Antón Pávlovich Chéjov nació en Taganrog, Rusia, en 1860, y murió en 1904. Fue un médico, escritor y dramaturgoruso. Encuadrable en la corriente naturalista, fue maestro del relato corto, siendo considerado como uno de los más importantes escritores de cuentos de la historia de la literatura. Como dramaturgo escribió cuatro obras, y sus relatos cortos han sido aclamados por escritores y crítica. Chéjov compaginó su carrera literaria con la medicina; en una de sus cartas escribió al respecto: La medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante.
Al principio Chéjov escribía simplemente por razones económicas, pero su ambición artística creció, introduciendo innovaciones que han influido en la evolución de los relatos cortos. Su originalidad consiste en el úso de la técnica del monólogo, adoptada más tarde por James Joyce y otros escritores del Modernismo anglosajón, además del recházo de la finalidad moral presente en la estructura de las obras tradicionales. No le preocupaban las dificultades que esto planteaba al lector, porque consideraba que el papel del artista es realizar preguntas, no responderlas.
En 1901 contrajo matrimonio con Olga Leonárdovna Knípper, una actríz que había actuado en sus obras.
Aparte de su faceta como autor teatral, Chéjov destacó como autor de relatos, creando unos personajes atribulados por sus propios sentimientos que constituyen una de las más acertadas descripciones del abaníco de diversas personalidades de la Rusia zarista de finales del siglo XIX y principios del XX. De su producción destacan el relato, Campesinos, de 1897, el inquietante cuento, La sala nº 6, de 1892 y el apasionado cuento, La Dama del Perrito, publicado en 1899, que surgió como contraposición a, Anna Karénina, de Tolstoi, pues el propio autor afirmó: "No deseo mostrar una convención social, sino mostrar la vida de unos seres humanos que aman, lloran, piensan y ríen. No podía censurarlos por realizar un simple acto de amor."
Chéjov pasó gran parte de sus 44 años gravemente enfermo a causa de la tuberculosis que contrajo de sus pacientes a finales de 1880. La enfermedad lo obligó a pasar largas temporadas en Niza (Francia) y posteriormente en Yalta (Crimea), ya que el clima templado de estas zonas era preferible a los crueles inviernos rusos.
En mayo de 1904 ya se encontraba gravemente enfermo, por lo que el 3 de junio se trasladó junto con su mujer Olga al balneario alemán de Badenweiler, en la Selva Negra. Desde allí escribió cartas a su hermana Masha, en las que se podía apreciar que Chéjov estaba animado. En ellas describía las comidas que le servían y los alrededores, y aseguraba que se estaba recuperando. En su última carta, se quejaba del modo de vestir de las mujeres alemanas.Fallece el 2 de julio.
Su cuerpo fue trasladado a Moscú en un vagón de tren refrigerado que se usaba para transportar ostras, hecho que molestó a Máximo Gorki.Chéjov está enterrado junto a su padre en el cementerio Novodévichi en Moscú.
Chéjov y su obrafueron reconocidos en Rusia mientras él vivió. Sin embargo, su fama internacional no llegó sino hasta los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando las traducciones de Constance Garnett al inglés ayudaron a popularizar su obra.
Las obras de Chéjov se hicieron tremendamente famosas en Inglaterra en la década de los 20 y se han convertido en clásicos de la escena británica. En Estados Unidos, autores como Tennessee Williams, Raymond Carver o Arthur Miller utilizaron técnicas de Chéjov para escribir algunas de sus obras. (Wikipedia)
El Reto, una de las dos únicas novelas cortas de Chéjov, fué traducida al castellano por Dólores Serra Bartrina, y editada en el año 1965 por Plaza & Janes, Barcelona.
Es la historia de una pareja de adúlteros, quienes viven en concubinato: Ivan Andreich Laievski, quien es un joven funcionario ruso, y Nadejda Fiodorovna. Ambos han huído a un pueblo costero, un balneario del Mar Negro, pues están llenos de deudas. Nadejda abandonó a su esposo, y debido a su egoísmo y carácter frívolo de ella, Laievski se siente enfadado, y desanimado, pero en el fondo la sigue queriendo. Laievski es un hombre flojo e inseguro, a quien solo le interesa el vino, las mujeres y las cartas. Laievski solo tiene un amigo que es el doctor Somoilenko, y con él desahoga su frustración al confesarle su infelicidad en la vida. Laievski le confiesa a Somoilenko que desea regresarse a Moscú, pues la vida en la pequeña aldea le es muy difícil.
El doctor Somoilenko da hospedaje y comida a dos jovenes solteros del pueblo: Von Koren, un zoologo, y Poviedov, un diacono estudiante de seminario. El doctor Somoilenko, quien es también el posadero, siempre recibe el negativísmo pesimista de Laievski, pero como si fuese su “hermano mayor” lo soporta.A Somoilenko le entristece ésta actitud negatíva de Laievski. Somoilenko trata de borrar esa atmósfera de pesimísmo, comentando a la hora de la comida con sus huespedes cosas buenas de Laievski. Sin embargo, Von Koren, uno de los huespedes, ódia a Laievski. Von Koren considera que Laievski es “una bacteria que ha infectado al pueblo,” y que “solo busca en las cartas, las mujeres y el vino, una forma de eliminar su enfádo.” Además, Von Koren lo acúsa de cínico, al mencionar que descarádamante Laievski enséña y compárte discretamente su absúrda forma de ser, buscando que los demás sean como él.
Una mañana, Nadejda se arregló y salió rumbo al mar a tomar un baño. Allí encontró a María Konstantinova, esposa de un funcionario, y a su hija de 15 años. Nadejda se dá cuenta al llegar a la playa, que tanto madre como hija le tenían miedo. Inclúso María huyó de ella entrando al mar y Nadejda la seguía junto con Katia, entrando al mar también, pero la señora María se interponía entre Nadejda y su hija Katia. Esa tarde, habría una excursión campestre a un mesón, y la señora María recordó que Von Koren le había advertido que no invitára a “Los Macácos,” apódo despectívo que daban a la pareja de adúlteros: Nadejda y Laievski. Sin embargo, la señora María, movida a cortesía, no pudo evitar invitarla.
