Club de Pensadores Universales

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lunes, 4 de julio de 2011

Curso de Lingüística General de Ferdinand Saussure

       Ferdinand Saussure, lingüista suizo, considerado el fundador de la lingüística moderna, nació en  Suiza, el 26 de noviembre de 1857, y murió a los 55 años, el 22 de febrero del 1913.
     Estudió sánscrito en Leipzig, Alemania, donde tuvo como influencia a los neogramáticos, que buscaban renovar los métodos de la gramática comparada. Luego se dedicó al estudio de la lengua indoeuropea y publicó a los 21 años, Memoria Sobre el Sistema Primitivo de Vocales en las Lenguas Indoeuropeas con tal rigor y método (gramática comparada) que hoy sigue vigente. Al año siguiente, publíca su tesis doctoral titulada, Sobre el Empleo del Genitivo Absoluto en Sánscrito, trabajo que le da los méritos para ser nombrado profesor de Gramática Comparada de la Escuela de Altos Estudios de París.
       Después de trabajar como profesor en una escuela superior en la ciudad de París, durante diez años, es nombrado profesor de gramática comparada en la Universidad de Ginebra. Saussure estaba preocupado por los problemas del lenguaje.
       Fruto de todos estos años sería la publicación póstuma, en 1916, tres años después de su muerte, del Curso de Lingüística General, el cual se convertiría en todo un hito en la historia de la lingüística. Su publicación fue realizada por sus alumnos Charles Bally y Albert Sechehaye, quienes se basaron en la reelaboración de los apuntes tomados por varios alumnos (Ch. Bally, A. Sechehaye, H. Frei, A. Meillet, J. Vendries) a partir de las tres ocasiones en que Saussure impartió el curso en dicha universidad, entre los años 1906 y 1911.
      Aunque la repercusión de ésta obra no fué inmediata en los años siguientes, su apórte fué trascendente para el desarróllo de ésta ciencia durante el siglo antepasado. Asimísmo, ésta obra fué la inspiración del movimiento intelectual que comenzó con la obra de Levi-Strauss, Tristes trópicos, denominado Estructuralísmo.
      Saussure llamó lingüística al área de los estudios del lenguaje porque su principal preocupación era fundar una ciencia positiva. El término positivísmo nos remite al campo de problemas de Auguste Comte, uno de los creadores de este paradigma, quien propuso como principio fundante de toda ciencia moderna el abandóno de la especulación sobrenatural en favor de la búsqueda de evidencia empírica. Saussure propone estudiar el lenguaje como un conjunto de actos de la comunicación humana que pueden percibirse como fenómenos de la experiencia concreta.
    Para entender un poco mejor el surgimiento de la lingüística positivísta de Saussure bien podemos hacer un breve resumen de las formas de conocimiento y reflexión sobre el lenguaje con las cuales Saussure entabló un debate o conflicto.
       Durante milenios los estudios religiosos del lenguaje fueron conocidos como hermenéuticas de los textos sagrados. Tales estúdios suponían que el lenguaje tenía un origen divino y se remitía a la verdad revelada por Dios. Pero para llegar a lo divino había que superar lo mundano y para ello era necesario el camino pedregoso de la interpretación. La hermenéutica religiosa consiste en buscar lo que está oculto, atravesar lo que está evidente -el texto - para alcanzar los velados fundamentos metafísicos del mundo. No hay para los religiosos leyes empíricas del lenguaje porque éste es una mera apariencia que oculta lo sagrado.
       Por supuesto que Saussure rechaza éste campo de estudios; él piensa el lenguaje como una realidad en sí misma. Saussure tiene en cuenta también las gramáticas particulares. Sostiene que la lingüística se opone a aquellas porque son un conjunto de leyes específicas de cada idioma. Como se sabe, el Español, el Inglés, el Alemán o cualquier otro idioma tiene sus propias leyes y su propio diccionario. Las leyes de cada uno no valen para los demás. Cada vez que se aprende un idioma se vuelve a empezar, porque no hay leyes gramaticales universales que valgan para todos los idiomas. Notemos que Saussure no habla de idiomas sino de lenguas. Además entiende que la ciencia de la lingüística debe apuntar a algo concreto; que el conocimiento debe surgir en base a una evidencia empírica y no en base a la intuición, la inspiración o la subjetividad. Es exactamente eso lo que Sassure plantea con el concepto de Lenguaje.
        El Lenguaje es la única materia concreta y evidente con la que cuenta la lingüística, y Saussure lo define como el voluminoso conjunto de elementos que permiten a los humanos comunicarse en el más ámplio sentido de éste acto. A grandes rasgos, podemos reducir la materia del Lenguaje a tres clases de fenómenos. Primero, los de índole psíquica: que consisten básicamente en la capacidad del cerebro para asociar ideas o conceptos con sonidos que tienen lugar dentro de la mente. Segundo, los fenómenos fisiológicos: producidos cuando el aparato de fonación (boca, garganta, cuerdas vocales), o el de motricidad manual, reaccionan ante las órdenes que envía el cerebro para traducir los signos de la mente en los sonidos de la lengua oral o los trazos de la lengua escrita. Pero nada de esto se completa si no ocurre el fenómeno físico que implica la propagación de las ondas sonoras o de las imágenes visuales por un medio propicio para el acceso del mensaje a un receptor. Tenemos así conformada la materia de la lingüística, hechos y procesos que van desde las palabras que representamos internamente, (pensar en voz alta), hasta la facultad discursiva general que implica hablar, escribir o intercambiar mensajes de todo tipo.
       Sin embargo, la materia no puede ser el objeto de estudio de la lingüística porque, de acuerdo a Saussure, es heterogénea. Esto significa que el lenguaje es un conjunto de muchas partes que no reconoce un centro y, por lo tanto, no se puede reducir a leyes y principios regulares. No podemos mezclar los componentes físicos, psíquicos y fisiológicos. Saussure postula buscar el objeto científico en uno de los fenómenos: el psíquico, porque allí sí, él reconoce unidad interior, autonomía, y homogeneidad. Justamente en el seno de la mente humana él va a encontrar la lengua.

       Hablamos de autonomía porque la parte psíquica puede entenderse, según éste autor, como una manifestación en sí misma, no subordinada a otros procesos; en cambio, el aparato fonador, el motriz y la propagación física de los signos, están supeditados a la competencia mental de la lengua. Hablamos de unidad interior y homogeneidad porque la lengua se puede comprender como una totalidad en sí misma gobernada por leyes regulares y estables y como un principio de clasificación a partir de unidades coherentemente relacionadas entre sí que son los signos.
     La Lengua y el Habla. La lengua, es un sistema de signos que viven en la mente. Entendida como capacidad mental, es universal porque todos los humanos, todos los pueblos, naciones o tribus tienen la misma capacidad psíquica para producir signos (asociaciones de ideas y sonidos en el recinto cerebral) y todos entienden ésta capacidad como primer páso para realizar cualquier comunicación discursíva. Saussure descárta del ámbito psíquico de la Lengua la parte de ejecución. Es decir, todas las personas formamos cadenas de signos (ej:¡Que buena banda!) que luego expresamos en forma oral o gráfica. Hacemos elecciones acerca de qué palabras pronunciar, cómo combinarlas y en qué lugares expresarlas. A diferencia de la Lengua, ésta parte corresponde a un mecanísmo psicofísico y a un acto individual de voluntad e inteligencia que Saussure distingue llamándola: Habla.
       La Lengua, por el contrario, no es una función del sujeto hablante, las personas no podemos modificar a nuestro gusto los signos de una lengua, jamás podríamos por ninguna razón, voluntad o capricho sustituirlos por otros signos; sí podemos decir cómo los combinamos y dónde pero jamás los creamos y mucho menos los destruimos. Por todo esto, resulta imprescindible para comprender estos conceptos que plantea el autor, acotar lo psíquico, lo físico, lo social, lo sexual, y lo individual. La Lengua es un objeto psíquico en tanto competencia mental para articular ideas y sonidos (signos) y almacenarlos en un todo orgánico que llamamos sistema. Este sistema de signos no existe en ninguna mente individual, ninguna persona conoce la totalidad de los signos de su lengua, sólo podemos encontrarlo en la suma de todas las mentes individuales que pertenecen a una determinada lengua y por eso decimos que además de un fenómeno psíquico la Lengua es un fenómeno social.
       Pero no debemos confundir el aspecto social o colectivo de intervención lingüística. Ningún pueblo, nación o raza, ningún colectivo humano, según Saussure, tiene capacidad para crear o modificar los signos de la Lengua que usa. Por social muchas veces entendemos creación social. Decimos que las instituciones son sociales porque son producto de acuerdos voluntarios de hombres y mujeres. Si bien la Lengua es una institución porque los hablantes aceptamos los signos de un sistema determinado para establecer comunicaciones. Aunque la variante es que no decidimos su permanencia o cambio como sucede en el ámbito del arte, el derecho o la política. La Lengua es una institución aceptada pero también impuesta; es psíquica y a la vez social. El Habla, en cambio, es psicofísica y es individual porque es resultado de las elecciones libres que las personas hacemos sobre el sistema de la Lengua.
      
