Club de Pensadores Universales

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jueves, 21 de mayo de 2020

La Casa de Muñecas, de Henrick Ibsen

La Casa de Muñecas, también traducido como, La Casa de Muñeca,  es una obra de tres actos, escrita por el noruego Henrik Ibsen. Se estrenó en el, Teatro Real de Copenhague, Dinamarca, el 21 de diciembre de 1879, y se publicó a principios de ese mes. La obra se desarrólla en una ciudad noruega, alrededor de 1879.
     La obra es importante por la forma en que trata el destino de una mujer casada, que en ese momento, en Noruega, carecía de oportunidades razonables para la realización personal, en un mundo dominado por hombres. A pesar de que Ibsen niega que haya sido su intención escribir una obra feminista, en ese momento, despertó una gran sensación, y provocó una, "tormenta de indignación y controversia," que fue más allá del teatro, a los periódicos, y la sociedad del mundo.
     En 2006, el centenario de la muerte de Ibsen, La Casa de Muñecas, celebró la distinción de ser la obra de teatro más representada del mundo ese año. La UNESCO ha inscrito los manuscritos autografiados de Ibsen de, La Casa de Muñecas, en el registro de la memoria del mundo en 2001, en reconocimiento de su valor histórico.
     El título de la obra se traduce más comúnmente como, Una Casa de Muñecas, aunque algunos estudiosos usan, La Casa de una Muñeca. John Simon dice que, La Casa de una Muñeca, es, "el término británico para lo que [los estadounidenses] llaman una, 'Casa de Muñecas.’” Egil Törnqvist dice del título alternativo: "En lugar de ser superior a la representación tradicional, simplemente suena más idiomático para los estadounidenses".
Lista de personajes
Nora Helmer: Esposa de Torvaldo, madre de tres hijos, vive el ideal de la esposa del siglo XIX, pero abandóna a su familia, al final de la obra.
Torvaldo Helmer: El esposo de Nora, un gerente bancario recientemente ascendido, profesa estar enamorado de su esposa, pero su matrimonio la asfixia.
Dr. Rank: Un rico amigo de la familia. Tiene una enfermedad terminal, y está implícito que su, "tuberculosis de la columna vertebral," se origina de una enfermedad venérea contraída por su padre.
Cristina Linde: La vieja amiga de la escuela, de Nora, viuda, está buscando empleo. Ella estaba en una relación con Krogstad antes del escenario de la obra.
Nils Krogstad: Un empleado del banco de Torvald, padre soltero, lo empujan a la desesperación. Un supuesto sinvergüenza, se revela que es un amante perdido de Cristina.
Los Niños: Los hijos de Nora y Torvald: Ivar, Bobby, y Emmy (en orden de edad).
Ana Maria: La ex niñera de Nora, que entregó a su propia hija a "extraños" cuando se convirtió, como ella dice, en la única madre que Nora conocía. Ahora se preocupa por los hijos de Nora.
Elena: La doncella de los Helmers
El Portero: Entrega un árbol de Navidad a la casa Helmer al comienzo de la obra.
Sinopsis
Acto Uno
     La obra comienza en Navidad, cuando Nora Helmer entra a su casa con muchos paquetes. El esposo de Nora, Torvaldo, está trabajando en su estudio cuando ella llega. Él la reprende juguetónamente por gastar tanto dinero en regalos de Navidad, llamándola su, "pequeña ardilla". Él se burla de ella sobre cómo el año anterior, había pasado semanas haciendo regalos y adornos a mano, porque el dinero era escaso. Este año, Torvaldo recibirá un ascenso en el banco donde trabaja, por lo que Nora siente que pueden darse un poco de lujos. La criada anuncia dos visitas: la Sra. Cristina Linde, una vieja amiga de Nora, que ha venido a buscar trabajo; y el Dr. Rank, un amigo cercano de la familia, que ingresa al estudio. Cristina ha tenido algunos años difíciles, desde que su esposo murió dejándola sin dinero ni hijos. Nora dice que las cosas tampoco han sido fáciles para ellos: Torvaldo se enfermó, y tuvieron que viajar a Italia para que él pudiera recuperarse.
     Cristina explica que cuando su madre estaba enferma, tenía que cuidar a sus hermanos, pero ahora que crecen, ella siente que su vida está, "indescriptiblemente vacía". Nora promete hablar con Torvaldo sobre encontrarle un trabajo. Cristina le dice suavemente a Nora que es como una niña. Nora se ofende, por lo que se burla de la idea de que obtuvo dinero de, "algún admirador", para que pudieran viajar a Italia, para mejorar la salud de Torvaldo.
     Ella le dijo a Torvaldo que su padre le dio el dinero, pero de hecho logró pedirlo prestado ilegalmente sin su conocimiento porque las mujeres no podían hacer ningún trato económico, como firmar cheques, sin el consentimiento de su esposo. Con los años, ella ha estado trabajando en secreto y ahorrando, para pagar la deuda.
     Krogstad, un empleado de nivel inferior en el banco de Torvaldo, llega y entra al estudio. Nora está claramente incómoda cuando lo ve. El Dr. Rank deja el estudio y menciona que se siente miserable, aunque como todos, quiere seguir viviendo. En contraste con su enfermedad física, dice que el hombre del estudio, Krogstad, está "moralmente enfermo".
     Después de la reunión con Krogstad, Torvaldo sale del estudio. Nora le pregunta si puede darle a Cristina una posición en el banco, y Torvaldo es muy positivo, diciendo que éste es un momento afortunado, ya que una posición acaba de estar disponible. Torvaldo, Cristina, y el Dr. Rank, salen de la casa, dejando a Nora sola. La niñera regresa con los niños, y Nora juega con ellos por un tiempo, hasta que Krogstad se entreméte por la puerta entreabierta, hacia la sala de estar, y la sorprende. Krogstad le dice a Nora que Torvaldo tiene la intención de despedirlo en el banco, y le pide que interceda con Torvaldo para permitirle mantener su trabajo.
     Ella se niega, y Krogstad amenaza con chantajearla sobre el préstamo que tomó para el viaje a Italia; él sabe que ella obtuvo éste préstamo, falsificando la firma de su padre, quien ya había muerto. Krogstad se va, y cuando Torvaldo regresa, Nora intenta convencerlo de que no despida a Krogstad. Torvaldo se niega a escuchar sus súplicas, explicando que Krogstad es un mentiroso e hipócrita, y que cometió un crimen terrible: falsificó el nombre de alguien. Torvaldo se siente físicamente enfermo en presencia de un hombre cuya influencia, "envenena hasta a sus propios hijos de Krogstad, con mentiras y disimulo."
Acto Dos
     Cristina llega para ayudar a Nora a reparar un vestido para una función de vestuario que ella y Torvaldo planean asistir al día siguiente. Torvaldo regresa del banco, y Nora le suplica que reinstale a Krogstad, alegando que le preocupa que Krogstad publique artículos difamatorios sobre Torvaldo, y arruine su carrera. Torvaldo descarta sus temores, y explica que, aunque Krogstad es un buen trabajador, y parece haber cambiado su vida, debe ser despedido, porque es demasiado familiar a Torvaldo, frente a otro personal del banco. Torvaldo luego se retira a su estudio para trabajar.
     El Dr. Rank, el amigo de la familia, llega. Nora le pide un favor, pero Rank responde revelando que ha entrado en la etapa terminal de tuberculosis de su columna vertebral, y que siempre ha estado secretamente enamorado de ella. Nora intenta negar la primera revelación y burlarse de ella, pero está más perturbada por su declaración de amor. Luego, torpemente, intenta decirle que no está enamorada de él, pero que lo ama mucho como amiga.