Al día siguiente, el grupo de residentes del pueblo partieron a las seis de la mañana, hacia el agradable “Mesón campestre,”el cual era una taberna. Después de un día campestre, ya a las once de la noche, todo mundo se preparaba para partir de regréso, pero no podían hacerlo porque faltaban Nadejda y Achmianov. Cuando al fín aparecieron, Laievski, viendo la pésima conducta de Nadejda, la tomó bruscamente del brazo y le dijo: “¡Te estas conduciendo como una ramera!”
De regréso a casa, Laievski comprendió que su mujer esperaba una explicación, por haberla ofendido, y Laievski aprovechó para entregarle la carta donde le avisabanque su esposo, el esposo de Nadejda, había muerto. Laievski había retenido la carta. Nadejda lloró y Laievski se sintió muy infelíz llendo a buscar a su amigo Somoilenko para desahogarse y pedirle dinero para abandonar al pueblo e irse a Moscú. El plan de Laievski era abandonar el pueblo el sabado y venir después por Nadejda. Laievska amenazó con buscar el suicicio si Somoilenko no le apoyába. También Laievski, en su desesperación, le dijo a Somoilenko que se consideraba a sí mismo como: “un hombre que no valía nada,”un hombre “que había comprado la vida al precio de la mentira, la ociocidad y la cobardía.” Laievski le dijo a Somoilenkoque se sentía orgulloso simplemente de reconocerlo. También le dijo que la vida se le hacía insoportable y le pidió prestados desesperádamente $ 300.00 rublos, pues los necesitaba para partir a Moscú.
Tres días después de la excursión, María Konstantinova se presentó de improvíso en casa de Nadejda, para darle el pésame por la muerte de su marido, y a la vez aconsejarle que ahora que era libre, podría ya casarse con Laievski para que la gente ya no murmurára. Nadejda le constestó que no ganaría nada casándose, y que por el contrario, perdería su libertad. Ésta respuesta desconcertó a María y dió pie para que le hablára sinceramente como le habla una madre a una hija. María le dijo directamente a Nadejda que la considerabauna mujer que vivia sin tapújos, como si se ufanára de sus pecados, y que por sus peinados y los colores de sus vestidos , una persona podía imaginarse su conducta. Además, también le dijo que su casa era un desorden, y que nadie anudaba convenientemente la corbata del pobre de Laievski. Nadejda cayó en fiebre llorando.
A la mañana siguiente, cuando el doctor Somoilenko salía de la casa de Nadejda, después de revisar su salud, se encontró a Laievski, quien en vez de preguntarle por la salud de Nadejda, le preguntó si ya le había conseguido el dinero que le iba a prestar para irse a Moscú el próximo sabado. Somoilenko tuvo que pedir prestado el dinero a Von Koren, quien le advirtió que era un tonto, pues él mismo sabía que Laievski nunca se los pagaría. Von Koren finalmente se los prestó a Somoilenko, quien a su vez, se los prestaría a Laievski.
Al día siguiente, María Konstatinova celebraba el cumpleáños de su hijo en casa. Cuando Von Koren, uno de los invitados, vió entrar a Laievski y a Nadejda a la reunión, dijo: “No comprendo la insoléncia de ésta gentuza. Conocen muy bién la opinión de los dueños de esta casa sobre sus relaciónes, y a pesar de eso se exhiben aquí .” Laievski entró, saludó a todo mundo, y amablemente fué a estrechar la mano de Von Koren. Después, Laievski se diriguió hacia donde estaba Somoilenko para preguntarle en discreción si le había conseguido el dinero que le había prometido. Somoilenko le dijo que le había conseguido solo $ 200.00 rublos, pero que el viernes le daría el resto. Luego, Somoilenko le preguntó: “¿Porqué no se van juntos? O ¿Porqué no se va ella primero?”Laievski le constestó: “¿Quieres que nuestros acreedores pongan el grito en el cielo?” pues tenían muchas deudas. Así, Laievski tuvo que mentir a Somoilenko que así lo haría; que se iría primero Nadejda, pues de otra manera no le prestaría el dinero. Laievski pensaba dentro de sí, que para salvarse tendría que seguir mintiendo cada vez más y que no le quedaba otra alternatíva.
Ya en el salón en la reunión todo mundo se puso a jugar “correo interior.”Laievski no tuvo más remedio que sumarse a la partida. Nadejda recibió un “te amo” de Achiaminov (lo supo al reconocer su letra) y una amenaza descarada de Kirilin para que le diera una cita de amor. Por su parte, Laievskirecibió dos mensajes con la misma letra que le decían que no partiría el sábando, por lo que supúso con molestia que Somoilenko había divulgado sus intenciones. Laievski se desmayó de nervios (de vergüenza y desesperación) y Nadejda asustada pensaba que se había dado cuenta del contenido de sus mensajes. Pasada la crisis y la vergüenza, Laievski prefirió no darle importancia y tomarlo como una broma de alguien. Después de cenar y comer, ya entradas las once de la noche, Laievski se despidió y Nadejda se fué con él. Junto a los dos iba Kirilin acompañándolos argumentando que llevaba el mismo rumbo. Al avanzar unas cuadras, Laievski se detuvo, y le dijo a Nadejda: “Te déjo. Kirilin te acompañará.”Nadejda sintió que su corazón latía, y al seguir Kirilin insistiendo por una cita, Nadejda sintió deseos de acabar con todo y le dijo a Kirilin: “En casa no…¡Llévame a cualquier otra parte!” A su vez, Achmianov había dejado a toda prisa la reunión para ir en busqueda de Nadejda, y al no encontrarla en casa, ya de regréso, se topó con la casa de Muridov, donde acababan de adulterar Nadejda y Kirilin. Achmianov escuchaba cómo se citaban mañana a las ocho en la misma casa.
A la mañana siguiente, Laievski fué a casa de Somoilenko e indagando con Von Koren si él sabía algo de su situación, que planeaba partir el sábado. Laievski enfrentó a Somoilenko, cuando éste apareció y le reclamó el haber divulgado sus intenciones de abandonar el pueblo. Laievski le reclamó a Somoilenko que “Ya no se preocupára tanto por él.”Somoilenko le contestó que si venía a buscar pendencia, que mejor se fuera, y que podía regresar más tarde. Laievski le contestó que lo único que quería era que terminára ese contínuo “buceo dentro de su alma,” el cual ofendía su dignidad de hombre.
