Club de Pensadores Universales

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miércoles, 24 de abril de 2019

Penas Por Amor Perdidas de William Shakespeare

     Penas Por Amor Perdidas, es una de las primeras comedias de William Shakespeare, que se cree que se escribió a mediados de la década de 1590 para una presentación en las posadas de la corte ante la reina Isabel I.
     La obra sigue al rey de Navarra y sus tres compañeros, mientras los cuatro intentan jurar abstenerse de la compañía de mujeres durante tres años, para centrarse en el estudio y el ayuno. Su posterior enamoramiento del rey con la princesa de Francia y de sus acompañantes con sus damas, les hace renunciar. En un final no tradicional para una comedia, la obra termina con la muerte del padre de la princesa, y todas las bodas se retrasan durante un año. La obra se basa en temas de amor y deseo masculino, recuento y racionalización, y realidad contra fantasía.
     Aunque se publicó por primera vez en tamaño cuarto, que es una encuadernación de 10 pulgadas por 8 de ancho, en 1598, la página de título de la obra sugiere una revisión de una versión anterior de la obra. Si bien no hay fuentes obvias para la trama de la obra, los cuatro personajes principales se basan libremente en figuras históricas. El uso de apóstrofes en el título de la obra varía en las primeras ediciones, aunque comúnmente se da como, Love's Labour's Lost.
     Las audiencias de Shakespeare estaban familiarizadas con los personajes históricos retratados, y la situación política en Europa en esa época, relacionada con el escenario y la acción de la obra. Los estudiosos sugieren que la obra perdió popularidad, ya que éstas representaciones históricas y políticas de la corte de Navarra, se volvieron anticuadas y menos accesibles para los espectadores de generaciones posteriores.
    El sofisticado juego de palabras, el humor pedante, y las alusiones literarias anticuadas también pueden ser causa de su relativa oscuridad, en comparación con las obras más populares de Shakespeare. Penas Por Amor Perdidas, rara vez se realizó en el siglo XIX, pero se ha visto más a menudo en los siglos XX y XXI, con producciones de Royal Shakespeare Company, y National Theatre, entre otras. También se ha adaptado como musical, ópera, radio y televisión y como película musical.
     Penas Por Amor Perdidas, presenta la escena más larga (5.2), la palabra más larga: ‘honorificabilitudinitatibus’ (5.1.39–40) y (dependiendo de las opciones editoriales) el discurso más largo (4.3.284–361) de todas las obras de Shakespeare.
Personajes
• Fernando: Rey de Navarra.
• Lord Berowne (o Biron), Lord Longueville (o Longaville) y Lord Dumaine: Asistentes del Rey.
• Princesa de Francia: Más tarde reina de Francia.
• Lady Rosaline, Lady Maria, Lady Katharine y Boyet: Asistentes de la Princesa.
• Marcadé: Mensajero.
• Don Adriano de Armado: Un fantástico español.
• Moth: Páje de Armado.
• Sir Nathaniel: Cura.
• Holofernes: Maestro de escuela.
• Dull: Condestable.
• Costard: Un aldeano.
• Jaquenetta, o Santiaguilla: Una niña rural.
• Forester
• Oficiales y otros, asistentes del Rey y la Princesa.
Sinopsis
     Fernando, el rey de Navarra y sus tres nobles compañeros, los señores Berowne, Dumaine y Longaville, juran no ceder ante la compañía de mujeres. Se entregan a sí mismos devotamente a pasar tres años de estudio y ayuno; Berowne está de acuerdo pero duda y se muestra vacilante un poco más que los otros. El rey declara oficialmente que ninguna mujer debe estar a menos de una milla de la corte.
     Don Adriano de Armado, un español que visita la corte, viene a contarle al rey una cita entre Costard y Jaquenetta. Después de que el Rey condena a Costard, Don Armado confiesa su propio amor por Jaquenetta a su páje, Moth. Don Armado le escribe a Jaquenetta una carta, y le pide a Costard que la entregue.
La princesa de Francia y sus damas llegan, deseando hablar con el rey sobre la cesión de Aquitania, pero finalmente deben hacer su campamento fuera de la corte debido al decreto.
     Al visitar a la Princesa y sus damas en su campamento, el Rey se enamora de la Princesa, al igual que los señores con las damas. Berowne le entrega a Costard una carta para entregarla a la señora Rosaline, que Costard cambia con la carta de Don Armado que estaba destinada a Jaquenetta. Jaquenetta consulta a dos eruditos, Holofernes y Sir Nathaniel, quienes concluyen que la carta está escrita por Berowne y le indican que se lo cuente al Rey.
     El rey y sus señores se esconden y se miran unos a otros a medida que cada uno revela sus sentimientos de amor. El rey finalmente castiga a los señores por romper el juramento, pero Berowne revela que el rey también está enamorado de la princesa. Jaquenetta y Costard entran con la carta de Berowne y lo acusan de traición. Berowne confiesa haber roto el juramento, explicando que el único estudio digno de la humanidad es el del amor, y él y los otros hombres deciden colectivamente renunciar al voto. Haciendo arreglos para que Holofernes entretenga a las damas más tarde, los hombres se visten de moscovitas y cortejan a las damas disfrazadas.
     Boyet, el cortesano de la reina, tras haber escuchado su planificación, ayuda a las damas a engañar a los hombres disfrazándose unos de otros. Cuando los señores vuelven como ellos mismos, las damas se burlan de ellos y exponen su treta.
Impresionados por el ingenio de las damas, los hombres se disculpan, y cuando todas las identidades están corregidas, observan a Holofernes, Sir Nathaniel, Costard, Moth y Don Armado presentar la obra de teatro, titulada, “Los Nueve de la Fama.”
     Los cuatro señores y Boyet interrumpen la obra de teatro, ahorrando sus elogios únicamente para Costard. Don Armado y Costard casi llegan a los golpes cuando Costard revela a mediados del certamen que Don Armado tiene a Jaquenetta embarazada. Su disputa se ve interrumpida por la noticia de que el padre de la princesa ha muerto.
     La princesa hace planes para irse de inmediato, y ella y sus damas, preparándose para el duelo, declaran que los hombres deben esperar un año y un día para demostrar que sus amores son duraderos. Don Armado anuncia que hará un juramento similar a Jaquenetta y luego presenta a los nobles una canción.
Fuentes
     Penas Por Amor Perdidas, es, junto con, La Tempestad, de Shakespeare, una obra sin ninguna fuente obvia.  Algunas influencias posibles en, Penas Por Amor Perdidas, se pueden encontrar en las primeras obras de John Lyly,
“La Profecía del Zapatero,” de Robert Wilson (c.1590) y “La Academia Francesa” de Robert de la Primaudaye (1577). Michael Dobson y Stanley Wells comentan que a menudo se ha conjeturado que la trama se deriva de,
“un relato perdido de una visita diplomática hecha a Enrique en 1578 por Catherine de Medici y su hija Marguerite de Valois, la esposa separada de Henry, para discutir el futuro de Aquitania, pero esto no es de ninguna manera cierto.”
     Los cuatro personajes masculinos principales están todos basados ​​en figuras históricas;
Navarra se basa en Enrique de Navarra, quien más tarde se convirtió en Rey Enrique IV de Francia,
Berowne en Charles de Gontaut, duc de Biron,
Dumain en Charles, duc de Mayenne
y Longaville en Henri I d'Orléans, duc de Longueville.
    Biron, en particular, era bien conocido en Inglaterra porque Robert Devereux, segundo conde de Essex, había unido fuerzas con el ejército de Biron en apoyo de Enrique, en 1591. Albert Tricomi afirma que, “la idealización humorística de la obra, podría seguir siendo duradera siempre y cuando los nombres franceses de sus personajes principales sigan siendo familiares para las audiencias de Shakespeare. Esto significa que el ingenioso retrato de la corte de Navarra podría seguir siendo razonablemente efectivo hasta el asesinato de Enrique IV en 1610. ...
Tales consideraciones sugieren que los retratos de Navarra y los generales de la guerra civil, presentaron a las audiencias isabelinas no una simple recopilación de nombres franceses en las noticias, sino una dimensión dramática adicional que, una vez perdida, ayuda a explicar el eclipse que, ‘Penas Por Amor Perdidas,’ pronto sufrió.”
     Los críticos han intentado establecer conexiones entre personas notables, tanto ingleas como isabelinas y los personajes de Don Armado, Moth, Sir Nathaniel y Holofernes, con poco éxito.
Fecha y Texto
     La mayoría de los estudiosos modernos creen que la obra fue escrita en 1595 o 1596, por lo que sería contemporánea con Romeo y Julieta y El Sueño de Una Noche de Verano. Penas Por Amor Perdidas se publicó por primera vez en cuarto, en 1598 por el vendedor de libros Cuthbert Burby.
     La página del título indica que la obra fue, “Recién corregida y aumentada por W. Shakespere,” lo que ha sugerido a algunos académicos una revisión de una versión anterior. La siguiente obra apareció impresa en el Primer Folio en 1623, con un último cuarto en 1631. La obra de, “Penas Por Amor Ganadas,” es considerada por algunos como una secuela perdida.
     Penas Por Amor Perdidas presenta la escena más larga de todas las obras de Shakespeare (5.2), que, según el formato y las decisiones editoriales, abarca desde aproximadamente 920 líneas  hasta poco más de 1000 líneas. The First Folio graba la escena en 942 líneas.
     La obra también presenta la palabra más larga en todas las obras de Shakespeare: honorificabilitudinitatibus, pronunciada por Costard en 5.1.30.