Cómo toma Ferdinand de Saussure el Signo Lingüístico
Resultaría muy operativo para nuestra reflexión tomar un término, por ejemplo: "Mesa" como signo lingüístico. No como una palabra pronunciada sino más bien como un hecho de la mente: ese gran cerebro colectivo formado por todos los hablantes de una Lengua. "Mesa" sería de este modo un hecho psíquico que resulta de la unión de sonidos e ideas, o sea, la cadena sonora "m-e-s-a", que todos somos capaces de reproducir en nuestras mentes, unidas al conjunto de ideas que los hablantes atribuimos a "mesa".
       Saussure precisa todavía mejor estos términos. En cuanto a la parte sonora, no se trata exactamente de sonidos físicos, (nadie nos escucha cuando pensamos), sino de reproducciones o impresiones estandarizadas que la mente registra de los sonidos del Habla. No todos los hablantes producimos los mismos sonidos cuando pronunciamos las mismas emisiones de Lengua, porque la fonación dependerá de características físicas propias de cada uno (cuerdas vocales, garganta, boca, etc.), en cambio todos los hablantes reproducimos psíquicamente idénticos sonidos cada vez que pensamos "mesa", "silla", "sillón" o cualquier otro signo.
       Por eso, afirma Saussure, que los signos de la Lengua son normativamente idénticos mientras que las palabras o frases pronunciadas por oralidad dependerán de varios accidentes individuales. Saussure denomina a este registro mental de los sonidos que componen a un signo: imágenes acústicas. En cuanto a la parte conceptual del signo, también se trata de ideas o conjuntos de ideas más o menos estandarizadas dentro del sistema de la lengua. Saussure realiza en su teoría un ajuste terminológico. El signo es una entidad de dos caras: el concepto y la imagen acústica, porque sus dos lados son indivisibles. No es posible encontrar en ninguna de las manifestaciones de la lengua ideas por un lado y sonidos por el otro. No hay forma sin contenido ni, contenido sin forma. Saussure compara esta bifacialidad con las dos caras de una hoja de papel: es absolutamente imposible separarlas. Es por eso que se sustituye concepto por significado e imagen acústica por significante, remitiendo el primero a las ideas y el segundo a los sonidos mentales.
       Los Principios Universales del Signo, son las características que rigen el funcionamiento de los signos en todas las lenguas de la cultura humana.
      El Principio de Arbitrearidad, Sostiene que no hay ningún vinculo natural, lógico o racional entre el significado y el significante. Si la unión de las dos caras del signo es inevitable, ahora agregamos que es convencional. Nadie podría encontrar ninguna explicación racional que relacione el significante "rojo" con el concepto que los hablantes tienen incorporado.
        Saussure explica este principio marcando la diferencia entre un signo y un símbolo. En éste sí es posible hallar una explicación que una la forma con el contenido. Por ejemplo, si el símbolo de la cruz cristiana transmite el concepto de una redención o paso de la muerte a la vida es porque la crucifixión era el método usual de los romanos para torturar y matar a sus enemigos y porque Cristo, según cuenta la Biblia, burló a la muerte en una de esas cruces romanas. La cruz es la forma y su explicación histórica o religiosa nos permite acceder al contenido. No pasa lo mismo con el signo "rojo", nada nos permite unir la seguidilla de sonidos con las ideas que transmiten.
       La mayoría de los hablantes no tienen en cuenta la arbitrariedad del signo lingüístico. En la medida en que toman con absoluta naturalidad los significados de las palabras, los hablantes se vuelven reacios para cuestionarlas. Los habitantes de una lengua nunca se pelean con ella porque consideran a los signos lentes transparentes para percibir la realidad.
       El Principio de Linealidad, nos dice que los signos de una lengua forman líneas tanto en la mente como cuando se proyectan en la oralidad o en la escritura. Sea cual sea la lengua y su manifestación siempre veremos que los signos se extienden en una sola dimensión: la línea. De arriba hacia abajo como escriben los japoneses, de derecha a izquierda como se escribe en muchas culturas árabes o de izquierda a derecha como escriben los occidentales, el principio es universalmente irrebatible.
       El Principio de Inmutabilidad, afirma que los signos de un sistema lingüístico se mantienen estables en un momento dado de la historia de esa lengua. Saussure utiliza el término sincrónico para facilitar la comprensión. Que todos los signos de un sistema estén sincronizados significa que cada uno de ellos mantiene el vínculo entre el significado y el significante al mismo tiempo. Dado un significante todos debemos registrar el mismo significado para que el principio básico de comunicación sea satisfecho.
     Cuatro razones sostienen, según Saussure, el principio de inmutabilidad. Primero la arbitrariedad del signo. Al no haber explicación racional nadie puede cuestionar tal unión, por lo tanto los signos permaneces invariables. Segundo, la inmensa cantidad de signos que componen el sistema de la lengua hace imposible que las personas puedan intervenir en el mismo y transformarlos según su gusto. Tercero, el sistema es tan complejo que ni los mayores especialistas en la materia lograron sintetizar la lengua universal ni modificarlo de acuerdo a sus fines. En cuarto lugar, retomamos el carácter involuntario de la Lengua.
     Las personas asimilan, desde niños, los signos de la Lengua como herencia recibida. Suponen que así hablaron sus padres y abuelos y por lo tanto así deberán comunicarse ellas. Ni tienen razones para cuestionar los signos ni están en capacidad intelectual de transformarlos.
       El Principio de Mutabilidad, sostiene que el sistema de la lengua no permanece a lo largo del tiempo. Esto es: las relaciones significado-significante sufren alteraciones con el transcurrir de la historia social. Contraria a la perspectiva sincrónica, hay aquí una diacrónica(a través del tiempo) que se ocupa de la evolución de los signos de la lengua y por lo tanto de su imposibilidad histórica para formar un sistema.
      Saussure argumenta que la sociedad usa como vimos más arriba, la lengua de manera irreflexiva: habla pero no se pregunta por qué habla con esas palabras y no con otras, lo que permite que con el paso del tiempo las masas sociales provoquen involuntariamente la mutación de los signos. La lingüística al estudiar el sistema de la lengua deja de lado el factor tiempo porque sólo se puede ver la estabilidad de los signos en un momento dado. (Wikipedia)
      
       La lingüística trabaja en la frontera en donde los elementos del pensamiento y el sonido se combinan; su combinación produce una forma, no una sustancia. La liga entre los elementos de ambos dominios, los cuales moran en un universo caótico, es arbitraria. Si esto no fuera así, la noción de valor estaría comprometida, pues esto incluiría un elemento externo impuesto. De manera que hoy los valores permanecen enteramente relativos, es por ello que la liga entre los signos y las ideas es enteramente arbitraria. Esta naturaleza arbitraria del signo explica el porqué únicamente el factor social es el que puede crear el sistema lingüístico. En todo esto es necesario la interacción de una comunidad, pues un solo individuo aislado es incapaz de fijar un valor semántico.  Además, la idea de valor, como ha sido definida, nos enseña que considerar un término como la simple unión de cierto sonido con un cierto concepto, es algo extremadamente engañoso. Un término aislado no tiene sentido. Uno no puede aislar un término de un sistema. Significaría que uno puede comenzar con los términos y construir el sistema simplemente reuniéndolos, cuando por el contrario, uno debe de partir de un todo independiente y a través del análisis, obtener sus elementos.  
1)      El Lenguaje como pensamiento organizado acoplado con Sonido.
       El Pensamiento, caótico por naturaleza, ha llegado a ser ordenado en el proceso de su descomposición. Cada término lingüístico es un miembro, es un artículo en el cual una idea es fijada en un sonido, y un sonido llega a ser una idea. El lenguaje puede ser comparado a una hoja de papel blanco, en donde la parte de enfrente representa los pensamientos y la parte de abajo los sonidos. Uno no puede cortar lo de enfrente sin cortar lo de atrás. Uno no puede dividir el sonido de los pensamientos. Tal división es posible únicamente de manera abstracta.

