron fuego a muchos edificios públicos, incluyendo la iglesia de Hagia Sofia, y proclamaron un nuevo emperador, Hipatio, el sobrino del anterior emperador Atanasio I. Incapaz de controlar a las masas, Justiniano y sus oficiales se prepararon para huir. En un encuentro del consejo gubernamental, Teodora criticó la huida del palacio y subrayó el significado de alguien que muere como regente a pesar de vivir como exiliado o escondido, diciendo que "la púrpura es una excelente mortaja", significando esta frase que es mejor morir como un emperador que lucha para defender y conservar su trono en lugar de huir asustado y vivir en el exilio.
     Su discurso tajante les convenció a todos, incluyendo al propio Justiniano, quien había estado preparando sus cosas para huir. Como resultado, Justiniano ordenó a sus tropas leales, lideradas por dos oficiales, Belisario y Mundus, que atacaran a los manifestantes en el hipódromo. Sus generales cumplieron las órdenes dadas y asaltaron el hipódromo, matando –según Procopio- aproximadamente a 30000 rebeldes. A pesar de afirmar que había sido nombrado emperador a regañadientes y siempre por la masa, Hipatio fue también ajusticiado, aparentemente debido a la insistencia de Teodora. Los historiadores están de acuerdo con que fue el coraje de Teodora y su decisión los que salvaron el reino de Justiniano, que nunca olvidó que fue ella quien había salvado su trono y su gratitud y aprecio creció enormemente.
Más Allá de Niká
     Después de la revuelta de Niká, Justiniano y Teodora reconstruyeron y reformaron Constantinopla y la convirtieron en la ciudad más espléndida que el mundo había visto en siglos, construyendo o reconstruyendo acueductos, puentes y más de veinticinco iglesias. La mayor de estas es Hagia Sofia, considerada la epítome de la arquitectura bizantina y una de las maravillas arquitectónicas del mundo.
     Teodora era muy puntillosa en lo que respecta al ceremonial de la corte. De acuerdo con Procopio, la pareja Imperial hizo que todos los senadores, incluyendo a los patricios, se postraran ante ellos nada más entrar a su presencia, y dejó claro que sus relaciones con la milicia civil era la de maestros y esclavos. También supervisaron cuidadosamente a los magistrados, mucho más que los emperadores previos, posiblemente para reducir la corrupción burocrática.
     También creó sus propios centros de poder como la Hagia Sofia, la construcción eclesiástica más elaborada. El eunuco Narsés, que ya era mayor, se convirtió en un brillante general, siendo su protegido. Juan de Capadocia, el jefe de los recolectores de impuestos de Justiniano, fue considerado enemigo de Teodora, debido a su influencia independiente.
     Teodora participó en las reformas legales y espirituales de Justiniano, y se involucró en el aumento de los derechos de las mujeres. Entre sus leyes destaca la que prohibía la prostitución forzosa y cerró burdeles que la incumplían. Asimismo, creó un convento en la parte asiática de los Dardanelos llamado Metanoia, arrepentimiento, donde exprostitutas podían mantenerse a sí mismas. También expandió los derechos de la mujer en caso de divorcio y los referentes a la propiedad. También, Teodora instituyó la pena de muerte por violación, prohibió que los bebés no deseados fueran expuestos dando a las madres derechos sobre sus hijos y prohibió el asesinato de las mujeres que hubieran cometido adulterio. Procopio escribió que ella estaba naturalmente inclinada a ayudar a las mujeres desafortunadas. 
     Por supuesto, la Historia Secreta de Procopio presenta una versión diferente de los eventos. Por ejemplo, en lugar de prevenir la prostitución forzosa, Procopio dice que Teodora reunió a unas 500 prostitutas, confinándolas en un convento como si fuese una suerte de burdel. Esto, según narra, incluso las llevaría al suicidio o intentarían escapar, ‘al ser transformadas contra su voluntad.’
Politica Religiosa
     Teodora trabajó contra el soporte de su marido de la Iglesia calcedonia en las luchas en curso por la predominancia de cada facción. A pesar de pertenecer Justiniano a la Iglesia ortodoxa, Teodora fundó un monasterio monofisita en Gálata y proveyó refugio a los líderes monofisitas que hicieron oposición a la mayoría cristiana ortodoxa en el propio palacio, como a Severo y al patriarca Antimo I. Antimo fue designado Patriarca de Constantinopla bajo su influencia y después de la orden de excomunión, permaneció escondido en los cuartos secretos de Teodora durante doce años, hasta la muerte de la Emperatriz. Cuando el Patriarca calcedonio Efraín provocó una violenta revuelta en Antioquía, ocho obispos monofisitas fueron invitados a Constantinopla y Teodora les dio la bienvenida y les acogió en el palacio Hormisdas, adyacente al Gran Palacio de Constantinopla, que había sido la vivienda de Justiniano y Teodora antes de convertirse en Emperador y Emperatriz respectivamente.
     En Egipto, cuando Timoteo III murió, Teodora consiguió ayuda de Dioscoros, el Prefecto Augusto y Aristómaco, el duque de Egipto, para facilitar el entrenamiento de un discípulo de Severo, Teodosio, siendo de ese modo mejor estratega que su esposo, que estuvo discutiendo acerca de un católico como sucesor en el patriarcado; pero Teodosio de Alejandría, incluso con la ayuda de las tropas imperiales, no pudo mantenerse contra los Julianistas y cuando fue exiliado por Justiniano junto con otros 300 monofisitas una fortaleza en Tracia, Teodora le rescató y le llevó al palacio Hormisdas, donde vivió bajo su protección, y después de su muerte en 548, bajo la de Justiniano.
