Club de Pensadores Universales

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domingo, 24 de enero de 2016

El Ojo Sin Párpado de Philarete Chasles


     Filaret Euphon Charles, quien nació en Mainvilliers, el 6 de octubre de 1798, y murió en Venecia, el 18 julio 1873, fue un hombre de letras y periodista francés, autor de numerosos estudios literarios, sobre todo en la literatura en idioma Inglés, quien hizo mucho para darla a conocer en Francia en el siglo XIX.


Biografía

     Hijo del diputado Pierre Jacques Chasles, y primo del matemático Michel Chasles, pasó parte de su infancia en Pritaneo Nacional Militar, donde se vio sacudido por el culto napoleónico.


     Pero su padre estaba muy comprometido con el Imperio, así que la familia se exilió un tiempo en Inglaterra. Filaret tuvo entonces varias profesiones, incluyendo la de impresor. Ahí descubrió la cultura británica, que se convirtió en una pasión.

     De regreso en Francia en 1818, publicó reseñas de libros en varias revistas, incluyendo, Revue des deux mondes, o “Revisión de Dos Mundos,” y la, Revue Britannique, o “La Revisión Británica.”


     Fue bibliotecario en la Biblioteca Mazarino de 1837 a 1873, y profesor en el Collège de France donde ocupa la cátedra de Lenguas y Literaturas de origen germánico y la cátedra de lenguas y literatura de la Europa moderna extranjera, entre 1841 y 1873.  Filaret le permitió al público francés, el conocer mejor la literatura británica.

     Filaret Chasles es el padre del filólogo Emile Chasles.


     Actualmente, la Bibliothèque Historique de la Ville de París, gracias a una donación en 1991, tiene los papeles personales de las composiciones del escritor, incluyendo manuscritos juveniles, diarios y correspondencia. (Wikipedia en Frances)
     Victor Euphemien Philarète Chasles nació el 8 el octubre de 1798, y murió el 18 de Julio de 1873, a la edad de 74 años. Philarète Chasles  fue un crítico y hombre de letras.
     Philarète Chasles nació en Mainvilliers (Eure et Loir). Su padre, Pierre Jacques Michel Chasles (1754–1826), fue un miembro de la Convención, y fue uno de los que votaron la muerte de Luis XVI.
     Pierre Jacques crió a su hijo de acuerdo a los principios de Rousseau, en su libro, Emile, y el muchacho, después de un régimen de vida al aire libre, seguido por unos años de estudio clásico, fue aprendiz de pintor, para que tuviera conocimiento del trabajo manual. Su maestro estuvo involucrado con una de las conspiraciones de1815, y Philarète sufrió dos meses de prisión.
     A su liberación fue enviado a Londres, donde trabajó para el impresor Abraham John Valpy en ediciones de autores clásicos. Escribió artículos para las reseñas en Ingles, y en su regreso a Francia hizo mucho para popularizar el estudio de autores ingleses. También fue uno de los primeros en llamar la atencion en Francia hacia la literatura escandinava y rusa.
     Contribuyó al, Revue des deux mondes, hasta que tuvo una violenta querella, terminando en una demanda legal, con François Buloz, quien ganó su caso.
     Llegó a ser bibliotecario de, Bibliothèque Mazarine, y desde 1841 fue profesor de literatura comparativa en el Collège de France. Durante su vida activa, Philarète Chasles produjo algunos cincuenta volúmenes de historia y crítica literaria, y de historia social, mucha del cual es extremadamente valiosa. Murió en Venecia en 1873.
     Su hijo, Émile Chasles (1827–1908), fue un filólogo de cierta reputación.
     Entre sus mejores obras de critica están, Dix-huitime siècle en Angleterre o, “La Inglaterra del Siglo XVIII,” (1846), uno de una serie de veinte volumenes de,  Etudes de littérature comparée, o “Estudios de Literatura Comparada,” (1846–1875), la cual él llamó posteriormente, Trente ans de critique, o “Treinta Años de Crítica.” Un relato de su niñez extenuante se da en, Maison de mon pré, o “Casa de mi Jardín.”  Sus, Memoires (1876–1877) no cumplieron con las expectativas, en base a su brillante conversación. (Wikipedia en Ingles.)
     En 1832, Philarete Chasles publicó con Honotaro de Balzac, y Charles Rabou, el libro, "Cuentos Marron," en donde aparece, "El Ojos Sin Párpado." 
El Ojo Sin Párpado
de Philarete Chasles
     En todos los países, en todos los pueblos, y en todas las épocas, se ha pensado que en ciertos días, y sobre todo, en ciertas noches, los espíritus…¡Andan Sueltos! ¿Fantasía o realidad? Eso quizá solo lo puede decir cada persona. Lo que es indudable es que en la historia de la literatura, muchas de las más memorables creaciones de todos los tiempos, han tratado de eso que llamamos el mas allá, y de su presencia entre nosotros. Esta vez los invitamos a conocer una creación magistral de la literatura fantástica francesa. Sigan leyendo por su propia cuenta y riesgo, esta escalofriante historia titulada, ‘Noche de Brujas’ Basada en el “Ojo Sin Parpado.”
     Escocia, 18…la noche había tendido su manto sobre la tierra, y la única luz era la que provenía del pueblito de Cassilis, y de la asentada luna, sentada como una reina sobre su lecho de estrellas. Repentinamente, las nubes cruzaban la faz de la luna, como si quisieran ocultar su luz para hundir a la tierra en sombras eternas.