2)    El Valor Lingüístico desde un punto de vista conceptual. El lenguaje es un sistema de términos interdependientes en los cuales el valor de cada término depende de la simultánea presencia de otros. (El Contexto) Los valores del lenguaje son gobernados por un principio paradójico. Primeramente tales valores se componen de una cosa desigual que puede ser intercambiada por la cosa sobre la cual el valor se va a determinar, y segundo, tales valores tambien se componen de cosas similares que pueden ser comparadas por la cosa sobre la cual el valor se va a determinar.
              Ambos factores son necesarios para la existencia de un valor. Para determinar que una objeto de cinco francos es valioso, uno debe saber: 1) Que puede ser intercambiado por una cantidad fija de una cosa diferente, por ejemplo, un pan, 2) Que puede ser comparado con un valor similar del mismo sistema, por ejemplo, una objeto de un franco, o con monedas de otro sistema (un dólar, etc.) En la misma forma una palabra puede ser intercambiada por algo distinto, una idea; ademas, puede ser comparada con algo de la misma naturaleza, una palabra. Siendo parte de un sistema, una palabra está dotada no solo de significación, sino tambien de manera especial, de un valor, y esto es algo completamente diferente.
               La palabra francesa moderna mouton puede tener la misma significación que el Ingles sheep pero no el mismo valor, y todo ello por varias razones, precisamente porque en su acepción francesa se habla de piezas de carne listas para servirse en la mesa, algo que en Ingles correspondería a la palabra mutton y no sheep. La diferencia en valor entre sheep y mouton es debido al hecho de que sheep tiene al lado un segundo término mientras que la palabra francesa no.
             Dentro de un mismo lenguaje todas las palabras usadas para expresar ideas relacionadas (sinónimos) se limitan recíprocamente unas a otras, y tienen valor a través de sus conceptos opuestos. Si una palabra no tiene equivalente en otro idioma, todo su contenido ira a sus sinónimos competidores. El valor de cualquier término es determinado deacuerdo con su entorno. Es imposible fijar el valor de la palabra sol sin considerar su entorno. En algunos idiomas es imposible decir “sentado en el sol.” Cualquier cosa dicha acerca de las palabras, se aplica a cualquier término del lenguaje, por ejemplo las entidades gramaticales. El valor del plural francés no coincide con el plural del Sánscrito aun cuando su significación es usualmente idéntica. El Sánscrito tiene tres números en vez de dos. (mis ojos, mis piernas, son duales, no plurales).
             Si las palabras se sostuvieran por conceptos pre-existentes todas tendrían equivalentes exactos en su significado, de un lenguaje a otro. Sin embargo, ésto no sucede. El Francés usa loue (une maison), rentar (una mansión), indistintamente para significar “pagar por” o “recibir pago por” mientras que el alemán usa dos palabras, mieten y vermieten. Las conjugaciones de verbos en el tiempo son desconocidas en ciertos idiomas, como en el Hebreo. El Proto-Alemán no tiene forma especial de futuro; decir que el futuro es expresado por el presente es equivocado, porque el valor del presente en Alemán no es el mismo que en lenguajes que usan tanto el presente como el futuro. Las lenguas eslavas generalmente señalan dos aspectos del verbo. El perfectivo representa la acción como un punto, completo en su totalidad; el imperfectívo lo representa como llevándose a cabo en la linea del tiempo. Las categorías son difíciles de entender para un francés porque son desconocidas en Francés. En base a estos ejemplos, en vez de ideas preexistentes, encontramos valores que emanan de los sistemas. Cuando se dice que tales ideas corresponden a conceptos, se entiende que tales conceptos son puramente diferenciatívos y no definidos por su contenido positívo sino negatívo, por su relación con los otros términos del sistema. Su más precisa característica es ser lo que los otros no son.  
3)      El Valor Lingüístico desde un punto de vista material. El lado conceptual del valor es hecho solamente de relaciones y diferencias con respecto a los otros términos del lenguaje y lo mismo puede ser dicho de su lado material. El aspecto importante en la palabra no es su sonido fónico aislado, sino su diferencia fónica que hace posible distinguir la palabra de otras, debido a que la diferencia conlleva significación. Arbitrariedad y diferencia son dos cualidades correlativas. Las diferencias fónicas juegan un rol de significación, y los signos funcionan no a través de su valor intrínseco, sino a través de su posición relativa. Ademas es imposible para un sonido aislado, un elemento material, pertenecer al lenguaje. Ello es solo un aspecto secundario, sustancia para poner en uso. Todos nuestros valores convencionales tienen la característica de no confundirse con el elemento tangible que los sostiene. Por ejemplo, no es el metal lo que fija el valor de una moneda. Una moneda de valor nominal de cinco francos puede contener menos de la mitad de su valor en plata. Su valor variará deacuerdo con la cantidad emitida y de acuerdo con su uso dentro y fuera de las fronteras políticas. Esto es aun mas cierto para el significante (el término), el cual no es fónico sino incorpóreo (constituido no por su sustancia material sino por las diferencias que separan su sonido-imagen de todos los demás).

            El principio anterior es tan básico que se aplica a todos los elementos materiales del lenguaje, incluyendo fonemas. Cada lenguaje forma sus palabras sobre la base de un sistema de elementos sonoros, siendo cada elemento una unidad claramente delimitada y una de un número fijo de unidades. Los fonemas no son caracterizados, como uno podría pensar, por su propia cualidad positiva, sino simplemente por el hecho de que son distintos. Los fonemas son, después de todo, opuestos, relativos y entidades negativas. Yo puedo pronunciar la r francesa cono la ch alemana en Bach, doch, etc. , pero en alemán no puedo usar la r en vez de la ch porque los alemanes dan reconocimiento a ambos elementos y deben mantenerlos aparte.
              4)      El signo considerado en su totalidad. Todo lo que se ha dicho hasta éste momento se resume a esto: en lenguaje solo hay diferencias. Aún mas importante, una diferencia generalmente implica términos positivos entre ellos en donde la diferencia se establece; pero en lenguaje hay solo diferencias sin términos positivos. Ya sea que tomemos el significante o el significado, el lenguaje no tiene ni ideas ni sonidos que existen antes del sistema lingüístico, sino solo diferencias fónicas y conceptuales que han existido después del sistema lingüístico. La idea o sustancia fónica que un signo contiene es de menor importancia que los otros signos que lo rodean. Prueba de ello es que el valor de un término puede ser modificado sin que ni siquiera su significado ni su sonido sea afectado, solamente porque los términos vecinos han sido modificados.
            Pero la afirmación de que todo en el lenguaje es negativo es verdad solo si el significado y el significante son considerados de manera separada. Cuando consideramos el signo en su totalidad, tenemos algo que es positivo en su propia clase. Un sistema lingüístico es una serie de diferencias de sonido combinadas con una serie de diferencias de ideas; pero el emparejamiento de un cierto número de signos acústicos según los tantos cortes hechos de la masa del pensamiento, engendra un sistema de valores; y este sistema sirve como una liga de los elementos fónicos y sicológicos dentro de cada signo. Aunque ambos, el significado y el significante son puramente diferenciales y negativos cuando se consideran separadamente, su combinación es un hecho positivo; es aún la única clase de hechos que el lenguaje tiene para mantener, el paralelismo entre las dos clases o diferencias es la función distintiva de la institución lingüística. 
Adaptación: José Escobar.