En ese momento estaba presente el diacono, quien jamás había visto una escena tan terrible: dos caballeros hablando con tanta seriedad. Somoilenko pidió a Laievski que retirára sus palabras, pero éste le contestó que lo dejára en paz, o de lo contrario, se batiría en duelo. Precísamente en ese momento, Von Koren, con tono tranquilo, se diriguió a Laievski y le dijo: “Si el señor quiere solazarse en un duelo, yo estoy dispuesto a procurarle ese placer. Señor Laievski: ¡Lo desafío!”Laievski lo miró a los ojos y le dijo: “¿Me desafía usted? ¡Acépto! ¡Lo ódio! ¡No sabe cuanto lo ódio!”
Las condiciónes del duelo se fijaron. Sería a la mañana siguiente cerca del mesón de Kerbalai. Cuando Laievski salió rumbo a su casa, sintió que en su vida se producía algo insólito. Laievski iba corriendo rumbo a su casa y empezaba a obscurecer cuando encontró al joven Achmianov, quien despechado y lléno de celos lo llevó a la casa de Miuridov para enseñarle una cruel verdad. Laievski se sentía intrigado y sin pensarlo mucho subió hacia la alcoba y Achmaniov le dijo: “Éntre y no tema nada…” Laievski sintió como si se hubiera caído una venda de sus ojos y vió a Kirilin con…¡Nadejda!
Dos horas después de haber descubierto la más cruel de las traiciones, Laievski, se sentaba nervioso. Se asomaba a la ventana…se maldecía en voz alta. Lloraba y entre lamentos pedía perdón. Cuando se levantó al día siguiente, miró a Nadejda dormida y comprendió que aquella mujer, desdichada e impura, era el único ser querido que había tenido en la vida, y que jamás podría substituírlo. Al partir hacia el duelo, ya estando afuera de su casa, Laievski deseó ardiéntemente regresar vivo a su casa.
El diacono se levantó muy temprano, y fué de curioso rumbo al lugar donde sería el duelo. Por un momento, el diacono experimentó un sentimiento de opresión, pues pensaba que Dios podía castigarle por tener tratos con incredulos y por asistir incluso a un duelo, pero pensaba por dentro de sí que al final, ésta clase de personas, aunque no fueran creyentes, se salvarían finalmente en el cielo. Ya estando en el mesón, en el campo, el diacono se arrepentía de haber ido, dado lo difícil del terreno. Cuando llegó al lugar del duelo, se escondió.
Von Koren fué el primero en llegar a la cita. En compañía de sus dos testigos, Von Koren admiraba el amanecer (disimulando no sentir nerviosísmo) cuando llegó Chechovski , quien era el padrino de Laievski. Chechovskise dirigió aparte hacia los testigos de Von Koren y les dijo que tenían que hacer que los duelístas se reconciliáran debido a que Kirilin apenado le contó que anoche Laievski lo había sorprendido con Nadejda, por lo cual, Laievski no estaba en condiciones normales para enfrentarse en duelo. Los dos testigos de Von Koren le pidieron a Chechovski que hablára con Von Koren, quien después de escuchar de Chechovski lo que había sucedido anochele dijo: “¡Qué asco!” y pidió que por favor continuáran con los preparatívos para el duelo. Laievski quiso pedirdisculpas a su oponente pero fué inútil.
Así, sin mas remedio, en medio del silencio general, los dos adversarios marcharon a sus sitios. Precipitádamente Laievski hizo un dispáro al aire y pensó: “…ya está” y el tiempo que Von Koren le estuvo apuntando, le pareció más largo que el tiempo que estuvo sufriendo anoche. Von Koren pensaba: “Si. No hay duda que voy a matarlo.” Laievski ya quería que disparára, cuando súbitamente se escuchó un grito que decía: “¡Lo matará!” y nadie sabía de dónde venía esa voz. Al mismo tiempo Von Koren disparó fallando su tiro. Todos miraron hacia los matorrales y vieron al diacono quien salía y decía: “De verdad ¡Creí que iba a matarlo!” Todo mundo se rió y Von Koren le dijo al diacono: “¡Pero cómo! ¿Se hallaba usted aquí?” y el diacono les dijo: “Les ruego que no le digan a nadie, de lo contrario mis superiores me reprenderán.”
Cuando Laievski se halló de nuevo en su casa, Nadejda se apresuraba a confesarle sus faltas, pero él parecía no escucharla. Enseguida,ambospermanecieron largo tiempo, abrazados en silencio.
Transcurrieron tres meses y llegó el día fijado para la partida de Von Koren. Era una mañana fría y lluviosa. Von Koren abrazó a Somoilenko, después al diacono y salió con la impresión de haber olvidado algo y dijo: “A prisa. Temo no alcanzar el barco.” Al pasar frente a una casita en donde Laievski se había mudado después del duelo, Von Koren no pudo contenerse y miró por la ventana. Enseguida Von Koren le dijo a Somoilenko: “¡Es admirable cómo se ha recobrado!” “Sí-dijo Somoilenko-Trabaja cada día y noche. Quiere pagar sus deudas y vive como un mendigo. No ha podido marcharse de aquí. ¡Pobre muchacho!”Von Koren le dijo: “Si. Todo eso es tan sublime que no encuentro palabras para expresarlo. Le dirás a él y a su esposa que márcho admirado de su transformación y que les deseo una mejor suerte.”
“Entra a despedirte” le dijo Somoilenko, pero Von Koren le dijo: “¡No! Nos sentiríamos cohibidos”
“¿Porqué?”dijo Somoilenko, “Dios sabe si lo volveras a ver en tu vida” “Es verdad” dijo Von Koren y fueron hacia la puerta. Al entrar, Somoilenko se dirigió a Laievski y le dijo: “Vaina Nicolai Vassilich (Von Koren) quiere decirte adiós. Se marcha.” “Perdóne si lo molésto” dijo Von Koren “pero me márcho y deseaba despedirme. Dios sabe si nos volveremos a ver.” En ese momento, Nadejda salía de su habtación y se detuvo en la puerta. “Márcho ahora mismo-dijo Von Koren-señora Nadejda Fiedorovna, y he venido a decirles adiós.”Von Koren ya no sabía qué podía o qué debía decir y estrechó en silencio la mano de Nadejda. Después, salió con un déjo de pesadúmbre y pensó: “¡Dá pena verlos! ¡Qué dura es la vida para ellos!”
