Club de Pensadores Universales

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domingo, 17 de enero de 2021

El Entierro de las Ratas, de Bram Stoker

     Dracula's Guest and Other Weird Stories, o El Invitado de Drácula y Otras Historias Extrañas,  es una colección de cuentos de Bram Stoker, publicados por primera vez en 1914, dos años después de la muerte de Stoker. La misma colección se ha publicado con títulos cortos, que incluyen simplemente, El Invitado de Drácula. Mientras tanto, las colecciones publicadas con títulos más extensos, contienen diferentes selecciones de historias, las cuales incluyen o pueden incluir:

El Invitado de Drácula (1914).

La Casa del Juez (1891).

The Squaw (1893).

El Secreto del Oro Crecente (1892).

Una Profecía Gitana (1914).

El Regreso de Abel Behenna (1914).

El Entierro de las Ratas (1914).

Un Sueño de Manos Roja (1892).

Arenas Torcidas (1892).

     El Entierro de las Ratas, fue adaptado como libro comic, por Jerry Prosser y Francisco Solano López.

     Además, la adaptación fílmica titulada, “El Entierro de las ratas de Bram Stoker” fue lanzada en 1995, por la compañía fílmica de Roger Corman. (Wikipedia en Inglés.) 

El Entierro de las Ratas

de Bram Stoker

     Después de Frankenstein, de Mary Shelley, la novela Drácula del irlandés Bram Stoker, es sin duda la novela de terror más famosa del siglo XIX. Y tal ha sido la fama de esta novela y de su personaje vampiro, que Drácula eclipsó las demás novelas y creaciones geniales de su autor.

     Hoy rescataremos una de estas obras de éste indiscutible maestro de la literatura. Una de las novelas que ya rescatamos fue, El Retorno de Abel Behenna. Ahora les ofrecemos otra de sus magistrales creaciones. Esta obra está llena de misterio, escalofrío, emoción, y lo inesperado. 

     Aquella noche de verano de 1860, en Bristol, nuevo vapor de cabotaje cumplía con su servicio entre Bilbao y el Havre, puerto de ingreso hacia París. A bordo, Marc Hamilton, pasajero inglés, distraía su desvelo,  fumando y meditando en la cubierta. Tenía ciertos motivos de inquietud. Pensaba, “¡Alice!¡Alice ¿Hasta cuándo estaremos así?! Han pasado once meses desde que Salí de viaje. ¡Solo nos falta uno más, pero se me hace interminable!” Hamilton hizo una pausa, y pensó, “¡Siempre evóco aquella tarde, tu risa, tus ojos verdes, tu cariño. ¡Te ámo!”

     Marc evocó aquellos momentos felices, cuando Alice le decía, corriendo en la arena del mar, “¡Marc, querido, ve aquí! Ja, Ja, Ja.” Marc le decía, “Te alcanzaré…y entonces…pagarás una prenda.” Ella le decía, “No, seré más veloz que tú, Ja, Ja, Ja!” Y la persecución fue breve, “¡Te tengo, diablilla! ¡Paga ya la prenda!” Cayeron en la arena y un sol ardiente iluminó el día, el primero entre los dos, iniciado entre besos, caricias y promesas. Más tarde, ambos se presentaban en casa de Alice, quien  dijo, “Papá, tenemos algo que decirte. Te alegrará mucho.” Fue una plática muy formal entre los dos hombres.  Marc explicó, “…y queremos casarnos, Sir. Mi dote es más que suficiente, además del amor que nos profesamos…”
     El padre de Alice dijo, “Sí, muchacho. Te conozco y también a tu familia. Todo está bien. Pero, ¿Cómo sabes que la amas de verdad? ¡Para vivir con ella hasta el final, digo!” Marc dijo, “Bueno…yo la amo…es una acto de fe…y…” El padre de Alce dijo, “¡Suficiente! No dudo de ti. Me agradas pero deberás probarte a ti mismo que realmente amas a mi hija.” Tras una pausa, el hombre continuó, “¡Escucha! Viajaras, conocerás, otros mundos y otras mujeres. ¡Tómate un año de plazo. Si después, ambos mantienen el amor que dicen sentir, contarán con mi aprobación.” Una sola mirada entre él y la joven decidió a Marc, quien estrechó la mano del hombre y dijo, “¡De acuerdo! Mañana mismo me embarcaré.” 
    Luego se fue a un recorrido por el mundo. El exótico oriente, montañas y selvas, una excursión a los altos del Nilo, navegar por los mares antárticos, y un breve paso por un sinfín de ciudades de los cinco continentes. Mientras viajaba rumbo a Francia, Marc meditaba, “También hubo mujeres, peligros…¿Todo para qué? ¡Estoy harto y amo más a Alice!” Al amanecer llegó a puerto francés. Al desembarcar, pensó, “¡Ya estoy aquí! Es mi último mes. Me quedaré en París, a pasarla lo mejor posible.”

     Los días pasaron, y Marc se agregó a pequeñas excursiones que visitaban lo mejor de la célebre urbe. Una tarde mientras visitaba la catedral de Nuestras Señora. Marc observó a una mujer orando y pensó, “¡Una anciana vestida con harapos! ¿Cómo es posible? ¡Hay lugar aquí para alguien que exhiba tanta miseria? ¿Dónde vivirá esa pobre gente, por Dios?” Mientras la mujer se retiraba, pensó, “Debe ser pepenadora o Clocharde, como aquí les llaman.”
     Durante cuadras y cuadras, siguió a la mujer, ganado por una curiosidad inexplicable y absurda. Al llegar a unas viviendas, pensó, “Parece sumergirse en esas casuchas de perdición. ¿Cómo puede sobrevivir ahí?” Antes de desaparecer, ella se volvió a mirarlo, y él se sintió envuelto en una fuerza hipnótica, a traes de aquellas facciones rotas y una sonrisa cruel. Marc pensó, “¡Dios mío, qué cosa extraña! Nunca había sentido un sortilegio como este…sus facciones parecían decir, ‘¡Ven averígualo tú mismo!’”