lunes, 27 de junio de 2011

Paul-Michel Foucault

       
        Michel Foucault nacio en Poitiers, el 15 de octubre de 1926, y murió en París, el 25 de junio de 1984, a la edad de 58 años. Foucault fue un historiador de las ideas y un filósofo. Fue profesor en varias universidades francesas y estadounidenses, así como catedrático de Historia de los Sistemas de Pensamiento en el Collège de France (1970-1984). Su trabajo ha influido en importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades.
     Foucault es conocido principalmente por sus estudios críticos de las instituciones sociales, en especial, la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, y el sistema de prisiones. Además, Foucault es conocido por su trabajo sobre la historia de la sexualidad humana. Su teoría sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso, ha sido ampliamente debatida. Foucault está asociado al estructuralismo, aunque él mismo recháza ésta etiqueta y las de postestructuralista y postmoderno, que le han sido aplicadas habitualmente. Foucault prefiere clasificar su propio pensamiento como una crítica histórica de la modernidad con raíces en Kant. El proyecto de Foucault fue particularmente influenciado por Nietzsche.  Su Genealogía del Saber” es una alusión directa al libro de Nietzsche: La Genealogía de la Moral.” En una de sus entrevistas finales, Foucault definitivamente declaró: “Yo soy un nietzscheano.”
       En 2007, Foucault fue considerado por el The Times Higher Education Guide como el autor más citado del mundo en el ámbito de Humanidades en dicho año.
       Su padre, Paul Foucault, era un cirujano que esperaba que su hijo siguiera sus pasos. Sin embargo, su educación temprana fue una mezcla de éxito y mediocridad, hasta que ingresó al Colegio Jesuita, Saint Stanislas, donde destacó. Durante este periodo, Poniters era parte de la Francia de Vichy, aunque después seria ocupada por la Alemania Nazi. Después de la Segunda Guerra Mundial, Foucault fue admitido en la Escuela Normal Superior de París, principal entrada a una carrera académica en Francia. Allí sufrió agudas depresiones e incluso intentó suicidarse. Foucault fue llevado a un psiquiatra. Además de obtener una licenciatura en Filosofía, en 1952, también obtuvo una en psicología, de reciente creación en Francia. Estuvo involucrado en la psicología clínica, que lo expuso a pensadores como Ludwig Binswanger.
       Foucault fue miembro del Partido Comunista francés desde 1950 hasta 1953. Lo instaló en el partido su mentor Louis Althusser, pero pronto se desilusionó tanto con la política, como con la filosofía del partido.
       Foucault falló en conseguir su cátedra en 1950, la cual es una forma de acceso a la condición de profesor de la enseñanza pública del Estado, pero tomó el examen de nuevo y lo consiguió al año siguiente. Después de un breve período de tiempo dando clases en la École Normale, aceptó un puesto en la Université Lille Nord de France, donde desde 1953 hasta 1954 enseñó psicología. En 1954 publicó su primer libro, Maladie Mentale et Personnalité, (La Enfermedad Mental y la Personalidad) una obra que más tarde desautorizó.
       Hasta este punto, Foucault no estaba interesado en una carrera docente, y emprendió un largo exilio de Francia. En 1954 se desempeñó como delegado cultural de Francia en la Universidad de Uppsala en Suecia (una posición recomendada para él por Georges Dumézil, quien se convertiría en un gran amigo y mentor). Presentó su tesis de doctorado en Uppsala, pero fue rechazada allí. En 1958, Foucault dejó Uppsala y ocupó brevemente cargos en la Universidad de Varsovia y la Universidad de Hamburgo.
     Foucault regresó a Francia en 1960 para completar su doctorado y asumir un puesto de filosofía en la Universidad de Clermont-Ferrand. Allí se encontró con el filósofo Daniel Defert, de quien se convertiría en su amante por veinte años.
      En 1961 obtuvo su doctorado mediante la presentación de dos tesis (como es costumbre en Francia): la tesis mayor se titulaba, Folie et Deraison: Histoire de la folie à l'âge clasica (Locura y Desvarío: Historia de la Locura en la Edad Clásica) y una segunda tesis menor donde involucraba una traducción y comentarios sobre la Antropología de Kant, desde un punto de vista pragmático.
       Folie et Deraison (Locura y Desvarío, publicado en una edición abreviada en Inglés como, Locura y Civilización y finalmente, publicada íntegra como, “Historia de la Locura” por Routledge en 2006) fue muy bien recibida. Foucault siguió un calendario de publicación vigoroso. En 1963 publicó Naissance de la Clinique (El Nacimiento de la Clínica),  el ensayo Raymond Roussel, y una reedición de su volumen de 1954 (ahora titulado Maladie Mentale et Psychologie o, en Inglés, “Enfermedad Mental y Psicología”, que a su vez, más tarde desautorizaría.
       Cuando Defert fue enviado a Túnez para su servicio militar, Foucault consiguió un puesto en la Universidad de Túnez en 1965. En 1966 publicó Les Mots et les choses, (Las Palabras y las Cosas). Este libro marcó su interés por el estructuralismo y por ello fue vinculado provisionalmente a Jacques Lacan, Claude Lévi-Strauss y Roland Barthes, todos ellos como la más reciente y nueva ola de pensamiento listo para derrocar al existencialismo popularizado por Jean-Paul Sartre.
        Foucault hizo una serie de comentarios escépticos sobre el marxismo, lo que indignó a un número de críticos de izquierda, pero más tarde rechazó firmemente la etiqueta de “estructuralista.” Todavía estaba en Túnez cuando las revueltas estudiantiles,  en mayo de 1968, donde se vio profundamente afectado por una revuelta estudiantil a principios del mismo año. En el otoño de 1968 regresó a Francia, donde publicó L'Archéologie du savoir (La Arqueología del Saber), un tratado metodológico que incluye una respuesta a sus críticos, en 1969.
       Tras la secuela de 1968, el gobierno francés creó una nueva universidad experimental, la Universidad París 8, en Vincennes, una comuna en un departamento en los suburbios orientales de París. Allí se nombró a Foucault el primer jefe del departamento de filosofía en diciembre de ese año. Foucault nombró en su mayoría jóvenes académicos izquierdistas (como Judith Miller ), cuyo radicalismo provocó que el Ministerio de Educación, se opusiera al hecho de que muchos de los títulos de los cursos, figuraba la frase “marxista-leninista.” Se decretó que los estudiantes de Vincennes no serían elegibles para convertirse en profesores de enseñanza secundaria.
        Foucault notoriamente también se unió a los estudiantes en la ocupación de edificios administrativos luchando con la policía.
       La tenencia (plaza academica) de Foucault en Vincennes fue breve, ya que en 1970 fue elegido miembro del cuerpo académico de mayor prestigio de Francia: el Collège de France, como profesor de Historia de los Sistemas de Pensamiento.
       Su compromiso político aumentó, y su socio Defert se unió a la ultra-maoísta Gauche Proletarienne (GP). Foucault ayudó a fundar el Grupo de Información de la Prisión (en francés: Groupe d'Information sur les prisiones o GIP) para proporcionar una vía para que los presos pudieran expresar sus preocupaciones.
        Esto coincidió con la vuelta de Foucault al estudio de las instituciones disciplinarias, con un libro titulado, Surveiller et Punir (Vigilar y Castigar), que “narra” las micro-estructuras de poder que se desarrollaron en las sociedades occidentales desde el siglo 18, con un enfoque especial sobre las cárceles y las escuelas.
    A finales de 1970, el activismo político en Francia, se apagó con la desilusión de muchos intelectuales de izquierda. Un número de jóvenes maoístas abandonaron sus creencias para convertirse en los llamados nuevos filósofos, a menudo citando a Foucault como su principal influencia.
       Ante este fenómeno y su propio estatus, Foucault tuvo sentimientos encontrados. En este período, Foucault se embarcó en un proyecto de seis volúmenes titulado: La Historia de la Sexualidad, que nunca completó. Su primer volumen se publicó en francés como La Volonté de Savoir (1976), luego en Inglés como, Historia de la Sexualidad: una Introducción (1978). El segundo y tercer volumen no aparecieron hasta después de ocho años, y sorprendieron a los lectores por sus temas, (textos clásicos griegos y latinos), el enfoque y estilo. Particularmente allí Foucault se enfoca en el sujeto humano, un concepto que algunos creían erróneamente había Foucault descuidado previamente.
       Foucault comenzó a pasar más tiempo en los Estados Unidos, principalmente en la Universidad de Buffalo, donde había dado una conferencia en su primera visita a los Estados Unidos en 1970, y especialmente en la UC Berkeley.
      En 1975 tomó LSD en Zabriskie Point en el Parque Nacional Death Valley. A ésta experiencia alucinógena, Foucault la llamaría mas tarde la mejor experiencia de su vida.
        En 1977, cuando una Comisión del Parlamento francés discutía una reforma del Código Penal Francés, firmó junto a Jacques Derrida y Louis Althusser, entre otros, pidiendo la anulación de algunos de los artículos de la ley para despenalizar todas las relaciones consentidas entre los adultos y los mayores de quince años (la edad de consentimiento sexual en Francia).
          Foucault creía que el sistema penal sustituía el castigo de los actos criminales por la creación de la figura de un individuo peligroso para la sociedad (sin tener en cuenta el verdadero crimen), y predijo que vendría una sociedad de peligros, en la cual la sexualidad sería una especie de peligro errante, un “fantasma.”
       En 1979, Foucault hizo dos viajes a Irán, donde realizó entrevistas con los protagonistas políticos en apoyo al nuevo gobierno provisional establecido poco después de la revolución iraní. En la tradición de Nietzsche y Georges Bataille, Foucault había abrazado al artista que empujó los límites de la racionalidad, y escribió con gran pasión en defensa de las irracionalidades que rompieron fronteras.
       En 1978, Foucault encontró tales poderes transgresívos en la figuras revolucionarias del ayatolá Khomeini y Ali Shariati, a quien se refirió como el “ideólogo y arquitecto de la revolución islámica”, y también en los millones que arriesgaron su vida al seguirlos en el curso de la revolución. Más tarde, cuando Foucault fue a Irán “para estar allí, en el nacimiento de una nueva forma de ideas”, escribió que el nuevo estilo “musulman” de hacer política, podría marcar el comienzo de una nueva forma de “espiritualidad política,” no sólo para el Medio Oriente, sino también para Europa, quien había adoptado una política secular desde la Revolución Francesa.
       Foucault reconoció el enorme poder del nuevo discurso del militante Islámico, no sólo para Irán, sino para el mundo. Él escribió:
       Como movimiento politico, el Islam puede convertir a toda la región en llamas, derrocar los regímenes más inestables, y molestar a los más sólidos. El Islam, que no es simplemente una religión, sino una forma de vida, una adhesión a una historia y una civilización, tiene la gran oportunidad de convertirse en un gigantesco barril de pólvora, a nivel de cientos de millones de hombres. . . De hecho, también es importante reconocer que la demanda de los "derechos legítimos del pueblo palestino" difícilmente mueve a los pueblos árabes. ¿Qué sería si esta causa abrazára el dinamísmo de un movimiento islámico, algo mucho más fuerte que aquellos con carácter marxista-leninista, maoísta? (“Un Polvorín llamado al Islam”)
       Durante sus dos viajes a Irán, Foucault fue comisionado como corresponsal especial de un prestigiado periódico italiano y sus artículos aparecieron en la primera página del periódico. Sus numerosos ensayos sobre Irán, publicados en el periódico italiano Corriere della Sera, sólo se publicaron en francés en 1994 y en Inglés en 2005.
  