Habían caminado algunos metros cuando resonaron pasos detras de ellos: era Laievski quien corría hacia ellos para acompañar a Von Koren. Somoilenko se despidió y le dijo: “No nos olvides Kolia…escríbenos.”
El bote brogó una docena de brazadas y fué lanzado dos o tres veces más hacia atrás, pero los remeros, testarúdos, siguieron avanzando sin miedo a las embravecidas olas …así también en la vida, en la búsqueda de la verdad, los sufrimientos, los errores y el tédio, hacen retroceder al ser humano; pero la sed de la verdad y la voluntad lo impúlsan hacia adelante y ¿quién sabe?...si acaso llégue a alcanzar la verdad algún día.
Nacido en el seno de una familia militar (su padre era oficial del ejército) perteneciente a la pequeña nobleza provinciana francesa, viajó durante su juventud, y en 1820 contrajo matrimonio con la inglesa Maria Birch. Su defensa de la restauración borbónica en 1814 le valió entrar en la carrera diplomática. Ocupó su primer puesto oficial bajo el gobierno de Luis XVIII, en la secretaria de la embajada francesa de Nápoles desde 1825 hasta 1828.
En 1829 fué elegido miembro de la Academia francesa. Fué electo diputado en 1833 y 1839, y ocupó brevemente el cargo de gobernador durante las revoluciones de 1848 en Francia. Tras la caída de Luis Felipe de Orleans, fué Ministro de Asuntos Exteriores desde el 24 de febrero de 1848 hasta el 11 de mayo del mismo año.
Durante su período como político en la Segunda República Francesa, realizó esfuerzos que finalmente condujeron a la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte, así como también fomentó el derecho al trabajo y los programas cortos de capacitación laboral. Era un idealista político que apoyó la democracia y el pacifísmo, y su postura moderada sobre la mayor parte de cuestiones hizo que sus seguidores lo abandonáran. Tras fracasar en la elección presidencial del 10 de diciembre de 1848 se retiró de la política y se dedicó a la literatura.
Al margen de sus dotes administrativas, Lamartine sobresalió en el panorama literario por la delicadeza de sus versos y sus excepcionales representaciones de la naturaleza. De su producción poética cabe mencionar Meditaciones poéticas (1820);
Nuevas meditaciones poéticas (1823), Armonías poéticas y religiosas (1830), Jocelyn (1836), La caída de un ángel (1838) y Los recogimientos (1839). Como historiador escribió Historia de los Girondinos y como narrador Raphaël (1848) y Graziella (1852), que recogen sus vivencias personales. Su obra tuvo especial influencia entre los integrantes del Salón Literario de 1837. En torno a él se formó un grupo de escritores vinculados al romanticísmo, entre los cuales y principalmente se hallaba Esteban Echeverría.
Es famoso por su poema parcialmente autobiográfico, (El Lago), que describe en retrospectiva el ferviente amor compartido por una pareja desde el punto de vista del hombre desconsolado. Lamartine fué un maestro en el úso de las formas poéticas del francés. Fué uno de los muy pocos literatos franceses en combinar su escritura con su carrera política.
Terminó su vida en la pobreza, como tantos otros literatos, el 28 de febrero de 1869, en París. Es considerado como el primer romántico francés, y es reconocido por Verlaine y los simbolistas como una importante influencia. (Wikipedia)
La isla fué ocupada por Gran Bretaña en dos de las tres ocasiones entre 1799 y 1813. En ésta isla se filmó "Il Postino", entre otras películas.
Cada verano, hay una elección de la Graziella ("Poco agraciada"), una joven que lleva la ropa habitual de la isla, refiriéndose a la historia contada en la novela de Alphonse de Lamartine, Graziella. (Wikipedia)
Incluida por primera vez en la obra
autobiográfica, Les Confidences
(Libros VII a X) en 1849, ésta novela se publicó sola en 1852 y, por lo tanto,
fue el libro más leído de su autor. Lamartine
evoca Italia y especialmente la región napolitana, donde estuvo dos veces,
primero durante su juventud, en 1811 y 1812, luego en 1844, en compañía de su
esposa y sus sobrinas.
Retomando ciertos temas propios del
romanticismo (el aburrimiento, la vaguedad de las pasiones, el ardor y los
ideales de la juventud, los viajes, la armonía del hombre y la naturaleza), Lamartine narra su primera estancia
allí, y dibuja el encantador retrato de una adolescente enamorada, una, "Eva Ingenua", magullada por
el abandono. Ésta novela vale especialmente por la descripción de la juventud
romántica, y por la poesía pintoresca de sus descripciones, en particular, las
de la isla de Procida, la popular Nápoles, (La Estrella), y el Vesubio. El "Episodio" de la tormenta en
el mar, finalmente retoma hábilmente un verdadero topos épico. Lamartine expresa también allí su amor
por la literatura romántica, menciona a Corinne,
de Madame de Staël, Los Años de Aprendizaje,
de Wilhelm Meister, o, Los Sufrimientos
del Joven Werther, de Goethe, Las Últimas
Cartas de Jacopo Ortis, de Ugo Foscolo, y confiesa su admiración por, Paul, y Virginia, de Bernardin Saint-Pierre,
una novela que está en el centro de la historia.
Resumen
La novela comienza cuando Lamartine tenía 18 años, sigue a una
de sus tías, en la Toscana por un negocio, para descubrir Italia. Mientras se
prepara para regresar a casa, decide partir hacia Roma para continuar su viaje
por Italia. En el camino se encuentra con un cantante de ópera llamado David y
su sobrino, con quien se hace amigo, pero luego descubre en Roma que en
realidad es una mujer a quien David viste de hombre, para no llamar la atención
durante sus viajes. Alquila un cuarto con un pintor en la ciudad, lee y escribe
mucho, y camina con Camila, la discípula de David, hasta que ella se va.