     El discurso dado por Berowne en 4.3.284–361 es potencialmente el más largo de todas las obras de Shakespeare, dependiendo de las opciones editoriales.
     El crítico y editor de Shakespeare, Edward Capell, señaló que ciertos pasajes del discurso parecen ser redundantes y argumenta que estos pasajes representan un primer borrador que no se corrigió adecuadamente antes de imprimirse. Específicamente, las líneas 291–313 se, “repiten en sustancia,” más adelante en el discurso, y algunas veces son omitidas por los editores. Sin omisiones, el discurso es de 77 líneas y 588 palabras.
Análisis y Crítica.
Título
     El título normalmente se da como, Penas Por Amor Perdidas, (Love's Labour's Lost). El úso de apóstrofes varía en las primeras ediciones.
     En su primera publicación de 1598 en cuarto, aparece como, Loues labors [sic] loſt. En el  First Folio de 1623, es, Loues Labour's Lost, y en la edición 1631 es Loues Labors Lost.
     En el Tercer Folio aparece por primera vez con la puntuación moderna y la ortografía como, Love's Labour's Lost. El crítico John Hale escribió que el título podría leerse como, “El Trabajo del Amor se Pierde,” o “Las Labores Perdidas del Amor,” según la puntuación. Hale sugiere que la ingeniosa aliteración del título, está en consonancia con la naturaleza pedante de la obra.
     En 1935, Frances Yates afirmó que el título se deriva de una línea en, “Sus Primeros Versos” (1578) de John Florio: “No necesitamos hablar tanto de amor (loue), todos los libros están llenos de amor (lou), con tantos autores, que fue un trabajo perdido hablar de amor (Loue),” una fuente de la cual Shakespeare también tomó el proverbio veneciano no traducido, “Venetia, Venetia / Chi non ti vede non ti pretia” (LLL 4.2.92-93) (“Venecia, Venecia, Quien no te ve no te puede alabar”).
     John Florio (1553–1625), conocido en italiano como Giovanni Florio, fue un lingüista y lexicógrafo, un tutor de lengua real en la corte de Jacobo I de Inglaterra, y un posible amigo e influencia de William Shakespeare. También fue el primer traductor de Montaigne al inglés. Nació en Londres, y en 1580 se casó con Aline, la hermana del poeta Samuel Daniel.
     William Warburton sugirió que Florio es satirizado por William Shakespeare en el personaje de Holofernes, el pomposo profesor pedante de, Penas Por Amor Perdidas, pero es probable, especialmente porque Florio era uno de los protegidos del conde de Southampton, que estaba entre los amigos del dramaturgo, de quien pudo haber adquirido conocimiento de la literatura francesa e italiana.
     Florio es uno de los muchos individuos propuestos como el autor real de las obras de William Shakespeare por los defensores de la cuestión de la autoría de Shakespeare.
Reputación
      Penas Por Amor Perdidas, abunda en sofisticados juegos de palabras, equívocos, y alusiones literarias, y está lleno de ingeniosos pastiches de formas poéticas de la época. El crítico e historiador, John Pendergast, afirma que, “quizás más que cualquier otra obra de Shakespeare, explora el poder y las limitaciones del lenguaje, y ésta descarada preocupación por el lenguaje hizo que muchos críticos tempranos creyeran que era la obra de un dramaturgo que acaba de aprender su arte.”
     En The Western Canon (1994), Harold Bloom elogia la obra como, “asombrosa” y la denomina, “el primer logro absoluto” de Shakespeare. A menudo se asume que la obra fue escrita para la presentación en los Inns of Court, asociaciones de abogados en Londres, cuyos estudiantes probablemente apreciarían su estilo.
     Nunca ha estado entre las obras más populares de Shakespeare, probablemente porque su humor pedante y su densidad lingüística son extremadamente exigentes para los espectadores contemporáneos. Las alusiones satíricas de la corte de Navarra son igualmente inaccesibles, “habiendo sido dirigidas principalmente a modas del lenguaje que han fallecido hace mucho tiempo, y [por lo tanto] son ​​poco entendidas, en lugar de cualquier gran deficiencia de la invención.”
Temas
Deseo Masculino
     El deseo masculino estructura a la obra, y ayuda a moldear su acción. El apetito sexual de los hombres, se manifiesta en su deseo de fama y honor; la noción de la mujer como peligrosa para la masculinidad y el intelecto, se establece desde el principio. Los deseos del rey y sus señores por sus mujeres idealizadas, se difieren, se confunden, y se ridiculizan, a lo largo de la obra. A medida que la obra termina, su deseo se aplaza una vez más, lo que resulta en un aumento de la exaltación de las mujeres.
     El crítico Mark Breitenberg comentó que el úso de la poesía idealista, popularizada por Petrarca, se convierte efectivamente en la forma textualizada de la mirada masculina. Al describir e idealizar a las damas, el Rey y sus señores ejercen una forma de control sobre las mujeres a quienes aman. Don Armado también representa el deseo masculino a través de su implacable búsqueda de Jacquenetta.
     El tema del deseo se ve acentuado, por la preocupación por el aumento de la sexualidad femenina durante todo el período del Renacimiento, y la posterior amenaza de la “cornudería.” Las políticas del amor, el matrimonio, y el poder, son igualmente poderosas en la configuración del hilo del deseo masculino que impulsa la trama.
El Ajuste de Cuentas  y la Racionalización.
     El término ‘Ajuste de Cuentas’ se usa en sus múltiples significados en todo el canon de Shakespeare. En, Penas Por Amor Perdidas, en particular, a menudo se usa para significar un juicio moral; más notablemente, la idea de un cálculo, o ajuste final, en lo que se refiere a la muerte. Aunque la obra entrelaza fantasía y realidad, la llegada del mensajero para anunciar la muerte del padre de la princesa, hace que ésta idea, llégue a un punto crítico. La erudita Cynthia Lewis sugirió que la aparición del ajuste final es necesaria para recordar a los amantes de la seriedad del matrimonio.
     La necesidad de resolver el desacuerdo entre Navarra y Francia también sugiere un ejemplo de ajuste de cuentas, aunque éste ajuste de cuentas en particular se establece fuera del escenario. Esto se presenta en marcado contraste con la escena final, en la que no se puede evitar el acto de ajuste de cuentas. Al reconocer las consecuencias de sus acciones, Don Armado es el único que puede hacer frente a sus ajustes de manera noble. Los Señores y el Rey efectivamente se juzgan a sí mismos, revelando su verdadero carácter moral al burlarse de los actores durante la representación de, “Los Nueve de la Fama.”
    Similar al “ajuste” es la noción de "racionalización," que proporciona la base para el cambio rápido en los sentimientos de las damas por los hombres. Las damas son capaces de convencerse a ellas mismas de enamorarse de los hombres, debido a la racionalización de las supuestas fallas de los hombres. Lewis llegó a la conclusión de que, “la propensión a racionalizar una posición, un gusto, o una aversión, es algo que está vinculado, en, ‘Penas Por Amor Perdidas,’ con la dificultad de calcular el valor absoluto, cuyo deslizamiento está indicado a lo largo de la obra.”
Realidad Versus Fantasía
    El crítico, Joseph Westlund, escribió que, Penas Por Amor Perdidas funciona como un, “preludio al comentario más extenso, sobre la imaginación en, ‘El Sueño de una Noche de Verano.’” Hay varios puntos de la trama guiados por la fantasía y la imaginación a lo largo de la obra. La declaración de abstinencia de los Señores y el Rey, es una fantasía que no se llega a alcanzar. Ésta fantasía se basa en la idea de los hombres de que la fama resultante les permitirá sortear la muerte y el olvido, una noción fantástica en sí misma. En los momentos en que juran su promesa, queda claro que su objetivo fantástico es inalcanzable, dada la realidad del mundo, el estado antinatural de la abstinencia, y la llegada de la princesa y sus damas. Ésta yuxtaposición finalmente se presta a la ironía y el humor en la obra.
     Los plebeyos representan el tema de la realidad y el logro frente a la fantasía a través de su producción con respecto a, “Los Nueve de la Fama.” Al igual que la búsqueda fantástica de los hombres de la fama, la obra dentro de una obra representa la preocupación de los plebeyos por la fama. La relación entre la fantasía del amor y la realidad de los logros valiosos, un tema popular del Renacimiento, también se utiliza a lo largo de la obra.
    Don Armado intenta reconciliar estos deseos opuestos utilizando a Dignos, o Famosos como ejemplos de heroes que se enamoraron. El tiempo se suspende a lo largo de la obra, y es de poca importancia para la trama. La princesa, aunque originalmente, “ansiosa de una consignación rápida,” cae rápidamente bajo el hechizo del amor, y abandona su negocio urgente. Esto sugiere que la mayoría de la acción tiene lugar dentro de un mundo de fantasía. Solo con la noticia de la muerte del padre de la princesa, se reaviva el tiempo y la realidad.
Música
     A diferencia de muchas de las obras de Shakespeare, la música juega un papel solo en la escena final de, ‘Penas Por Amor Perdidas.’ Las canciones de, “Primavera e Invierno,” tituladas en latín, “Ver and Hiems” y “El Cucú y el Búho,” respectivamente, aparecen cerca del final de la obra. Dada la controversia crítica sobre la fecha exacta de ‘Penas Por Amor Perdidas,’ hay algunos indicios de que, “las canciones pertenecen a las adiciones de 1597.”