     Parecía una noche cualquiera, pero no lo era. Era la noche de Halloween, noche de hadas y duendes, noche de brujas, la noche antes del día de todos los santos. En Escocia, dicen que esa noche, los duendes bailan sobre los brezos; cantan y juegan y se deslizan sobre los pálidos rayos de la luna…Muchos se encierran en esa noche, y no abren puertas y ventanas, hasta que oyen cantar al gallo.
     Cerca del pueblito de Cassilis, sobre un pico escarpado, se levantaban las ruinas de un inmenso castillo, símbolo de desolación y terror, para los habitantes de la comarca. A sus alrededores, no parecía crecer ni el pasto, y tal parecía que allí solo habitaban aves, murciélagos, y liebres.
     El castillo estaba casi destruido, pero por alguna extraña razón, salvo por la ausencia del techo, la capilla estaba casi intacta. Y decían que allí, durante la noche de Halloween, se reunían a jugar los Spunkies, o duendes malignos. ¡El Spunkie! Tiene una cabeza de mujer blanca como la nieve, con cabellos largos y ardientes que parecen de fuego.
     Tienen dos hermosas alas, y dos brazos, y diríase que tienen cuerpo, pero no, sus largas vestimentas están vacías. Son hermafroditas y unen la belleza del rosto femenino, a la apariencia viril del adolescente. Sus manos son más bien garras, cuyas uñas parecen de acero, y dicen que su risa macabra siembra el terror en los más valientes corazones. Tales son las criaturas infernales que según dicen, pueblan la capilla del viejo castillo abandonado de Cassilis, en esta noche única, ¡Noche de Halloween!
     Desdichada la mujer o el hombre que conoce a un Spunkie, pues dicen que equivale a la muerte ver a una de esas criaturas, escuchar su risa infernal, o caer bajo sus aceradas garras. Sin embargo, esa noche, un grupo numerosos de personas se acercaban a los alrededores del viejo castillo.
     Avanzaban sin temor, aparentemente bailando, llevando canastas como si se tratára de un día de campo a pleno sol. Dicen que la presencia humana asusta a los Spunkies. Así que aquella noche, las spunkies debieron partir con rapidez, de la vieja y abandonada capilla. Sus enormes alas oscurecieron la luna. La gente al verlas pensó, “¡Bah!¡Son solo pájaros!”
    Un joven del grupo dijo a otro, “Tengo miedo. Deberíamos regresar.” Su amigo Jock, quien era el líder del grupo de jóvenes, le contestó, “¿Le tienes miedo a unos cuantos pájaros?” El joven le contestó, “Acabarás mal, Jock Muirland. No crees en nada. No le temes ni a Dios ni al Diablo.” Jock tomó unas botellas de licor, y dijo, “¡Vamos!¡Vamos! Pues, ¿Para qué vamos más lejos?¡Hagamos aquí nuestra fogata!”
     Aunque viudo, Jock Muirland era un hombre bastante joven, y esa noche estaba de muy buen humor, y al igual que el grupo de jóvenes a quienes guiaba, se sentó en la hierba, y dijo, “A ver si el Diablo no sale pero de esta botella de whisky…¡Ja, Ja, Ja!” Su compañero dijo, “O del barril de cerveza.”
     El numeroso grupo de jóvenes y chicas, estaba compuesto por solteros y solteras, que en esa noche jugarían, siguiendo varios rituales tradicionales de Escocia. Jock dijo, “Esta noche nos vamos a divertir…¡Sí señor! Esta noche echaremos una ojeada al futuro.” Se acercó una chica y dijo, “Y, ¿No nos encontraremos con duendes?” Jock dijo, “¿Duendes?¡El viento del norte se los lleve! Anda, brinda con nosotros, que pronto sabrás cómo y con quién será tu matrimonio…” La chica dijo, “Esta bien.”
     Animada, la joven y sus compañeras, comenzaron a disponer ante la fogata, los implementos para sus rituales de noche de brujas. Jock dijo, “¿Esta todo?” La chica dijo, “Sí…espejos, espigas de trigo, avellanas. En fin.” Pero los rituales tenían que hacerse a cierta hora. Jock dijo, “Aún no es la media noche. Así que, mientras, beban a sus anchas. Canten y bailen como los duendes. ¡Ja, Ja, Ja!” Y dicho y hecho. Poco después, al calor del fuego y el alcohol, empezaba la gran fiesta.
     Jock Muirland, sin embargo, no bailo, y mirando la hoguera, pareció perderse en sus pensamientos, pensando, “Ah…Tuilzie. Desdichada mujer…Lastima que no fuiste buena esposa…” Avivada su memoria por el whisky, recordó su boda años antes. “¡Vivan los Novios!¡Y los decláro marido y mujer!” Tuilzie había sido hermosa, dedicada, más sensual que la mayoría de las mujeres escocesas. “¡Mi vida!¡Seremos muy felices!”