Luego
parte hacia Nápoles donde encuentra a uno de sus viejos amigos franceses con
quien luego pasa el tiempo paseando y charlando. En particular pasa el tiempo
viendo a los pescadores en la playa salir al mar con su bote, y este decide un
día preguntarle a uno de ellos si pueden embarcarse con su nieto y él para
venir a ayudarlos a pescar. Durante varias semanas esta rutina de pesca
continúa hasta el día en que el mar embravece y escapan por poco de ahogarse
arrojando todo el equipo desde el barco para llegar a la isla de Ischa lo más
rápido posible. Al hacerlo, el barco será destruido pero comprado con el
material perdido por Lamartine y su
amigo. Luego se quedan en la isla durante 9 días porque la tormenta continúa y
se encuentran allí con el resto de la familia del pescador, incluida su nieta
Graziella.
Al principio mal vistos por la esposa del pescador, los viajeros son
luego recibidos por toda la familia. Viven con ellos ayudándolos con la
cosecha, paseando por la isla y leyéndoles cuentos por la noche, en particular,
Paul y Virginia, de Bernardin de
Saint-Pierre, que conmueve a toda la familia, y en particular a Graziella. Una
vez que pasa la tormenta, todos regresan a Nápoles y el amigo de Lamartine es llamado de regreso a
Francia para la boda de su hermana. Lamartine,
por tanto, se queda solo en Nápoles, y cae enfermo a causa de su soledad.
Graziella luego viene a verlo, y él recupera sus fuerzas, y luego viene a vivir
con la familia del pescador donde es muy bien recibido.
Luego, simplemente vive
con la familia y poco a poco nutre el amor por Graziella. Durante este tiempo,
la joven aprende a trabajar el coral para la compañía de su tío, luego recibe
lecciones de su primo Cecco, quien la aprecia mucho, y aprende a leer y escribir
con Lamartine. Pero el padre de
Cecco decide que va a casar a su hijo con Graziella y le pregunta a Andrea,
pregunta que molesta mucho a Lamartine,
quien luego se va para ir al Vesubio, pero tambien Graziella se entristece y no
sale de su habitación. Cuando Lamartine
regresa con la familia, Graziella consiente en comprometerse con Cecco al día
siguiente, pero huye a la isla de Ischa, durante la noche, diciendo que se va
al convento. Lamartine luego la
encuentra allí para prevenirla, y luego confiesan su amor de infancia. Luego se
cancela el compromiso y Graziella regresa a casa, y vuelve a ser feliz como
antes. Pero ella, como Lamartine,
teme el día en que él tenga que regresar a Francia. Una noche, su amigo que se
fue antes viene a buscarlo y Lamartine
le promete a Graziella que volverá. Pero antes de que tuviera tiempo de partir
para Nápoles se enteró de su muerte.
Poesía
El viaje a Italia, y la joven rebautizada
como, "Graziella," en la novela, inspiraron a Lamartine varios poemas, entre ellos, "El Primer Arrepentimiento", colocado al final de la
obra, "El Golfo de Baya, cerca de
Nápoles", escrito en 1813, e integrado en las, Meditaciones Poéticas, "Ischia"
escrita en 1822, e integrada en las, Nuevas
Meditaciones Poéticas, "El Lirio
del Golfo de Santa Restitua, en la Isla de Ischia" (1842), "Salve a la Isla de Ischia"
(1842) , "Adiós a Graziella","La Hija del Pescador,
Graziella".
Otras versiones
Si ésta novela cuenta los amores
adolescentes de Lamartine, no evoca
del todo la verdad. El autor lo explica en sus, Memorias Inéditas, que presentan una segunda versión de la historia,
y relatan, según el propio autor, el verdadero, “comienzo de Graziella.”
Graziella
de Alfonso de Lamartine
En el verano de 1837, se dá un encuentro casual en Roma entre Alfonso y Rafael, dos amigos franceses, quienes se encontraban allí de vacaciones. Alfonso, quien es escritor, busca en Italia un tema que le permita escribir la que sea la mejor de sus novelas hasta ahora escritas. Ambos decíden continuar el viaje juntos por cuatro meses, y acuerdan ir a Napoles, ciudad que no habían visitado.
Una tarde que caminaban por la costa de Mergellina (Napoles), vieron a un fuerte anciano pescador, desenrredando una red junto a un joven (su nieto). Alfonso le dice a Rafael: “¡Mira! ¿No te parece un espectáculo digno de un cuadro?” Ambos se acercaron y comezaron una conversación con el anciano y su ayudante. Alfonso le pidió al anciano que les permitiéra trabajar con ellos, pues “su oficio dejaba una gran satisfaccion en el alma.” El anciano los aceptó como reméros de su barca. Así, Alfonso y Rafael estuvieron un mes en plena paz, en ese pueblo.
El otoño llegó, el clima cambió, y una noche de abundante pesca fué necesario arrojar al mar la pesca obtenída, debido a una fuerte tormenta, lo cual ocasionó también que no pudieran regresar a Mergellina, sino que se siguieran hacia el cabo de Proscida, ubicado en una isla. Allí también el abuelo Andrea tenía un hogar.
Al llegar a la costa sanos y salvos, Andrea pidió a su nieto Beppo, se adelantára para avisar en casa de su llegada junto con los extranjeros. Fué ahí cuando Graciela y Alfonso se vieron por primera vez. Para Alfonso le belleza de Graciela era tal, que consideró que aquello era una aparición.
En la mañana siguiente, después de los comentarios negativos de la abuela respecto de los extranjeros, Graciela les sirvió el desayúno, pudiendo así Alfonso advertir más aún su belleza. Al terminar de desayunar, Alfonso y Rafael bajaron a la playa, y vieron con sorpresa cómo Andrea y su familia se lamentaban a Dios al ver su barca destrozada en la playa. La abuela lloraba y al encontrar Beppo el santo esculpido en la proa, lo levantó de la arena, y se lo entregó a a abuela quien lo tomó. La abuela lo apretó entre sus brazos y se tranquilizó. Ellos habían invertido todos sus ahorros en la barca.