     Cuando el papa Silverio rechazó la demanda de Teodora de revocar la anatema del papa Agapito I dirigida al Patriarca Antimo I, dio órdenes a Belisario de encontrar un pretexto para destronar a Silverio. Cuando lo consiguió, Vigilio fue situado en su trono.
     La política de Teodora en asuntos teológicos fue separatista. Se puede argüir, como hicieron los calcedonios, que Teodora promovió la herejía y como consecuencia socavaría la unidad de la cristiandad. Pero es igualmente justo reconocer que la política de Teodora retrasó la alienación de la Iglesia ortodoxa.
     Otro incidente, que muestra hasta dónde podría llegar Teodora para burlar a su marido en materia religiosa, es el caso de Nobatia, en el sur de Egipto, cuyos habitantes fueron convertidos al monofisismo en el 540. Justiniano había determinado que ellos debían ser convertidos a la fe calcedonia y Teodora, por el contrario, que debían ser monofisitas. Justiniano habló con misioneros calcedonios de Tebaida para que se presentaran con regalos a Silko, el rey de Nobatia. Pero, al enterarse, Teodora preparó sus propios misioneros y escribió al duque de Tebaida que debería retrasar a la embajada de su esposo para que los monofisitas llegaran antes; de lo contrario, lo pagaría con su vida. El duque fue lo suficientemente astuto para frustrar al despreocupado Justiniano, a pesar de la implacable Teodora, y consiguió su cometido. Cuando los calcedonios alcanzaron a Silko, fueron rechazados, porque los de Nobatia ya habían adoptado el credo monofisita de Teodosio.
Muerte
     Teodora murió de un cáncer sin especificar el 28 de junio de 548, a la edad de 48 años, y Justiniano la sobrevivió hasta 565. A pesar de que ha sido argüido que la única fuente de su muerte, Victor de Tonena, no usa la palabra “cáncer” en su sentido moderno, parece advertirse que esa fue la enfermedad que pudo terminar con ella, y, aunque no hay documentación que sugiera que murió de cáncer de pecho, algunos estudiosos lo han sugerido. Justiniano lloró amargamente en su funeral. Su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de los Santos Apóstoles, en Constantinopla.
     Teodora y Justiniano son representados en mosaicos que se conservan hoy en la San Vital de Rávena, Italia, que fueron completados un año después de su muerte.
Influencia Duradera

     Su influencia en Justiniano fue tan fuerte que incluso después de su muerte él trabajó para llevar la armonía entre los monofisitas y los ortodoxos en el Imperio, y cumplió su promesa de proteger su pequeña comunidad de refugiados monofisitas en el palacio Hormisdas. Teodora igualmente dio soporte político al ministerio de Jacob Baradeus, y aparentemente amistad personal también. Charles Diehl atribuye la existencia moderna de la cristiandad jacobita a ambos.
     Teodora es considerada como una gran figura femenina del Imperio Bizantino, y una pionera del feminismo, ya que las leyes que hizo fueron destinadas principalmente a aumentar los derechos de las mujeres. Como resultado de los esfuerzos de Teodora, los privilegios sociales de la mujer en el Imperio Bizantino fueron más elevados que los privilegios del resto de las mujeres en Europa.
     La ciudad de Olbia, en la Cirenaica, en Libia, fue renombrada como Theodorias para honrarla, evento común entre las ciudades antiguas para honrar a un emperador o emperatriz. La ciudad, hoy llamada Qasr Libia, es conocida por sus espléndidos mosaicos del siglo sexto.
Películas, Representaciones y Cultura.
     Victorien Sardou escribió la obra 'Théodora en 1884. Sarah Bernhardt la interpretó, y posteriormente se adaptó la obra a la ópera por Xavier Leroux en 1907.

     La película muda de 1910, Justinian and Theodora fue dirigida por Otis Turner y la protagonizó Betty Harte y Bebe Daniels.
     Hubo otras películas mudas, italianas en este caso llamadas Teodora (1914) y Teodora (o “Teodora, la princesa esclava,” 1919) fueron dirigidas por Roberto Roberti y Leopoldo Carlucci, respectivamente. La película italiana de 1954 Teodora, Imperatrice di Bisanzio fue dirigida por Riccardo Freda.
     La Emperatriz Teodora es la villana principal de la novela histórica de 1906 Pod Svobodnim Soncem del escritor esloveno Fran Saleški Finžgar.
     Asimismo, fue la heroína de la novela histórica de 2011, “Theodora: Actress, Empress, Whore,” de Stella Duffy.
    En el videojuego, Civilization V: Dioses y Reyes Teodora es la líder de la civilización bizantina.
     El Regreso a Casa (The Home-Coming) es un cuento corto publicado en 1909, en la revista londinense semanal, The Strand Magazine, cuya versión es español apareció en una colección de relatos de Conan Doyle, bajo el título de: “Historias de la Antigüedad.”
