Club de Pensadores Universales

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martes, 25 de enero de 2011

Orfeo y Eurídice

   Zeus, Dios del trueno, el cielo y el tiempo, se acaba de convertir en el Dios supremo de los griegos, después de una lucha en la que salió vencedor. Zeus se compartió el poder del  mundo con sus dos hermanos: Poseidón, dios del mar y Hades, dios de los infiernos subterráneos.
     Perséfone, esposa de Hades, tiene ya que volver a los reinos subterráneos, después de ocho meses, donde ha vivído en la tierra, mientras el trigo y el maíz se han dado.
         
     Eagro, rey de Trácia, ha tenido un hermoso hijo llamado Orfeo, fruto del amor de su esposa Calíope, quien es amante de la poesía. El niño crece, logrando ser un excelente músico y poeta. Un día Orfeo descubriría a una hermosa doncella junto al río, y al verla pensó: “¿Quien sera ella? Es la mujer mas Linda que mis ojos han visto”. Después Orfeo habló en voz alta y le dijo, “¿Como te llamas hermosa flor?”. “¿Quien eres tú?” le preguntó ella. “Soy Orfeo, el músico de Trácia”.”Tú ¿eres aquel que con su música prodigiosa apacígüa a las fieras?” le preguntó ella, y así, Orfeo le dijo, “Solo sé que desde el momento que te ví, me he convertido en tu servidor,además-continuó-cuando descubrí tu presencia mi corazón dió un gran salto dentro del pecho, y desde ese día solo latirá por tí”. Ella le dijo, “Ah Orfeo. ¡Que cosas díces!” “¿Cual es tu nombre?” le preguntó él, y ella le dijo, “Euridíce.” Y desde ese día Orfeo solo tocaría en honor a Euridíce.