     Las diferentes interpretaciones que se han dado, acerca del significado de estas canciones, incluyen: comentarios optimistas para el futuro, comentarios sombríos sobre el reciente anuncio de la muerte, o un recurso irónico mediante el cual dirigir al Rey y sus Señores, hacia una nueva perspectiva sobre el amor y la vida.  De acuerdo con el tema del tiempo, en lo que se refiere a la realidad y la fantasía, éstas son canciones de temporada que restauran el sentido del tiempo en la obra.
     Debido a la naturaleza opuesta de las dos canciones, pueden verse como un debate sobre las actitudes opuestas sobre el amor que se encuentran a lo largo de la obra. Catherine McLay comenta que las canciones son funcionales en su interpretación de los temas centrales en, ‘Penas Por Amor Perdidas.’ McLay también sugiere que las canciones niegan lo que muchos consideran un final “herético” para una comedia. Las canciones, un producto de la estructura tradicional de la comedia, son un método por el cual la obra puede “[traerse] dentro de la periferia de la definición habitual de la Comedia.”
     El crítico Thomas Berger afirma que, independientemente del significado de estas canciones finales, son importantes en su contraste con la falta de canciones en el resto de la obra. Al separarse de las mujeres y la posibilidad del amor, el Rey y sus señores se han separado de la canción. Se permite la canción en el mundo de la obra al comienzo del Acto III, después de que la Princesa y sus damas han sido presentadas y los hombres comienzan a enamorarse.
     La canción de Moth, “Concolinel” indica que los votos se romperán. En el acto I, escena II, Moth recita un poema pero no lo canta. Don Armado insiste en que Moth la cánte dos veces, pero no lo hace. Berger deduce que una canción estaba destinada a ser insertada en este punto, pero nunca fue escrita. Si se hubiera insertado una canción en este punto de la obra, habría seguido la convención dramática de la época, que a menudo requería música entre escenas.
Historial de las Presentaciones
   La primera representación registrada de la obra de teatro, ocurrió en Navidad en 1597, en la Corte ante la Reina Isabel. Se ha registrado una segunda actuación en 1605, ya sea en la casa del conde de Southampton, o en la de Robert Cecil, Lord Cranborne. La primera producción conocida después de la era de Shakespeare, no fue hasta 1839, en el Theatre Royal, en Covent Garden, con Madame Vestris como Rosaline.
     El Times no se mostró impresionado, y dijo: “La obra se movió mucho. Todo el diálogo no es más que una serie de conceptos brillantes que, si no se entregan bien, son tediosos e ininteligibles. La manera en que fue actuada anoche, destruyó completamente la brillantez, y dejó un residuo de insipidéz que se vio dificultado por el paisaje y las decoraciones.” Las únicas otras representaciones de la obra grabadas en Inglaterra en el siglo XIX fueron en, Sadler's Wells en 1857 y en el Teatro St. James en 1886.
     Las notables producciones británicas del siglo XX, incluyeron una puesta en escena en 1936 en el, Old Vic con Michael Redgrave como Ferdinand, y Alec Clunes, como Berowne. En 1949, la obra fue presentada en el New Theatre con Redgrave en el papel de Berowne. El elenco de una producción de Royal Shakespeare Company de 1965, incluyó a Glenda Jackson, Janet Suzman, y Timothy West.  En 1968, la obra fue representada por Laurence Olivier, para el Teatro Nacional, con Derek Jacobi como el Duque, y Jeremy Brett, como Berowne. The Royal Shakespeare Company produjo la obra nuevamente en 1994.
     El crítico, Michael Billington, escribió en su reseña de la producción: “Cuanto más veo, ‘Penas Por Amor Perdidas,’ más creo que es la comedia más seductora de Shakespeare. Celebra y satisface la exuberancia lingüística, explora la a menudo dolorosa transición de la juventud a la madurez, y nos recuerda nuestra mortalidad común.”
     A finales del verano de 2005, un grupo de actores afganos organizó una adaptación de la obra en el idioma dari en Kabul, Afganistán, y, según informes, fue muy bien recibida.
     Una puesta en escena en 2009, del teatro Shakespeare's Globe, con la dirección artística de Dominic Dromgoole, realizó una gira internacional. Ben Brantley, en, The New York Times, llamó a la producción, vista en la Universidad de Pace, “de estudiantes de segundo año.” Postuló que la propia obra, “bien podría ser el primer y el mejor ejemplo de un género que florecería en formas menos sofisticadas cinco siglos después: la comedia universitaria.”
     En 2014, la, Royal Shakespeare Company completó una doble función en la que, ‘Penas Por Amor Perdidas,’ ambientada en la víspera de la Primera Guerra Mundial, es seguida por, “Mucho Ruido y Pocas Nuces,” retitulada, “Penas Por Amor Ganadas.” Dominic Cavendish, del, Telegraph, la calificó como, “la oferta de RSC más entretenida y emocionalmente divertida que he visto en mucho tiempo,” y señaló que, “hay paralelos entre las dos obras: el ingenio de combate, las escaramuzas de la guerra sexual, el cambio de la cursi evasión lingüística, a la sinceridad de corazón, se vuelven persuasívamente evidentes.”
Adaptaciónes
Literatura                            
     El poema de Alfred Tennyson, La Princesa, y, por extensión, la ópera cómica de Gilbert y Sullivan, Princess Ida, es una especulación de Gerhard Joseph, que se inspiraron en Pena Por Amor Perdidas.
     Thomas Mann en su novela Doctor Faustus (1943), tiene al compositor alemán ficticio, Adrian Leverkühn, quien intenta escribir una ópera sobre la historia de la obra.
Teatro Musical, Ópera y Obra de Teatro.
     Una ópera del mismo título que la obra, fue compuesta por Nicolas Nabokov, con un libreto de W. H. Auden y Chester Kallman, y se realizó por primera vez en 1973.
     En el verano de 2013, The Public Theatre en la ciudad de Nueva York, presentó una adaptación musical de la obra como parte de su programación de Shakespeare, en Central Park. Esta producción marcó el primer nuevo musical basado en Shakespeare que se produjo en el Teatro Delacorte en Central Park desde el montaje en 1971 de, Los Dos Caballeros de Verona, con música de Galt MacDermot.
    La adaptación de, Penas Por Amor Perdidas, fue interpretada por los colaboradores del musical de rock, Bloody Bloody Andrew Jackson, Michael Friedman y Alex Timbers. Timbers también dirigió la producción, protagonizada por Daniel Breaker, Colin Donnell, Rachel Dratch y Patti Murin, entre otros.
     La obra de 2015 de Marc Palmieri, The Groundling, una farsa que el NY Times denominó, “mitad comedia y mitad tragedia,” fue catalogada como una "meditación sobre el significado de los momentos finales de, “Penas Por Amor Perdidas.”
Cine Televisión y Radio
     La adaptación cinematográfica de Kenneth Branagh, en 2000, reubicó el escenario en la década de 1930, e intentó hacer que la obra fuera más accesible al convertirla en un musical. La película fue una decepción de taquilla.
     Penas Por Amor Perdidas, fue uno de los últimos trabajos grabados para el proyecto de la BBC Television Shakespeare, emitido en 1985. La producción se desarrolla en el siglo XVIII, los trajes y los conjuntos se modelan en las pinturas de Jean-Antoine Watteau. Esta fue la única instancia en el proyecto de una obra ambientada en un período posterior a la muerte de Shakespeare.
     La obra aparece en un episodio de la serie de televisión británica, Doctor Who. El episodio, titulado El Código de Shakespeare, se centra en el propio Shakespeare y en una hipotética obra de seguimiento, Penas Por Amor Ganadas, cuya escena final se utiliza como un portal para que las brujas alienígenas invadan la Tierra. Todas las copias de esta obra desaparecen junto con las brujas.
     BBC Radio 3 emitió una adaptación de radio el 16 de diciembre de 1946, dirigida por Noel Illif, con música de Gerald Finzi, para una pequeña orquesta de cámara. El elenco incluía a Paul Scofield. La música se convirtió posteriormente en una suite orquestal. BBC Radio 3 emitió otra adaptación de radio el 22 de febrero de 1979, dirigida por David Spenser, con música de Derek Oldfield. El elenco incluía a Michael Kitchen como Ferdinand; John McEnery como Berowne; Anna Massey como la princesa de Francia; Eileen Atkins como Rosaline; y Paul Scofieldas Don Adriano.
     Dos cineastas independientes de Austin, Texas, se encuentran actualmente en la postproducción de una nueva adaptación cinematográfica de Penas Por Amor Perdida, ambientada en un internado moderno.
     Desde el 16 de julio de 2015, una adaptación de vlog titulada, “Adorables Pequeños Perdedores,” se transmite en YouTube, creada por, The Candle Wasters. (Wikipedia en Ingles.)
  Penas Por Amor Perdidas
de William Shakespeare
    La llanura se teñía de sangre, cada vez que los aceros mordían las carnes del enemigo, y el aire era desgarrado por los lamentos de los caídos. Los ejércitos de Navarra y Castilla enfrentaban cruel batalla, y la victoria no se inclinaba hacia ninguno de los dos bandos. Desde una colina, Fernando, rey de Navarra, observaba preocupado el desarrollo de la batalla, pensando, “¡Diantres! Estos castellanos son un duro hueso de roer.”