     Parecía que vivirían felices en el rancho de Jock, quien tenía cierto éxito como agricultor y criador de animales. Pero algo había de empañar horriblemente lo que parecía ser un matrimonio ideal. Jock Muirland tenía un temperamento explosivo. Un día, un caballero saludó a la pareja, diciendo,  “¿Qué tal Jock?¡Qué linda se ve hoy, señora Muirland!” Ella dijo, “Gra-gracias.” Jock pensó, “¡Maldición!” Jock era celoso, en un grado exagerado. Cuando ambos se alejaron del caballero, Jock dijo, “¡No me gustó cómo le sonreíste a Walter!” Ella dijo, “Pe-pero…” Walter que los escuchó a lo lejos, dijo, “Jock exagera.” Jock dijo a su esposa, “No vuelvas a contestarle al saludo a nadie.” Ella dijo, “Es-está bien, perdón.” Jock dijo, “Si vuelves a coquetear, ¡Pobre de ti!” Ella dijo, “Ya entendí, Jock. Ya te pedí perdón.”
     Cierto día que Jock volvía de inspeccionar sus campos de trigo y ganado, vio a un hombre quien descendió de su caballo e hizo platica a su mujer. Jock pensó, “¡Rayos!¿Quién diablos le hace la corte a mi mujer?” Espoleó salvajemente a su corcel y llegó gritando, “¿Qué demonios pasa aquí?¿Quien es éste extraño?” El hombre dijo, “Buenos días señor Muirland. Eh. Mi familia ha comprado una granja cercana y…” Jock dijo, “¿Y qué?” El hombre dijo, “Y como nos han dicho que usted cría excelentes caballos, venía a verlos para comprar quizá, dos o tres y…” Jock se bajó del caballo, y dijo, “¡No vendo mis animales!¡Hágame el favor de largarse!” El hombre subió a su caballo asustado, diciendo, “¡Es-está bien, señor Muirland, no se enoje…!” Momentos después, Jock abofeteaba a su esposa, diciendo, “¡Ya te dije que no debes coquetear con nadie!” La mujer dijo, entumecida, “So-solo platicaba con el señor que llegó de repente y…”Jock la arrojó al suelo, diciendo, “Y…si esto vuelve a pasar, ¡Me las pagaras! Nadie va a decir que a Jock Muirland lo engaña su esposa, ¿Me oyes?”
     Meses después, comenzando el invierno, cierta tarde, el celoso marido vio pasar a aquel joven elegante, y pensó, “¡Ja! Diríase que viene a mi finca…” Como un demonio, presa de negros celos, casi tiró la puerta de su casa, diciendo, “¡Con que vino a verte tu galancete el elegante! Te voy a mandar a Edimburgo, a casa de mi tía, mientras ajusto cuentas con ese riquillo necio.” Ella dijo, “Pero, ¿De qué hablas? No he visto a nadie, Jock…” Jock dijo, “¡Mientes! Ahora mismo harás tus maletas…” En eso, llegaba de visita el hermano de la inocente Tuilzie. Y escuchó, “¡No me pegues, Jock!¡Ayyy!” Su hermano dijo, “Pero ¿qué sucede ahí dentro?” Entro a la casa y dijo, “Por Dios Jock, ¿Qué pasa?” Jock le dijo, “¡Bah! Tuilzie irá a Edimburgo con mi tía, para que se le quite lo coqueta.” Su hermano dijo, “¿Coqueta mi hermana? Pero está casada contigo…” Jock dijo, “Precisamente por eso la castigare.”
     El hermano dijo con calma, poniendo sus manos en los hombros de Jock, “Seguramente hay una equivocación cuñado…” Jock dijo, “¿Me crees tonto?” El hermano dijo, “No…pero, además, el invierno esta terrible este año y Tuilzie es muy delicada, podría enfermarse gravemente durante el viaje…¡Te prohíbo que mandes a Tuilzie de viaje!” Pero Jock parecía un loco y lo golpeó. Además del puñetazo, el hermano se golpeó al caer…y no despertó hasta muchas horas después.
     Cuando recordó lo que había ocurrido, el hermano ofreció su mano amiga a Jock, y le dijo, “¿Y…y Tuilzie?” Jock dijo, “Va rumbo a Edimburgo en la carroza, ¡Y tú largo!” El hermano se retiró, diciendo, “Esta loco Jock Muirland. Maldito sea el día en que Tuilzie se enamoro de ti.”
     Pero desgraciadamente la diligencia sufrió varios percances rumbo a Edimburgo. El chofer de la carroza pensó, mientras viajaba entre la nieve, “Un caballo con la pierna rota, la peor tormenta en años. ¡Estamos todos en peligro de morir!” Tuilzie pensó, “Estoy perdida. Me siento mal resfriada. ¡Oh, Dios!¿Porqué es tan celoso Jock? Le soy fiel, pero no entiende razones.”
     Aquella noche a la intemperie, resultaría fatal. Al día siguiente, otra diligencia rescato a los pasajeros del transporte varado en la tormenta, y regreso a la desdichada Tuilzie a Cassilis. Cuando Jock vio llegar a su esposa encamada, dijo, a quienes la traían cargando, “¿Y ahora qué demonios pasa?” Uno de los hombres dijo, “Esta grave Muirland.”
     Ya en cama y en su habitación, Tuilzie cayó en coma, presa de fiebres y tos. La agonía de su mujer fue corta, y pasó pronto a mejor vida. El día del sepelio, Jock estaba inconsolable. Cuando el cura termino sus palabras, Jock pensó, “Adiós, esposa infiel…” Entonces dijo, “¡Jamás volveré a casarme, lo juro!” El pastor dijo, “Calma hijo. Tu dolor es grande." El hermano de la difunta se acercó, y gritó, “¡Maldito seas Jock Muirland, no tienes alma!”
