Club de Pensadores Universales

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domingo, 31 de julio de 2011

Manon Lescaut de Abate Prévost

       Abate Prévost, cuyo nombre completo fue Antoine-Francois Prévost d Exiles,  nació el 1 de abril de 1697. A los 24 años su vida ya era una novela.
     Libertíno, apasionádo por las mujeres, inconstante inestáble e imprudénte había ingresado dos veces al ejército y otras dos a la Compañía de Jesús, de la cual había sido expulsado.
       A pesar de haber escríto mucho, es conocído casi exclusívamente por su obra maestra, “Manon Lescaut.”
      Entonces, el espectro del Liberalísmo, el Utilitarísmo, y el Sentido Común ya era dueño de Europa.
       En 1721 se alistó como monje benedicto. Cuatro años mas tarde se ordenaría sacerdote. Dos años después sus escándalos lo obligarían a huír a Inglaterra.
       Aparéntemente pareciéra que nuestro héroe fué uno de esos curas hipócritas y corruptos que ya en esa época trabajában incansáblemente por el desprestígio de la Iglesia. Sin embargo, en esa época un joven de buena familia solo podía escoger la cruz o la espada.
       Prévost no estaba hecho para ningúna de esas dos, sin embargo tuvo una visión moral de la naturaleza que lo pondría muy por encima de los románticos inmediátamente posteriores a él como
Sainte-Beue,
Chateaubriand,
George Sand.