     Desesperado después de ser despedido por Torvaldo, Krogstad llega a la casa. Nora convence al Dr. Rank de ir al estudio de Torvald para que no vea a Krogstad. Cuando Krogstad se enfrenta a Nora, declara que ya no le importa el saldo restante del préstamo de Nora, sino que conservará el vínculo asociado para chantajear a Torvald no solo para mantenerlo empleado sino también para promoverlo. Nora explica que ella ha hecho todo lo posible para persuadir a su esposo, pero él se niega a cambiar de opinión. Krogstad le informa a Nora que ha escrito una carta que detalla su crimen (falsificando la firma de garantía de su padre en el bono) y la puso en el buzón de Torvald, que está cerrado.
Nora le cuenta a Cristina su difícil situación. Ella le da la tarjeta de Krogstad con su dirección, y le pide que trate de convencerlo de que ceda.
     Torvaldo entra, e intenta recuperar su correo, pero Nora lo distrae, rogándole que la ayude con el baile que ha estado ensayando para la fiesta de disfraces, fingiendo ansiedad por actuar. Baila tan mal, y actúa de manera tan infantil, que Torvaldo acepta pasar toda la noche entrenándola. Cuando los demás van a cenar, Nora se queda unos minutos, y contempla suicidarse para salvar a su esposo de la vergüenza de la revelación de su crimen, y evitar cualquier gesto galante de su parte, para salvar su reputación.
Acto Tres
   Cristina le dice a Krogstad, que solo se casó con su esposo rico, porque no tenía otros medios para mantener a su madre enferma y sus hermanos pequeños, y que ha regresado para ofrecerle su amor nuevamente. Ella cree que él no se habría rebajado a un comportamiento poco ético, si no hubiera sido devastado por su abandono, y hubiera estado en una situación financiera grave. Krogstad cambia de opinión, y ofrece recuperar su carta de Torvaldo. Sin embargo, Cristina decide que Torvaldo debe saber la verdad, por el bien de su matrimonio y el de Nora.
     Después de arrastrar y empujar literalmente a Nora, a la casa de la fiesta, Torvaldo va a revisar su buzón de correo, pero es interrumpido por el Dr. Rank, quien los ha seguido. El Dr. Rank habla por un momento, y le dice indirectamente a Nora, que éste es un adiós final, ya que ha determinado que su muerte está cerca. El Dr. Rank se va, y Torvaldo recupera sus cartas. Mientras las lee, Nora se prepara para quitarse la vida. Torvaldo la confronta con la carta de Krogstad. Enfurecido, declara que ahora él, como jefe del banco, está completamente a merced de Krogstad; debe ceder a las demandas de Krogstad, y guardar silencio sobre todo el asunto. Torvaldo regaña a Nora, llamándola una mujer deshonesta e inmoral, y diciéndole que no es apta para criar a sus hijos. Él dice que de ahora en adelante, su matrimonio será solo una cuestión de apariencias.
     Entra una criada, y le entrega una carta a Nora. La carta es de Krogstad, sin embargo, Torvaldo exige leer la carta, y la toma de Nora. Torvaldo se regocija de que está salvado, ya que Krogstad ha devuelto el vínculo incriminatório, que Torvaldo quema inmediatamente, junto con las cartas de Krogstad. Retoma sus duras palabras a su esposa, y le dice que la perdona. Nora se da cuenta de que su esposo, no es el hombre fuerte y galante, que ella pensó que era, y que realmente, se ama a sí mismo más que a Nora.
     Torvaldo explica que cuando un hombre ha perdonado a su esposa, lo hace amarla aún más, ya que le recuerda que ella es totalmente dependiente de él, como un niño. Descarta el hecho de que Nora tuvo que tomar una decisión agonizante entre su conciencia y su salud, e ignora sus años de esfuerzos secretos para liberarlos de las obligaciones resultantes, y el peligro de pérdida de reputación. Él conserva su tranquilidad, al pensar en el incidente como un simple error que ella cometió, debido a su necedad, uno de sus rasgos femeninos más entrañables.
     Nora le dice a Torvaldo que lo va a dejar, y en una escena de confrontación, expresa su sentido de traición y desilusión. Ella dice que él nunca la ha amado, y que se han convertido en extraños el uno para el otro. Ella se siente traicionada por su respuesta al escándalo que involucra a Krogstad, y dice que debe alejarse para entenderse a sí misma. Ella ha perdido su religión. Ella dice que ha sido tratada como una muñeca, con quien jugar toda su vida, primero por su padre, y luego por él.
     Preocupado por la reputación familiar, Torvaldo insiste en que cumpla con su deber de esposa, y madre, pero Nora dice que tiene deberes consigo misma, que son igual de importantes, y que no puede ser una buena madre o esposa, sin aprender a ser más que un juguete. Ella revela que, ella misma, había esperado que él quisiera sacrificar su reputación por la de ella, y que había planeado suicidarse, para evitar que lo hiciera. Pero ahora se da cuenta de que Torvaldo no es, en absoluto, el tipo de persona que ella había creído que era, y que su matrimonio se había basado en fantasías y malentendidos mutuos.

     Torvaldo es incapaz de comprender el punto de vista de Nora, ya que contradice todo lo que le han enseñado sobre la mente femenina, a lo largo de su vida. Además, es tan narcisista que le es imposible comprender, cómo, ante los ojos de Nora, aparece como egoísta, hipócrita, y más preocupado con la reputación pública, que con la moral real. Nora deja sus llaves, y su anillo de bodas; Torvaldo se rompe, y comienza a llorar, desconcertado por lo que ha sucedido. Después de que Nora sale de la habitación, Torvaldo de repente siente esperanza, mientras se escucha que la puerta de abajo se cierra.
Final alternativo
     El agente alemán de Ibsen, sintió que el final original no funcionaría bien en los cines alemanes. Además, las leyes de derechos de autor de la época, no preservarían el trabajo original de Ibsen. Por lo tanto, para que se considerára aceptable, y se evitára que el traductor alterára su trabajo, Ibsen se vio obligado a escribir un final alternativo, para el estreno en alemán. En éste final, Nora es llevada a sus hijos, después de haber discutido con Torvaldo. Al verlos, se derrumba, y cuando se baja el telón, se da a entender que se queda. Más tarde, Ibsen calificó el final como una desgracia para la obra original, y se refirió a él como un, "ultraje bárbaro". Prácticamente todas las producciones actuales, usan el final original, al igual que casi todas las versiones cinematográficas de la obra.
Composición y Publicación
Inspiración de la Vida Real
Una Casa de Muñecas, se basó en la vida de Laura Kieler, cuyo apellido de soltera, era Laura Smith Petersen, una buena amiga de Ibsen. Mucho de lo que sucedió entre Nora y Torvaldo, le sucedió a Laura y su esposo, Víctor. Similar a los eventos en la obra, Laura firmó un préstamo ilegal para salvar a su esposo. Ella quería el dinero para encontrar una cura para la tuberculosis de su esposo. Ella le escribió a Ibsen, pidiéndole su recomendación de su trabajo a su editor, pensando que las ventas de su libro pagarían su deuda. Ante su negativa, ella falsificó un cheque por el dinero. En este punto fue descubierta. En la vida real, cuando Víctor descubrió el préstamo secreto de Laura, se divorció de ella, y la envió a un asilo. Dos años más tarde, ella regresó con su esposo e hijos a instancias de él, y se convirtió en una autora danesa muy conocida, que vivió hasta los 83 años.
     Ibsen escribió, Una Casa de Muñecas, en el momento en que Laura Kieler había sido ingresada en el asilo, y el destino de ésta amiga de la familia, lo sacudió profundamente, tal vez también porque Laura le había pedido que interviniera en un punto crucial del escándalo, lo que él no se sintió capaz, o dispuesto a hacer. En cambio, convirtió ésta situación de la vida, en un drama exitoso y de forma estética. En la obra, Nora deja a Torvaldo con la cabeza en alto, aunque enfrenta un futuro incierto, dadas las limitaciones que las mujeres solteras enfrentaban en la sociedad de la época.