     El resto del día, Marc deambuló al azar, pero ya no pudo disfrutar de paseo por aquellas avenidas famosas, pues algo insano se había introducido en su mente. Cuando cayó la noche, regresó al hotel donde se hospedaba. De pronto pensó, “¿Qué es aquello? ¡Alguien hurga en la basura!” Marc se acercó, y gritó, “¡Espere, debo hablarle! Caray, desapareció.” Al acercarse a los botes de basura, reaccionó, y pensó, “¿Y eso? ¡Son ratas¡ ¿Me habré engañado, y lo que creí ver, se reducía a esos animaluchos?” Esa noche le costó dormir, pensando, “¡No sé qué me pasa! Los once meses de vida absurda, han afectado mi cabeza, tal vez…¡Y de pronto hasta unos pepenadores me resultan obsesivos!” Por fin, un nuevo pensamiento le hizo conciliar el sueño, “¡Alice…tu eres lo real…yo te amo, Alice…no me dejes solo…ahora…mmm…”
     De inmediato soñó con la bella joven, que ahora aparecía muy seria. De pronto ella se volvió, le dio la espalda y la vio extrañamente enlutada. Cuando Alice giró, ya no era ella. Marc gritó, “Alice…Alice…tú no puede ser…¡Una Bruja! Ayyy!” Ahora se trataba de una enorme rata, y en el acto, la rata fue una anciana, aquella anciana la cual chillaba con sonidos estridentes, diciendo, “¡Ven, Marc Hamilton! ¡Ven y averígualo tu! ¡Ja, Ja, Ja!” Marc se levantó, gritando, “¡No, no, nooo! ¡Oh Dios! ¿Qué ha sucedido? Fué un sueño horrendo.” Solo atinó a levantarse y salir de ahí, causando el asombro del viejo conserje nocturno.
     Deambuló hasta que los ruidos de una concurrida taberna de mala muerte lo atrajeron. Entonces, bebió y bebió con una sed insaciable, observado con curiosidad por la sórdida concurrencia. Uno de los parroquianos dijo, “¡Mira ese tonto! Perece un barril sin fondo, ¿Cómo quedará en poco rato?” El otro hombre dijo, “¡Borrachísimo, Ja! Debería cuidarse…¡Hay quienes podrían aprovecharse de ello! ¡Je, Je!” Ya ebrio, Marc notó aquellas miradas y, respondió, diciendo, “¡Sa…Salud…por la bella…A…A…Alice, Caballeros! ¡Oh!”
   Horas después, un hombre con una escoba los despertaba, diciendo, “Despierte, Monsieur, ya voy a cerrar!” Marc despertó, diciendo, “¿Eh? ¡Sí, claro!” Cuando Marc se esculcó, para pagar, dijo, “¡Caray!¿Y mi dinero? ¡Me desplumaron, solo me queda lo justo para pagarle!” El posadero dijo, “Que bueno, no tendré que denunciarlo a las guardias nocturnas.” Marc se despidió y salió de ahí, pensado, “¡Qué casualidad! ¡Quien me robó pensó también en el cantinero! ¿O habrá sido él mismo?”

     Al salir vio que empezaba a amanecer, y pensó, “¡Un día más! Solo me queda una mala cruda que espero y no dure mucho…” En ese momento una diligencia estaba a punto de arrollarlo. El chofer gritó, “¡Cuidado, patán!” Marc reaccionó, diciendo, “¡Ohhh, esto me pasa por distraerme!”  Enseguida, Marc notó que la diligencia no era otra que la recolección de la basura. Entonces oyó que el capitán ordenaba al recolector, “¡Hey tú!¡Trae los botes del callejón!” El recolector dijo, mientras se dirigía hacia el callejón, “¡Sí, siempre que las ratas no se nos adelanten!” Cuando Marc escuchó que el recolector empezaba a gritar. “¡AYY!”
     Marc se abalanzó, hacia el callejón, mientras el capitán decía, “¡Ja, Ja, Ja!¿Y a usted qué le pasa, amigo?¿Le interesa lo que ocurre ahí?” Cuando Marc llegó a los botes de basura, vio al recolector pateando a un pobre anciano, y dijo, “¡Oh, esto es atroz!” Mientras el recolector pateaba al pobre anciano, diciendo, “¡Apártate, rata, déjame trabajar!¡Toma, toma!” Marc se lanzó, golpeando al recolector, diciendo, “¡Infeliz, te metes con un pobre anciano!” Enseguida el captan llegó al auxilio del recolector, y con un palo amenazó a Marc, diciendo, “¡Desgraciado!¿Qué le hiciste a mi amigo? ¡Veras!”
     Pero Marc le dijo, “¡No te será tan fácil, abusador!” Un garrotazo fue esquivado por Marc. El contraataque fue fulminante. Marc le dio una patada, diciendo, “¡Ahora me toca a mí!” Marc tomó el garrote y dijo, “¡Con su misma arma los castigaré! Sé pelear. Combatí estos últimos meses en China y Arabia.” El capitán dijo, “¡Por Dios, déjenos!” Una fuga despavorida de los recogedores de basura, acabó con aquella pelea callejera. Enseguida, Marc intentó ayudar al otro recogedor de basura, pero el anciano se rebeló, y dijo, mostrando una medalla, “¡No me toque, joven! ¡Tengo dignidad, vea esto, soy héroe de la guerra!” Marc pensó, “¡Santo Dios, tiene la Legión de Honor!” Despectivo, el anciano hizo a un lado a su salvador, y le dijo, “¡Yo estuve con Napoleón Bonaparte!”
     El anciano tomó su morral y se alejó, mientras Marc pensaba, “¡Un veterano! Es increíble que un valiente como el, haya sido relegado a la miseria.” Cerca de allí, Marc vio otra estremecedora escena: pepenadores llevando basura, y preguntó a un caballero, “¡Señor, dígame!¿Qué hace esa gente con la basura que recoge?” Lleno de ideas contradictorias Marc regreso al hotel. Un suntuoso desayuno lo esperaba en el comedor. De pronto, la obsesión volvió a asaltarlo, pensando, "Sobras de comida en abundancia. ¿Cuántos infelices se las tragarían después de descompuestas? ¡Y mientras eso ocurre yo como opíparamente! No quiero saber más de esto. Da asco…” Marc subió a su recamara ensimismado, totalmente ajeno a lo que sucedía alrededor de él, pues una hermosa dama, al verlo pensó, “¡Ah, un buen mozo, no me aburriré en éste hotel!” Pero tras una pausa, la dama pensó, “¡Por Dios, ni siquiera me ha visto. ¿Qué se habrá creído ese presumido. ¡Sé que soy muy bella y su aire despectivo me ofende!”

