Club de Pensadores Universales

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domingo, 21 de diciembre de 2014

Los Tuggs en Ramsgate de Charles Dickens

     Los Bocetos de ‘Boz,’ Ilustraciones Personas de la Vida Diaria y Cotidiana, comúnmente conocidos como Sketches by Boz, es una colección de escritos cortos de Charles Dickens publicado en forma de libro en 1836, con ilustraciones de George Cruikshank. Los 56 dibujos se refieren a escenas de Londres y la gente, y todo el trabajo se divide en cuatro secciones: “Nuestra Parroquia”, “Escenas,” “Personajes” y “Cuentos.” El material en las tres primeras secciones consiste en retratos de lápiz no narrativos, pero la última sección comprende historias de ficción. Los bocetos fueron originalmente publicados en diversos diarios y otras publicaciones periódicas entre 1833 y 1836, y luego publicaciones a destajo bajo su título actual 1837-1839.
La Historia de Boz
     El boceto “Sr. Minns y su Primo,” (originalmente titulado “Una cena en Poplar Walk”), fue la primera obra de ficción de Dickens jamás publicada. Apareció en la Revista Mensual en diciembre de 1833. Aunque Dickens continuó colocando las piezas en esa revista, ninguna de ellas llevaba una firma hasta agosto de 1834, cuando “La Casa de Huéspedes” apareció bajo el extraño seudónimo “Boz.” Un verso en la revista literaria, Bentley’s Miscellany para marzo 1837, recordó la perplejidad del público sobre este seudónimo:
“¿Quién diablos 'Boz' podría ser
Desconcertando a muchos un elfo erudito,
Hasta que el tiempo dio a conocer el misterio,
Y 'Boz' apareció como el mismo Dickens.”
     Dickens tomó el seudónimo de un apodo que le había dado su hermano menor Augusto, quien lo llamaba “Moisés” de un personaje de la novela de Oliver Goldsmith, “El Vicario de Wakefield.” Esto, “pronunciándose en forma de burla por la nariz,” se convirtió en “Boses,” que a su vez fue acortado a “Boz.” 
     El nombre permaneció asociado con la palabra “inimitable” hasta que, “Boz” con el tiempo desapareció y Dickens llegó a ser conocido simplemente como, “El Inimitable.” El nombre era originalmente pronunciado como, / boʊz / pero ahora se pronuncia generalmente /bɒz/.
Ilustraciones
     La popularidad de los escritos de Dickens, fue reforzada por la inclusión regular de ilustraciones detalladas, para resaltar las escenas y personajes claves. Cada boceto típicamente contó con dos ilustraciones en blanco y negro, así como una ilustración de la envoltura. Las imágenes fueron creadas con xilografías o grabados metálicos. Dickens trabajó en estrecha colaboración con varios ilustradores durante su carrera, incluyendo a George Cruikshank, Hablot Knight Browne (aka “Phiz”), y John Leech. La precisión de las ilustraciones era de la mayor importancia a Dickens, ya que los dibujos retratan a los personajes tal como los imaginó, y daban a los lectores información valiosa sobre las personalidades y las motivaciones de los personajes, así como la trama.
Publicación
    La primera versión de Los Bosquejos por Boz fue publicada por John Macrone en dos series: la primera como una colección de dos volúmenes en febrero de 1836, justo un mes antes de la publicación del primer número de The Pickwick Papers (1836-1837), y luego una “segunda colección” en agosto de 1836. Después que la fama de Dickens se disparó, él compró los derechos de su material a Macrone.
Contenido del Libro
Nuestra Parroquia
El Alguacil. El Motor de la Parroquia. El Maestro de Escuela.
El Cura. La Señora Mayor. El Capitán Media-Paga.
Las Cuatro Hermanas.
La Elección de Beadle.
Hombre del Agente Comercial.
Las Sociedad de las Damas.
Nuestro Vecino de Al Lado.
Escenas
Las Calles - mañana.
Las Calles - noche
Tiendas y sus Inquilinos
Scotland Yard
Siete Esferas.(Seven Dials)
Meditaciones en Monmouth-Street.
La Parada del Carruage Taxi Hackney.
El Colegio de los Civiles.
Recreaciones de Londres.
El Río.
Astleys.
La Feria de Greenwich.
Teatros Privados.
Vauxhall Gardens de Día.
Los Primeros Entrenadores.
Omnibuses.
El Último Taxista, y el Primer Granuja Omnibus.
Un Bosquejo Parlamentario.
Cenas Homenaje Públicas.
El Primero de Mayo.
Agentes de Ventas de Tiendas de Marineros.
Tiendas de Ginebra.
La Tienda del Prestamista.
Juzgados de lo Penal.
Una visita a Newgate.
Personajes
Pensamientos sobre Gente.
Una Cena de Navidad
El Año Nuevo.
La señorita Evans y el Águila.
El Salón del Orador.
El Paciente Hospitalizado.
El Apego Enfermizo del Sr. John Dounce.
El Sombrerero Equivocado. Una Historia de Ambición.
La Academia de Baile.
Gente Andrajosa-Refinada.
Logrando una Noche de Ello.
La Camioneta de Los Prisioneros.
Cuentos
La Casa de Huéspedes.
Capítulo el primero.
Capítulo segundo.
El Sr. Minns y su Primo.
Sentimiento.
Los Tuggs en Ramsgate.
Horatio Sparkins.
El Velo Negro.
La Excursión del Vapor.
El Gran Duelo Winglebury.
La señora Joseph Porter.
Un pasaje en la vida del Sr. Watkins Tottle.
Capítulo el primero.
Capítulo segundo.
El Bautismo en Bloomsbury.
La Muerte del Borracho.
Los Tuggs en Ramsgate
de Charles Dickens.
     1890, en Surrey, uno de los tantos barrios de Londres, Inglaterra, la familia Tuggs poseía una pequeña tienda de comestibles. Esa tarde de fines de marzo, cada uno se encontraba ocupado en las labores que le correspondían. Joseph Tuggs despachaba azúcar, té, arroz…Su esposa, Emily Tuggs, ocupada en la sección de quesos y jamones. El joven, Simón Tuggs, ordenando las cuentas, cosa a la que se dedicaba sin mucho ánimo, diciendo, “Las ganas no son muy buenas.” Y la señorita Clara Tuggs, que con desagrado ayudaba a su madre en las labores de la casa, pensando, “Ah, qué vida…¡Ya no soporto más!” Así estaban las cosas cuando un coche se detuvo frente a la tienda y descendió un pasajero, diciendo, “Ésta debe ser…es el número 78.” Decidió entrar y preguntó, “¿El señor Joseph Tuggs?” El hombre tras el mostrador dijo, “Yo soy. ¿En qué puedo servirlo?” El hombre dijo, “Soy el señor Conrad Hunter, y vengo de Temple.” Joseph Tuggs dijo, “¿De Temple?” Esa palabra mágica atrajo la atención de toda la familia quienes estaban en la tienda, y dijeron al unísono, “¡De Temple!” 
     Hunter, el visitante, les dijo, “Así es, señores. Vengo de parte del señor Cover, el abogado que lleva el difícil caso que le encomendaron.” El señor Tuggs dijo, “¿Y qué noticias nos trae?” Hunter dijo, “Tengo la satisfacción de decirles que no pueden ser mejores.” El señor Tuggs dijo, “¿Eso significa que…?” Hunter dijo, “Exactamente lo que está pensando. ¡Ustedes ganaron!” El señor Tuggs dijo, “¿Escucharon?¡Ganamos!” Hunter explicó, “El juicio por la herencia de su tio, el señor Tomas Tuggs, llegó a buen término. Por lo tanto, desde ahora, son dueños de 20 mil libras.” La señora Tuggs dijo, “¡Simón, hijito!¡Clara, trae agua!” Clara llegó diciendo, “¿Qué sucede?” La señora Tuggs dijo, asistiendo a su hijo desmayado, “Mi hijo es muy sensible y la noticia lo impresionó.” Hunter dijo, “Me doy cuenta.” El señor Tuggs dijo, “Simón, hijo, ánimo.” La señora Tuggs le acercó un vaso con agua diciendo, “Hijo, bebe.” Simón se recuperó y dijo, “No se preocupen, ya me siento mejor…” La señora Tuggs dijo, “Hijo, toma las cosas con calma.”
     Cuando Simón volvió en sí, dijo, “¡Qué victoria, padre!¡Hemos ganado!” Acto seguido, presa de sus emociones, se volvió a desmayar. Su madre dijo, “¡Se volvió a desmayar!¡Simón!¡Hijito!” El señor Joseph dijo, “Llevémosle adentro. Clara, cierra la tienda.” Enseguida Joseph dijo al señor Hunter, “Ayúdenos, por favor. La emoción ha sido demasiado para él.”
     Poco después, en la vivienda de los Tuggs, Simón despertaba, diciendo, “¿Q-que pasó?¡Ah, la herencia!¡Somos ricos!” Clara, su hermana le dijo, “Sí, querido, así es.” Joseph, su padre dijo, “Aquí están los papeles que lo confirman. ¡Las 20 mil libras son nuestras!” Clara dijo, “¡Papá, cálmate! Ya sabes que cualquier cosa impresiona a Simón.” Joseph dijo, “Tienes razón…Hijo hemos recibido algo de dinero.” Simón dijo, “¿Algo?¡Padre, 20 mil libras son una fortuna!” 
     Esa noche, durante la cena, la familia deliberó largamente acerca del futuro. El señor Tuggs dijo, “Hay que dejar el negocio. ¡Dejaremos de ser tenderos!” Clara dijo, “Sí, lo venderemos.” La señora Tuggs dijo, “Simón podrá seguir la carrera de Leyes. Sera un brillante abogado. ¡Ah ya lo veo en el parlamento!” Simón dijo, “Mi nombre será Cymón en el futuro.” Clara dijo, “Y yo me llamare Carlota. Clara es demasiado vulgar.” La señora Tuggs dijo, “A mí me dirán mamá y a su padre papá, como lo hace la gente de alcurnia.”  Clara dijo, “Y papá abandonará sus costumbres vulgares.” El señor Tuggs dijo, “Procuraré que así sea hija.” Y cumpliéndolo, el señor Tuggs continuó comiendo salmón con el cuchillo. Clara dijo, “Tenemos que mudarnos. Este barrio ya no corresponde a nuestra categoría.” El señor Tuggs dijo, “Tienes razón. Aquí todos nos conocen y nos tratan como iguales.” El señor Tuggs dijo, “Además, de ahora en adelante, debemos rozarnos con gente de nuestra alcurnia.” 
     Clara dijo, “En Surrey solo hay empleadillos y estudiantes pobres.” La señora Tuggs dijo, “Así es, hija. Joseph, en cuando vendamos la tienda, nos tomaremos unas vacaciones.” Simón dijo, “Fantástico mamá; siempre he soñado con pasar un verano en un balneario de moda.” Clara dijo, “¿A cuál podremos ir?” Simón dijo, “¿Qué tal Grovesend?” Clara dijo, “¡Cymon, a Grovesend solo van obreros! ¡Qué horror estar entre esa gente vulgar!” La señora Tuggs dijo, “¿Y si fuéramos a Margate? Me han dicho que tiene bonitas playas.” Simón dijo, “¿Margate? Ahí solo van tenderos.” Clara dijo, “¿Qué tal Brighton?” El señor Tuggs dijo, “No, dicen que el camino está fatal.” Simón dijo, “Ya tengo el lugar adecuado…¡Ramsgate!” Clara dijo, “¡Ramsgate, el sitio de moda, donde va solo gente bien! ¡Maravilloso, hermano!” Simón, dijo, “Así son siempre mis ideas, Cla…Carlota.” Clara dijo, “¡Cuantas veces soñé con ir allí. Y ahora mi sueño se cumplirá.” La señora Tuggs dijo, “Joseph, quizá allí nuestros hijos hijos encuentren una pareja digna de ellos y nuestra fortuna.” Joseph Tuggs dijo, “¿Por qué no? Ahora nada nos impide emparentar con la nobleza.” La señora Tuggs dijo, “Pues bien. Mañana mismo ponemos en venta la tienda. Sera fácil deshacernos de ella.” Joseph Tuggs dijo, “Carlos Robinson. Más de una vez me ha suplicado que se la venda. A primera hora iré a hablar con él.” La señora Tuggs dijo, “No olvides sacarle el mayor precio posible. Una libra más es una libra.” Clara dijo, “Ay mama, estás hablando como una tendera. La gente bien no se preocupa por una libra más o menos.” La señora Tuggs le dijo, “Hija, mientras más aumentemos nuestra fortuna, mejor.”
     Un mes después, en el vaporcito que los conducía a Ramsgate, Clara decía, “Esto es verdaderamente el Paraíso.” La señora Tuggs dijo, “Estoy tan feliz. ¡En lugar de estar vendiendo manteca y chorizos, me encuentro aquí!” Clara dijo, “¡Mamá, no digas esas cosas y menos tan fuertes! Alguien puede oírte.” La señora Tuggs dijo, “Tienes razón. Lo que pasa es que aún no me acostúmbro a ser tan rica.” Clara dijo, “Pues es mejor que lo aceptes y te olvides de esa horrible vida.” La señora Tuggs dijo, “Sí, te aseguro que no vuelvo a decir nada semejante…¡Que elegante se ver tu padre! ¿Verdad?” Clara dijo, “No está mal, pero el sombrero se ve un poco viejo.” La señora Tuggs dijo, “Y eso que le puse una cinta dorada alrededor de la copa. Eso le da mucha categoría.” Alegres y animosos, los Tuggs se desplazaron entre los demás pasajeros. El señor Tuggs dijo, “Encantador todo esto, ¿Verdad hijo?” Simón dijo, “Impresiona el alma…eso es. ¡Impresiona el alma!” Un hombre se acercó en la cubierta a ellos y les dijo, “Una mañana deliciosa. ¿No es así, caballeros.” 