     Uno de los generales navarros se acercó con su caballo al rey, y le dijo, “¡Estamos perdiendo muchos hombres!¿Emprendemos la retirada?” Fernando dijo, “¡Berowne! Prepara la última fuerza de caballería!” Berowne dijo, “¡A la orden, majestad!” El rey levantó la mano, y se quedó inmóvil, con los nervios en tensión, pensando, “Tengo que esperar el momento preciso.” Los minutos pasaron angustiósamente, mientras los valerosos caballeros esperaban la señal.  Con un rápido movimiento, Fernando se jugó la última carta, y gritó, “¡Ahora mis Bravos!” Un ensordecedor grito salió de todas las gargantas, al iniciarse el ataque. Berowne iba al frente de la caballería, dispuesto a ofrecer la vida por su soberano, y gritaba, “¡A la cárgaaa!”
     El choque causó estragos en las cansadas filas del enemigo, y lo obligó a retirarse. Tras sentirse vencedor, Berowne gritó, “¡Vivan Navarra y el rey Fernando!” Dumaine, uno de los soldados, se acercó al Rey Fernando y le dijo, “¡Uf! La estrategia dio resultado.” Fernando le dijo, “Cierto Dumaine, pero por poco no lo contamos.”
     Tiempo después, en la Plaza Pública de Navarra se leía una asombrosa proclama, “¡Y es voluntad del rey Fernando, que ninguna mujer se acerque a menos de una milla de la corte, bajo pena de perder la lengua.” Una mujer robusta, quien estaba dentro del público presente, dijo a un acompañante, “¿Qué dice?” Su acompañante le dijo, “Que a toda mujer que sorprendan coqueteando cerca de la corte, ¡Le mocharán la lengua!” La mujer se asustó, y dijo, “Pe-pero, ¿Porqué?”
     Mientras tanto, en los jardines de la corte del rey de Navarra, el rey Fernando se reunía con su séquito, diciendo, “Quiero que sepan que son verdaderos conquistadores, y estoy orgulloso de ustedes.” Dumaine dijo, “Favor que nos haces, amable señor.” Dumaine agregó, “Pero ésta última batalla, por poco nos cuesta la vida, y la caída del reino.” Berowne dijo al rey, “Sin embargo, gracias a tu astucia, vencimos a los castellanos.” Fernando dijo, “Precisamente, ese es el punto, Berowne. En realidad pudimos haber ganado sin tantas perdidas.” Longaville dijo, “Lo importante es el resultado!”
     Los cuatro se sentaron a la sombra de una árbol y compartieron unas viandas. Entonces, Fernando dijo, “En fin, haremos de Navarra la maravilla del mundo, y de ésta corte, una academia del arte de vivir.” Longaville dijo, “¿Qué quieres decir?” Fernando dijo, “Los tres han jurado, por la virgen y públicamente, vivir conmigo durante tres años, como mis compañeros de estudios, ¿No?” Longaville dijo, “Cierto es, majestad, y resuelto estoy a cumplir mi palabra, al fin solamente serán tres años de ayúno.” Dumaine dijo, “Yo también me entrégo a la mortificación, y gustósamente abandóno los groseros placeres del mundo.”
     Enseguida, Fernando dijo, señalando a Berowne, “A ti no te he escuchado ningún comentario, mi buen Berowne.” Berowne dijo, “Me súmo a tus propósitos majestad, pero…” Tras una pausa, Berowne agregó, “Además de las privaciones, no tener contacto con ninguna mujer, es demasiado.” Fernando dijo, “Sin embargo, es necesario.” A continuación, hubo un silencio general. Fernando agregó, “Así como combatimos contra el ejército enemigo, debemos combatir nuestras pasiones.” Berowne dijo, pensativo, “¡Tres años sin ver mujeres…!” Berowne agregó, “Me parecen votos tan inútiles como penosos.”
    Fernando leyó un pergamino, que tenia la forma de un contrato, y dijo, “Pues no debemos caer en la imperdonable debilidad de enamorarnos, a riesgo de ser acusados de perjurio.” Berowne dijo, “Antes de firmar éste juramento, te ruego que me digas, ¿Para qué sirve el estudio?” Fernando dijo con firmeza, “¡Para conocer lo que no sabes!” Berowne dijo, “¿Las cosas ocultas y fuera del sentido común?” Fernando dijo, “¡Exacto! ¡Esa es la divina recompensa del estudio!”
      Berowne dijo, “¡Bueno! Acepto el juramento, aunque de antemano, sé que será difícil de cumplir.” En ese momento, Fernando arrebató el pergamino, y le dijo, “Pues entonces abandona la partida, y regresa a tu casa, Berowne, ¡Adiós!” Berowne le dijo, “No, bondadoso señor. He jurado permanecer contigo, y cumpliré mi palabra. Dáme la cedula para firmarla.” Fernando se la dio, diciendo, “He aquí una sumisión que te salvará de la vergüenza, bribón.”
     Berowne tomó el pergamino, y se sentó frente a todos, y comenzó a leer en voz alta, “…abstenerse de alimento, una vez a la semana. Dormir solamente tres horas, durante tres años…que ninguna mujer se acerque a menos de una milla de la corte…¿Ya han sido proclamadas éstas clausulas?” Dumaine dijo, “Sí, desde hace cuatro días.” Fernando explicó, “En este momento, nuestro juramento ya es conocido hasta en el último rincón del reino.” Berowne continuó leyendo, “…so pena de perder la lengua…”
     Berowne se detuvo, y preguntó, “¡Yo, caramba! Tan temible castigo las mantendrá alejadas de aquí.” Berowne se alteró, y dijo, “¡Muy bonito! Solamente que tú, alteza, serás el primero en violar el juramento.” Fernando dijo, “¿Yo, porqué?” Berowne le dijo, “Sabes bien que la hija del rey de Francia viene mañana, y tendrás que recibirla.” Fernando se llevó la mano a la cabeza y dijo, “¡Oh!¡Es cierto! Viene como embajadora para arreglar la cesión de las tierras de Aquitania a su padre.” Fernando hizo una pausa, y agregó, “E-Es necesario abolir ese artículo de inmediato. Debo alojar a la princesa aquí.” Dumaine dijo, “No podemos, y esa es una complicación con la que no contábamos.” Enseguida,
     Berowne firmó el pergamino, diciendo, “Estámpo mi firma, pero eso no quita que la necesidad nos haga mil veces perjurios.” Dumaine dijo, “Me encanta tu optimismo, Berowne.” Berowne preguntó, “¿Se nos concederá al menos algún entretenimiento?” Fernando dijo, “Eso sí, recuerda al viajero de España que visita nuestra corte frecuentemente.” Los cuatro caballeros se dispusieron a montar a sus caballos. Dumaine dijo, “Armando es un personaje ilustrado y muy versado en letras.” Berowne dijo, “Armando es un verdadero caballero de la moda, y muy ingenioso.” Berowne suspiró con resignación, y dijo, “¡Bueno! Tres años pasarán pronto.”
    En ese momento, llegó un hombre a caballo que llevaba a un hombre jalando, amarrado de una cuerda, y dijo, “¡Majestad, os traigo un mensaje!” Costard, el hombre que venía siendo jalado y amarrado dijo, “Los informes se refieren a mí, ¡Perdón, majestad!” Fernando tomó la misiva y dijo, después de leer las primeras líneas, “¡Carta del magnífico Armando!” Costard dijo, “Lo que sucede es que Don Armando me ha sorprendido con Santiaguilla.” Berowne dijo, “Eso no tiene nada de malo.” Fernando siguió revisando la carta y dijo, “Pero según lo que dice la carta, ha sido sorprendido en los jardines de mi corte.” Berowne se dirigió a Costard, y le dijo, “¿No sabías que está prohibido que las doncellas se acerquen a la corte?”
     Costard dijo, “Pero Santiaguilla no es ninguna doncella.” Al escuchar eso, Fernando se encolerizó, y dijo, “Eso no importa. Es una mujer y sabes bien que está prohibido que una mujer entre a los jardines de la corte.” Costard dijo, “¡Perdón!¡Perdón!” Fernando le preguntó, “¿No habías oído la proclama, bribón?” Costard dijo, “E-Er…confieso que no entendí.” Fernando le dijo, “Pues bien, te senténcio a ayunar durante una semana a pan y agua.” Costard dijo, “¿No sería mejor orar un mes a sopa y carnero?” Fernando le dijo, “Cálla, ignorante. Don Armando será tu carcelero, ¡Llévenselo!” Al mismo tiempo que arrancaban los caballos, Berowne dijo, “¿Y Santiaguilla? No le ibas a cortar la lengua.” Fernando dijo, “No, según la carta, ha quedado bajo la custodia de Armando.”
     Mientras tanto, en la casa de Armando, Armando mismo decía tristemente, “Cuando un hombre se vuelve melancólico, ¿Qué crees que tiene?” Moth, el joven que lo acompañaba, respondió, “Está triste, señor Armando.” Armando le dijo, “No, mi estimado Moth. ¡Está enamorado!” Moth pensó, “¡Bah! Brillante descubrimiento.” Moth le preguntó, “¿Y usted está enamorado?” Armando dijo, “Confieso que así es, pero de una muchacha de baja condición.” Armando agregó, tras una pausa, “Y debería renegar de Cupido, porque me humilla al suspirar por ella.” Moth le dijo, “¡Bah! Eso ha sucedido desde hace muchas generaciones. Y, ¿Quién es la dulcinea?” Armando dijo, “Se trata de Santiaguilla, la campesina con la que he sorprendido al patán de Costard. Es una muchacha digna.”