Después de observar el triste evento, Rafael y Alfonso se fueron caminando pensativos, hacia la villa de Proscida. Alfonso le dijo a Rafael: “Tenemos que cambiar la tristeza de ésta gente en alegría.”Rafael contestó: “En eso pensaba. El dinero todo lo arregla y tú y yo lo tenemos.” Ambos compraron una barca resistente y casi nueva con redes nuevas. También fueron por algunas despensas y trajeron queso y salchichón para llevar a casa.
Cuando Rafael y Alfonso llegaron, encontráron una casa callada. Al entrar y poner las despensas en la mesa dijeron: “Hemos traído estas cosas con la intención de alegrarlos un poco. Andrea: los hombres no deben lamentar lo que pueden volver a conseguir a fuerza de trabajo y valor. Ya verá cómo la suerte le vuelve a sonreir. Hay que tener fé.”
El anciano contestó: “Gracias. Son ustedes muy buenos.”Alfonso le dijo: “Venga. Vamos a la playa a buscar la madera. Hay muchas cosas que podran hacer con ella.” El anciano Andrea le contestó con buen ánimo: “Si. Vayamos a buscarla para confeccionar nuestros ataúdes.” Enseguida, todos se levantaron y se dirigiéron a la playa como autómatas. Andrea miró una barca nueva y dijo: “¡Qué Hermosa barca! ¿Por qué estará ahí?”Alfonso le contestó: “¡Porque es de ustedes! ¡Reemplazará a la que perdieron!”
Cuando la familia se enteró de la buena noticia, se quedó como paralizada, y Graciela dijo: “Abuelita: Tú decias que los extranjeros eran paganos, y que nos habían traído mala suerte. ¿Qué dices ahora?” La abuela contestó: “Perdónenme. Yo dije cosas que no debí decir. Desde ahora los quiero tanto como a mis nietos.” Aquella tarde fué acaso la mas dichosa que la providencia había concedido a aquella casa.
Al día siguiente, los extranjeros tuvieron que seguir quedándose a residir en la isla, debido al mar revuelto. Alfonso experimentó una extaña alegría al saber que tendrían que quedarse. A la mañana siguiente, Alfonso, sin poder dormir, se levantó muy de madrugada y Graciela al verlo le dijo: “¡Oh Usted aquí! ¿Qué hace levantado tan temprano?”Alfonso le dijo: “Sentí deseos de tomar el aire fresco. ¿Me acompáña a la playa? Podemos mirar el mar y platicar.” Ella le dijo: “Si quiere ver el mar, yo lo llevaré a un lugar como no hay otro para contemplarlo.” Llegaron al lugar señalado y ella le dijo: “¿Le gusta? Yo siempre he creído que cuando Dios baja a la tierra, viene a éste lugar. Cuando era pequeña, venía aqui despacito, esperando verlo, pero nunca lo logré.” Alfonso pensó para si: “¡Cuanta inocencia! ¡Cuanta ternura hay en sus gestos!”
Desde ese día, Alfonso se levantaba temprano y platicaba con Graciela, en ese hermoso lugar. Un día, ella le preguntó: “¿Está lejos Francia de Napoles?” Alfonso le contestó: “Lo está un poco. Se necesitan dos semanas de viaje.” Después ella le dijo: “Una vez en Napoles, viuna dama francesa muy elegante y bonita.” Alfonso le dijo: “No creo que mas hermosa que tú.” Ella le dijo: “Yo solo soy la nieta de un pescador. Ella era diferente. Vestía un traje muy fino y llevaba pintadas la boca y las mejillas.”Alfonso le dijo: “Tú no necesitas nada de eso. Tus labios son rojos como grana, y tus mejillas son rizadas como las flores de los duraznos.”“Y ¿qué hace usted en Francia?” le preguntó ella. “Soy escritor y he publicado varias novelas.” La joven lo escuchaba bebiendo cada una de sus palabras, casi sin respirar. “Vine a inspirarme a Italia. Deseo encontrar un tema que pueda llenar de emoción a quienes lo lean.”Graciela dijo: “No comprendo bien lo que dices ¿Podrías explicármelo?” Nunca Alfonso había tenido a alguien que se mostrára tan atenta e interesada en sus palabras.
Transcurrieron diez días. El tiempo se calmó y el mar se mostró más tranquilo. Así Alfonso, Rafael, y la familia, regresaron en la barca a Mergellina. Había llegado el tiempo de despedirse y cuando Alfonso vió la tristeza de Graciela, cambió de opinion, y le dijo a Rafael que él se quedaría todo el invierno, pues decía que la mágia que había en Napoles, le daría la inspiración para escribir su mejor novela. Rafael trató de convencérlo para que abandonára, pues sabía que esa no era la causa principal que lo detenía ahí. Después de dos día, Rafael se marchó.
Alfonso alquiló una habitación en Napoles, y tras la partida de Rafael empezó a sentirse muy solo y triste. Un día fué a ver a la familia de Andrea para mitigar su soledad y levantarse el ánimo. Llegó al mediodía y tocó la puerta. La abuela lo recibió diciendo: “¡Qué alegría verlo! ¿Y el otro?”Alfonso contestó: “Se tuvo que marchar. Me he quedado solo en Napoles.” “Solo no” dijo la abuela, “Nosotros le queremos y ésta es su casa. Páse, páse.” Toda la familia mostró tanto agrádo al verle, que Alfonso no pudo más que sentirse felíz. Andrea dijo: “¡Creímos que ya no regresaría!” “Jamás me habría ido sin despedirme” le dijo Alfonso. Andrea dijo: “Ustedes nos trajeron buena suerte. Jamás había habido una pesca tan abundante.” La abuela continuó: “Y Graciela está trabajando. Una importante Casa de Napoles le dá coral para pulir.” Alfonso les dijo: “Me alegro que les vaya bién” La abuela le dijo: “Lo nóto triste. ¿Tiene algun pesar? Si podemos ayudarle…”Alfonso le dijo: “Extráño a mi amigo. Me siento solo. ¿No habrá por aquí alguien que pueda rentarme una habitación?” La abuela dijo: “¡Qué está diciendo! Si desea vivir en Mergellina, aquí está su casa!” La abuela continuó: “Solo tenemos tres recámaras, pero usted puede ocupar la de Beppo. Él dormirá en la nuestra.”