      Simón dijo, “Yo diría que celestial.” El hombre dijo, “Veo que es usted un entusiasta de las bellezas naturales.” Simón dijo, “En efecto.” El hombre dijo, “¿Ha viajado mucho?” Simón dijo, “Bueno…algo…” El hombre dijo, “Supongo que ha visitado Francia, Italia, Alemania.” Simón titubeó, diciendo,  “Este…no.” Simón habia respondido con un tono como si quisiera dar a entender que había llegado a medio camino, y se había regresado. El señor Tuggs dijo, “Mi hijo pronto hará ese viaje. Visitará muchos países.” El hombre dijo, “¿Es su hijo? Naturalmente usted querrá que haga ‘Le Grand tour’ ¿No es cierto?” Joseph pensó, “¿Qué significará ‘Le grand tour’?¿Donde se comprará?” El hombre agregó, “Le doy toda la razón. Es indispensable para todo joven bien.” Una dama bellísima se acercó, diciendo, “Walter, querido.” El hombre dijo, “Belinda, mi amor. ¿Qué sucede?” La mujer dijo, “¿Por qué me has dejado tanto tiempo sola?” La bellísima joven produjo en Cymon el efecto de un rayo deslumbrante. 
     El hombre dijo, “Pero mi vida, solo fueron unos minutos. Me puse a platicar con estos distinguidos caballeros y…” Ella dijo, “Y entre tanto unos jóvenes me han molestado con sus miradas impertinentes.” El hombre dijo, “¡Cómo!¿Quién se ha atrevido?” la mujer dijo, “¡Walter, cálmate, te lo suplico!” Walter dijo, “¿Calmarme?¡Yo los máto!” Joseph dijo, “Caballero serénese. Está llamando la atención.” Belinda, su esposa, dijo, “Walter, por favor, escucha a este señor. Todos nos miran.” Walter dijo, “Esta bien. Reconozco que su intervención ha sido muy oportuna caballero.” Walter agregó, “Me ha salvado del delito de homicidio. Le estaré eternamente agradecido señor…” Los Tuggs se presentaron, “Cymon Tuggs. Este es mi padre, Joseph Tuggs.” Walter dijo, “Es un honor conocerlo. Soy Walter Brook y esta dama es mi esposa Belinda.” Belinda dijo, “Ha sido una gran suerte que estuvieran ustedes con mi marido.” Y la bella joven envolvió al joven Cymon con una cálida mirada de sus preciosos ojos. Enseguida se escuchó una voz, “¡Joseph, Cymoon!” Cymon dijo, “¡Oh, mi madre y mi hermana nos buscan!” Cymon fue por ella y se hicieron las presentaciones. Los Tuggs procuraron mostrar el tono más desenvuelto posible. Belinda dijo, “Así que van a Ramsgate…¡Qué casualidad, nosotros también!” La señora Tuggs dijo, “Pensamos pasar allí por lo menos un mes.” Walter dijo, “Nosotros también. Es un capricho de Belinda. Yo prefiero la Costa Azul. Para mí no hay nada como Niza.” La señora Tuggs dijo, “No me dirá que la Costa Azul…¿También tiene arena?” Carlota dijo, “¡Mama!” Walter dijo, “¡Oh, qué sentido del humor de la distinguida señora!” Carlota dijo avergonzada, “Si, mamá es muy bromista. ¡Oh, de pronto me ha dado sed!” Joseph dijo, “Vamos a tomar algo. Nos harían el honor de acompañarnos.”
     Más tarde, Ya en el restaurante del crucero, ambas familias comian. Entonces Belinda dijo a Walter, “¿No te parece que éste caballero tiene un extraordinario parecido con el marqués de Carriwini?” Walter dijo, “Tienes razón. Desde que lo vi me llamó la atención.” Belinda dijo, “A mí también. Al acercarme, pensé que platicabas con él. Es un parecido increíble. ¡Obsérvalo! El mismo aire del marqués. Idéntica forma de pasarse la mano por el cabello.” Walter dijo, “¡Realmente extraordinario!” Cymon dijo, “¡Bah! Coincidencias.” Walter les dijo, “¿No conocen al marques?” Joseph dijo, “Este…No hemos tenido el gusto.” Belinda dijo, “¡Ah! Es un hombre tan simpático, y su fama de elegante y distinguido es reconocida en todo Londres.” Walter dijo, “En efecto, además es un hombre muy bien parecido. Sí…se diría que usted es su doble.” La señora Tuggs pensó, “¡Que gente tan fina y encantadora!”
     La plática continuó amable, simpática y llena de alegre gratitud por parte de la familia Tuggs. Belinda continuó la conversación, “Ah, si hubieran asistido al baile de lady Monre. Fue el evento social de la temporada, ¿Verdad querido?” Walter dijo, “Así es, aunque la recepción que dieron los condes de Hunterhall no se quedo atrás.” Enseguida Belinda dijo, “¡Walter, querido, mira a la señora Tuggs! En éste instante, ¿a quien te recuerda?” Walter dijo, “¡A la duquesa viuda Dobbletton!” Belinda dijo, “¡Exactamente! Mismo perfil, sus mismos delicados movimientos, pero sobre todo, su misma distinción y dignidad.” Walter dijo, “Creo que si la duquesa estuviera aquí, pensaría que es su alma gemela.” La señora Tuggs dijo, “¡Oh, quizá ustedes exageran!” Belinda dijo, “¡Nada de eso! Le asegúro que conozco muy bien a la duquesa. Es más, tómo con ella el té, todos los viernes.” La señora Tuggs dijo, “¡Oooh!” Walter dijo, “Es una dama encantadora. Por cierto, su hija Lady Marian es una de las jóvenes más solicitadas de la sociedad.” Belinda dijo, “Quizá usted Carlota, la conoce. Es de su edad. ¿No la habrá encontrado en algún baile?” Carlota dijo, “Este…no recuerdo…” Belinda dijo, “Oh, bueno. Ya tendré oportunidad de presentársela. Seguramente harán buena amistad.” Carlota pensó, “Eso significa que nos seguiremos tratando. ¡Esto es magnífico!”
    La amena conversación continuó, hasta que vieron aparecer el muelle de Ramsgate. Entonces la señora Tuggs dijo, “En unos momentos vamos a desembarcar. Espero que nos veamos a menudo.” Carlota dijo, “Eso sería muy agradable.” Belinda dijo a Cymon, “Es increíble como uno puede simpatizar tanto con personas que no ha visto antes. Los siento como amigos de toda la vida.” Cymon dijo, “Yo también señora.” Belinda le dijo, “Nada de formulismos. Dime Belinda.” Cymon dijo, “S-sí, claro.” Ambas familias bajaron al muelle. Entonces Belinda dijo a Joseph, “Señor Tuggs, ¿Tienen ya alojamiento?” Joseph dijo, “No, pero supongo que no será difícil encontrar.” Belinda dijo, “En ésta época el balneario está lleno, pero siempre hay lugar para personas de categoría como ustedes.” Joseph dijo, “Eso pensé y por ello no me preocupe de hacer reservaciones.” Belinda dijo, “Cymon, me ha sido grato conocerle…” Cymon le dio la mano y dijo, “yo…yo…” Walter dijo, “Belinda, mi amor, debemos ver nuestro equipaje.”
     Tras un apretón de mano, que dejo a Cymon con sus delicados nervios en tensión, la hermosa señora partió. Su madre le dijo, “Cymon, ¿Qué miras? Vamos, ya hay que desembarcar.” Como en trance, Cymon siguió a su familia sin darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor, pensando, “Es la mujer más hermosa, delicada, elegante que han visto mis ojos.” Sin darse cuenta, Cymon pisó a un hombre, quien le dijo, “¡Auch!¿Es ciego o tonto?¡Fíjese por dónde camina, bobo!” En el muelle, todo era movimiento y acción. Un hombre decía, “Señor, ¿Le llévo su equipaje?” Otro decía, “Señor, en mi coche cabe toda la familia y las maletas.” Finalmente eligieron uno de los carruajes. Cuando estuvieron instalados, el cofer les dijo, “¿A dónde los llevo?” La señora Tuggs dijo, “No tenemos alojamiento. Habrá un buen Hotel, donde…” Joseph la interrumpió, diciendo, “¿Hotel?¡Ni soñarlo! Los mejores están llenos y los otros también.” La señora Tuggs dijo, “Entonces, ¿Qué haremos?” Joseph dijo, “Podríamos rentar una casa.” Después dijo mirando al chofer, “¿No sabe de alguna?” El chofer dijo, “Eso sí. Sé de varias.” En ese momento, se inició el triste peregrinar de la familia Tuggs. Después de preguntar en una casa disponible, Joseph dijo desanimado, “¡Dicen que una casa y rentan una pieza!¡Es el colmo!” Cymon dijo, “¡Estoy terriblemente cansado! Creo que me va a dar…” La señora Tuggs dijo, “¡Cymon, no es el momento! Espera que estemos instalados para desmayarte.” Cymon dijo, “¡Madre! Es decir ‘Mamá’…¡Oh que incomprensión!”
     El tiempo pasó y por fin, cuando empezaba a caer la tarde, la familia eligió finalmente una casa. La señora Tuggs dijo, “No está mal. Tiene tres grandes habitaciones y tendremos sirvienta pero piden cinco guineas al mes.” Joseph dijo, “Con razón está desocupada. Bueno, qué remedio, aquí nos quedamos.” Una hora después, la familia se encontraba cenando en su nueva residencia. Cuando Joseph oleó la cena dijo, “¡Magníficos camerones!” Carolina corrigió, “¡Camarones, papá!” Joseph comenzó a degustar la cena y dijo, “Finalmente camarones o ‘camerones’ da lo mismo.” Cymon miró a su padre con lastima mezclada con malignidad, y dijo, “¡Qué diría el señor Brook si oyera semejante vulgaridad!” Carolina dijo, “¿Y qué pensaría la señora Brook si viera a mamá comiéndoselos con cabeza y todo?” Cymon dijo, “¡No soporto la idea!¡Pensar que la comparó con la duquesa viuda de Dobbletton!” 
     La señora Tuggs dijo, “Debo tener más cuidado con mis modales, ¡Ah, siempre dije que algunos de mis antepasados debiéron haber sido nobles! Tú heredaste esa  nobleza, Cymon. Por eso eres tan sensible, como todos los grandes hombres. Ya ves…eres igual al marqués…bueno, de lo que sea.” El señor Tuggs dijo, “Debemos conservar la amistad de los Brooks, es gente muy distinguida.” La señora Tuggs dijo, “Nos introducirán en su círculo. Ya ves que ofreció presentarle una Lady a Carlota.” Carolina dijo, “Este invierno pienso tener una temporada social muy importante y te va a costar bastantes libras, papá.” El señor Tuggs dijo, “¡No importa! No voy a permitir que mi hija se presente en la corte como una pordiosera.” 
     Carolina dijo, “Cymon. ¿Piensas en Belinda? Que belleza de mujer, ¿Verdad?” Cymon dijo, “Un verdadero Ángel, ¡Qué ojos!¡Qué cutis!¡Qué Boca!” El señor Tuggs dijo, “Hijo, no olvides que es una mujer casada.” Cymon se levantó y dijo, “¡Padre, porqué tienes que llevar de nubes mis sueños y hacer ruinas mis remotas esperanzas! ¿Por qué me atormentan?¿No basta con…con…?” Cymon se detuvo. Nunca se supo si por falta de palabras o de aliento. Cymon dijo, “¡Me voy a mi habitación!” La señora Tuggs dijo, “¡Hijo, hijito, cálmate! Nunca ha sido bueno para ti agitarte.” Pero el joven con aire solemne y lleno de dignidad se retiró. La señora Tuggs dijo, “¡Oh, Joseph, no debiste…!” Joseph Tuggs dijo, “Solo le hice una advertencia.” La señora Tuggs le dijo, “Sabes lo sentible que es. Con cualquier cosa excita sus nervios.” Carolina dijo, “Y en este momento lo que más lo pone de nervios es la belleza de Belinda.”
     Al día siguiente, la familia dió un paseo por la playa del balneario. Joseph dijo, “¡Qué animación. Cuanta vida, cuanto bullicio…!” La señora Tuggs dijo, “Joseph, rentemos sillas en la playa.” Momentos después, la señora Tuggs dijo, “En mi vida había estado tan…¡Ayy! Joseph, me hundooo!” La señora Tuggs solo se había caído en la arena. Carolina dijo, “Mamá, qué escándalo, todos nos miran!” La señora Tuggs dijo, “¡Ay, hija, es que creí que me tragaba la arena! Bueno, ya pasó.” En ese momento llegaba Walter Brooks y Belinda. Belinda dijo, “¡Querida Carlota, por fin los encuentro!” Cymon al ver a Belinda pensó, “¡Oh, está aún más bella que ayer!¡Mi corazón va a estallar…la ámo!” Carolina dijo, “Belinda, que alegría verte.” Carolina les dijo, “¿Cómo están?¿Durmieron bien?” Luego que tuvo lugar el más afectuoso cambio de saludos, Joseph Tuggs dijo, “Por favor siéntense. Pediré otras sillas.” Walter Brooks dijo, “Gracias. Muy amable.” Empezó la amena plática y de pronto, Walter dijo, “Belinda. Amor mío…” Belinda dijo, “Si, Walter querido…” Walter dijo, “Allá esta Harry Thomson.” Belinda dijo, “¿Dónde?” Walter apuntó hacia la playa y dijo, “Bañándose, mi amor.” Belinda dijo, “Tienes razón…No nos ha visto, sin duda.” Walter dijo, “¡Y está acompañado por la señora Mary Golding!” Belinda dijo, “¡Es cierto! Al que no veo es al señor Golding.” 