     Kieler finalmente se recuperó de la vergüenza del escándalo, y tuvo su propia exitosa carrera como escritora mientras, se mantenía descontenta con el único reconocimiento como, "Nora de Ibsen," años después.
Composición
    Ibsen comenzó a pensar en la obra, alrededor de mayo de 1878, aunque no comenzó su primer borrador hasta un año después, después de reflexionar sobre los temas y los personajes en el período intermedio. Ibsen visualizó a su protagonista, Nora, por ejemplo, como si se le hubiera aparecido día, con, "un vestido de lana azul". Describió su concepción de la obra como una, "tragedia moderna," en una nota escrita en Roma, el 19 de octubre de 1878. "Una mujer no puede ser ella misma en la sociedad moderna", argumenta, ya que la nuestra es, "una sociedad exclusivamente masculina, con leyes hechas ¡Por hombres y con fiscales y jueces que evalúan la conducta femenina desde un punto de vista masculino!”
Publicación
     Ibsen envió una copia justa de la obra completa a su editor, el 15 de septiembre de 1879. Fue publicada por primera vez en Copenhague, el 4 de diciembre de 1879, en una edición de 8,000 copias que se agotaron en un mes; una segunda edición de 3.000 copias, siguió el 4 de enero de 1880, y una tercera edición de 2.500, se emitió el 8 de marzo
Historia de la Producción
     Una Casa de Muñecas, se estrenó el 21 de diciembre de 1879, en el Royal Theatre de Copenhague, con Betty Hennings, como Nora, Emil Poulsen, como Torvaldo, y Peter Jerndorff, como Dr. Rank. Escribiendo para el periódico noruego Folkets Avis, el crítico Erik Bøgh, admiraba la originalidad y el dominio técnico de Ibsen: "Ni una sola frase declaratoria, ni dramatismo, ni una gota de sangre, ni siquiera una lágrima". Cada actuación de su carrera se agotó. Otra producción se estrenó en el Teatro Real de Estocolmo, el 8 de enero de 1880, mientras que producciones en Christiania (Olso), con Johanne Juell como Nora y Arnoldus Reimers como Torvald, y Bergen siguieron poco después.
     En Alemania, la actriz Hedwig Niemann-Raabe se negó a realizar la obra tal como está escrita, declarando: "¡Nunca dejaría a mis hijos!" Dado que los deseos del dramaturgo no estaban protegidos por derechos de autor, Ibsen decidió evitar el peligro de ser reescrito por un dramaturgo menor, al cometer lo que llamó un, "ultraje bárbaro" en su obra y darle un final alternativo en el que Nora no se fue. Una producción de esta versión, se inauguró en Flensburg, en febrero de 1880. Esta versión también se presentó en Hamburgo, Dresde, Hannover, y Berlín, aunque, a raíz de las protestas y la falta de éxito, Niemann-Raabe finalmente restauró el final original. Otra producción de la versión original, algunos ensayos a los que asistió Ibsen, se inauguró el 3 de marzo de 1880, en el Teatro Residenz de Múnich.
     En Gran Bretaña, la única forma en que se permitió inicialmente la obra en Londres, fue en una adaptación de Henry Arthur Jones, y Henry Herman, llamada, Breaking a Butterfly. Esta adaptación fue producida en el, Princess Theatre, el 3 de marzo de 1884. Escribiendo en 1896 en su libro, Los fundamentos de un Drama Nacional, Jones dice: "Una traducción aproximada de la versión alemana de ‘Una Casa de Muñecas’ se me puso en las manos, y se me dijo que si podía convertirla en una obra popular, se encontraría una apertura lista para ello, en los tableros de Londres. No sabía nada de Ibsen, pero sabía mucho de Robertson y HJ Byron. De estas circunstancias surgió la adaptación llamada, “Rompiendo a una Mariposa".
     Henry Louis Mencken, escribe que fue una, “Casa de Muñecas”, "desnaturalizada y desflogisticada... Hacia la mitad de la acción, Ibsen fue arrojado a los peces, y Nora se salvó del suicidio, la rebelión, la huida, y la inmortalidad, al hacer que un viejo y fiel empleado de ella, le robara su fatídica nota promisoria del escritorio de Krogstad... El telón cayó sobre un hogar feliz."
     Antes de 1899, hubo dos producciones privadas de la obra en Londres, en su forma original como Ibsen la escribió: una presentaba a George Bernard Shaw en el papel de Krogstad. La primera producción pública británica de la obra en su forma regular, se inauguró el 7 de junio de 1889, en el Teatro Novedad, protagonizada por Janet Achurch, como Nora, y Charles Charrington, como Torvaldo. Achurch interpretó a Nora nuevamente para una produccion de 7 días, en 1897. Poco después de su estreno en Londres, Achurch llevó la obra a Australia, en 1889.
     La obra se vio por primera vez en Estados Unidos en 1883, en Louisville, Kentucky; Helena Modjeska interpretó a Nora. La obra se estrenó en Broadway en el Palmer's Theatre el 21 de diciembre de 1889, protagonizada por Beatrice Cameron, como Nora Helmer. Se realizó por primera vez en Francia en 1894. Otras producciones en los Estados Unidos incluyen una en 1902, protagonizada por Minnie Maddern Fiske, una adaptación de 1937 con guión de actuación de Thornton Wilder y Ruth Gordon, y una producción de 1971 protagonizada por Claire Bloom.
     Una nueva traducción de Zinnie Harris en Donmar Warehouse, protagonizada por Gillian Anderson, Toby Stephens, Anton Lesser, Tara FitzGerald y Christopher Eccleston abrió en mayo de 2009.
     La obra fue interpretada por 24/6: A Jewish Theatre Company en marzo de 2011, una de sus primeras actuaciones luego de su lanzamiento en Manhattan en diciembre de 2010.
     En agosto de 2013, el teatro, Young Vic, de Londres, Gran Bretaña, produjo una nueva adaptación de, Una Casa de Muñecas, dirigida por Carrie Cracknell, basada en la versión en inglés de Simon Stephens.
    En septiembre de 2014, en asociación con el Festival de Brisbane, La Boite, ubicada en Brisbane, Australia, organizó una adaptación de, Una Casa de Muñecas, escrita por Lally Katz y dirigida por Stephen Mitchell Wright.
     En junio de 2015, el Space Arts Center de Londres organizó una adaptación de, Una Casa de Muñecas, con el final alternativo descartado.
     'Manaveli' Toronto organizó una versión tamil de, Una Casa de Muñecas, el 30 de junio de 2018, traducida y dirigida por el Sr.P Wikneswaran. El drama fue muy bien recibido por la Comunidad Tamil en Toronto, y se organizó nuevamente en unos meses más tarde. La misma obra de teatro se filmó a principios de 2019, y se proyectó en Toronto el 4 de mayo de 2019. La película fue recibida con muy buenas críticas, y los artistas fueron aclamados por su actuación. Ahora, se están haciendo arreglos para proyectar la película, Una Casa de Muñecas, en Londres, en Safari Cinema Harrow, el 7 de julio de 2019;
     De septiembre de 2019 a octubre de 2019, el Lyric Hammersmith en Londres organizó una nueva adaptación de la obra de Tanika Gupta, quien trasladó el escenario de la obra, a la India colonial. Aunque la trama permaneció en gran medida sin cambios, los protagonistas pasaron a llamarse Tom y Niru Helmer y se agregó una conversación sobre la opresión británica del público hindú. Un cambio significativo fue la falta de un portazo al final de la obra. También publicaron un paquete de materiales didácticos que incluye extractos del guión de la obra adaptada.
    La producción de, Una Casa de Muñecas, por The Jamie Lloyd Company, protagonizada por Jessica Chastain, estaba inicialmente programada para tocar en el, Playhouse Theatre de Londres en el verano de 2020. Debido a la pandemia de coronavirus, la obra ahora se pospuso sin fecha establecida.
