Club de Pensadores Universales

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viernes, 17 de febrero de 2012

El Beso Encantado de O. Henry

     William Sydney Porter nació el 11 de septiembre de 1862, y murió el 5 de junio de 1910 a la edad de 47 años. Sydney Porter fue conocido por su seudónimo de O. Henry y fue un escritor norteamericano. Los cuentos cortos de O. Henry son conocidos por su ingenio, juegos de palabras, cálidas caracterizaciones y finales inesperados.

    William Sidney Porter nació el 11 de septiembre de 1862, en Greensboro, Carolina del Norte. Su segundo nombre al nacer era de Sidney, por lo que cambió la ortografía a Sydney en 1898. Sus padres fueron el Dr. Algernon Sidney Porter (1825-1888), un médico, y Mary Jane Virginia Swaim Porter (1833-1865). Ambos se casaron el 20 de abril 1858. Cuando William tenía tres años, su madre murió de tuberculosis, y él y su padre se mudaron a la casa de su abuela materna. 

   Desde niño, Porter siempre estaba leyendo, desde los clásicos hasta las novelas de diez centavos, y sus obras favoritas eran las traducciones del orientalista británico  Edward William Lane de, Las Mil y Una Noches, y el libro, Anatomía de la Melancolía de Burton.
    Porter se graduó de la escuela primaria de su tía, María Evelina Porter, en 1876. A continuación, se matriculó en la Escuela Secundaria Lindsey Street. Su tía continuó su tutoria hasta que él tuvo quince años. En 1879, comenzó a trabajar en la farmacia de su tío, y en 1881, a la edad de diecinueve años, se licenció como farmacéutico. En la farmacia, también mostró sus dotes artísticas naturales esbozando dibujos de la gente del pueblo.

    Porter viajó con el Dr. James K. Hall a Texas en marzo de 1882, con la esperanza de que un cambio de aires que le ayudaran a aliviar una tos persistente que él había desarrollado. Fijó su residencia en el rancho de ovejas de Richard Hall, hijo de James, en el Condado de La Salle y le ayudó como un pastor de ovejas, peón, cocinero y niñero. Mientras estuvo en el rancho, aprendió un poco de español y alemán de la mezcla de peones inmigrantes. También pasó el tiempo leyendo literatura clásica.

    La salud de Porter mejoró y viajó con Richard a Austin en 1884, donde decidió quedarse y fue recibido en la casa de los Harrell, que eran amigos de Richard. Porter tomó un variado número de trabajos diferentes a lo largo de los próximos años, primero como farmacéutico y luego como dibujante, cajero de banco y periodista. También comenzó a escribir como una actividad secundaria.
     Porter llevó una vida social activa en Austin, incluyendo su afiliación en el canto y los grupos de teatro. Porter era un buen cantante y músico. Tocó la guitarra y la mandolina. Se convirtió en un miembro del "Cuarteto de Hill City", un grupo de jóvenes que cantaban en las reuniones y daban serenata a las mujeres jóvenes de la ciudad.
     Porter se reunió y comenzó a cortejar Athol Estes, entonces de diecisiete años y de una familia acomodada. Su madre se opuso a la relación debido a que Athol estaba enferma, aquejada de tuberculosis. El 1 de julio de 1887, Porter se fugó con Athol a la casa del reverendo R.K. Smoot, donde se casaron.
     La pareja siguió participando en grupos musicales y de teatro, y Athol animó a su marido para dedicarse a sus escritos. Athol dio a luz a un hijo en 1888, quien murió horas después del nacimiento, y luego una hija, Margaret Worth Porter, en septiembre de 1889. El amigo de Porter, Richard Hall, se convirtió en el Comisionado de Tierras de Texas y le ofreció un trabajo a Porter. Porter comenzó como dibujante en la Oficina de Tierras Públicas de Texas (GLO) en 1887 con un salario de 100 dólares al mes, dibujando mapas de levantamientos topograficos y notas de campo. El sueldo era suficiente para mantener a su familia, pero él continuó sus contribuciones de escritura a revistas y periódicos.
     Su trabajo en la Oficina del Departamento de Construcción fue un nombramiento político por Hall. Hall se lanzó de candidato a gobernador en las elecciones de 1890, pero perdió. Porter dimitió a principios de 1891 cuando el nuevo gobernador prestó juramento.
     En la Oficina del Departamento de Construcción, en Austin Texas, comenzó a desarrollar personajes y tramas de cuentos, tales como, "El Gobierno de Georgia" (1900), y "Tesoro Enterrado" (1908). El edificio en forma de castillo en el que él trabajó se tejió incluso en algunos de sus cuentos, tales como "El Scrip Bexar No. 2692" (1894).