     Walter dijo, “Yo tampoco, míralos. Se toman de las manos. Eso no me parece bien.” Belinda dijo, “Walter, él solo la ayuda a evitar esa fuerte ola. Querido, son personas de la alta sociedad. En nuestro circulo, eso no es mal visto. Nadie va a pensar mal de la señora Golding porque se baña con el señor Thomson. Lo que pasa es que tu eres muy celoso.” Walter dijo, “Sí, soy muy celoso porque te adóro y eres la mujer más hermosa del mundo.” Enseguida Cymon dijo, “¿Escuchaste, papá? Nada de malo hay si platíco o doy un paseo con la señora Brooks. Es privilegio de la aristocracia.” Joseph Tuggs dijo, “No deja de parecerme una costumbre bastante singular.” Enseguida Joseph dijo, “¿Dónde piensan comer hoy?” Walter dijo, “la verdad…aún no hemos decidido nada…” Walter dijo, “¿Qué tal si vamos a Pegwell? Es el lugar de moda.” Joseph dijo, “Sí, es una excelente idea.” Los Tuggs jamás habían oído hablar del lugar pero como si se hubieran puesto de acuerdo, no permitieron que se notára. Enseguida, Walter dijo, “Queda un poco lejos y hace demasiado calor para ir a pie.” Belinda dijo, “Walter, querido. A mí me gustaría ir en borriquillo. ¡Es tan divertido!” Carolina dijo, “Entonces, a mi también.” Walter dijo, “Entonces, para nosotros un coche y para ustedes borriquillos…aunque…no sé si estaría bien…” Belinda dijo, “¿Qué no estaría bien?” Walter dijo, “Que vayan solas. Pero si el joven Cymon tuviera la gentileza de acompañarlas…” Cymon dijo, “Yo no podría. No soy buen jinete…la verdad, no creo que…” Belinda dijo, “¡Oh, claro que puede!¿Se negara a darme ese gusto?” Y las sedosas y largas pestañas aletearon como dos mariposas sobre los verdes ojos clavados en el pobre Cymon, quien dijo, “P-por supuesto que no…”
     Una hora después, un carruaje aguardaba la salida. Cymon, Belinda y Carlota estaban montados en sus asnos, esperando la salida. Walter dio una instrucción, antes de partir, “Los dos muchachos a pie irán con ustedes para empujar a los burros en caso de que se nieguen a caminar.” Se pusieron en marcha y uno de los hombres de a pie dijo, “¡Arre, arre, burro!” Carolina dijo a Belinda, “¡Ay, que valiente es usted!¡No vaya a ir al galope, que me da miedo!” Continuaron avanzando, y Belinda dijo, “¡Que día tan hermoso, querida Carlota!” Carlota dijo, “Encantador, todo esto es una belleza, ¿Verdad, Cymon?” Antes de responder, Cymon miró fijamente a Belinda, “Sí, nunca vi nada más bello que lo que contemplo ahora.” Belinda bajó los párpados he hizo que su montura quedara algo rezagada, de inmediato Cymon la imitó. Enseguida Cymon le dijo, “¡Ay, Belinda, desde que la conocí ayer, mi corazón ya no me pertenece.” Belinda le dijo, “Cymon, por favor…¡Yo pertenezco a otro! ¡Es terrible! Pero ayer al verlo…¡Oh si no estuviera…!” Cymon dijo, “¡Por favor, no calle!¿Que iba a decir?” Belinda dijo, “Si no estuviera casada…mi destino hubiera sido ser amada por un joven de noble aspecto. Con un espíritu sensible capaz de experimentar y apreciar mis sentimientos.” Cymon dijo, “¡Belinda, será posible! Usted también experimenta esa atracción divina que nos une.” En ese sublime momento, el burro de Cymon decidió no caminar. Cymon dijo, “¡Eh, Ale, Ale!...¡Vamos bestia, no te quedes parado, Ale!” Sea porque el animal se indignó por el tono de la orden o sintiera deseos de aventajar a su compañero, partió como un rayo. Cymon le gritó, “¡DETENTEEE!” Belinda dijo, “¡Cymon!” Como si supiera que se encontraba a unos metros del hotel Pegwell, el malvado animal se dirigió directo a la entrada. Joseph Tuggs gritó, “¡Cymon!” La señora Tuggs dijo, “¡Hijito!” Carlota dijo, “¡Hermano!” Mientras tanto Cymon gritaba, “¡DETENGANLOO!” Y allí el burro decidió frenar en seco, lanzándolo por el aire, no dando a su jinete la oportunidad de desmontar con elegancia. Uno de los encargados del hotel dijo, “¡Qué manera tan singular de llegar!” Dos empleados del hotel lo levantaron. Al recuperarse, Cymon exclamó, “¡Aaaay!” La señora Tuggs dijo alarmada, “¡Hijito, hijito!¡Oh, puede tener un hueso roto. Tengan cuidado.” Uno de los empleados dijo, “¿Se encuentra bien, señor?” Cymon dijo, “Sí…creo que sí…”
     Después que todo se restableció, Walter dijo, “No hay que alarmarse, fue una caída sin importancia.” Belinda dijo, “Salvo éste pequeño incidente, el paseo fue delicioso, ¿verdad?” Carolina dijo, “Realmente encantador. Tanto que no me importaría repetirlo.” Walter dijo, “¡Nada de eso! Todos regresaremos en coche.” Superado el pequeño incidente, pasaron a comer. Ya en la mesa, la señora Tuggs dijo, “Estos came…camarones están deliciosos.” Walter dijo, “Y la mantequilla es de la mejor calidad. Y les aseguro que yo sé muy bien lo que háblo.” Cuando terminaron de comer y llegó el momento de pagar la cuenta, Walter dijo, “Belinda, mi amor, dame mi billetera.” Belinda dijo, “¿Tu billetera? Yo no la tengo Walter querido.” Walter dijo, “¡Cómo!¿No te la di en la mañana?¡Oh, que olvido!” Joseph Tuggs dijo, “Señor Brooks, ¿No pretenderá usted pagar?, son ustedes nuestros invitados.” Walter le dijo, “No puedo aceptar. Usted pagó las sillas en la playa, el coche, los burritos…” El señor Tuggs dijo, “Señor Brooks, no insista. Como gente bien que somos, no vamos a discutir por una cuenta. ¡Joseph paga!”
     Al separarse ambas familias, quedaron en verse en la noche, en el casino. Horas después, cuando los Tuggs se vieron con los Brooks, Cymon dijo, “Belinda, está usted encantadora…que digo, ¡Maravillosa!” Belinda dijo, “Y usted tan elegante, tan guapo…le aseguro que el marqués de Carriwini sentirá envidia al verlo.” Ambas familias se sentaron a la mesa en el salón de baile. Enseguida, Walter dijo, “Belinda, mi amor, ¿Quieres bailar?” Ella dijo, “¡Oh, sí, Walter querido!” Cymon los vio deslizarse por la pista y sintió como si una espada traspasara el corazón, pensando, “Todas las demás mujeres son insignificantes, desaparecen ante la presencia de ella.”
     Los días siguientes fueron todos similares: Por la mañana, playa, a medio día, comida en Pegwell, y por la noche, casino. Habían transcurrido tres semanas cuando una noche, Carolina vio a Belinda en el casino y le dijo, “¡Belinda, vienes sola!¿Y tu marido?” Belinda dijo, “Tuvo que partir de urgencia a Londres. Estará ausente tres días.” Carolina dijo, “¡Oh, qué lástima! Pero supongo que eso no impedirá que te unas a nosotros.” Belinda dijo, “No. Walter los estima mucho y no le parecerá mal.” Cymon sintió que el cielo se abría para él, pensando, “¡Diez días! Podré estar cerca de ella sin la odiosa presencia del marido.” Desde ese momento no se separó del lado de la beldad, aunque sin atreverse a otra cosa que contemplarla, pero una tarde, estando ambos en un acantilado frente al mar, Cymon le dijo, “Belinda quería decirle…” Belinda dijo, “¡Por favor, cálle! Déje que hablen nuestros corazones. Es maravilloso cómo se comprenden.” Cymon le dijo, “Sí, pero sería yo tan feliz si pudiera tocar sus manos, cubrirlas de besos…” Belinda dijo agresivamente, “¡No Cymon, no! Quizá ya no podríamos separarnos y, entonces…¿Qué sería de nosotros?” Cymon dijo, “Tiene razón…¡Oh, Belinda, si supiera cuanto sufro!” Belinda dijo, “Y yo…pero es nuestro destino y solo nos queda aceptarlo.”
     Ya en la residencia, con su madre y su hermana, Cymon se sentía cada día mas enamorado y trataba de resignarse a su suerte. Su madre le decía, “Hijo, me preocupas. ¿Qué tienes? Dímelo.” Cymon le dijo, “¡Ay, madre…si te contára! Pero, para qué…es mejor que cárgue solo con mi cruz.” Y como haciendo un supremo esfuerzo, se levantó y salió con actitud de quien va al suicidio. La señora Tuggs dijo, “Carlota, ¿Qué le sucede a tu hermano?” Carlota dijo, “¡Quién sabe, mamá!¡Es tan especial!¡Por todo se deprime o se desmaya!” La señora Tuggs dijo, “Hija, no hables así del pobre Cymon! Es un joven sensible…” Carlota dijo, “No le hagas caso a Cymon, lo que más le agrada es llamar nuestra atención.”
     Transcurrieron diez días, y un día, sentados en una banca al aire libre, Belinda dijo a Cymon, “Walter regresa mañana…” Cymon dijo, “Sí, lo sé…mañana ya estará aquí…” Belinda le dijo, “¡Oh, Cymon, el casto deleite de este amor platónico, debe terminar para siempre!” Cymon le dijo, “¡No digas para siempre, Belinda!¡Por favor!” Belinda dijo, “Es preciso, Cymon.” Cymon dijo, “¿Porqué? Una amistad como la nuestra, tan inofensiva, no ofende a nadie. Tu esposo no podría oponerse a ella.” Belinda dijo alarmada, “¡Cuan poco lo conoces! Es celoso y vengativo. ¡Feroz en la venganza y loco en los celos!” Cymon dijo, “Pero nosotros no hemos hecho nada…” Belinda dijo, “Cymon, él no comprende nada. ¿Quieres que te vea asesinado ante mis propios ojos?” Cymon dijo asombrado, “¡Asesinado!” El pobre Cymon Tuggs se imaginó ese espantoso espectáculo. Imaginó que Walter lo traspasaba con una espada diciendo, “¡Muere canalla traidor!” Y en ese instante, un terrible miedo envolvió su amor. Cymon dijo, “¡Noooo!¡Asesinado nooo!” Belinda le dijo, “Entonces déjame ésta noche para siempre.” Cymon dijo, “¡Belinda, que cruel puede ser la vida con dos seres que se aman tanto!” Belinda le dijo enfáticamente, “¡No lo digas!¡Vámonos, te lo suplico!” Cymon dijo, “Antes quiero que sepas que nunca te olvidaré.”
     Llenos de tristeza, caminaron hasta la casa donde se alojaban los Brook. Cymon la tomó de las manos y le dijo, “Buenas Noches, Belinda…” Belinda dijo, “Buenas noches. Cymon, yo…” La institutriz abrió la puerta y dijo, “¿El señor no va a pasar?” Entonces Belinda dijo, “Quizá aun no sea tan tarde y…” El joven no pudo resistir la velada invitación, pero apenas estuvo en el salón de la casa, dijo, “No debí entrar. Qué caso tiene…Es mejor que me vaya.” Belinda le dijo, “Cymon, quiero que sepas que si en cualquier época de mi vida yo…” Entonces se escuchó la voz de Walter, “¡BELINDAAA!” Belinda dijo, “¡Mi marido!” Cymon dijo, “¿Qué?” El más terrible horror se pintó en la cara de la joven dama. Belinda dijo, “¡La cortina!¡Escóndete tras la cortina!” Cymon dijo, “¿Por qué? No hemos hecho nada malo…” Belinda insistió, “¡Cymon escóndete!¡Si te encuentra aquí, te matará!” Cymon dijo, “Pero…” Belinda dijo, “¡Rápido!¡Ya viene! Él no entiende razones.” Cymon dijo, “No creo que…”
     Belinda apenas tuvo tiempo de ocultar a Cymon cuando Walter apareció, diciendo, “Belinda, amor mío…” Belinda dijo, “Walter, qué sorpresa! No te esperaba hasta mañana…¡Ah, vienes con los Tuggs!” Walter dijo, “Fui a buscarte a su casa creyendo que estarías allí.” Belinda dijo, “Oh, no, aquí te aguardaba ansiosa.” Walter dijo, “Los invité a tomar algo. He extrañado a estos buenos amigos.” Belinda dijo, “Lo imagino Walter querido…por favor, siéntense.” Walter le dijo, “Belinda, amor, te tengo otra sorpresa. Espera un minuto.” Walter salió y no tardo en regresar. Walter regresó acompañado y dijo, “Miren a quien encontré en el vapor.” Belinda dijo, “¡Capitán Slaughter!¡Qué gusto me da volver a verlo!” Después de efusivos saludos, Walter dijo, “Sentémonos. Belinda, mi amor, sírvenos Brandy.” Belinda dijo, “De inmediato Walter querido.” En su escondite, Cymon pensaba, “¡Oh, no!...Hasta que hora van a estar aquí, y yo sin poder moverme. Apenas me atrevo a respirar.” 