Análisis y Crítica
     Una Casa de Muñecas, cuestiona los roles tradicionales de hombres y mujeres en el matrimonio del siglo XIX. Para muchos europeos del siglo XIX, esto era escandaloso. El pacto del matrimonio se consideraba sagrado, y retratarlo como lo hizo Ibsen, fue controvertido. Sin embargo, el dramaturgo irlandés, George Bernard Shaw, encontró estimulante la disposición de Ibsen, de examinar a la sociedad sin prejuicios.
     El dramaturgo sueco, August Strindberg, criticó la obra en su volumen de ensayos y cuentos, Getting Married (1884). Strindberg cuestionó a Nora, cuando sale y deja a sus hijos por un hombre que ella misma desaprobaba tanto, que no se quedaría con él.
     Strindberg también considera que la participación de Nora en un fraude financiero ilegal que la involucró falsificando una firma, y todo hecho a espaldas de su esposo, y luego ella misma mintiéndole a su esposo sobre el chantaje de Krogstad, son delitos graves que deberían plantear preguntas al final de la obra, cuando Nora juzga moralmente a su esposo. Y Strindberg señala que la queja de Nora de que ella y Torvaldo, "nunca han intercambiado una palabra seria sobre cosas serias" se contradice con las discusiones que ocurren en los actos uno y dos.
     Las razones por las que Nora deja a su esposo son complejas, y se insinúan varios detalles a lo largo de la obra. En la última escena, ella le dice a su esposo, que ha sido, "muy perjudicada," por su trato despectivo, y condescendiente hacia ella, y su actitud hacia ella en su matrimonio, como si ella fuera su "esposa muñeca", y los hijos, a su vez, se convierten en sus "muñecas" para ella, lo que la lleva a dudar de sus propias calificaciones para criar a sus hijos.
     Nora está preocupada por el comportamiento de su esposo con respecto al escándalo del dinero prestado. Ella no áma a su esposo, y siente que entre ambos son extraños, se siente completamente confundida, y sugiere que sus problemas son compartidos por muchas mujeres. George Bernard Shaw sugiere que ella huyó para comenzar, "un viaje en busca del respeto propio, y el aprendizaje de la vida", y que su rebelión es, "el final de un capítulo de la historia humana".
     Ibsen se inspiró en la creencia de que, "una mujer no puede ser ella misma en la sociedad moderna", ya que es, "una sociedad exclusivamente masculina, con leyes hechas por hombres y con fiscales y jueces que evalúan la conducta femenina desde un punto de vista masculino".
     También se puede ver que sus ideas tienen una aplicación más amplia: Michael Meyer argumentó que el tema de la obra no es sobre los derechos de las mujeres, sino más bien, sobre, "la necesidad de cada individuo, de descubrir el tipo de persona que realmente es, y de esforzarse por convertirse en esa persona."
     En un discurso pronunciado ante la, Asociación Noruega por los Derechos de las Mujeres, en 1898, Ibsen insistió en que, se le, "debe negar el honor de haber trabajado conscientemente para el movimiento de los derechos de las mujeres", ya que escribió, "sin ninguna intensión  y pensamiento consciente de hacer propaganda," sino con el único fín de hacer una fiel, “descripción de la humanidad".

    Debido a la desviación del comportamiento tradicional y la convención teatral involucrada en el hecho de que Nora se fue de su casa, su acto de cerrar la puerta al salir se ha convertido en la representación de la obra en sí. En, Iconoclasts (1905), James Huneker señaló: "Esa puerta se cerró de golpe en el techo del mundo". (Wikipedia en Ingles)
La Casa de Muñecas
de Henrick Ibsen
     En la capital de Noruega, allá por el año de 1875, la esposa del abogado, Torvaldo Helmer, regresaba a su casa, luego de hacer algunas compras.
     Era víspera de navidad. “Elena, abre el gabinete para que el joven guarde el árbol ahí. No quiero que los niños lo vean hasta que esté adornado. ¡Ay Elena, estoy tan contenta! El año pasado éramos tan pobres, que no tuvimos regalos ni árbol de navidad.” El abogado Torvaldo, fumaba su pipa y pensó, “Todo éste barullo se debe a que volvió a casa mi adorada esposa, ¿Eh?”
     Una vez que estuvo armado y decorado el árbol de navidad, Nora dijo, “Querido Torvaldo, mira todo lo que compre por unas cuantas coronas.” Torvaldo dijo, “Sabes bien que aún  no podemos permitirnos tanto derroche, Nora.” Nora lo abrazó, y le dijo, “Vas a ser muy pronto director del banco. Eso permitirá que paguemos las cuentas sin problemas. Los niños necesitaban ropa y juguetes para navidad.”
     Torvaldo dijo, “Aún no me dan el puesto oficialmente. Eso será hasta año nuevo. Y luego tardaremos un trimestre en cobrar. Así que mi dulce e irresponsable esposa deberá contener su mala costumbre de hacer gastos innecesarios.” Pero Nora le dijo, “Pasé los últimos años haciendo labores para allegarnos algún dinero extra. ¿No tengo derecho a darme algunos gustos, amor?”
     Torvaldo la besó en la frente y le dijo, “No, querida niña y esposa mia, no. Yo te diré cuando puedas hacerlo.” Nora pensó, “Niña’ y esposa…sí, eso soy para él.” Mientras se retiraba, Torvaldo dijo, “Cuando venga el doctor Rank, díganle que lo espero en mi despacho.” Aún, antes de cerrar la puerta, Torvaldo se detuvo y dijo, “Supongo que no te habrás atrevido a comprar golosinas. Sabes que las detesto.” Nora dijo, “Claro que no, Torvaldo. ¿Crees que soy capaz de desobedecerte o hacer algo que te moleste?” Cuando Torvaldo cerró la puerta, Nora pensó, “Solo éstas almendras compré. Serán mi travesura navideña.”
     Cuando Nora empezó a engullirlas, un sentimiento la alcanzó, y dijo en su pensamiento, “¿Por qué me siento como si cometiera un crimen?¡Son solo unas almendras! Es una tontería. No sé por qué Torvaldo me prohíbe comer dulces. Es solo un capricho suyo. Y yo lo obedezco. Ni siquiera sé qué razón tiene para hacerlo. Cuando hago mi voluntad, cuando gasto según mi criterio el dinero, o como golosinas, me siento como una delincuente. Siempre controla mis actos de una manera u otra." 
     Enseguida, Nora pasó a la sala buscando el calor del hogar, y tras sentarse en el sillón, le dijo a su sirvienta, "¡Hace tanto frío! De ´pronto me siento cansada, muy cansada," A continuación, se escuchó que alguien tocó la puerta, y la sirvienta dijo, "Iré a ver quien toca, señora." Nora dijo, "Si es el doctor Rank, que pase al despacho de Torvaldo." Tras unos minutos la sirvienta regresó, con una dama, diciendo, "Eran el doctor, que ya pasó al despacho, y esta dama, que quiere verla a usted."
     La señora dijo, "¡Buenos días, Nora!" Nora dijo, asombrada, "Su voz...¡Oh, Por Dios! ¡Cristina!¡Sí!¡Eres tú!¿Verdad? hacía tanto que no nos veíamos." La dama se quitó su sombrero, y dijo, "Diez años. ¿He cambiado mucho?" Nora dijo, "Quítate ese abrigo húmedo y ven conmigo cerca del fuego. Elena nos traerá té." Mientras Nora servía té en una tasa, dijo, "He sido muy desconsiderada contigo. Supe que enviudaste y no te escribí."