     El mismo año, Porter comenzó a trabajar en el First National Bank de Austin como cajero y tenedor de libros con el mismo salario que él había logrado en la Oficina del Departamento de Construcción. El banco estaba operando de manera informal y Porter fue aparentemente descuidado en mantener sus libros y pudo haber malversado fondos. En 1894, fue acusado por el banco de malversación de fondos y perdió su trabajo, pero no fue procesado.
     Posteriormente, trabajó de tiempo completo en un semanario humorístico llamado The Rolling Stone, que comenzó mientras trabajaba aún en el banco. La revista Rolling Stone incluía  sátiras sobre la vida, la gente y la política. Además incluía cuentos de Porter y bocetos. Aunque eventualmente alcanzó una máxima circulación de 1500 ejemplares, la revista Rolling Stone terminó en abril de 1895, ya que el papel nunca proporcionó un ingreso adecuado. Sin embargo, sus escritos y dibujos habían llamado la atención del editor del periódico The Houston Post.
     Porter y su familia se mudaron a Houston en 1895, donde Porter comenzó a escribir para el Washington Post. Su salario era de sólo $ 25 al mes, pero aumentó de manera constante, así como su creciente popularidad. Porter reunió ideas en su columna vagando en los vestíbulos de hoteles y observando y hablando con la gente allí. Esta era una técnica que él utilizó en su carrera de escritor.
     Por desgracia para él, mientras estaba en Houston, el First National Bank de Austin fue auditado por los auditores federales y descubrieron la escasez de malversación de fondos que habían conducido a su despido. Una proceso federal sigió y fue arrestado por cargos de malversación de fondos.
     El suegro de Porter pagó una fianza para mantener a Porter fuera de la cárcel, pero un día antes de que Porter debía presentarse a juicio, el 7 de julio de 1896, huyó, primero a Nueva Orleans y luego a Honduras. Mientras vivió encerrado en un hotel de la cuidad hondureña deTrujillo durante varios meses, Porter escribió Coles y Reyes, cuento en el que acuñó el término "República Bananera" para describir el país de Honduras, que posteriormente se utilizaría para describir casi a cualquier pequeña, e inestable nación tropical de América Latina.
     Porter había enviado Athol y Margaret de regreso a Austin para vivir con los padres de Athol. Por desgracia, Athol se enfermó demasiado como para verse con Porter en Honduras como Porter lo había planeado. Cuando se enteró de que su esposa se estaba muriendo, Porter regresó a Austin en febrero de 1897 y se entregó a la corte, en espera de una apelación. Una vez más, el suegro de Porte se presentó para pagar la fianza de Porter, de forma tal que Porter podría quedarse con Athol y Margaret.
     Athol Estes Porter murió el 25 de julio de 1897, de tuberculosis (entonces conocida como tisis). Porter, teniendo poco que decir en su propia defensa, fue declarado culpable de malversación de fondos en febrero de 1898, condenado a cárcel por cinco años, y encarcelado el 25 de marzo de 1898, como el prisionero federal no. 30664 en la penitenciaría de Ohio en Columbus, Ohio.
    Mientras estaba en prisión, Porter, siendo licenciado farmacéutico, trabajó en el hospital de la prisión, como el farmacéutico de noche. A Porter se le dio su propia habitación en el ala del hospital, y no hay constancia de que en realidad pasó un tiempo en el bloque de celdas de la prisión.
     Tenía catorce historias publicadas bajo varios seudónimos, mientras estubo en prisión, pero llegó a ser más conocido como "O. Henry", un seudónimo que apareció por primera vez en la historia "Silbando el Repertorio de Navidad de Dick” en la emisión del 12 de diciembre de 1899 en, McClure Magazine. Uno de sus amigos en Nueva Orleans entregaria sus historias a los editores, de forma tal que no tenían idea de que el escritor estubiera encarcelado.
     Porter fue puesto en libertad el 24 de julio de 1901, por su buena conducta tras cumplir tres años. Porter se reunió con su hija Margarita, ahora de 11 años, en Pittsburgh, Pennsylvania, donde los padres de Athol se habían trasladado después de la condena de Porter. A Margarita nunca se le dijo que su padre había estado en la cárcel, sólo que había estado de viaje de negocios.
     El más prolífico período de escritura de Porter se inició en 1902, cuando se mudó a Nueva York para estar cerca de sus editores. Mientras estuvo allí, escribió 381 cuentos. Él escribió una historia a la semana durante más de un año para la revista del, New York World Sunday Magazine.
      Su ingenio, caracterizaciones, y tramas inesperados eran adorados por sus lectores, pero a menudo era criticado por los críticos literarios. Porter se casó de nuevo en 1907, con su novia de la infancia, Sarah Coleman (Sallie) Lindsey, con quien se reunió de nuevo después de visitar su estado natal de Carolina del Norte.
     Porter era un bebedor fuerte y su salud se deterioró considerablemente en 1908, lo que afectó su escritura. En 1909, Sarah le dejó, y murió el 5 de junio de 1910, de cirrosis del hígado, complicaciones de la diabetes, y un agrandamiento del corazón. Después de los servicios fúnebres en Nueva York, fue enterrado en el cementerio de Riverside en Asheville, Carolina del Norte. Su hija, Margaret Worth Porter, quien murió en 1927, fue enterrada junto a su padre.
     Las historias de O. Henry con frecuencia tienen un final sorpresa. En su día, fue llamado la respuesta estadounidense a Guy de Maupassant. Ambos autores escribieron finales inesperados de la trama, pero las historias de O. Henry eran mucho más traviesas. Sus historias también son conocidas por su narración ingeniosa.
     La mayoría de las historias de O. Henry son ambientadas en su propio tiempo, a principios del siglo 20. Muchas tienen lugar en la ciudad de Nueva York y tratan, en su mayor parte, de gente común: empleados, policías, camareras.
     La obra de O. Henry es muy amplia, y sus personajes se pueden hallar vagando por las tierras de ganado de Texas, explorando el arte de un estafador, o investigando de las tensiones de clase y riqueza de fin de siglo en Nueva York. O. Henry tenía una mano inimitable para aislar algún elemento de la sociedad y describirlo con una increíble economía y gracia del lenguaje.
     Algunas de sus mejores y menos conocidas obras se encuentran en su libro Repollos y Reyes, una serie de historias en donde Porter explora algún aspecto individual de la vida, en una tranquila ciudad paralíticamente dormida de América Central, mientras se avanza algún aspecto de una larga trama y lo relaciona de nuevo uno con otro.
    Coles y Reyes fue su primera colección de cuentos, seguido de, Los Cuatro Millones. La segunda colección se abre con una referencia a la afirmación del juez neoyorquino, Ward McAllister,  quien dijo que solo había cuatrocientos  personas en Nueva York que valia la pena destacar. Pero un hombre más sabio ha surgido (el empleado del censo) y su estimación grande de interés humano se ha preferido para marcar estas pequeñas historias de “Los Cuatro millones.” Para O. Henry, cada uno en Nueva York, contó.
     O. Henry tenía un afecto evidente hacia la ciudad de Nueva York, la que calificó de “La Bagdad en el Metro,” y muchas de sus historias se desarrollan allí, mientras que otras se ubican en pequeñas ciudades, o en otras ciudades.
     "El Regalo de los Reyes Magos", trata sobre una joven pareja que está escasa de dinero, pero quieren desesperadamente comprarse el uno al otro regalos de Navidad. Sin que lo sepa Jim, Della vende su posesión más valiosa: su hermoso cabello, con el fin de comprar una cadena de platino para el reloj de Jim, mientras que sin el conocimiento de Della, Jim vende su propia posesión más valiosa: su reloj, para comprar un peine de joyas para el cabello de Delia . La premisa esencial de esta historia ha sido copiada, re-trabajada, parodiada, y por lo demás de nuevo dicha incontables veces en el siglo desde que fue escrita.
    "El Rescate del Jefe Rojo", en donde dos hombres secuestran a un niño de diez años. El chico resulta ser tan malcriado y desagradable, que los hombres desesperados en última instancia pagan el padre del niño 250 dólares, para llevarlo de regreso.
     "La Policía y el Himno", sobre un vagabundo de Nueva York llamado jabonoso, quien se las arregla para ser arrestado, para que pueda ser llevado a la cárcel de la ciudad, y pueda evitar así el dormir en la calle en el frío invierno. A pesar de sus esfuerzos para lograr pequeños robos, vandalismo, conducta desordenada, y “coquetear” con una joven prostituta, jabonoso no logra llamar la atención de la policía. Desconsolado, se detiene frente a una iglesia, donde en un himno en órgano, le inspira para enmendar su vida. En ese momento es, irónicamente, acusados ​​por vagancia y condenado a tres meses de prisión.
     "Una Reforma Obtenida", que narra la historia de Jimmy Valentine, ladrón de cajas fuertes, recientemente liberado de la prisión. Él va a un banco de la ciudad a cubrirlo antes de que se robarlo. Conforme camina hacia la puerta, le llama la atención de la hermosa hija del banquero. Se enamoran inmediatamente y Valentín decide renunciar a su carrera criminal. Se traslada a la ciudad, adoptando la identidad de Ralph Spencer, un zapatero. Justo cuando está a punto de salir para ofrecer sus herramientas especializadas a un antiguo socio, un representante de la ley lo reconoce en su llega al banco. Jimmy y su novia, y la familia de ella están en el banco, inspecionando una nueva caja fuerte, cuando un niño se queda encerrado accidentalmente dentro de la bóveda hermética. Sabiendo que va a sellar su destino, Valentín abre la caja fuerte para rescatar al niño. Sin embargo, para sorpresa de Valentín, el representante de la ley se niega a reconocerlo y lo deja ir.
    Porter dio varias explicaciones sobre el origen de su seudónimo. En 1909 concedió una entrevista a The New York Times, en donde daba cuenta de ello:

   Fue durante estos tiempos en Nuevo Orleans cuando adopté a mi seudónimo de O. Henry. Le dije a un amigo: ‘Yo voy a enviar algunas cosas. No se si equivale a mucho, así que quiero obtener un alias literario. Ayúdame a elegir uno bueno.’ Sugirió que tomáramos un periódico y escogiéramos un nombre de la primera lista de notables que encontramos en él. En la sección de sociales encontramos el relato de la bola de moda. "Aquí tenemos nuestras personalidades", dijo. Miramos en la lista y mi ojo se ilumino en el nombre de Henry, "Eso será para un apellido," dije yo. “Ahora, un nombre de pila. Quiero algo corto. Nada de un nombre de tres sílabas para mí.” "¿Por qué no utilizar una letra inicial normal, entonces?" Preguntó mi amigo. "Bien", dije, "¡O, es casi la forma de letra escrita más sencilla escrita, y O es".
    Un periódico escribió una vez y me preguntó qué significa la O. Le respondí: "¡O, es sinónimo de Olivier, el francés de Oliver". Y varios de mis cuentos aparecieron en consecuencia en el papel, con el nombre de Olivier Henry.
     En la introducción de, El Mundo de O. Henry: Caminos del Destino y Otras Historias (Hodder & Stoughton, 1973), William Trevor escribe que cuando Porter estaba en la Penitenciaría del Estado de Ohio, "había un guardia de la prisión llamado Orrin Henry, a quien William Sydney Porter ... inmortalizado como O. Henry ".
     El escritor y académico, Guy Davenport, ofrece otra explicación: “El seudónimo que él comenzó a escribir en la cárcel, se construye a partir de las dos primeras letras de Ohio (Oh) y las dos segundas y última de la palabra penitenctiary [negrita añadida]." (Wikipedia)
El Beso Encantado
O. Henry
     El Oeste norteamericano se caracterizó, desde que se fundaron los primeros pueblos, por la violencia de sus habitantes. A la menor provocación los hombres se trenzaban a golpes. O peor aún no dudaban en sacar sus armas.

     El “Saloon,” lugar donde los hombres bebían, jugaban, y compraban amor, era también donde generalmente se iniciaban los pleitos. De repente, podía verse a dos hombres discutir en una mesa, “¡Momento! ¡Hiciste trampa!” Y el otro, “¿Te atreves a llamarme tramposo?” Bastaba un golpe para que la riña se generalizara sin saber quien pegaba a quien.

     Con el paso de los años, las cosas habían cambiado pero no mucho en algunos aspectos. Abundaban los hombres rudos que hacían temblar a los más débiles con solo dejar escuchar su voz. Tampoco las poblaciones habían cambiado mucho, solo aumentaban el número de habitantes y por consiguiente de casas y comercios. Así sucedía en uno de los más antiguos poblados de Texas.