     Su idea fija no lo dejaba y al llegar a su habitación se arregló para dormir, pensando, “¡Muchas emociones en pocas horas! Todos esos viejos. La pesadilla. La borrachera, la pelea con aquellos tipos…¡Dormiré y espero no volver a soñar lo de anoche!” Así, en pleno día, se hundió en un nuevo sueño. Pero esta vez no hubo pesadilla. Tan solo la repetición mental de aquel lugar solitario, por el cual una vieja había ingresado a su ambiguo submundo. Con cruel nitidez, vio un detalle que le había pasado desapercibido, en el mismo lugar donde persiguió a la anciana.
     Despertó casi enseguida con una nueva decisión. “¡Rue 16! ¡Tengo que ir ahí! Solo así sacaré de mi cabeza estas obsesiones.” Recordaba el camino y se dirigió al lugar con pasos resueltos. Al llegar se detuvo un instante, y encendió un cigarro, pensando, “¡Uff! ¡Qué paraje tan sórdido! Espero no meterme en líos.” Luego recapacitó, “¡Bah, pienso demasiado! Simplemente avanzaré!” Al observar a un hombre pensó, “Ya vi esa figura que se esconde arriba. Parece un vigía cuidando las puertas de un reino.” Al acercarse a dos hombres pensó, “¡Trabajan!¿Qué pensarán de mí? Soy, sin duda, un extraño para ellos. Espero que no me consideren un enemigo.”
     En eso, Marc pensó, “¡Demonios!¿Qué significa eso?” Varias personas se disputaban algo con saña. Uno de los hombre, un hombre calvo y  viejo, decía, “¡Soy más fuerte que ustedes, perros!” Luego tras la lucha, el hombre dijo, “¡Es mía! Esta colilla es mi…Ja, Ja, Ja.” Marc pensó, “¡Qué horror! La que yo tiré.” El hombre la prendió, y se la dio a una anciana, diciendo, “Es para mí madrecita de ciento cinco años. ¡Tome mi viejita. Todavía arde este caro tabaco.” La anciana se llevó la colilla a los labios llenos de grietas y aspiró con satisfacción. Marc pensó, “¡Todo lo que causo esa colilla, solamente!¡Qué reacciones podrán causar las demás cosas que traigo?”
     Marc pudo observar escenas de todo tipo. Mientras un gato huía, unos hombres gritaban, “¡Vamos, todos contra él, lo mataremos a pedradas!” Poco a poco los senderos fueron bifurcándose, y Marc los tomó al azar. De pronto tropezó con algo. Marc pensó, “¡Caray!¡Qué distraído!¡No miro por donde voy!” Tras mirar en el suelo, Marc pensó, “¡Un borracho! Parece que está agonizante. ¡Y esas malditas ratas se le acercan mucho!” Repugnado, se agacho y recogió una piedra. Lanzándola gritó, “¡Asesinas!¡Respeten a ese hombre!” El hombre borracho despertó, diciendo, “¡Por el Demonio…uno ya no puede dormir en paz!” Marc exclamó, “¡Oh!”
    Un coro de risas grotescas creció en torno suyo. “Ja, Ja, Ja.” “El gran salvador de los hombres Ji, Ji, Ji.” Marc se alejó de allí, ridiculizado, pensando, “¡Bueno, esto se acabó. No seré víctima de las burlas de esta corte de los milagros.” De pronto, Marc encontró a otro hombre y pensó, “¡Otro anciano más con la Legión de Honor! ¡Todos los veteranos de guerra parecen haber caído aquí!” Luego de muchas vueltas al azar, Marc pensó, “¡Reconozco éste lugar, es la encrucijada que pase hace como dos horas! Eso quiere decir que me perdí, y camino en círculo. ¡Eso es un laberinto! Si busco que me guíen, no lo harán, y además me verán nervioso…¡Parecen zopilotes esperando que un agonizante acabe de morir!” A partir de entonces deambulo durante horas sin dar con la salida.
     Al tiempo, Marc llegó a una casucha en donde había una rata en el techo, y pensó, “¡Este pequeño pasaje no lo vi antes! ¡Ahora es una gran rata la que asecha desde lo alto!” Se vio en un lugar circular, un minúsculo valle de gente, basura, casuchas y silencio. Pensó, “¡Un recinto casi cerrado, quizás el centro del laberinto! Y esa gente que me mira con ojos torvos…Mejor me salgo de aquí…esos viejos me cierran el único paso. ¡Por Dios!” Enseguida, escuchó una voz, diciendo, “Monsieur, disculpe, se que necesita ayuda…” Mac volteó, diciendo, “¿Quién?”
    Una mujer robusta y bien vestida le dijo, “¡Vaya expresión! ¡Nunca vio a una gran dama venida de menos? ¡Soy Jeanne, la marquesa! Sígame…” Marc dijo, “S-Sí señora.” Marc siguió la dirección de aquella esperpéntica dama, y todos le habrían paso con respeto. Aquella mujer lo llevó haca una singular vivienda, en donde dos hombres descansaban sobre una especie de litera. La mujer se dirigió a los hombres y les dijo, “¡Caballeros! ¿No está el marqués entre ustedes? Vamos, cuiden ese palacio, Francia debe enorgullecerse de sus palacios.” Cuando Marc se asomó a la vivienda, pensó, “¡Es un inmenso ropero residuo de algún Boudoir de Carlos VII, o Enrique II, convertido en vivienda. ¿Cómo habrá venido a dar aquí?” La mujer lo tomó de la mano y le dijo, “¡Venga, mi esposo no está entre esos chacales, trataré de ser buena anfitriona  con usted!” Marc dijo, “De acuerdo.”