El Regreso al Hogar
de Sir Arthur Conan Doyle

     En todas las épocas han existido casas donde las mujeres tienen como oficio complacer a los hombres. Así sucedía en la ciudad de Pentápolis, durante el imperio Bizantino. El lugar era elegante, solo entraban allí los ricos, los poderosos e importantes de la ciudad. Y todos, sin excepción, iban por Teodora, una mujer cuya belleza los trastornaba. Aunque no era solo su gran hermosura lo que les atraía. Su personalidad, su mirada, su voz, eran como un imán. Con solo 20 años de edad, era una experta en conducir a quienes la admiraban al cielo, o al infierno según fuera su estado de ánimo. Para Edina, la dueña del lugar, Teodora era la consentida, pues era quien mantenía el interés de la clientela. Un día, mientras Teodora se bañaba, la dueña le dijo, “Teodora, esmérate en tu arreglo, hoy vendrá el gobernador.” Teodora dijo, “¡Otra vez! En las últimas semanas ha estado muy seguido.” La dueña le dijo, “Lo hace porque te ama. ¿Acaso no te has dado cuenta?” Teodora dijo, “Sí…sé que viene por mí y eso me da miedo Edina.” Edina le dijo, “¿Por qué? Deberías sentirte halagada.” Teodora le dijo, “Es que…es demasiado atractivo…cuando me mira no puedo dejar de temblar.” Edina dijo, “Teodora, ¿Estas enamorada de él?” Teodora dijo, mientras se cubría con una tela para secarse, “Yo…no lo se…no quiera averiguarlo, por eso prefiero que no regrese.” Edina le dijo, “Pero lo hará, y tú no debes olvidar quien es él y quien eres tú.” Teodora dijo, “Bien lo sé, ¿Cómo olvidarlo?, pero ¿Porqué no podría amarme…? ¡Oh, no, qué tontería!”

     Horas después, Erébolo, el gobernador se reunía con Teodora, y tomándola de los hombros le decía, “Ven acá. No quiero que mires ni hables con nadie mientras yo estoy aquí.” Teodora dijo, “Como usted mande, señor gobernador.” Erébolo le dijo, “Para los demás soy el gobernador, para ti simplemente Erébolo. Ese es mi nombre.” El importante personaje se había encaprichado con la joven y no tardó en decírselo, “Teodora, enloquezco de celos cuando pienso que estas con alguien que no sea yo. Quiero que dejes este lugar. Te pondré una casa, y vivirás allí. Quiero que me ames solo a mí.” Teodora dijo, “Haré lo que desees. Yo te quiero más que a mi vida. Soy tu esclava.” La reacción de sus compañeras y de la dueña del lugar fue una mezcla de furia y envidia. Edina le dijo, “¡Eres una tonta! Aquí tienes un gran porvenir. Él, muy pronto se cansará de ti.” Teodora le dijo, “¡No!¡Él me ama!” Edina le dijo, “¡Pues vete, pero jamás te atrevas a regresar aquí! Te recogí muerta de hambre, eras un esqueleto. Yo te eduqué…Aquí aprendiste a arreglarte, a conquistar y complacer a los hombres y ahora decides marcharte.” Teodora le dijo, “Con creces he pagado lo que hizo por mí. Mi inteligencia y mi belleza, algo tuvieron que ver con mi éxito, ¿o no?”  Edina le dijo, “¡Te arrepentirás!¡Vete y cuando estés en problemas no pretendas venir a pedir ayuda, para mi has muerto!”

     A Teodora nada le importaron las amenazas ni los malos augurios, y se marchó, pensando, “Por primera vez en mi vida soy feliz. Erébolo me ama y yo daría mi vida por él.” Los meses siguientes los vivió como un encantamiento. En su casa Teodora daba órdenes, “Dense prisa. Todo debe estar perfecto. El gobernador traerá invitados.” Así trascurrió casi un año, hasta que una mañana, Teodora meditaba, “Ayer no vino. Últimamente ni siquiera me avisa y quedo esperándolo. Está extraño, como molesto por algo. ¿Estará dejando de quererme?¡No, eso no! Menos ahora…cuando sepa…todo volverá a ser como antes.” Al día siguiente, una de sus sirvientas entró a su aposento, diciendo, “El criado del gobernador ha venido a avisar que él vendrá esta noche.” Teodora se relajó pensando, “¡Qué tonta he sido! Preocuparme sin motivo. Seguramente ha tenido asuntos importantes que atender.” Teodora pasó largas horas arreglándose para recibirlo, tratando que su belleza resplandeciera como nunca. Dio orden de que se hicieran los más delicados platillos y personalmente superviso todos los detalles, pensado, “A él le agrada la perfección y es lo que he tratado de darle siempre.”
     Esa noche, Teodora lloró todas las lágrimas contenidas desde su nacimiento y las que podría derramar el resto de su vida. Entonces Teodora dijo, “Nunca más nadie me humillará así. Saldré adelante y este hijo no será un obstáculo para ello.” Quince días después, Teodora se encontraba en una pequeña ciudad, y pensó, “Aquí aguardaré a que nazca mi hijo. En este lugar nadie sabe quien soy ni lo sabrá.”  Transcurrieron los mese y Teodora dio a luz a un hermoso bebé. Mientras lo tenía en sus brazos, Teodora pensó, “Es un hermoso niño. Se llamará León. Quizá ese hombre le de fuerza para enfrentar la vida.” El pequeño no tenía aún un mes cuando Teodora decidió abandonar aquel lugar. Mientras amamantaba a niño, Teodora  pensó, “Ha llegado el momento de hacer todo lo que planee durante los largos meses de mi embarazo.” Con el niño en brazos, fueron días de largas caminatas, de alejarse más y más del lugar donde tan amargos ratos había pasado. Teodora no solo puso distancia por tierra sino también por mar y finalmente llegó a Antioquía, pensando, “No debo flaquear, solo la fuerza me permitirá salir adelante.” 