     En una tienda del Oeste se escuchaba el siguiente dialogo, “Buenos días señor Thomas” El tendero contestaba, “Buenos los tenga usted, señora Lewis. Ya llegó la tela que me encargó.” Aunque allí en el Oeste, la gran mayoría eran hombres fuertes, que no temían a nada ni a nadie. El dialogo continuaba, “Sam, trae la tela que te dije guardáras; la verde con dibujos blancos.” La señora Lewis  tomó la tela y dijo: “¡Vaya, qué suerte! Justamente pensaba pasar con la modista para encargarle una falda; aprovechare para llevarme la tela."
     Había algunos como San Tansey, ayudante de la tienda, cuyo físico y carácter no estaba hecho para la aventura ni el enfrentamiento a los peligros del mundo. “Aquí esta señora Lewis” La señora Lewis contestó, “Gracias ¡Es exacto lo que quería!” Sam prefería un trabajo anónimo donde los días pasaran monótonos y sin peligros. El dueño de la tienda habló y dijo, “Gracias Sam. Ya puedes irte. Yo terminare de atender al señor Adams y luego cerrare.” Sam contestó, “Como usted diga, señor Jones. Mañana llegare un poco más temprano para ordenar la mercancía que llego hoy.” El señor Jones le dijo, “Esta bien, pero ahora vete. No has tomado ni un minuto de descanso en todo el día.”
     Cuando Sam se marchó, Adams habló y dijo, “Buen muchacho su ayudante.” Jones contestó, “Excelente trabajador como no he visto otro, aunque muy tímido y callado.”  Adams le dijo, “Esto no es muy bueno para un vendedor.” Jones le dijo, “En este caso su carácter no es un problema pues a las damas las trata con tanto respeto que ellas quedan encantadas.” Jones agregó, “Debo reconocer que en los dos años que lleva trabajando conmigo no tengo la menor queja de su comportamiento. Y pensar que estuve a punto de rechazarlo porque lo vi tan débil, tartamudo, pero al final decidí tomarlo a prueba y ya ve.” Adams le dijo, “Tuvo suerte no es fácil encontrar una persona tranquila, responsable y trabajadora.”
     Entre tanto Sam, iba caminando por el pueblo cuando vio a una joven y pensó, “¡Que hermosa joven! Tiene unos ojos que parecen dos luceros.” El joven Tansey era un gran admirador de la belleza femenina pero las mujeres parecían ignorar su existencia. Mientras la perseguía Sam pensó, “Ha ido a comprar algunas veces a la tienda del señor Jones pero seguro no se acuerda que yo la atendí.” Sam se alejó pensado, “¡Debi de haberla saludado…! No…es mejor así…y si se hubiera detenido ¿qué podría haberle dicho..?”
    Nadie se había imaginado que aquella figura desmañanada guardaba en su interior un corazón lleno de pasión. Sam pensaba, “Si me atreviera alguna vez a confesar todo lo que siento.” En su imaginación se veía como un Romeo, diciendo. “Amada mía, no puedo seguir viviendo sin ti…te quiero más que a mi vida…”  Y su amada le contestaba, “Yo también te adoro…” En ese mundo imaginario su cariño era correspondido como tantas veces soñaba.
     En otras ocasiones Sam imaginaba ser un valiente caballero de la edad media que participaba en peligrosos torneos. Entonces se imaginaba dedicándole la batalla a su amada, “Ganare la coronas y tu, la mujer más bella del reino, la pondrá en mi cabeza.” E imaginaba que ella le contestaba, “Lo hare con todo el orgullo de saberme amada por ti.” En su imaginación no temía a adversario alguno. Los caballeros lo respetaban y las damas lo admiraban…y adoraban, pues veían como ganaba los encuentros entre caballeros. Pero él solo tenía ojos para su dama a quien amaba y por quien era amado.
     En otras ocasiones, Sam se veía como un apuesto seductor que con su espada y arrojo destrozaba corazones. Ya dentro de la habitación de la dama, esta le decía, “Júrame que solo a mi me quieres, que no existe otra en tu vida ni en tu corazón.” Y él le decía, “No necesito jurar; como podría tan solo pensar en alguien que no seas tú.”
     Siempre en sus sueños besaba a la mujer en turno. En ese momento imaginaba que entraba su rival, el hermano de su amante, “¡Maldito! Y tú, ¿Cómo te atreves a deshonrar a nuestra familia?” La batalla con espada no se hacía esperar y los dos se batían en duelo. Su rival le decía, “¡Con tu sangre lavaras la ofensa que hiciste a mi hermana!”
    Por sus continuos devaneos se había tenido que batir con hermanos, novios y maridos ofendidos. Todo esto en su imaginación. Pero la realidad era muy diferente. En eso, una guapa mujer le interrumpió sus sueños de imaginación, “¡Eh! ¿A dónde vas tan rápido? ¿No quieres compañía?” San timido contestaba, “No…este…gracias…pero” Ella insistía, “¡Vamos no me tengas miedo! Te aseguro que juntos la pasaremos bien.” Pero Sam decía, “No…yo…tengo prisa.” Mientras Sam se alejaba, ella solo de decía, “¡Ja, ja, ja…! Pareces un gatito asustado! ¡A mi me encantan los gatitos! ¡Ja, ja, ja!”
      Sam caminando pensaba, “¡Soy un tonto! Cada vez que una mujer bonita y joven se me acerca, me pongo tan nervioso que no puedo decir una palabra. ¡Cómo me gustaría ser diferente…! Pero…siempre que voy a decir algo empiezo a tartamudear y siento arder mis mejillas. Es mejor que no piense en eso. Iré al billar. Mientras juego me olvido de todo.”
     Asistía a este lugar cuando salía temprano. Era su única distracción. Pero ni allí perdía su timidez. Y aunque jugaba muy bien, lo hacía en silencio. Uno de sus amigos decía mientras Sam jugaba, “¡Hoy si que estas de suerte, Sam! No has errado un tiro.” Otro decía, “Parece que para ganar hay que estar callado como él.” 
      Cuando se escucharon las campanadas que indicaban las diez, Sam dijo, “No me di cuenta cómo paso el tiempo, ¡Qué tarde es ya!” Uno de los jugadores dijo, “Y, ¿Cuál es la prisa? No creo que tengas algo que hacer a esta hora.” Otro de los jugadores le dijo, “Quizá se trata de una cita y con una dama.” El otro le contestó, “¡Ja, ja, ja! ¿Sam citado con una mujer? A menos que sea con su casera, no se me ocurre con quien otra.” Entonces el jugador se dirigió a Sam y le dijo, “La señora Peek es terrible ¿Verdad, Sam? Si no apareces antes de las diez te deja afuera…” Sam replicó, “No es verdad. Yo puedo llegar a la hora que quiera.”
      Otro de los jugadores dijo, “Tiene razón. No es a la señora Peek a la que teme, sino a su hija Katy.” El otro jugador dijo, “¿Cómo va a temerle a esa preciosidad?”  Los jugadores continuaban hablando frente a Sam, “Pues así es, tiembla al pensar que Katy lo salude con un beso ¡Ja, Ja!” El otro agregaba, “¿Es cierto eso Sam? Yo me iria a vivir a casa de los Peek solo por contemplar a Katy y tú le tienes miedo.” Sam dijo, “Yo…no deben hablar así…” Uno de los jugadores dijo, “Míralo, se ha puesto colorado ¿…de emoción o de vergüenza? ¡…Ja, Ja, Ja!”  