     Cristina dijo, "Hace tres años, ya." Nora dijo, "Tuviste suerte en el casamiento. Él era rico. Supongo que te dejó, al menos en buena posición." Ella dijo, "No, querida. Dejó solo deudas. He tenido que volver a buscar trabajo." Nora dijo, "¡Oh Dios, querida mía! Desde muy joven tuviste que mantener con tu esfuerzo a tu madre y tus hermanos pequeños." Ella dijo, "¡Ellos son mi único orgullo, Nora! Tienen su propia vida. Cada uno con una profesión o un oficio." Nora dijo, "Tu madre debe estar contenta." Cristina dijo, "Ella murió en realidad. Ya nadie me necesita. Si busco un trabajo es solo para sobrevivir."
     Nora dijo, "Cristina, pues Dios te trajo aquí, en el momento justo!Nombraron a Torvaldo director del banco. Le diré que te dé ahí mismo un empleo." Cristina dijo, "¡Te agradezco tanto la ayuda, Nora! Afortunada tú, que siempre has contado con el amparo de alguien, y no has tenido que enfrentarte a la lucha por la vida."Pero Nora le dijo, "Estás equivocada, Cristina. No todo ha sido comodidad, y no siempre he tenido a la mano un hombre que me lo resuelva todo." Cristina dijo, "Bueno, yo me refería a tu padre, que te adoraba, y te protegió siempre, y ahora Torvaldo..."
     Nora comenzó su narración, "Cuando nos casamos, Torvaldo tenía un trabajo mal pagado. Pasábamos muchas necesidades. Yo estaba en cinta de nuestro primer hijo, y le ayudaba tejiendo y cociendo, para vender luego esas labores. Torvaldo se conseguía algunas otras tareas para hacer en casa. Ocupaba las noches para esos trabajos, y la fatiga fue rindiéndolo. Por fin cayó en cama muy enfermo. Tuvo que venir un doctor, y tras revisarlo Torvaldo le dijo, '¿Cuándo podré levantarme y volver a mis labores, doctor?' El doctor le dijo, 'Por ahora no, señor Helmer.' Su caso era desesperado, hasta que un día el doctor me dijo, 'Tiene muy pocas posibilidades de salvarse, Nora, al menos...' Yo le dije, '¿A menos que qué...doctor?'
El doctor dijo, 'Si ustedes pudieran ir a Italia, o a algún otro país cálido de sur, y pasar una larga temporada de descanso, quizá Torvaldo recuperaría las fuerzas perdidas.' Yo le dije, con lagrimas, '¡Oh, eso es imposible!' Y él me dijo, 'Lo comprendo, querida. Entonces resígnate.' De pronto, y en el momento de mayor desesperación, una extraña fuerza nació en mi, y pensé, '¡No!¡Tengo que salvar la vida de mi marido!' Lo primero que hice fue ir a ver a mi padre, a quien por mis problemas domésticos, hacía tiempo que no visitaba.
Lo encontré enfermo y me dijo, 'El fin de mi vida está cercas, Nora querida.' Yo lo abracé llorando y le dije, '¡No, padre. no me dejes! Perdóname por haberte descuidado tanto. El matrimonio no debió absorberme al grado de ni siquiera saber de tu enfermedad.' Mi padre me dijo, 'No te culpes de nada. Yo te bendigo, y deseo lo mejor para ti.' No volví a visitarlo aunque lo amaba mucho. Porque Torvaldo seguía empeorándo. Mi padre murió una semana después.'
     Derramé mis lágrimas en su tumba, y pensé, "Perdóname papá querido. Iba a pedirte ayuda y eras tú el que la necesitaba. No te la dí, sin embargo.' Acudí a varios bancos, pero siempre la respuesta fue, 'Lo siento señora Helmer. En nuestro país, una mujer no puede solicitar crédito alguno, sin permiso escrito del marido.' Fui con Torvaldo, y le dije, 'Por favor, Torvaldo, pide el préstamo donde has trabajado.' Pero él me decía, '¡Soy enemigo de deberle nada a nadie! ¡Y menos dinero!'
Fingí que aquel viaje era un viejo sueño mío, exigí, hice berrinches, supliqué, diciendo, '¡Lo que pasa es que no quieres complacerme! Ni siquiera porque voy a darte un hijo.' Pero él me dijo, '¡Ya basta, Nora!¡Actúas como una niña, sin sentido alguno de la realidad! tienes que aceptar que ese viaje no es posible. ¡Parece mentira! Acaba de morir tu padre, yo estoy enfermo, pronto tendremos un hijo...y tú, ¡Pensando en viajar a Nápoles!¡Cof Cof Cof! N-No puedo entenderlo!¡Cof Cof Cof!'
Yo le dije, '¡Esta bien, esta bien, querido! Cálmate, no volveré a hablar de ello!' No tuve más remedio que acudir a un prestamista, quien me dijo al visitarlo, 'Vamos señora Helmer. entre y dígame cuanto es lo que necesita.' Yo le dije, 'Exactamente mil doscientos escudos.' El me dijo, asombrado, '¡Vaya, una buena cantidad!¡Eh? Para que le dé ese dinero, necesito la firma de su esposo.' Yo le dije, '¿Y es necesario que sea mi esposo el que firme?' Me dijo, 'No, su padre también podría firmar.'
Acepté enseguida. Estaba desesperada, y mientras me hacia el documento, me dijo, 'Como dice que está enfermo, llévele usted ése recibo y cuando lo firme, yo le entregaré el dinero.' ¿Comprendes? Mi padre había muerto, y yo...pensé mientras escribía la firma de mi propo padre, '¡Creo que ésta parece convincente! Ahora la fecha.' Al día siguiente, el prestamista me dijo, 'Aquí tiene el dinero, no olvide que los pagos deberán ser mensuales y sin demoras.' Dije a Torvaldo que mi padre me había heredado aquel dinero. Fuimos a Italia y allí, mi marido milagrosamente se restableció."
    Nora terminó su historia, y Cristina le dijo, "¡Mil doscientos escudos!¿Cómo has hecho para pagar?" Nora dijo, "Miles de pequeños sacrificios, querida. Ahorro en los alimentos, no me permito caprichos, escribo a máquina por las noches.Pero he cumplido. Torvaldo nunca sospechó la verdad. Su orgullo se sentiría muy humillado al saber que yo le salvé la vida. ¡Ahora mis problemas han terminando, Cristina! Cuando Torvaldo sea director, podre pagar el resto de la deuda y librarme de ese hombre."  Cristina dijo, "¿Cómo se llama el prestamista?"
     En ese instante llegó la institutriz acompañada de un hombre y dijo, "Señora, el caballero quiere ver al señor Helmer." El recién llegado era Krogstad, y él y Cristina cruzaron una intensa mirada. Krogstad dijo, "Siento molestar, pero debo tratar con él un asunto urgente, que se refiere al banco. Creo que he oído su voz en el pasillo..." Nora le dijo, "¡Espere!¿Qué tiene que ver usted con mi marido?" Krogstad dijo, "He estado laborando en el banco que él va a dirigir. Ahora si me perdona..."  Cuando el hombre se retiró,
     Cristina dijo, "El abogado Krogstad ha envejecido..." Nora dijo, "S-Sí. Su matrimonio fue muy desgraciado. Ahora es viudo, y tiene varios hijos." El doctor Rank, quien también estaba de visita, fue a despedirse, y besó a Nora en la frente diciendo, "Perdona que interrumpa tu charla con ésta señorita, Nora. Solo quería saludarte." Cuando el doctor se fue, Nora dijo a Cristina, "El doctor Rank, es nuestro vecino y amigo. Vendrá ésta noche a cenar. Y tú también, si lo deseas." Cristina dijo, "Gracias Nora." Enseguida, en el vestíbulo, Torvaldo llegó, y Nora dijo, "¿Qué ocurre, Torvaldo? Creí que atedias a ese señor...Krogstad."