     Decidida Teodora se dirigió a un monasterio. Teodora fue recibida por un portero, quien le dijo, “¿Qué buscas en esta casa?” Teodora le dijo, “Deseo hablar con el abad.” El portero dijo, “Pasa hija, que nuestro superior a nadie niega su ayuda.” Momentos después, Teodora se encontraba ante el superior con su hijo en brazos, diciendo, “Padre soy una pecadora y a pesar de ello me he atrevido a llegar hasta aquí. Sé que no tengo derecho a entrar en este lugar, pero…” El superior la interrumpió, “No me hables así. Dime qué necesitas y veré como ayudarte.” Teodora mostró al niño, diciendo, “Este pequeño es mi hijo. Quiero salvarlo de las maldades del mundo. Deseo que viva entre hombres de bien y por ello lo he traído aquí.” El superior le dijo, “¿Quieres que tu hijo se crie en este pobre y humilde claustro?” Teodora dijo, “Si padre. No soy digna de él. No merezco tenerlo a mi lado. Es fruto de mis pecados.” El padre le dijo, “Hija, ¿amas a este pequeño?” Teodora dijo, “Sí, será mi expiación separarme de él. Darle la oportunidad de una vida limpia y pura.” El superior le dijo, “Estas siendo muy cruel contigo misma. El reconocer tus faltas te redimes de ellas.” Teodora dijo, “Padre, se lo suplico, acéptelo, he hecho un largo viaje para traerlo aquí. Sé que en ningún otro lugar del mundo estará mejor que con ustedes.” El superior le dijo,  “Si crees que eso es lo mejor para el niño, lo recibiré, pero sé que como madre algún día vendrás por él y se te será entregado.” Teodora dijo, “Si algún día merezco su cariño, volveré padre.”
     El abad hizo sonar una campanilla y minutos después un hombre apareció, diciendo, “¿Me llamaba padre abad?” El padre dijo, “Padre Lucas, esa criatura quedara en el monasterio y usted cuidará de él.” El padre Lucas lo vio y dijo, “¡Qué niño tan hermoso! Es una bendición para esta casa su llegada.” El abad dijo, “Hija, entregas al pequeño al padre Lucas.” Teodora dijo, entregando al niño, “Adiós hijo mío. Sé que esto es lo mejor para ti.” Teodora posó sus labios en la frente del bebé, como si en ese beso le entregara todo el amor de madre. Y luego lo puso en los brazos que se extendían hacia ella. Cuando Teodora quedó sola con el abad dijo, “Señor abad, sé que este monasterio es pobre, pero rico en cariño, en amor.” Teodora extendió una bolsa con alhajas, diciendo, “Quiero entregarle esto, es mi contribución por la caridad que ha hecho conmigo.” El abad dijo, “¡Hija…pero aquí hay una gran fortuna! Estas alhajas son muy valiosas.” Teodora dijo, “Lo sé. ¿Qué mejor destino puedo darles que entregarlas a quienes criarán y educarán a mi hijo.” El abad dijo, “Muchas carencias tenemos y gran necesidad de ayuda, gracias hija. Aquí estará tu hijo hasta que tu así lo decidas.” Poco después Teodora se alejaba del monasterio, pensando, “Hice lo correcto. León tendrá una buena vida, una vida digna, y yo…yo aceptaré mi destino.”
     Meses más tarde, Teodora, más hermosa que nunca, se encontraba en Constantinopla. Un hombre dialogaba con otro, diciendo, “He escuchado que ha llegado a la ciudad una bellísima mujer que tiene locos a nobles y plebeyos.” El que así hablaba era Justiniano, heredero a la corona del imperio de Bizancio. Justiniano siguió inquiriendo, “Creo que se llama Teodora, ¿Qué sabes de ella Cadio?”  Cadio dijo, “Que vive en una elegante casa, da grandes fiestas, recibe importantes regalos pero ningún hombre aún consigue conquistarla. De su pasado nadie sabe nada. Se rumora que ha llevado una vida licenciosa y llena de placeres. Pero nadie lo puede asegurar. Es joven, no tiene más de 23 años y jamás mis ojos vieron a una mujer más perfecta. Tiene un cutis como seda, el pelo negro y reluciente como azabache, sus ojos son dos esmeraldas. Su boca roja, al ver sonreír, deja ver dientes como perlas. Su voz tiene la suavidad del terciopelo.” Justiniano dijo, “¡Tengo que conocerla Cadio!” Cadio dijo, “Mi señor, mis deseos son ordenes. ¿Quiere que la traiga al palacio?” Justiniano dijo, “Sí, hoy mismo.”
     Esa tarde una sirviente de Teodora entro a la habitación de ella y dijo, “Señora, un enviado del palacio real desea verla.” Teodora dijo, “¡Del palacio! Espero no pretenderán hacerme salir de la ciudad como sucedió en otras.” Mientras se arreglaba, Teodora pensó, “Aunque aquí he empezado a trabajar. Nada pueden reprocharme.” Momentos después Cadio se presentaba, “Señora, soy Cadio, servidor de su majestad, el príncipe Justiniano, heredero al trono. Mi señor desea conocerla y me ha pedido que la lleve al palacio.” Teodora dijo, “¡Oh…! Supongo que no puedo negarme a un deseo de su majestad.” Cadio dijo, “No señora.” Teodora dijo, “Entonces deme tiempo para prepararme y poder presentarme ante el príncipe como corresponde." Trascurrió una hora y al verla lista, Cadio pensó, “¡Jamás he visto algo tan maravilloso! Es como una aparición.” Teodora dijo, “Estoy lista. Podemos partir.” Cuando ambos llegaron al palacio, Cadio dijo, “Por favor. Aguarde aquí. Iré a avisar al príncipe.” Teodora pensó, “Las puertas están adornadas con oro y piedras preciosas. Jamás imaginé que existiera algo igual. Nada es comparable con esta magnificencia. Quien aquí reina es el dueño del mundo.” Ante aquella fastuosa habitación su belleza aumentaba, opacando las maravillas que ahí había. Extasiado, Justiniano la estuvo contemplando, hasta que la fuerza de su mirada, atrajo la atención de la mujer. No te asustes. Estaba recreándome en tu belleza. No mintieron los que me hablaron de ti.” Teodora se inclinó, diciendo, “Majestad…” Justiniano dijo, “No, no te inclines. Yo debería hacerlo ante tanta perfección. Ven acá.” Esa noche, aún sin darse cuenta, Justiniano perdió su corazón, y tomándola de los hombros le dijo, “Ni en mis más caros sueños imagine que existiera una mujer como tú. Mis ojos solo quieren ver tu rostro. Tu voz es música a mis oídos.”
