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viernes, 8 de mayo de 2026

El Corazon Delator de Edgar Allan Poe

   El Corazón Delator, es un cuento del escritor estadounidense, Edgar Allan Poe, publicado por primera vez en 1843. Está narrado por un narrador anónimo, que intenta convencer al lector de su cordura, mientras describe un asesinato que él mismo cometió. La víctima era un anciano, con un ojo pálido y opaco, de un color azul pálido, como el que el narrador describe. El narrador enfatiza la meticulosidad del asesinato, buscando el crimen perfecto, incluyendo el desmembramiento del cuerpo en la bañera, y su posterior ocultamiento bajo las tablas del suelo. Finalmente, sus acciones provocan que el narrador escuche un sonido sordo, que interpreta como los latidos del corazón del difunto.

    El cuento se publicó por primera vez en la revista, The Pioneer, de James Russell Lowell, en enero de 1843. El Corazón Delator, es considerado un clásico del género gótico, y uno de los cuentos más conocidos de Poe.

   Más allá del odio del narrador, hacia el ojo del anciano, la relación entre ambos, el género del narrador, y otros detalles, permanecen sin esclarecer. El narrador niega sentir odio o resentimiento hacia el hombre, que, según afirma, “nunca le había hecho daño”. También niega haber matado por avaricia.

Algunos críticos han especulado que el anciano podría ser una figura paterna, el casero del narrador, o que éste trabaja para él como sirviente, y que quizás su, “ojo de buitre” represente un secreto velado, o un poder oculto. La ambigüedad y la falta de detalles sobre los dos personajes principales, contrastan con los detalles específicos de la trama que conducen al asesinato.

Trama

El Corazón Delator, es una narración en primera persona contada por un narrador anónimo. A pesar de insistir en su cordura, el narrador padece una enfermedad, (nerviosismo), que le provoca una hipersensibilidad.

El anciano con quien vive, tiene un ojo nublado, pálido y azulado, como el de un buitre, que lo angustia y manipula tanto, que planea asesinarlo, a pesar de insistir en que lo ama, y nunca se ha sentido agraviado por él. El narrador insiste en que ésta meticulosa precisión al cometer el asesinato, demuestra que es imposible que esté loco. Durante siete noches, abre la puerta de la habitación del anciano, para iluminar con un rayo de luz el, “mal de ojo”. Sin embargo, el ojo del anciano permanece cerrado, lo que le impide llevar a cabo su plan, y lo sume aún más en la angustia.

En la octava noche, el anciano despierta cuando la mano del narrador resbala, y hace ruido, interrumpiendo su ritual nocturno. El narrador no retrocede y, después de un rato, decide encender la linterna. Un único y tenue rayo de luz, ilumina con precisión el, "mal de ojo", revelando que está completamente abierto. El narrador oye los latidos del corazón del anciano, que se vuelven cada vez más fuertes. Esto aumenta su ansiedad, hasta el punto, de que decide actuar. Salta a la habitación, y el anciano grita una vez, antes de ser asesinado. El narrador desmembra el cuerpo, y esconde los pedazos bajo las tablas del suelo, asegurándose de ocultar cualquier rastro del crimen. Aun así, el grito del anciano durante la noche, hace que un vecino llame a la policía, a la que el narrador invita a entrar para que investigue. El narrador afirma que el grito que oyó, fue el suyo propio, en una pesadilla, y que el anciano no está en el campo. Confiado en que no encontrarán ninguna prueba del asesinato, el narrador les trae sillas, y se sientan en la habitación del anciano. La silla del narrador, se coloca justo donde está oculto el cuerpo; la policía no sospecha nada, y el narrador se muestra tranquilo y relajado.

El narrador comienza a sentirse incómodo, y nota un zumbido en los oídos. A medida que el zumbido se intensifica, el narrador concluye que es el latido del corazón del anciano, que proveniente de debajo de las tablas del suelo. El sonido aumenta progresivamente para el narrador, aunque los agentes parecen no oírlo. Aterrorizado por los violentos latidos del corazón, y convencido de que los agentes no solo son conscientes del latido, sino también de su culpabilidad, el narrador se derrumba y confiesa. El narrador les pide que levanten las tablas del suelo, para descubrir los restos del cuerpo del anciano.

Historia de la Publicación

Poe escribió el cuento en Filadelfia, donde residió en diferentes lugares, entre 1838, y 1844.