     Marc siguió a la mujer sin miedo, siguiendo la dura mirada de los viejos, que observaban con angustia la puesta del sol. Al poco tiempo, la mujer dijo, “¡Ya llegamos! Pase, esta es su casa.” Marc dijo, “Gracias señora, solo estaré un par de minutos.” Ya dentro, la mujer encendió una estufa de leña y dijo, “¡No sea tonto, acepte mi hospitalidad! Ya anochece y el marque no está para guiarlo fuera de este lugar.” El joven no tuvo alternativa, y dijo, sentándose, “E-Esta bien, es usted muy amable, señora!” De pronto oyó ruidos de un rincón. HIIII. TRASH. Y Pensó, “¡Ratas! Este lugar está infestado de ellas.” La mujer lanzó una botella hacia los animales, diciendo, “! Animalitos maleducados. Salgan de ahí, aléjense de nuestro huésped!”
     La mujer volteó hacia Marc, y le dijo, “Disculpe, caballero. Son nuestras mascotas, pero no están acostumbradas a visitantes de su categoría.” Enseguida, Marc notó algo extraño y pensó, “¿Qué veo ahí? ¡Un hacha con sangre en la hoja! ¿De qué animal será esa sangre?” La señora dijo, “¡Ah, mira nuestra hacha! Es tan útil sobre todo cuando rondan intrusos, mi buen Pierre la descarga en pleno cráneo, y listo, ¡Je!” Tras una pausa, la señora dijo, “¡Sht! Y hablando de Pierre, ahí llega.” Inmediatamente la señora le dijo, “¡Hola, marques! Lo buscaba…¡Tenemos un visitante, es…es…es…!” Marc dijo, “Marc, Marc Hamilton. Mucho gusto.”
   El hombre hizo un ademán y dijo, “Salud, caballero. ¡Soy el marques Pierre D’Aufray! Quédese aquí. Mi palacio se honrará en atenderlo.” Marc pensó, “¡Dios mío, ahora vivo una de aquellas pesadillas!” De pronto, Marc pensó, “Ambos callan. ¿Qué miran con fascinación? ¡Oh, ya entiendo, miran mis manos! Veo que les llama la atención mi sortija.” La mujer dijo, “¿Qué le parece. Marques? Es hermosa, sin duda.” Pierre extendió su mano y le dijo, “Por favor, déjeme verla Monsieur.” Mar titubeó, y dijo, “E-Está bien. Es un obsequio de mis padres.” Pierre la revisó, y dijo, “¡Hum! Muy fina. ¡Bella! Pa-Parece una aguamarina…” Enseguida, la mujer arrebató las sortija a Pierre, diciendo, “¡Bah, usted no sabe nada de joyas, deme eso!”
     La mujer la revisó, y dijo, “¡Aguamarina!¡Tonto! Esto es una variedad verdosa de la esmeralda. Esto es…debe tratarse de ¡Un diamante! ¡Ah! Recuerdo los viejos tiempos. ¿Puedo ponérmela? Monsieur.” Marc dijo, “¡Claro que sí, señora!” la señora lo hizo y dijo, “¡Oh, oh, cuantos recuerdos! Una vez perdí una sortija parecida, pero su piedra era mayor. ¡Había pertenecido a una reina, les contaré…”