      Un día, Euridíce le dijo, “No hay música mas bella que la que tú creas con la lira”. Y él le dijo, “Apolo y Euterpe me obsequiaron ese don-Orfeo continuó-Euridíce, yo te ámo inténsamente”, “¡Orfeo!” contestó ella, “Sí amada Euridíce-continuó Orfeo-eres lo más querido para mí en este mundo. ¿Acaso este amor no es correspondído?” ella le dijo, “¡Orfeo yo…no sé cómo decirte…! ¡Que yo también te ámo! ¡Te quise desde el día en que te conocí !” Tiempo después Orfeo y Euridíce se comprometerían en matrimonio. Pero un día, se presentó Aristeo ante Euridíce, y le preguntó, “¿Te casarás con el cantor de Tracia?” “Sí-dijo ella-y solo cuento los días que faltan para ese momento dichoso”, Aristeo le dijo, “¿Porque? Euridíce, si sabes que yo te ámo”, y ella le dijo, “Aristeo, yo solo puedo quererte como un amigo, te lo he dicho en varias ocaciones”. “Déjame estar cerca de tí, yo sabré conquistar tu corazón”, le dijo él , pero ella le contestó, “Lo siento. Mi corazón pertenece por completo a Orfeo”. Aristeo desesperado intentó abrazárla y besárla a la fuerza, pero Euridíce lograría escapar de los brazos de Aristeo. Aristeo amaba profúndamente a Euridíce y no estaba dispuesto a perderla, y gritó diciendo, “¡Oh Dioses! ¡Yo la ámo más que Orfeo! ¡Euridíce, tú jamás serás de Orfeo!”.
Al tiempo, Himeneo, el dios del matrimonio, oficiaría  la boda de Orfeo y Euridíce. Cuando terminó la ceremonia, Himeneo dijo, “Que Afrodita, la diosa del amor los proteja”. “Larga vida y felicidad a los novios”, y al besarse, la antorcha de Himeneo no dejaría de chisporroteár y despedír humo. Himeneo pensó, “No logra encendérse la llama. Este es un mal preságio.”
     Así, las nínfas del bosque llevarían a la recién desposada a dar un paseo, y le dijeron, “Te daremos unos consejos, Euridíce. Ven con nosotras.” Y Euridíce le dijo a Orfeo, “No tardaré Orfeo,” y él le contestó, “Te esperaré con impaciencia”, y alegres, las ninfas y Euridíce se alejarían del palacio de Eágro, el rey de Trácia.
     Allá en el bosque, las ninfas le dijeron a Euridíce, “Orfeo es un bello mancebo que muchas quisiéron conquistar; así que deberás hacerlo felíz desde ésta noche,” y ella contestó,“Con los Buenos consejos que me han dado, lo volveré loco de amor”, entonces apareció Aristeo y le dijo, “Euridíce, he venido por tí, te llevaré conmigo”, y ella le dijo, “Vete Aristeo, ahora soy la esposa de Orfeo” y asustáda huiría a toda prísa, pero Aristeo la alcanzaría y después de resistirse mas lentamente, Euridíce perdería sus fuerzas y sería picada y envenenada por una serpiente, por lo cual Aristeo huiría asustado no sin antes ser advertido por las ninfas que se vengarían de lo hecho por él.
     En ese momento, Orfeo sentía una extraña opresión el pecho, y tras ir a buscarla y descubrir el cuerpo de Euridíce, la levantaría en sus brasos. Orfeo lloraría día y noche la pérdida de su amada. Los días pasarían, y Orfeo no cantaría ni tocaría más su lira. Y pensaba, “¿Cómo podré consolárme? ¡Ya nada me interesa!”
     Una tarde, Orfeo se decidiría a descender al mundo de ultratumba, pensando que debería haber otra oportunidad para Euridíce. Su amor lo impulsaría a adentrarse en la mansión de las sombras. Caminó hasta llegar al rio Estigia, el cual daba siete vueltas a los infiernos, formando así una laguna, cuando a lo lejos, pudo divisar a Caronte. El barquero Caronte era el portero del mundo de ultratumba, y cuando vió a Orfeo, le dijo, “¿Qué has venido a hacer aquí, músico de Trácia?” y Orfeo le dijo, “Llevame en tu barca ante la presencia de Perséfone y Hades”, pero Caronte le dijo, “¡No te puedo llevar al otro lado, tú no estás muerto!”, Orfeo suplicando le dijo, “Tengo que hablar con ellos, no me nieges éste favor!”, pero el Caronte le dijo, “Nadie puede cruzar éste río dos veces, ¿Entiendes?”, Orfeo desesperado dijo, “He venido a buscar a mi esposa Euridíce”, el Caronte le dijo, “¡Regresa por donde has venido y vete de aquí!”
     Minutos después, Orfeo tocaría su lira. Caronte al escucharlo le dijo, “¡Qué música tan bella! ¡Me hace sentir diversas emociones!” La música de Orfeo lograría convencer a Caronte y conduciría al anhelante joven hacia la otra orilla del río Estigia. Ya en el trayecto, el Caronte le decía a Orfeo, “No dejes de tocar, el trayecto nos llevará algunas horas”.
     Al tiempo, Orfeo llegaría a la entrada del reino de Hades. El Caronte se despidió y le dijo, “Ahora tendrás que vencer a El Cancerbero”, el cual era un formidable perro de tres cabezas, que se encargaba de cuidar la puerta de los infiernos. El Cancerbero jamás dormía, pero la música de Orfeo lograría dormirlo, así, la puerta del infierno sería franqueada por Orfeo, y cruzaría el bosque sombrío, habitado por sombras, que eran los fantasmas de los muertos, y Orfeo pensaba, “¿Dónde estarás esposa mía?”.
     Tiempo después, Orfeo llegaría a la mansion de Perséfone y Hades, y el inmenso amor que sentía por Euridíce, le daría el valor y arrójo necesarios para entrar al siniestro lugar. Finalmente, llegaría ante la presencia de los dioses de aquellas obscuras regiones. Hades lo vió y le dijo, “¿Qué haces aquí?”, “¿Cómo te has atrevido a entrar a la tierra de los muertos?”, Orfeo se arrodilló, inclinó la cabeza, y le dijo, “He venido a pedirte que me devulevas a mi esposa”. Hades gritó y dijo, “¡No! ¡Y ahora vete!”. Orfeo tomó su lira y comenzó a entonar una canción, donde narraba en poesía, la historia de Euridíce y sus sentimientos, que lo habían llevado hasta ahí.
      “Deidades de este mundo frío,
       Al cual descendemos al morir,
       He logrado sobrevivir,
       Al cruzar aquel río.
 
       En busca de mi esposa he venido
       En la flor de la edad ha fallecido
       Pues una serpiente su veneno ha inyectado
       Y el dolor no he soportado
       Y el amor me ha vencido.
 
       En el nombre de esta espantósa morada
       En el nombre de este vasto y silencioso reino
       Por el reino de las sombras les conjuro
       Que vuelvan a tejer en el futuro
       La trama del destino de Euridíce
       Terminada de forma apresurada
 
       Todo se debe a ustedes
       Y tarde o temprano
       a este lugar llegamos
       y es nuestra última morada
       para siempre por ustedes gobernada
 