El Corazón Delator, se publicó por primera vez, en enero de 1843, en el número inaugural de, The Pioneer: A Literary and Critical Magazine, una revista de corta duración, de Boston, editada por James Russell Lowell, y Robert Carter, quienes figuraban como los, “propietarios” en la portada. La revista fue publicada en Boston, por Leland and Whiting, y en Filadelfia, por Drew and Scammell.

Poe probablemente recibió 10 dólares, equivalentes a 346 dólares en 2025, por el cuento. Su publicación original, incluía un epígrafe que citaba el poema, Un Salmo de Vida, de Henry Wadsworth Longfellow. El cuento fue ligeramente revisado, al ser republicado el 23 de agosto de 1845, en la edición del, Broadway Journal. Dicha edición, omitió el poema de Longfellow, porque Poe creía que era un plagio. "El Corazón Delator" se reimprimió varias veces más, durante la vida de Poe.

Análisis

El Corazón Delator, utiliza un narrador poco fiable. La exactitud con la que relata el asesinato del anciano, como si la sigilosa manera en que ejecutaron el crimen, fuera prueba de su cordura, revela su monomanía y paranoia. El foco de la historia, es el perverso plan para cometer el crimen perfecto. Una interpretación es que Poe creó al narrador, de tal forma, que, “permite al lector, identificarse con él”.

Generalmente, se asume que el narrador de, El Corazón Delator, es un hombre. Sin embargo, algunos críticos han sugerido que podría ser una mujer; no se utilizan pronombres para aclararlo. La historia comienza, in medias res, o, en medio de las cosas, con una conversación ya en curso, entre el narrador y otra persona no identificada. Se ha especulado que el narrador se confiesa ante un alcaide, un juez, un periodista, un médico, o un psiquiatra. En cualquier caso, el narrador relata la historia con gran detalle. Lo que sigue es un estudio del terror, pero, más específicamente, del recuerdo del terror, mientras el narrador relata sucesos del pasado. La primera palabra del relato, “¡Cierto!”, es una admisión de culpabilidad, así como una garantía de veracidad. Ésta introducción, también sirve para captar la atención del lector. Cada palabra, contribuye al propósito de hacer avanzar la historia, ejemplificando las teorías de Poe, sobre la escritura de cuentos.

La historia no se basa en la insistencia del narrador en su “inocencia”, sino en su insistencia en su cordura. Sin embargo, esto es autodestructivo, porque al intentar demostrar su cordura, admite plenamente su culpabilidad en el asesinato. Su negación de la locura, se fundamenta en sus acciones sistemáticas, y su precisión, ya que proporciona una explicación racional, para un comportamiento irracional. Ésta racionalidad, sin embargo, se ve socavada por su falta de motivo. "No había objeto alguno. No había pasión alguna". A pesar de esto, dice, la idea del asesinato, "me atormentaba día y noche". Es difícil comprender plenamente, las verdaderas emociones del narrador hacia el hombre de ojos azules, debido a ésta contradicción. Se dice que, "Al mismo tiempo, reveló una profunda confusión psicológica", refiriéndose al narrador, y al comentario de que, "No había objeto alguno. No había pasión alguna" y que la idea del asesinato, "me atormentaba día y noche".

La escena final del relato, muestra el resultado de los sentimientos de culpa del narrador. Como muchos personajes de la ficción gótica, permite que sus nervios dicten su naturaleza. A pesar de sus mejores esfuerzos, por defender sus acciones, su, "hiperagudeza sensorial", que le permite oír el corazón latiendo bajo las tablas del suelo, es prueba de que está realmente loco. La ​​culpa del narrador se hace evidente, cuando confiesa a la policía que el cuerpo del anciano estaba bajo las tablas del suelo. Aunque el anciano estaba muerto, el cuerpo y el corazón del difunto, parecían seguir atormentando al narrador, y condenándolo por el acto. "Dado que tales procesos de razonamiento, tienden a condenar al narrador por locura, no parece extraño que se vea impulsado a confesar", según el erudito Arthur Robinson. Los contemporáneos de Poe, bien podrían haber recordado la controversia sobre la defensa por locura, en la década de 1840. La confesión puede deberse a un concepto llamado, “ilusión de transparencia”. Según la, Enciclopedia de Psicología Social, “el personaje de Poe, cree erróneamente que algunos policías pueden percibir su culpa y ansiedad, por un crimen que ha cometido, un temor que finalmente lo domina, y lo lleva a entregarse innecesariamente”.