     Torvaldo dijo, "Terminé pronto, por suerte." Nora le dijo, "Qué bueno, porque así puedo presentarte a mi querida amiga Cristina Da Unde, quien ha quedado viuda. Necesita trabajo, Torvaldo. ¿Podrías contratarla?" Torvaldo dijo, "Supongo que sí. Encantado de conocerla." Torvaldo y Cristina salieron al mismo tiempo. Nora suspiró aliviada, pensando, "¡Parece que la suerte nos sonrie! Ahora incluso podré ayudar a mi pobre amiga." Alguien tocó la puerta. Nora pensó, "¿Quién será? Tal vez Mariana que trae a los niños del parque."  Pero, al abrir la puerta, Nora exclamó, "¡Krogstad!¿Qué hace aquí? Torvaldo se ha ido." Krogstad dijo, "Lo sé, por eso volví. Es usted con quien deseo hablar." Nora le dio la espalda y le dijo, "Le pedí que no tratára ningún asunto respecto a mi deuda, fuera de su despacho. Yo he cumplido con todos los pagos." 
  Krogstad dijo, "Sí, señora Helmer, pero ahora necesito su ayuda." Nora volteó, y dijo, "¿Mi ayuda? No entiendo..."  Krogstad dijo, "Mis 'Negocios'...usted comprende, han sido fructíferos. Pero, mis hijos crecen, y yo quiero darles una buena imagen. Así que ingresé a trabajar en el banco. hubo algo que hice y que no le pareció bien al al señor Helmer. Me ha despedido, yo quiero que usted le pida que me vuelva a contratar." Nora le dijo, "¿Ha enloquecido? Él ni siquiera sabe que yo lo conozco. Además, en cuanto le comiencen a pagar de acuerdo a su nuevo rango, saldaré mi deuda y me libraré para siempre de usted, señor Krogstad."
     Enseguida, 
Krogstad le mostró un sobre y le dijo, "¿Se olvida usted de esto, señora? Este documento la pone completamente a mi merced." Krogstad abrió el sobre y le dijo, "¿Cree usted que soy tonto? Yo sabia que su padre había muerto días antes. Antes de que su firma apareciera aquí." Krogstad se levantó y guardó su sobre en su saco, diciendo, "¿Qué cree usted que opinará el señor Helmer, tan recto e intachable, al saber que su esposa falsificó la firma de su difunto padre para obtener un préstamo? Piense en lo que le he dicho. Si yo me hundo, usted se hundirá conmigo, señora Helmer."
     Nora dijo, acompañándolo a la puerta, "Lo haré, 
Krogstad. Abogaré para que usted conserve el empleo." Al salir a la calle, estaba nevando, y Krogstad se despidió, diciendo, "Hasta pronto, señora Helmer. ¡Feliz Navidad!" Al mismo tiempo, una mujer y dos niños cubiertos de la nieve, llegaban, y uno de los niños dijo, "¡Mamá!" Nora se inclinó, y dijo, "¡Niños, mis queridos niños! Abrácenme, solo su calor puede consolar mi corazón!" Mariana dijo, "¿Le sucede algo malo, señora?"  Nora le dijo, mientras ingresaba a la casa, "¿Malo?¡Oh, no, Mariana! Todo lo contrario. Vamos a comenzar ya la fiesta navideña, ¿Quieren?" Pasaron un rato alegre, arreglando el clásico árbol. La cena de navidad fue alegre y amistosa, aunque Cristina murmuró a Nora, "¿No te parece que el doctor Rank esta muy preocupado?" Nora le murmuró también, "El pobre no anda bien de salud."
     Al día siguiente, Cristina y Nora dialogaban. "Feliz Navidad, Nora! ¿Qué haces?" Nora le dijo, "Veo si este viejo vestido italiano tiene remedio." Cristina lo vio y le dijo, "¡Claro! Solo hay que recoserle algunos adornos. ¡Está precioso!" Nora dijo, "Mañana, nuestro vecino el cónsul Sternborg celebra una fiesta de disfraces. Torvaldo me pide que represente a una pescadora napolitana y baile ahí, 'La Tarantela,' que aprendí en Italia." Cristina le dijo, "No te ves muy contenta..." Nora dijo, "Me preocupo por cosas insignificantes. Quiero darle a mi marido gusto en todo. ¡Vamos a coser el vestido, Cristina! ¡Anda!"
     Un poco después, Torvaldo llegaba a casa, y Nora le ayudaba a guardar su saco, diciendo, "Adiviné que eras tú, mi flamante director bancario." Torvaldo le dijo, "Siempre tan dulce conmigo, mi adorable esposa." Ella le acomodó el cuello, y le dijo, "¡No te sucedió nada...desagradable, ¿Verdad?" Torvaldo le dijo, "Te refieres a Krogstad, ¿Verdad Nora?" Tras una pausa, Torvaldo dijo, "¿Porque volvió? Lo vi salir otra vez, momentos después." Nora le dijo, "Pues...había olvidado algo." Torvaldo la tomó de la barbilla y le dijo, "A ver, Norita, mírame de frente. estas mintiendo. Ese hombre vino a pedir que abogaras por él. ¿No es así?"
     Nora dijo, "Sí, Torvaldo. Y yo te suplico que no lo despidas del banco. ¡Pobre hombre! Tiene hijos, piensa en ello. Sé indulgente con él." Torvaldo se alteró, y dijo, "¿Cómo te atreves a pedirme tal cosa, Nora? Sabes que soy un hombre recto. Ese 
Krogstad ha cometido un desfalco. Me convertiría en su cómplice, si le dejára en su puesto, si ignorára su falta de honestidad." Nora le dijo, "Pudo haber sido un error...un mal entendido. Él es un ser humano, Torvaldo." 
     La voz de Torvaldo Helmer adquirió un tono despectivo que destruyó las esperanzas de Nora. "No soporto la mentira y menos aún la deshonestidad. Una persona que cometa una falta así, creo que hay que separarla de los demás, es como un foco de contaminación. Me dan asco. Son como un cáncer. Corrompen a los demás." Nora dijo, "¿Aunque...hayan faltado por necesidad?" Torvaldo dijo, "Ninguna necesidad justifica un acto deshonesto. Y, en cuanto a los hijos de ese hombre, creo que ni siquiera debería estar cerca de ellos, o serán obra suya, unos truhanes." Torvaldo entró malhumorado  en su despácho, al tiempo que...los niños llegaban diciendo, "¡Mami, mami!Ven a jugar con nosotros." "Sí, cantemos un villancico o vayamos a hacer un muñeco de nieve."
     Una inmensa angustia se apoderó de Nora. "¡Hijitos míos!¿Verdad que soy una buena mamá?¿Verdad que me quieren mucho?" El niño dijo, "¿Qué te ocurre?¿Porque lloras?" Con lagrimas en los ojos pensó, "Según Torvaldo, lo que yo hice, terminará por envenenar a mis hijos. ¡Eso no puede ser! Mi marido es tan soberbio, tan poco indulgente con las debilidades de los demás. Si se entera de lo que hice, de que falsifiqué la firma de mi padre...quizá me obligaría a abandonar a mis hijos, me apartaría de ellos como una leprosa." Cristina interrumpió aquellos pensamientos. "¡Quedó listo y como nuevo! Un listón aquí, un botoncito allá..." Nora le dijo, "¿Eh?¡Ah, sí el vestido napolitano!"
     Cristina notó las lagrimas y dijo, "¿Qué te pasa? hace un rato estabas tan animada, tan contenta..." Nora dijo, "Nada, nada, una pequeña discusión con Torvaldo. Es que me regaña como si yo fuera una niña." En ese instante, Torvaldo salió de su despacho, diciendo, "¿Dónde está Elena? Quiero que vaya a entregar un mensaje." Nora dijo, "¿Ese mensaje es para Krogstad?¿Acaso se trata de...?" Torvaldo dijo, "Su cesantía, sí. De esa manera termino por fin con ese enojoso asunto." Enseguida, Torvaldo gritó, "¡ELENAAA! Venga, por favor." Nora pensó, "¡Oh, Dios mio, algo tiene que ocurrírseme!"