     Incapaz de contestar las burlas Sam salió del lugar conteniendo su ira, diciendo, “Siempre me están molestando…un día les voy a decir lo que se merecen.” Enseguida Sam pensó, “Yo no le tengo miedo a Katy y mucho menos a que me de un beso ¡…un beso de ella me llevaría al paraíso! Sería algo maravilloso.”
      (25) Sam continuó pensando, “Es tan hermosa, que cada vez que la miro me quedo sin aliento…sus labios…sus labios me fascinan me vuelven loco.” Mientras Sam caminaba recordó la primera vez que estuvo en casa de los Peek, cuando la señora le dijo, “Si, tengo una habitación para rentar pero preferiría como huésped a una persona mayor…no a un jovenzuelo.”
     (26) Y Sam le contestaba, “Señora, le aseguro que no le dare ninguna molestia. Voy a trabajar en la tienda del señor Jones.” Ella le decía, “Usted no es de aquí, ¿Cuándo llegó?” Sam le decía, “Hoy en la mañana vivía con un tío en un poblado a varias millas de aquí, Allí no hay muchas oportunidades y decidí buscarlas en otro lugar.” Sam continuó, “Mi tío conoce al señor Jones y me dio una carta recomendándome; a su vez, el señor Jones me dijo que usted tomaba huéspedes.”
      (27) La señora le dijo, “Bueno, si viene de parte de él, está bien. Parece usted un joven serio antes que nada hay cosas que debe saber.” La mujer hizo una lista de condiciones, prohibiciones, normas a las que Sam asentía dócilmente. La señora agregaba, “En el precio de la habitación están incluidas las comidas.” Su hija interrumpía, “Madre…¡Oh! ¡No sabía que estabas ocupada!” La señora decía, “Él es Samuel Tansey. Va a trabajar en la tienda del señor Jones y vivirá aquí. Será nuestro huésped.” La señora agregó, “Samuel, te voy a llamar asi, porque podría ser tu madre. Esta es mi hija Katy.”
      (28) Sam solo dijo, “Mu…mu…mucho gusto señorita.” En ese momento llegó un hombre diciendo, “Mujer te estoy llamando. Quiero mi desayuno.” La señora dijo, “Tendrás que esperar. Si te levantaras temprano ya habrías desayunado.”  El señor le dijo, “No empieces a molestarme. ¿Y este quién es?” La señora le dijo, “Es el nuevo huésped. ¡Bonita impresión le estas dando!” El señor dijo, “Yo no tengo porque impresionar a nadie en mi propia casa. ¡Date prisa que tengo hambre!” La señora dijo, “Katy ve a servirle a tu padre.”
     (29) Cuando quedaron solos, la señora le dijo a Sam, “Ese es mi marido: Capitán de ejército retirado. Ahora es un hombre gruñón que cree que aún está en la milicia.” La señora agregó, “Bueno, imagino que se instalara hoy mismo.” Sam le dijo, “Así es señora.” Desde ese día Sam vivió en la casa de los Peek , y también desde ese momento empezó a adorar a Katy.
     (30) Cuando comían juntos y Sam la veía, pensaba, “¡Qué bella es! No hay en todo este poblado ni en leguas a la redonda otra más hermosa que ella.” Durante las veladas, cuando ella cocía y él leía, el joven contemplaba a su amada como algo mágico e inalcanzable, pensando, “Su piel es como de sepa. Su carita la de un ángel y sus labios ¡…cómo desearía poder tocarlos con los míos!”
       (31)En su imaginación Sam, se veía abrazando a la joven y besándola con pasión. Luego sentía miedo hasta de lo que en su mente creaba, pero era como el temor que experimentaría un mortal al tocar un ángel. Mientras Sam la veía como un ángel alado, pensaba, “¡Cómo me he atrevido! Ella no es mortal, es una diosa.” Y ese temor aumentaba cuando la joven clavaba su mirada en él. Sam pensaba, “¿Se habrá dado cuenta de lo que pienso? Me moriría de vergüenza si así fuera.”
     (32) Incapaz de devolver la sonrisa Sam enterraba su cara en el libro aunque este estuviera al revés. Todos esos recuerdos despertaron en él un sentimiento de rebeldía, de desafío contra sí mismo. “¿Por qué soy tan tímido? ¿Porqué no me atrevo a decir lo que pienso, lo que siento?” Mientras caminaba, Sam continuó pensando, “¡Tengo que cambiar…! ¡Y lo voy a hacer ahora mismo! Desde este momento seré otra persona.”
     Con una decisión increíble en él, entro en el “Saloon.” Sam pidió un whisky. Al primero siguió un segundo, luego un tercero y un cuarto…Cuando salió del lugar se sentía otro hombre. El alcohol lo había transformado. Sam pensaba, “¡Pobre del que se me acerque o intente desafiarme!”
     (33) Empezó a vagar sin rumbo, alejándose de las zonas que conocía. Sam pensaba, “Todos me consideran un hombre sin personalidad, que no se atreve a abrir la boca. Pero soy capaz de dar buenos golpes con mis puños. Si en este momento a alguien se le ocurriera provocarme, lo pasaría muy mal.” No supo cuanto tiempo anduvo por callejuelas desconocidas, hasta que se encontró en un lugar con casas tipo español. Entonces Sam pensó, “Me siento algo cansado ¿Qué es esto? Nunca antes había estado por aquí, pero el lugar es muy agradable.”
     (34)Se sentó en las gradas de una casa y pensó, mirando la luna, “¡Qué bonita esta la noche! La luna alumbra como nunca y las estrellas brillan como si fueran de oro…” Sam continuó, “Como el pelo de Katy; cada cabello es una hebra de oro ¡Ah! ¡Cuánto la adoro…! Mi corazón late desbocado tan solo en pensar en ella.” Sam evocaba la imagen de sus padres de Katy y luego pensaba, “Es de no creerse que esa pareja tenga una hija tan bella, tan delicada…Doña Dorotea no es mala persona. Tiene el carácter fuerte y a veces se enfurece, pero con semejante marido la pobre peca de paciente.”
    (35) Sam siguió pensando, “El señor Peek es desagradable, flojo y gruñón. Lo único que hace es comer y dormir. A pesar de todo, a ambos les caigo bien. Creo que no se opondrían a un noviazgo entre Katy y yo. Pero para que haya noviazgo debo decirle a Katy que la amo..y ¿Si me rechaza? ¿Porqué ella tan hermosa habría de fijarse en alguien como yo?”
     (36) Sam de inmediato alejó esos pensamientos, y dijo en voz alta, “Y ¿Por qué no? Tengo un buen trabajo. Incluso puedo llega a ser socio del señor Jones. Él no tiene familia y me estima.” Sam continuó caminando y pensando, “Si estos dos años he logrado reunir algunos ahorros, en unos meses más podría comprar una casa. Soy un buen partido, trabajador, respetuoso, tranquilo, desde que me conocen nunca han tenido queja de mi.” De pronto, Sam se sintió mareado y al pasar por la iglesia se dejo caer en las gradas.
    (37) Sonaron las campanas de la iglesia y Sam pensó, “¡Ya son las once de la noche y yo aún en la calle! Nunca había estado hasta muy tarde fuera de casa…” Sam habló en voz alta y dijo, “Pues bien, desde ahora las cosas van a cambiar. Hare lo que quiera y no permitiré que nadie se burle de mi.” De pronto Sam vió una visión y pensó, “¡Qué estoy viendo! ¿Es una ilusión o una realidad?” Ante su inmenso asombro, la plaza se llenó de blancas palomas que al volar parecían estar bailando. Aún  no salía de su sorpresa cuando, vio que de la fuente de agua salía una figura.