El narrador afirma padecer una enfermedad que le causa hipersensibilidad. Un motivo similar, se utiliza para Roderick Usher, en, La Caída de la Casa Usher, (1839) y en, El Coloquio de Monos y Una (1841). Sin embargo, no está claro si el narrador realmente posee sentidos muy agudos, o si se trata simplemente de una imaginación. Si se cree que ésta condición es cierta, lo que se oye al final del relato, podría no ser el corazón del anciano, sino escarabajos de la muerte. El narrador admite por primera vez, haber oído escarabajos de la muerte en la pared, tras despertar sobresaltado al anciano. Según la superstición, los escarabajos del reloj de la muerte, son un presagio de muerte inminente. Una variedad de este escarabajo, golpea su cabeza contra las superficies, presumiblemente como parte de un ritual de apareamiento, mientras que otros emiten tictacs. Henry David Thoreau, observó en un artículo de 1838, que los escarabajos del reloj de la muerte, emiten sonidos similares a los latidos del corazón. La discrepancia con ésta teoría, radica en que los escarabajos del reloj de la muerte, emiten un tictac uniformemente débil, que habría mantenido un ritmo constante, pero a medida que el narrador se acercaba al anciano, el sonido se volvía más rápido y fuerte, lo cual no habría sido causado por los escarabajos. El latido podría incluso ser el sonido del propio corazón del narrador. Alternativamente, si el latido es producto de su imaginación, es esa imaginación descontrolada, la que conduce a su propia destrucción.

También es posible que el narrador padezca esquizofrenia paranoide. Los esquizofrénicos paranoides, experimentan con frecuencia alucinaciones auditivas. Éstas alucinaciones suelen ser voces, pero también pueden ser sonidos. Las alucinaciones no tienen por qué provenir de una fuente específica, más allá de la propia mente, lo que constituye otro indicio de que el narrador, padece este trastorno psicológico.

La relación entre el anciano y el narrador, es ambigua. No se mencionan sus nombres, ocupaciones, ni lugares de residencia, lo que contrasta con la meticulosa atención al detalle en la trama. El narrador podría ser un sirviente del anciano o, como se suele suponer, su hijo. En ese caso, la mirada penetrante del anciano, como figura paterna, podría simbolizar la vigilancia parental, o los principios paternos del bien y del mal. El asesinato de la mirada, entonces, representa la aniquilación de la conciencia. El ojo también puede representar el secreto: solo cuando se encuentra abierto en la última noche, traspasando el velo del secreto, se lleva a cabo el asesinato.

Richard Wilbur, sugirió que el relato es una representación alegórica, del poema de Poe, A la Ciencia, que describe una lucha entre la imaginación, y la ciencia. En, El Corazón Delator, el anciano podría representar la mente científica y racional, mientras que el narrador, podría representar la mente imaginativa. (Wikipedia en Ingles).