     En años posteriores a la muerte de Foucault, los intérpretes de su obra trataron de ocuparse de los problemas presentados por el hecho de que el fallecido Foucault parecía estar en contradicción con sus primeros trabajos. Cuando ésta cuestión se le planteó en una entrevista en 1982, Foucault comentó:
        “Cuando la gente dice, ‘Bueno, considera que hace unos años y hoy dices cosas diferentes’ mi respuesta es ... [risas] ‘Bueno, ¿crees que he trabajado duro todos estos años para decir la misma cosa y no cambiar?’”
     Foucault se negó a identificarse a sí mismo como un filósofo, historiador, estructuralista y marxista, sosteniendo que, “el interés principal de su vida y obra fue llegar a ser alguien distinto de lo que era al principio de su carrera.”
       En una línea similar, Foucault prefirió no decir que estaba presentando un bloque coherente e intemporal de conocimiento, sino que más bien deseaba que sus libros, “fuesen una especie de caja de herramientas en donde otros pueden rebuscar para encontrar una herramienta que puedan utilizar como lo deseen en su propia área... yo no escribo para un público, escribo para usuarios, no para lectores.”
       En 1992, James Miller publicó una biografía de Foucault, que fue recibida con polémica, en parte debido a su afirmación de que Foucault, influido él mismo por sus obras políticas y filosóficas, había tenido experiencias con la comunidad gay sadomasoquista, durante el tiempo que enseñaba en Berkeley.
       El libro de Miller ha sido ampliamente rechazado, por los estudiosos de Foucault, quienes lo consideran una lectura sórdidas de su vida y obra, o malintencionado y maldirigido, o con una motivación política. Sin embargo, la mayoría de los comentaristas dan ninguna importancia política a los comportamientos sexuales de Foucault.
       Foucault murió de una enfermedad relacionada con el SIDA en París el 25 de junio de 1984. Fue la primera personalidad francesa de alto perfil, de quién se informó tener el SIDA. Poco se sabía sobre la enfermedad en el momento y comenzó a haber una cierta controversia desde entonces. En el artículo de portada de Le Monde anunciando su muerte, no hubo ninguna mención al SIDA, aunque se suponía que él murió a partir de una infección masíva. Antes de su muerte, Foucault había destruído la mayor parte de sus manuscritos, y en su testamento había prohibido la publicación de lo todo aquello que no pudo haber supervisado.
      La edición en Inglés de Locura y Civilización es una versión abreviada de Folie et Deraison: Histoire de la folie à l'âge clasica, publicado originalmente en 1961. Una traducción completa al Inglés titulada La Historia de la Locura ha sido publicada por Routledge desde 2006. “Folie et Deraison” originalmente concebida como tesis doctoral de Foucault, fue el primer libro importante de Foucault, en su mayoría escrito, mientras que era el Director de la Casa de Francia en Suecia. En él se examinan las ideas, prácticas, instituciones, el arte y la literatura en relación con la locura de la Historia Occidental.
      Foucault comienza su historia en la Edad Media, teniendo en cuenta la exclusión social y física de los leprosos. Argumenta que con la progresíva desaparición de la lepra, la locura llegó a ocupar esta posición de exclusión. La “Nave de los Locos,” alegoría del siglo XVque ha sido durante mucho tiempo en un referente en la literatura occidental y el arte, es una versión literaria de una práctica típica de exclusión, a saber, el envío de los locos a lugares distantes, en los barcos.
        En la Europa del siglo XVII, en un movimiento que Foucault famosamente llama "El Gran Confinamiento,” los miembros “irrazonables"  de la población eran institucionalizados.
       En el siglo 18, la locura llegó a ser vista como el reverso de la razón, y, finalmente, en el siglo 19 como una enfermedad mental.
       Foucault sostiene también que la locura fue silenciada por la razón, perdiendo su poder para indicar los límites del orden social y para apuntar a la verdad. Foucault  examina la llegada de la investigación científica y “humanitaria” para los tratamientos de los enfermos mentales, sobre todo a manos de Philippe Pinel y el reformador cuáquero Tuke Samuel que,  Foucault sugiere, inició la conceptualización de la locura como “enfermedad mental.”
       Afirma que estos nuevos tratamientos eran de hecho no menos controlantes que los métodos anteriores. El tratamiento de Pinel a los locos, alcanzó una terapia de aversión extendida, incluyendo tratamientos como duchas heladas y el uso de camisas de fuerza. A los ojos de Foucault, este tratamiento alcanzó brutalidades repetidas, hasta que el patrón de juicio y castigo fue interiorizado por el paciente. 
       El Nacimiento de la Clínica: Una Arqueología de la Mirada Médica (Naissance de la Clinique: une Archéologie Respecto du Médicos) fue la segunda obra importante de Foucault. Publicada por primera vez en francés en 1963, la obra se publicó en Inglés en 1973. Desarrollando los temas explorados en su obra anterior Locura, y Civilización, Foucault describe la evolución de la profesión médica y, específicamente, la institución de la clínica (traducido como “clínica,” pero en este caso en gran parte se refiere a los hospitales que practican la enseñanza de la medicina académico-científica). Sus puntos centrales son el concepto de“mirada médica” y la súbita re-organización del conocimiento a finales del siglo 18, que se ampliará en su próxima obra importante: El Orden de las Cosas.
      Foucault acuñó el término “mirada médica” para referirse a la deshumanizada separación médica del cuerpo y la persona del paciente (o identidad); (dualismo mente-cuerpo). Él usa el término en una genealogía que describe la creación de un campo de conocimiento exclusívamente del cuerpo. Las estructuras materiales e intelectuales que hicieron posible el análisis del cuerpo humano se mezclaron con los intereses de poder: al entrar en el campo del conocimiento, el cuerpo humano también entró en el campo del poder, convirtiéndose en un objetivo posible de manipulación. Originalmente, la “mirada médica,” se limitaba a un úso académico postmoderno y postestructuralista, pero ahora con frecuencia se utiliza en cursos de posgrado de medicina academica y trabajo social.
       Las revoluciones francesa y estadounidense, las cuales dieron lugar a la modernidad, también han creado un discúrso científico “meta-narrativo” que sostienen los científicos, específicamente los doctores médicos, como si fuesen sabios quienes a su debido tiempo, eliminarán la enfermedad y resolverán todos los problemas de la humanidad. Para los hombres modernos del siglo XIX, los médicos reemplazaron al desacreditado clero medieval; los doctores salvan cuerpos, no almas. Este mito fue parte del más grande discurso de las escuelas de pensamiento humanista e ilustrado que creía que el cuerpo humano era la suma de una persona: reduccionismo biológico que se convirtió en una poderosa herramienta de los nuevos sabios: A través del examen a fondo (mirando) de un cuerpo, un médico deduce de los síntomas, la enfermedad y la causa, por lo tanto, llega a un entendimiento sin precedentes del paciente; de ahí, la mirada médica del médico se creía, penetraba en la superficie de las ilusiones, en casi místico descubrimiento de la verdad oculta.
       El cine posmoderno a menudo muestra cómo funciona la mirada médica. En la película Réquiem por un Sueño, una mujer de 50 años es humillada, y en última instancia ignorada, por su médico de cabecera,  y ella poco a poco sucumbe a la adicción a las anfetaminas.
       En la película, El Club de la Pelea, el antagonísta, sufriendo de insomnio, pide ayuda de un médico, pero éste le prescribe un remedio placebo. Ambas películas muestran situaciones en las que el “experto” doctor no toma en cuenta la dimensión humana de la enfermedad, y, en cambio, prescribe remedios en base a su mirada médica objetivadora.
         Otras dramatizaciones médicas representan la lucha contra la propensión de los médicos a la "mirada médica" para deshumanizar. En House, un drama de la televisión contemporánea producido en los Estados Unidos, el protagonista a veces se encuentra funcionando mal del cuerpo, debido a causas de una enfermedad ajena al cuerpo.   
     Curb Your Enthusiasm, (Frena Tu Entusiasmo) una comedia de televisión, muestra la deshumanización a menudo satírica de la mirada médica.
       La comprensión de Foucault sobre el desarrollo de la clínica es fundamentalmente opuesta a las historias de la medicina y el cuerpo que proclamaban, a finales del siglo 18, ser el amanecer de un nuevo “supuesto” sistema empírico, “basado en el redescubrimiento de los valores absolutos de lo visible.” Desde el punto de vista de Foucault, el nacimiento de la medicina moderna no fue un movimiento de sentido común tendiente a simplemente ver lo que ya existe (y por lo tanto una ciencia sin filosofía), sino más bien un cambio decisivo en la estructura del conocimiento. Es decir, la medicina moderna no es un simple progreso de finales del siglo 18, en donde la comprensión de la verdadera naturaleza del cuerpo y la enfermedad se adquirió gradualmente. Foucault sugiere una prespectiva de la historia de la medicina y la medicina clínica, en particular, vista como una ruptura epistemológica, más que resultado de un gran número de individuos descubriendo nuevas maneras de ver y conocer la verdad:
“La clínica - constantemente elogiada por su empirismo, la modestia de su atención y el cuidado con que en silencio deja que las cosas se muestren a la superficie de la mirada observadora sin perturbar con el discurso - debe su importancia real al hecho de que se trata de una reorganización en profundidad, no sólo del discurso médico, sino de la posibilidad misma de un discurso acerca de la enfermedad.” 

         Así, el empirismo de los siglos 18 y 19 no es un acto ingenuo, o desnudo de ver y anotar lo que está ante los ojos del doctor. La relación entre el sujeto y el objeto no es sólo la relación del que sabe y del que dice; en el contacto entre el médico y su pacientes individuales no pre-existe el discurso como “fenomenologías sin sentido,”  Foucault sugiere. Por el contrario, las ciencias clínicas de la medicina llegaron a existir como parte de una estructura más amplia de la organización del conocimiento, que permite la articulación de la medicina como una disciplina, lo que hace posible, “el dominio de su experiencia y la estructura de su racionalidad.”  En otras palabras, las observaciones y los análisis de un objeto (por ejemplo, un órgano enfermo) dependían por completo de las prácticas aceptadas según se delineaba en la organización del conocimiento de ese tiempo. La investigación, el diagnóstico y el tratamiento que siguieron a la organización del conocimiento de ese tiempo, en cuyo caso se derivaba el criterio que distinguía a un órgano enfermo de uno sano, era algo completamente histórico.
       Foucault después formalizaría esta noción de epistéme, en donde una época epistemológica daba paso a otra, permitiendo así que un concepto que se consideraba científico, se hiciese a un lado ante otro. En este caso, como se indíca en su libro, El Orden de las Cosas, la era taxonómica dió paso a la época histórica orgánica; así, la clínica no se fundaba simplemente en la observación de la verdad, y era por lo tanto, más correcta que cualquier práctica médica precedente, sino que era más bien un artefacto de una teoría del conocimiento insertada dentro de un periódo discursívo específico. La autoridad del médico se basa en una relación con la organización del conocimiento vigente en ese momento, en lugar de basarse en una relación con un estado no-discursívo de los asuntos (la “realidad”). Debido a esto, un médico de principios de siglo 18, podía observar un órgano con exactamente la misma enfermedad que un médico del siglo 19, llegando ambos médicos a conclusiones muy diferentes sobre la causa de la enfermedad y cómo tratarla. A pesar de éstas diferencias, ambas interpretaciones serían ‘verdaderas’, ya que ambas fueron enunciadas dentro de una epistéme que considera dichas declaraciones correctas.
       Esto significa que los anatomistas como Morgagni y Bichat no eran estudiantes de la misma disciplina, a pesar de que su trabajo sólo tenía treinta años de diferencia. El cambio epistémico significa que los cuerpos, las enfermedades, los tejidos y las patologías que cada uno trató y exploró a cielo abierto, se articularon en dos discursos totalmente diferentes y discontínuos entre sí.
       Así, la anatomía que afirma ser una ciencia empírica privilegiada, que puede observar y determinar verdaderos esquemas corporales, no puede soportar el hecho de que en sus inicios no estaban en el descubrimiento de una forma de llegar a conocer lo que era real, sino que surgió entre una nueva forma filosófica de conceder sentido y organización de ciertos objetos. He ahí, por lo tanto el úso de la palabra “nacimiento” en el título. La clínica no tuvo orígenes, sino simplemente llegó de repente.