     Durante varios días, después de su juramento, el granjero vivió en la desesperación, pensando, “Era infiel…quizá…pero creo que la quería…” Durante aquellos años, las mujeres lo despreciaron. Dos de ellas lo vieron pasar, y una dijo, “Allí va el desalmado de Jock…” La otra dijo, “Sí, es muy cruel…” Pero finalmente volvió a conquistar la simpatía de los rústicos habitantes de Cassilis, y volvió a mostrarse sociable, incluso galante: “¡Adiós bellas damas! ¡Oh, Jock, que bromista! ¡Ji, Ji!” Su trágico matrimonio parecía completamente olvidado.

     Y ahora, en la noche de brujas, Jock Muirland, dirigía a un grupo de solteros y solteras, en tradicionales rituales de Halloween, como si él mismo fuera un joven que pensaba en casarse por primera vez. Una chica vino a interrumpir sus pensamientos, “¡Hey, Jock, despierta!” Jock dijo, “¿Ah? Ejem…” Sacudió la cabeza como para despejarse los recuerdos de aquella mujer de la que había sido una especie de verdugo. Jock dijo, “¡Ja!¡Qué fiesta, verdad!” Ahora volvía a ser el de antes, alegre, buen bebedor, divertido, fecundo en chistes. Decía, “¡Que vengan los Spunkies a probar el buen whisky!” En eso, se escuchó un tañir de metal, TAN-TAN-TAN.
     Una chica dijo, “¡Las campanas del pueblo…!” Jock dijo, “Ya es…¡La Media Noche!” Por fin llegaba la hora mágica. Jock dijo, “Bien…¡Todos a buscar el Kail!” Una chica dijo, “¡Sí, que cada quien encuentre su Kail!” Hombres y mujeres se esparcieron por el campo, buscando aquella raíz que en Escocia llamaban Kail. Una chica pensaba, “¿Quién será el primero?” Jock siguió bebiendo contento con orquestar la actividad de sus amigos. Ni él ni ellos tenían la más mínima sospecha de los terribles eventos que sucederían esa noche.
     El ritual del Kail exigía arrancar de cuajo la primera raíz que uno encontrara a su paso…Y poco después, todos habían encontrado una raíz. Alrededor de la fogata todos levantaron su raíz, diciendo, “¡Dinos, Jock, la suerte que tendremos!” Jock habló, “Tú, amigo Will, tienes un Kail torcido. Tu mujer, de seguro, será tuerta!¡Tu raíz parece una cola de cerdo!” “¡Ja, Ja, Ja!” “Tú, querida, tiene una raíz derecha. ¡Tu marido será apuesto y trabajador!” “¡Ji, Ji, Ji!” “Tu raíz, Mari, es pequeña y sin pelos. ¡Si te casas, tu matrimonio durará poco!” “¡Ja, Ja, Ja!” Ella dijo, “¡Bah, buscaré otra!” Jock continuó, “Tu raíz conservó tierra entre los filamentos. ¡Tu matrimonio será fecundo y feliz!” El hombre dijo, “¡Ajá!” Qué risas. ¡Qué alegre tumulto, en aquella noche que a tantos aterraba! Jock dijo, “Ahora, al paso siguiente: Todos prueben sus raíces.” Una chica dijo, “¡Uff!¡Qué amarga está!” Jock dijo, “Pues tu marido será guapo y trabajador, ¡Pero Idiota!” Hubo risas. Otra chica dijo, “¡La mía está dulce!” Jock dijo, “Tendrás un esposo con muy buen humor. ¡Eso te promete el Kail!” Finalmente concluyó el ritual del Kail, y todo arrojaron sus raíces al cielo.
     Enseguida, Jock dijo, “¡Juguemos ahora con las espigas!” Con los ojos vendados, las jóvenes tenían que escoger tres espigas de trigo. Jock dijo, “A ver qué tipo de marido te toca…” Enseguida Jock dijo, “¡Ajá! A una le faltan granos en la parte superior. Tu marido no te perdonara ninguna ligereza.” Siguió el ritual de las avellanas. Cada chica le daba su nombre a una, y, en secreto,  a la otra la nombraba como al hombre que deseaba.
     Enseguida, las avellanas se colocaban en los maderos ardiendo al fuego. Si las avellanas se quemaban juntas, el matrimonio seria largo y feliz. Pero si al quemarse, las avellanas se separaban, la futura unión seria desgraciada. Así pasó tiempo, y pronto fueron las dos de la mañana. Y los campesinos seguían entregados a su místicos oráculos, a la vez divertidos y presos de escalofrío y terror.
     Una de las chicas más bonitas, sumergió su brazo, tres veces en el rio, diciendo, “Marido, marido que aún no existes, ¡Aquí está mi mano! Y tú, ¿Dónde estás?” Entonces, de pronto, dio un grito de absoluto terror. “¡Dios mío!¡Un Spunkie me agarro el brazo! ¡Ayyy!”
     Jock dijo, “Por favor, no exageres.” Una chica dijo, “Qué horror…” Su ante brazo sangraba. Otra chica dijo, “Sí, parece una herida de garra.” Otra dijo, “¿Y si mejor nos vamos?” Jock dijo, “¡Bah! Eso es un rasguño de alguna raíz sumergida.” Otro hombre dijo, “No, fue un Spunkie…” Otro joven observó su herida, y dijo, “E-esa herida significa que tendrás un marido celosísimo…” Jock pensó, mientras bebía, “¿Marido celoso? ¿Cómo yo acaso?¡Bah! Si fuera una indirecta hacia mí, me vale un comino…” GLUB.