El Corazón Delator

de Edgar Allan Poe

     Sí, admito que soy muy nervioso, que una extraña enfermedad, ha agudizado mis sentidos. ¡He oído todas las cosas del cielo, y de la tierra…y algunas del infierno! Pero…¡No estoy loco! Solicité alquilar una habitación. Cuando el arrendador me recibió, le dije, “Me interesa…” El hombre me dijo, “Pase…” Yo quería al pobre viejo, y él jamás me hizo mal alguno. Tampoco codiciaba su oro. Eso no fue lo que me llevó a matarlo. Ah, pero uno de sus ojos parecía de buitre. Al mirarlo, pensaba, “Cada vez que lo veo, se me hiela la sangre.” Sí, aquella mirada insoportable, fue la que finalmente me llevo al crimen. ¡Que bien traté a mi victima en la semana del asesinato! Al invitarlo a comer, me dijo, “Gracias, amigo...” Yo le dije, “No es nada, hombre.” Y por la noche, al subir la escalera de su habitacion con una linterna cubierta con un pañuelo, pensé, “Ésta lámpara sorda es ideal.” Abrí la puerta de su habitación, y pensé, “Puedo espiarlo sin que se dé cuenta…” Asi fue durante siete noches, siete noches en las que espere el momento oportuno. ¿Acaso un loco hubiera sido tan prudente? Y a octava noche, al entrar a su habitacion le escuché decir, “¿Quién anda allí?” Permanecí inmóvil, sin suspirar siquiera. Me die cuenta que el viejo estaba sobrecogido de espanto. Yo pensé, “Ah, oigo todo. Oigo las pisadas de una araña en la pared. ¿Y que mas oigo? ¿Y que mas oigo? ¿Qué es…eso?” POM POM POM. “Es el latido del corazón del viejo! Tiene miedo. ¡Y sus latidos son cada vez mas fuertes!” De pronto, quizá porque soy tan nervioso, aquel ruido me produjo, una horrenda angustia, y pensé, “Algún vecino podría escuchar esos latidos…” No dudé más. La hora del viejo habia llegado. Abrí la linterna, y di un alarido, “¡AAAJAAA!” El viejo gritó, “¡NOOOO!” En un instante, tiré al viejo al piso, y le eché todo el peso aplastador de la cama. Cumplida la obra, me pareció que su corazón siguió latiendo, pero al fin…¡Se hizo el silencio! Y pensé, “Ese ojo de buitre ya no me atormentará…¡Nunca más!” A un loco no se le hubiera ocurrido lo que a mí, para ocultar el resultado de mi crimen. Entrada la noche, comencé a trabajar. El cuerpo quedo en piezas, y no dejé huella alguna de lo sucedido…¿Quién iba a sospechar algo? Levanté tres tablas del entarimado de la sala. Y allí abajo, hábil y diestramente escondí los restos del horrendo viejo…Por eso, ¡Yo no tenía nada que temer! Y, cuando tocaron la puerta, por la tarde, baje a abrir con el corazón tranquilo. Al abrir la puerta, dije a mis visitantes, “Muy buenas tardes…” Eran un inspector y dos policías. El inspector me dijo, “Somos, obviamente agentes de policía.” Les dije, “Pasen, pasen. ¿En qué puedo servirles?” Después que nos sentamos, el inspector dijo, “Un vecino avisó que anoche escuchó un gríto. Y venimos a hacer una investigación de rutina en estos casos…” Exclamé, “Ah, claro…” Después de un silencio, exclamé, “¡HMMM! Yo grité anoche en mi sueño, tuve una pesadilla. Estoy solo, el viejo dueño de la casa está de viaje.” Finalmente, los policías parecieron convencidos de que todo estaba en orden. Era tal mi confianza, que los invité a descansar un momento, y disfrutar un café. Y pensé, “Mi tranquilidad ha borrado cualquier sospecha…” Pero entonces, me pareció escuchar un extráño zumbido. Dentro de mi pensamiento exclamé, “¿Eh? Solo yo parezco escucharlo...” Y entonces el horrendo ruido se definió. POM POM POM. Me levanté de la mesa y dije, “¡Que buen café! ¿Verdad?” Comencé a caminar, y a hablar ruidosamente, para que nadie mas se fijara en él. Pensé, “¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer?”

    Entonces, mientras tapaba los oídos con mis manos, el inspector dijo, “Pero…¿Qué le pasa, amigo?” Yo les dije, “¿Acaso no lo oyen?” El inspector dijo, “¿Oír…qué?” Les dije, “¡Ah! Se burlan de mí, lo saben todo!” El inspector dijo, ¿Todo?” Cualquier cosa era preferible a soportar su burla. No soporté más. No soporte más su hipocresía, ¡Grité! “¡MISERABLES! YA NO FINJAN ¡LO CONFIESO TODO! AQUÍ, DEBAJO DE ÉSTAS TABLAS ESTÁ…¡SU HORRIBLE CORAZÓN! ¡YO LO MATÉ! ¡YO…YO LO MATÉ!”

Mientras el hombre era escoltado por los policías, iba diciendo, “¡Sí, he oído todas las cosas del cielo y de la tierra…y algunas del infierno! Pero…¡No estoy loco!¡No!” El inspector pensó, “Ninguno de nosotros escuchó algo…¿Qué lo llevó a confesar?”

Tomado de, Joyas de la Literatura. Año, IV. No. 41. Septiembre 1º. de 1986. Adaptación: Remy Bastien. Guión: M. A. Barrera. Segunda Adaptación: Jose Escobar.                                              

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