     (38) Con los ojos desorbitados por la impresión veía emerger a la bellísima mujer. Sam decía, “¡Parece una diosa griega!” Ante su asombro cual si fuera una paloma más, la mujer se integro a la danza. Sam pensaba, “¡Qué música tan maravillosa!” Jamás le había sucedido nada semejante y sintió como si el piso se moviera bajo sus pies. Sam pensó, “¡Debo estar en el cielo! Es el único lugar donde se puede presenciar algo semejante.” De pronto, la mujer empezó a alejarse. Sam gritó, “¡No te vayas! ¡Aguardaaa!” Sam corrió para alcanzarla pero fue inútil. Sam solo dijo, “¡Desapareció…! ¿Dónde estoy…? Debe ser el lugar de que tanto he escuchado hablar el que fue construido por españoles y mexicanos.”
     (39) Sam agregó, “¡Qué cosas habrán sucedido en estas calles! ¡Cuántos enamorados se deben haber paseado por ellas!” San continuó pensado, “Me parece ver, en una de las ventanas, a una hermosa joven escuchando la serenata ofrecida por su amado. Serenatas como yo se las ofrecería a Katy, si me atreviera, pero el temor a…¿Temor yo? ¿A qué? No tengo miedo a nada…no le temo a la señora Dorotea ni al antipático de su marido. Ni mucho menos voy a temer besar a Katy ¡Cómo podría si es lo que más deseo en el mundo!”
     (40)Y nuevamente le pareció tenerla entre sus brazos y beber dulces mieles en aquellos labios que lo enloquecían. Sam pensó, “Así voy a besarla, tal como lo he imaginado mil veces…la tomaré entre mis brazos y no la volveré a soltar jamás.” En ese instante Sam pasaba por una fonda aún abierta y al mirar a su interior, Sam pensó, “¡No puedo creer lo que veo!” Sam se asomó por la ventana de la fonda y pensó, “Nada menos que John Peek, el padre de mi adorada Katy ¿Qué andará haciendo por aquí, y a esta hora?” Sam aguardó pacientemente a que saliera, y cuando por fin lo hizo, Sam lo abordó, diciendo, “¡Buenas noches señor Peek!”
     (41)El señor Peek contestó, “Pe…pero si es Sam Tansey…¡Vaya sorpresa!” Sam le dijo, “Si. No esperaba que alguien descubriera sus salidas nocturnas ¿Verdad?” John Peek le dijo, “¿Cómo se atreve a meterse en lo que no le importa?” Sam le dijo, “No, no me importa, pero veremos que le dice mañana a la señora Dorotea.” John Peek le dijo, “Cuidadito con dejar escapar una sola palabra al respecto.” Sam apuntó hacia un carruaje y le dijo, “Se dirigía a ese coche ¿verdad? No sé porque me imagino que tiene allí a una damisela esperándolo.” John dijo, “¡No…! No hay nadie.” Sam le dijo, “¿Ah, no? Pues no le creo.” John le dijo, “¡Váyase y déjeme tranquilo! Ya encontraré la forma de que mi mujer lo eche de la casa.”
     (42) Inesperadamente se empezó a escuchar una voz dentro del carruaje que decía, “¡Auxilioooo! ¡Ayúdenmeee!” Sam dijo, “Alguien pide ayuda…esa voz…esa voz…” John Peek solo pensó, “¡Maldición!” Después se escuchó más claramente la voz que pedía auxilio, “¡Socorrooo!” Sam dijo, “¡Es la voz de Katy!” Sam fue corriendo hacia el carruaje gritando, “¡Katyyyy!” Ella a su vez gritó, “¡Sam! ¡Ayudemeee!” Del coche salió la joven gritando, “Sam…Sam…¡Sálveme!” Sam le dijo, “Katy ya no hay nada que temer. Yo estoy aquí.” 
   (43) Pero John Peek lo detuvo, diciendo, “¡Un momento! ¿A dónde crees que vas?” El joven se volvió como un rayo y le dio un golpe en la cara al señor Peek. Parecía increíble que alguien de aspecto tan débil pudiese golpear con tal fuerza. Katy dijo, “Sam mi salvador” Sam dijo, “Katy, mi adorada Katy.” Él la recibió en sus brazos y la joven al sentirse protegida le ofreció sus labios. Permanecieron entregados a la caricia que los hacía experimentar maravillosas sensaciones hasta entonces desconocidas para ambos. Sam se sentía flotando en una nube. Ni en sus sueños más ambiciosos había imaginado nada igual. La necesidad de tomar aire los obligó a separarse.
     (44) Katy le dijo, “Sam, gracias por salvarme. Esos villanos iban a hacer algo terrible conmigo.” Sam le dijo, “¡Dímelo y sabré vengarte!” Katy dijo, “¡Iban a comerme!” Sam solo dijo, “¡Quéeee!” Katy agregó, “Escuchaste bien. Ellos me llevaban para comerme.” Sam dijo, “¡Katy debes estar confundida! Es imposible lo que dices.” Katy dijo, “¡No! Me sacaron por la fuerza de  la casa y oí bien claro cuando hablaban de que me comerían.” Sam nervioso dijo, “Este…quizá el susto te hizo imaginar lo que dices…” En ese instante Katy gritó y dijo, “¡Oh, noooo!” Sam dijo, “¿Qué sucede?” En ese momento, el señor Peek y un hombre bajo de estatura, pelón y fornido llegaban a hacerles frente. John Peek le dijo al hombre, “¡Es ése! Encargate de él.” Cuando Sam vio al hombre dijo, “¡Un enano! ¡Bah, no le voy a tener miedo!” El hombre dijo, “¡Ahora veras!”
       (45) De inmediato Sam se dispuso a dejar al enano fuera de combate. John se encargó de la joven. Katy grito, “¡Sueltemeee! ¡Saaaaaam! ¡Socorroooo!” John dijo, “¡Vamos, no escaparas esta vez!” Era imposible que Sam la ayudara, porque el enano lo había dominado. Sam le decía. “¡Miserable, pagaras por esto…!” El enano solo le dijo, “¡Callate!” En ese momento Katy gritaba, “¡Nooo! ¡Saaam, no dejes que me lleven!” Sam solo le gritó, “¡Katy!” La lucha de Katy fue en vano.
      (46) El carruaje se alejó a toda prisa ante la desesperación de Sam, quien gritó, “No se la lleven…¡Canallas, déjenlaaa!” El enano lo levantó por los aires. Sam solo gritó, “¡Maldito enano, sueltameee!” El enano lo llevó hacia un gran cajón de madera, lleno de hielo. Sam le dijo, “¡Te digo que me bajes, miserable engendro!” El enano dijo, “¡Con mucho gusto!” Mientras lo aventaba al cajón, el enano decía, “Esto querías, ¿verdad?” Y el enano cerró el cajón, mientras decía, “Ahí te quedaras, el hielo te hará compañía.” El golpe le hizo perder el sentido a Sam. Cuando regresó en sí, Sam estaba encerrado en el cajón con hielo. Sam dijo, “¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? Tengo mucho frio. Mis brazos y espalda están helados. Quiero abrir los ojos pero siento un enorme peso en los parpados. Debo hacer un esfuerzo…”
     (47) Cuando logró abrir los ojos Sam abrió la tapa de la caja y dijo, “¡Vaya, estoy en la iglesia! Pero si yo caminé lejos de aquí, recuerdo que…” Lo primero que vino a su mente fue aquel beso apasionado que lo había llenado de maravillosas sensaciones. Sam dijo, “¡Fue algo grandioso! ¡Un beso encantado!” Luego Sam recordó los demás sucesos. Mientras caminaba, Sam pensaba, “¡Ese enano me las pagara! Cuando lo encuentre le voy a sacar su estúpida cabeza por querer congelarme.” Sam continuó pensado, “A John Peek lo menos que voy a hacerle es contarle todo a doña Dorotea y luego le daré un par de puñetazos en su miserable cara.”
     Así pensando avanzó por callejuelas desconocidas, “Esta debe ser la plaza donde, según me han contado, se efectuaron tantas batallas, antes de que este lugar dejara de ser mexicano.” Sam continuó pensando, “Tengo hambre, no he comido nada desde el mediodía. Se me hace agua la boca por un plato de Chile con carne. Carne tierna bien molida, con hierbas aromáticas y mucho chile colorado ¡Ah! ¡Ya me lo estoy saboreando!”