    Al día siguiente, Justiniano daba las siguientes instrucciones, “Cadio, quiero que Teodora se instale en un palacio donde yo pueda visitarla.” Cadio le dijo, “Mi señor, ¿Será prudente…? Jamás antes por ninguna otra, usted había tomado tal decisión.” Justiniano le dijo, “No te preocupes. Es solo un capricho que se pasará como tantos otros.” Cadio solo pensó, “Espero que así sea…pero ¿Porqué me temo que no será así?” Cadio tenía razón al preocuparse, porque Justiniano cada día sentía mayor necesidad de estar junto a Teodora. Estando ambos juntos en el lecho, Justiniano le decía, “¿Qué me has hecho? Nunca antes había sentido por nadie lo que siento por ti. Eres la luz de mis días, el agua que calma la sed de amor que arde en mi corazón.” Cuando Teodora quedaba sola, en los jardines de su palacio, decía, “Tengo más de lo que soñé. Esta vez no permitiré ser tratada como lo hizo Erébolo. Justiniano me ama, de eso estoy segura, yo sabré mantener la llama de ese amor encendida. Sé que es feliz a mi lado, con una felicidad que no encontrará en ninguna otra mujer. ¡Esa es mi fuerza! Él no podrá dejarme porque si lo hace, sufrirá hasta la muerte.” Así estaban las cosas cuando un día, Justiniano le dijo a Teodora, “Dos reinos que han sido siempre nuestros enemigos se han unido contra nosotros. La guerra es inminente. Deberé partir a la cabeza de nuestro ejército.” Teodora dijo, “¡No! Tú eres el príncipe heredero. No debes exponerte. Si algo te sucede…” Justiniano la interrumpió, “Nada me pasará. Quiero regresar a tu lado y lo haré. Tu recuerdo me dará fuerzas y me ayudará a vencer.” Teodora le dijo, “Justiniano, mi vida sin ti no tiene sentido. Conocerte fue como volver a nacer. Si mueres moriré. No podría seguir…” El príncipe adivinó lo que quería decir y acalló su triste queja con ardientes besos. 
     No tardó el ejército imperial en partir a enfrentar a los enemigos. Cuando los ejércitos de Justiniano se encontraron con estos, el choque fue brutal. Justiniano daba el ejemplo a sus hombres, demostrando un valor sin límites. A pesar de lo mucho que arriesgaba su vida, parecía como si el destino se empeñara en que saliera ileso. Larga y cruenta fue la guerra. Cientos de hombres dejaban sus vidas en el campo de batalla. Pero finalmente el heredero a la corona salió triunfante, ganando tierras, esclavos, y mayor respeto para su imperio. Al regreso de los ejércitos, toda Constantinopla se volcó a las calles para aclamarle. La multitud gritaba, “¡Viva nuestro príncipe!¡Viva el salvador del imperio!” Teodora le aguardaba ansiosa, y cuando horas después él se presentó, ella se abalanzó a sus brazos diciendo, “¡Justiniano!” Justiniano le dijo, “¡Amor mío, adorada…!” Al sentir sus labios la mujer supo que él era suyo para siempre.
     La boda fue fastuosa. Todo el mundo se inclinó ante la esposa del heredero. Un año después, murió el emperador y terminadas las ceremonias fúnebres se llevó a cabo la coronación. Teodora pensó, “…Soy emperatriz. He llegado a la cima a la que puede aspirar una muer.” Ella se transformó en una gran soberana, más sabia y enérgica que su esposo. Un día, el consejero Basilio se presentó ante ella y le dijo, “Majestad, me han dicho que desea verme. Aquí estoy para servirla.” Teodora le dijo, “Basilio, usted es el gran chambelán del palacio, pero eso no le da derecho a ordenar como si fiera el emperador. Ha hecho castigar a dos servidores y yo ya le he dicho que son decisiones que tomaré después de estudiar los casos.” Basilio le dijo, “Majestad, el antiguo emperador confiaba en mí y también lo hacia el príncipe.” Teodora le dijo, “Pero ahora tendrá que consultar conmigo y es mejor que obedezca o perderá su puesto, ¡Retírese!” Basilio pensó, mientras se retiraba, “¡Maldita, cuánto la odio! Si pudiera hacerla caer de la gracia del emperador…pero él la adora. Le ha dado poder en el gobierno igual que a los suyos y ella puede hacer lo que le plazca. Tengo que ser servil, casi arrastrarme a sus pies, para mantener mi puesto y prestigio.” Tampoco a Teodora le era agradable Basilio, y pensaba, “Presiento en él un gran enemigo. Si pudiera perjudicarme lo haría sin dudarlo. Pero no tiene motivos. El pueblo me quiere. Soy una gran soberana. Todos lo reconocen, especialmente Justiniano. Si supiera mi secreto…pero jamás podrá descubrirlo. León está muy lejos de aquí, encerrado en un monasterio. Los monjes jamás podrán imaginar que Teodora, la emperatriz, es Teodora, la madre de León. Puedo estar tranquila.”  