     Mientras tanto en la sala, Walter decía, “Capitán, ¿Un cigarrillo?” El capitán dijo, “Sí, gracias. ¡No hay nada como un buen brandy y un cigarro!” Walter dijo, “Señor Tuggs, ¿Desea uno?” Joseph Tuggs dijo, “No, gracias. Hace mucho dejé de fumar. Cymon no soporta oler el humo del tabaco.” Carlota dijo, “El pobrecito de inmediato se siente enfermo.” Walter dijo, “Ahora recuerdo que una vez me lo comento.” A continuación, Walter y el capitán prendieron sus cigarros y empezaron a echar humo con la mayor tranquilidad. Walter dijo, “Delicioso, ¿verdad capitán?” El capitán dijo, “Excelente tabaco, realmente excelente.” El humo llenó la habitación, y se abrió paso entre las corinas. Cymon, quien estaba escondido tras ella, pensó, “Ya no puedo más…tengo que aguantarme, tengo que…” Inútil, no pudo, y comenzó a toser, “¡Cof, cof, cof…!” Walter dijo, “¡Oh, perdón señora Tuggs! No sabía que a usted también le molestaba el humo.” La señora Tuggs dijo, “¿Molestarme? No, de ninguna manera.” Walter insistió, “Pero la hace toser.” Ella dijo, “¿A mí? No. No…”  Walter dijo, “Señora, acaba usted de toser.” La señora Tuggs dijo, “¿Yo? Por supuesto que no he tosido señor Brooks.” Walter dijo, “Alguien tosió, estoy seguro.” El capitán Slaughter dijo, “A mí también me lo pareció…pero quizá fue solo mi imaginación.”
     Continuaron fumando. El humo llenaba la habitación. Entonces Cymon dijo, “¡Ay, Dios, ya no…! ¡Cof, Cof, Cof!” Walter dijo, “¡Fue una tos, ahora si no hay duda! ¿No fue usted señora?” La señora Tuggs se impacientó, y dijo, “¡Le he dicho que no, señor Brook!” Walter continuó interrogando y dijo, “Ni usted señor Tuggs…ni usted señorita Carlota.” Joseph Tuggs dijo, “Yo no.” Carlota dijo, “Yo tampoco.” Walter dijo, “¿Y entonces quién?” El capitán Slaughter dijo, “Creo que puedo decirlo.” El capitán se puso de pie y fue hacia las cortinas. De un tirón, el capitán abrió la cortina y apareció, Cymon. Walter dijo, “¡Qué significa eso!” Joseph Tuggs dijo, “¡Cymon!” Walter se alteró y dijo, “¡Slaughter, deme su sable, yo lo máto!” Belinda se arrodilló a su lado, diciendo, “¡Walter querido, perdón!¡Perdón!” Cymon se sentó en el piso lleno de miedo. La señora Tuggs fue a él, diciendo, “¡Cymon!¡Hijito!” Walter insistía, “¡Démelo!¡Démelo!” El capitán decía, “¡Walter, que vas a ser!” Walter dijo, lleno de cólera, “¡Lo voy a matar!¡Lo partiré en dos con la espada!” Belinda dijo, “¡Noooo, Walter!” 


     Slaughter dijo, “Walter, usted es un caballero. Un duelo es lo indicado en estos casos.” Walter dijo, “¡Sí, un duelo! Arregle todo, Slaughter lo encárgo de ello.” Y dando una mirada de olímpico desprecio, Walter se dirigió con aire digno a la puerta. Belinda dijo, “Walter, querido, te juro…” En breve, Belinda despidió a la familia Tuggs, diciendo, “Señor Tuggs, retírese con su familia. Yo iré mañana a visitarle.”
     Al día siguiente, ya en casa, ni que decir de la angustia de la familia Tuggs. Joseph Tuggs dijo, “Cymon, ¿Cómo pudiste?” Cymon, quien estaba en cama dijo, “¡Juro que no hice nada! Todo fue un malentendido. Soy inocente, padre.” Y casi llorando contó, cómo habían sucedido las cosas. Su madre dijo, llevándole un té, “¡Ay, hijo, te creemos pero las apariencias te acusan!¿Cómo convencer al señor Brook?” Carlota dijo, “Jamás lo lograríamos. ¡Pobre de su esposa, es capaz de matarla!” Al día siguiente, Slaughter se presentó a casa de los Tuggs, y dijo a Joseph, “Vengo para que nombren a sus padrinos. Espero que el joven sea buen espadachín. El señor Brook es campeón de esgrima.” La señora Tuggs dijo, “¡Oh, no! Joseph. Tenemos que hacer algo. Cymon jamás ha tomado una espada.” Joseph dijo al capitán, “¿No habría forma de arreglar este asunto sin llegar a un duelo?” Slaughter dijo, “Señor Tuggs, es una cuestión de honor.” 
     Joseph le respondió, señalando a su hijo, quien se encontraba postrado, “Lo sé, pero mi hijo está con una afección nerviosa.” Slaughter dijo, “Lo lamento mucho, en ese caso, trataré de que se llegue a una solución conveniente para todos…” Y el amable capitán por supuesto que la encontró. Después de unos minutos, la señora Tuggs decía, “Hijo, ya no tienes de que preocuparte. Todo está arreglado.” Joseph le dijo, “Espero que esto te sirva de lección para que no vuelvas a poner los ojos en una mujer casada.”
     Los Tuggs habían perdido una agradable amistad y 1500 libras de su capital. Carolina dijo, “Lo que más siento es que ya no conoceré a lady no se qué.” Su madre dijo, “¡Y yo que ya te veía frecuentando la corte!” Y mientras ellos lamentaban lo sucedido, Belinda se reía, diciendo, “¡Ja, Ja, Ja!¡Jamás nos habían tocado unas victimas más fáciles!” Walter reía también con el dinero en sus manos, diciendo, “¡Ja, Ja, Ja! No imaginé que nos costaría tan poco trabajo obtener 1500 libras.” Slaughter reía también, “¡Ja, Ja, Ja!” Belinda dijo, “¡Ay Walter, cómo que no! Desde que los vimos subir al vapor supimos que eran los tontos que necesitábamos!” Walter dijo, “Belinda, amor mío, reconozco que tienes razón.” El capitán Slaughter dijo, “Casi se pusieron de rodillas para agradecerme que me llevara las 1500 libras.” Walter dijo, “Debimos haberles pedido dos mil. También las habrían pagado.” Belinda dijo, “Yo estoy contenta de que todo haya terminado. Ya no soportaba a ese bobo de Cymon ni a la cursi de su hermana. Ni qué decir de la mamá. Desde que la compare con la duquesa empezó a actuar como si fuera una noble. ¡Ja, Ja, Ja!” Walter dijo, “Y no sabía ni comer. Son unos pobres diablos. ¿No es así, Slaughter?” El capitán dijo, “¡Ja!¡Ricos diablos diría yo!” Walter dijo, “Bueno, mañana dejamos Ramsgate. Ojalá en el vapor encontremos otra familia Tuggs.”
     Por suerte para ellos no es difícil en este mundo encontrar familias Tuggs. Ya una vez en el vapor, Walter dijo a Belinda, “Belinda mi amor…” Belinda le contestó, “Sí, ya sé, Walter querido: A trabajar…”
     Tomado de Novelas Inmortales. Año XV. No. 737. Enero 1ro. De 1992. Guión: Herwigd Comte. Segunda adaptación: José Escobar.

lunes, 17 de noviembre de 2014

El Enano Negro de Walter Scott

     La novela de Walter Scott, El Enano Negro, era parte de la primera serie de sus, Cuentos de Mi Arrendador, publicada junto con Vieja Mortalidad, del 2 de diciembre 1816 por el publicista escocés, William Blackwood, en Edimburgo, y el publicista ingles, John Murray, en Londres. Originalmente los cuatro volúmenes de la serie contarían historias separadas, pero Vieja Mortalidad llegó a ocupar tres de ellos.
Trama Introductorio
     La historia se sitúa justo después de la, Acta de Unión de Escocia e Inglaterra de 1707, en las colinas Liddesdale de la Frontera Escocesa, familiares para Scott en su obra de colección de baladas, La Trova de la Frontera Escocesa. El personaje principal se basa en David Ritchie, a quien conoció a Scott en el otoño de 1797. En el cuento, el enano es Sir Edward Mauley, un ermitaño considerado por los lugareños como estando en liga con el diablo, que se ve envuelto en una historia compleja de amor, venganza, traición, esquemas de jacobitas, y un matrimonio forzado amenazado. Scott, comenzó la novela bien, “pero cansado de la tierra que pise tantas veces antes... me pelié con mi historia, e hice  trampa en la conclusión.”  
      Los críticos y el público la encontraron pobre, en comparación con su popular compañero, Vieja Mortalidad. Una de las críticas más duras fue en el periódico político londinense, Quarterly Review, escrita en forma anónima por el propio Scott.
     La introducción a, El Enano Negro, atribuye la obra a Jedediah Cleishbotham, a quien Scott había inventado como un editor ficticio de la serie de Cuentos de Mi Arrendador. Es aquí donde tenemos la visión más completa de este personaje.
Argumento
     Mientas Hobbie Elliot regresaba en un páramo salvaje de una cacería de un día, pensando en las leyendas que había oído de sus ocupantes sobrenaturales después de caer la noche, fue alcanzado por Patrick Earnscliff, cuyo padre había sido asesinado en una pelea con el terrateniente de Ellislaw, Richard Vere. La luna de pronto reveló la figura de un enano humano, quien, una vez hablando, rechazó sus ofertas de ayuda, y les invita a que se retiren. Después de Hobbie haberlo invitado a cenar a Earnscliff, con sus compañeras, y a pasar la noche en su granja, Hobbie lo acompaña la mañana siguiente para enfrentarse al extraño ser por la luz del día; y asistirlo en recoger piedras para la construcción de una cabaña, donde le suministrarán alimentos y otros artículos necesarios. En poco tiempo los tres terminan su morada, y el enano llega a ser conocido por los vecinos, a quienes da recetas por sus dolencias, como Elshender el Recluso.
     Siendo visitado por Isabel Vere y dos de sus amigas, el enano les cuenta sus fortunas, y le da una rosa a Isabel, con instrucciones estrictas de traérsela, en su hora de adversidad. Mientras cabalgaban hacia casa, la conversación de las tres chicas implica que Isabel amaba al joven Patrick Earnscliff, pero que el señor Vere, su padre, intenta casarla con sir Frederick Langley. Otro de los visitantes del enano es Willie Graeme de Westburnflat, quien lo conoce en su camino de vengar una afrenta que había recibido de Hobbie Elliot, cuyo perro al día siguiente había matado a una de las cabras del enano Elshie, por lo que Willie le advirtió que la retribución estaba a la mano.
     Poco después, Willie Graeme le trajo el aviso al Elshie de que él y sus compañeros habían incendiado la granja de Hobbie, y se habían llevado a su novia, Grace Armstrong, y algunas cabezas de ganado. Al oír esto Elshie, lo despachó con un poco de dinero, e insistió en que Gracia debería de mantenerse a salvo. Después de haber dispersado a sus vecinos en busca de ella, Hobbie Elliot fue a consultar a Elshie, quien le entregó una bolsa de oro, que Hobbie negó, y Elshie le dio a entender que debía buscar a aquella a quien él había perdido, “en el oeste.” Earnscliff y su gente habían rastreado el ganado hasta la frontera inglesa, pero al encontrar una gran fuerza jacobita reunida allí regresaron, y se decidió a atacar la fortaleza de Westburnflat. Al acercarse a ella, una mano femenina, cuyo amante juró era la de Gracia, les saludó con la mano en señal a ellos desde una torreta, y mientras que estaban preparando una hoguera para forzar la puerta, Willie Graeme accedió a liberar a su prisionera, quien resultó ser Isabel Vere. Al llegar a casa, sin embargo, Elliot encontró que Grace había sido traída de nuevo, y al amanecer se retiró para aceptar el dinero que el enano le había ofrecido para reparar su casa. Isabel había sido secuestrada por rufianes mientras caminaba con su padre, quien parecía abrumado por la pena, y tenía la impresión de que Earnscliff, su amante, era el delincuente; mientras que el señor Ratcliffe, quien manejo sus asuntos, sugirió que Sir Frederick tenía motivos más fuertes para colocarla a ella, bajo su restricción. La sospecha del señor Vere parecía justificada por su encuentro al regresar su hija, bajo el cuidado de su amante; pero ella confirmó su versión de las circunstancias bajo las cuales él había intervenido, para la incomodidad evidente de su rival y su padre.