       Ella podrá volver aquí
       Cuando haya cumplido los años que le son
       Aún les pido ese don
       Y si no pueden conceder este favor
       A mi esposa Euridíce
       Ya no quiero vivir y entonces
        Les pido un último favor
        Que la muerte de los dos sea realizada.”
  El dolor expresado en el cánto y los acordes de Orfeo, lograrían conmover al terrible Hades, quien dijo, “Euridíce te seguirá y volverá a la tierra, pero tú deberás cumplir una condición”, “Haré cuanto me ordenes” dijo Orfeo, y Hades continuó, “Tú no deberás volver la vista atrás antes de abandonar los infiernos. Si por temor o amor te vuelves a mirar a tu esposa, la perderás para siempre”. “Cumpliré” dijo Orfeo.
      Así, Orfeo seguiría a Hades hasta una de las orillas del río Leteo, el río del olvido. íse acercó, Orfeo volteó su Mirada y escuchó las palabras de Hades, “Recuérdalo Orfeo, solo podrás volver la vista atrás, cuando hayas salido de los valles del averno, de lo contrario, el don te será revocado.”
     Enmedio de un profundo silencio Orfeo y Euridíce atravesarían las obscuras regiones. Y Orfeo pensaba, “Escúcho el rumor de los pasos de mi amada”. Al llegar al río Estigia, Caronte los conduciría hacia la otra orilla en la barca, y cuando Orfeo sintió la cercanía de Euridíce pensó, “Ah, cuánto ansío volver a mirar a Euridíce” y al acercarse a la superfície de la tierra Orfeo pensó, “Puedo ver desde aquí la luz del sol”, pero al bajar la barca y avanzar hasta la luz, Orfeo no escuchó los pasos de Euridíce, la angustia le haría perder la calma, y volvería la cabeza.
Pero Euridíce estaba ahí, y al mirarla, vió cómo se desvanecía, entonces gritó, “¿Qué he hecho?” Euridíce había muerto por segunda vez. Enloquecído por el dolor, Orfeo suplicaría a Caronte un nuevo viaje por el río Estígia, pero fué inútil, pues Caronte le dijo, “La muerte es el único obstáculo que el hombre no puede superar. Te perdió la impaciéncia. Vuelve a la Tierra” Pero Orfeo se negó y le dijo, “¡No quiero seguír vivendo sin ella !”
     Así Orfeo permanecería en la orilla del río Estígia siete días, quejándose por su inmensa pena. Ya de regreso a la Tierra, Orfeo le contaría a las piedras y los árboles su pena. Y decía, “¡Ah. Estoy muerto en vida ! ¡No cumplí la orden, y ahora lloraré la pérdida definitíva de mi esposa ! ¡Euridíce, no volveré a amar a nadie como te amé a tí !”
     Los años pasarían sin que Orfeo volviéra a tocar su lira prodigiosa; se había refugiado en los bosques de Tracia, y solo se le podía ver en compañía de alegres chiquillos. Un día, viendolós jugar les dijo, “Amigos míos, ¡Disfruten cada momento de su tierna juventud! Es tan breve la primavera de esos años como es corta la vida de las flores.” En eso, una niña preguntó, “¿Porqué vives sólo en el monte Orfeo?” “Así me siento bién,” le contestó él. Después, la niña le dijo, “¿Porqué no tocas la lira? Mi madre dice que en toda Trácia no hay mayor músico que tú.” Orfeo le dijo, “Está bién; tocaré para ustedes. Compondré una canción en honor a su juvetud, a los años felices que les corresponde vivir.”


 De ésta manera Orfeo volvería a producir su música incomparable. Con su canto volvería a encantar a los animales del bosques, pero también a las Ménades, quienes descubrirían su presencia. Así, las exaltadas mujeres correrían hacia el músico de Tracia, y al verlo le dirían, “¡Orfeo Espéra! ¡Tenemos que hablarte! Míranos bién, Orfeo. Todas somos hermosas y tú debes elegir a alguna de nosotras”, pero Orfeo le dijo, “¡No estoy en busca de una compañera!” Las ménades le dijéron, “¡No puedes seguir vivendo solo! ¡Eres tan atractívo y varonil! Debes unirte a una de nosotras”, Orfeo les respondería, “No estoy dispuesto a sufrír nuevamente por amor”, una de ellas le preguntó, “Hemos sabido que has rechazado a numerosas mujeres. ¿Porqué lo haces?”, él sólo le dijo, “Yo ya nada espero de la vida.”
     Una de la Ménades le dijo, “Así que nos menosprecias…” otra levantó la voz y dijo, “Pagarás por ésta humillación, Orfeo”, y Orfeo se alejaría de las furiósas mujeres  tocando su lira, pero la hermosa música no lograría desvanecer la furia que se había apoderado de las sacerdotisas del dios del vino, y una de ellas gritó, “Acabarémos contigo cantor de Trácia. Orfeo no se burlará de nosotras” Las ménades emprenderían una feróz persecución sobre Orfeo, lanzándole varas con hoja de parra, pero un grupo de labriegos que observaban la persecución, se asustaron y dijeron, “¡Largémonos de aquí. Las Ménades están enardecídas!” Y así, las sacrílegas mujeres recogerían los azadones olvidados por los campesinos. Orfeo suplicaría en vano, y las ménades no descansarían hasta destrozar por complete al sensible poeta de Trácia.
      Sus restos serían echados al río, cuyo caudal los llevaría hasta el mar. Los lamentos de Orfeo aún se escuchan en el susúrro de las olas. En el mundo de ultratúmba la sombra de Orfeo estrecharía a la de Euridíce. Finalmente, en el reino de Hades, los esposos pasearían juntos, por toda la eternidad sin dejar de mirarse. 

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