     Pasaron los años y un día, dos hombres dialogaban en la ciudad. Uno de ellos preguntó, “¿Qué sucede?¿Porque todos salen de sus casas?” El otro le contestó, “No eres de aquí, ¿Verdad? Sino sabrías que una vez al mes la emperatriz sale a salda al pueblo y hoy es el día.” El hombre dijo, “Oh, ya había escuchado eso, pero jamás pude verla. Dicen que es muy hermosa y que es caritativa con el pueblo.” El otro dijo, “Creo que es la mujer más hermosa de la tierra. El emperador la ama más que a su propio vida.” El padre Lucas, que había ido a Constantinopla por asuntos del monasterio, no daba crédito a lo que vieron sus ojos, pensando mientras veía pasar a procesión de la reina, “Debo estar soñando…no, es ella. Cómo olvidar ese rostro tan hermoso y perfecto. Es ella.” Cuando regresó a Antioquía, el abad le dijo, “¿Está seguro de lo que dice padre Lucas?” El padre Lucas le dijo, “Completamente señor abad. Era ella. Llevaba un traje tejido en oro. Los años no han pasado por esa mujer. Está igual de bella.” El abad dijo, “Jamás regresó. Nunca envió a preguntar por su hijo. A pesar de que ella y el emperador no han tenido descendencia.” El padre Lucas dijo, “Quizá es un castigo de Dios por haber abandonado a León.” El abad le dijo, “Padre Lucas, creo que debemos hacer algo. Mi conciencia me lo está diciendo.”
     Dos mese después, el padre Lucas y el pequeño León viajaban en un barco, por el Mediterráneo. León decía, “¡Que hermoso paisaje padre Lucas!¡Cuantas cosas hemos visto desde que salimos de Antioquía!” El padre Lucas le dijo, “Y aún no has visto nada, el mundo es muy grande, León, y tú has pasado todos estos años entre las paredes del monasterio. Constantinopla te impresionará. Es la ciudad más fastuosa de la tierra.” El pequeño León dijo, “¿Más grande que Antioquía?” El padre Lucas dijo, “¡Mucho más! Veras palacios maravillosos, con pisos de mármol, paredes recubiertas de oro…” León dijo, “¿Y en uno de esos palacios vive mi madre?” El padre Lucas dijo, “No hables tan alto. Nadie debe saber a qué vamos a Constantinopla.” León dijo, “Padre Lucas, ¿Cree que ella se alegrará al verme?” Lucas le dijo, “No puedo asegurártelo. Te llevo a su lado porque el abad y yo creemos que es nuestro deber. Si resulta que en ese palacio no hay sitio para ti, regresaremos al monasterio, que hasta ahora ha sudo tu hogar.” León dijo, “¿Porqué no avisaron a mi madre de nuestro viaje? Quizá antes de emprenderlo se debió esperar una orden suya.” El padre Lucas le dijo, “León, desde lejos sería fácil rechazarte, pero cuando te vea, cuando mire tus ojos iguales a los suyos…cuando distinga entre tus rasgos, algunos de los de alguien a quien seguramente amó, entonces…Si dentro de su pecho queda algo de corazón de mujer, de madre te apretará contra él mismo. Dicen que el emperador no le niega nada. No tienen hijos propios. Se te presenta un gran porvenir León. Espero que en el futuro no te olvidaras de los pobres hermanos de San Nicéforo que te criaron y dieron cariño.” León dijo, “¿Olvidarme de ustedes? Son las personas que más amo en el mundo. Quiero conocer a mi madre…Pero desearía no tener que dejar el monasterio. He sido muy feliz allí, padre Lucas.” Lucas le dijo, “ya veremos si piensas lo mismo cuando veas el palacio, el lujo, el futuro que tendrás.”
     A media mañana el barco atracó en el puerto de Constantinopla, y mientras León y el padre Lucas caminaban pos las calles de la ciudad León dijo, “¡Cuánta gente! Padre detengámonos a mirar.” El padre Lucas dijo, “Después podrás admirar todo esto. Ahora no hay tiempo que perder. Al llegar a las puertas del palacio el portero dijo, “¿Qué desean?” El padre Lucas dijo, “Ver al chambelán Basilio.” Bastó aquel nombre para que los condujeran al interior del palacio. Mientras caminaban por las salas del palacio, el padre Lucas pensó, “Por suerte me enteré que el chambelán recibe los miércoles a quienes piden verlo. Y también que nadie se atreve a hacer uso de tal honor sin tener un motivo suficientemente importante. El mío lo es, por lo tanto, no tengo nada que temer.” Después de cruzar varios pasillos los introdujeron en un salón donde los dejaron aguardando. León dijo, “Padre, ¿Es verdad todo lo que he visto? Me parece mentira que existan lugares como estos.” Ninguno de los dos salía de su asombro ante tanto lujo, de pronto…Basilio los recibió, diciendo, “Entraron en palacio, valiéndose de mi nombre. Una de las cosas de las que me vanaglorio es que cualquier persona del populacho puede llegar a mi presencia con solo nombrarme, pero quien sin causa realmente justificada se vale de ese recurso, se arrepiente. ¿Qué desean?” A pesar del aspecto siniestro del chambelán, y de la amenaza de sus palabras, el padre Lucas no se amedrentó, y dijo, “Excelencia, le aseguro que la importancia de la misión que traigo, justifica mi intromisión. Lo único que me turba es que no puedo decirla a nadie que no sea la emperatriz, pues solo a ella concierne.” Basilio le dijo, “Soy el hombre de confianza del emperador, por lo tanto, no hay nada que se me deba ocultar.” Basilio dijo, “Sea lo que sea lo que le trae aquí, debe decírmelo a mi antes que a nadie.” El padre Lucas dijo, “Quisiera hacerlo, señor, pero insisto que solo la emperatriz debe escuchar mis palabras.” Basilio dijo, “Si no habla puede estar seguro que jamás llegará a ella. Nunca la vera.” Lucas dijo, “Pero…” Basilio dijo, “¿Quién me asegura que no es un asesino que trae escondido un puñal para matarla?” El padre Lucas le dijo, “¿Acaso mi hábito no dice claramente quién soy?” Basilio dijo, “No. No es suficiente para mí.” El padre Lucas dijo, “Esta bien. Lo diré y si me equivoco en lo que voy a hacer, que al castigo caiga sobre el responsable.  Este niño León es hijo de la emperatriz. Ella lo dejó en nuestro monasterio hace diez años. Cuando aún no tenía un mes lo llevó con nosotros, y nunca más regreso por él.” 