      Refiriendiose a éstos novelístas, Gustave Flaubert diría, “su problema es que no conocen la diferencia entre el bien y el mal."
       Prévost sí la conocía, y esta diferéncia hizo que “Manon Lescaut” siendo más que una novela sentimental, le ganára el respéto de novelístas posteriores.  
        Ya en Inglaterra, Prévost trabajó como tutor por dos años, al cabo de los cuáles una de sus muchas sonadas aventuras sexuales lo obligó a huir a Holanda.
      Allá se enamoró de Lenki, mujer caprichósa y dominadora. Prévost se llenó de deudas y túvo que escapár a Inglaterra por sus cobradores.
       En Londres fué encarcelado por falsificar un documento. Finalmente volvió en secreto a Francia y acabó reconciliándose con la Iglesia Católica.
       Aunque es muy probáble que durante su exílio hubiéra sido Jansenita o Protestante. La doctrina janseníta es fundamental para poder entender el sentido moral de “Manon Lescaut.”
       Esta obra ejercería una perduráble influéncia en la literatúra y la opera.
       Prévost murió en Chantilly el 25 de noviembre de 1763, a los 66 años, poco antes que la revolución cambiára el mundo que “Manon Lecaut” descríbe.
       “Fué el mejor y peor de los tiempos, época de sabiduría, locúra, fé e incredulidad, fué la estación de la luz, la obscuridad, la esperanza y la desesperación, teníamos todo y nada a la vez, íbamos derecho al cielo, pero en sentido contrario.”
        Así describió Charles Dickens a Francia en el s. XVIII, en el magistral início de su novela histórica, “Historia de dos Ciudades.” 
        En ésta época,  la época  del Abate Prévost, la diferencia entre ricos y pobres eran más grande de lo que núnca lo fué antes.
      Había crisis de la fe y libertinos. Pero también había Santos y Héroes.
        Francia siempre fué considerada “La Primera Hija de la Iglesia,” nacída de la Iglesia Romana.
       Esto porque el catolicísmo italiano o cristianísmo fué propagádo por toda  la Europa, por el convérso francés Carlomagno en 800 d.C.
       Mas adelante habría intentos separatistas de esa Iglesia Madre.
      Por ejemplo, la Iglesia Anglicana fué una separación de la Iglesia Católica en Inglaterra.
       Así también nació el Galicanísmo, un movimiento reformador eclesiástico nacionalisa francés que buscaba la autonomía con respecto del papa.
      En 1673 un cónclave de obispos se reunió en París. Se adoptáron los Cuatro artículos Anglicanos esbozados por Bossuet.
     Esto representába una mayor independencia de la Iglesia francésa sin llegar a la ruptúra.
      No eran las enseñanzas de Jesus sino las de Maquiavelo las que valían para los nuevos sacerdotes galos.
     Cornelio Jansen nació en 1585, de humildes padres católicos en Acquoy, Utrech, Holanda.
       Fué obispo católico de Ypres y es considerado el padre del movimiento religioso conocido como  Jansenismo.
      En 1640 se había publicado postumamente la obra “Augustinus,” del teologo holandes Cornelio Jensen.
       La obra era una defensa de la teología de San Agustín como opuésta a las tendencias jesuitas entonces dominantes de la Iglesia Católica.
       De manera especial, el libro estaba dirigido contra las enseñanzas de los jesuitas.
       El jansenismo, contrario a los jesuitas, fué una rama del pensamiento católico que enfatizó el pecado original, la depravación humana y la necesidad de la Gracia y la Predestinación.
       Los jesuítas enfatizában la responsabilidad individual mientras que los jansenítas la iniciatíva divina de San Agustín.
      Según Jansen, los jesuitas al combatir las ideas de Lutero a través de la Contrarreforma, habían caído en el error del extremo opuesto.
       Jensen decía que los jesuitas habían caído en la herejía de los pelagianos, que San Agustín había combatido en el siglo V.
       San Agustín, un hombre que había sido un pecador convérso, sostenía que el hombre no era capaz de apartárse del vicio por su propio esfuérzo.
       Solamente la Gracia como Don de Dios, lo podía lograr.
       Esta forma de pensar agustiniana estaba conectada con la doctrina de la Predestinación de Calvino.
      Según Calvino, los salvos y los condenados ya estaban elegidos desde el principio.
       Algunos pensadores modernos sostienen que el destino del hombre es su carácter, de ahí que dios, conociendo el caracter de cada hombre, puede “calcular” o profetizar su destino.
       Por otro lado, Predicadores americanos como el evangelista presbiteriano Finney, también opináron sobre el tema.