      Jock había tomado más de lo conveniente, y habló entonces con desprecio… “Yo…preferiría mil veces casarme con una Spunkie, que volver a casarme con una mujer…” Una chica dijo, “¡No digas eso nunca, amigo!” Jock dijo, “¡Bah!¡Pamplinas! Vivir casado es vivir encadenado. Preferiría vivir con un mono, o un gato, o como dije, con un Spunkie…” Jock levantó su mano y gritó, “¡Que el matrimonio se vaya a los mil diablos!” Hubo un silencio. Entonces Jock dijo, “Pero, ¡Basta! Solo falta un ritual. El del espejo…¿Quién será el primero o la primera?” Una chica dijo, “Me-mejor nos vamos.”
     Jock encendió una vela de la fogata, tomo un espejo y dijo, “Veamos, que alguien sostenga la vela, y mirándonos en el espejo, diga tres veces, ‘aparece esposo,’ o ‘aparece esposa…’ y entonces, en el espejo, sobre el hombro izquierdo de quien se mira en él, aparecerá la cara de su futuro consorte…” Un joven dijo, “Eh…mejor no…” ¡Nadie quiso practicar el más temido de los sortilegios! Un joven dijo, “El viento sopla fuerte…los Spunkies deben andar cerca…tu yegua se ve muy inquieta, Jock…” Otro joven dijo, “¡Mejor ya vámonos!” Jock dijo, “¡Bah! Son todos…unos cobardes…¡Yo les daré en ejemplo!” Pero sin vacilar, repitió valientemente el sortilegio, diciendo, “¡Aparece esposa mía!” Y entonces, al gritar por tercera vez la invocación, apareció sobre la espalda de Jock Muirland, una cara pálida, cubierta de una cabellera leonina. Jock dijo, “¿Qué-qué broma es ésta?”
     Estremecido se volvió. Pensó que algún de las chicas de la fiesta, estaba atrás de él. ¡Pero no era así! Mas, al volver la vista al espejo…¡Allí estaba el pálido rostro! Al ver la ardiente cabellera a su espalda, dando un grito horrendo, cayó al suelo, cual largo era. Aterrados, sus compañeros huyeron. ¡Huyeron como hojas esparcidas por el viento! “¡Sálvese quien pueda!” En un santiamén, Jock quedó solo, privado, junto a la hoguera que comenzaba a apagarse, mientras que los elementos comenzaban, de pronto, a enfurecerse…y también..con furia, los Spunkies volvieron a reclamar sus tenebrosos dominios, uniendo sus infernales silbidos, a los del viento…
     La helada caricia de la lluvia despertó a Muirland, quien vio el espejo y pensó, “¿Ya-ya habrá desaparecido e-esa cara…?” Volteó al otro lado del espejo y dijo, “¡Ah!¡Sigue allí!” La cara le sonreía sin decir nada. Jock no podía ver si pertenecía a un cuerpo porque solo la veía al volverse, y al contemplarla, de inmediato, giraba la cabeza incapaz de verla por más de un instante… “¡Nooo!” Quiso hablar con la aparición, pero la lengua se le pego al paladar. ¡Tenía que librarse de su acólito! Apenas alcanzó a subir a su yegua, que comenzaba a enloquecer sintiendo el terror que se apoderaba de su sueño. ¡Terror! Un miedo devorador que Jock no había soñado ni en sus peores pesadillas. ¡Y ni en el frenético galope, ni el viento o la lluvia, lo separaban de aquella cabeza que parecía atada a su espalda.
     Cada vez que se volvía, allí estaba la pálida cara, con dos ojos de un azul profundo, sobre los cuales no había ceja ni parpado. Y aunque parecía el rostro delicado de una virgen de dieciocho años, cada vez que la veía crecía el horror de Jock Muirland. El viento soplaba como si buscara despertar a los muertos. La lluvia caía con furia, y los rayos llenaban el cielo de tenebrosos ruidos. Jock picaba espuelas con crueldad y perdió noción de cuánto tiempo huyó bajo la tormenta. Pero, cuando el caballo no pudo mas, vio con indecible horror, que en vez de llegar al pueblo, ¡Había regresado a las ruinas del castillo! Y, ahora, extrañamente, el castillo en ruinas de Cassili, parecía presa de un incendio.
     La capilla quedaba iluminada por lúgubres claridades. Jock dijo, “¿Qué fuego es éste que la lluvia no apaga?” Pensó, “Iré allá…¡Sí!” Espoleó salvajemente a la agotada yegua. Parecía que la razón había abandonado completamente al granjero. “¡Ea, Vamos ‘Meg’!” ¿Porqué iba a la catedral en llamas? Ni él lo sabía. Ya no osaba volver la cabeza, sentía aún la presencia del Spunkie. Y de pronto, una voz se lo confirmó. “Jock, ya no tengas miedo…” Era tan dulce la voz, pero sembraba un espinoso terror en el corazón de Jock Muirland. La voz dijo, “¡Cásate conmigo!”
      Finalmente, sin haber visto la cabeza, desmontó. Como si otra voluntad lo impulsara, presa de sobrenatural excitación, Jock entró a la capilla. Nunca…jamás…había visto o soñado un espectáculo semejante a la mitad de la nave, un personaje agachado, vestido con una sotana y capuchón, sostenía sobre su espalda una vasija octogonal, de la que brotaban llamas verdes y rojas. El ser reía.