     Moth pensó, “Digna de ser azotada. Y en todo caso digna de tener un amante mejor que tú, granúja.” Moth le dijo, “Me extráña que áme a una muchacha tan ligera.” Armando dijo, “Calla, que el amor llena mi corazón.” En ese momento, llegó Marcadé, el mensajero, que llevaba a Costard amarrado, y dijo, “Señor, la voluntad del rey es que guarde usted a Costard. Está condenado al cautiverio.” Armando le preguntó, “¿Y…Santiaguilla?” El mensajero le dijo, “Ella será llevada a los jardines, donde servirá de lechera, ¡Adiós!” Armando exclamó, lleno de emoción, “¡Oh! Adóro hasta el polvo que pisa su zapato.” Moth le dijo, “Que sea menos, ámo.” Armando dijo, “Pero como está de moda imitar lo que hacen los de arriba…¡Amando a esa mujer traicióno el pacto y me vuelvo perjúro!”
     Al día siguiente, tal como estaba anunciado, una fastuosa comitiva se acercaba a las puertas del castillo de Navarra. Un hombre dialogaba con cuatro damas, diciendo, “Estoy seguro que el rey quedará tan impresionado de tu belleza, que ni siquiera prestará atención al asunto que vas a tratar con él.” La princesa de Francia le dijo, “Exageras, mi querido Boyet. Tal vez ni siquiera se dígne a recibirme.” Boyet le dijo, “¿Por qué dices eso, princesa?” La princesa le dijo, “He escuchado el rumor de que el rey de Navarra, ha prohibido a las mujeres acercarse a su corte.” La princesa agregó, “Precisamente por eso te encomiendo la misión de adelantárte y confirmárme si me recibirá.” Boyet le dijo, “Párto orgulloso a cumplirla.”
     Los cascos del brioso corcel recorrieron ligeros el trecho hacia la corte del rey Fernando. Poco más tarde, Boyet regresó con las nuevas. La princesa y sus acompañantes, ya estaban en el carruaje. Boyet le dijo, “El rey accedió a recibirte, pero no te alojará dentro del castillo, sino en pleno campo.” La princesa dijo, “¿Qué dices?” La princesa agregó, “¡Qué descortesía! Recibirme como si fuera un enemigo. ¡GRRR! Me muero de rabia.” De esa manera, la bienvenida se efectuó en el parque real. Fernando recibió a la princesa cuando se bajó del carruaje, y le dijo, “Sea, señora, bienvenida a mi palacio.”
     La princesa le dijo, “En realidad no creo ser bienvenida.” Fernando le dijo, “Lo eres, señora, de eso puedes estar segura.” La princesa le dijo, “Entonces condúceme a la corte.” Fernando le dijo, “No puedo porque he hecho un juramento.” La princesa le dijo, “Bien, entonces, si me atiendes ahora mismo, me regresaré enseguida.” Fernando dijo, “Con gusto, princesa. Veamos…¡MMM!”
     Mientras tanto, en otra parte de la reunión, Berowne, intentaba cortejar a una de las damas, y se acercó a Rosalina y le dijo, “¿Acaso no he bailado alguna vez contigo en Bravant?” Rosalina le dijo, “No lo creo. Los caballeros que escójo son más apuestos.” Berowne exclamó, “¡Ah!” A continuación, Berowne respondió con tono mordaz a la bella Rosalina, diciendo, “¿Pues qué los quieres a todos como amantes?” Rosalina le contestó, “Con tal que usted no sea uno de ellos…” Esas hirientes palabras calaron profundamente en el ánimo del frustrado conquistador. Berowne hizo una reverencia, y dijo, “Entiendo, y me retíro señora.”
     En otra parte de la reunion de bienvenida, Fernando dialogaba con la princesa. Fernando dijo, “Princesa, tu padre asegura que pagó 100 mil coronas por el territorio de Aquitania.” La princesa dijo, “Tal es el trato que hicieron hace tiempo.” Fernando dijo, “Pero yo asegúro que jamás oí hablar de tal pago. Si me lo puedes probar, con gusto cumplo con el tráto.” La princesa lo miró conteniendo su indignación, y le dijo, “Haces una gran ofensa a mi padre. Pero te tómo la palabra.” Enseguida, la princesa se dirigió a Boyet, diciendo, “Boyet, muéstrale los recibos por esa cantidad.” Boyet le dijo, “Lo siento, princesa, pero el paquete con los documentos no ha llegado aún.” Fernando dijo, “Será necesario ver los comprobantes mientras acepta mi hospitalidad.” La princesa dijo, “¿Llamas a esto hospitalidad?” Fernando le dijo, “Aunque no puedas cruzar la puerta de mi palacio, aquí afuera estarás en mi propio corazón.”
    La princesa dijo, “¡Adiós! Deseo lo mejor a su gracia.” Cuando las cuatro hermosas damas se retiraban, Dumaine preguntó a Boyet, “Una pregunta caballero, ¿Quién es esa dama?” Boyet le dijo, “Catalina, la heredera de Alanson.” Dumaine dijo, “Encantadora criatura caballero, ¡Hasta la vista!” Enseguida, Longaville se acercó a Boyet y le dijo, “Una palabra, por favor, ¿Quién es la de blanco?” Boyet le dijo, “Es María, la heredera de Falcon Bridge.” Longaville le dijo, “Es una deliciosa criatura.” Boyet dijo, “Así es.” Enseguida, Berowne preguntó a Boyet, “¿Cómo se llama la dama de la caperuza?” Boyet contestó, “Rosalinda, por venturosa casualidad.” Berowne preguntó, “¿No está casada?” Boyet contestó, “No tiene otro marido que su capricho.” Berowne dijo, “Gracias señor. Sé bienvenido.”
     Poco después, por mandato del rey, se levantaban confortables tiendas para alojar a campo abierto a la ilustre visitante, y su séquito. La princesa de Aquitania, dijo a Boyet, quien era su secretario, “No puedo negar que el rey es hombre de palabra, y no la quebranta fácilmente.” Boyet le dijo, “En grave aprieto lo has metido.” La princesa le dijo, “No más grave que en el que estoy yo, por su causa.” Boyet le dijo, “Pues él sufrirá mi veces más incomodidades…porque está herido.” La princesa le preguntó, “¿Qué quieres decir?” Boyet le dijo, “Que sus ojos no ocultan ni la pasión ni el deseo. Y estoy seguro que te regalaría Aquitania, si le dieras un solo beso de amor.” La princesa exclamó, “¡Oh!” Pero Rosalina le dijo, “Lo que pasa es que eres un viejo galanteador.” Lady María dijo, “Es el abuelo de Cupido, por eso sabe lo que sabe. ¡Ja Ja!”
     Mientras tanto, Don Armando dialogaba con Costard, quien estaba preso en una mazmorra. “Costard, mi excelente patán, te voy a soltar.” Costard le dijo, “¿Me dará usted una purga?” Don Armando le dijo, “Quiero decir que te dejaré en libertad, a cambio de un favor.” Costard le dijo, “Soy todo oídos.” Don Armando le dijo, “Lleva ésta carta a Santiaguilla; y aquí tienes una remuneración.” Costard le dijo, “¿Remuneración?” Don Armando pensó, “Nada pierdo con intentar la conquista. Y si no me hace caso la moza…pues, ¡Aquí no ha pasado nada!”
     Más tarde, Berowne se encontraba con Costard, diciendo, “¡Hombre! Mira a quien me encuentro. Al excelente bribón de Costard. ¡Feliz Hallazgo!” Costard le dijo, “Una pregunta, señor. ¿Cuánta cinta color de rosa se puede comprar con una remuneración?” Berowne le dijo, “¿De cuánto es la remuneración?” Costard le dijo, “¡Caray señor! Tres cuartos de penique.” Berowne le dijo, “¡Pues te puedes comprar tres cuartos de penique de seda!” Berowne agregó, mostrando un carta, “Pero déjate de preguntas bobas, y hazme un favor.” Costard le dijo, “¿Otra carta?” Berowne dijo, “Ésta tarde vendrá la princesa a cazar aquí. Le darás la carta a Rosalina, una dama de su séquito.”
    Costard dijo, “E-Eso va a estar un poco difícil…” Berowne extendió la mano con una moneda y dijo, “Este chelín es tu gratificación, ¿Me entiendes?” Costard tomó la moneda y dijo, “¡Oh!¡Gratificación!¡Qué diferencia con una remuneración!” Costard se dio la vuelta para marcharse, diciendo, “Haré exactamente lo que me pide.” Berowne le dijo, “Pues andando bribón.” Mientras caminaba, Costard pensó, “Once peniques más. ¡Oh gratificación infinitamente dulce!” Por su parte, Berowne pensó al ver a Costard, “Mira a su gratificación como un hombre enamorado a su amada. ¡Je Je!” Berowne continuó pensando, “Pero, ¿qué pienso? El enamorado soy yo. ¡Caramba! Yo, que era tan severo con los suspiros de los enamorados. ¡Cupido me ha castigado, apasionándome por una coqueta morilla! Y lo peor de todo es que amando me perjúro! Pues bien, ¡Sea! Amaré, gemiré, escribiré y  rogaré. ¡Total no lo podré evitar!”
     Esa tarde, le princesa apuntaba con un arco y una flecha hacia un jabalí, diciendo, “Ésta presa no escapará.” Boyet le dijo, “Diana la cazadora guiará tu mano.” Pero en ese preciso momento,  la princesa fue interrumpida por Costard. La princesa dijo, “¿Qué quieres, por Dios, qué quieres?” Costard le dijo, “Tengo una carta de mi señor Berowne para una tal dama Rosalina.”