       La Muerte y el Laberinto: El mundo de Raymond Roussel fue publicado en 1963, y traducido al Inglés en 1986. Este libro es único, ya que es el único trabajo escrito sobre literatura por Foucault, que tiene la extensión de un libro. Para Foucault, este fue, “con mucho, el libro que escribí con más facilidad y con el mayor placer.” Aquí, Foucault analiza la teoría literaria, la crítica literaria y la psicología a través de los textos de Raymond Roussel, uno de los padres de la escritura experimental, cuyo trabajo ha sido celebrado por los gustos de Cocteau, Duchamp, Breton, Robbe-Grillet, Gide y Giacometti.
       El Orden de las Cosas (título original: Les Mots et les Choses, título en francés de Las Palabras y las Cosas) de Foucault, fue publicado en 1966.
     El título completo del libro es Les Mots et les Choses: Une Archéologie des Sciences Humaines. Fue traducido al Inglés y publicado por Pantheon Books en 1970 bajo el título completo de, The Order of Things: An Archaeology of the Human Sciences (Foucault había preferido L'Ordre des Choses por el título original en francés, pero cambió el título por haber sido utilizado por dos obras estructuralistas publicadas inmediatamente antes de Foucault). En éste libro, Foucault se esfuerza por excavar en los orígenes de las ciencias humanas, especialmente, pero no exclusivamente, en la psicología y la sociología.
       El libro comienza con una amplia discusión de la pintura de Diego de Velázquez, Las Meninas y su compleja red de líneas de visión, ocultamiento, y apariencia. A continuación, desarrolla su tesis central: que todos los períodos de la historia han poseído ciertas condiciones subyacentes de la verdad que constituían lo que era aceptable o no aceptable. Un ejemplo de una de estas condiciónes subyacentes es el discurso científico. Foucault sostiene que estas condiciones del discurso han ido cambiado a través del tiempo, de la episteme (a priori histórico que fundamenta el conocimiento) de un período, a la episteme de otro periodo. Pensadores contemporáneos, tales como Jean Piaget, en su libro El Estructuralismo, han afirmado que el úso que Foucault hace de la palabra episteme, es similar a la noción de paradiga, usada por Thomas Kuhn, médico y filosofo norteamericano quien escribió extensivamente sobre la historia de la medicina. Foucault muestra los paralelismos que existen en el desarrollo de estos tres campos: la lingüística, la biología y la economía.
       La crítica que Foucault hace en, Les Mots et les Choses ha sido muy influyente en el campo de la historia cultural. Los diversos cambios en la conciencia que se señala en los primeros capítulos del libro, han llevado a varios estudiosos, tales como Theodore Porter, a examinar las bases del conocimiento en nuestros días. Así también, Porter ha criticado la proyección de las categorías modernas del conocimiento en los temas que siguen siendo intrínsecamente ininteligible, a pesar del conocimiento histórico.
       El Orden de las Cosas llevó a Foucault a la fama, como una figura intelectual en Francia. Una revisión del libro, realizada por Jean-Paul Sartre, atacó a Foucault como, “la última barricada de la burguesía.” Foucault respondió: “¡Pobre burguesía! Si me necesitaba como una ‘barricada,’ entonces ya ha perdido el poder!”
       Publicado en 1969, La Arqueologia del Saber, fue una importante excursión de Foucault en la metodología. El libro fue escrito como resultado de sus discusiones con el Círculo Francés de la Epistemología. Tomando como punto de partida la tradición epistemológica francesa, el libro hace algunas referencias a la Filosofía Analítica de los anglo-americanos, con excepción de la teoría de los actos de habla, con la cual Foucault se distancía.
       Foucault dirige su análisis hacia la “proposición” (énoncé), de donde parten las reglas que hacen que una expresión (es decir, una frase, una proposición o un acto de habla) sea significativa. Estando regulada, la “proposición” tiene un significado muy especial en la arqueología: no es la expresión ella misma. Estas reglas no son la sintaxis y la semántica que hace que una expresión sea significativa. Por el contrario, son las reglas adicionales. A diferencia de los estructuralistas clásicos, Foucault no cree que el significado de los elementos semánticos y sintácticos sean suficientes para determinar el sentido discursívo de una expresión. Bajo éste entendimiento, las declaraciones no son proposiciones por ellas mismas, o declaraciones, o actos de habla. Por el contrario, las declaraciones constituyen una red de normas que establecen lo que es significativo, y estas reglas son las condiciones previas para que las proposiciones, las expresiones, o los actos de habla tengan un significado.
      No obstante, las declaraciones también son “eventos,” porque, al igual que otras normas,  ellas aparecen en cierto momento. Dependiendo si cumple o no con estas reglas de significado, una frase gramaticalmente correcta podría aún carecen de sentido y, a la inversa, una frase gramaticalmente incorrecta podría aún ser significativa.
        Las declaraciones dependen de las condiciones en las que surgen y existen dentro de un campo de discurso. El significado de una oración depende de la secuencia de oraciones que le preceden y le siguen.  Foucault dirige su análisis hacia una amplia dispersión de oraciones organizadas, llamadas formaciones discursivas. Foucault reitera que el análisis está delineando es solo uno de los procedimientos posibles, y que él no está tratando de desplazar a otras formas de análisis del discurso o intenta hacerlos inválidos.
       Según Dreyfus y Rabinow, Foucault no sólo reestructura las cuestiones de “Verdad,”  sino también las cuestiones de “Sentido.” En lugar de buscar el significado más profundo subyaciendo bajo el discurso, o buscar la fuente del sentido de varios aspectos trascendentales, Foucault analiza las condiciones prácticas y discursivas para la existencia de la verdad y el significado. Para mostrar los principios que producen la verdad y el significado de varias formaciones discursivas, Foucault detalla cómo las pretendidas “Verdades” surgen durante las distintas épocas sobre la base de lo que realmente estaba dicho y escrito durante estos períodos. En particular, describe al Renacimiento, la Ilustración y el siglo 20. Foucault se esfuerza por evitar toda interpretación y alejarse de los objetivos de la hermenéutica.
          Esto no quiere decir que Foucault denúncie la verdad y el significado, sino simplemente sostiene que la verdad y el significado dependen de los significados históricamente prácticos y discursívos de la verdad y la producción del sentido. Por ejemplo, a pesar de que las verdades eran radicalmente diferentes durante la Ilustración en oposición a la modernidad, había un significado, una verdad y un correcto tratamiento de la locura durante ambas épocas (Historia de la Locura). Esta postura le permite a Foucault denunciar los conceptos a priori de la naturaleza del ser humano y se centrarse en el papel de las prácticas discursívas en la constitución de la subjetividad.
       Prescindir de encontrar un significado más profundo detrás del discurso parece conducir a Foucault hacia el estructuralismo. Sin embargo, mientras que los estructuralistas buscan homogeneidad en una entidad discursiva, Foucault se centra en las diferencias. En vez de preguntarse qué es lo que constituye la especificidad del pensamiento europeo, se pregunta lo que constituye las diferencias desarrolladas en su interior y a través del tiempo. Por lo tanto, como método histórico, Foucault se niega a examinar las proposiciones fuera de su contexto histórico: la formación discursiva. El significado de un enunciado depende de las reglas generales que caracterizan a la formación discursiva a la que pertenece. Una formación discursiva genera contínuamente nuevas proposiciones, y algunas de ellas marcan el comienzo de los cambios en la formación discursiva que pueden o no pueden ser adoptados. Por lo tanto, para describir a una formación discursiva, Foucault también se enfoca en los discursos rechazados ​​y olvidados que nunca logran cambiar la formación discursiva. Sus diferencias con el discurso dominante también se describen. De esta manera uno puede describir los sistemas específicos que determinan qué tipo de declaraciones surgen. En su libro, Foucault, publicado en 1986, Deleuze describe La Arqueología del Saber como “el más decisívo paso hasta ahora tomado, aún en la teoría y la práctica de las multiplicidades.”