(48) Sam entro a una fonda y se sentó, diciendo, “¡Eh! ¿No hay nadie que atienda aquí? No sale nadie, ¿Para qué tienen abierto si no van a atender a la clientela? Cada vez tengo más hambre.” Mientras aguardaba miro a su alrededor y se quedó con la boca abierta al ver que el zócalo ya no estaba vacío. Ante sus atónitos ojos empezó una feroz batalla entre soldados federales. Veía las descargas de los cañones; los hombres que volaban por los aires; los que morían por los disparos; pero no escuchaba ningún ruido. Caían hombres sin proferir un grito y caballos que no relinchaban. La batalla se desarrollaba en un tétrico y espantoso silencio. Pero a Sam, después de la primera impresión, no pareció extrañarle. Sam pensó, “¿Quiénes serán los que pelean? ¡Ah! ¡Qué hambre tengo!”
(49) La anciana no tardo en servirle, y entro diciendo, “Aquí tiene.” Pero a lo lejos se escuchó una voz que decía, “¡Vieja, entra de inmediato!” Mientras Sam comía con gran apetito, se escuchó una voz en el otro lado de la pared, “Te lo ruego, ya no mas.” Y otra voz decía, “¡Cállate! Sé lo que hago y no me lo vas a impedir.” Entonces Sam vio que un hombre maltrataba a una mujer mayor, “¡Vieja del diablo, ya me tienes cansado! Te voy a…” La señora se defendía gritando, “¡Ya no me maltrates…! Lo hago por tu bien.” El hombre le dijo, “Entra y cállate o te parto la cara.” La mujer se resistía diciendo, “¡Noooo! No voy a permitir que otra vez …” Casi arrastrándola, el hombre la metió otra vez en la casa, y le dijo, “Aquí te quedas y pobre de ti si sales.” La mujer solo dijo, “¡Por favor!”
(50) Después de encerrar a la vieja, el hombre se dirigió hacia Sam, “Querido y estimado cliente, permítame presentarme, soy Ramón Torres, dueño de este humilde lugar.” Sam dijo, “Mucho gusto, soy Samuel Tansey.” El hombre agregó, “¿Le gustó la comida?” Sam le dijo, “Sí, está muy sabrosa.” El hombre dijo, “Yo le puedo ofrecer otra cosa…¿No le gustaría vivir para siempre…?” Sam dijo, “¿En este lugar? Si, me ha ido bien, tengo buen trabajo y…” El hombre agregó, “No, no me refiero a vivir en el lugar, sino a hacerlo eternamente, o sea no morir.” Sam dijo, “Pe…pero ¡eso es imposible!” El hombre dijo, “No, no lo es ¿Cuántos años me calcula?” Sam dijo, “Yo diría…unos 28 o 30 años.”
(51) El hombre rió y dijo, “¡Ja, Ja, Ja! Hoy es mi cumpleaños, y cumplo nada menos que 404 años.” Sam le dijo, “¡404 años! ¡No lo creo!” El hombre le dijo, “Pues es la verdad. Yo llegué a México en 1519 con Hernán Cortes, tenía entonces 33 años. Aprendí el secreto de la vida eterna. Y gracias a él aún sigo vivo y me he transformado en un hombre muy rico. Tengo muchas propiedades, grandes cantidades de brillantes cadenas de oro. ¿Cree usted que esa fortuna la he hecho vendiendo chiles con carne?” Sam le dijo, “Pues me imagino que no.” El hombre le dijo, “Se equivoca. Si la he reunido vendiendo chile con carne, pero no el que usted está comiendo. Es un chile con carne diferente, pues permite que los hombres vivan para siempre.”Sam le dijo, “No comprendo.” El hombre continuó, “Tengo mil clientes que me pagan cien pesos cada mes por un plato de chile con carne especial. Saque la cuenta cuánto dinero recibo mensualmente.” Sam le dijo, “Se está burlando de mi, ¿verdad?” El hombre le contestó, “No. La anciana que lo atendió es mi esposa. Me casé con ella cuando tenía 17 años. Era muy hermosa pero como todas las otras ya envejeció.”
 (52) El hombre continuó explicándole a Sam, “Para esto, yo tengo carne de mujer joven, la que permite que al comer los hombres de ella, vivan para siempre.” Después de escucharlo detenidamente, Sam pensó, “Lo que necesita es carne de una mujer joven. Katy me dijo que iban a comérsela, ¿Será posible?”  El hombre agregó, “Mañana estará listo el chile con carne especial y podrá comerlo…” Sam dio un puñetazo en la mesa y dijo, “¡Cállese! ¡Usted es un asesino! ¡Quiero ver a esa joven ahora mismo!” Furioso, Sam avanzó hacia la casa y el hombre lo detuvo, diciendo, “Espere…no se ponga así. Solo quería hacerle un favor…” Sam le contestó, “¡Favor! Voy a sacar a esa joven de aquí, y después…”
     (53) El hombre se interpuso diciendo, “No lo voy a permitir. Me costó mil dólares y…” Sam no pudo más y le gritó, “¡Malditooo!” En ese momento, la anciana salió de la casa con un cuchillo en mano y gritando, “¡Demonio malvado! ¡No matarás más inocentes! ¡Te espera la horca asesino!” Ramón Torres, el hombre, le dijo, “¿Te has vuelto loca? ¡Deja ese cuchillo!” Furiosa la anciana se lanzó sobre el hombre tratando de enterrarle el cuchillo. La anciana dijo, “¿Quieres buscar a una mujer joven? No lo voy a permitir ni tampoco que sigas matando.”  
(54) Pero las fuerzas de la anciana no se podían comparar con las del hombre, quien la aventó diciendo, “¡Vieja tonta! Creíste que podrías atentar contra mi ¿Verdad?” Una vez que la anciana estaba en el suelo, el hombre volteó hacia Sam y le dijo, “Pues ahora voy a arreglar cuentas contigo.” En ese momento se escuchó el grito de Katy, “¡Saaam!” Cuando los dos hombres se trenzaron en una feroz pelea. Katy apareció amarrada de las manos, gritando “¡Saaam!” El hombre se interpuso y le dijo a Sam, “No la sacaras de aquí.”
     (55) La débil complexión no podía contra la enorme fuerza del hombre, pero no se daba por vencido. En ese instante se escucharon campanadas dando las doce. Inesperadamente ante los ojos de Sam, el hombre empezó a encogerse y a envejecer. Sam junto a Katy solo dijo, “¡Envejeció de repente! ¡Parece una momia!” La anciana se acercó al hombre y le dijo, “¡Ja, Ja, Ja! Por fin estas como verdaderamente eres. Ahora ve a buscar a una mujer joven y hermosa…¡Ja, Ja, Ja! Siempre me decías que yo era una tonta, pero ya ves, soy más inteligente que tu ¡Logré engañarte!”
      La anciana continuó, “Yo tenía que darte el chile milagroso la noche anterior a cada luna llena…¡Ja, Ja, Ja! Pues esta vez te engañé. Debiste comerlo ayer y yo te hice creer que era mañana. Ahora morirás; te convertirás en polvo malvada momia…¡Ja, Ja, Ja!” El hombre envejecido le dijo, “Bruja maldita ¡No quiero morir! ¡No quierooo!” Katy asustada dijo, “Sam.” La anciana le dijo al hombre, “¡Mírate al espejo! Te espantarás con lo que verás.”
(56) Sam tomó el cuchillo y se dirigió a Katy diciendo, “De inmediato cortaré tus amarras.” Katy le dijo, “¡Sabia que vendrías a salvarme! ¡Lo sabia!” Katy lo miró y le dijo, “¡Eres mi héroe! Gracias a ti aún estoy viva.” Sam le dijo, “Antes de hacerte el menor daño, tendrían que pasar sobre mi cadáver.” Apenas estuvo libre, la bella joven rodeó con sus brazos el cuello de Sam, y le ofreció sus labios suaves, perfumados, dulces.
      Nuevamente Sam se sintió transportado al cielo y flotando en nubes de algodón. Y mientras él se entregaba a las delicias de aquel beso encantado, el hombre hecho anciano se levantaba con un cuchillo, diciendo, “¡Me vengaré! No voy a morir solo.” Y apuñalaba a Sam por la espalda. Katy llena de dolor, gritó, “¡Saam, nooo! ¡Sam mi amado Sam!” Sam cayó al suelo. Se le nubló la vista y le pareció que un vertiginoso remolino, lo llevaba lejos muy lejos.
(57) Cuando Sam abrió los ojos Estaba sentado en las escalinatas frente a la iglesia, diciendo, “¡Que dolor de espalda! Además ¡Hace un frio de los demonios! Me siento completamente acalambrado.” Sam se puso de pie y empezó a caminar, pensando, “Todo debe de haber sido un sueño…pero tan real…en especial los besos de Katy. Al final de cada aventura siempre fue ese el premio. Es una señal del destino ¡No importa el camino que tome, llegaré al mismo final que es besar a Katy!”
     (58) Seguro de su futuro estaba decidido, camino de prisa hacia la casa de los Peek con el corazón saltándole de dicha, pensado, “Aún me parece sentir sus labios en los míos. Sus brazos alrededor de mi cuello ¡Ah ya sé que debo hacer…!” Mientras tanto, Katy pensaba en él, “¿Dónde estará? Jamás había llegado tan tarde. Siempre se viene directo del trabajo. Ya es más de medianoche…y ¿Si esta con otra mujer? No, él me ama. Lo he leído en sus ojos ¡Si no fuera tan tímido! Si mis padres supieran que lo estoy esperando. Pero cómo podría dormir sin saber dónde se encuentra.”