     El retozón cerdito puso tierra de por medio. Boyet se encolerizó y dijo a Costard, “¡Insolente, hiciste que la princesa perdiera su presa!” La princesa lo detuvo y dijo, “Deja, mi querido Boyet. Éste asunto parece interesante.” A continuación, la princesa se dirigió a Costard y le dijo, “Dámela jovencito. Al fin que es para una de mis amigas.”
     La princesa dio la carta a Boyet, diciendo, “Boyet, ábrela, veremos de qué se trata.” Al recibir la carta Boyet dijo, “Creo que hay un error. Ésta carta está dirigida a Santiaguilla.” Costard se retiró, y la princesa dijo a Boyet, “La leeremos de todos modos. Haz lo que te digo, y agucen todos el oído.”
     Boyet abrió la carta y leyó, “¡Oh, hermosa!¿Mandaré en tu amor? Yo soy como el rey, y tu mi simple mendiga.” La princesa lo interrumpió, diciendo, “¿Qué quéee?” Boyet continuó, “ ‘Yo soy como el león que te tiene bajo la garra, y tu eres la carnaza. Si te resistes serás pasto de mi rabia.’ Está firmada por Adriano de Armando.” La princesa dijo, molesta, “¡Pero qué fanfarrón! ¿Has oído algo mas chúsco?¿Quién es ese pelmázo?” Boyet dijo, “Armando, es un español que reside aquí en la corte.”
     La princesa dijo, apuntando con su arco, “Pues ha de tratarse de un bufón.” Boyet le dijo, “Mas o menos, porque sirve de entretenimiento al rey, y sus compañeros de estudios.” Verdaderamente enfadada, la princesa apuntó hacia una buena presa, diciendo, “Vaya esta saeta hacia el corazón del gamo.” Boyet agregó, “Como tus palabras al corazón del navarro.” La flecha voló ágilmente, y alcanzó el blanco, hiriendo mortalmente a un cervatillo, causando admiración entre los concurrentes.
     Tan rápido como el vuelo de la flecha, la noticia del afortunado tiro llegó a todos los rincones de Navarra, donde un cura, el profesor Holofernes, y un Condestable dialogaban. Así, al enterarse de la noticia, el cura Nataniel, exclamó, “¡Ave María!” Pero el Condestable le corrigió, diciendo, “Te digo que no era un ave, sino cervatillo.” De manera chistosa, el profesor Holofernes levantó las manos hacia arriba, y exclamó , “¡Oh, ignorancia!” El cura Nataniel defendió al condestable, diciendo, “No te enfades con éste pobre animal, que jamás se ha nutrido de las sutilezas que hay en los libros.”
     El profesor Holofernes agregó, “Evidentemente su intelecto no ha sido amueblado.” El cura Nataniel dijo, “Vamos, mi buen Holofernes, no seas tan duro con este tonto sensible solamente de las padres groseras.” El Condestable se enojó y dijo, “Bueno, ¡Ya basta!” El cura Nataniel y Holofernes dejaron escapar una sonora carcajada, “¡Ja, Ja, Ja!” En ese momento llegaba Santiaguilla con los señores, diciendo al cura, “Señor cura, tenga la bondad de leerme ésta carta que me envía Don Armando.” El cura tomó la carta, diciendo, “¡Ah viejo Matuano! Quien no te conozca que te compre, ¡Ja, Ja!”
     Con avidéz y delicia, el cura leyó el contenido de la carta de amor, ante la impaciencia del profesor, quien se acercó al cura y dijo, “¡Ejem! Con permiso, amigo. ¿Qué dice?” Tras observarla Holofernes dijo, “¡Oh! Pero si son…¡Versos!” El cura Nataniel agregó, “Y bastante bien escritos, por cierto.” A continuación, el cura leyó en voz alta la carta, “Perjuro soy por amaros, y sería grande locura no rendirse y adoráos.” Holofernes le arrebató la carta diciendo, “No marcas bien los acentos, y por ello no se siente bien el ritmo ¡Presta! La leeré yo.” El cura se dirigió a Santiaguilla, diciendo, “¿Es a ti, virginal damisela, a quien esto va dirigido?” Santiaguilla dijo, “¡Si!” Holofernes dijo, “¡Pues no! Según el sobre va dirigida a Doña Rosalina, del parte del caballero Berowne.”
     El cura dijo, “Entonces así andan las cosas entre los caballeros del rey…¡Vaya, vaya!” Holofernes dijo, “¡Mmm! Se han de haber confundido las cartas.” Enseguida, el cura dijo a Santiaguilla, “Vuela con paso ligero, monina, y deja este escrito en la mano del rey, que puede ser importante.” Después de entregar la carta, el cura dijo a Holofernes, “Caballero, ha obrado usted devotamente y de acuerdo con el temor de Dios.” Holofernes le dijo, “¡Gracias, amigo mío! Y, ¿Te han gustado los versos?” El cura dijo, “¡Admirables! Esto merece ser comentado durante la cena que me han ofrecido algunos fieles, ¿Me acompañas?” Holofernes le dijo, “Con gusto, hoy tendremos doble placer, la comida y la charla. ¡Vamos!”

     Mientras tanto, Berowne caminaba por una vereda en el bosque, diciendo, “¡Oh, dolor! He sido alcanzado por la flecha de Cupido, tal como la del cervatillo por el furtivo cazador. Y lo peor de todo es que tengo que esconder este sentimiento como el ladrón esconde su botín. Perjuro soy y…¿Eh? Parece que alguien viene.” Enseguida, Berowne se subió a un árbol, y pensó, “Más vale averiguar si se trata de amigo o enemigo desde lugar seguro.” Al poco tiempo, Berowne arriba desde el árbol ,vio a un hombre acercarse, y pensó, “¡Anda! Pero si se trata del rey en persona.”
     El rey caminaba leyendo una carta, diciendo, “¡Oh reina de reinas! Tu perfección es tanta…Ni la luna de plata es tan resplandeciente como tu rostro puro y complaciente. ¡Snif!” Cuando Berowne escuchó eso, pensó, “¡Cielos! También lo ha herido la flecha de Cupido.” Un leve crujir de ramas secas, sacó a Fernando de su soliloquio, “Ella tiene que conocer mi pena, y…¡Oh! Parece que no estoy solo, mejor me oculto.” Fernando se ocultó, y Berowne vio desde arriba del árbol acercarse a un tercer hombre, quien no era otro más que Longaville, y pensó, “Miren nada mas a ese bobo. Trae versos hasta en el sombrero. ¡Uf!” Igualmente, Longaville leía una carta, diciendo, “¡Ay!¡Perjuro soy!”
     Berowne pensó al verlo, desde el árbol, “No seas presumido, ¡Je, Je!” Por su parte, Fernando pensó también, desde su escondite, “¡Dulce camaradería, es compartir la misma vergüenza!” Por su parte, Berowne pensó, desde el árbol, “Nada más grato para un borracho, que encontrar a otro borracho.” Longaville seguía leyendo y diciendo, “¿Seré yo el único perjuro?” Berowne pensó, “Hay otros dos en tu mismo caso, compañero.” Longaville leyó, “¡Oh, dulcísima María! Emperatriz de mi amor… Estas estrofas no expresan la inmensidad de mi amor. Mejor voy a revisar los otros versos: Jure apartarme del mundanal ruido, pero siendo tu una Diosa, es diferente la cosa…”
     Berowne pensó, “Miren nada mas lo que hace el amor. Transformar a una gansilla blanca en una Diosa. ¡Je, Je!” Longaville continuó, “Estos suenan mejor. Ahora falta ver con quien se los mando. ¿Eh? Alguien llega.” Longaville pensó, “Me esconderé aquí.” Y se escabulló entre las ramas. El cuarto hombre presente no era otro más que Dumanie, quien decía, “¡Oh, cómo sufro! Divino Ángel, ¡Catalina!” Longaville pensó desde su escondite, “¡A éste papanátas el amor lo tiene hecho un tonto! ¡Je, Je!” Dumaine continuaba, y levantando los brazo al aire dijo, “Jamás ojos humanos vieron maravilla semejante a ti.”
     Berowne pensó, “¡Mientes rata!” Dumaine continuó, con los brazos levantados, “¡Y qué no daría porque mis deseos se vieran cumplidos!” Fernando pensó, “¡Y los míos!” Longaville pensó, “¡Y los míos!” Berowne agregó también, en su pensamiento, “¡Amén, amén!” Enseguida, Dumaine dijo, “¡Ah, si mis amigos estuvieran enamorados como yo!” Berowne pensó, “¡Definitivamente yo si lo estoy!” Dumaine agregó, “No cometería ninguna falta si todos fuéramos víctimas de la misma debilidad…” En ese momento, Longaville se hizo presente a la vista, diciendo, “¡Ajajá! Tratas de enredarnos en tus debilidades, ¿Verdad? ¡Pena te debería dar!” Fernando también se hizo presente y a la vista, y dirigiéndose a Longaville dijo, “Pena te debería dar a ti, Longaville. Yo te he visto más apasionado aun.” Longaville se sorprendió y dijo, turbado, “E-Er..¡Ejem!” Fernando continuó, “Escuché los versos de los dos, par de perjuros. ¿Qué dirá Berowne cuando se entére?”