“¡Yo era la más bella de la corte!¡La mas bella! Había sido amante del mismísimo rey, antes que Carlos X cayera. Supe ser grande, caballeros. Entre mis muchos pretendientes estaba un recaudador de impuestos, que era riquísimo. Él me regalaba sortijas, brazaletes, y pendientes, cuando yo quisiera. Al final me aburrió y lo rechacé, y el muy torpe, ¡Acabó matándose! Luego perdí mi sortija, la que tanto quise, y la policía la buscó en vano. ¿Y a que no imaginan donde acabaron dando con ella? En una porqueriza, entre el fango. Cerca de allí, un joven conde y yo, nos amamos sin reparar en la mugre. ¡Era una joya real que se encontró allí! Yo no podía decir que la había perdido, claro…¡Dejaba en mal a su majestad, y éste me habría mandado decapitar! ¡Ja, Ja! Ya ve, fui a una dama culta y privilegiada. ¡Amé y fui amada por los más altos nobles de Francia.”
     Pierre la interrumpió, y dijo, “Mujer, cállate. Ya te he dicho que no cuentes esas cosas en mi presencia. ¡Eres una bocona!” Ella le dijo, “¿Celos, Marqués de Auffray? Pero para usted. Yo vengo de arriba, no soy carne de cañón como otros.” Pierre le sorrajó un catorrazo, diciendo, “¡Te lo buscas, arpía!¡Me ofendes, toma!” la mujer exclamó, “¡Aaay!” Marc pensó, “¡Rayos!” Enseguida, Pierre se dirigió a Marc, diciendo, “¡Esa mujer es pérfida, señor! ¡Ahora yo le contaré mi versión! Vera que mi honor sigue intacto.” Marc dijo, “Lo escúcho…”
     Entonces Pierre habló, habló… “…Yo si viví historias…estuve en todas partes. Desde la Bastilla, hasta Waterloo. Morí mil veces y resucité. Fui oficial…fui condecorado…” Mientras escuchaba, Marc observó un movimiento muy disimulado en la mujer, y pensó, “¡Tomó una navaja, piensa que no lo noté! ¡La guardó entre su ropa! Malo para mi…” Enseguida la mujer dijo, “Ya no hables más, aburres al caballero. Mejor enciende el farol, ya está oscuro.” Pierre dijo, “Sí, iré por él.” La señora dijo, “¿Lo vio, Marc? Me golpea y luego obedece como un corderillo, por eso ámo a mi querido Marqués.” Enseguida llegó Pierre, y dijo, “Aquí está. Aún tiene combustible, lo encenderé.” La mujer dijo, “Hazlo querido, le decía al señor cuánto te adóro.” Cuando el vejo iluminó su rostro, Marc pensó, “¡Por primera vez él sonríe!¿A causa de qué?”
     Tuvo una premonición  y al mirar hacia arriba, pensó, “El hacha ensangrentada, ¡Ya no está ahí! Pierre la debió tomar cuando fue por el farol. Entre tantos harapos, puede esconder el hacha sin que se note, ¡Y ella guarda la navaja!” Un ligero rumor en la entrada, lo atrajo. Marc pensó, “Algo anda allá afuera, y no son ratas.” Marc abrió sigilosamente la puerta, y noto una soga para ahorcar que colgada desde el techo de afuera, y pensó, “¡Y eso?¡Por Dios, un lazo! Alguien está en el techo, esperando meterlo en mi cuello.” Marc entró y dijo, “Disculpen, ahora debo irme. Sera para otra ocasión.” La señora le dijo, “¿Irse? ¡No, joven, no puede hacerlo! Estese quietecito.” La señora agregó, “¡Ya oyó nuestras historias! Ahora, pichoncito, vaya quitándose esa sortija para empezar.”
     Marc pensó, “¡Estoy acorralado, no podré salir de aquí!” Pierre tomó el hacha y dijo, “¡Ja, Ja, Ja! Ríndase, no hay escapatoria!” Marc pensó, “¡Esa pared de tablas! Deben estar vejas y apolilladas…tendré que huir por ahí.” La mujer sospechó algo, y gritó, “Se acabó la comedia, ¡A él, Pierre!” Pierre lanzó un hachazo a la cabeza, diciendo, “¡Te romperé la crisma!” Pero Marc se agacho ágilmente, y rompió la pared de maderas viejas, diciendo, “¡Adiós, marqueses, lamento tener que despedirme!” Un ruido de maderas quebradas comenzó a escucharse, mientras Pierre decía, “¡Lo agarraré…!” Mientras la marquesa decía, “Pierre, rompió nuestra casa, se viene el techo encima.”
     A distancia, Marc observó, pensando, “¡Dios mío, su casucha se derrumba como un castillo de naipes!” la persecución se organizó enseguida. Pierre encabezaba a una cuadrilla de harapientos, quienes arrojaban piedras mientras Pierre decía, “¡Tras él, no lo dejen escapar mis solados!” Mientras corría, Marc pensaba, “¡Solo puedo huir hacia arriba…y no se puede poner pie sobre esas inmundicias! Subo un poco, y luego resbalo.” De pronto, Marc escuchó gritos enloquecidos. La casucha se incendiaba. Pierre detuvo la persecución y gritó, “¡Marquesa Janne!¡Respóndeme!” Pierre se acercó a la casa incendiándose, y gritó, “¡Marquesa, discúlpame! Tú que fuiste bella siempre, ¿Dónde estas ahora? ¡Sal ya, esto se quema!” Por unos minutos, nadie se movió, mirando el accidental incendio, que acabo con la casucha de deshechos.
    De pronto, Pierre volteo, y gritó, “¡Fue ese maldito, hay que acabar con él!” Otro gritó, “¡Sí, vamos todos!” Mientras tanto, Marc pensaba, “Ahí vienen. Tengo que trepar a como dé lugar este resbaladero o acabaran conmigo.” Los perseguidores forcejeaban, dejando solamente oír el fragor de su pujar asmático. Marc pensó, “Están cerca, un pequeño alud los distraerá.” Cuando las piedras y pedazos de tierra cayeron, uno de los perseguidores dijo, “¡Cuidado, ese maldito nos ataca!” Poco a poco, Marc avanzo hacia lo alto, sintiendo como se desgarraba su ropa, al resbalar sobre materias putrefactas, y olores fétidos, y pensó, “¡Uf! Un poco más…solo un poco!” Cuando casi llegó a la cima, Marc pensó, “¡Por fin llegue! Puedo respirar mejor. Los mantendré a raya, pues la altura me favorece.”

    Durante un buen rato, Marc arrojó objetos a sus seguidores, sabiendo que esa situación  no duraría mucho.  Todavía había montones más altos y se lanzó hacia ellos, cumpliendo la tendencia de huir siempre hacia arriba. Sin embargo, dio un mal paso y cayo, pensando, “¡Dios mío, voy a sostenerme, Voy hacia mis verdugos!” Logro aferrarse a unas latas viejas. Marc se levantó y pensó, “¡Me corté! Pero no me entretendré por éste hecho.” Siguió subiendo y pensó algo por primera vez, “¡Soy el blanco perfecto!¿Por qué no me pegan un tiro, simplemente? ¡Ni siquiera gritan! Solo que teman que los oiga. Pero, ¿Quién? ¡Tal vez un guardia policial en su ronda! Debe ser eso. Si doy con la misma, estaré a salvo.” Sintiendo que sus pulmones estallarían, por fin alcanzó la cumbre, y pensó, “¡Puf! Llegue hasta aquí…¿Y ahora qué?...” Tras una pausa, Marc observó el panorama, y pensó, “¡Esto es como un mirador! ¡Allá esta Paris, mi salvación…tan lejos…y mis enemigos tan cercas. ¡Allí vienen sin hacer ruido, seguros de que la presa no escapará!” Marc volteó y pensó, “Y también viene por este lado. Me cercan…van reduciendo el espacio a medida que se suben.”
     Enseguida, Marc tomó una madera y pensó, “¡Hum! Tengo una idea…¡Éste palo servirá!” Tras revisar el madero, pensó, “Están armados, pero no saben lo que hare. ¡Voy a sorprenderlos, esa es mi ventaja!” Cuando los tuvo de frente pensó, “¡Ahí voy!” Pierre dijo a sus muchachos, “¡Cuidado, ha enloquecido!” Marc topó como un ariete ante el montón humano. Pierre golpeó al madero con su hacha, pero fue derribado por el mismo. Cuando Marc hubo derribado a todos, pensó, “¡Lo logré, pero escapé por suerte! ¡Ahora la segunda parte del plan!” Pero otro grupo le hizo frente, cuyo líder le gritó, “¡Maldito, también por aquí estas acosado!” Marc pensó, “¡Cierto, a estos no los vi! Ese boquete…” Marc saltó justo a tiempo hacia una pequeña abertura de un talud de tierra, y en el hoyo se produjo una fuga de malignos animaluchos chillantes.
Uno de los hombres gritó, “¡Ajajajaaa!¡Se metió en la boca del diablo él solo!” Otro gritó, “¡Sí, cava su propia fosa en el entierro de las ratas!” Otro hombre dijo, “¡Ellas se lo comerán ahí dentro, está perdido!” Pierre, quien ya se había integrado al otro grupo, dijo, “¡Esperemos un rato, luego entrarémos a sacar sus cosas de valor!”