     El mismo día, en una gran reunión de los partidarios del pretendiente en la sala del castillo de Ellieslaw, Ralph Mareschal produce una carta que disipa todas sus esperanzas, y Sir Frederick insiste en que su matrimonio con Isabel debe tener lugar antes de la medianoche. Ella había dado su consentimiento, en representación de su padre cuya vida sería confiscada si ella se negaba, cuando en ese momento el señor Ratcliffe la convence de hacer uso de la prenda que Elshie le había dado, y la acompaña a la morada de Elshie. Elshie le promete que al pie del altar la redimirá; y, mientras la ceremonia se inicia en la capilla, una voz, que parecía proceder de la tumba de su madre, pronuncia la palabra, “Abstente.” Tanto el nombre como el rango real del enano enseguida son revelados, así como las circunstancias por las cuales había adquirido el poder de interferir así, en el nombre de Isabel, mientras Hobbie y sus amigos apoyan al señor Ratcliffe, en la dispersión de los aspirantes a los rebeldes. Sir Edward, al mismo tiempo, desaparece de los alrededores, y el señor Vere se retira, con una amplia bolsa de dinero, al Continente, mientras todos los bienes de Ellieslaw, así como todo lo del barón, se deciden por Earnscliff y su novia Isabel. Sir Frederick Langley fue, unos años después, ejecutado en Preston, y Westburnflat ganó una comisión en el ejército de Marlborough por sus servicios al proveer de ganado al comisariado.
Lista de Personajes
• Hobbie Elliot, de la granja Heughfoot.
• Su abuela.
• Vieja Annapple, su madre adoptiva.
• Lilias, Jean y Annot, sus hermanas.
• Gracia Armstrong, su prima y novia.
• Patrick Earnscliff, un joven escudero.
• Elshie, el Enano del páramo De Mucklestane; revelado como Sir Edward Mauley.
• Sr. Richard Vere, el Terrateniente de Ellislaw, que había traicionado a Sir Edward.
• Isabel Vere, su hija de Richard Vere.
• Sir Frederick Langley, su pretendiente de Isabel Vere.
• Lucy Ilderton, su amiga.
• Willie Graeme de Westerburnflat, un filibustero.
• Sr. Hubert Ratcliffe, amigo de Sir William Mauley.
• Ralph Mareschal, primo del señor Richard Vere.
• Dr. Hobbler, un sacerdote. (Wikipedia en Ingles)
El Enano Negro
de Walter Scott
     Una tarde, en la Escocia del siglo XV, dos esbeltos jóvenes amigos, ejercitaban las destrezas de la caza. Lo hacían a menudo gozando de la situación. Cuando divisaron a un jabalí, uno de ellos dijo, “¡Ja! Dos duros a que no aciertas al blanco.” El otro contestó, “De acuerdo, aquí está mi respuesta.”  El jinete apuntó con su ballesta. El disparo fue fulminante y atravesó el cuerpo del jabalí. El jinete que había desafiado a su compañero le dijo, “Esta bien, Hobbie. Te debo dos duros.” Hobbie dijo, “¡Bah, tú hubieras acertado también! Ayúdame a cargar al Jabalí.” Ambos lo subieron a uno de los caballos y uno de ellos, Earnscliff dijo, “Es cierto que necesitamos usar bien nuestras armas.” Hobbie dijo, “Sí, Escocia debe rechazar la prepotencia inglesa.” Ambos reanudaron su cabalgata y Earnscliff dijo, “Nuestra reina Ana, resistió bien. Pero ahora que ha muerto, los Estuardos pretenden unificar todo.” Hobbie dijo, “No lo permitiremos. Que Jacobo I se convenza.”
     Cabalgaron despacio, discutiendo esos asuntos políticos. Entonces, Hobbie dijo, “Sobre todo, urge desenmascarar traidores escoceses.” Earnscliff dijo, “Hay sospechas. Se requieren confirmarlas.” Hobbie dijo, “Te juro que les haré lo que a éste Jabalí, Earnscliff.” Earnscliff dijo, “No lo dudo…espera…alguien corre hacia nosotros.” Era un viejo pastor de la zona a quien conocían. El hombre, tenía vestimentas de siervo, y les dijo, “¡Mr. Hobbie, Mr. Earnscliff, vi algo espantoso!” Hobbie le dijo, “Esta bien hermano, recupera el aliento y cuéntanos.” El hombre dijo, “Era él, ese demonio. ¡Era el enano negro, amigos!” Earnscliff le dijo, “¡Vamos! No contarás las exageraciones que cuenta mi abuela sobre ese ser inexistente.” El hombre le dijo, “Usted hace mal en no creer a esa buena anciana.” Hobbie le dijo, “Ella es muy supersticiosa. Pero te oímos.” El hombre dijo, “El enano negro es el verdadero Duergar del Norte, un engendro de la peor ralea. ¡Maligno de verdad! Aparece y desaparece, declara pestes, tuerce ríos, causa tempestades…y ese horrible aspecto que presenta. Su cabeza se ve inmensa al lado del cuerpo mezquino. Su rostro espanta. Sus ojos inoculan veneno, es…es atroz.” Earnscliff dijo, “Esta bien. Te parece un enviado del diablo. Ahora dinos, ¿Acaso acaba de perseguirte?” El hombre dijo, “No, solo lo divisé desde lejos. Eso bastó para horrorizarme.” Hobbie le dijo, “Eah, dinos dónde los viste y acabemos. Ya anochece.” El hombre dijo, “Por eso corro hacia mi casa. Lo vi tras aquellos arboles, entre las ruinas circulares. ¡No se acerquen allí!” Earnscliff dijo, “Eso es cosa nuestra, pastor. Sabemos defendernos.”
      Ambos jinetes rodearon el bosquecillo sobre una loma, y al bajar, Hobbie dijo, “Pobre viejo, la superstición lo hace crear monstruos.” Earnscliff le dijo, “Es posible, pero echemos un vistazo, nada nos cuesta.” Un viejo adoratorio derrumbado, con dólmenes y megalitos, ocupaba aquel lugar solitario de la comarca. Aquel emplazamiento los sobrecogió, luego de las palabras del viejo pastor.  Hobbie dijo, “¿Qué opinas amigo?” Earnscliff le dijo, “Mal lugar, donde en alguna época hubo cosas horribles.” Hobbie le dijo, “¿Piensas hablar de Sabbats, y de misas negras, acaso?” Earnscliff le dijo, “No, pero podríamos discutirlo aquí.” De pronto, el caballo se encabrito,  y Earnscliff le dijo, “¿Y a ti que te pasa?” Hobbie dijo, “Nervioso, igual que mi potro. Algo han notado…” Earnscliff divisó algo que le heló la sangre, y dijo, “Creo que acábo de ver…¡Santos cielos!” 
     Hobbie dijo, “También yo lo veo, una silueta pequeña y contrahecha.” Earnscliff le dijo, “¿N-no es mejor volver grupas e irnos?” Hobbie dijo, “Espera, déjame aclarar esto. ¡Amigo, identifíquese!” Earnscliff le dijo, “Yo me voy de este infierno.” Y Hobbie siguió a su aterrado compañero, y mientras galopaba le gritó, “No seas tonto, regresa.” Earnscliff le gritó, “Quiero estar lejos de aquí.” Sin hablar más azuzaron a sus cabalgaduras, poniendo distancia entre ellos y aquel adoratorio en ruinas. Solo al llegar a la aldea dieron, descanso a los potros. Llegaron a una aldea, y antes de apearse, Hobbie dijo, “¿No crees que estamos haciendo el ridículo?” Earnscliff le dijo, “Es posible. Tomemos buen vino y olvidémoslo.”
     Una taberna fue el lugar escogido. Hobbie entro cargando el jabalí en su hombro. Cuando los dos ingresaron a la taberna, el tabernero dijo, “Buena caza sir Hobbie. Pero, ¿Qué le pasó a Earnscliff? Parece haber visto a demonio.” Hobbie dijo, “Déjalo en paz, necesita un buen trago.” Durante un momento, solo escanciaron una bebida recia y ordinaria, que al asustado le devolvió el color. Ya sentados ambos en una mesa, Earnscliff dijo, “No supones que soy un cobarde, ¿Verdad?” Hobbie le dijo, “De ningún modo, ni siquiera por tu conducta ante ese tal Ellieslaw.” Earnscliff le dijo, “Menos mal que me entiendes. Sé que el vino y la política ofuscan, por eso esperaré mi oportunidad.”  Hobbie le dijo, “La tendrás. Él no debió herir a tu padre desarmado.” Earnscliff le dijo, “Además, sospecho que es realista.” Hobbie le contestó, “También yo, pero callemos. No hay pruebas de ello, y es malo basarse en infundios.” Ambos alzaron sus tarros para brindar y Earnscliff le dijo, “Si ese tipo de quien sospechamos, ya caerá.” Hobbie dijo, “Mientras tanto, brindemos por la independencia de Escocia.” El motivo del brindis, dicho a voz de jarro, fue oído y compartido por los asistentes, de pronto serios. El silencio fue más comprometido, más hondo que las meras formulas habituales.
     Ambos cazadores pagaron lo consumido y se retiraron. Uno de los parroquianos dijo, “Salúdeme a su familia, Hobbie Elliot.” Hobbie dijo, “Así lo haré, sir Mc Adams.” Una vez más montaron, saliendo de la aldea. A varios kilómetros del poblado, llegaron a la casa de la familia de Hobbie. La alarmada madre del joven los recibió, diciendo, “¡Por Dios! Tardaron mucho. Temí por ustedes.” Earnscliff le dijo, “Señora, su hijo cazó este jabalí sin peligro.” La mujer dijo, “Me refiero que vino Duck, el pastor de ovejas…” Hobbie dijo, “Ya veo. Les contó una historia horrible. Les dijo que fuimos allí. Luego tardamos, y se preocuparon.” La mujer dijo, “Así es. Temimos que el enano negro los atacara.” Earnscliff le dijo, “No nos atacó, aunque lo vimos. Tardamos bebiendo un poco de whisky en la aldea.” Una tierna escena se cumplió al margen de la plática. Hobbie beso a Gracia, su novia, una joven criada en el seno de la familia. Los dos se amaban desde que eran niños. Se besaron. La madre continuó, “Entonces Duck no vio visiones. ¿Eh? Ustedes mismos vieron a ese engendro. Siempre he creído que es real.” Earnscliff le dijo, “Yo me espanté, pero no conviene ser supersticioso.” La mujer le dijo, “Caballerito, mis ochenta y seis años saben más que tú. Oye y calla, voy a darte una lección.”
      La mujer comenzó a narrar, “Una vez el monstruo se apiadó de una de sus víctimas, a quienes solía comerse y le contó su horrible historia. Le dijo que era el Lord de los pantanos y montañas que bordean el Cumberland. Que protegía a los animales y mataba a quienes dañaban o comían a éstos. Dijo ser un especie de mitad hombre, mitad animal, castigada por su carácter híbrido que no tenía edad, que hasta influyó en la redención de los hijos de Adán. Solo su interlocutor volvió para contarlo. ¿Qué lo habrá hecho reaparecer por aquí? ¡Misterio!” Earnscliff le dijo, “Habrá que averiguarlo. Mientras tanto, ahí hay buena carne de jabalí cazado por Hobbie.” Hobbie llegó y dijo, “Tendemos asado y te quedarás a dormir ésta noche en mi casa, para apetecerlo. ¿Aceptas?” Earnscliff le dijo, “De acuerdo. No quiero hallar por ahí a esa cosa.”Ambos hicieron un plan muy simple. Hobbie le dijo, “Mañana volveremos a las ruinas. Aclararemos todo.” Earnscliff le dijo, “¡Buena idea! Ahora asemos esto. ¡Tengo hambre!” 
     Más tarde, ambos saboreaban aquel manjar bien adobado y conversaban animosos, como para esquivar los efectos de la extraña visión y conversaciones sobre el enano.
     A la mañana siguiente acometieron el cumplimiento de aquel plan. Ya en las ruinas circulares, Earnscliff dijo, “¿Lo que vimos solo será visible por la noche?” Hobbie dijo, “No lo creo pero calla, creo que algo se movió allí.” De pronto se asombraron al mismo tiempo. Un silencioso personaje diminuto y contrahecho, los observaba a su vez. La voz grave, bien entonada, y unas sagaces palabras discordaban violentamente con el personaje, quien dijo, “Ya los vi anoche rondando por aquí. ¿Qué se les ofrece?” Ambos se apearon y se acercaron al pequeño hombre. Earnscliff le dijo, “Bueno…no-nosotros pasábamos…y…” Hobbie dijo a Earnscliff, “Déjame a mí, amigo.” Enseguida se dirigió al pequeño hombre, “Temimos que le ocurriese algo malo. Por eso hemos regresado. Creo que si intentamos dialogar…” El enano dijo, “¡Alto, no se acerquen! No hay nada que dialogar. Puedo arreglármelas solo. ¡Váyanse!” Hobbie le dijo, “Somos amigos, señor. Me llámo Hobbie Elliot, y él es Earnscliff.” El enano dijo, “¿Ah?¡ interesante! Sé que están por la buena causa. Abogan por la autonomía escocesa, se preparan para defenderla y saben que hay traidores en sus filas, ¿No?” Earnscliff dijo, “¿Cómo sabe todo eso, señor…señor…?” El hombrecillo le dijo, “Puede llamarme Elsie, Enano, Contrahecho, Engendro del Demonio. Mucha gente me nombra así, y ya no protésto. En cuanto a lo que sé, se muchas cosas. También tengo fama de adivino, de brujo, señores.” Hobbie le dijo, “Pues bien, Elsie, nóto que has estado trabajando.” Elsie le dijo, “¿También eres adivino, acaso?” Hobbie dijo, “No haría falta. Vi esas rocas apiladas por usted.” Hobbie fue y tomo una piedra grande y la cargó, diciendo, “Estoy dispuesto a ayudarlo, ¿Me secundas amigo?” Earnscliff dijo, “¡Por supuesto. Manos a la obra!”