     Longaville tragó saliva, cuando en ese momento Berowne también se hizo presente y bajando del árbol dijo a Fernando, “Ciertamente tienes gracia para regañar a esos dos, majestad.” Los tres exclamaron con asombro, “¡Oh!” Berowne continuó, y señalando a Fernando dijo, “¡Pero tú eres el más enamorado de los tres!” Fernando también tragó saliva, pero Berowne continuó, y dijo, “¿No te da vergüenza? Viste la paja en el ojo de Dumaine. El rey la vio en los ojos de los dos. ¡Y yo he visto una viga en los ojos de cada uno! ¡Je, Je!” El rey Fernando reaccionó, y dijo, “E-Er…¡Cajum! ¿De verdad nos has traicionado, espiándonos?” Berowne le dijo, “¿Traicionarlos yo?” Berowne agregó, “Soy el único que he cumplido. ¡Los traidores son ustedes!” En ese momento llegaba Costard y Santiaguilla, diciendo, “¡Dios bendiga al rey! Traigo una carta sospechosa.”
     Fernando dijo, “¿Cómo dices?” Santiaguilla dijo, “Que según el cura Nataniel, ésta carta es sospechosa de traición.” Fernando tomó la carta y dijo, “¡Mira qué sorpresa! Es letra nada menos que de Berowne.” Berowne se abalanzó, y dijo, “¡No leas esa carta, te lo suplíco!” Fernando lo detuvo, y dijo, “¡Quita! Pero qué interesante…mmm.” Berowne se arrodilló, diciendo, “¡Soy culpable, señor. ¡Lo confieso!” Fernando le dijo, “¡Ah sí!¿Y qué confiesas?” Berowne le dijo, “Que esa carta también revela que yo también estoy enamorado?” Fernando dijo, “¡Ajá! Entonces somos cuatro los perjuros, ¿No?” Berowne dijo, dirigiéndose a Costard y Santiaguilla, “Sí, sí. Y ustedes tórtolos, ¿Qué esperan que no se van?” Fernando también los corrió, diciendo, “¡Vamos, lárgo de aquí!” Costard dijo a Santiaguilla, “Vámonos los honrados, y dejémos solos a los perjuros.” Santiaguilla exclamó, “¡Ja, Ja!”
     Ya estando solos los cuatro, Fernando estando ya más tranquilo, dijo a Berowne, “Así que tú también estas enamorado.” Berowne le dijo, “¿Y quién no lo estaría después de estar cegado por la blancura de Rosalina?”  Fernando le dijo, “Pero, ¡El cielo me valga! Si tu enamorada es negra como el ébano.” Berowne le dijo, “Yo probaría que es la claridad misma, aunque para ello, discutiera hasta el día del juicio final.” Dumaine dijo, “Jamás vi a nadie conceder tanto precio por tan mala mercancía.” Longaville sacó su zapato y mostrándolo dijo, “Toma, mira mi zapato y veras el rostro de tu bella, ¡Ja, Ja!”
     Fernando interrumpió diciendo, “Bueno, ¡Basta!¿No estamos todos enamorados?” Berowne dijo, “¡Cierto! Y a causa de eso somos perjuros.” Berowne agregó, “Pero, ¡Claro, no podía ser de otra manera!” Fernando dijo, “¿Qué dices?” Berowne explicó, “Que hemos tratado de encontrar la sabiduría renegando del más sagrado de los libros.” Fernando dijo, “¿Cuál?” Berowne dijo, “¡La mujer!¿Qué autor en el mundo enseñaría tanto sobre la belleza como los ojos de una mujer? Ellas son el fundamento de toda sabiduría.”
     Lleno de júbilo, Fernando dijo, “¡Cierto! La más bella poesía ha sido escrita bajo el influjo del amor.” Berowne dijo, “Así pues invoquemos a San Cupido.” Dumaine dijo, “¡Entablemos combate!” Fernando dijo, “¡Adelante soldados!¡Conquistemos a las hijas de Francia!” Longaville dijo, “¡Eso, sobre el enemigo!¡Y al suelo con ellas!” Dumaine dijo, “¡Hurra!¡Viva!” Berowne dijo, “¡Escúchen, tengo un plan!” Fernando dijo, “Soy todo oídos.” Pero no contaban con otro observador, quien se había sumado al complot sin haber sido invitado. Don Armando, escondido entre la maleza y los arbustos, pensó, “¡Mon Dieu! Con que así están las cosas, ¿Eh?”
     Poco más tarde, Holofernes, Condestable, y el cura Nataniel regresaban del alegre convivio. Mientras caminaban, Nataniel dijo, “No cabe duda que eres ingenioso, amigo Holofernes, tus dichos en la mesa han sido magníficos.” Holofernes dijo, “No menos que los tuyos, mi estimado cura.” En ese momento, Don Armando y Moth los encontraban.
    Don Armando dijo, “Dichosos los ojos que los pueden ver. Precisamente iba a buscarlos.”  El cura Nataniel dijo, “Grata coincidencia, ciertamente.” Don Armando dijo, “Caballeros, sepan que el rey quiere ofrecer una obra de teatro a la princesa.” Holofernes dijo, “Allí estaremos, faltaba mas.” Pero Don Armando dijo, “Claro que estarán allí, porque ustedes se encargarán de los preparativos.” El cura Nataniel dijo, “Magnifica idea. ¿Qué tal si montamos, ‘Los Nueve de la Fama?’” Holofernes dijo, “¡Excelente obra! Tú mismo harás de Josué.” El cura Nataniel dijo, “Y tú de Judas Macabeo, ¡Ja, Ja!” Enseguida, Holofernes apuntó con su dedo índice a Condestable, y dijo, “Y éste enorme patán representará el papel del gran Pompeyo.” Dull, el condestable dijo, “Y Moth será…¡Hércules!”
     Don Alonso dijo, “¿Y éste pequeñín? No representaría ni al pulgar de Hércules.” El cura dijo, “Lo representará cuando era niño.” El cura agregó, “¡Eso! No tiene más que estrangular a la serpiente y ya.” Don Alonso rió, y dijo, “¡Ja, Ja! No cabe duda que son ustedes insuperables en éste género de artes.” Don Alonso agregó, “Pero todavía nos faltan varios valientes.” Holofernes dijo, “Yo haré varios papeles en caso necesario.” El Condestable Dull dijo, “Perdonen, pero no he entendido nada. Sin embargo, yo puedo tocar el tambor para dar ambiente a la fiesta.” Holofernes dijo, “¡Bravo Dull! Con eso completamos el espectáculo.” El cura dijo, “Pues que no se hable más del asunto. ¡Manos a la obra!”
     Mientras tanto, la princesa dialogaba con sus damas, “Corazones míos, antes de marcharnos, seremos ricas si los regalos nos siguen lloviendo.” La princesa portaba una carta y un anillo. Una de sus damas, Rosalina, le dijo, “¡Qué diamante más bello te ha regalado tu real enamorado.” La princesa dijo, “Y eso no es nada. Hay que ver cuántos versos tan inspirados me ha mandado.” Otra de sus damas, Catalina dijo, riendo, “Llenó todas las hojas de papel por los dos lados y no perdonó ni los márgenes. ¡Ja, Ja!” Rosalina dijo, al abrir su carta, “No cabe duda que Cupido ha matado cuatro pájaros de un solo tiro.”

    Todas riéron. Rosalina continuó, “Pero vean que fascinante regalo he recibido.” Rosalina exhibía una pequeña estatuilla de porcelana de dos enamorados bailando. La princesa le dijo, “¡Es una maravilla! Espero que tu enamorado baile igual de bien.” Enseguida, la princesa se dirigió a Catalina, y le dijo, “Y a ti, Catalina, ¿Qué te envió el apuesto Dumaine?” Catalina mostró su mano con un guante diciendo, “Éste guante y un millar de versos.” La princesa le dijo, “¿Y el otro guante?” Catalina le dijo, “Me lo quiere poner él mismo.” Rosalina dijo, “Falta que te dejes. ¡Ja, Ja!”
     Maria dijo, “Yo he recibido ésta gran carta y un pequeño collar de perlas.” La princesa dijo, “Seguramente hubieras preferido que la carta fuera más chica y el collar mas grande, ¿No?” Todas rieron. ¡JA, JA, JA!
     En ese momento, Boyet llegaba, y dirigiéndose a la princesa, dijo, “¡Prepárate señora! Y ustedes, listas para el combate.” La princesa dijo, “¿Qué pasa?” Boyet dijo, “El rey y su séquito vienen disfrazados de rusos, y su intención es galantearlas.” La princesa exclamó, “¡Oh! Pero, ¿Para qué?” Boyet dijo, “Para declarar su amor a su escogida, a la que reconocerán por los regalos que les han dado.”
     La princesa dijo, “Así que vienen a burlarse de nosotras, ¿Eh? Pues ellos serán los burlados.” Rosalina dijo, “Prepárense, chicas. Pongan sus regalos a la vista. Ésta vez caerán en nuestras redes, y les haremos mendingar nuestro amor.” Enseguida, la princesa repartió unas mascaras, diciendo, “Estos antifaces ocultarán nuestra identidad.” Las trompetas anunciaron la llegada de los supuestos viajeros. Entonces la princesa hizo algo, diciendo, “¡Pronto! Dame tu regalo, Rosalina.” Rosalina hizo lo mismo, diciendo, “Y nosotras también cambiaremos los nuestros.” Poco mas detrás, Fernando y sus amigos llegaron a las tiendas sin sospechar que ya eran esperados. La princesa y sus damas estaban sentadas todas juntas, con sus respectivos antifaces. Por su parte, Fernando y sus amigos venían también disfrazados, portando cada quien una casaca rusa. A continuación, Boyet extendió un pergamino, y leyó, “A las más resplandecientes hermosuras de la Tierra, ¡Salud!”