Ahí dentro de la cueva, Marc alcanzaba a escuchar las voces de afuera, una de las cuales decía, “¡…a sacar sus cosas de valor…!” Marc pensó, “Las voces se apagan afuera.” Marc encendió un cerillo para poder ver, y pensó, “Creo que me encerraron. ¡Estoy enterrado, aquí huele a rayos y aquí el aire escasea!” Tras una pausa, Marc pensó, “¿Dónde estoy? ¡El olor a podredumbre es insoportable, y el poco oxigeno no deja crecer esta llamita.” De pronto, al apoyarse a un lado hizo un desagradable contacto, y pensó, “¡Puf¡¿Qué demonios toque?”
    Marc observó bien, y pensó, “¡U-Un cuerpo…reducido a esqueleto!¡Qué horror! ¡De ahí el olor a descomposición! Dios mío, tengo que salir de aquí…¡O correré igual suerte!” Observó la llamita y pensó, “¡Muy poco aire, la llama se apaga! ¡Encenderé otro cerillo!¡Ah, menos mal que no sufro claustrofobia…aunque igual sufro este encierro!” De pronto ocurrió algo extraño. Se miró en silencio con unas ratas, sin sentir esta vez el espanto que antes de causaban. Marc pensó, “¿Por qué me miran así? ¡Saciaron su hambre con ese cuerpo, ahora parecen decirme algo! ¡Oh, debo estar enloqueciendo!”
     Marc escuchaba el chillido de las ratas. ¡Hi-ii! ¡Hi-ii! Y Pensó, “¿Qué dirán con sus chillidos?” Cuando se apagó el cerillo, Marc pensó, “Ya veo, la llamita las mantenía a distancia, y ahora atacan en lo oscuro. ¡Apártense!” Encendió otro cerillo, y pensó, “¡Un hueco, huyen por él! Debo evitar quedarme sin fuego.” Aluzó hacia otra parte, y pensó, “Estoy en un basurero. Aquí hay de todo. ¡Un palo sucio talvez por las sustancias del cadáver! Debo olvidar esto y utilizarlo.” Marc encendió el palo, y pensó, “¡Ya está, es una pequeña tea que arde bien!” Marc aluzo hacia un pequeño, hoyo, y pensó, “¡Ese hoyo! Huyeron hacia él. ¡Hare un experimento, si resulta tendré esperanzas!”
     Entonces Marc pensó, “¡Dio resultado! Lo que antes creí falta de oxígeno, era un vientecito que se mete por ahí abajo, y me apaga los cerillos. También las ratas me lo indicaron…tienen por ahí una salida al exterior. ¡Eso! Ahora a trabajar.” Empezó a apartar objetos agrandando ese ducto. Tea en mano, fue reptando y escarbando en el pasaje, hasta lograr avanzar por él. A veces, un breve derrumbe le causaba pavor, y pensaba, “¡Cielos, tendré cuidado, puedo morir enterrado!” Transpiró y hasta sangro, pero poco a poco, fue vislumbrando la inminente libertad, cuando respiró mejor, y algo se abrió hacia él. Marc pensó, “Sirio, es Sirio desde el cielo, mi salvación!” Llevaba horas de trabajo y encierro y a sus nervios destrozados le sumaba ahora una gran ansiedad. Marc pensó, “Debo salir ya, ya, por Dios!” Apagó la tea y se lanzó hacia afuera, a punto de desmayarse y rodó por una nueva pendiente de basura.

     Al acabar aquella caída que parecía sin fin, Marc pensó, “¡Ah!¡Aire puro! Podría estar así, sin mover un solo musculo, por siempre.” Pero aquello no duró mucho. Marc escuchó una voz, “¡Hey!¡Miren allá abajo!¿Por dónde salió el maldito?¡Tras él, vamos tras él!” Una vez más, huyó despavorido, pensando, “¡No sé hacia donde voy, ni qué suelo piso! ¡Solo quiero mantenerlos a distancia!” Pero de repente, Marc sintió algo raro y pensó, “¡Pi-Pierdo Pie…el suelo cede!” El olor allí era más intenso.
     Era un pequeño lago de aguas negras donde la inmundicia flotaba. Uno de los hombre gritó, “¡Cayó en el vaciadero, ahora si lo tenemos!” Marc pensó, “¡Aaaaj! Esto es repugnante…” Sin pensarlo dos veces, nado con fuertes brazadas. Uno de los hombres gritó, “¡Allá va! ¡Vamos a ´pescar, amigos!” Otro gritó, “¡Aquí está el bote, el tipo está perdido!” Pierre dijo, “Eah, no hablen tanto y remen, hay que darse prisa.” Aquella pequeña nave del mal, bogó por la sucia laguna, repleta de asesinos encabezados por Pierre D’Auffray.
     Mientras tanto, Marc vio algo en la orilla y pensó, “¡Me buscan! Esto se asemeja a un muelle, es una estructura para atracar carros de vaciadero. ¡Puede servirme de escondite!” Un momento después, uno de los hombre notó algo, y dijo, “¡No está ni salió de la charca!¿Se habrá ahogado?” Pierre dijo, “¿Qué dices patán?” Entonces Pierre golpeó al hombre y le dijo, “¡Bruto animal, no se ahogó, cállate!” El hombre cayó, diciendo, “¡Ayyy! No sé nadar.”
    El hombre cayó a las aguas fangosas gritando, “¡Amigos…(glub)…marques, sálveme! (glub. glub)” Pero Pierre le gritó, “¡Púdrete ahí abajo, infeliz!” A los pocos minutos, el hombre que sostenía la tea en la embarcación dijo, “¡Ya no se asoma! Pobre Claude,, se ahogó.” Pierre dijo, “¡Peor para él! Ahora, a lo nuestro, ¿O alguien desea hacerle compañía?” Nadie contestó. El terror los enmudeció. Entonces Pierre dijo, “¡Así me gusta mis soldados! Vamos al muellecito. El tipo es astuto, pero no más que nosotros.”