       Charles G. Finley, quien en el invierno de 1830, en Rochester N.Y., se dirigió a una larga audiencia de prosperos y respetables ciudadános, dijo, “A los pecadores se les debe hacer sentir que deben hacer algo, y ese algo es arrepentirse. Que es algo que ningún otro Ser puede hacer por ellos, ni Dios ni hombre, y es algo que pueden hacer y hacerlo ya."”
       El Jansenísmo fué especialmente popular en Francia, donde algunos personajes célebres se convirtiéron en sus adeptos. Entre ellos el filósofo Pascal.
       El Jansenísmo como tal, fué condenado por Roma al igual que el Calvinísmo.
       A pesar de éstas presiones, el jansenísmo tuvo un efecto hondo y duradero gracias al cual, ya en los siglos XIX y XX, contribuyó en un renacimiento evangélico, no solo en Francia sino en la Iglesia católica en general.
       El Jansenísmo sería la doctrína que tan hondamente seduciría la sensibilidad del Abate Prévost, a tal grado que podríamos decir que Manon Lescaut es la gran novela janseísta.
       En 1731 apareció publicada “Manon Lescaut.” “Manon Lescaut” es la historia de una pasión invencible, un documento fundamental para la historia de las ideas sobre el amor en Occidente.
Vivímos en una época fría y racional.
       Siempre que conocemos una historia de pasión a través de la literatura nos preguntamos, “¿Habrá sido verdad?”
       Cuando el abate Prévost publicó “Manon Lescaut” en 1731 no lo hizo como una novela.
       Por esos años el término “novela” significába una sárta de aventuras fantasiosas y personajes extraños.
      En ese tiempo, nadie que quisiéra dar una enseñanza moral pensaría en una novela como vehículo.
      Cualquier hécho registrado, debería tener un título que funcionára como garantía de su verdad: “Historia,” “Memoria," “Crónica.”
       Prévost publicó “Manon Lescaut” como el último de los siete tomos de sus “Memorias de un Hombre de Calidad.”
      En ese entonces la novela era considerada un género poco serio, reservado a la invención ociosa.
      La novela no comenzaba aún el espectacular desarrollo que alcanzaría un siglo después.
        La novela moderna comenzó en Inglaterra.
       En 1772, apareció en Inglaterra la novela “Moll Flanders” de Daniel Defoe, que Prévost debió haber leído
       “Moll Flander” cuenta la historia de una mujer amoral que, explotando a los hombres, logra hacerse de dinero y lujos.
        En 1740 apareció “Pamela,” de Samuel Richardson, novela considerada por la iglesia protestante como apropiada para la educación del corazón.
       En 1751 Prévost tradújo al francés “Clarisa Harlowe,”  también de Samuel Richardson.
      Estas obras, junto con “Tom Jones” de Henry Fielding, de las cuales Prévost era lector y traductor, son consideradas obras maestras básicas de la literatúra inglesa.
      La Novela Psicológica nació en Francia.
       Por mucho tiempo, se consideró inadecuado narrár a través de un libro, los inestábles procesos de la conciencia.
       En 1678 Madame de La Fayette publicó, “La Princesa de Cleves.”
       En esta obra por primera vez, se representában los procésos de una conciencia individual. 
       Hoy la história de la  novela francésa  es un viaje a través de la mente y el corazón humanos.
       Además, en “Manon Lescaut” no solo hay  mucho del romanticísmo sentimental inglés, sino también algo del realísmo sórdido francés.
       En 1713, Robert Challes publicó “Franceses Ilustres,” obra que anticípa el realismo de Stendhal.
       En 1715 y 1753, Alain-René Lesage publicó su célebre novela picarésca “Las Aventuras de Gil Blas de Santillana.”
       Manon Lescaut tambien es una novela picaresca. Es una historia de lucha por la supervivencia en el mundo de la propiedad privada y el dinero.
      En “Manon Lescaut” hay mucho de los héroes picaréscos: robos, estafas, evasiónes, disfraces.
       Entre 1731 y 1741, Marivaux publicó dos novelas que representáron un gran avance en las técnicas narrativas de su época.
       En ambas novelas hay un personaje principal que cuenta su historia en primera persona.
       Aunque son obras cómicas, por primera vez el analisis de la conducta se vuelve más importante que la conducta en sí.
       Esto se acercába a lo que sí logró Prévost en su novela “Manon Lescaut”: Un rico mosaico de sentimientos e implicaciónes morales, minuciosa y sugerentemente observados.
       Cuando Prévost escribió “Manon Lescaut” su intensión era didáctica y moralizadora.