     Se dieron a esa tarea con el afán, sin percibir que el enano embellecía un poco sus rasgos con una enigmática sonrisa. Elsie dijo, “Esta bien. Acepto su ayuda. Pero deténgase…se trata de edificar una cabaña. Les diré como la quiero.” Hobbie dijo, “Lo escuchamos.” A partir de ahí, trabajaron duro y la casa de piedra entre las ruinas circulares fue tomando forma. Durante varios días, trabajaron casi sin hablar comiendo viandas que los amigos traían de sus casas. En todo momento el enano dirigió la obra, mostrando insólitas virtudes de arquitecto e ingeniero. La obra requirió menos de una semana. Hobbie dijo al verla terminada, “¡Listo! Bella, funcional, y solida.” Earnscliff dijo, “Sí, nos dará gusto visitar en ella a Elsie.” El aludido respondió con un tono amargo, “¡No! Quiero estar solo, recuérdenlo y hagan correr la voz. No quiero a nadie rondando por aquí.” Elsie iba a entrar a su casa cuando Earnscliff le dijo, “Espere. ¿Olvida la ayuda que le brindamos?” Elsie dijo, “No, dígame cuanto he de pagarles. Tengo mas dinero del que se imaginan.” Hobbie dijo, “Le ayudamos desinteresadamente, no cobramos.” Elsie dijo, “Gracias hijos. Lo recordare. Insisto, tengo dinero a mano, si les falta avíseme. Mientras tanto que se respete mi soledad. ¿Oyeron?” Hobbie dijo, “De acuerdo. Extraño, pero así se hará.” Ambos montaron es sus caballos y partieron. Tampoco esta vez supieron de la sonrisa reflexiva del enano, quien pensó, “Sí, conozco sus apellidos y sé en qué andan. Pero aún no es hora de entrar en escena. Ya me conocerán.”
     Mientras tanto, no lejos de las ruinas, un castillo rico y viejo vivía su jornada normal. Por las terrazas se paseaba el dueño de casa y un visitante. Un hombre llamado Richard Ellieslaw decía, “Sir Frederick, usted me presiona demasiado, ¿Sabe?” Sir Frederick le dijo, “¡Claro que lo sé! Y cada vez presionare más. Ambos tenemos mucho que ganar  y si alguien pierde será usted solo, Ellieslaw.” Ellieslaw dijo, “Cierto. No tengo alternativa…” Sir Frederick dijo, “Ya lo hemos discutido, solo un casamiento entre su hija y yo unirá ambas fortunas. Eso significaría el dominio de todo lo que abarca nuestra vista. Londres también lo vería con agrado.” Ellieslaw dijo, “Baje la voz. Por ahora nuestra política es secreta.” Sir Frederick le dio una palmada en el hombre y dijo, “Aún lo creen un escocés puro, en su propia casa. ¿Eh? ¡Jo Jo Jo, es gracioso!” Ellieslaw dijo, “Le dije que bajara la voz (cof cof)” Sir Frederick lo tomo del cuello de su ropa y le dijo, “¡Escúcheme! Nuestro vasto plan comienza por ese casamiento. ¿O prefiere que divulgue ciertas cositas…?” Ellieslaw dijo, “No lo haga. Todo saldrá como acordamos, se lo prometo. Sin embargo, creo que todavía podemos evitar…” Sir Frederick dijo, “Shht, ahí viene ella. Que no nos oiga.”
     Isabel Vere, hija de Richard Ellieslaw Vere, terrateniente de Ellieslaw, estaba por salir de paseo con dos amigas. Una de las mujeres le dijo, “¿Ya está listo tu caballo?” Isabel dijo, “Creo que sí. Déjenme avisarle a mi padre.” Sir Frederick le dijo, “Disculpe, ¿No le agradaría mas mi compañía, querida?” Isabel le dijo, “Lo de ‘querida’ evíteselo, sir Frederick. Ya habrá alguien que se lo acepte.” Sir Frederick le dijo, “Acéptelo usted. Obtendrá grandes satisfacciones.” Ella le dijo, “No cuento con ellas. Soy dueña de esa decisión.” Isabel se dirigió a su padre y le dijo, “¿No es cierto, padre, que lo sentimental es cosa mía?” Ellieslaw le dijo, “S-si…lo es…aunque sir Frederick se merece…” Isabel le dio un beso en la mejilla y le dijo, “Lo que él merezca, no es cosa mía. Hasta luego.” Ellieslaw dijo, “¡Mmm! Eres una gatita caprichosa, hija.” Las chicas se alejaron entre risas. Sir Frederick dijo, “Una chica terca. ¿Dejara que se salga con la suya?” Ellieslaw dijo, “No. Solo será difícil. Estoy en vuestras manos, sir.” Sir Frederick le dijo, “Lo sé. Vamos a ese plan. Entonces, escuche bien.”
     Mientras tanto, sin saber el complot que aquellos dos hombres tramaban, las jóvenes galopaban por los prados, en sus respectivos caballos. Cuando se apearon y tomaron un respiro para juntar florecillas, Isabel dijo, “Estoy nerviosa amigas. Sir Frederick ya me acosa.” Lucy dijo, “¿Y qué? No estás obligada a aceptar un tipo así.” Isabel dijo, “Temo que no se conformará con mi negativa.” Gracia le dijo, “¡Bah! No te preocupes por ese tonto! Earnscliff acabara poniéndolo en su sitio. Toma una flor.” Isabel dijo, “Gracias. Quedara bien en mi pelo.” Lucy dijo, “Te adornaremos, ¿Quieres? De la misma forma en que lo haremos para tu boda con ese joven.” Isabel dijo, “Lo amo, en efecto, pero también mi padre me inquieta.” Gracia le dijo, “¿Por ser amiga de Sir Frederick? ¡Oh! Deja eso. Seran temas políticos ajenos a ti.” Isabel dijo, mientras la peinaban, “Si, también los hay y me tiene preocupada.” Gracia le dijo, “Espera, ¿Insinúas que conspiran contra Escocia?” Isabel dijo, “¡Quién sabe! Ese tipo es peligroso y mi padre débil.” Lucy le dijo, “Dejemos ese mal tema. Ven a verte al espejo.” Gracia le dijo, “Eres bella Isabel. Compruébalo tú misma.” Las aguas de un manantial dieron una imagen fiel. Isabel dijo, “¡Oh, me han convertido en, en…” Su amiga dijo, “En una hada o beldad. Dilo. Como para tu boda, ¡Ji!”
     Luego que las tres mujeres prosiguieron la cabalgata, Isabel y las dos mujeres vieron hacia lo lejos. Isabel dijo, “¡Hey miren eso! ¡Una cabaña en las ruinas circulares!” Gracia dijo, “¿De quién será? Hace unos días no estaba.” Lucy dijo, “Una excelente construcción solitaria, al parecer” Gracia dijo, “Alguien habrá, pues su chimenea despide humo.” De pronto se hizo ver el solitario habitante. Gracia dijo, “¡Miren eso!¿Qué es?¿Hombre o medio hombre?” Lucy dijo, “Un proyecto humano, mejor di. ¡Ja, Ja, Ja!” Aquello exasperó a Elsie, el enano, quien les dijo, “¿Perturban y se burlan de mí? Largo de aquí, pilluelas.” Lucy dijo, “¡Ay, qué miedo! ¿Nos perseguirá con sus piernas cortas?” Lucy dijo, “Ya vámonos. Dejemos a esa pequeña cosa. ¡Isabel!¡Isabel Vere!¿Qué te pasa?” Isabel dijo, “Nada, déjenme tranquila.” Gracia le dijo, “¡Oh, te ves tonta tu también! ¡Vámonos Lucy! Te esperamos junto al manantial querida.”
     Isabel se bajó del caballo, y se acercó al enano. Algo extraño le resultaba familiar, en aquel personaje. Elsie le dijo, “Así que eres hija de Richard Ellieslaw Vere. ¿Eh, muchacha?” Isabel dijo, “Sí, pero hablemos de usted.” Elsie dijo, “Yo no intereso. Digamos que soy un nuevo vecino, y que no ignóro cosas de la comarca.” Isabel dijo, “¿Por qué ha edificado aquí esta cabaña?” Elsie dijo, “Razones personales señorita. Pero me ayudaron dos amigos: Hobbie y Earnscliff. ¿Los reconoces?” Isabel dijo, “¡Oh, ya lo creo que sí!” Al oír el segundo nombre, ella se ruborizo. Elsie dijo, “Veo que uno de ellos no te es indiferente. ¿Deseas visitar mi humilde morada?” Isabel dijo, “S-sí, claro.” El sobrio y bello interior, agradó a Isabel. Isabel le dijo, “Me gusta, ¿Piensa vivir aquí mucho tiempo?” Elsie dijo, “Ejem, lo que sea necesario…no preguntes más.” Isabel dijo, “No sé porque, siento que puedo confiar en usted.” Elsie dijo, “Gracias por la confianza, déjame retribuirla ahora mismo. Toma esta rosa, guárdala bien y escucha.” Isabel dijo, “Es un bello presente sir…” Elsie completó la frase, diciendo, “Elsie, así me llaman. ¡Sé que estas en aprietos, tienes un pretendiente peligroso, a quien no amas!” Isabel dijo, “¡Cierto!¿Cómo se enteró?” Elsie dijo, “No te lo diré, pequeña. Solo quiero que sepas que estoy dispuesto a ayudarte. Guarda esa rosa, es tu símbolo. Cuando vengas muéstramela, o a un pétalo, y conseguirás mucho de mí.” Isabel dijo, “Lo tendré en cuenta, Elsie. Me agrada saber que usted y Earnscliff se entienden bien.” Elsie dijo, “Mejor no comentes que viniste, o causaras cólera.” Elsie la acompañó a la puerta y le dijo, “Ahora vete. Tus tontas amiguitas te esperan.” Isabel dijo, “Lo haré. Gracias por preocuparse de mí.” Isabel subió a su caballo, y Elsie dijo, “Recuerda, por peor que te vaya, cuentas conmigo.” Isabel dijo, “No me apartaré de esa bella rosa. ¡Adiós!” El enano la miró alejarse, pero algo más fuerte que su voluntad lo embargó, arrancando de sus ojos unas lagrimas. Elsie pensó, “Ve con Dios, muchacha. También lo necesitarás.”
     Todo continuo normalmente, pero dos noches más tarde, unos rebeldes llegaron a la aldea, uno de ellos gritando, “Arriba mis bravos, sin contemplaciones.” Los gritos, cascos de potros y teas, aterraron a la familia de Hobbie Elliot. Una de las mujeres dijo, abriendo una puerta, “Vengan por aquí. Es nuestra única escapatoria.” La prisa hizo que olvidaran a la abuela. Solo Gracia se dio cuenta, quien dijo, “Oh, debo de sacar a ella también.” Gracia hizo lo que pudo, pero ya demasiado tarde. Tomó a la anciana de las manos y dijo, “¡Vámonos de aquí ya mismo, o…!¡Demonios!” Tras varios ruidos, un encapuchado entró y dijo, señalando, “¡Ja! Ninguna puerta me detiene. ¡Vayan por la joven!” Otro de los rebeldes dijo, “¡Con gusto, Jefe!” Redujeron a Gracia con facilidad. El encapuchado dijo, “Trátenla bien. La llevaremos con nosotros.” El rebelde dijo, “Cálmate pequeña. Todo esfuerzo es inútil.” La anciana reaccionó con violencia, gritando, “Mi vida por la de ella, malditos. Déjenla.” El encapuchado dijo, “Calle vieja. Sería un mal negocio.” El encapuchado la levantó, y dijo, “Solo la levanto para sacarla de aquí. Esto enseguida será un infierno.” La mujer dijo, “¡Maldito, solo con mujeres solas se atreven!” El encapuchado dijo, “Alejare a esta anciana. Hagan que mande el fuego.” Uno de los hombres dijo, arrojando una tea encendida, “Volveremos día la noche jefe. Apártese.” Las antorchas volaron, meciendo sus lenguas destructoras. En pocos minutos la mansión ardió como yesca. Uno de los hombres dijo, “Vámonos de aquí, enseguida.” El encapuchado dijo, “Sí, que estos potros vuelen en la noche.”
     Un cuadro de desastre se pintó, con las llamas de aquella pira gigantesca. Al día siguiente, el amanecer dejó ver los restos del siniestro, para drama de las dueñas de casa. Una comitiva llegó a consolar a las mujeres. Uno de los hombres de la comitiva le dijo a una mujer, “¡Cálmese Miss, al menos todas ustedes salieron con vida!” La mujer dijo, “Perdimos la casa. Pero, temo por la vida de Gracia.” El hombre le dijo, “Ya verá. La traeremos de vuelta con estos amigos.” La mujer dijo “¡Cuánto deseo que Hobbie esté aquí!” El hombre dijo, “No, así es mejor, ya que pudieron haberlo matado. ¿Dónde se encuentra?” La mujer dijo, “En Dallom, fue a negociar unos becerros nuestros.” El hombre dijo, “Bueno, no lo podemos esperar. Cuando llegue dígale que siga nuestra huella.” La mujer dijo, “Lo hará. Él ama a Gracia. Ve con Dios, muchacho.” La comitiva inició su persecución rápido al principio. Luego, con más lentitud por terrenos pedregosos. Pero un rastreador localizó con trabajo los rastros, paso a paso, pasito a pasito.