     Mientras tanto, Marc, escondido en el muellecito, pensaba, “¡Ahí vienen! Vi lo que ese Pierre hizo. Es un criminal. Pretende hacer lo mismo conmigo.” Acorralado ahí. Solo tuvo una idea, y a ella se aferró, “¡Esperaré, y cuando vengan por mí, los iré ahogando uno tras otro! No me queda otra salida.” A pesar de todo, en su pensamiento solo estaba su Alice, y pensaba, “¡Ah! Me parece verla escribir una de las cartas que me envió: ‘Me paseo a solas y pienso en ti, querido. ¡Cuánto te extraño! Hace unos días fui al parquecillo dónde estuvimos tantas veces. Había llovido, la vegetación exhalaba mil aromas.
    Entonces pensé que estabas junto a mí. ¡Fue una idea absurda que sin embargo colmó mi mente. Algo me guió hasta aquel arroyo. Mire sus aguas límpidas. Me atrajeron con una fuerza hipnótica. Entonces lloré y traté de romper aquel encantamiento, agitando las aguas. Y cuando la corriente volvió a calmarse, ¡Vi algo que me sacó de mi juicio, amor mío!¡Créeme! Tú estabas llamándome como si estuvieras en una triste situación. Fue algo tan extraño, querido Marc.’ Pobrecilla, anticipó en tiempo y espacio ésto que sufro ahora. ¿Volveré a reunirme con ella, o eso que entrevió será mi última hora?”
     En eso, Marc notó algo raro. Pensó, “No óigo nada. Parece que se fueron. ¡Estarán esperando que crea eso para matarme apenas salga? En ese caso, no saldré, y…” En ese momento Marc escuchó un estruendo de maderas. ¡CRUNCH! Y pensó, “¿Qué pasa?” Los perseguidores habían decidido destrizar su escondite a hachazo limpio. ¡TRASS, TRASS! Pierre gritó, “Marc Hamilton, sal a morir aquí, o morirás ahí abajo, como las ratas. ¡Escoge!” El anciano ya en plena locura soltó una carcajada feroz. “¡JA, JA, JA, JAAA!” Marc estando bajo los barrotes, pensó, “¡Que espanto! Esto se me viene encima.” En el último instante, Marc se zambulló, sin saber si volvería a la superficie. Pierre gritó, “¡Muere intruso, muere igual que como hiciste al derrumbar nuestra casita…con mi adorada condesa adentro, y le prendiste fuego!” (snif) De pronto, Pierre notó algo distinto en sus soldados. Pierre dijo, “¡Hey!¿Qué les pasa ahora? ¿Qué hacen? ¡Deténganse ya!”