     Basilio apenas podía salir de su asombro ante lo que escuchaba, pensando, “El muchacho es la viva imagen de la emperatriz…pero, ¿Y si es una trampa que me tiende este hombre?” Basilio dijo, “No será la casualidad del parecido lo que lo ha hecho maquinar todo un plan?” El padre Lucas dijo, “Solo hay una forma de contestar eso. Pregunte a la emperatriz si lo que digo es mentira.” El tono seguro del padre Lucas y los rasgos del niño terminaron de convencer al chambelán, quien pensó, “Creo que este asunto podrá serme de gran provecho si sé manejarlo bien.” Basilio permaneció un momento dando vueltas a la idea en su astuta mente, y enseguida preguntó, “¿Cuántas personas aparte de usted saben este secreto?” El padre Lucas dijo, “Solamente el abad del monasterio.” Basilio pensó, “Y ahora yo. Con él podré dominar a la orgullosa emperatriz. Tendrá que hacer lo que yo quiera.” Basilio dijo, “Quédense aquí. Volveré en un momento.” Basilio salió y poco después hizo su aparición Teodora. Al verla, el padre Lucas pensó, “¡Qué dignidad en su porte! Solo su enorme belleza hace recordar que es la misma mujer que fue al monasterio.” Sin decir una palabra, Teodora caminó hacia el niño. Basilio pensó al verla, “Su mirada demuestra horror. No hay duda que ese niño es de ella. ¡Qué suerte tienes Basilio!” Al principio León se quedó petrificado ante aquella mirada fría y penetrante de Teodora. Pero, a medida que aquella se fue suavizando, también la del muchacho respondió con ternura, diciendo, “¡Madre, madre mía!” Ante aquella voz llena de cariño, la altiva mujer se dejo llevar por la emoción, diciendo, “¡Hijo mío de mi corazón!” Pero su energía de emperatriz se sobrepuso rápidamente a su pasajera debilidad maternal. Teodora dijo, “Basilio, llévalo al salón azul y regresa de inmediato.” 
     El chambelán se apresuró a obedecer y poco después, Teodora le dijo, “Es preciso que el emperador jamás se entere de esto, Sé que estoy en tus manos Basilio.” Basilio le dijo, “Soy un esclavo de su majestad. Si su voluntad es que el emperador lo ignore, así se hará.” Teodora dijo, “Pero…y ellos…¿Qué vamos a hacer con ellos?” Basilio dijo, “Solo hay un camino: Los pozos del subterráneo guardan los mayores secretos.” Teodora pensó, “¿Lanzar a mi hijo a las profundidades de los pozos?¿Quitarle así la vida que yo le di…? Pero, si no lo hago, ¿Qué va a ser de mí? Justiniano no me perdonara nunca que le haya ocultado a mi hijo. Menos aún cuando no hemos tenido descendencia. He logrado que olvide mi pasado, que jamás hable de él. Pero con León de regreso, vivo y latente, será mi ruina, mi perdición.” Por su parte, Basilio pensaba, “Tendrá que hacer lo que yo digo. No tiene alternativa. Deshacerse de mi le sería tan fácil como lo fue elevarme al lugar donde estoy ahora. ¿Voy a arriesgarme a perderlo todo por lago que eta misma mañana no existía para mí? ¿Seré tan insensata como para poner en peligro un realidad tan sólida por lago que es una simple sombra?” Basilio interrumpió sus pensamientos, “Majestad, deje de mi cuenta arreglar esta asunto y le aseguro que no quedará la menos huella.” Teodora dijo, “¿No hay otra solución que…la muerte?” Basilio dijo, “No que ofrezca tanta seguridad. Pero si su corazón es tan bondadoso, quizás la perdida de la vista o el habla…” Teodora se llevó las manos a las sienes diciendo, “¡Noooo! La muerte antes que eso.” Basilio dijo, “Habla con sabiduría, gran emperatriz, pues los muertos jamás pueden decir nada.” Teodora sintió un escalofrío, pero luego cruzó por su mente la cara de felicidad de sus enemigos si fuera repudiada, y dijo, “Hazlo…¡Ahora mismo!” El malvado Basilio con una cruel sonrisa salió de la habitación, pensando, “He ganado. Cuando mueran yo seré el único que sabré el secreto. La emperatriz se transformará en mi esclava.”
     Rápidamente Basilio se dirigió al salón azul, cuya puerta estaba custodiada por dos africanos y les hizo una señal. Inmediatamente éstos cumplieron la orden, tomando a la fuerza al padre Lucas y a León. El padre Lucas exclamó, “¡Esperen, no nos maltraten!” Sus quejas no fueron escuchadas y prácticamente a rastras los llevaron hasta un tétrico pasillo, donde los encarcelados se quejaban. Mientras era llevado el padre Lucas, pensaba, “Esos son calabozos, y los lamentos son de los infelices que allí se encuentran.” Cuando llegaron al final del pasillo, entraron en un amplio recinto. El padre Lucas preguntó, “¿Por qué nos han traído aquí?¿Qué pretenden hacernos?” Basilio dijo, “Ya lo sabrán.” A una nueva señal, los africanos empezaron a quitar las tablas que cubrían la boca del pozo. León dijo, “Padre Lucas tengo miedo.” El padre Lucas dijo, “Tranquilo, hijo. Nada te sucederá.” El padre Lucas se dirigió a Basilio, “No pretenderá matar a este niño. ¿Qué ha hecho él? Yo lo traje. Yo tengo la culpa. Castígueme a mí, pero a él, que no ha cometido ninguna falta, déjelo ir. ¡Por favor permítale salir de aquí! ¡Por piedad se lo suplico! No le haga daño, es bueno, joven, tiene toda una vida por delante.” 