       Vigilar y Castigar: El Nacimiento de la Prisión, fue traducido al Inglés en 1977, del frances Surveiller et Punir: Naissance de la Prison, publicado en 1975. El libro comienza con una descripción gráfica de la brutal ejecución pública en 1757 de Robert-François Damiens, que intentó matar a Luis XV.
      Contra esto se yuxtapone un descolorido calendario de prisión, de poco más de 80 años después. Foucault se pregunta cómo un cambio tal en el castigo de los condenados en la sociedad francesa se pudo haber desarrollado en tan poco tiempo. Estas son las instantáneas de dos tipos opuestos de “Tecnologías de la pena,” de Foucault. El primer tipo, “El castigo Monárquico,” implica la represión de la población a través  de una brutal exhibición pública de las ejecuciones y las torturas. El segundo, “castigo disciplinario,” es, lo que Foucault dice, se practica en la era moderna. El castigo disciplinario da “profesionales” (psicólogos, facilitadores del programa, oficiales de libertad condicional, etc) del poder sobre el prisionero. Es notable que la longitud, o magnitud de tiempo de estancia del prisionero, depende del juicio de los profesionales. Foucault continúa argumentando que el castigo disciplinario moderno, conduce a la auto-vigilancia de la población, en lugar de las muestras brutales de la autoridad, en la época monárquica.
       Foucault sostiene entre los siglos 17 y 18, una nueva y más sutil forma de poder se ejerce a escala transnacional. Él llama a esta forma de poder: disciplina. Los soldados podrían ser hechos y formados en lugar de ser simplemente elegidos por sus características naturales. Lo que es fundamental en el análisis de Foucault es la relación entre el saber y el poder. Foucault pone en duda conceptos comunes, tales como la justicia o la igualdad, y se pregunta dónde se originaron estos conceptos y quien se benefició de ellos. El proceso de observar y evaluar a individuos conduce a más y más conocimiento sobre las personas.
     Foucault también compara a la sociedad moderna con el “Panóptico” de Jeremy Bentham, diseñado para las prisiones (que nunca fue realizado en su forma original, no obstante fue altamente influyente): en el Panóptico, un solo guardia puede vigilar a muchos prisioneros mientras el guardia sigue siendo invisible.
        Prisiones antiguas han sido sustituidas por prisiones claras y visibles, pero Foucault advierte que “la visibilidad es una trampa.”
        Es a través de esta visibilidad, escribe Foucault, que la sociedad moderna ejerce sus sistemas de control de poder y conocimiento, (términos que Foucault cree, es de vital importancia a menudo conectar.) Foucault  repetidamente combina ambos conceptos en un solo concepto único, enlazados por un guión: “poder-saber.”
       Aumentar la visibilidad lleva a que el poder localíze a un nivel cada vez más individualizado,  confirmado por la posibilidad de que las instituciones puedan seguir a personas a lo largo de sus vidas. Foucault sugiere que un “continuum carcelario” corre a través de la sociedad moderna, desde una prisión de máxima seguridad, a través de un alojamiento seguro, hasta otros individuos, cuya libertad va decreciendo. Este “continuum carcelario” va pasando por individuos bajo libertad condicional, hasta trabajadores sociales, policías, maestros, y nos incluye nosotros, en nuestro trabajo diario y vida doméstica de todos los días. Todos están conectados por la supervisión de algunos seres humanos sobre otros. Esto, la vigilancia de la aplicación de normas de comportamiento aceptables, se da de manera consciente o inconsciente.
       Historia de la Sexualidad es una serie de libros en tres volúmenes escritos entre 1976 y 1984. Publicado originalmente en francés, los volúmenes son: La Voluntad de Saber (Histoire de la Sexualité, 1: La Volonté de Savoir), El Úso de los Placeres (Histoire de la Sexualité, II: L'uso des Plaisirs), y El Cuidado de Sí Mismo, (Histoire de la sexualité, III: Le Souci de Soi).
        Los tres volúmenes de, La Historia de la Sexualidad se publicaron antes de la muerte de Foucault en 1984. El primero y más documentado volumen, The Will of Knowledge, (conocido previamente como una introducción en Inglés) fue publicado en Francia en 1976, y traducído al Inglés en 1977. El libro se enfóca primeramente en los dos últimos siglos, y en el funcionamiento de la sexualidad, como un análisis del poder relacionado con la emergencia de una ciencia de la sexualidad, y la emergencia de un biopoder, en el Occidente. Según Foucault, un biopoder son prácticas de los estados modernos, que consisten en ejercen un poder a través de técnicas que logran la subyugación de los cuerpos de las personas, y el control de la población.
       En este volumen se cuestiona la hipótesis represíva,” la creencia generalizada de que tenemos, sobre todo desde el siglo XIX, reprimido” nuestros impulsos sexuales naturales. El autor muestra que lo que conocemos como“represión” de la sexualidad, en realidad constituye a la sexualidad como un aspecto central de nuestra identidad, lo que produjo una proliferación de discursos sobre el tema.
       En el Volumen Uno, Foucault señala un hito en la historia de la humanidad marcando los intentos de controlar la sexualidad de las personas con el fín de lograr la estabilidad de la comunidad. Foucault destaca la Contra-Reforma, durante la cual, según Foucault, la Iglesia Católica hizo hincapié en la necesidad de asistir a la confesión con más frecuencia.