       El mismo advirtió que su novela era un, “ejemplo terrible de la fuerza de las pasiones.”

       Además, su novela era un ejemplo para, “servir de regla a mucha gente en el ejercicio de la virtud.”
        Algunos creen que en ocasiones es una mano invisible la que guía la pluma del escritor.
       Cuando John Milton escribió “El Paraíso Perdido,” al final notó algo exraño que había logrado involuntariamente: Satanás era el protagonísta principal de su historia.
      Se piensa que lo mismo sucedió con el Abate Pévost al dejarse fascinar por la pasión que intentaba desprestigiar.
      Al final de su novela tenemos una heroína que es más atractíva que el protagonísta principal, o el héroe.
       Debido a ello, “Manon Lescaut” logró complacer a la revolución romántica de su tiempo.
      El romanticismo de ese entonces, era muy dado a los claros obscuros y al titanísmo de quienes deciden revelarse contra el sentido común.
      Manon Lescaut cuenta la historia de Des Grieux, un joven burgués de 17 años que se enamora de una muchacha de 15: Manon Lescaut.
       Algunos han querído ver en el nombre de Manon Lescaut una referencia a Magdalena, así como Des Grieux sería Dios Griego.
     Existen similitudes entre Helena de Troya y Manon Lescaut.
      Al igual que Helena, los padres de Manon quisieron evitar su destino fatal enviándola  a un convento.
         “En contra de su voluntad, sin duda para contener su inclinación al placer, que ya se había manifestado en ella a tan temprana edad.”
     Al igual que Moll Flanders, y después, de Becky Sharp, la heroína de “La Feria de las Vanidades” de William M. Thackeray, Manon Lescaut es una mujer llena de recursos, una campeóna de la supervivencia en el mundo del liberalísmo económico.
      Saliendo de la pobreza, escála socialmente gracias a su belleza y tiene el terror de perder las ventajas y el confort de la vida burguesa.
       Ella será capaz de cualquier cosa, con tal de no volver a los , “sórdidos territorios del trabajo” como diría Dickens un siglo después.
      Su encanto, ingenio y amoralidad son virtudes en un mundo que la aristocracia decadente dejára.
       A pesar que Monesquieu llamó a Manon Lescaut una “Buscóna,” ella es compartida y leál.
       En esa época patriarcal del siglo XVIII, jamás se aceptaría a una mujer emprendedora, astuta, valiente, y tenaz.
       Deus Grieux es, en cambio, un hombre tierno y dependiente.
     Se cree que el Abate Prévost al escribir su novela, hizo una especie de revisión de su propia vida con la misteriosa holandesa Leki, quien según Lafarga, “le sorbió el seso y le vació la bolsa.”
         A través de la historia de la literatura ha habido grandes moralistas.
       La Novela Moral nace cuando el escritor observa al hombre como ser ético y busca la diferencia entre el bien y el mal.
       “Manon Lescaut” es un producto natural de un siglo consagrado a la búsqueda de la felicidad terrena.
       En esa época se empezó a creer que el camino del hombre era siempre hacia la perfección. Y tanto la felicidad como la perfección eran estados morales.(Agustín Cadena) 

Manon Lescaut
       Manon Lescaut es una novela del Abate Prévost, que originalmente se llamó Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut, y formaba parte de las Memorias y Aventuras de un Hombre de Calidad Retirado del Mundo (7 volúmenes, 1728 - 1731). Tras ser condenado dos veces al considerarse escandaloso (1733 y 1735), Prévost publica en 1753, une nueva edición de Manon Lescaut, revisada, corregida y ampliada con un importante episodio. Las cualidades humanas de la novela sedujeron pronto al público y la lanzaron a la fama. (Wikipedia)