     Mientras tanto, entre las ruinas circulares, en la morada de Elsie, una cabra baló su espanto. Un perro atacó a la cabra, y el dueño de ésta, Elsie, acudió diciendo con un palo en mano al perro, “¡Maldito carnicero, tendrás tu merecido!” Un sordo combate se libró junto a aquella casa. De pronto, una mano firme detuvo al pequeño defensor, quien dijo, “¡Rayos y truenos!¿Quién osa…?” Hobbie se presentó, diciendo, “Soy yo amigo, ¿Es que mi perro dañó a su cabra?” Elsie dijo, “Estuvo a punto de hacerlo. Por lo pronto lo asustó.” Hobbie dijo, “Le mandaré otra cabra. No se preocupe.” Elsie le dijo, “Tu perro es un asesino. Deberías sacrificarlo.” Hobbie dijo, “No, es buen arriero, solo que conoce a ovejas, no cabras.” Elsie le dijo, “Esta bien. Mantenlo lejos de mi casa, ¿Oíste?” Sin más palabras, Elsie se metió con su cabra a la casa. Hobbie pensó, “¡Caray! Sin duda ya hizo de cuenta que no existo.” Hobbie montó y cabalgó alegremente hacia su propia casa, deseando ver a su gente y darles la noticia de una buena venta de los borregos. Su mente estaba llena de ilusiones y alegrías, pensando, “Ya ofreceré matrimonio a Gracia. Ella aceptará. Debí habérselo comentado a Elsie.” Todavía tuvo una ocurrencia por el camino, y pensó, “Mejor gestióno los servicios del sacerdote en la aldea, y así, cuando llegue a mi casa, todo estará listo.”
     Mientras tanto, alguien tocó la puerta en las ruinas circulares, de la casa de Elsie. Elsie, dentro de la casa, ordeñaba la cabra, y pensó, “¿Quién será? De seguro alguien que ignora que me molestan las visitas.” Elsie abrió la puerta y dijo, “¡Westburnflat! El rojo!¿Qué quieres de mi?” El hombre dijo, “He oído que estaba usted aquí, Elsie, y vine a verlo.” Elsie le dijo, “Te escucho.” El hombre dijo, “Señor, cumplo mi promesa de tenerlo informado.” El hombre portaba una espada y tenía un aspecto de un fiero guerrero. Aquel siniestro personaje estuvo hablando unos minutos con el enano en tono de intimidad.
     Un rato después, Hobbie, hechas sus gestiones en la parroquia aldeana, galopaba alborozado a su casa. Cuando estaba cerca, su semblante cambió esa expresión de alegría. Y dijo, “Pero…¿Qué demonios ven mis ojos?” Hobbie se apeó de su caballo, y dijo, a las dos mujeres, “¡Dios mío, la casa quemada, todo perdido!” La madre de Hobbie dijo, “Y eso no es todo hijo, prepárate para lo peor.” Hobbie se alteró, y dijo, “¡Gracia! ¿Dónde está mi adorada Gracia?” Su madre dijo, “A eso iba, hijo. Unos vándalos la raptaron, luego de prender fuego a nuestra vivienda.” Hobbie no pudo contener un sollozo. Su madre dijo, “Calma muchacho, el que comandaba dijo a los otros, ‘Trátenla bien.’ Earnscliff  y otros fueron tras ellos. Dejaron dicho que los siguieras.” Hobbie dijo, “Lo haré, pero, ¿Dónde viviremos ahora?” Su madre dijo, “No sé, estamos arruinados. Al menos hagamos un plan para recuperar a Gracia.” Hobbie dijo, “¡Espera! Tengo una idea, es nuestra única salida.” Hobbie subió la caballo, y su madre dijo, “¿Te has vuelto loco, hijo?” Hobbie dijo, “No, madre. Cuida a mi hermana y a la abuela. Tal vez lo de la casa y Gracia tenga solución.”
     Hobbie emprendió un avance frenético, diciendo a su caballo, “¡Yaaaaah!” El enano era su meta. Cuando llegó a las ruinas circulares, Elsie dijo, “¿Qué te pasa, hijo?” Hobbie se bajó del caballo y dijo, “Elsie, usted me prometió ayuda. Ahora la necesito.” Elsie le dijo, “Estoy enterado. Tu casa quemada y tu chica secuestrada.” Hobbie le dijo, “¿Cómo diablos lo averiguó usted?” Elsie le dijo, “Soy adivino, ¿Lo sabes?¡Espérame! Vuelvo enseguida.” Hobbie pensó, “Cada vez me asombra mas este tipo.” Elsie regresó con una bolsa de monedas de oro y le dijo, “Te esperaba con esto pronto. Tómalo, te ayudará.” Hobbie dijo, “¿Qué es? Tintinea.” Hobbie la tomó, y al abrirla dijo, “¡Una fortuna! Lo acepto como préstamo, mi familia necesita una casa.” Elsie le dijo, “Hazla como hicimos la mía. Sera mejor que la anterior.” Enseguida, Elsie señaló hacia el horizonte y dijo, “Tu partida de amigos va en esa dirección. ¿Entiendes? Siempre hacia el sureste.” Hobbie le dijo, “Gracias señor. Usted hace demasiado por mí.” Elsie le dijo, “Ya me devolverás favor con favor. Ahora vete.” Hobbie montó a su caballo y dijo, “Si, pronto regresaré a informarle de lo hecho.” El enano lo miró irse y llegó a una conclusión, pensando, “¡Todo va bien! Creo que se acerca la hora de que yo éntre en acción y se haga justicia…”
     Mientras tanto, Earnscliff y los perseguidores hacían progresos. Llegando a caballo a las puertas de un castillo, uno de los perseguidores dijo, “Los rastros, mal borrados, llegaran hasta aquí.” Otro de los perseguidores dijo, “No parece haber nadie, ¿Habrán huido?” Earnscliff dijo, “Haya gente o no, con ramas secas encenderemos el portón.” Otro dijo, “Sí, como ellos incendiaron una casa.” La maniobra fue vista desde una ventana alta. Era una anciana. Desde abajo, uno de los hombres dijo, “Miren, una anciana con bandera de parlamento.” Earnscliff le gritó, “Baje señora y hablemos.” La mujer les dijo desde arriba, “No tienen derecho a destruir mis pertenencias.” Earnscliff dijo desde abajo, “Haga que su hijo, el Rojo, salga y no lo haremos.” La mujer dijo, “Él no está. Váyanse.” Earnscliff dijo, “Muy bien, encendamos la leña amigos.” En eso se abrió el puente levadizo. Earnscliff los detuvo, diciendo, “¡Esperen!” Un hombre armado y tuerto apareció, era el Rojo, quien dijo, “¡Earnscliff!¿Osas perturbar la paz de mi morada?” Earnscliff le dijo, “Venimos por lo que te robaste. Entraremos por ello.” En eso oyeron ruidos de cascos de caballo. Hobbie llegaba a caballo. Earnscliff dijo, “¿Quién…¡Oh, eres tú!” Hobbie dijo, “Sí, veo que llego justo a tiempo. Tengo derecho a recuperar a Gracia. Es mi prometida.” El Rojo dijo, “¿Me amenazas en mi propiedad?” Hobbie desenvainó, y dijo, “Así es. Mi espada se teñirá con tu sangre.” El Rojo desenvaino y dijo, “Veo que buscas un suicidio. Te complaceré.”
     Ambos se tiraron prolijas estocadas, si hacerse daño. Un golpe destemplado del Rojo fue esquivado por tu rival, en una acción vertiginosa. Hubo un cuerpo a cuerpo, y la respuesta fue fulmínea. El Rojo fue desarmado. La mujer gritó desde arriba, “Es suficiente. Dejen a mi hijo y tendrán lo suyo.” Hobbie dijo, “Devuélvanos a la chica para empezar.” Pasaron unos minutos en el más completo silencio. Hubo un asómo, y Hobbie gritó, “¡Gracia, querida mía! ¡Ven aquí!” Entonces un asombro mayúsculo lo embargó, “¡Gracia, yo…!¡Demonios!” Hobbie dijo, “No es Gracia, es Isabel Vere.” Earnscliff dijo, “Querida, nunca imagine hallarte aquí.” Isabel dijo, llevando su mano a la cabeza, “N-no sé que me paso. Iba a dormir, luego de la cena, y…ya no recuerdo más.” Hobbie dijo, “¡Secuestrada! Pero, entonces, ¿Cuántas lo fueron?” El Rojo aprovechó la confusión, y dijo, “Ahora me meteré. Amigos, cierren la entrada.” Hobbie reaccionó tarde, solo para oír la carcajada burlona del ya fuera de su alcance. Hobbie dijo lleno de cólera dijo, “¡Perro, solo a traición actúas!” Enseguida Earnscliff dijo, “Isabel habrá ingerido algún narcótico, ¿Porqué?” Hobbie dijo, “Lo ignoro. Ahora no hay pistas de Gracia. ¡Maldición!” Earnscliff subió a Isabel en su caballo y dijo, “Devolveré a Isabel a su casa. ¿Qué harás tú?” Hobbie dijo, “No sé. Vuelvan sin mí. Necesito meditar a solas.” Ambos se separaron en silencio.
     Cuando los perdió de vista, Hobbie se volvió al castillo, y gritó hacia arriba, “¡Rojo! Devuélveme a Gracia, o te mataré.” El Rojo salió desde la ventana y dijo, “No me culpes de todo, Hobbie. Soy solo un humilde mercenario que cumple ordenes y cobra.”  Hobbie le dijo, “¿Dónde está ella? Respóndeme.” Rojo le dijo, “Pregúntale a quien lo sepa. Esa es mi respuesta.” Hobbie le dijo, “¿Eh?¿Qué significa eso?” Hobbie supo que el Rojo, ya no dialogaría más con él, y pensó, “Se metió. ¿Qué quiso decirme?” Hobbie se subió a su caballo y pensó, “¿Quién lo sepa?¡Hum, creo empezar a entender!” Dueño de una nueva determinación, azuzó a su cabalgadura, dejando atrás aquel castillo lleno de maldad. Más tarde, llegaba a su destino: las ruinas circulares. Hobbie pensó, “¡Elsie! Parece saberlo todo. ¿Quién otro que él podría ser, ‘Quien lo sepa?’” Elsie salió de su morada y dijo al verlo, “Hobbie, ¿Vuelves aquí?¿Acaso no te ayudé con el dinero?” Hobbie dijo, aun en su caballo, “Busco a mi chica Gracia, perdida misteriosamente.” Elsie le dijo, “Ve por ella a Turner’s Holm. Allí la encontrarás.” Hobbie ya a pie le dijo, “¿Cómo lo sabe?” Elsie le dijo, “Ya te demostré antes que sé cosas. Solo te diré algo.” Hobbie le dijo, “Diga lo que desee. Yo no entiendo nada.” Elsie le dijo, “Su secuestro no inculpa al secuestrador. Ni tampoco la quema de tu casa. Fue una cortina de humo. Ahora ve a la aldea, compra materiales con lo que te presté. Pide que los lleven allí mismo donde estaba tu vivienda. Ordena que construyan enseguida. Solo después ve en busca de tu prometida. Ella se encuentra bien.” Hobbie se ensilló y espoleó su caballo sin dudar ni un instante de que aquel era el orden de las cosas, confiando ciegamente en los consejos de Elsie.
     Mientras tanto, en el castillo de Ellieslaw, dos hombres dialogaban. Sir Frederick decía, “Amigo mío, temo que esta vez llegó demasiado lejos.” Richard Vere le dijo, “¿Porqué adopta ese tono severo, sir Frederick?” Sir Frederick le dijo, “Por el torpe simulacro de secuestro que ensayó con su hija y ésta otra muchacha que crían los Elliot.” Richard Vere le dijo, “¿Q-qué base tiene para decir eso?” Sir Frederick le dijo, “Contratar al Rojo fue vuestro error, amigo. Él es fiel a quien le pague más, y yo pude pagar más.” Richard Ellieslaw dijo, “N-no, por favor. No es lo que piensa.” Sir Frederick dio un puñetazo en la mesa y dijo, “Lo sé todo. No siga aferrado a su tozudez. Se trataba de hacer creer que varias chicas secuestradas darían buen rescate a alguien, no sé. Solo que el alejamiento de Isabel, su hija, fue un intento de ocultarla, de mi deseo de tenerla como esposa. Mientras tanto, yo caería en manos de nacionalistas, ¿Eh? O sea que usted me denunciaría por conspirar contra Escocia. ¿Cree que si yo cayese usted quedaría ileso, siendo como es, mi secuaz? Pero su idea fue torpe, querido, y aun nos conviene unir apellidos y propiedades mediante esa boda.” Richard Ellieslaw dijo, “S-sí, sí. Será como usted dice. Lo haremos.” Sir Frederick se tranquilizó, y dijo, “Demos por olvidado éste incidente, pues ahora beberé ésta copa por una boda urgente, para esta misma noche.” Ambos bebieron, y en eso alguien entró. Era Patrick Earnscliff, diciendo, “¿Catan buen licor, amigos? Déjenme compartir ese placer con ustedes.” Mientras escanciaba, los otros tuvieron una sospecha. Sir Frederick pensó, “¿Recién llega de afuera o estaba junto a la puerta escuchado?¿Cuánto habrá oído?¡Diablos!” Earnscliff levantó su vaso y dijo, “Si no brindan por ello, déjenme hacerlo por la reaparición de Isabel, gema de esta casa.” Sir Frederick levantó su copa y pensó, “No, creo que no oyó nada. Pero lo vigilare.” Todavía bebieron una copa mas en medio de un silencio tenso que sin embargo, no aprobó las sospechas de Sir Frederick.