     Al entregar el sobre, Torvaldo dijo, "Es aquí cercas, en esta misma calle, tras la primera esquina a la izquierda. En el sobre figura el nombre del destinatario y el número de la casa. Apúrese por favor." Elena dijo, "Sí, señor Helmer." Nora dijo, "Por última vez te lo pido, Torvaldo, perdona y olvida lo de Krogstad. Deja que Dios se encargue de cobrarle por sus culpas." Torvaldo le dijo, "¡Es una vergüenza oírte abogar a si por uh pillo!" Enseguida, se dirigió a Elena y dijo, "Elena, vaya a cumplir mi encargo, ahora mismo." Pero Nora dijo, "¡No, Torvaldo, por favor, no!¡Vas a arrepentirte, lo sé!" Torvaldo dijo, "¿Te has vuelto loca?¡No te entiendo!"
     Nora dijo, "Es que...¡Siento tanta pena por Krogstad y...sus criaturas! El daño que le haces puede revertirse luego contra nosotros." Torvaldo dijo, "¿Contra nosotros?¿Y porque habría de ser así? Solo hago justicia, Nora." Nora dijo, "Eres cruel. Tu justicia es demasiado cruel, Torvaldo; y yo me siento herida por tu falta de piedad." Al ver las lagrimas de Nora, Torvaldo la abrazó, y dijo, "¡Vaya, vaya, con mi mujercita! Sabia que eras caprichosa y sentimental, pero no que te dejabas conmover a tal grado por cosas que no te atañen." Torvaldo la besó en la mejilla, y dijo, "Niños, sean cariñosos y hagan compañía a su mamá. Ayúdenla a ponerse ese lindo vestido para que ensaye, La Tarantela. Así se olvidará de todo lo demás." Enseguida se dirigió a Cristina, "Usted, desde ahora, ya tiene el puesto en el banco, señora Da Linde, el mismo que ocupaba Krogstad. Eso, sin duda compensará a mi esposa, y le demostrará que sí estoy dispuesto a complacerla."

     Poco después, Elena regresó, y dijo a Nora, "Ya entregué la carta, señora." Nora dijo, "¡Oh, estoy perdida!¡Todo mi mundo se derrumbará!" Cristina llegó y dijo, "Elena, llévese un rato a los niños, por favor." Enseguida, se acercó a Nora, y le dijo, "Nora querida, ¿Qué es tan terrible?¿Puedo ayudarte?¿Porque no me lo cuentas?" Nora dijo, con lagrimas en los ojos, "Pronto, de cualquier manera, estallará el escándalo y lo sabrás, Cristina, ¿Recuerdas el dinero que pedí prestado hace diez años? Fué Krogstad quien me lo proporcionó. Le firmé un documento. Sabes que nadie presta dinero a una mujer, si no es con la firma de un hombre que la respalde. Pues, te conté antes cómo falsifiqué la firma de mi padre..." Entonces, Cristina le dijo, "Krogstad se dio cuenta y ahora está chantajeándote. Eso es." Nora se levantó del sillón y dijo, "Quiere su puesto en el banco, a cambio de callar mi delito." 
     Cristina le dijo, "Torvaldo te adora, ¿Y porque no te adelantas y le cuentas todo? Al fin y al cabo lo hiciste para salvar su vida." Nora explicó, "No sabes lo rígido que es en esas cuestiones. No volvería a confiar en mi para nada. Acaba de insinuar que una persona que ha cometido una falta contra la verdad y honradez, debería ser separada de sus hijos. Ademas, el escándalo será mayúsculo si ese hombre me acusa contra la ley. Torvaldo vera toda su carrera truncada, y su honra por los suelos." Cristina dijo, "Ese doctor Rank, ¿No podría prestarte lo que le adeudas a Krogstad? Quizá liquidando la cuenta, él te regrése el documento." Nora reflexionó, "Tienes razón. Es un buen amigo. Voy a pedírselo." 
     Cristina se quedó meditando en todo aquello, "Es increíble que Krogstad...precisamente él, sea la clave de las desdichas de Nora." Entre tanto, en el departamento de arriba, Nora explicaba, "Así que su salud no es buena, mi querido doctor." El doctor Rank le dijo, "Me queda un mes de vida, Nora. A usted puedo decírselo." Nora se arrodilló frente a él, y le dijo, "¡No, eso no puede ser verdad! Usted no puede dejarme...y menos ahora que tanto lo necesito." El doctor le dijo, "Si la causa no fuera tan fatídica, me alegraría el efecto que le ha producido, Nora. ¡Es que algo significo yo en su vida?" Ella le dijo, "¡Oh, todo, doctor, en este momento todo!"
     El doctor Rank le tomó de la mano y le dijo, "Sus palabras no me devuelven la salud del cuerpo pero si la alegría de vivir aún para escuchar su voz, niña mía. Yo que la he amado en silencio durante tantos años..." Nora dijo, "¿Qué dice?" El doctor dijo, "No le pido nada. Ya no podría ofrecérle nada. Me basta, sin embargo, con saber que usted me quiere también."
    Nora se levantó, y dijo en tono diferente, "Ha interpretado mal mis palabras, Rank. Gracias por su amor. No lo merezco, pero tampoco lo comparto. Le soy fiel a mi marido." Nora se retiró pensando, "¡Yo que iba a pedirle el dinero para salar mi deuda con Krogstad...!¡Pobre doctor!¿Cómo voy a solicitar dinero aun moribundo que ademas, está enamorado de mi?"
     Cuando llegó al vestíbulo, Nora exclamó, "¡Krogstad!" Este le dijo, "Ya sabe usted de mi cesantía, ¿No?" Enseguida le mostró un sobre y le dijo, "Esta carta va a costarle muy cara a su marido, señora Helmer. Ahora no me conformaré con que me devuelva mi antiguo empleo. Quiero un alto puesto ahí." Nora le dijo, "¡Eso nunca lo hará!" El le dijo, "Peor para él. Este sobre contiene una copia del pagare con la firma que usted falsificó, y también le escribí una carta detallando lo concerniente la préstamo." Nora quiso arrebatárle el sobre y le dijo, "¡No!¡No lo haga!¡Por mis hijos se lo pido!¡Yo los perdería!" Krogstad alejó el sobre y le dijo, "¿Pensó acaso Helmer en mis niños al despedirme?" Krogstad abrió la puerta y dijo, "A su marido no le importa destruirme y dañar a mi familia. No tengo porqué tener piedad de él ni de usted."
     Enseguida, Krogstad colocó el sobre en el buzón, y se retiró bajo la nieve. Momentos después, Nora salió hacia el buzón, seguida de Cristina, quien le dijo, "¿Qué haces, Nora?¡Estas congelándote!¡No podrás sacar nada de ese buzón!" Nora le dijo, "Ahí está la sentencia de muerte de la carrera de Torvaldo y de nuestro matrimonio, Cristina, tengo que poder." Regresaron a la casa y Cristina le preparó un té a Nora, y le dijo, "Tomate esto, y quédate aquí. Yo iré a hablar con Enrique Krogstad." Nora le dijo, "Será inútil. Está lleno de rencor." Cristina se puso su abrigo y dijo, "Ya veremos. Hace tiempo él era capaz de cualquier cosa por mi. Aunque quizá hayan cambiado sus sentimientos."  
     Al día siguiente, Krogstad llegó a un café. Había sido citado por Cristina. Krogstad llegó, se quitó el sombrero, y dijo antes de sentarse, "¡Por diez años me sentí hundido por la desolación! Anoche, su recado citándome aquí, Cristina, me dio por fin un soplo de esperanza." Krogstad se sentó, y dijo, "Aunque ni siquiera se para que quiere verme." Cristina dijo, "Yo también he sufrido lejos de ti, Enrique. Háblame de tú como antes y deja de estar a la defensiva." Krogstad dijo, "¿Y cómo no estarlo? Si cuando íbamos a casarnos, me dejaste por un hombre rico."