Libro Primero.
       El autor, (el "hombre de calidad" de las Memorias), regresa de Ruán. Llega a la hora de comer a Pacy-sur-Eure. En la ciudad reina una gran agitación. Los habitantes se han reunido ante un cabaré ante el que hay dos carros estacionados. Se trata de un convoy con una docena de muchachas de mala vida, condenadas a embarcarse hacia América. Una de ellas, Manon, le sorprende debido a su belleza y porte distinguido. El autor se interesa por ella ante el jefe de los centinelas, pero no consigue respuesta. Ante la pregunta, un arquero le indica que debe preguntar al joven que se encuentra apartado y que sólo puede ser "su hermano o su amante." Este hombre, que ha seguido el convoy desde París parece enfermo. Se niega a revelar su secreto o la identidad de la joven, pero confiesa la pasión que siente por ella y declara haber intentado todo para conseguir que fuera liberada, hasta el punto de encontrarse arruinado económicamente por esa razón.
      Dos años más tarde, el "hombre de calidad," ( O sea, el narrador), regresa de Londres y espera permanecer un día y una noche en Calais. Mientras pasea por la ciudad, cree reconocer al joven con el que se había topado dos años antes, por lo que se decide a hablar con él. El joven también se alegra de volver a ver al narrador. Feliz por este reencuentro, declara regresar de América. Esa misma noche, el narrador acoge al joven en el hotel en el que se encuentra alojado. El misterioso joven inicia el relato de sus aventuras.
       Des Grieux, joven de 17 años, proviene de una buena familia. Fue un alumno ejemplar en un colegio de Amiens y su padre deseaba que fuera caballero de la orden de Malta, lo que explica su título de Caballero. Tiberge, su mejor amigo, es generoso y comprensivo. Tiberge es mayor que Des Grieux algunos años, y se ha visto obligado a tomar el estado eclesiástico, debido a su pobreza. Tiberge siempre bien aconsejó a Des Grieux, quien no hubiera sufrido tanto si le hubiera atendido a sus consejos, siendo honrado y feliz. Tales buenos consejos eran considerados por Des Grieux ofensivas impertinencias. Ese fue el pago ingrato que Tiberge recibió de Des Grieux, quien no pudo entender sus buenas intenciones. 
     Al regresar a su ciudad natal en vísperas de las vacaciones, Des Grieux conoce a Manon Lescaut. Todo acontece en un hostal, en el que se detiene a pernoctar. Allí Des Grieux se enamora inmediatamente de Manon Lascaut. Debido a su juventud y por no tener experiencia amorosa con las mujeres, Des Grieux se muestra fascinado por ésta. Es un flechazo. Si tan solo hubiera regresado a Amiens un día antes, y regresado con su familia sano y salvo en su inocencia, evitando haber conocido ese fatal día a Manon Lescaut, todo hubiese sido mejor. Des Grieux sabe entonces que Manon se dirige al convento, al que sus padres la envían. La enviaban al convento contra su voluntad, sin duda para contener su inclinación al placer, que ya se había manifestado en ella, y que fue después la causa de todas sus desgracias y las del mismo Des Grieux. Cuando se encuentran solos, esta confiesa inmediatamente que se siente "halagada al haber conquistado un amante" como él. Des Grieux se ofreció a librarla de la tiranía de sus padres. Para escapar al destino que se le presentaba no había más solución que la fuga, de ese modo podrían vivir su amor. Se citan al día siguiente en el hostal de Manon, antes de que el conductor de la diligencia se despierte. A pesar de los intentos de Tiberge para que Des Grieux cambie sus planes, éste decide huir con Manon. Des Greux consigue tranquilizar a su amigo Tiberge y burlar su vigilancia.

       Antes de que oscurezca, los dos jóvenes llegan a Saint-Denis. Los proyectos de boda se olvidan pronto: “Defraudamos los derechos de la Iglesia.” En París, los dos amantes se alojan en un apartamento amueblado y viven durante tres semanas el amor perfecto. Pero al sentir remordimientos, el joven trata de reanudar las relaciones con su familia. Contempla la posibilidad de solicitar a su padre la autorización para casarse con Manon, pero la joven es contraria a esta idea, por temor a perder a Des Grieux si su padre se opone a su boda. Des Grieux también teme encontrar dificultades económicas, pero Manon le tranquiliza y se encarga de gestionar sus finanzas. Confiado, el joven acepta. Una noche en la que regresa antes que de costumbre, se encuentra cerrada la puerta y Manon tarda mucho en abrir. Tras preguntar a la sirvienta, Des Grieux se da cuenta de que el anciano Señor de B., un rico fermier general, se escabulle de su casa. Esa misma noche, durante la cena, Des Grieux espera explicaciones espontáneas de Manon, pero ésta las evita y se echa a llorar.