     Después del discurso de presentación y las formalidades obligadas, los galanes se lanzaron al ataque. El primero fue Fernando, quien disfrazado con su indumentaria rusa, se arrodilló frente a Rosalina y le dijo, “Concédeme tu mano, hermosa.” Rosalina, extendiendo su mano, le dijo, “¡No le doy mi mano!¡Ni para bailar!” Fernando dijo, “Entonces, ¿Por qué me la das?” Rosalina dijo, “Para despedirnos como buenos amigos. ¡Vámonos chicas!” Enseguida, Berowne se arrodilló frente a la princesa, disfrazada con su antifaz, diciendo, “Señora, si me das un poco de dulzura, te amaré toda la vida.” La princesa le dijo, “Entonces, te daré tres dulzuras.” Berowne dijo, “¡Sí, sí!” La princesa le dijo, “¡Miel, leche y azúcar! ¡Ja, Ja!” Berowne le dijo, “¡Ah! ¿Te burlas de mi?” Pero la princesa le dijo, “¿Yooo?¿Me crees capaz? Entonces, ¡Adiós!”
     Por su parte, a Dumaine no le iba mejor, y los nervios lo traicionaron. Incado frente a Catalina, decía, “Qui-Quisiera cambiar u-unas pa-palabras con usted…” Pero Catalina le dijo, señalándolo con su dedo índice, “¿A ese ritmo? Nos pasaríamos toda la tarde solamente para despedirnos, ¡Ja!” Dumaine exclamó, “¡Oh!” Longaville, incado ante María, se deshacía en promesas de amor. María le dijo, “Tienes la lengua mas suelta que un ternero.” Longaville le dijo, “Ya estoy un poco grande para ternero.”
    María le dijo, “Si no eres ternero, entonces serás, ¡Buey!” Longaville le dijo, “Todavía no nos casamos y…¿Ya me quieres poner los cuernos?”  La princesa y sus damas, rieron a distancia de los caballeros. Y antes de que se pudieran reponer de la sorpresa, Fernando habló por el grupo de los caballeros, y dijo a sus amigos, “¿Qué tal? Se han burlado de nosotros y nos han zarandeado a su gusto.”
     El grupo de damas dejó escapar una sonora carcajada. ¡JA, JA, JA! Enseguida, Fernando les gritó, “¡Adiós, locas doncellas!” Los otros caballeros, amigos de Fernando les gritaron, “¡Estrechas de espíritu!” Pero la Princesa les contestó, “¡Mil veces adiós, Moscovitas helados!” Rosalina les dijo, “¡Gordos cebados!”
     Poco después, cuando los frustrados amantes se habían retirado, en la tienda de las damas se quedó un espíritu de depresión y angustia. La princesa dijo, “¡Oh, Miseria de Espíritu!¡Oh, broma real aún más miserable!¿No les parece que ellos, ésta noche van a ahorcarse? Y nosotras tras ellos.” Boyet interrumpió el lamento y dijo, “No se dejen llevar por la angustia. Más tardarán en irse que en volver.” La princesa le dijo, “¿Crees?” Boyet le dijo, “Tan seguro estoy como que me llámo Boyet. Lo mejor es que se preparen para recibirlos otra vez.”  
     Tal como Boyet lo dijo, los enamorados no tardaron en regresar. Al llegar, Fernando fue quien habló por el grupo, “Dios te guarde, amable caballero. ¿Está la princesa?” Boyet dijo, “Está en su tienda, ¿Le doy algún mensaje?” Fernando dijo, “Dile que me haga el honor de concederme una entrevista.” Boyet dijo, haciendo una reverencia, “Con gusto, señor. Enseguida vuelvo.” Así, Boyet entró a la tienda y dijo, “¿No les dije? Allí vienen como corderitos. El resto está en sus manos.” La princesa dijo, “¡Oh! Boyet ¡Qué feliz me siento! No sé qué haría sin tu consejo.” Al ser recibidos, Fernando tomó la palabra, y dijo, “Señoras, queremos alojarlas en nuestra corte.”
     La princesa de Francia dijo, “No consentiré que por nuestra causa cometan perjurio.” Fernando le contestó, “Señora, no hagas más grande mi pena. Ustedes viven en soledad y sin distracciones por mi causa.” La princesa dijo, “En soledad sí, pero no nos han faltado distracciones.” Lady Rosalina agregó, “Sobre todo, con ciertos…rusos.” Fernando se llevó el puño a su boca, y dijo, “¡Ejem!¡Cajum!” Berowne dijo, “Nos hubieran avisado y las hubiéramos defendido…” Pero Rosalina lo señaló con su dedo índice, y le dijo, “¿Qué disfraz llevabas?”
     La pregunta fue tan directa que todos quedaron mudos al verse descubiertos. Berowne exclamó, “¡Gulp!” Longaville exclamó, “¡Có-cómo?” Fernando dijo a Longaville, en voz baja y cubriéndose los labios, “Nos reconocieron. Mejor confesemos y echemos la cosa a broma.” Longaville dijo, también en voz baja, “¡Eso!” Pero la cosa no iba en broma, y la princesa dijo, “Los perdonamos si cumplen su palabra de matrimonio.” Fernando dijo, “¡Oh! C-Con gusto Princesa. No sabes lo dichoso que me haces.” Pero la princesa le dijo, “Entonces te casarás con Rosalina.” Fernando dijo, “¿Que quéee?” Rosalina le dijo, “A mí me pediste la mano, señor.”  
     Enseguida, la princesa dijo, señalando con su dedo índice a Berowne, “Y tú, Berowne, me juraste amor eterno.” Berowne dijo, “¿Yoo?¡Gulp! Muerto soy.” Dumaine habló y dijo a Longaville, “¡Ah! Ahora comprendo. Cambiaron los regalos y nos hemos comprometido con las damas equivocadas.” Longaville le dijo, “¡Oh, crueles mujeres! Otra vez nos obligan a cambiar nuestros juramentos.”
     Y el lío se hubiera puesto más difícil de no haber llegado a tiempo Costard, diciendo, “¡Estamos listos!” Fernando dijo, “¡La obra de teatro! Casi lo olvido.” Berowne dijo, “Esto alegrará sus ánimos lo suficiente para que volvamos a intentar una reconciliación.” Antes de caer la tarde, damas y caballeros disfrutaban con la gracia den los improvisados actores. Así, ya en el escenario, vestidos de romanos, el cura Nataniel decía al profesor Holofernes, “¡Soy Pompeyo! Llamado el Gordo…digo, el grande.” El publico reía. Efectivamente las bellas estaban de mejor ánimo.
    Rosalina dijo a la princesa, “¿Los perdonamos?” La princesa le dijo, “Sí, pero déjalos que sufran otro poquito.” Pero tal parecía que el destino se oponía a la realización de su felicidad. En medio de la función, en ese momento, Boyet se acercaba a la princesa, diciendo, “Perdona, señora. Tengo algo muy grave que comunicarte.” La princesa se levantó, y abandonó la función, y ya afuera de la tienda, dijo, “Me asustas Boyet, ¿Tan grave es el asunto?” Boyet le dijo, “Tu padre, el rey…” La princesa comprendió, y dijo, “¡Hay de mí!¿Ha muerto?” Boyet le dijo, “Así es, señora.”
     Al poco tiempo, dentro de la tienda, Dumaine se puso de pie, y dijo,  dirigiéndose a los actores, “Valientes, suspendan la obra. El ambiente se ha ensombrecido.” El Cura Nataniel exclamó, “¡Oh!” Ya fuera de la tienda, Fernando tomaba de las manos a la princesa y le decía, “Señora, cuenta conmigo en éste momento de dolor.” La princesa le dijo, “Tengo que regresar inmediatamente a Francia.” Fernando le dijo, “En éste último momento, concédeme tu amor.”
     La princesa le dijo, “Escúchame bien, alteza…todos ustedes han perjurado y esto es muy grave.” Fernando le dijo, “¿Qué podemos hacer para que nos perdones?” La princesa le dijo, “Irán a una ermita solitaria, lejos de todos los placeres mundanos. En ella permanecerán un año completo. Si después del plazo nos vuelven a hacer el mismo ofrecimiento, aceptaremos.” La princesa hizo una pausa, y agregó, “Yo, mientras tanto, me recluiré en una cámara de duelo a llorar a mi padre.” Fernando lleno de confusión dijo, “Pe-Pero, pero…” A su vez, Rosalina se despidió de Berowne, y le dijo, “Todas acompañaremos a nuestra señora en su dolor.” Berowne le dijo, “Bello gesto, ciertamente.” Rosalina agregó, señalando con su dedo índice a todos, “Así que lo mismo va para todos ustedes.” Berowne le dijo, “¿Un año también?”
     Cuando las damas se retiraron, Fernando dijo a sus amigos, “No se aflijan, que ahora sí tiene sentido el retiro.” Longaville dijo, “Es verdad.” Berowne dijo, “Con la mortificación, puliremos nuestro carácter.” Longaville agregó, “Y ganaremos el favor de nuestras amadas.”
     Así, antes de caer la noche, la caravana de damas partía de regreso, en su carruaje. A la distancia, Fernando las despedía, hondeando su brazo, y diciendo, “Un año pasará pronto.” Berowne agregó, “¡Adiós! La próxima vez ya no nos separaremos.”      
 Tomado de Novelas Inmortales Año XV No. 725,  Octubre 9 de 1991. Guión: Fernando Engel. Adaptación: C. M. Lozada. Segunda Adaptación: José Escobar.   
                           

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