Alfonso compró los muebles y con ayuda de Graciela transformó completamente la habitación. En los días siguientes, Alfonso inició una vida como jamás hubiera imaginado que existiera. “No hay nada como ésta paz,” pensaba. “Aquí está el verdadero sentido de la vida. Pero sobre todo está Graciela. Ella es la luz que ilumina mis días…su risa…su voz…su dulzura…la ámo…si, la ámo.”Alfonso no esperó para decírselo. La encontró en la plaza tan hermosa como siempre. Le pidió que le acompañára a la playa, y ella aceptó gustosa, pues la acababan de felicitar por su trabajo. Después de mirarla por un tiempo, Alfonso le dijo que ahora sabía porqué se había quedado en Napoles: Era por ella, porque la amaba. Ella le contestó que también lo quería, desde la noche que lo vió por primera vez en Proscida cuando llegó con su abuelo. Al besarse, ambos sintieron que todo en su alrededor desaparecía, y solo ellos dos existían en la tierra.
Alfonso escribía como nunca antes. Las ideas fluían en su mente, y ambos, él y Graciela, salían a dar paseos. Una tarde, Alfonso notó a Graciela muy callada, y le preguntó: “¿Qué tienes?”Graciela contestó mirando hacia el mar: “Mas allá del horizonte está Francia. No se si podré resistir el día que te marches.”Alfonso le dijo: “No pienses en eso. Yo no podría vivir sin ti.” Pero ella le dijo: “A pesar de elllo, tu deberás irte, pues allá estan tu familia y tus amigos.”“Mi amor: No te lastimes-le dijo Alfonso-no llores. No lo puedo soportar. ¿No ves que súfro al verte así?” Ella le dijo: “Perdóname. Es que te quiero tanto, tanto…”
Pasaron dos meses y los abuelos observaban a la pareja, pero no decían nada. El día de las fiestas del patrón del pueblo, Alfonso fué con ella a misa. Ya en la tarde, ambos fueron a una reunión con fogata en la playa. Allí, los muchachos pidieron a Graciela que bailára. Cuando Alfonso la veía bailando, pensaba: “Es demasiado hermosa. No parece real.” Cuando Graciela terminó de bailar, fué hacia Alfonso con tal adoración que todos lo notaron.
Poco tiempo después, un hombre llamado Juan se acercó y le dijo a Graciela: “Graciela: Tú proscitana ¿qué haces con un extranjero? Ya me contaron que vive en tu casa ese señorito de ciudad, que no tardará en marcharse una vez que le des lo que las mujeres decentes solo entregan al marido, si no se lo has dado ya.” En ese momento, Alfonso le dejó ir un golpe a Juan. Graciela quiso detenerlos, pero un hombre le dijo: “Nadie debe meterse cuando dos hombres arreglan ofensas a golpes.”
Después que Graciela curó a Alfonso, Alfonso le preguntó: “¿Qué tiene él que ver contigo?”Ella le dijo: “Nada. Me pretende, pero jamás le he hecho caso. Nunca he tenido novio ni he amado a nadie que no seas tú.” Así, recostado en su habitación, el incidente hizo reflexionar a Alfonso. Consideró que la amaba demasiado, y no permitiría que se dudára de su honestidad. Así que decidió casarse con ella, y pensó que mañana le compraría el anillo. Inesperádamente en ese momento, alguien llamó a la puerta de la casa. Era más de media noche. Preocupado al escuchar, Alfonso se levantó para averiguar quién llamaba a esa hora. Era Rafael, quien llegó a su habitación guiado por Andrea. Rafael miró a Alfonso y le dijo: “Vengo a buscarte. Tu madre está enferma y te llama. Si muere, tú serás el culpable. Un coche nos aguarda. Alfonso, es precíso partir ahora mismo. ¡Ve por tus cosas!” En ese precíso instante, Graciela apareció y dijo: “¡No!”
Alfonso la tomó de sus brazos y le dijo: “Graciela. Debo ir a Francia, pero regresaré, te lo júro, y ya no volveré a irme.”Graciela no pudo soportar, y se desmayó. Cuando volvió en sí, lograron que se durmiera. Rafael le dijo a Alfonso: “¡Vamonos! Ella está bien. Ve a ver a tu madre y luego podrás regresar.” Alfonso le dijo: “Tienes razón. Es mejor que me márche ahora. Si la veo otra vez, no podré hacerlo.”
Antes de partir, Alfonso le dijo a Andrea: “Dígale que regresaré. Dígale que no dúde de mi cariño. Vendré en cuanto mi madre esté bien de salud.” Andrea le contestó: “Espero que ella pueda resistir ésta separación. ¡Pobre de mi nieta!”
Veinte días después, Alfonso estaba en París, y al ver a su madre le dijo: “Madre: Te veo muy bién, ¿Qué no estabas enferma?” “Hijo-le dijo ella-estube mal del corazón, pero Rafael me prometió que regresarías y eso me ayudó a mejorar. ¡Qué felicidad que estás aquí! Tus hermanos te han extrañado mucho al igual que Camila.”Alfonso le constestó: “¿Camila? No entiendo porqué” “Alfonso-le dijo su madre-Camila te áma. ¡Bien lo sabes! Desde que eran niños estaban destinado a ser marido y mujer.”Alfonso se impacientó y le dijo: “¡Madre! Eso es un arréglo entre su madre y tú. Yo no he sido consultado.” Ella le dijo: “Pero si hasta antes de irte a Italia, ¡todos los consideraban novios!”Alfonso le dijo: “Todos estaban equivocados, porque tú, Camila y su madre lo hacian creer así.” Su madre le constestó: “No compredo que te sucede. En todo caso, espero no hayas olvidado tu educación y caballerosidad. Camila y sus padres vendrán a cenar ésta noche. ¡La pobrecita está tan felíz con tu regréso!”
Esa noche, Alfonso recibía a la familia de Camila, quien se alegró de ver a Alfonso. Camila estando a solas le dijo a Alfonso: “Es maravillosos volverte a ver. Si supieras ¡cuanto te extrañé!”Pero Alfonso no le ponía atención, pues comparándola con Graciela, Camila no lo impresionaba. Unas horas después, Alfonso pensaba: “Qué diferente es Graciela a Camila. Mi madre no la aceptará como nuera. Tendré que encontrar el momento apropiado para decírcelo.” Pero como si doña Luisa, su mamá, lo presintiéra, no le daba un momento de respíro, entre reuniones y compromisos sociales. Y así trascurrieron tres meses.