           En ese momento alguien llama a la puerta. Tras un beso a su amante, Manon huye. Son los lacayos de su padre que vienen a llevarse a des Grieux. En la carroza que lo devuelve a la residencia familiar, el joven trata de entender quién ha podido traicionarlos.
           En el domicilio familiar es recibido de un modo bastante indulgente. Sin embargo, el joven recibe una seria reprimenda de su padre, que le achaca su excesiva credulidad: “tienes una buena disposición para convertirte en un marido paciente y cómodo.” Maquiavélicamente a propósito, su padre había mandado al Señor B. a seducir y poner a prueba a Manon. En ese momento el padre envidiosamente confiesa a su hijo que ha sido el Señor de B. el que ha seducido a Manon: “Sabes vencer con rapidez, Chevalier; pero no sabes conservar tus conquistas.” Des Grieux está desesperado, sin que por ello se le ocurra ni siquiera imaginar una traición por parte de Manon. Para impedirle que se vuelva a fugar, su padre decide secuestrarlo y encerrarlo en su propia habitación.
              Durante seis meses Des Grieux se muestra desesperado, pero poco a poco y gracias a la ayuda de su amigo Tiberge, recupera el amor por la vida por medio de la lectura y del estudio. Tiberge que ha visto a Manon le informa que vive en París y que está siendo mantenida por su amante viejo y rico. Des Grieux decide entonces renunciar al mundo y entra junto a Tiberge en el Seminario de Saint-Sulpice.
            Encuentra la paz en sus estudios, olvida a Manon y vuelve a alcanzar notoriedad hasta que en la Sorbona, vuelve a encontrarse frente a frente con Manon. Des Grieux vuelve a prendarse de ella, la perdona y abandona inmediatamente el Seminario. Tras una noche en una posada, los dos amantes, más enamorados el uno del otro que nunca, deciden instalarse en el pueblo de Chaillot.
            Gracias al dinero que Manon obtuvo del Señor de B., la pareja vive al margen de las necesidades. Pero Manon se aburre en Chaillot y convence a Des Grieux para que alquilen un apartamento en París. El hermano de Manon, que vive en la misma calle que ellos se instalan en su casa y vive a su costa, con lo que acaban de despilfarrar sus ahorros.
       Una mañana, mientras los dos amantes están pasando unos días en París, Des Grieux se entera de que su casa de Chaillot ha ardido. Este incendio termina de arruinarles. Sin embargo, el joven no quiere que Manon se preocupe y le oculta la noticia. Buscando una solución, des Grieux se confía al hermano de Manon quien le propone primero explotar los encantos de Manon y luego los suyos, a lo que Des Grieux se niega. La última alternativa que plantea el hermano es hacer trampas en el juego. Pero poco convencido por estas soluciones, Des Grieux prefiere no hacer nada de eso.

            Des Grieux decide por fin volver a apelar a la generosidad de su amigo Tiberge. Tras una entrevista, Des Grieux le pide perdón por haber sido ingrato. En cambio Tiberge, demuestra la calidad de su amistad y ofrece dinero a Des Grieux. Pero éste se da cuenta de que a pesar de que el amor de Manon sea sincero, ésta tiene necesidad de lujos y placeres, le gusta gastar sin fijarse en lo que tiene y no está preparada para una existencia modesta. Temeroso de perder a Manon, des Grieux vuelve a aproximarse a Lescaut, quien hace que se le admita en un círculo de jugadores. En poco tiempo pasa a ser un experto tramposo y vuelve a nadar en la riqueza. Su amigo Tiberge teme con razón que se esté apartando de la ley y le advierte. Esta vida fácil une aún más a los amantes.
      Pero envidiosos de su fortuna, una noche en la que está cenando en casa del hermano de Manon, sus criados aprovechan para robar a sus jefes y saquear la casa. Manon y Des Grieux se ven desesperados y en la calle. Lescaut aconseja a su hermana entonces que establezca una lucrativa relación con el viejo Señor de G. M., lo que Manon, deseosa de conseguir dinero, hace. Gracias a sus encantos seduce al viejo y consigue que éste le ponga una casa y la mantenga. Sin embargo, su maquiavélico hermano propone a Des Grieux estafar al viejo amante de Manon. Se organiza una cena, en la que el anciano ofrece a Manon joyas y riquezas y le ofrece la mitad de sus ingresos. Los tres se burlan del viejo durante toda la velada antes de escaparse en una carroza. Al darse cuenta del engaño, el viejo les hace perseguir y consigue que la policía los detenga de madrugada. Encierran a Manon en el Hospital de La Salpêtrière; y Des Grieux es enviado al presidio para jóvenes aristócratas depravados de Saint-Lazare.