     Sobre el altar mayor, había demonios de ardientes cabelleras ocupando el lugar de los cirios. Ambos emitían gruñidos. Se trataba de una sorpresa tras otra. Todas las formas infernales y grotescas que han soñado poetas y pintores, volaban y se contorsionaban a su alrededor de mil maneras extrañas. Las sillas del coro se veían ocupadas al parecer por los canónicos. Pero sus manos y sus caras no eran de hombres.
     Inciensos infernales inundaban la capilla. Docenas de demonios parodiaban de manera abominable los santos misterios. Sobre un trono compuesto por una docena de duendes, presidía la reunión un enorme gato negro. A los maullidos del diabólico felino se unía una horrenda cacofonía de gaitas tocadas por los duendes que provocaban de vez en cuando, la caída de polvo y escombros.

      En medio del tumulto, había bellas Skelpies de rodillas, parodiando la actitud de fieles cristianos. Como en posición de rezar, diríase que era humildes y hermosas vírgenes. Pero había que ver sus rostros y las colas demoniacas que asomaban bajos sus blancos vestidos. Reían. Y diez, veinte, cincuenta Spunkies volaban, bailaban, y llenaban el aire con sus risas y chillidos. En las tumbas de los santos que quedaban alrededor de la nave, los muertos en sus blancos sudarios, sostenían un cirio o vela fúnebre en la mano. ¡Y qué abominables reliquias decoraban el atrio! La cuerda del ahorcado, el cuchillo del asesino, negros corazones de piedra, pistolas de parricidas.
     Muirland decidió volver la cara y ¡Los ardientes ojos seguían allí! Ya no se atrevió a mirar atrás, y en eso, uno de los monstruos infernales le tomo la mano. ¿Qué resistencia podía oponer?  Jock pensó, “Me llevan…¿Al altar?” Entonces toda la corte diabólica se arrodilló. Sin saber realmente porqué, hizo lo mismo. Allí permaneció estupefacto, petrificado, mientras alimentaba la horrenda cacofonía de gaitas y maullidos dantescos. Todos estaban arrodillados, salvo los spunkies, que de pronto sobrevolaron la infernal ceremonia. Entonces, por centésima vez Jock se volvió, y pensó, “¡Dios, desapareció la cabeza!”  

     Suspiró hondamente sintiéndose casi feliz, pero entonces, al mirar hacia un lado, el terror volvió a morderle el alma. Jock era un iluso que creyó ternada la pesadilla. Aquellos ojos de fuego azul cerca de él. A su lado también de rodillas, estaba una hermosa joven que le sonreía dulcemente. Jock pensó, “¡Su cara es la del spunkies que me perseguía!” La miro boquiabierto incapaz de disimular su sorpresa. Vestía una especie de camiseta enorme escocesa, que apenas le cubría hasta los muslos, mostrando su cuerpo. Se le insinuaban los graciosos hombros y mostraba parte de su blanca espalda. Y sus dorados cabellos caían encascada hasta el seno virginal. Muirland estaba conmovido. Jock pensó, “¡Qué hermosa!¡Qué delicadas formas! ¡Cómo contrasta con todos los seres repugnantes que invaden esta capilla!” Entonces sucedió lo inesperado.
     El esqueleto que parodiaba la misa unió sus manos. Jock pensó, “Siento que su mano es una garra. Pero no tiene dedos. Y no las aceradas uñas que siento.” Sin levantarse, la extraña mujer se le acercó. De pronto, el infernal oficiante soltó la mas horrenda carcajada. ¡Y toda la horrenda corte pareció hacerle coro!” Jock sintió que el mundo entero comenzaba a dar vueltas. Miró a la hermosa joven y ella se acercó a abrazarlo. Entonces, ¡Perdió la conciencia! Y perdió toda noción del tiempo y de sus alrededores. Vagamente recordaría que lo subieron en algún momento a su yegua. Y cuando recupero la lucidez, era de día, y se encontró cabalgando tranquilamente por el campo rumbo a Cassilis. Jock pensó, “¿Qué pasó?¿Tuve un sueño?¿Fue una pesadilla? ¿ acaso fue todo esto una borrachera? No entiendo nada ero por fin es de día y brilla el sol.” Nada pudo prepararlo para la sorpresa que seguía.
     Jock, montado en su caballo, encontró a un campesino, a quien saludo, diciendo, “Buen día Alfred…” Alfred dijo, “¿Qué tal Jock? ¿Cómo está tu esposa?”  Jock dijo, “¿Mi esposa?” Alfred dijo, “Vamos, amigo. Todos sabemos que después de la noche de Holloween, viajaste a las montañas, y de allí  volviste con una hermosa joven rubia.” Jock dijo, “¿Jo-joven rubia?” Alfred dijo, “¡Ja, Ja, Ja! Ah, no hay nada como estar enamorado, ¿verdad?” Presa de confusión y e un extraño sentimiento, echó su yegua al galope, pensando, “Pero…¿De qué diablos habla? ¿Yo…casado?¿Yo…fui a las montañas y volví con una esposa?¿Han pasado varios días?¿Y todos los saben?¿Se han vuelto locos?” Jock llegó a su casa, y desmotó de su yegua.