     (59) En ese instante Katy escuchó ruido afuera y corrió a la puerta. Katy abrió y al ver que era Sam le dijo, “¡Por fin llega! Temía que le hubiera sucedido algo.” Sam le dijo, “Yo…este…no…solo se me hizo tarde…no. No imaginé que se preocuparía.” Katy le dijo, “Perdón…no tengo derecho a decirle nada. Usted puede llegar a la hora que desee…” Inesperadamente la luz se apagó.
       Katy dijo, “¡Oh! ¡Se apagó la luz…! Sam ¿Dónde estás? ¿Puedes verme?” Sam le dijo, “Este…yo…yo…” El suave perfume de la joven lo envolvió y su tibio aliento le acarició la cara. Katy le dijo, “Sam, apenas te veo.” Sam pensó, “Su boca suave, roja como una cereza…” Solo necesitaba agacharse unos centímetros para tocar esos labios que lo enloquecían, pero en lugar de hacerlo, Sam le dijo, “¡Por suerte recordé que tenia cerillos en el bolsillo! Voy a prender la lámpara.” Katy desconcertada pensó, “No lo puedo creer.”
(60) Con sus palabras y su acción, Sam rompió el encanto, y se despidió, diciendo, “Buenas…buenas noches señorita Katy.” Katy pensó, “¡Esto es el colmo! ¡Qué estúpida fui al pensar que se me declararía, que me besaría…!” La hermosa joven quedó sola mordiéndose los labios, esos labios que tanto había soñado Sam con besar. Katy pensó, “Jamás lo volveré a mirar. No quiero por esposo a un hombre como él…tan…tan tonto.” A pesar de todos los esfuerzos del destino, Sam se las arreglo para torcerlo. Lo que podía haber sido realidad, para él quedó siempre en un sueño ¡Cuantas veces por indecisión o miedo, se pierden las oportunidades que la vida nos brinda!              
Tomado de Novelas Inmortales, No. 853, marzo de 1994. Novedades Editores S.A. de C.V. Guion: Herwigo Comte. Adaptación: José Escobar.

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