     Cristina dijo, "Recuerda que mi madre y mis hermanos dependían de mi, y tú tenías un sueldo ínfimo. No fue una traición, Enrique, sino un sacrificio. He sido muy infeliz. Ahora soy viuda. Nadie me necesita. Al fin podre hacer lo que siempre he deseado. Si aún me quieres, me casaré contigo." Krogstad la tomó de la mano, y dijo, "¡Te adóro como antes y aún más, Cristina! Me harás el más feliz de los mortales." Cristina le dijo, "Y seré una madre para tus hijos." Se besaron, y una hora después, Cristina le dijo, "¿Harás por Nora lo que te he pedido, mi amor?" Krogstad le dijo, "Yo era un hombre mezquino porque estaba lleno de rencores. Ahora que te tengo, siento la necesidad de ser generoso con todo el mundo." En esos momentos, en un departamento situado en el mismo edificio donde vivían Nora y Torvaldo Helmer, una gran reunión se llevaba a cabo.
     Un hombre decía a Torvaldo, "¡Qué maravillosamente baila tu mujer, 'La Tarantela', Helmer." Y una mujer decía, "¡Y con qué brío y entusiásmo!" Al terminar la violenta danza, la gente exclamó, "¡Bravooo!¡Muy bien!" Torvaldo abrazó a su esposa, y dijo, "¡Lo has hecho mejor que nunca, querida mía! ¡Estoy orgulloso de ti!" Después de una exquisita cena y unas cuantas copas de champaña, regresaron los Helmer a su casa. Nora se sentó a descansar en un sillón y Torvaldo tomó un grupo de cartas y dijo, "¡Qué amable es Elena, recogió por mi el correo que había en el buzón!"
     Nora se levantó y dijo, "¡No ábras las cartas ahora, Torvaldo! Déjalo para mañana, te lo pido por favor." Era demasiado tarde, y Torvaldo dijo, "Una misiva de Krogstad. Seguramente me implora que anule su cesantía, pero no lo haré." Nora dijo, "Voy a cambiarme de ropa." Torvaldo dijo, "Sí, querida. Recuéstate si lo deseas. Debes estar cansada." Nora pensó, "¡Todo está perdido, lo sé!" Con lagrimas besó a su hijo, quien dormía, pensando, "¡Hijo, mi pequeño, mi adorado hijito!¿Que va a ser de nosotros?"
     Momentos después, Torvaldo llegaba con Nora, con una carta en su mano, diciendo, "Quiero que me jures que lo que Krogstad afirma en éste papel es solo una sucia mentira suya." Tras una pausa, Torvaldo dijo, en tono furioso, "¿Porque bajas la mirada?¡Quieres decir que en realidad eres culpable?¿Pediste prestado dinero a ese miserable?¿Falsificaste la firma de tu padre muerto para conseguirlo?" Nora dijo, con lagrimas en los ojos, "¡El dinero eras para salvarte la vida, Torvaldo! Necesitabas cambiar de clima, ¿Recuerdas? Y, no había otra manera de conseguir lo necesario para el viaje a Italia." Torvaldo se enojó más y dijo, "¡Me hubieras dejado morir! Ahora será peor. Mi honra estallará en pedazos cuando ese hombre  exhiba el documento con la firma falsificada. ¡Moriré de vergüenza, Nora!" De pronto, la mirada de Nora se endureció, y pensó, "No le importó mi riesgo, mi angustia de entonces por él, mi amor..."
    Torvaldo dijo, "¡Tendré que renunciar al banco! O...ceder, y reinstalarlo. Sin embargo, estaré en sus manos el resto de mi vida." Nora se quitó el vestido, y se puso otra ropa. Torvaldo dijo, "¿Qué haces, Nora?¿Acaso vas a salir?" De pronto, escucharon el toquido de la puerta. Torvaldo dijo, "¿Quién puede ser a estas horas? Iré a ver. Seguramente se trata de alguna equivocación." Torvaldo fue hacia la puerta y al abrir, exclamó, "¡Krogstad!" Krogstad entregó un documento en las manos de Torvaldo, y dijo, "Usted ya no tiene qué preocuparse por nada, Helmer. Pase una noche tranquila." Cuando Krogstad se había retirado, Nora apareció con su abrigo, y Torvaldo dijo, "¡Nora!¿A dónde vas?" Nora estaba seria. Torvaldo cambió su tono de voz, y dijo, "¡Ya no tenemos de qué preocuparnos, querida, Krogstad te devuelve el recibo comprometedor, y asegura que no dirá nada! Ni siquiera te cobrará el resto de la deuda."
     Torvaldo rompió el documento y dijo, "¡Mi honra está a salvo!" Nora se acercó a la puerta, y Torvaldo dijo, "¿Qué haces?¿No escuchaste lo que dije?" Nora explicó, "Me voy, Torvaldo. Acabo de darme cuanta que he vivido diez años con un desconocido. Que, incluso, me expúse a ir a la cárcel por alguien que no me considera una persona, sino una especie de juguete, de niña eterna, de...muñeca. Aquí no soy nadie. Antes de casarme fuí la 'muñeca' de mi padre que, aunque me quería, nunca me consideró capaz de hacer algo que, aunque peligroso, te salvó la vida, me insúltas, me recházas. Ya no te sirvo para jugar al hombre inflexible, honrado que pretendes ser."
     Torvaldo dijo, "¿Pretendo? Así que ahora resulta que yo soy el deshonesto." Nora dijo, "Consideraste la posibilidad de devolver su puesto a Krogstad, a pesar de todo. No sé si ha sido eso o lo demás lo que me decepcionó tanto de tí." Torvaldo cambio su tono de voz, y dijo, "Mira, Nora. Estaba realmente acosado. No supe lo que hacia. Sin embargo, te perdono pues comprendo que actuaste de buena fe, aunque fuera equivocadamente. Seré menos exigente contigo." Torvaldo quiso tomarla de la mano y dijo, "Tu amor por mi te cegó." Nora lo retiró y dijo, "Ya no te ámo, Torvaldo, apártate." Torvaldo dijo, confundido, "¿Ya no me ámas?¡No puede ser! Yo..."
     Nora dijo, "Lo siento. Es imposible amar a un extraño, y he descubierto que no te conozco, Torvaldo. He tenido dos hijos contigo, hemos vivido unidos por muchos años, y, sin embargo, eres alguien que ya no sé qué quiere de mi." Nora se acercó a la puerta, y dijo, "Me voy. Tengo que conocerme a mi misma. También soy una extraña para la Nora de ésta noche.Debo alejarme. estar sola." Torvaldo dijo, lleno de dolor, "¡Nora piénsalo!¿Abandonarás también a tus hijos? No cruces esa puerta."
     Nora dijo, estando lista para abandonar la casa, "Si no lo hago ahora, tal vez, no lo haga nunca. No seguiré siendo una muñeca. Debo hallar el modo de convertirme en una persona. Tal vez entonces suceda el milagro de que tú comprendas. Esperaba que fueras el hombre que amé. Ese hombr hubiera cargado con todas las culpas, las suyas y las mías, sin juzgar, solo por amor. Tú eres otro, Torvaldo." Nora cerró la puerta y se alejó, ante el asombro de Torvaldo, quien pensó, "¿Otro? Sí...quizá algún día pueda ser otro. un hombre capaz de amar sin exigir. No lo sé. No sé si seré capaz de sacrificar mi orgullo a ese grado. Pero, sería la única manera de recuperar a mi esposa. Aunque, ella tampoco será ya nunca, la Nora que yo amé." 
Tomado de, Novelas Inmortales. Año XV. No. 735. Diciembre 18 de 1991. Guión: Dolores Plaza. Adaptación: C. M. Lozada. Segunda Adaptación: José Escobar.   
                    

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