     Entonces dijo, “¿Y porque está abierta la puerta y eeh?” Una voz del interior dijo, “Buenos días esposo mío.” Jock llevó sus dedos a sus ojos y dijo, “¡Estoy soñando!” ¡Pero no era ningún sueño!¡Allí estaba una hermosa joven! La joven dijo, “¿Tienes hambre? Todo está listo.” Jock dijo, “Eh…bueno…comeré…” ¡Qué deslumbrante belleza tenia! Jock dijo, “Ya no sé qué pensar…mm…como brillan sus ojos…su cabellera parece oro…Y…¡No puede ser! ¡No tiene parpados!” Jock tuvo un vago recuerdo de un Spunkie que lo siguió durante una loca carrera nocturna.
     También recordó vagamente una extraña ceremonia en una catedral en ruinas. Mientras comía, Jock pensó, “No acabo de entender…” Le parecía que aquella mujer era un Spunkie, un ser sobrenatural, haciéndose pasar por mujer de una manera mal disimulada, pero no comento nada. Se sentía como vencido por un profundo sueño. Jock pensó, “Pero parece dulce. ¡Y qué bien concina!”
      Y de allí en adelante, su vida fue cada vez más extraña. A menudo platicaba con Alfredo, cuando se encontraban ambos a caballo. Jock decía, “Te digo amigo, mi esposa es muy extraña.” Alfred decía, “Así son las mujeres e las montañas.” Jock decía, “Siento que…que no es de este mundo.” Alfred dijo, “¡Locuras! Recuerda que después de la boda, estuviste preso de fiebres. Pronto sanaras por completo.” Jock dijo, “Pero no tiene párpados...” Alfred rió, “¡Ja, Ja, Ja! Pero si es completamente normal. ¡Qué buen chiste Jock!” Jock se fue en su caballo, pensando, “O yo estoy loco, o todo el pueblo ha enloquecido, o todos estamos embrujados…no sé…Yo la veo de cierta manera. Los demás de otra.” Su esposa interrumpió sus pensamientos, diciendo, “Bienvenido amor…” Con todo, algo lo impulsaba a seguir su vida, al lado de aquella beldad, cuyo nombre era Spellie, quien le dijo, “¿Tuviste un buen día?” Jock dijo, “Eh…sí, nacieron dos becerros.”
     Y de noche, Spellie era aún más bella, y decía, “Oh, Jock, qué feliz soy en tus brazos…” Pero Jock tendría problemas para conciliar el sueño. Nunca la veía dormida, y siempre que despertaba, allí estaban aquellos ardientes ojos mirándolo con ternura. Jock pensaba, “¿Cómo va a dormir si no tiene parpados?” Cada día, Jock desertaba de sus vagos sueños más pálido y nervioso. Spellie le decía, “¿Te sientes mal?” Jock decía, “Eh…no, no es nada.” Cierta mañana de un día de descanso, en la que a pesar suyo, Jock admiraba la intensa belleza de su esposa, Spellie le dijo, “Jock, yo te quiero tanto como tú querías a tu primera esposa. Y tengo envidia de todas las chicas, que te miran, así que ten cuidado…¡Soy muy celosa y te vigilare muy de cerca! Y sellaré mi promesa con este beso…” Jock dijo, “E-está bien, Spellie…” Por las noches volvía la devoradora inquietud de Jock, diciendo, “Pero, ¿No duermes nunca?” Ella dijo, “En mi familia nadie duerme. No me canso de mirarte, y así te vigilo mejor.”
     Al día siguiente salió a trabajar el campo. Ahora era él quien sufría el suplicio al que había sometido a su primera esposa.  Jock pensaba, mientras trabajaba, “Siento que de día y noche me vigila. Sus celos me vuelven loco…¡Ya no puedo más! En la casa, en los campos, en la iglesia, en mis sueños…¡Siempre me vigilan esos ojos!”
     Y, finalmente, un día Jock Muirland huyó. Fingió que iba al pueblo, pero enfilo hacia el puerto más cercano, pensando, “Ya soporte a Spellie tres meses. No aguantaré un mes más…”
     Jock dejó a tras a Spellie. Abandonó su granja y sus propiedades. Cruzó el Atlántico y se hundió en los bosques de América del Norte, hasta llegar a las praderas y bosques de Ohio. Durante un año vivió en la pobreza, como un salvaje, pero aquello le parecía preferible a estar en Escocia, siempre bajo la mirada vigilante de aquellos ojos azules que nunca descansaban. Su único sufrimiento era que a veces, en sueños, durmiendo a campo abierto, veía el rostro de Spellie, con sus terribles ojos sin parpados.
     Pero en cuanto se aseguraba de que todo había sido una pesadilla, volvía a dormirse feliz, hasta que aquellos sobresaltos nocturnos, acabaron por terminarse. Jock pensaba, “Ella ya no existe para mí. Ni siquiera saben en Cassilis, a dónde huí. ¡Je, Je!” Finalmente, en un callado y pacifico rincón del bosque construyó una cabaña. Jock pensaba, “Cazando y vendiendo pieles tendré dinero y volveré a tener ganado en cosa de años. ¡Seré rico!” Poco a poco se organizaba, y además de cazar, y vender pieles finas, fabricaba aguardiente. Jock pensaba, “Esto le gustará a mis amigos.” Sus amigos eran los indios Narraghansetts, y en especial, su viejo jefe Massosoit, quien le decía al verlo llegar, “¡Bienvenido amigo Jock!” Jock decía, “¡Te traigo agua de fuego, gran jefe!”