      Señala un cámbio en la Francia del siglo 19, de considerar primero a las personas como, “sujetos” o, “ciudadanos,” a “una población,” un concepto científico que podía ser manipulado de acuerdo a las necesidades de la economía. Esta fue una tendencia que se produjo en toda Europa al extenderse la Revolución Industrial.
      Los otros dos volúmenes: El Úso de los Placeres (Histoire de la Sexualité, II: L'uso des Plaisirs) y El Cuidado de Sí Mismo (Historia de la Sexualité, III: Le Souci de Soi) se refirieren al papel del sexo en la Grecia y Roma antígüa. El último volumen trata considerablemente con el desarrollo tecnológico de la antigua “hypomnema,” cuaderno de apuntes personales reflexivos, que se utilizó para establecer una relación permanente con uno mismo. Ambos volúmenes fueron publicados en 1984, año de la muerte de Foucault. El segundo volumen se tradújo al Inglés en el año de 1985, y el tercero en 1986.
      En su serie de conferencias dictadas 1979 a 1980, Foucault amplió su análisis del gobierno a su, “sentido más amplio de técnicas y procedimientos diseñados para dirigir el comportamiento de los hombres,” que involucró a una nueva consideración del “examen de conciencia” y la “confesión” en la literatura cristiana primitiva. Estos temas de la literatura cristiana primitiva parecieron dominar la obra de Foucault, al igual que su estúdio de la literatura griega y romana, hasta el final de su vida. Sin embargo, la muerte de Foucault dejó el trabajo incompleto, y su planeado volumen cuarto, de su Historia de la Sexualidad sobre el Cristianismo, nunca se publicó. Este cuarto volumen iba a ser titulado Confesiones de la Carne (Les Aveux de la Silla). El volumen fue casi completado antes de la muerte de Foucault y una copia del mismo se mantiene de manera privada en el archivo de Foucault. No se pueden publicar, pues está bajo las restricciones de propiedad de Foucault. (Wikipedia)
              Es importante acuñar una noción de “Poder” que no haga exclusiva referencia al poder gubernamental, sino que contenga la multiplicidad de poderes que se ejercen en la esfera social, los cuales se pueden definir como poderes sociales escalonados.
       En su libro, La verdad y las Formas Jurídicas, Foucault es más claro que en otros textos en su definición del Poder; habla del Subpoder, de “una trama de poder microscópico, capilar,” que no es el poder político, ni los aparatos de Estado, ni el de una clase privilegiada, sino el conjunto de pequeños poderes e instituciones situadas en un nivel más bajo. No existe un solo poder; en la sociedad se dan múltiples relaciones de autoridad situadas en distintos niveles, apoyándose mutuamente y manifestándose de manera sutil. Uno de los grandes problemas que se deben afrontar cuando se produzca una revolución es el que no persistan las actuales relaciones de poder. El llamado de atención de Foucault va en sentido de analizar el poder a niveles microscópicos.
       Para el autor de, La Microfísica del Poder, el análisis de éste fenómeno sólo se ha efectuado a partir de dos relaciones: 1) Contrato - opresión, de tipo jurídico, con fundamento en la legitimidad o ilegitimidad del poder, y 2) Dominación - represión, presentada en términos de lucha - sumisión..
         El problema del poder no se puede reducir al de la soberanía, ya que entre hombre y mujer, alumno y maestro, y al interior de una familia, existen relaciones de autoridad que no son proyección directa del poder soberano, sino más bien condicionantes que posibilitan el funcionamiento de ese poder. Tales condiciones son el sustrato sobre el cual, el Poder se afianza. “El hombre no es el representante del Estado para la mujer. Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya relaciones de dominación bien específicas, del hombre a la mujer, o del adulto al niño, las cuales tienen su configuración propia y su relativa autonomía.”
       El poder se construye y funciona a partir de otros poderes, y de los efectos de éstos, y esto sucede independientemente del proceso económico. Las relaciones de poder se encuentran estrechamente ligadas a las relaciones familiares, sexuales, productivas; íntimamente enlazadas y desempeñando un papel de condicionante y condicionado. En el análisis del fenómeno del poder, no se debe partir del centro y descender, sino más bien realizar un análisis ascendente, a partir de los “mecanismos infinitesimales,” que poseen su propia historia, técnica y táctica. Además, hay que observar cómo estos procedimientos han sido colonizados, utilizados, transformados, y doblegados por formas de dominación global y mecanismos más generales.
       En su ensayo, Los Intelectuales y el Poder, Foucault argumenta que después de mayo de 1968, los intelectuales han descubierto que las masas no tienen necesidad de ellos para conocer --saben mucho más--, pero existe un sistema de dominación que obstaculiza, prohíbe, invalida ese discurso y el conocimiento. El Poder que no sólo se encuentra en las instancias superiores de la censura sino en toda la sociedad. La idea de que los intelectuales son los agentes de la “conciencia” y del discurso forma parte de ese sistema de poder. El papel del intelectual no residiría en situarse adelante de las masas, sino en luchar en contra de las formas de poder allí, donde realiza su labor, en el terreno del “saber,” de la “verdad,” de la “conciencia,” del “discurso;” el papel del intelectual consistiría así en elaborar el mapa y las acotaciones sobre el terreno donde se va a desarrollar la batalla, y no en decir cómo se va a llevar a cabo.
          En La Microfísica del Poder, Foucault indica que, “el poder no es un fenómeno de dominación masiva y homogénea de un individuo sobre los otros, o de un grupo sobre otros, o de una clase sobre otras; el poder contemplado desde cerca no es algo dividido entre quienes lo poseen y los que no lo tienen y lo soportan. El poder tiene que ser analizado como algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allá, no está nunca en manos de algunos. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. Y en sus redes circulan los individuos quienes están siempre en situaciones de sufrir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consistente del poder ni son siempre los elementos de conexión. El poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos.”
      Aunque este párrafo pudiera hacer pensar que Foucault disuelve, o desintegra el principal tipo de poder, el estatal, o que no lo reconoce, en otro apartado Foucault habla del concepto de subpoder, de los pequeños poderes integrados a uno global. Foucault reconoce al poder estatal como el más importante, pero su meta es tratar de elaborar una noción global que contenga tanto al estatal como aquellos poderes marginados y olvidados en el análisis.(Wikipedia.)
       En una entrevista con G. Deleuze, Foucault describía la figura del intelectual de la siguiente manera: “El papel del intelectual no reside en situarse un poco adelante o un poco de lado a la hora de revelar la verdad muda a todos. Mas bién se trata de luchar contra todas las formas de poder establecidas allí donde el intelectual se convierte, a la vez, en objeto y en instrumento: en el orden del ‘saber,’ de la ‘conciencia,’ del ‘discurso.’ Foucault hizo historia después de Marx y Nietzsche. La interpretación de la historia universal en Foucault proviene directamente de la filosofía de la sospecha. De hecho, Foucault plantea a la filosofía como si fuese el análisis de la siguiente pregúnta: ¿Qué significa pensar, después de Marx, Nietzsche, y Freud?
       Este objetivo implica realizar un nuevo esfuerzo de “Genealogía de la Moral” ahora “Genelogía del Poder” que permita explicar cómo actúan sus fuerzas polimórficas. Así, Foucault considera que ésta nueva concepción de la historia, debe asumir necesariamente la importancia de los “síntomas,” u, oposición a cualquier sustancialidad. Hay que constatar el carácter retórico del lenguaje ante un posible “naturalismo” lingüístico; es decir, hay que recoger perfil metafórico de la verdad. Esto quiere decir que hay que apropiarse del dinamísmo del poder, el cual no se mide por la cantidad de fuerza física, sino por su capacidad de extenderse en partes y aparecer como verdad.
       Pero Foucault también se distancía de Nietzsche y Marx en aspectos absolutamente centrales de su obra. Así, por ejemplo, Foucault no acepta la amenaza-promesa del Superhombre. Foucault niega que la historia tenga un sentido final y tampoco admite la actitud exclusívamente negadora de Nietzsche, según la cual, la filosofía y la historia no pretenden condenar, sino comprender. Además, como alternativa al análisis marxista del carácter economicísta y determinísta de la historia, Foucault asume la expresión de una historia global, la cual contiene todo un proceso de civilización y de sus formas de barbarie implícitas, motivo por lo cual, ni el análisis el “poder” ni del “saber” pueden basarse y entenderse solo en “clave” económica.
        La obra de Michael Foucault, pues, abre una serie de interrogantes alrededor de las tesis marxistas. Si, por un lado, Marx logra construir  el sistema conceptual, hasta entonces, más potente para pensar la historia, por el otro lado, la degeneración totalitaria del marxismo-leninismo obliga a plantear el problema del sujeto y la libertad de una manera nueva y no ingénua. Como se ve, por lo tanto, Foucault, además de postnietzschista, también es postmarxista.
       Foucault toma de Marx la gran importancia que tiene el estudio de las formas de disciplina. En éste sentido, Marx habría sido el primero en examinar las técnicas de control social que permiten a un grupo concreto alcanzar el poder político, y también, sobre todo, el hecho de que los oprimidos, al fín, interiorícen y y asúman como “normal” la disciplina y la visión del mundo de los sectores dominantes. Sin embargo, Foucault se diferencía de Marx en tres cuestiones básicas: Primero recháza la división de la estructura social en: 1) Una Infraestructura: Base económica y base material, y 2) una Superestructura: Ideología y Leyes. En la realidad social, estos dos niveles son indisociables. Segundo, considera que la “ideología” también está presente en la forma de organizar la economía. Y tercero, no acepta la primacía de la economía en la comprensión de la sociedad.
          En cuanto a los mecanismos de control, Foucault se siente más interesado por lo que él llama, “técnicas de poder pastoral,” las cuales se ocupan de controlar conductas y definir el modelos de “normalidad,” más que regular la economía. Foucault rechaza la concepción del poder como posesión de un grupo económico, o de una clase social determinada. Según Foucault, el poder está diseminado por toda la sociedad. El poder no es patrimonio de un solo grupo dominante, ya que hay muchas formas de poder y de resistencia que también pueden estar en manos de los oprimidos.
       Con respecto a su Antihumanísmo, Foucault experimenta dos etapas en cuanto a su crítica del humanismo. En sus primeras obras, Foucault sigue los principios de Nietzsche y de la fenomenología de Hussrel, y Heidegger; es decir, sostiene que el ser humano es, en sentido literal, una “invención” de fecha reciente. El ser humano es una construcción del poder. Así, a través de la historia, se ha venido construyendo una ideología del humanismo en la que se considera “humano,” lo que conviene al poder disciplinadamente. Ya en sus últimas obras, y a partir de la reflexión iniciada en su libro “Historia de la Sexualidad,” el humanismo aparece como una especie de cuidado posmoral. El poder, no tiene presente al ser humano como un individuo, sino como un miembro de un grupo concreto. La forma de expresión del poder no individualiza al ser humano. Así, según Foucault, el ser humanos solo existiría plenamente, si un proceso de individualización le permitiera liberarse de lo que Nietzsche llama “la moral del rebaño.” Si es necesario hacer una historia de la sexualidad, o una historia de las cárceles, es porque hay que conocer los mecanismos de despersonalización que esconde la retórica del humanismo.
       En la vertiente política, Foucault es un teórico del poder y, especialmente, un crítico de las relaciones entre el “saber” y el “poder.”
       En la concepción tradicional, que se inicia con la época platónica, el intelectual renúncia al poder público, para dedicarse al “saber,” tarea supuestamente superior, ya que implica alejarse del mundo. Así, la figura del filósofo, que es el símbolo del conocimiento, va ligada a la figura del rey, la cual representa el poder, como si fueran dos elementos contradictorios unidos por un felíz azar. Foucault, en cámbio, cree que el poder y el saber, siempre han ido inseparablemente unidos. Para Foucault, ambos son de hecho inseparables, y toda práctica del poder, es también una práctica del conocimiento. Los dispositivos del “poder” siempre se han instalado históricamente en determinadas modalidades de “saber.”
     Sobre la cuestión del poder, Foucault establece tres principios esenciales:
1)    El poder existe como “práctica,” es decir, como acto. No tiene sentido plantear ¿Qué es? Sino, ¿Cómo funciona?
2)    En cada época, en cada circunstancia historica, el poder se transforma. En éste sentido, hay que analizarlo desde una perspectiva “nominalista” y “pluralista.”
3)    Hay muchas formas de poder. El poder no solo se ejerce de arriba a abajo, o de una clase dominante a una dominada. Además, el poder está presente en toda la sociedad.
     Por lo tanto, según Foucault, Marx se equivocó al reducir el problema del poder a un simple problema de lucha de clases. El poder constituye la esencia de los humanos. Además de prohibir y reprimir, el poder, “seduce, incita, reproduce,” etc.  Al estudiar la cárcel, la escuela, la enfermedad mental, o la sexualidad, se está estudiando el poder. Desde Maquiavelo, hasta Carlos Marx, el poder siempre se ha visto como un espacio de prohibición. Foucault por su parte, demuestra que el poder tiene la astuta capacidad de pasar inadvertido. El poder nos ve, sin dejar que nosotros le miremos. El poder es “panóptico,” como la cárcel que quería construir Bentham.
       El poder triunfa cuando se tiende a considerar “natural” lo que en realidad es cultural y aprendido. De éste modo, Foucault llega al proyecto nietzscheano conocido como “Genealogía de la Moral,” el estudio del porqué el ser humano se ha convertido en lo que es, que Foucault reinterpreta como “Arqueología del Saber,” título de su libro de 1969, o como “Genealogía del Poder,” a partir de 1970. Como dice Foucault, las relaciones del poder tienen el carácter de “grandes estrategias anónimas que no hay nadie que las haya concebido y muy pocos que las hayan formulado.”  “El ejercicio del poder crea perpetuamente el saber. Y también sucede al revés: el saber conlleva efectos del poder.” Para Foucault, el principal problema político reside en la relación entre el poder y las formas de resistencia. De hecho, dice Foucault, nunca ha existido un poder tan absoluto que pueda tener éxito en impedir la aparición de alguna forma de resistecia. Hay un entramado, a menudo inconsciente y anónimo, que actúa también como resistencia. A tal entramado Foucault llama “epistemes” o formas de conocimientos.
        En sus últimos libros, publicados en el año de su muerte, en 1984, titulados, “El Úso de los Placeres” y “El Cuidado de Sí Mismo,” Foucault reivindíca al ensáyo como un género literario, o una forma de filosofía en oposición al “tratado” al que Foucault considera “un saber cerrado.” Además, Foucault habla de moralidad, que él entiende como una “atención o cura sobre sí mismo.” Según Foucault, la manera en que un individuo se configura a sí mismo, es más determinante que el conjunto de códigos y reglas morales. Por eso, dice Foucault, el estúdio de la sexualidad es un apasionante campo, en la medida en que permite una reflexión sobre “lo prohibido, lo reprimido, lo marginal.” Para Foucault, la moral se encarga de definir un modelo de vida a través del cual, el individuo se puede reconocer como humano. La última intuición de Foucault afirma que la pregúnta sobre ¿Cuál es el modo de vida que debemos vivir? pertenece en profundidad al campo de la estética. En otras palabras, para Foucault, la ética es una estética vital.  (Apuntes del Material Didáctico de Filosofía Bachillerato, INPADE, p.111-113.)
                                
Adaptación: José Escobar.