     Más allá, aún costado de la charca, Marc salía a la superficie, diciendo, “¡Oh, aire, aire…necesito mucho aire!” Cuando empezó a subir, pensó, “¡No los óigo!¿Cuándo vendrán otra vez por mí, por Dios? No, no los esperaré.” Corrió tropezando, cayéndose, tomando aire a bocanadas y divisó, ayudado por la luz de la luna, un muro de piedra, trepó y corrió por encima, sofocado y ahogándose. Marc pensaba, “¡Debo de ir…hacia ti…Alice…te ámo…oooh! Algo silba…Me-me desmáyo.” Aquel silbato extraño que rasgaba el silencio de la noche, fue lo último que oyó, antes de caer sin sentido.
    Y cuando despertó, pensó, “¿Dónde estoy? ¡Luz…y huele bien!” Una anciana que le traía una jarra de agua le dijo, “¡Claro que huele bien, joven! Le quité esa espantosa mugre que traía. Lo bañé mientras dormía. ¡Ahora parece un hombre nuevo!” Marc dijo, “Gracias, pero, ¿Dónde estoy?” El capitán de la guardia dijo, “Somos de la guardia nocturna. ¿No oyó nuestro silbato?” El otro soldado dijo, “Huía como loco. Lo trajimos aquí. Esta ropa le quedará bien, pues la que traía está destrozada.” El capitán esperó a que Marc se incorporára, y luego dijo, “Veo que se ha recuperado rápido.” Marc dijo, “¡Sí, en ese lugar ocurren cosas espantosas!”
     El capitán dijo, mientras lo acompañaba a retirarse, “Ya lo creo. Es zona de basura y de gente que parece basura viviente. ¡Ya deberíamos haber acabado con ellos!” Marc dijo, “No creo que sea para tanto.” El capitán dijo, “¡Es una broma cruel, claro! ¿Colaborará con nosotros señalando a sus atacantes?” Marc dijo, “Haré lo posible, aunque no me orienté nunca.” El capitán le dijo, “Habrá referencias, ya vera. ¡Oficiales, sigamos!” Pronto desandaban por el costado, aquella tapia desde la cual, Marc había caído en su fuga desesperada. Al poco tempo de andar, Marc señaló, diciendo, “Ahí está el charco de aguas pútridas, aunque anoche todo me pareció más grande.” Enseguida, Marc volvió a señalar, diciendo, “¡Ese era su bote! Parece tener años de estar hundido en el barro, pudriéndose.” El capitán dijo, “¡Pero le rodean muchas huellas, este era, sí!”
      Enseguida Marc apuntó hacia el muelle, y dijo, “¡El muelle lo destrozaron…aunque no sobre mí!” El capitán le dijo, “Usted nada bien, amigo. No es fácil bucear esas aguas llenas de mugre.” Al acercarse todos al muelle destrozado, Marc dijo, “¡Hey, miren eso! El hacha de Pierre. ¡Santo Dios, tiene sangre fresca!” El capitán tomó el hacha, y dijo, “¿A caso se refiere al viejo Pierre, ese que se dice marques D’ Auffray y otras tonterías de su mente trastornada?” Marc dijo, “Sí, dice haber estado con Napoleón…” El capitán le dijo, “¡Es un loco que insulta y amenaza en las tabernas, mientras pide limosna! Siempre habla de su nobleza, de su heroísmo, de su marquesa, otra vieja anormal…¡No creí que fuera peligroso!” En eso, un soldado gritó por allá, “¡Capitán, aquí hay un cadáver! ¡Creo que es Claude, el pepenador!” Marc dijo, “¡Lo mató el mismo Pierre! Iban en el bote, lo golpeó, cayó al agua y se ahogó sin recibir ayuda.”
     Antes de seguir avanzando, el capitán dijo, “Ya dejé gente a cargo del cuerpo. ¡Vamos, por aquí siguen las huellas!” Marc dijo, “Sí, ya recuerdo el lugar. Buscare aquel hoyo.” Al poco tiempo Marc se detuvo y señalando a un lugar dijo, “¡Allí está! Pero entré por el otro lado.” El capitán dijo, “Sé cómo rodear esos montones, síganme.” Entonces, cuando Marc dijo, “Por aquí está la covacha donde…¡Oh, qué horror!” De pronto se detuvieron. El capitán dijo, “¡No se acerque, nosotros ya estamos acostumbrados!” En el orificio donde estaba la abertura de la pequeña cueva, solo salían unos pies con sus zapatos.
     El capitán dijo, “¡Lo sometieron al entierro de las ratas! ¿Sabe lo que eso significa?” Marc dijo, “¡Sí, oí antes la expresión!” Tras una pausa, Marc agregó, “Metían ahí a sus víctimas; dejaban que las ratas acabaran con los cuerpos, luego enterraban los huesos…” El capitán dijo, “¡Correcto, señor! Vaya entierro macabro.” Mientras tanto, uno de los soldados, sacaba un cuerpo esquelético, diciendo, “¡Un esqueleto limpio, capitán! Tiene el cráneo abierto en dos por un fuerte golpe…” Marc dijo, “¡La última víctima del hacha de su propio dueño!” El capitán dijo, “Mató a Claude y sus amigos lo vengaron. ¡Aunque es posible que lo hayan hecho, cansados de asesinar en nombre de un viejo asesino!”
     Un soldado dijo, “En realidad, lo hacían en nombre de su legión de honor.” Hubo entonces un silencio significativo, y Marc pensó, “¡No dicen nada! Y pensar que fueron héroes, si, y su patria los relegó a esta miseria. ¡De alguna manera están justificadas sus horrendas acciones!” Después de avanzar un poco más, Marc dijo, “¡Ahí está lo que quedó de la cabaña de Pierre y la vieja Jeanne…” Un soldado dijo, “¡A propósito, allí está ella!” Marc vio el cuerpo de Jeanne y dijo,  “Después de todo, logro escapar del fuego.” Pero el capitán dijo, “Y sin embargo, murió.” Minutos después que el capitán la revisó, dijo, “¡Tiene una navaja clavada en el pecho!” Marc dijo, “¡La que guardó entre su ropa para atacarme! Seguramente al escapar a rastras del incendio, se la clavó ella misma.”
     Poco después, Marc apuntó hacia unas viviendas, y dijo, “Vean, allí vivían varios viejos.” El capitán le dijo, “Obsérvelos, reconozca a su perseguidores.” Marc dijo, “¡No sé! ¡Todos son tan parecidos, y anoche estaba oscuro! No puedo señalar a alguno en particular.” El capitán dijo, “Comprendo amigo, todos fueron culpables, y también inocentes.” Tras una pausa, el capitán agregó, “¡Al fin y al cabo, usted se salvó, y ellos hicieron justicia! Jeanne murió…no tenemos nada que hacer aquí. ¡Vámonos!” Marc dijo, “Creo que es una sabia medida, oficial.”

     La última imagen que Marc tuvo de aquellos miserables, fue una mirada intensa, quieta, agradecida. Marc pensó, “¡Adiós veteranos! Ustedes que pelearon por su patria…” Días más tarde, vencido el plazo de un año, desde la salida del país, Marc era despedido en la estación de ferrocarril por el capitán, quien le dijo, “¡Buena suerte, caballero! Y recuerde, Francia no solo es la sombría visión que tuvo de ella.” Marc le dijo, “Lo sé, oficial.” El barco zarpó, a cruzar el Canal de la Mancha, y Marc Hamilton, se alegró de saber que muy pronto, volvería a reunirse con su amada Alice.

     Una semana después, se unían en una boda presenciada por la más alta aristocracia londinense. Pasaron los años, y Marc y Alice eran una pareja modelo. Vinieron dos hermosos hijos que completaron su felicidad. Alice gustaba de ir a cierto parque, acompañada de su esposo, el cual, sin embargo, se ponía serio y callado. Alice le dijo, “Marc, aquí fue donde te vi en el agua…¿Por qué nunca me hablas de ello, y del malestar que eso te ocasiona?” Marc le dijo, “Es un secreto, mi amor. Debes respetármelo, ¿No?” Alice le dijo, “Sí, aunque creo que está relacionado con tu estancia en Paris…¡En fin, cambiemos de tema!” Marc dijo, “Es lo mejor, Alice.”

     La besó con pasión e instintivamente ella sintió que él le estaba contando la historia de aquella desventurada e inolvidable noche. De pronto, Marc exclamó, “¡Oh!” Alice le dijo, “¿Qué te pasa, querido?” Marc miró a una mujer indigente cruzar un puente, y dijo, “¡Mira eso y recuerda: Hay miserables en todo el mundo!¡En todo el mundo, mujer!” Alice dijo, “S-Sí, entiendo…y tampoco te haré preguntas.” Se estableció entonces, un contacto inexplicable. La vagabunda los miró un instante; y Marc sintió que de alguna manera los mismos miserables lo eximían a él y Alice, de las penas que ellos padecían. Hamilton sintió que una inmensa paz descendía sobre él, y transmitió esa alegría a su esposa tan sensible a sus pocas pero expresivas palabras. “Volvamos a casa, mi amor. ¡Ya no habrá pesares, solo debemos mirar hacia nuestro futuro!”

Tomado de, Novelas Inmortales. Año X. No. 498. Junio 3 de 1987. Guión: Raúl Prieto Cab. Segunda adaptación: José Escobar.                       


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