     Más tarde, en la alcoba de la joven Isabel, alguien tocó la puerta y entró. Isabel dijo, “¿Eres tú, padre? ¿Qué deseas?” Su padre le dijo, “Hija, espéro que comprendas mi inténto de librarte de alguien a quien no amas.” Isabel dijo, “¡Por Dios!¿Qué quieres decir?¿Entonces fuiste tú…?” Su padre le dijo, “Sabes que te ámo. Haría cualquier cosa por ti. Desde que murió tu madre, tú eres mi única compañía. Sé que amas a Sir Earnscliff, y es digno de ti, pero…Sir Frederick nos destruiría a ambos.” Isabel dijo, “¿Porqué?¿Qué extraño poder ejerce sobre ti?” Su padre le dijo, “No puedo decirte. Es demasiado horrible. Solo te diré que he hecho cosas malas en mi vida. Ahora quiere casarse contigo, ésta misma noche. No te oblígo hija, haz lo que quieras.” Ella dijo, “¿La decisión que tóme será pensando en ti y en mi?” Ellieslaw tocó un punto sensible de su hija. Ellieslaw dijo, “No, tú tienes a Earnscliff, a quien amas. Pero perderemos todo. Iré preso y acaso sea mejor que yo mismo acabe conmigo, pues no podría soportarlo.” Isabel se conmovió y dijo, “Padre, no te abandonaré. Solo dame unas horas para convencerme de algo tan horrendo.” Elleslaw dijo, “Frederick no es tan malo, hija. Mejor tómalo así.” El ingrato padre salió de la habitación sabiendo que había ganado, pensando, “¡Pobrecilla! Pero solo así salvare mi patrimonio.” Al alejarse no advirtió que alguien lo espiaba. El espía pensó, “Mal tipo, nuestro Ellieslaw. Ahora es mi turno.”
     Isabel oyó abrirse la puerta, y con lagrimas en los ojos, sin saber quién era, dijo, “¿Regresas papá?¿Qué quieres ahora?” El hombre dijo, “No jovencita. Soy tu viejo amigo Rattcliff.” Isabel se refugió en la confianza de aquel caballero y lo abrazó. Entonces pudo desahogar toda su congoja. Rattclif f dijo, “Calma pequeña. No necesitas contarme qué pasa. Lo sé todo.” Isabel dijo, “Creo que aún podemos evitar algo para evitar la boda.” Rattcliff dijo, “¿Pero, cómo, cómo, si es ésta misma noche? Eso abras de resolverlo tú. ¿A quién pedir ayuda?” Isabel dijo, “No se me ocurre, a menos que…¡Sí, lo tengo!” Rattcliff vio que tomó una rosa, y dijo,  “¡Esta rosa es mi clave! El enano Elsie me ayudará.” Rattcliff dijo, “¿Estás segura de que él te dará buen consejo?” Isabel dijo, “No lo dudo. Y esta vez no habrá secuestro, pues yo misma me esconderé…en su casa. ¿Me entiende usted?” Sin más palabras ambos salieron y Rattcliff sonrió, y dijo, “Muy bien, muchacha, haces lo debido. No esperaba menos de ti.” Mientras bajaban las escaleras de la fortaleza, o castillo, Isabel dijo, “Llévame con Elsie, sin que papa ni sir Frederick nos vean.” Rattcliff dijo, “No hay problema. Fueron a examinar los establos.”
     Al llegar a las caballerizas, ambos montaron y partieron. Pronto galopaban hacia las ruinas circulares. Ya en la meta fijada, Isabel desmontó y dijo a su acompañante, “Quédese aquí. Iré sola. Él no lo recibirá.” Rattcliff dijo, “Cuéntaselo todo. No dudo que te ayudará.” Cuando Isabel tocó la puerta, una voz desde el interior de la morada le dijo, “Entra muchacha. Ya te vi con tu amigo desde la ventana.” Isabel le mostro la rosa y dijo, “Hicimos un trato, ¿Recuerda? Esta rosa habla por mí.” Elsie le dijo, “Me emocionas, pequeña. ¿Qué te trae aquí?” Isabel narró sin omitirá nada su situación. Isabel dijo, “…y debe ser ésta misma noche, ¿Comprendes mi angustia?” Elsie le dijo, “Sí, ahora escucha esto. Acepta casarte con él.” Isabel dijo, “Pensaba hacerlo por mi padre, pero, ¿No queda otra?” Elsie le dijo, “Sigue mi consejo, acepta, deja el resto en otras manos.” Isabel le dijo, “¿Esta es la ayuda que iba a darme? Elsie, vine en vano.” Elsie le dijo, “Te prometo ayuda. Ya no preguntes más. Vete.” Isabel le dio un beso en la mejilla, diciendo, “Sin embargo, sigo confiando en usted…Tenga, quiero que sepa que, pase lo que pase, lo aprecio mucho.” Elsie le dijo, “Gracias pequeña. No lo olvidare. Lleva tu rosa.” Isabel dijo, “De acuerdo. Los años la secaran, pero estará conmigo.”
     Isabel volvió con Rattcliff y cambiaron unas pocas palabras. Rattcliff le dijo, “¿Qué tal te fue?” Isabel le dijo, “Ya le contaré. Haré al pie de la letra lo que me dijo.” Ambos se alejaron a todo galope. El rostro del enano se embelleció por una lagrima que descendió desde sus ojos encendidos de emoción, pensando, “Ve con Dios, Isabel. Te ámo.” Elsie no tardó en recuperar la dureza habitual, y pensó, “Le dije que aceptára para que todo parezca normal y esos ‘perros’ se confíen. Pero no habrá boda.” Aquella fue su determinación final. Elsie cerró la puerta, abandonando su morada, y pensando, “Esta noche acaba mi calvario. Lo prometo.” Las horas pasaron y Elsie caminó y llegó al castillo de Ellieslaw. Las horas siguientes fueron dedicadas a los preparativos de la boda, que, tanto el padre de la novia como su yerno pretendían clamorosamente. En realidad no era una boda entre esponsales, sino entre apellidos y fortunas, era un plan común de traición política, desfavorable para Escocia. El enorme reloj del péndulo hizo correr sus agujas, hasta anunciar con once campanadas que faltaba solo una hora para la media noche.
     La novia se dejaba engalanar muy nerviosa, pensado, “¿Qué estará por pasar? Elsie, Elsie, no me abandones.” Padre y yerno en otro ambiente también aguardaban. Sir Frederick dijo, “Ellieslaw, lo que haremos ahora hará que olvidemos pequeñeces anteriores.” Richard Ellieslaw dijo, “Así lo espero. Faltan solo unos veinte minutos.” Quince minutos antes de las doce, se trasladaron todos hacia la capilla del castillo. Ingresaron a la magnificencia del templo, en medio de un silencio entre extenso y expectante. Junto al altar, había un mausoleo y una imagen en piedra de su ocupante. Isabel dijo, “Discúlpame padre. Debo orarle a ella.” Ante la impaciencia de Ellieslaw, Isabel oró junto a la tumba de su madre, muerta quince años atrás. Tras unos minutos, Isabel dijo, “Estoy lista. Sé que ella hubiese aprobado mi conducta.” Sir Frederick dijo, “Procedamos a la boda, pues.” La ceremonia comenzó muy formal. El sacerdote dijo, “Antes de que den su consentimiento, hijos, deseo saber si hay alguien que cuestione vuestra unión.” En ese momento, tronó una voz, aumentada por la acústica del Templo, “Sí, yo cuestiono esa farsa, y la impediré.” Era la figura oscura y temida del llamado, “Enano Negro,” quien dijo, “Detenga la boda, sacerdote, mi testimonio la hará nula.” Sir Frederick, lléno de cólera, intentó desenvainar su espada, diciendo, “Maldito contrahecho, te enseñaré.” Aun lado de él, Earnscliff lo aplacó, diciendo, “Acabó su comedia, Sir. Suelte la espada o lo atravieso.” Ellieslaw se supo perdido e intentó una torpe fuga, pensando, “Santo cielo. Debo desaparecer.” Hobbie le salió al paso con su espada, diciendo, “¡Alto!” Ellieslaw se detuvo sorprendido. Hobbie dijo, “No quiero dañarlo, sir. Regrésese, y afronte los cargos que hay contra usted.” Ellieslaw dijo, sorprendido, “S-s-sí…!” Enseguida, Hobbie decía, “Earnscliff, toda la guardia del castillo esta bajo el control de nuestros compatriotas.” Earnscliff dijo, “Perfecto, ahora oigamos lo que aquí se dirá.”
     Mientras tanto, Elsie hacia algo insólito. Llorando y abrazando la estatua de una mujer, en su sepultura, decía, “Querida, te amé. Me amaste y nos separaron para siempre. Ambos fuimos engañados. Sé que por último moriste de tristeza. Pero esta noche ambos tendremos justicia.” Enseguida, Elsie tomó la palabra y explicó su historia ante los presentes: “Amigos, soy Sir Edward Mauley, caballero de comarca cercana a esta, y esperé un cuarto de siglo que llegára éste momento.” Enseguida, indicando hacia la estatua femenina, dijo, “Esa mujer me amó. Para ella yo no era enano, ni contrahecho. Yo suplí mis carencias con inteligencia. Y una cultura digna de un apellido prestigioso. Mi padre preparaba nuestra boda con un banquete, diciendo sentado a la mesa, ‘Ellieslaw, eres buen amigo. Me alegro que estés acá.’ Ellieslaw, quien era el padrino dijo, ‘También aprecio a tu novia. Seré un digno padrino… De pronto alguien corrió hacia él, desenvainado una espada, diciendo, “Ellieslaw, el otro día me insultaste. Aquí estoy.” Ellieslaw dijo, “Cielos, quiere matarme.” Aquel sujeto tiró una estocada y Ellieslaw cayó como fulminado. En ese momento, me ganó una furia salvaje. Tomé mi espada y busqué vengar la caída de mi amigo.” El hombre me dijo, al enfrentarlo, “Maldito, acabarás como acabé con él.” Sin titubear, hundí mi acero en las carnes de aquel perro que no merecía vivir.” Cuando entendí ya era tarde. Se trataba de un simulacro, ideado por Ellieslaw, para hacerme culpable de un crimen verdadero. Era un complot. Este maldito hizo que me metieran entre rejas, por asesinato, y que me declararan loco. Él, como primo mío, se ocupó de administrar nuestra fortuna y prometió no dejar sola a la pobre Isabel. 
     Ella tuvo una hija con el desgraciado, luego se dejo morir. Solo quedó la pequeña, a quien puso su mismo nombre, como una constancia de su páso por el mundo. Ellieslaw vendió todo y compró este castillo. Luego pactó con el enemigo. Quiso vender a su hija… ¡Bah! Por suerte, Rattcliff me encontró años después, en mi vagabundeo incierto. Fue él quien me dijo dónde vivía Ellieslaw. Fue él quien me ha ayudado desde siempre. Rattcliff me trajo parte del dinero mío, el que te di, muchacho, para reconstruir tu casa. Considéralo tuyo.” Earnscliff dijo, “El resto fue fácil. Un plan político para echarnos sobre las cabezas de la traición. Sir Frederick, usted encabeza la subversión. Utilizó a su favor a Ellieslaw. Prepárese a una larga prisión.” Isabel dijo, “Ellieslaw, quedarás libre. Sufrirás el desprecio en vagancia, como lo sufrió Sir Mauley.” Ellieslaw dijo, “Es justo hija. Solo acepta mi perdón.” Isabel dijo, “No te lo daré. Cargas demasiados pecados en tu alma.” Ellieslaw dijo, “¡Oh, oh, ya empiezo a padecer..!” El hombre ambicioso y débil a la vez, se alejo para arrastrar por los caminos toda una vida de traiciones. Enseguida Earnscliff dijo a Isabel, “¿Qué tal querida, si aprovechamos que estamos aquí?” Isabel dijo, “¡Dios mío!¿Te parece oportuno?” Hobbie dijo, tomando de la mano a Gracia, “¡Claro, podemos hacerlo los cuatro! Gracia me apoya. También lo tenemos planeado.” Isabel dijo, “¡Oh, esto es increíble! Apadrinará las bodas quien debió de ser mi padrino. Pero, ¿Dónde está?” Hubert Ratcliffe dijo, “Salió, hijos. Me cuchicheó un mensaje para usted. Se siente viejo. El castillo será tuyo y de tu esposo Isabel. Él confía en ustedes.” Isabel dijo, “¿Pero…no volveremos a verlo?”  Ratcliffe dijo, “Claro que sí. Vivirá en su cabaña de las ruinas circulares. Podrás verla cada vez que desees…Con una condición. ¿Acaso la olvidaste?” Isabel dijo, “¡Claro que no!¿La rosa? Siempre la llevaré conmigo, entre las hojas de un misal, y se la mostraré.”
     De inmediato se procedió a las bodas, que dieron nuevos hogares, hijos, y patriotas a la causa escocesa. Cerca de allí, Sir Edward Mauley, respetado y querido por toda la zona, siguió viviendo su vida sencilla. Aun le quedaban muchos años de vida, para gozar de la satisfacción de una justicia costosa pero merecida.
Tomado de Novelas Inmortales. Año VIII. No. 382. Marzo 13 de 1985. Guion: Raúl Prieto Cab. Adaptación: Remy Bastien. Segunda adaptación: José Escobar.