         Des Grieux consigue escapar con la ayuda involuntaria de su amigo Tiberge. Vuelve a contactar con Lescaut quien le consigue un arma. Obliga entonces al padre prior bajo amenaza a que abra las puertas del presidio y huye, matando a un centinela. Des Grieux trata entonces de liberar a Manon. Consigue entrar en el Hospital y volver a verla. Un criado disfraza a Manon de hombre y la saca. Mientras escapan, Lescaut se encuentra a un hombre que se arruinó en el juego por sus trampas, quién le dispara, matándolo. Los dos amantes, ya solos, regresan a la Posada de Chaillot. Tiberge vuelve a acudir en su ayuda y les proporciona dinero, a la vez que se echa tierra sobre el escándalo. Los amantes parecen alcanzar un atisbo de tranquilidad.
           Los dos amantes se instalan entonces en la Posada de Chaillot. Des Grieux vuelve a jugar y a hacer trampas. Por su parte, Manon permanece fiel y se divierte dando esperanzas a un príncipe italiano que le hace la corte. Sin embargo, el destino parece perseguirlos. El hijo del Señor de G. M. desembarca y acude a cenar con ellos. Se enamora locamente de Manon, y esta organiza un plan para conseguir de él una gran cantidad de dinero, para vengarse de su padre. Cuando Manon concierta la cita amorosa con el joven G. M. Des Grieux decide vengarse, monta una escena de celos a Manon, aunque ambos terminan reconciliándose. Pero Des Grieux presiente "una catástrofe." Un lacayo del Señor de G. M. ha dado la voz de alarma, y los amantes se vuelven a ver en la cárcel. En el Châtelet, Des Grieux recibe una visita de su padre, quien le reprocha con energía su conducta, pero le perdona y promete hacer cuanto esté en su mano para liberarlo. Para conseguir alejar a Manon de él consigue que sea desterrada a América. Pero al verse libre y conocer la noticia, la ruptura entre padre e hijo parece ser definitiva.
          Desesperado, tras intentar sin conseguirlo que Manon sea liberada, Des Grieux consigue, pagando una fuerte cantidad de dinero, permiso para seguir a Manon. Es el momento en el que el hombre de calidad se encuentra con él por primera vez en Pacy: ya no le queda dinero y se ve separado de su amante.
Libro Segundo.
       Des Grieux se enrola como voluntario a bordo del barco que conduce a Manon a América. Se gana la confianza del capitán, quién le permite que pueda dedicar a Manon todos los cuidados que ésta necesita.
       Tras una travesía de dos meses, el barco llega a Nueva Orleans, en la Luisiana. El capitán informa al gobernador acerca de la situación que existe entre Des Grieux y Manon. Sus calamidades despiertan la simpatía del gobernador, quien les encuentra un alojamiento.

       Manon agradece a Des Grieux todas las preocupaciones que éste ha padecido y le promete que ha cambiado. Los dos amantes deciden por fin casarse. Pero el sobrino del gobernador también se ha enamorado de Manon, y al saber que está libre, la reclama. Se enfrenta en duelo con Des Grieux, y es herido por éste. Tras darlo por muerto, Des Grieux y Manon huyen al desierto, en donde ella muere de agotamiento. Des Grieux la entierra, y se recuesta sobre su tumba decidido a esperar la muerte.

             Pero Tiberge, que ha viajado también a América en busca de su amigo lo encuentra y lo vuelve a llevar a Francia, nueve meses después de la muerte de Manon. A su regreso se entera de la muerte de su padre, destrozado por la pena y el dolor. Ese es el momento del segundo encuentro con el "hombre de calidad," en Calais.
Adaptación: José Escobar-Wikipedia.