     Cierto día, el gran jefe se enfermó de gravedad y se llegó a temer por su vida. Un ayudante indio a su lado, o sea, un brujo o chaman, decía, “¡Ayuden, oh Espíritus!” Cuando Jock lo visitó, el gran anciano enfermo le dijo, “Llegó el momento del adiós, amigo Jock.” Jock le dijo, “No, noble jefe. Dile al gran brujo que me permita intentar curarte.” En Escocia, Jock había practicado la medicina herbolaria y ahora aplicó toda su sabiduría, pensando, “Con bailes, gritos e invocaciones, no curarán a Massosoit.” Y el escocés logró lo que parecía imposible. Cuando ambos salieron de la tienda, los indios gritaron, “¡Viva Massosoit!” Jock dijo, “Vivirás muchos años más, amigo.” Massosoit dijo, “Tu brujería es poderosa, Jock.”
     En recompensa, sabiendo de Jock vivía solo, el jefe lo casó con su hija Anauket, una hermosa doncella de dieciocho años, una squaw dulce y obediente. Jock pensó, “La fortuna me sonríe. Ya no viviré solo en el bosque.” Fue un día feliz, y habría fiesta por ocho días. Jock fumó con ellos la pipa sagrada. Enseguida llegó Anauket con un platillo, y Jock dijo, “Gracias Anauket. Huele delicioso…” Ella dijo, “Es especialmente para ti.” Massosoit dijo, “¡Ella es la mejor cocinera de la tribu!”
     Realmente el escocés se sentía en la gloria. Caminando la pareja juntos, rumbo al lago de noche, Jock pensó, “Fue un matrimonio prácticamente ‘a fuerzas,’ pero creo que no hay nada de qué arrepentirse.” Anauket no podía más que amar al hombre que había salvado a su padre, y dijo, “Soy Feliz. Ninguna mujer de la tribu se ha casado con un brujo blanco.” Jock dijo, “Y ningún hombre blanco ha tenido esposa tan bella como tú…” Parecían tan felices como Adán y Eva en el Paraíso.
     En la profundidad de aquellos ojos negros, como el ala de un cuervo, Jock Muirland se perdía extasiado, olvidando por completo a todas las mujeres que había conocido antes.  Anauket le dijo, “Yo te daré hijos guerreros.” Jock le dijo, “Yo te haré feliz como nadie, Anauket…” Y terminadas las festividades, una hermosa mañana, los recién casados, emprendieron el viaje por el rio Ohio, hacia la cabaña de Jock en el bosque. Mientras se alejaban en la canoa, Massosoit les dijo, “Vengan pronto.”
     El tiempo era magnifico, y el paisaje deslumbrante. Toda la naturaleza parecía invitar a la felicidad y al amor. Y por la tarde, aun viajando en la canoa, Jock apuntó su rifle hacia el horizonte, diciendo, “Mira, Anauket. Qué buenas aves.” ¡BANG! “Le dí!” Momentos después, la canoa se acercaba a la orilla. Jock dijo, “Espera. No puedo dejar mi pieza.” Anauket dijo, “Eres gran brujo y gran cazador.” A continuación, Jock caminaba en tierra, pensando, “Tendremos una cena deliciosa. Humm, está oscuro aquí en el bosque.” De pronto, un intenso resplandor le ayudó a ver. Jock pensó, “Ah, el sol pasa entre las ramas.” Pero no se trataba del sol.
     Jock se estremeció diciendo, “¡Agh!¡No nooo!¡No puede ser!” Aquel rayo de luz le quemaba los ojos y el alma. ¡Allí estaban los ojos sin parpados, allí estaba la dorada cabellera, allí estaba el rostro infernal! Había cruzado el mar. Le había seguido la pista… Jock disparó con su arma, diciendo, “¡Vuelve al infierno de donde saliste!¡Déjame en paz, Spellie!” La mujer dijo, “Te lo dije Jock. Soy muy celosa y te vigilaré de cerca, ¡Ja, Ja, Ja!”
      Escuchando los aterradores gritos de su esposo, Anauket se había internado en el bosque. Anauket pensó, mientras caminaba de prisa, “¿Qué pasará?” Y mientras, la mujer aparecida decía, “Bésame Jock, tal vez te perdone. ¡Je, Je, Je!” Temblando como hoja al viento, el escocés quiso huir, pero, gritaba, “¡Nooo!¡Déjame por favor!” La mujer decía, “¡Vamos, Jock, bésame! ¿Me tienes miedo porque no soy tu verdadera esposa?” Cegado por el terror, Jock ya no veía por donde corría.
     La cabeza femenina lo seguía, diciendo, “¿A dónde vas Jock Muirland?” ¿A dónde iba en verdad el escocés inglés? Quizá a reunirse definitivamente con Spellie…¿En aquel reino extraño cuyas puertas se abren durante…la noche de brujas? Jock caía a un precipicio, gritando, “¡Noooo!”
     Para Anauket, la desaparición de su brujo blanco seria siempre un profundo misterio. Pero lejos, en Escocia, cuando se supo de su fin, todos los habitantes de Cassilis afirmaron que Jock Muirland, había abierto para sí, las puertas del infierno, al invocar el amor de una Spunkie, en una extraña y misteriosa, ¡Noche de Brujas!
Tomado de Novelas Inmortales. Año IX. No. 467. Octubre 29 de 1986. Guión: M. Arce. Adaptación: Remy Bastien. Segunda Adaptación: José Escobar. 
                                                                                                                      

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