      Por toda respuesta el chambelán lanzó una piedra al interior del pozo, diciendo, “Es muy profundo. Los que caen en él mueren. Jamás nadie se ha salvado.” Una vez dicho esto, Basilio hizo otra señal a los guardias africanos, que se lanzaron sobre León, quien dijo, “¡Nooooo!” El padre Lucas, tratando de impedirlo gritó, “¡Déjenlo!¡No lo maten! ¡Suéltenlo!” Basilio dijo, “¡Hombre estúpido, nada sacas con tratar de impedirlo, los dos morirán!” León gritó, “¡Noooo!” El padre Lucas dijo, “¡Por piedad, no lo maten!” Ante el asombro de Basilio, inesperadamente, Teodora hizo acto de presencia, diciendo, “¡Deténganse!¡Suéltenlo!” Los guardias africanos se apresuraron a obedecer. Teodora tomó en sus brazos a León, diciendo, “¡Corazón mío, hijo de mi alma, no te harán daño alguno! Estaba loca cuando lo permití.” Teodora lo miró a los ojos, diciendo, “Querido niño mío. Pensar que pude manchar mis manos con tu sangre.” Basilio pensó al verlos, “Mujer estúpida, no voy a permitir que se frustren mis planes. El emperador podrá perdonar a la madre, pero no a la asesina. El muchacho tiene que morir.” Entonces Basilio le dijo, “Gran señora. No hay que matarlo si con ello sufre su corazón. Basta un cuchillo…y un hierro para marcar al rojo. Quedarán imposibilitados para siempre de hacer daño.” Pero ella no prestaba atención a sus palabras, diciendo, León, hijo mío, bésame. Quiero sentir tus dulces besos en mi cara.”
     Después que el niño besó la faz de su madre, Teodora dijo al padre Lucas, “¿Es cierto que ha guardado mi secreto todos estos años?” El padre Lucas dijo, “Lo juro. Solo yo y el diácono Bardas lo sabemos.” Teodora dijo, “Pues que tus labios sigan sellados. Y tú León, ¿Guardarás el secreto que nada ganas con publicar y que solo me perjudicaría?” León dijo, “Madre, jamás te haría daño. Nunca diré quién eres para mí.” Teodora dijo, “Confío en ustedes dos. Me ocupare de la prosperidad del monasterio a tal punto que bendecirán haber venido. Ahora deben marcharse. No quiero volver a verlos. Si regresar quizá me encuentren de un humor más tierno o más severo. Lo primero traería como consecuencia mi ruina. Lo segundo seria la ruina de ustedes. Si corren rumores de que me han traicionado, los castigare de tal manera que servirá de lección a quienes sean desleales a la emperatriz.” El padre Lucas, dijo, “Yo no hablare jamás. Tampoco lo hará el abad, ni León. Pero, no somos los únicos que sabemos el secreto. El chambelán y los guardias esclavos africanos pueden hablar y nosotros seriamos castigados por algo que no hicimos. Eso no ocurrirá. Los esclavos son mudos y no tiene forma de divulgar los secretos que conocen.” Enseguida, Teodora se volteó y dio una señal diciendo enérgica, “En cuanto a Basilio…él, tampoco será problema…” Ante la señal los esclavos se lanzaron sobre el chambelán Basilio, quien dijo, “¿Qué hacen? Gran emperatriz, ¿Qué significa esto? No es posible que ordene mi muerte. Yo solo la he servido. Le he sido fiel.” Teodora dijo, “¿Fiel tú? Jamás lo has sido. Te proponías servirte de mi secreto para perderme. Lo vi en tus ojos, villano cruel y asesino! Morirás de la misma forma que has matado a tantos. ¡Llegó tu hora de pagar!”
     León y el padre Lucas vieron impotentes como Basilio era lanzado al pozo. Horas después, León y el padre Lucas caminaban por la ciudad de Constantinopla. El padre Lucas dijo a León, “Hijo, lamento lo sucedido. Si solo me hubiera imaginado…” León dijo, “Padre, a pesar de todo mi madre me demostró cariño. Es hermosa y fue bueno conocerla, saber quién me dio la vida. Pero no me hubiera gustado quedarme a vivir en ese palacio. Me siento feliz de regresar a Antioquia. Allí he vivido siempre. Allí he recibido cariño y cuidados. Allí está mi hogar y vuelvo a él.”
     El monasterio de San Nicéforo se vio de pronto en medio de un gran auge económico. El abad dijo a uno de los hermanos, “Parece como si nos lloviera riqueza del cielo. Éramos los más pobres y ahora no nos falta.” El hermano dijo, “Yo diría que nos sobra. Yo diría que nos sobra. ¡Es un milagro!” Al cumplir la edad requerida, León se ordenó como sacerdote, siendo uno de los más piadosos y santos de la congregación. Jamás, en sus oraciones olvidó a la mujer que le dio la vida y en un momento casi le dio la muerte: su madre. Ella a veces pensaba en aquel hijo al que renunció por el poder y la gloria que significaba ser emperatriz., pensando, “No debo recordarlo…pero, ¿qué habrá sido de él?¿Vivirá…?¿Será feliz?”    
Tomado de Novelas Inmortales. Año XV, No. 761, Junio 17 de 1992. Guion: Herwigo Comte. Segunda Adaptación: José Escobar.       

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