       ¿Cómo conocí la novela de Manon Lescaut? Mi buen amigo Hector Sarabia me platicó de ella. Debo decir que la historia le hizo llorar, según él mismo me lo contó. Curiosamente no he vuelto a saber de alguien que le interese ésta historia.
        La historia comienza así, con las palabras del narrador, el “hombre de calidad:” “Me veo obligado a trasladar al lector a la época de mi vida en que encontré por primera vez al caballero Des Grieux.” Ahora, los invíto a conocer el último párrafo del libro, narrado por Des Grieux, cuando él y Tiberge regresan a Europa: “Pasamos dos meses juntos en Nueva Orleans, esperando que llegaran los barcos de Francia, y, habiéndonos embarcado al fín, tomamos tierra, hace quince días en el Havre. Al llegar escribí a mi familia. Por una carta de mi hermano mayor supe la triste noticia de la muerte de mi padre, a la cual temo, con mucha razón, que hayan contribuido mis extravíos. Como el viento era favorable, me embarqué inmediatamente para Calais, con intención de ir, a algunas leguas de esta ciudad, a casa de un caballero pariente mío, donde mi hermano me espera, según me escribió.”
       Pero poco antes del final, Des Grieux dice algunas palabras reflexivas: “Pero el Cielo, después de castigarme con tanto rigor, quiso que me fueran útiles mis desventuras y sus castigos: me iluminó con sus luces, y volví a tener ideas dignas de mi cuna y de mi educación.” En el siguiente párrafo Des Grieux agrega: “Como la tranquilidad comenzó a renacer en mi alma, aquel cambio fue seguido cerca por mi curación. Me entregué por completo a los preceptos del honor y continué desempeñando mi modesto destino, en espera de los barcos de Francia que van una vez al año a aquella parte de América.”
       Al inicio de la novela, el narrador u “hombre de calidad” nos describe en un párrafo su primera impresión al ver a Manon Lescaut: “Entre las doce muchachas, encadenadas por la cintura en grupos de seis, había una cuyo porte y cuyo semblante estaban tan poco en armonía con su condición, que en cualquier otra circunstancia la hubiese tomado por una joven de primer rango. Su tristeza y la suciedad de su traje y de su ropa interior le afeaban tan poco, que su vista me inspiró respeto y lástima. Procuraba volverse todo lo que la cadena le permitía, para hurtar su cara a los ojos de los espectadores. El esfuerzo que hacía para ocultarse era tan natural, que parecía proceder de un sentimiento de modestia.”
      Con respecto a la primera impresión del narrador al descubrir a Des Grieux, nos dice: “Me volví hacia el rincón del cuarto en que aquel joven estaba sentado. Parecía sumido en una profunda ensoñación. En mi vida he visto una imagen más viva del dolor. Iba vestido con mucha sencillez; pero a la primera ojeada uno distingue a un hombre de buena cuna y educación. Me acerqué a él. Se levantó y advertí en sus ojos, en su figura y en todos sus movimientos un aire tan fino y noble, que me sentí inclinado naturalmente a quererle.”
       En el Libro Segundo, algunas frases de Des Grieux confirman su profundo sentimiento de culpabilidad: “Mientras tanto, nuestro mal espíritu trabajaba para perdernos. Estábamos en el delirio del placer y teníamos la espada suspendida sobre nuestras cabezas.” Otra frase de Des Grieux que confirma su culpabilidad, o por lo menos la conciencia de su culpa es, “¡Adiós! Voy a ayudar a mi mala ventura a consumar mi ruina, corriendo a ella voluntariamente.” En una tercera frase, Des Grieux dice que el Cielo, “Me había soportado pacientemente mientras marchaba a ciegas por el sendero del vicio y me reservaba su más duro castigo para cuando comenzara a retornar a la virtud.” Y una cuarta frase de Des Grieux dice, “Volví a mi casa meditando éste proyecto, cuando la suerte, que quería apresurar mi ruina, hizo que me topase con Synnelet.”
     Algunas frases románticas de Des Grieux son, “¿No es todo el universo la patria de los amantes fieles?” Otra frase romántica de  Des Grieux dice, “he tenido la ocasión de comprobar que no hay nada que anime a una mujer como la intrepidez del hombre a quien ama.”

       Finalmente, Des Grieux nos expresa una frase que describe memorablemente a Manon: “Manon estaba leyendo. Entonces tuve ocasión de admirar el carácter de aquella extraña criatura. Lejos de asustarse y azorarse al verme, no expresó sino esas ligeras muestras de sorpresa que uno no domina ante una persona que cree lejos.”

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