Un día, Rafael le preguntó a Alfonso porqué estaba tan triste, y Alfonso le dijo: “Voy a regresar a Napoles. París y todo lo que hay en él, no significan nada para mi. Me marcharé a Napoles y me casaré con Graciela. Si me he quedado es porque quería estar seguro que no era un entusiásmo pasajero. Su recuerdo me persigue día y noche. Solo a su lado sere felíz.” “Pero Alfonso- le dijo Rafael- ¿Te das cuenta que es un cámbio total a tu vida? Graciela tiene otra educación, otras costumbres.” “Lo se- le dijo Alfonso-pero si el precio para tener a Graciela es renunciar a ésta vida de vanidad, de orgullo, de soberbia, ¡lo págo gustóso!”Alfonso continuó: “¡Rafael! Graciela puede aprender muchas cosas. Yo se las enseֹñaré. Pero su dulzura, su amor, su inocencia solo ella me las puede dar.”Rafael le dijo: “Es tu vida. Creo que cometes un grave error. ¿Ya lo sabe tu madre?” “No-le dijo Alfonso-pero se lo diré hoy mismo. Pienso marcharme éste mismo fín de semana.”
Esa misma noche doña Luisa, su madre, se disgustó, y le dijo: “¿Estas loco? Casarte con la hija de un pescador. ¡No, no puedo creerlo! ¡No lo permitiré!” “¡Madre!-le dijo Alfonso- no estoy pidiendo permiso. Solo te comuníco que me márcho y que me casaré.” En ese precíso instante, su madre se desmayó. El médico vino, y después de atenderla dijo: “La señora está muy delicada. No debe pasar la menor molestia. Hay que dejarla descansar.”
Cuando el doctor se marchó, los hermanos de Alfonso le dijeron a Alfonso: “¡Cómo te has atrevido a dar tal disgústo a mamá! Si muere, tú seras el culpable.” Su hermana le dijo: “Siempre has sido el preferido de ella, y ¡Mira cómo te comportas! Supongo que no te marcharás estando ella tan grave.”Alfonso no tuvo mas alternatíva que permanecer en París para beneplácito de la madre.
Un día, Antonieta hizo una visita a doña Luisa, la mamá de Alfonso, y cuando entró a la recámara y la vió, le dijo: “¡Te ves excelente Luisa! No comprendo porqué te niegas a salir y permanecer aquí encerrada.” “¡Hay Antonieta!-le constestó doña Luisa-¡Qué no hace una madre por sus hijos! Es la única forma en que puedo lograr que Alfonso no regrése a Italia. ¡Si tengo que permanecer así el resto de mi vida, lo haré, pero te asegúro que no sera necesario. Sufriré otro atáque y entonces le pediré que se case con Camila. No podrá negarse estando yo a punto de morir. Después de la boda, sanaré rápidamente. Alfonso ha sido siempre un soñador,pero yo le haré poner los pies sobre la tierra.” “Eres terrible-le dijo Antonieta- ¡Hasta el pobre de Rafael creyó en tu enfermedad. Ahora compréndo porqué fué a buscarlo a Italia. En ese precíso instante, Alfonso pegó un oído a la puerta de la recámara, cuando escuchó a su madre decir: “Querida: Ya te he dicho. Una madre recurre a todo cuando se trata de sus hijos.”Alfonso pensó dentro de sí: “Todo era una mentira y me he quedado dos meses sintiéndome culpable y sufriendo por Graciela. Me iré hoy mismo.”
Sin siquiera despedirse, Alfonso abandonó París. Ya en el camino pensaba: “¡Qué sorpresa se llevará Graciela! ¡Que largos han sido estos meses lejos de ella!” El viaje se hizo eterno y por fín, cuando llegó a la casa de la familia de Andrea, tocó la puerta. Andrea abrió y le dijo: “¿Usted?”Alfonso le dijo: “He regresado como les prometí. ¿Dónde está Graciela?” El viejo Andrea sin decir una palabra le hizo pasar. Alfonso le preguntó: “¿Que sucede? ¿Porqué me mira así? ¿Qué sucede?” “Graciela murió-dijo la abuela-no pudo resistir su partida. Se marchitó como una planta a la que se le niega el agua.” “¡No! ¡No puede ser!-dijo Alfonso-Graciela no puede estar muerta!” “Ella dejó esto para usted-dijo el abuelo-por si algún día regresaba.” Anonadádo, casi sin darse cuenta, abrió la carta. Conforme leía, una lagrima se le escapaba: “El doctor dice que moriré antes de tres días. Quiero decirte adiós antes de que las fuerzas me abandónen. Si tu estubieras aquí, yo viviría, pero hágase la voluntad de Dios…yo te hablaré desde el cielo. Mi alma te acompañará toda la vida. No quiero que sufras por mi. Tienes mi amor. No importa donde esté. Gracias por la enorme felicidad que me diste.”
Junto a la carta estaba un paquete. Al abrirlo, tomó en sus brazos sus trenzas, y pensó: “Sabía cuanto amaba su pelo. Tiene su aroma. Si cierro los ojos, puedo sentirla juntomi.” Después volvió en sí y dijo: “¿Dónde esta? ¿Dónde la enterraron?” “En Proscida-dijo el abuelo-ella lo quizo así.”
A la mañana siguiente, Andrea lo llevó a su tumba. Alfonso lloraba, y estando frente a su tumba, Andrea le dijo: “Esta es su tumba. Dijo que quería estar frente al mar para así poder mirar hacia Francia.” Alfonso desgarrado decía llorando: “¡Oh Dios! ¿Porqué, porqué?-y pensaba dentro de sí-Amor adorado. Aquí me quedaré cerca de tí. No nos separaremos nunca más como te lo prometí.”
Con el transcúrso de los años, Alfonso se transformó en uno de los escritores más famosos de Europa. Pero nunca volvió a salir de Proscida. Al morir, pidió ser enterrado junto a la tumba de Graciela. Así, sus cuerpos estarían unidos, como lo habían estado siempre sus almas.